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La Presentación del Señor - Ciclo A - Mis ojos han visto a tu Salvador

Fernando Herrera LC10:13

Transcription

Hola a todos. Me da mucho gusto poder estar nuevamente con ustedes este domingo.

Vamos a cortar un poco el hilo conductor de los domingos anteriores porque este domingo coincide con una fiesta, la fiesta de la Presentación del Señor. Este día recordamos que Jesús, cumplidos 40 días de su nacimiento, como prescribía la ley de Moisés, fue presentado al templo y María se presenta para su purificación. Por eso esta fiesta recibe antes el nombre de la Purificación de María y ahora le llamamos el Día de la Presentación del Señor. Son las dos cosas que tenían que cumplir todos los israelitas.

Y como vamos a ver en el evangelio, el anciano Simeón, al ver al niño Jesús, dice: "Señor, mis ojos han visto a tu salvación, luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel". Por eso esta fiesta se llama también la Fiesta de la Luz o de las Candelas de la Candelaria, porque Jesús entra como la vela para iluminar el templo de Dios, por primera vez hecho carne, se presenta en el templo y viene para iluminar al mundo. Y por eso este domingo, al menos en las misas solemnes, toda la gente entra a la iglesia con una vela encendida, con un cirio encendido, para iluminar la iglesia oscura. Y llega toda la gente con sus velas que se encienden e iluminan toda la iglesia. Ese es el sentido de Dios que entra al templo para iluminarlo con su presencia. Esa es una de las fiestas más hermosas que tenemos y además es uno de los misterios del Rosario que rezamos cada semana.

Vamos a ver las lecturas de este día para ver cómo también Dios quiere iluminar nuestro corazón.

Este domingo, la primera lectura es una lectura cortita de la profecía de Malaquías, que nos dice lo siguiente: "Yo envío a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí y enseguida entrará en su templo el Señor que ustedes buscan". Y continúa: "Y así es la manera en que el profeta Malaquías, quinientos años antes del nacimiento de Jesús, nos anuncia que un día Jesús irá con un mensajero de Dios como palabra de Dios al templo". Ya que viene este mensajero de Dios, lo dice la misma lectura un poco más adelante: "él se sentará para fundir y purificar como el oro y la plata". Jesús viene para purificar. Todos sabemos que la misión de Jesús es perdonar los pecados, viene a anunciarnos la conversión y el perdón de los pecados.

Y por eso necesitamos el responsorial. Vamos a escuchar el Salmo 23, en donde vamos a leer: "¡Puertas, levanten sus dinteles! ¡Levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la Gloria!". Aquí estamos como hablando al templo, diciendo: "Abran las puertas de par en par para que entre el Señor". Nos está diciendo Dios personalmente a cada uno de nosotros: "Abre las puertas de tu corazón". Como decía el Papa San Juan Pablo II al inicio de su pontificado: "Abramos las puertas de par en par a Cristo". Eso es lo que sucede hace muchos años hoy en Jerusalén, pero lo que también tiene que suceder en este domingo en cada uno de nosotros. Abramos el corazón.

"¿Quién es este Rey de la Gloria?". De más adelante el salmo es: "El Señor, el Dios de los ejércitos". Dejemos que Jesús entre en nuestro corazón y venga a iluminar toda nuestra casa.

En la segunda lectura vamos a escuchar un pasaje de la Carta a los Hebreos. Toda la carta de los Hebreos nos habla de Jesús como el sacerdote que tenía que venir. Jesús, cuando entra al templo, como es el Hijo de Dios, viene como sumo sacerdote porque ya desde pequeños se viene a ofrecer a Dios. Eso era lo que prescribía la ley de Moisés, que todos los primogénitos fueran ofrecidos al Señor. Y para Jesús, este es como un símbolo, porque más adelante ofrecerá su vida en el templo por todos nosotros, por la salvación de todo el mundo.

En esta ocasión, vamos a leer en la Carta a los Hebreos lo siguiente: "Porque Él vino no para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abrahán. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos para llegar a ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo". Jesús tenía que ser este sumo sacerdote que ofreciera la única ofrenda agradable a Dios, que era Él mismo. Jesús venía no para ofrecer un sacrificio de animales o de dinero, venía para ofrecerse a Él mismo. Por eso, cuando José y María ofrecen al niño Jesús en el templo, como todos los judíos en ese momento, Jesús se está ofreciendo, sin darse cuenta, a Él mismo para la expiación, para el perdón de los pecados. Allí está iniciando en el templo de Dios la salvación del mundo.

En el Evangelio de San Lucas vamos a recordar este pasaje que nos recuerda la fiesta que estamos celebrando hoy. Vemos a José y María que se trasladan desde Belén hasta Jerusalén para presentar al niño Jesús y traen una ofrenda de dos palomas porque eran de condición humilde. Así que vemos la pobreza de José y de María y vemos también la obediencia a la ley, como a pesar de ser pobres, cumplen con todos los preceptos, con todo lo que Dios les pide. A pesar de que ellos saben que ese niño que ellos llevan a presentar es el mismo Dios, de todos modos ellos querían cumplir con todo lo que la ley les pedía.

Y al llegar al templo sucede algo inesperado para José y para María, porque después de la visita de los pastores y de los magos, parecía que todo había vuelto a la normalidad para la Sagrada Familia. Pero entran al templo, van caminando allí entre los puestos, entre los vendedores, se acercan al Santo de los Santos y se les aparece un hombre, un anciano que tenía muchos años viviendo allí en el templo. Se decía que este hombre estaba esperando la consolación, la salvación, al Salvador. Y al ver a Jesús, con el anciano Simeón, le quita al niño Jesús de María de sus brazos, lo levanta y dice: "Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz".

Simeón levanta una oración a Dios. Ha descubierto en ese pequeño niño de apenas unos días de nacido al Salvador del mundo. Se lo ha revelado el Espíritu Santo. Simeón era un hombre piadoso, pero estaba atento a lo que sucedía a su alrededor. Ha sabido descubrir en el otro a Jesús y por eso le da gracias a Dios y le dice: "Ahora sí, mis ojos han visto tu salvación". ¡Qué episodio para toda la gente que estaba reunida allí en el templo! No entendían qué era lo que estaba diciendo. A lo mejor pensaban que se había vuelto loco Simeón. Y sin embargo, Simeón no podría estar más cuerdo en ese momento, ofreciendo al niño Jesús al Dios. "Mis ojos han visto a tu Salvador". Quizá es una invitación para todos nosotros: hasta saber descubrir a Jesús en los hermanos, en los niños, en los jóvenes, en los adultos, en cada uno de nosotros. Esconde Dios y tenemos que aprender a descubrirlo. Y por eso tenemos que olvidarnos del ruido, desconectarnos un poco de todo lo exterior de vez en cuando para poder escuchar la palabra de Dios.

Simeón devuelve el niño Jesús a los brazos de María y les dice estas palabras: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción. Y a ti, María, una espada que atravesará el corazón". ¿Y qué querían decir estas palabras de Simeón? Nosotros no sabemos que más adelante, cuando Jesús comenzará a predicar e invitar a la gente a la conversión, a acercarse a Dios, iba a ser causa de contradicción para todos. Muchos lo iban a amar hasta dar su vida por Él, y muchos lo iban a odiar hasta buscar su muerte. Pero para nosotros tiene que ser siempre causa de elevación. Al escuchar las palabras de Jesús, al leer el Evangelio, al recibir su Cuerpo, acercarnos siempre a Dios, tiene que ayudarnos a llegar al cielo.

Y la espada que iba a atravesar el corazón de María, sin duda, iba a ser la Pasión de Jesús, que María iba a vivir junto a Él. Cada golpe que Jesús recibió durante su Pasión fue un golpe que recibió también el corazón de María, porque eran dos corazones que la tenían siempre juntos.

Así que vamos a pedirle a ellos en este domingo estas dos cosas muy importantes: primero, que como el anciano Simeón, sepamos también nosotros reconocer la presencia de Dios en el Sagrario, en la iglesia, que vengamos a hablar con Él, a escucharlo, a recibirlo. Que realmente cada uno de nosotros esté siempre atento a descubrir a Dios en los acontecimientos de la vida, a descubrir a Dios en las personas. Dios se nos va a manifestar continuamente, estemos siempre atentos para encontrarlo.

Y segundo, como María, estemos también preparados para cuando venga el dolor a tocar a nuestro corazón, porque es un dolor que tenemos que vivir acompañando a Cristo. Es un dolor que nos une íntimamente a Él. No todo es fácil en la vida de un cristiano, no es fácil a veces seguir la voluntad de Dios. A veces queremos seguir los sentimientos del corazón, a veces queremos seguir lo más fácil. Pero el seguimiento de Jesús es difícil, pero nos lleva al cielo. Busquemos seguir a Jesús siempre.

Hoy Jesús viene a iluminar a las naciones. Vayamos caminando siempre detrás de la luz de Jesús. Les deseo a todos que tengan un excelente domingo. Nos vemos dentro de unos días en el siguiente video. Les pido en la oración porque vamos a comenzar aquí nuestros ejercicios espirituales de ocho días en silencio. Voy a estar encomendándolos a todos y les pido que me apoyen con su oración.

Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre. Que Dios los bendiga.