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LA GRACIA 2026/02/02 Obediencia, pobreza y consagración

fraynelson10:10

Transcription

El 2 de febrero, nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta de la presentación del Señor. Tres palabras me parece que describen bastante bien el espíritu de esta hermosa fiesta. Pero recordemos primero por qué tiene esta fecha. Bueno, es que la ley de Moisés mandaba que todo primogénito varón tenía que ser presentado al Señor. De ahí viene también el nombre. 40 días después de su nacimiento. Y si nosotros miramos desde el 25 de diciembre hasta el 2 de febrero, hay 40 días. Ese es el motivo por el que tenemos esta fecha y este nombre.

Ahora sí vamos con las tres palabras que espero yo capturan bastante bien el espíritu de esta fiesta. Podemos hablar de obediencia, podemos hablar de pobreza y podemos hablar de consagración.

Empecemos por la obediencia. José y María vivían en Nazaret. Nazaret era una pequeña población en la región de Galilea, al norte de la Tierra Santa. Como tantas veces hemos comentado, el orden de estas regiones yendo de norte a sur era al norte Galilea, donde están ciudades como Betesda, Nazaret, Cafarnaún y por supuesto muchas otras. En la mitad tenemos a Samaría, que es el nombre de una región, pero también el nombre de una ciudad. Esta región, la de Samaría, pues fue muy importante en la historia que nos cuenta el Antiguo Testamento, porque precisamente en Samaría estuvo la capital del reino del norte. Cuando los israelitas se dividieron entre reino del norte y reino del sur, el sur permaneció con la capital de Jerusalén, mientras que el norte tuvo como capital a Samaría. Entonces, esa es la región intermedia. Y luego al sur la región de Judea. Esa región de Judea tiene poblaciones como Betania, como Belén o como Jerusalén, la más importante, sin duda alguna.

Pues bien, José y María vivían en Nazaret. Pero hay algo muy interesante que hemos aprendido sobre Nazaret al examinar la historia de este sitio. Y es que aunque estaba en región de Galilea y por lo tanto más allá de toda esa zona de samaritanos, en la región de Nazaret o en la zona de Nazaret, quienes habitaban eran fundamentalmente judíos, judíos piadosos, judíos practicantes, tan practicantes. Y aquí entra la obediencia, que siguiendo lo que mandaba la ley de Moisés, pues tomaban el camino desde el norte, desde Galilea, para llegar a la región de Judea y para llegar a Jerusalén y dentro de Jerusalén al templo, porque la idea de la presentación era precisamente de algún modo presentar al niño en el templo. Esta presentación tenía un carácter ritual, era un acto religioso, no un acto civil. Y era un acto para darle gracias a Dios que a través de los sacrificios de la ley había rescatado a los israelitas. Por eso tenía también un carácter de rescate. Una palabra que nos puede sonar muy extraña, pero era una es una palabra que aparece en la ley de Moisés. Es el rescate, es la memoria de que Dios ha rescatado a Israel. Y cada papá, cada mamá tenía que ser consciente que su hijo era un rescatado. Por eso José y María obedientemente van a Jerusalén. Esta obediencia de ellos es un ejemplo también para nosotros, sobre todo cuando pensamos en las dificultades, en las penalidades y en los gastos que aunque fueran modestos, pues ya nos vamos a dar cuenta que sí tenían un impacto en el presupuesto de esta sencilla familia. Estamos hablando de una familia obediente a Dios, una familia que toma en serio a Dios. Primer ejemplo, primer testimonio para nosotros.

En segundo lugar, hablemos de la pobreza. Cuando se presentaba un niño en el templo, había que ofrecer un sacrificio. Ese sacrificio tenía esa característica con la palabra que ya he mencionado, como el rescate. En el fondo, de lo que se trataba era de recordar que Dios había rescatado a su pueblo y por eso pues no moría el pueblo, sino que se sacrificaba un animalito, llamémoslo así, en lugar de ese pequeño israelita que estaba siendo presentado. La ley de Moisés estimula estipulaba que debía ofrecerse un cordero o un cabrito, pero la ley decía, "Si la familia es demasiado pobre, entonces pueden ofrecer un par de tórtolas o dos pichones." Y eso fue lo que ofrecieron por Jesús. El texto, el texto de del evangelio de hoy nos cuenta precisamente eso, que José y María ofrecieron por Jesús la ofrenda de los pobres. Una familia con recursos limitados, una familia que conoce necesidad, una familia que mira la sociedad. podríamos decir, desde sus realidades más crudas, más duras, más fuertes y a menudo más dolorosas. Esa fue la familia de Jesús, esa fue la vida de Jesús. Y si puedo utilizar esta expresión, esa fue la escuela de Jesús. Hay un pasaje muy bonito, como tantos. Estoy hablando de el Quijote de Cervantes, en el que este personaje, don Quijote, le dice a su escudero, a Sancho Panza le dice, "Si a los príncipes llegaran las verdades como son, otros tiempos correrían." Porque muchas veces las personas que tienen mucho poder, las personas que tienen mucha riqueza, las personas que tienen una vida resguardada, pues están como blindados y podríamos decir casi ciegos de las realidades que se padecen en otros sectores de la sociedad. No fue el caso de Jesús. Jesús desde la pobreza de su hogar, de su Nazaret, del trabajo de su padre, conoció desde dentro la dureza de la vida. Y esto debe ser para nosotros un motivo adicional de confianza en él. Nuestro Señor Jesucristo conoce las carencias, conoce los aplazamientos, conoce ese continuo postergar que con tanta frecuencia experimentan los más pobres. Pues este dato que por Cristo fueron ofrecidos apenas un par de tórtolas o dos pichones nos está indicando muy muy claramente qué fue lo que él conoció y cómo fue su vida.

La última palabra que podemos recuperar en esta hermosa fiesta es la palabra consagración. Efectivamente, uno de los propósitos de presentar el niño al templo o los niños israelitas en el templo era recordar que somos un pueblo elegido. El Señor nuestro Dios te ha elegido para que seas suyo. Y este es el sentido profundo de la consagración. Por supuesto, nadie podría decir que es más del Señor, que es más de Dios que este precioso niño Jesús. Nadie podría decirlo con más verdad. Pero yo creo que esto nos invita también a reconocer el valor de nuestra propia consagración. También nosotros hemos sido llamados, también nosotros hemos sido pueblo santo y elegido, como dicen varios cantos en la liturgia. Y por eso este es un día muy hermoso para recordar nuestra consagración, para recordar nuestro propio servicio a Dios. Creo que es algo que tenemos que hacer realidad en nuestra vida, que nosotros hemos sido llamados para vivir como consagrados al Señor.

Y termino con una pequeña anotación personal. En mi comunidad, yo soy Dominico, es común, es la fecha más común, por lo menos en la provincia de Colombia a la que pertenezco, que la profesión religiosa, que es como una renovación de la consagración familiar, de la consagración bautismal para pertenecer a la orden dominicana. Esa es la profesión religiosa, pues la hacemos precisamente el 2 de febrero. Así que esta fecha significa muchísimo para mí y le doy gracias a Dios que con el ejemplo vivo de José, María y Jesús, pues le habla a mi corazón con tanta claridad. Alabado sea Jesucristo.