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La MENTE lo CONTROLA TODO: Secretos Metafísicos que NO QUIEREN que Sepas | Jacobo Grinberg

Despertarium35:09

Transcription

La verdad que estás a punto de descubrir ha sido cuidadosamente ocultada durante siglos. Imagina que todo lo que te han enseñado sobre la realidad es apenas una fracción de lo que realmente existe. Que detrás del velo de lo cotidiano se esconde un poder tan extraordinario que quienes lo han sabido a lo largo de la historia han hecho lo imposible por mantenerlo en secreto.

Y si te dijera que tu mente no es simplemente un producto de tu cerebro, sino la verdadera arquitecta de todo lo que experimentas. ¿Qué pasaría si descubrieras que no eres un simple espectador en el teatro de la vida, sino el creador silencioso de cada escena que vives?

Esta no es una historia de ciencia ficción, es el conocimiento que místicos, alquimistas y visionarios como Giordano Bruno conocieron y por el cual muchos fueron silenciados. Bruno, quemado vivo en el año 1600, se atrevió a proclamar que el universo es infinito y que la mente humana participa de la mente divina. ¿Por qué tanto miedo a estas verdades? Porque quien comprende el poder de su propia mente, se libera de todo control externo, se convierte en soberano de su destino.

Hoy descubrirás cómo el universo responde no a tus súplicas o deseos superficiales, sino a la frecuencia vibratoria que emites desde lo más profundo de tu ser. Comprenderás por qué algunos parecen atraer éxito sin esfuerzo, mientras otros luchan constantemente contra la corriente. Verás como las antiguas enseñanzas herméticas que proclamaban como es arriba es abajo, coinciden asombrosamente con los descubrimientos más revolucionarios de la física cuántica.

La mecánica cuántica ha demostrado que la materia, en su nivel más fundamental responde a la observación. Las partículas no existen de forma definida hasta que son observadas. ¿No es esto precisamente lo que los antiguos maestros intentaban transmitirnos? Que la realidad no es algo fijo allá afuera, sino un campo de posibilidades infinitas que cobra forma según quien la observa.

Estos secretos metafísicos fueron enterrados bajo capas de dogma y superstición, no porque fueran falsos, sino porque son extraordinariamente poderosos. El conocimiento que estás a punto de recibir ha sido reservado históricamente para iniciados en escuelas de misterios, para aquellos que juraban proteger estas verdades de mentes que podrían malinterpretarlas o usarlas con fines egoístas.

Ahora es el momento de que este conocimiento regrese a sus legítimos herederos. Todos aquellos que buscan sinceramente trascender las limitaciones impuestas. y recordar su verdadera naturaleza creadora. Prepárate para desafiar tus percepciones más arraigadas, cuestionar lo que creías inmutable y recordar un poder que siempre ha estado en ti, esperando ser reconocido y reclamado.

La mente lo controla todo y tu mente cuando despierta a su verdadera naturaleza puede reescribir completamente las reglas de tu existencia. Este es el conocimiento que los poderes establecidos han intentado suprimir. Esta es la verdad que revolucionará tu comprensión del mundo y de ti mismo.

Desde tiempos inmemoriales, los guardianes de la sabiduría oculta han transmitido una verdad fundamental. Todo es mente. El universo es mental. Este principio hermético preservado en el Kibalion y otros textos antiguos no era una simple metáfora poética, sino la descripción literal de la naturaleza de nuestra realidad. Lo que percibimos como sólido, permanente e independiente de nosotros es, en su esencia más profunda, una manifestación de la conciencia universal.

Piensa en esto. Cada objeto que tocas, cada sonido que escuchas, cada experiencia que vives existe porque hay una mente para percibirla. Sin observador, ¿existiría realmente un mundo que observar? Es la paradoja que los físicos cuánticos enfrentaron cuando descubrieron para su asombro que las partículas subatómicas existen como campos de probabilidad hasta que son observadas. En ese momento y solo entonces colapsan en una forma definida.

Este fenómeno conocido como el colapso de la función de onda, sugiere algo extraordinario. La conciencia misma juega un papel fundamental en la creación de la realidad material. Lo que los antiguos llamaban el ojo divino que da forma al cosmos. La ciencia moderna lo llama el problema del observador. Diferentes términos para una misma revelación asombrosa. La realidad no existe independientemente de quien la percibe. Tú no estás simplemente viviendo en un universo. El universo está en cierto modo viviendo a través de ti.

Esta comprensión desafía la visión materialista que nos han inculcado, que insiste en que somos meros accidentes biológicos en un universo indiferente. Si la mente precede a la materia y no al revés, entonces nuestra conciencia no es un subproducto de procesos físicos, sino el campo fundamental del que emerge toda existencia.

Los antiguos egipcios lo sabían. En los templos de Luxor y Carnac, los jeroglíficos hablan de Ptá, el Dios que creaba el mundo mediante el pensamiento y la palabra. Para ellos, la creación no era un evento pasado, sino un proceso continuo en el que cada ser consciente participa.

Sin embargo, vivimos en una matriz de creencias colectivas que limita severamente nuestro potencial creativo. Desde el nacimiento se nos enseña a ver el mundo como algo separado de nosotros, como una realidad objetiva sobre la cual tenemos poco control. Esta separación ilusoria es el velo primordial que debemos eliminar para reclamar nuestro poder.

El trabajo de Jacobo Grimberg ofrece perspectivas fascinantes sobre este tema. En sus investigaciones sobre lo que él denominó la estructura sintérgica de la realidad, Grimber propuso que la mente no está confinada al cerebro, sino que es un campo que interactúa constantemente con el campo cuántico universal. Nuestra percepción ordinaria, según Greenberg, es solo una versión reducida y filtrada de una realidad mucho más vasta y fluida. Lo que vemos a nuestro alrededor es apenas la punta del iceberg.

Los místicos sufíes lo comparaban con ver apenas la superficie del océano, ignorando las profundidades insondables que se extienden debajo. La materia visible constituye menos del 5% del universo conocido. El resto es lo que los científicos llaman materia oscura y energía oscura, fuerzas invisibles pero poderosas que estructuran el cosmos entero. De manera similar, tu mente consciente, la parte que identificas como yo, es apenas una fracción diminuta de tu verdadero potencial mental. Debajo de la superficie del pensamiento consciente yace el vasto océano del subconsciente, donde se generan los patrones que luego se proyectan como tu experiencia de vida.

Cuando comprendes que el universo es mental, comienzas a cuestionar las limitaciones que has aceptado como inamovibles. Si la realidad responde a la mente, entonces cambiar tu mente es el primer paso para cambiar tu realidad. No es magia ni pensamiento ilusorio. Es la aplicación práctica de una ley universal que ha sido deliberadamente ocultada del conocimiento común.

Los antiguos alquimistas no estaban interesados primordialmente en transformar plomo en oro físico. La verdadera alquimia siempre fue interior. Transformar la conciencia limitada, el plomo en conciencia iluminada, el oro. Esta transformación interna inevitablemente se refleja en el mundo exterior porque la distinción entre interno y externo es, en última instancia artificial, como arriba, hacia abajo, como adentro hacia afuera. El universo mental no es una metáfora poética, es la descripción más precisa de la realidad que habitamos y el reconocimiento de esta verdad es el primer paso hacia la libertad verdadera.

Antes de seguir avanzando, quiero hacer la primera pausa para pedirte que comentes lo siguiente: "Si cambio mi mente, cambio mi realidad." Esta es la primera clave de este video y quiero asegurarme de que lo tengas presente antes de seguir entrando en materia. Continuemos.

Si el universo es mental, entonces debemos preguntarnos, ¿qué parte de nuestra mente está realmente al mando? La respuesta puede sorprenderte. No es tu mente consciente, esa voz interior con la que te identificas, la que determina tu destino. Es una fuerza mucho más profunda y poderosa, tu subconsciente.

Imagina tu subconsciente como un marionetista invisible que mueve los hilos de tu vida mientras tú crees estar tomando decisiones libremente. Las investigaciones modernas revelan algo asombroso. Aproximadamente el 95% de nuestras decisiones, reacciones y comportamientos surgen del subconsciente, no de nuestra voluntad consciente. Operamos principalmente en piloto automático, respondiendo a patrones programados que ni siquiera sabemos que tenemos.

Este arquitecto silencioso fue programado desde tu más temprana infancia. Cada palabra de tus padres, cada experiencia en la escuela, cada mensaje cultural absorbido a través de los medios y la sociedad se transformó en código de programación que ahora ejecutas inconscientemente. "No eres suficiente." "El dinero no crece en los árboles." "La vida es una lucha constante." "Para lucir hay que sufrir." Estas frases aparentemente inocentes se convierten en comandos poderosos para tu subconsciente, instrucciones que cumple fielmente, manifestando circunstancias que las confirman.

Los antiguos egipcios representaban el subconsciente como Anubis, el dios Chacal, que guiaba a las almas en el inframundo, simbolizando su habilidad para navegar en la oscuridad de los reinos invisibles. En la tradición hermética se le comparaba con la luna, reflejando la luz del sol, la mente consciente, pero ejerciendo un poder inmenso sobre las mareas de nuestras emociones y circunstancias.

Lo fascinante es que tu subconsciente no distingue entre lo real y lo imaginado. Para él, una experiencia vívida en tu imaginación es tan real como una experiencia física. No razona, no cuestiona, simplemente acepta y ejecuta. Esta característica, lejos de ser una limitación, es la clave de su reprogramación.

Jacobo Grenberg, en sus estudios sobre estados alterados de conciencia descubrió que cuando la mente consciente disminuye su actividad, como en la meditación profunda, se produce una mayor coherencia cerebral. Esta coherencia permite acceder a los patrones subconscientes y potencialmente modificarlos. Greenberg observó que los chamanes utilizaban este principio durante siglos, alterando su percepción para acceder a lo que él llamaba la estructura neuronal del universo.

Para identificar las creencias limitantes arraigadas en tu subconsciente, observa los patrones recurrentes en tu vida. Siempre terminas en relaciones similares. Te encuentras constantemente en las mismas situaciones financieras a pesar de tus esfuerzos. Hay áreas donde el éxito parece eludirte sistemáticamente. Estos patrones no son coincidencias ni mala suerte, son manifestaciones externas de tu programación interna.

El subconsciente opera mediante asociaciones y símbolos, no mediante el pensamiento lógico. Esta es la razón por la que los sueños, aparentemente caóticos, contienen mensajes profundos en forma simbólica. Es también por esto que las afirmaciones puramente intelectuales tienen poco efecto en transformar tu vida. Para reprogramar el subconsciente, necesitas hablarle en su propio lenguaje, el lenguaje de las emociones, imágenes vívidas y sensaciones corporales.

Los antiguos templos de incubación en Grecia, dedicados a Asclepio, utilizaban este conocimiento. Los buscadores dormían en estos templos para recibir sueños curativos, accediendo directamente a la mente subconsciente cuando la barrera del pensamiento crítico estaba baja. De manera similar, las tradiciones chamánicas de todo el mundo han empleado plantas sagradas, tambores y danzas para alterar el estado de conciencia y comunicarse directamente con estas capas más profundas de la mente.

Reconocer al subconsciente como el verdadero arquitecto de tu realidad no es rendirse ante una fuerza fuera de tu control. Por el contrario, es el primer paso para asumir el mando consciente de tu destino. Al comprender cómo funciona esta parte poderosa de tu mente, puedes comenzar a colaborar con ella en lugar de ser inconscientemente dirigido por programaciones limitantes heredadas o impuestas.

Una vez comprendido que el universo es mental y que el subconsciente actúa como arquitecto de nuestra realidad, debemos explorar el mecanismo mediante el cual este proceso ocurre. Aquí es donde encontramos uno de los secretos más profundos de la existencia, la ley de resonancia.

Todo en el universo existe en estado de vibración constante. Desde las partículas subatómicas hasta los cuerpos celestes, desde tus pensamientos más sutiles hasta tus emociones más intensas. Todo emite una frecuencia específica. Tus pensamientos no son eventos privados confinados a tu cráneo. Son emisiones energéticas que interactúan directamente con el campo cuántico que nos rodea.

Cada pensamiento emite una frecuencia específica que resuena y atrae circunstancias, personas y experiencias de vibración similar. Esto es un proceso tan real como la atracción magnética o la resonancia acústica. Lo que sostienes en tu mente con convicción emocional crea una vibración que el universo no puede sino responder en perfecta resonancia.

La incoherencia entre lo que piensas, sientes y expresas crea interferencia en tu campo vibratorio. Afirmar abundancia mientras secretamente temes la escasez genera una señal confusa que produce resultados contradictorios. La manifestación efectiva requiere coherencia total entre pensamiento, emoción, palabra y acción, lo que los alquimistas llamaban la gran obra.

Los patrones vibratorios generados por tu mente no son aleatorios. Han sido moldeados por años de condicionamiento por las vibraciones que has absorbido de tu entorno familiar, cultural y social. Cambiar estos patrones requiere conciencia y persistencia, pero es absolutamente posible. Como un instrumento musical que puede ser afinado, tu ser energético puede ajustarse a frecuencias más elevadas y armoniosas.

Existen técnicas específicas para elevar conscientemente tu frecuencia vibratoria. La gratitud, por ejemplo, es una de las vibraciones más elevadas que puedes experimentar. Cultivar genuina apreciación por lo que ya tienes crea un campo resonante que atrae más experiencias para agradecer. No es simplemente psicología positiva, es metafísica en acción.

La meditación regular no es solo un ejercicio de relajación, sino una recalibración de tu campo vibratorio. Alietietar la mente consciente, permites que las frecuencias más elevadas de tu ser esencial emerjan y dominen tu campo energético. Los mantras y sonidos sagrados utilizados en diversas tradiciones son herramientas precisas para afinar tu vibración con frecuencias específicas.

Tu entorno físico también influye profundamente en tu campo vibratorio. Los espacios, objetos y colores que te rodean emiten frecuencias que interactúan constantemente con tu energía. Armonizar tu espacio físico facilita la elevación de tu frecuencia personal.

La ley de resonancia explica por qué algunas personas parecen vivir en realidades completamente diferentes habitando el mismo planeta. No estamos atrayendo lo que queremos, estamos atrayendo lo que somos, lo que vibramos en nuestro ser más profundo. Cambiar tu vida externa requiere primero cambiar tu frecuencia interna.

Esta comprensión es revolucionaria porque traslada el poder de creación desde las circunstancias externas hacia tu propio campo de influencia. No estás a merced de un mundo caprichoso. Estás en constante comunicación vibratoria con un universo que responde precisamente a la frecuencia que emites. La realidad no es algo que te sucede, es algo que resuena contigo.

Detente un momento y reflexiona. Si la ley de resonancia es real, entonces las creencias limitantes enterradas en tu subconsciente están moldeando silenciosamente tu realidad. Te invito a que hagas consciente lo inconsciente ahora mismo. ¿Qué creencia limitante has identificado que podría estar bloqueando tu manifestación? Quizás es "no merezco abundancia" o "el éxito requiere sacrificio." Sea cual sea, compártela en los comentarios. Este simple acto de reconocimiento es el primer paso para desactivar su poder sobre ti. Al nombrarla, comienzas a liberarte de su influencia. Como siempre te digo, trae aquello que te afecta a la luz de tu conciencia. Desde ahí puedes comenzar a solucionarlo.

Ahora que has identificado el poder de la resonancia vibratoria, es crucial comprender qué elemento actúa como el verdadero catalizador en este proceso de manifestación. Las emociones no son simples respuestas bioquímicas a estímulos externos, son fuerzas creadoras fundamentales. El combustible que acelera la materialización de tus pensamientos en la realidad física.

Cuando experimentas una emoción, no estás simplemente sintiendo algo. Estás generando un campo electromagnético medible que se extiende más allá de tu cuerpo. Se ha documentado científicamente que el campo electromagnético del corazón es 5000 veces más poderoso que el del cerebro. Este campo no es metafórico, sino literal. Es una fuerza energética que interactúa directamente con el campo cuántico circundante.

Los antiguos sabían intuitivamente lo que la ciencia ahora confirma. En el Egipto antiguo, el corazón, no el cerebro, era considerado el centro del ser, preservado cuidadosamente durante la momificación, mientras el cerebro era descartado. Los chinos hablaban del Shen, la conciencia emocional alojada en el corazón como la fuerza directriz de la manifestación. Estas culturas reconocían que el verdadero poder creativo no reside en el pensamiento intelectual. sino en la resonancia emocional.

Las emociones de alta frecuencia, amor incondicional, gratitud profunda, alegría genuina, crean un campo coherente que acelera la manifestación de manera armoniosa. Por el contrario, las emociones de baja frecuencia, miedo crónico, resentimiento, culpa, también se manifiestan, pero atraen experiencias discordantes y limitantes.

No es casualidad que los maestros espirituales de todas las tradiciones hayan enfatizado la importancia de cultivar estados emocionales elevados. La diferencia entre desear algo y manifestarlo radica precisamente en la carga emocional. Un deseo intelectual sin emoción es como una semilla sin agua. Contiene potencial, pero permanece dormido. Cuando abrazas tus intenciones con el fuego de la emoción auténtica, estás literalmente energizando el campo cuántico para reorganizar la materia y las circunstancias a tu favor.

Para cultivar estados emocionales elevados, necesitas trascender la reactividad automática ante circunstancias externas. Las emociones superiores no surgen como respuesta a lo que ya existe, sino como elecciones conscientes independientes de las condiciones actuales. Ahí reside su poder transformador. No reflejan la realidad, la crean.

Técnicas como la coherencia cardíaca que sincroniza los ritmos del corazón mediante respiración consciente generan estados emocionales óptimos para la manifestación. La visualización creativa alcanza su máximo potencial cuando trasciende las imágenes mentales para convertirse en una experiencia emocional inmersiva. No se trata de ver tu deseo cumplido, sino de sentirlo realizado aquí y ahora.

Muchas personas fracasan en sus intentos de manifestación precisamente porque separan pensamiento y emoción. Afirman intelectualmente lo que desean mientras emocionalmente vibran en su ausencia. Esta incoherencia neutraliza el poder creativo. La maestría consiste en alinear completamente lo que piensas con lo que sientes, creando un campo unificado y resistible para el universo.

Las emociones son el lenguaje que el universo comprende instantáneamente, mientras los pensamientos pueden ser ambiguos o contradictorios. Las emociones son siempre claras en su frecuencia. Por eso, un simple momento de verdadera gratitud puede manifestar sincronicidades asombrosas, mientras años de afirmaciones intelectuales sin emoción producen resultados insignificantes.

Dominar tus emociones no significa suprimirlas, sino elegirlas conscientemente. Es la diferencia entre ser un reactor pasivo y un creador activo. Cada emoción que cultivas deliberadamente se convierte en una instrucción directa al campo cuántico, acelerando la manifestación de realidades que resuenan con esa frecuencia específica.

Uno de los mayores obstáculos en nuestra capacidad para manifestar conscientemente es nuestra percepción del tiempo como algo lineal e inmutable. Desde la infancia se nos ha condicionado a ver el tiempo como una flecha que avanza inexorablemente desde el pasado hacia el futuro con nosotros atrapados en un eterno ahora que se desplaza a lo largo de esa línea. Esta perspectiva limita profundamente nuestro poder creativo.

Los místicos de todas las tradiciones han insistido en una verdad contrainttuitiva. El tiempo tal como lo percibimos es una ilusión. El pasado y el futuro no existen como realidades separadas, sino como construcciones mentales experimentadas únicamente en el presente eterno. Los textos védicos describen este fenómeno como el ahora eterno, un punto desde el cual toda la existencia temporal es accesible.

La manifestación instantánea que los maestros espirituales describen no es mágica. Es el resultado natural de trascender la ilusión del tiempo lineal. Cuando comprendes que el futuro no es algo distante que debes alcanzar, sino un aspecto de la hora que debes sintonizar, la creación consciente adquiere una dimensión completamente nueva.

La espera pasiva es quizás el mayor error en el proceso de manifestación. Esperar implica situar lo deseado en un futuro hipotético, reafirmando constantemente su ausencia en el presente. Esta postura crea una brecha vibratoria imposible de cruzar. La manifestación efectiva ocurre precisamente cuando dejas de esperar y empiezas a experimentar lo deseado como una realidad actual.

Los chamanes suicholes, por ejemplo, tienen un concepto fascinante, nierica, un portal que permite acceder a diferentes líneas temporales simultáneamente. Para ellos, la sanación no ocurre cambiando algo en el presente, sino accediendo a una línea de tiempo donde la enfermedad nunca existió.

Para alinearte con la versión deseada de tu realidad, necesitas suspender tu creencia en la secuencia temporal. Cada posible versión de tu vida ya existe como potencial en el campo cuántico. No estás creando algo nuevo tanto como sintonizando una frecuencia particular que ya existe. Es como cambiar el dial de una radio para captar una emisora diferente.

Esta perspectiva transforma radicalmente la práctica de visualización. En lugar de imaginar algo que sucederá eventualmente, estás accediendo a una realidad que ya existe simultáneamente con tu experiencia actual. El poder de esta práctica reside en tu capacidad para disolver las fronteras temporales en tu conciencia.

El secreto para dominar esta dimensión de la manifestación es cultivar una profunda presencia. En el estado de presencia total, la mente deja de fragmentar la experiencia en pasado, presente y futuro. En ese espacio unificado de conciencia, las barreras temporales se disuelven, permitiendo que lo que parecía futuro emerja naturalmente en la experiencia presente. Esto nos libera de la trampa de postergar nuestra plenitud. No necesitamos esperar a que las condiciones externas cambien para experimentar los estados internos que asociamos con esos cambios. Podemos acceder ahora mismo a la frecuencia vibratoria de lo que deseamos manifestar, colapsando el tiempo aparente entre deseo y realización.

Si has seguido este recorrido hasta ahora, estás preparado para la revelación más profunda. El mundo que percibes no es simplemente influenciado por tu mente, es literalmente una proyección holográfica de tu conciencia. Esto tiene sus raíces en las tradiciones místicas más antiguas y sorprendentemente encuentra respaldo en la física teórica contemporánea.

El principio holográfico establece que cada fragmento de un holograma contiene la información del holograma completo. Rompe un holograma en 1000 pedazos y cada fragmento seguirá conteniendo la imagen entera, aunque con menor resolución. De manera similar. Cada aspecto de nuestra realidad contiene la información del todo, como arriba hacia abajo, como adentro hacia afuera. Este principio hermético cobra un significado completamente nuevo a la luz de la teoría holográfica.

El físico David Bom propuso que el universo observable es solo una fracción de la realidad total, lo que él llamaba el orden explicado, emergiendo de un nivel más fundamental y unificado de existencia, el orden implicado. En este modelo, todo lo que percibimos como separado y sólido es en realidad una proyección desde una dimensión de unidad y potencialidad pura.

Los hindúes describían este fenómeno milenios atrás con el concepto de maya, frecuentemente malinterpretado como simple ilusión. Maya no significa que el mundo sea irreal, sino que es una proyección real en su manifestación. Pero no independiente de la conciencia que lo percibe. La separación que experimentamos es parte de esta proyección holográfica, no una verdad fundamental.

Esta perspectiva holográfica cambia completamente nuestra relación con la realidad. No estás meramente percibiendo un mundo externo. Estás participando en su creación momento a momento. Reprogramar nuestra proyección holográfica requiere intervenir en varios niveles simultáneamente. La mente consciente establece la intención clara. El subconsciente proporciona el patrón energético sostenido. Las emociones amplifican y energizan esta proyección. La percepción atemporal permite el acceso directo a posibilidades que parecían futuras. Todos estos elementos, trabajando en armonía reconfiguran nuestra experiencia de realidad.

El despertar del sueño consensuado ocurre cuando reconocemos nuestra naturaleza como proyectores, no como personajes dentro de la proyección. Los chamanes describían este proceso como parar el mundo, suspender momentáneamente los filtros perceptuales habituales para vislumbrar la naturaleza fluida y maleable de la realidad. Esta experiencia suele ser tan profunda que divide la vida en un antes y un después.

Las implicaciones prácticas de esta comprensión son revolucionarias. Si tu experiencia es una proyección holográfica, entonces cambiar aspectos fundamentales de tu vida no requiere manipular el mundo externo, sino reconfigurar el proyector interno. Como en un holograma donde cada parte contiene el todo, trabajar en cualquier aspecto de tu ser afecta la totalidad de tu experiencia.

Los maestros Sen ilustran esto con la práctica de no mente, un estado de conciencia donde el observador y lo observado se funden. En este estado, la proyección holográfica se vuelve consciente de sí misma y paradójicamente se libera de sus propias limitaciones autoimpuestas. No estás buscando cambiar el mundo. Estás despertando del sueño de que el mundo era algo separado de ti.

No existe un camino hacia el poder creador. Ese poder ya es la esencia misma de lo que eres. Solo necesitas recordarlo, reclamarlo y ejercerlo conscientemente. Comienza observando tus patrones mentales, elevando tu frecuencia emocional y viviendo desde la hora eterno donde toda manifestación ocurre instantáneamente.

Si llegaste hasta aquí, te envío ese fuerte abrazo en nombre de todo el equipo y como siempre te agradezco por tu presencia. Nos volveremos a encontrar en otra ocasión para seguir expandiendo nuestras conciencias. Nos vemos pronto.