Transcription
Íbamos mi mamá, mi hermana y yo en la camioneta junto con mi papá. Llega una camioneta con judiciales; baja mi papá, lo golpea enfrente de nosotros y se lo lleva. Mi papá va a la cárcel, tramita un amparo y con el amparo se escapa del país y se desaparece.
Años después, decidí estudiar derecho para poder evitar que a otras personas les pasara lo que a mi papá. Y en mi examen profesional, ¡pavo! el primer sinodal, que era como el amable, me dice: “Jorge, vamos a empezar tu examen. Aquí está toda tu familia, tu novia, tus papás. Vamos a hacer una pregunta para empezar: ¿Qué es la justicia?” Y mi respuesta fue: “No sé, y no importa”.
“Si no me contestas qué es la justicia, te voy a reprobar”, me dijo. “Okay. Tercera y última vez: ¿Qué es la justicia?” “No sé, y no importa”, le dije. “Okay. Ahora sí estás en problemas. ¿Cómo estás pretendiendo ser abogado de la Escuela Libre de Derecho, la más prestigiosa, sin saber qué es la justicia?” Y le dije: “Mira, no sé y no importa; lo que sí importa y lo que sí sé es qué se siente una injusticia. Y eso lo sabe todo el mundo; por eso no importa el concepto, lo que importa es cómo se siente, y a mí me pasó”. Y le dije: “Ahora quieres definiciones, pues te digo cuatro, ahí te va. Pero eso no es lo importante. Lo importante es el por qué quiero ser abogado, y es porque la injusticia la hemos sentido todos, pero no todo el mundo sabe cómo defenderse de eso”.
Y sí, fue buena onda mi papá, porque, de no haber pasado lo que pasó, yo no hubiese aprendido a vender a los 14 años. Y ahí te das cuenta que al final las adversidades son tus amigos, y que si tú lo sabes encausar adecuadamente y tienes un tema que te pega, tú decides cómo reaccionas con ese tema. Mi invitado del día de hoy es Jorge Rosas, es speaker internacional con más de 500 conferencias, fue un alto ejecutivo en empresas como Disney, ESPN, Baker & McKenzie y Cinépolis; es abogado por la Escuela Libre de Derecho, tiene una EN en el IPADE, una maestría en Derecho en la Universidad de Pennsylvania, estudios en Finanzas Avanzadas en Harvard y Políticas Públicas en Wharton Business School. Hoy en día es CEO de W Wow, una empresa líder en Latinoamérica en temas de formación de líderes, gestión de talento y transformación cultural. Vamos con esta entrevista épica con Jorge Rosas.
Estimado Jorge, bienvenido a Épicamente Podcast. Qué gusto tenerte aquí.
Gracias, ¡pavo! Feliz de estar aquí contigo en Guadalajara, en tu estudio que está precioso. Por cierto, felicidades, te sigo la pista desde hace rato y tengo muchas ganas. Estoy ansioso por preguntarte varias cosas. Vamos a hablar de comunicación, vamos a hablar de cómo construir un trabajo divertido y feliz. Bueno, hay muchas cosas de las que quiero hablar contigo, pero me gustaría comenzar con una historia que tiene que ver con tu primer chamba, sí, que fue estar vendiendo VHS, este, por caneo, ¿verdad?, coro. Cuéntanos cómo pasó eso.
Hijo, muy, muy interesante, Pao. La verdad es que fue una época de mi vida en la que hubo un tema familiar: mi papá se queda un poco en la ruina, las cosas no estaban bien, eh, tenía yo… yo creo que 14 años, si mal no recuerdo. Y en ese momento yo me acuerdo que, eh, pues estaba un poquito en esta disyuntiva entre si ponerme a trabajar o quedarme estudiando. Y de pronto me doy cuenta que definitivamente tenía que ayudar al gasto familiar y que, y que era importante que yo participara del esfuerzo que estaba haciendo mi mamá en ese entonces por sacar a mi hermana y a mí adelante sin mi papá. No, mi papá se tiene que ir, y es todo un drama tremendo. Pero la parte bonita de esto es que agarro un día el periódico—yo vivía en la zona norte de la Ciudad de México—y tomo un periódico y encuentro un anuncio que, que decía: “Se requiere joven sin experiencia”. ¡Ese soy yo! Entonces yo nunca había trabajado, este, estaba… era medio niño todavía, eh, estaba yendo a la escuela y pues tenía que encontrar un trabajo que me permitiera hacerlo de medio tiempo.
No. Okay. Y era… en una bodega en Aucalpan, ahí escondida en un lugar medio tétrico. Y cuando llego, eh, lo primero que me dicen es: “¿Qué edad tienes?” No, por suerte, pues ya tenía, al igual que tú, una buena barba, no, que desde aquel entonces, aunque no me creas, ya salía. Entonces, eh, por ahí les mentí un poco, no, lo… lo cual pues no me hacía sentir orgulloso, pero si no, no conseguí el trabajo. Y les dije que tenía 16, edad mínima para laborar en nuestro país, eh. Y me dan estas instrucciones, que me iban a hacer firmar algunos documentos y que yo podía venir al día siguiente a empezar a trabajar, pero que tenía que traer una mochila, lo más grande que se pudiera. Una mochila, lo más grande que se pueda… pues ¿qué voy a hacer? Dijo: “Ya mañana te explicamos”. No, firma todo, te vas mañana a tu casa, regresas y te traes una mochila. Y eso hicimos. Y cuando llegué al día siguiente, llegué con la mochila y dije: “Bueno, antes de que pase o inicie, pues dime qué, qué voy a hacer, porque no entendí ayer, no me explicaste”. Y me dijo: “No, bueno, eh, lo que vas a hacer es vender; eres vendedor”. Dije: “¿Soy de qué?” “Ya verás. Este, tú pasa a un salón…” Dije: “Oye, pero… espérame, ¿qué te firmé ayer?, o sea, ¿qué me hiciste firmar?” Y unos pagarés. Y si no me traes el monto diario que exigimos a los vendedores, vamos a embargar a tu familia y a ti, así. Entonces yo había firmado sin saber, por ingenuo a los 14 años… ¡Ah, esa parte de la historia no me la habías contado! Firmé 15 pagarés, este, por una cantidad, eh, que pues de alguna manera amparaba que si yo no traía la mercancía o el dinero… cómo creer… me los cobraban a la mala, no, no, eh… dentro de mí yo decía: “Pues yo no creo que me puedan cobrar porque soy menor de edad”. Sí, y se era menor de edad. Dije: “Pues tampoco es tan obligatorio, tan legal, esta obligación que podría yo eventualmente haber contraído”. Eso no lo tenía tan claro después, sí, porque fui abogado y ya me reía de que no había pasado nada en todo caso, pero en ese momento me asusté. Y entonces me dice: “Bueno, pásale al fondo, ahí hay una sala y vas a encontrar un grupo de gente, únete al grupo”. No, llega con mi mochila vacía, no sabía qué iba a vender. Y me acuerdo que había una porra a todo volumen que estaba siendo entonada por todo el grupo, y me aco… perfecto, la porra, la fecha, eh, era algo así como: “¡Are, are, are, are, are, are! ¡100 pesos en mente, mi actitud me ayudará y nada me detendrá!” No, y lo cantaban todos, no. Y yo, pues sin saber ni siquiera qué iba a vender, arranqué con la porra, no, y dije: “Bueno, pues ya estoy aquí, venga, no”. Y, y a gritar, no. Y bueno, termina la porra… “Bueno, ya saben, listos, recojan sus pretes, vámonos”, no, a cargar la mercancía. “¿En dónde?”, en sus mochilas. Pues vamos a un salón, y efectivamente eran paquetes de cuatro VHS de diferentes cosas, había de todo tipo, no te puedas ni imaginar de qué había, ¿verdad? Pero yo, como pues tenía 14 años, escogí los de caricaturas. Entonces había unas de Box, Bonnie y el Pato Lucas, y todas estas caricaturas de aqu… de aquella época, y llené toda la mochila, que era una mochila de Boy Scouts gigantesca, que era casi mi tamaño, la llené completa y dije: “Bueno, pues mientras lo que le… que le quepa, lo que le quepa”. Y no acuerdo eran 100, puede ser, no. Y a la calle. Me dijo: “¿Qué? ¿Qué? ¿Dónde lo vendo?” Me dijo: “En la calle”. “¿Cómo? ¿Eres vendedor por eso? Pues… pero ambulante, vas a vender en la calle”. “¿En la calle? ¿Donde yo quiera?” “Sí, donde tú quieras, nada más en la tarde me tienes que traer un mínimo de tanto y lo demás me devuelves los videos, y si no, vamos a embargar a tu familia con estas cosas”. No, ¡qué locura! Pues ni hablar, no. Y a vender a la calle, a vender a la calle. Me acuerdo que al principio lo primero que hice fue hablarle a… así, tíos, amigos, a ver quién me compraba. Y sí me compraron, me compraron uno que otro, pero pues rápidamente ya había agotado mis primeras relaciones cercanas para poderles vender y hubo que salir a vender a la calle. Y entonces, eh, yo vivía en la zona norte de la Ciudad… Ciudad Satélite. Y yo asumía que la densidad de población era una buena apuesta, no, entonces dije: “Donde más gente haya, ahí tengo que estar, porque si no, estar correteando a alguien para que me compre es difícil”. Y ahí aprendí algo: que cuando tú tienes o cuando vendes ambulante es más difícil vender, porque la gente en automático no quiere que te le acerques a venderle. De hecho, no te pidieron una cita para venderle, es mucho más difícil. Yo reto a un director de ventas de cualquier transnacional a que salga a vender a la calle, a ver cómo le va, eh. Claro. Y nada, pues lo que hice fue irme a la Ciudad de México, al centro de la Ciudad de México, a vender en los edificios de Reforma, en los edificios del centro, y entraba y buscaba, pues tratar de tocar puertas en las oficinas para venderles ahí. Y en alguna ocasión, eh, pues no me dejaban pasar y me decía: “¿Con quién viene?” No, me recuerdo muy bien que en aquella ocasión fue en un edificio que está en el centro, frente a Bellas Artes, y vi que alguien pasó antes que yo con una mochila diciendo que iba a entregar muestra médica a un consultorio. “¿Con qué doctor?” Y volteó el cuate a ver la lista del directorio y dijo: “Con el doctor Jiménez, no sé qué”. Yo dije: “Ah, pues si esa es la llave, venga, no”. “¿A qué viene a entregar muestra médica?” “Ah, pues pase usted. Ah, bienvenido, no”. Y entonces ya veía que nunca había problemas, y yo decía que entregaba muestra médica. Me daba pena decir que estaba vendiendo ambulante en ese momento, y lo que hacía era les dejaba los videos a las… a las secretarias o a la gente de las recepciones de las oficinas y le decía: “Véalo, si no le gusta me lo trae mañana y me lo devuelve, este, y si sí le gusta me lo paga”. Y yo mi apuesta era que se le… se le olvidara, no, y que no lo trajeran de vuelta y me lo tuvieran que pagar, cosa que pasaba muy frecuentemente. Muchas veces me decían: “No los traje”. “Híjole, pues no, pero pues yo tengo que llegar con el dinero”. Y bueno, aquí está, y me lo pagaban. Y otras veces me decían: “No, es que son piratas”. Yo, la verdad, en ese momento no sabía que eran piratas, eran piratas, yo no sabía que eran piratas, este, y yo le decía: “No, los de piratas me llegan la próxima semana. Estos son de Box”. Y entonces yo creo que les caía bien. Me di cuenta del poder de… de ser amable con la gente, de ser buena onda, y eso te abre puertas, y eso hace que la gente te quiera comprar. Yo a la fecha sostengo que incluso en las ventas corporativas que hago hoy de mi empresa, hay gente que por cómo eres y por tu carácter y tu personalidad ya te compró, todavía no sabe qué, pero ya te compró, no. Y ahí lo aprendí, ahí lo aprendí. Dije: “Mientras más buena onda sea, mientras más sonrisa traiga, mientras más amistoso sea, las probabilidades de que no me los devuelvan son más altas”. Y era prueba y error, prueba y error, prueba y error, prueba y error, 100, 100, 200, 300 veces, al punto en el que pues llegué a juntar el equivalente ya en utilidad, después de devolver los videos, de… no sé, unos 35, 40,000 pesos en menos de un mes a los 14 años.
¡Wow! Eh, íbamos a tener un viaje de 15 años con nuestros amigos del teatro, yo estaba en el teatro desde aquella época, antes que tuviera el tema de mi papá, el tema del problema de mi papá, y yo quería ir a Nueva York, era mi sueño, no, yo quería ser actor de teatro, quería ir a Nueva York a haber obras de teatro y mis amigos iban a ir porque sus papás se lo iban a pagar. Mi papá no estaba para pagármelo, mi mamá le estaba echando todas las ganas para juntar algo de dinero. Yo dije: “Yo voy a ir a Nueva York”, y por eso ese… ese propósito que tenía en ese momento era ir a Nueva York, porque yo quería trabajar en Nueva York en el teatro, y era para mí una ciudad espectacular que yo quería conocer. Pues con esos 35,000 pesos que junté, pues le di obviamente a mi mamá una parte, no, este, para poder ayudar en los gastos, y con lo que me sobró me fui a Nueva York con mis cuates a ver una semana puras obras de teatro, una diaria, no, y me acuerdo que en Nueva York me decían mis amigos: “¡Qué buena onda tu papá!”, porque yo les invitaba a hamburguesas, les invitaba a todo, traía mucha lana, ellos traían poquitita, creo que traían $100 por día y se acabó; yo traía $800.00, o sea, yo iba muy bien equipado, y este… me decían: “¡Qué bueno tu papá, que… que te mandó tanta lana!” No, dije: “Sí, la buena onda mi papá, no”. Y la verdad sí fue buena onda mi papá, porque, porque de no haber pasado lo que pasó, yo no hubiese aprendido a vender a los 14 años, y ahí te das cuenta que al final las adversidades son tus amigos, no, y que si tú lo sabes encausar adecuadamente y tienes un tema que te pega, tú decides cómo reaccionas con ese tema. Hoy en mis conferencias digo que el problema no es el problema; el problema es tu reacción ante el problema. ¿Cómo reaccionas? Es el… el problema. El problema no es ese, el problema no es la crisis, el problema no es el COVID, el problema no es un tema macroeconómico que te está impactando en tu empresa; el problema es cómo reaccionas. Y yo dije: “Aquí en esta opción, cuando pasó lo de mi papá que me tuve que salir a trabajar, yo veía que varios amigos míos de 14, 15 años se iban a fiestas, a emborracharse y hacer idioteces, y yo decía: ‘Yo tengo dos opciones para reaccionar: la una, la obvia, es esa; no tengo la justificación, estoy triste, mi papá no está, llegó el momento de poder salir con un escape fácil, a ponerme borracho y hacer tonterías.’ La otra opción, la otra reacción, es ayudar a mi mamá, sacar la casta”. Me ponía a hacer 1000 abdominales diarios, este, para estar bien físicamente, porque dije: “Yo aquí determino cómo estoy reaccionando ante el problema”. Literal, te ponías a hacer 1000 para sacar el coraje, estaba enojado, entonces dije: “En lugar de enojarme, voy a hacer ejercicio, reacciono en algo que me va a dejar algo bien”. Traía cuadritos así marcados y demás, y pues generaba dinero, y dije: “Eso es lo que voy a hacer siempre que tenga un problema”.
Oye, Jorge, a ver, vamos a hablar de Disney, vamos a hablar de ESPN, vamos a hablar de muchas cosas, pero voy a dejar a todos con el Jesús en la boca si no te pregunto de una vez, este, cómo nos puedes comentar esa situación que pasó con tu papá.
Bueno, fue una injusticia terrible, ¡pavo! O sea, la verdad es que, eh, esa es la razón por la que después decidí ser abogado, porque mi papá vende una casa, es ingeniero; él vende una casa a alguien que era policía judicial, y mi papá comete el grave error de recibir en pago una camioneta que le entrega esta persona, pero no le entrega la factura de la camioneta. Entonces, como no le da la factura, mi papá, por azares del destino, se retrasa la obra, no le entrega a tiempo la casa, se pelean, el tipo se molesta mucho, y en lugar de proceder la vía civil pidiéndole la entrega de la obra, lo que hace dice: “Ah, me robaste mi camioneta”. Presenta una denuncia penal contra mi papá por robo, y íbamos mi mamá, mi hermana y yo en la camioneta junto con mi papá. Llega una camioneta con judiciales; baja mi papá, lo golpea enfrente de nosotros y se lo lleva. No, mi papá va a la cárcel, este, tramite un amparo y con el amparo se escapa del país y se desaparece. Años y ahí es donde me… me toca a mí entrar a trabajar y empezar a… y tener contacto con él, no, nada, no, no, porque le dijeron: “Si hablas, te van a rastrear y te pueden agarrar; no, en lo que se resuelve el juicio, no puedes hablar con nadie, no puedes hablar con tus hijos, no puedes hablar con nada”.
¿Cuánto duró eso? Pues por lo menos 3 años, no, o sea, sí fue un buen tiempo, justo en los momentos en los que yo era un adolescente que estaba tratando de definir su identidad. Me acuerdo los primeros 15 años, ¡pavo!, que me tocaron, ir… yo decía: “¿Cómo se hace una corbata?” “¿Cómo se hace una corbata?” Y yo veía que todos mis amigos me hablaban y me decían: “No, ya mi papá me hizo mi corbata y mira cómo quedó”, y yo así… pues yo no sé ni cómo hacerla. Y lo que hice fue: caminé a un lugar que era una librería, este, que vendía libros en inglés; yo hablaba inglés, por suerte, bastante bien desde chavito, me enfoqué en hablar mucho inglés, y encontré un libro, que ahí lo tengo a la fecha, todo destruido, que se llama How to be a Gentleman. Ah, y te enseñaba cómo hacer corbatas. Me acuerdo cuando entré a la librería: “¿Hay algún libro que me puedan vender sobre cómo hacer corbatas?” Y el tipo me dijo: “Claro, hay uno que se llama How to be a Gentleman, y no nada más te va a enseñar a hacer corbatas, te va a enseñar a vestirte, cómo combinar un saco, o sea, te va a enseñar muchas cosas”. Y pues me lo leí y lo aprendí, y prueba y error, y me quedaban increíbles las corbatas, no.
Qué interesante. Oye, Jorge, a ver, dentro del mundo de los negocios, las personas a veces hablan de metodologías, las personas a veces hablan de hipótesis, pero yo, de forma personal, sí, el primer reto con el que me enfrenté al empezar nuestro negocio, para pagar la universidad, es que éramos unos mocosos de 18 años que necesitábamos contratar personas, sí, porque no podíamos hacerlo solos, porque no sabíamos hacerlo, y, y para mí fue pues un poco imponente tener que decirle a alguien de 35 años o alguien de 40 años lo que tenía que hacer o dirigirlo, ¿verdad?, con mucho colmillo. Estamos en la industria creativa, y, y hoy me doy cuenta de la realidad de la importancia de los equipos, de las personas, de los recursos humanos. Incluso algunos podrán pensar hoy: “Eso de recursos humanos, pues es algo aburrido, es un mal necesario”. Este, tú has pasado por una curva extraordinaria, ¿verdad?, en donde te tocó la suerte o la maldición de despedir a miles de personas, 36,000, y de contratar también a miles de personas, sí, ¿verdad? ¿Cuáles han sido algunos de los aprendizajes más importantes que tuviste en esa experiencia, tanto de contratar como despedir a 36,000 personas?
Bueno, déjame decirte que el primer trabajo fue este… después por ahí… eso fue en Baker… el primer trabajo de abogado fue en un despachito chiquitititita, y además porque me parecía que en ese entonces mi propósito era buscar que la gente no fuera víctima de injusticias. De hecho, te voy a contar que en mi examen profesional, ¡pao!, hago un paréntesis. Ahorita te cuento lo de despedir personas, pero en mi examen profesional recuerdo que habían cinco sinodales; el primer sinodal siempre… tú lo invitas, tú invitas al primer sinodal, es tu amigo, eh, usualmente es el que te hace las preguntas fáciles para que… para que entres un poquito en calor, y ya los otros cuatro sinodales, pues son los que te asigna la escuela. La Escuela Libre de Derecho está considerada la más difícil del país, por mucho, tiene toda una historia espectacular de más de 100 años, casi 100 años, este, no, más de 100 años ya a la fecha formando grandes, grandes, grandes abogados, han salido presidentes, Felipe Calderón, por ejemplo, ministros de la corte, secretarios de un montón de temas; la verdad es que es una gran escuela. Y en mi examen profesional, ¡po! el primer sinodal, que era como el amable, me dice: “Jorge, vamos a empezar tu examen. Aquí está toda tu familia, tu novia, tus papás. Vamos a hacer una pregunta para empezar: ¿Qué es la justicia?” Esa te la enseñan desde el primer año, ¡pavo!, o sea, el primer concepto que te enseñan cuando entras a la Escuela Libre de Derecho es: ¿Qué es la justicia? Y luego te lo repiten 5 años en todas las materias, no, hablas de justicia social, de justicia laboral, civil, penal, mercantil, de todas las diferentes ramas, pero siempre hablas de la justicia. Y mi respuesta fue: “No sé, y no importa”. Y entonces se me quedó viendo el sinodal y se rió y me dijo: “¿Qué buena broma para empezar tu examen? ¿Qué es la justicia?” O sea, ya se puso serio y le dije que no sé y que no importa. Y me dijo: “A ver, Jorge, yo quiero ayudarte, sé que estás nervioso, está tu familia atrás. Si no me contestas qué es la justicia, te voy a reprobar”. Okay. “Tercera y última vez: ¿Qué es la justicia?” Y le dije: “No sé, y no importa”. Y entonces me dijo: “Okay, ahora sí estás en problemas. Me puedes decir por qué estás diciendo semejante barbaridad. ¿Cómo estás pretendiendo ser abogado de la Escuela Libre de Derecho, la más prestigiosa, sin saber qué es la justicia?” Y le dije: “Mira, no sé y no importa; lo que sí importa y lo que sí sé es qué se siente una injusticia. Y eso lo sabe todo el mundo, y por eso quiero ser abogado. Tú has sentido una injusticia. Sí, claro, se siente… se siente”. Y un… un abogado, advocatus, es el que habla a nombre de quien sufre una injusticia. ¡Wow! Y entonces dije: “Por eso no importa, por eso no importa el concepto; lo que importa es cómo se siente cuando pasa, y a mí me pasó”. No. Y le dije: “Ahora quieres definiciones, pues te digo cuatro, ahí te va. Ahí te va Aristóteles: ¿Quieres justicia? Es darle a cada quien lo que le corresponde. ¿Quién más quieres? Kelsen, hablemos de la justicia”. Y empezamos a hablar ya de justicia distributiva y de todas las clases de… y definiciones sabidas y por haber del concepto. Y dije: “Ya estás más tranquilo, ya viste que así me la sé”. Pero eso no es lo importante. Lo importante es el por qué quiero ser abogado, y es porque la injusticia la hemos sentido todos, pero no todo el mundo sabe cómo defenderse de eso.
Y eso lo había preparado o te salió en el momento. Pues me nació. Okay, la verdad, o sea, dije: “Este es el momento en el que…” No lo hice para lucirme ni para impresionar al sínodo, me nació porque de verdad dije: “Esta es la razón de por qué quiero ser abogado, y quiero que lo sepan, y que lo sepan en el sínodo, y que lo sepa mi familia, y que lo sepa la escuela. Esta es la razón, este es el fondo de por qué quiero ser abogado”. Y quizá luce de una manera más histriónica de lo que debía, y quizá me coloqué en una posición de riesgo, pero esa respuesta me valió una mención en el examen profesional, y me lo dijo al final el sínodo: “Esa respuesta que diste en tu pregunta uno nos hizo ver que tus motivos para ser abogado son los correctos”. Muy bueno, no. Pero bueno, regresando a los despidos, en Baker & McKenzie era la firma de abogados más grande del mundo, es la firma de abogados más grande del mundo, eh… me tocó entrar al área laboral, de derecho laboral. Yo no quería necesariamente entrar a derecho laboral, yo quería entrar a otra rama del derecho. Fue en el tercer año de la carrera, y cuando me dicen: “Es en laboral…” Bueno, pues ¿qué hay que hacer? Pues hay que despedir personas. ¿Cómo que despedir personas? Literal, tu puesto era: “Vas a ir con nuestro cliente, y tú eres el abogado encargado de… el que habla a nombre del cliente para decirle adiós a las personas”. La peor chamba que podrías tener de la historia, no, no te puedo ni platicar que la primera que me tocó hacer, llegué a mi casa y volví al estómago cuatro veces, o sea, es una sensación terrible, porque yo creo que hay tres cosas terribles que le puede pasar a un ser humano: el fallecimiento de alguien que quiere, un divorcio, no, y un despido, no, son las tres D: decesos, divorcios, despidos. Te conviertes en la cara de uno y te conviertes en portavoz de la noticia, que usualmente es algo que cae de peso de una manera inesperada y terrible, no. Y me tocó hacer 36,000 despidos en esos 11 años que estuve en la firma. Obviamente yo buscaba hacerlo de la manera más humana posible, no, este, siendo lo más empático que podía, inclusive a veces hasta abrazaba al trabajador y le decía: “Tranquilo, todo…”
Va a estar bien, no te preocupes. Este no es el fin del mundo; es el inicio de uno nuevo. Y tenía por ahí ya algunas frases que yo recolectaba de libros para motivar a la persona después de haberle infringido, eh, la terminación de su contrato de trabajo. No y motivar a alguien que está siendo víctima de un despido, créeme que no está fácil, eh.
Claro, en ese momento lo único que quieren es irse de ahí, no te quieren ver; claro, o sea, te quieren hasta golpear en ocasiones, para ser muy muy claros. Varios de ellos me dijeron… y hubo alguna gota que derramó el vaso para que quisieras dejar de hacer eso. Bueno, después de 36,000… No, ya, ya yo era socio de la firma, ya no me tocaba hacer directamente los despidos, pero sí coordinaba despidos masivos. O sea, a veces que me tocaba cerrar una planta entera. No, me tocó venir a cerrar a Guadalajara algunas plantas llanteras de la industria llanera; y en una de esas oportunidades, en las… en… en Cuautitlán Izcalli, me tocó cerrar una planta gigantesca, gigantesca, y yo coordinaba como todos los equipos que íbamos a notificar la salida del personal. Y me tocó ir a casa del líder sindical, uno de los líderes sindicales, a entregarle la notificación de que su planta se iba a cerrar. En materia laboral, si tú notificas al secretario, se da por notificado a toda la gente que está sindicalizada. Okay, okay. Entonces, si logras notificar al secretario del sindicato, ya estás notificando automáticamente a miles de personas de que su… su trabajo se acabó; no, no tienes que ir uno por uno de todas esas personas. Y a mí me tocó hacer eso.
Cuando llegué a la casa de este cuate, había una cantidad de gente enorme, una casa grande. A los sindicatos no les va mal, este… una casota ahí por… creo que era Tultitlán, o no sé, un lugar medio escondido. Y cuando llego, había una fiesta; y en la fiesta había… había algunas cosas colgadas afuera. Toco la puerta y me… me abre una chava con vestido de 15 años; era la hija del líder sindical. Y cuando le digo que vengo a buscar al señor tal, y ella le grita: “¡Papá, te hablan de la empresa! Ha de ser lo de tu aumento”. No, no era lo del aumento. En todo caso, aumento… pero de la presión arterial. ¡Qué! TR… sale el tipo. Le cuento que está cerrada la planta, que tienen que ir mañana a recoger las liquidaciones de toda la gente y que se acabó el trabajo de él y de todos sus afiliados. El tipo, en ese momento ya era un señor de edad, casi se me desmaya; casi se me desmaya. Se agarró de la puerta, la hija lo alcanzó a agarrar, yo lo alcancé a agarrar; y cuando lo agarré, lo agarré del brazo, él me agarró más fuerte y me jaló y me dijo: “Licenciado, usted… disculpe lo que le voy a decir… pasó de ser el mejor día de mi vida al peor día de mi vida. Gracias a usted. ¡Ojalá que nunca lo vuelva a ver en mi vida!”. ¡Qué duro! FAO… no te… o sea, me acuerdo y veo… o sea, haz cuenta que estoy reviviendo ahorita los ojos del señor, la mirada y la pupila dilatada; entre enojo, decepción, depresión, tristeza, angustia. Y en ese momento yo me quedé… lo vi y dije: “Vámonos, ya terminamos lo que teníamos que hacer. Vámonos”. Y en el camino dije: “Yo no quería ser abogado para esto”. Claro, yo no quería ser abogado para esto. A ver, estaba hablando a nombre de mi cliente, yo no había decidido despedir a nadie, pero al final a mí me tocaba estar ahí, no. Y eso fue lo que determinó que yo decidiera dejar de ser socio de la firma de abogados más grande del mundo… mundo. Ya era socio y en ese momento hablé con mis socios y les dije que yo tenía que buscar algo más y que quería dejar de destruir, de despedir, para empezar a capacitar, a motivar, a contratar y recuperar esas 36,000 almas perdidas; y por lo menos contratar, promover, incluir, pues unos 36,000 para empatar, ¿no? Claro, inspirar, capacitar… sí, por lo menos al mismo número que les tocó ser despedidos.
Oye, Jorge, en esta parte yo creo algo de una manera muy profunda: creo que podemos encontrar la felicidad a través del trabajo, ¿verdad? No es algo mágico, ¿verdad? No es algo de que: “Ay, mira, es que de forma providencial o… este… inesperada… me buscaron donde me pagan más, en donde…” Bueno, es algo que creo que se construye y… y creo que se… se encuentra y te vas enamorando de tu vocación, ¿no? Pero, ¿cómo podrías decir que las personas pueden encontrar o construir el trabajo de sus sueños? Yo creo que lo primero que hay que entender es que los sueños… sueños son. No… no existe como tal un trabajo en donde no haya ningún tema malo. No, yo te puedo decir que, por ejemplo, yo he estado enamoradísimo de mi trabajo muchas veces. No, en Baker era un lugar en el que no necesariamente me encantaba la actividad, pero el dinamismo, la energía, la fuerza, el conocimiento, el rush que… que producía un litigio y este tipo de cosas me fascinaban, pavo. O sea, yo llegaba con una adrenalina a las 2:30 de la mañana de haber vivido un asunto, una negociación colectiva, porque estallan las huelgas a medianoche y haber cerrado y evitar que estallara una huelga y salvado una empresa. Te puedo decir que a mí me energiza. Me tocó estar a medianoche en la central de abastos de Iztapalapa, este… evitando que explotara una huelga ahí, que parar al país, me explico. O en Aeroméxico… no, la huelga de pilotos de Aeroméxico, yo negociando con los sobrecargos, los pilotos y demás… es algo súper emocionante y me encantaba porque yo lo veía desde el lugar en el que estoy: evitando que la gente pierda, digamos, esta fuente de empleo, que subsista la empresa. Trabajar en Cinépolis… no te puedo decir las veces que lloré de felicidad de hacer mi trabajo, cuando iba a los cines a visitar a los chavos de los cines, que le dicen los “cinepolitos”, y que se me acercaran las personas de limpieza de los cines y que me dijera: “Licenciado, muchas gracias por ese beneficio nuevo que aprobaron para nuestra familia, estamos muy felices”. A mí me tocó meter a Cinépolis a los 3,000 empleados que estaban en outsourcing en el área de limpieza y los metí a la nómina. Okay, esa fue una de las decisiones que tomé porque pusimos un eslogan de: “Todos somos cinepolitos”, ¿no? Y yo decía: “¿Y los de limpieza? ¿Ellos no son cinepolitos o qué?” Me dijeron: “Pues eso cuesta mucho dinero”. Bueno, pero son… ¿o no? “No, pues sí, y trabajan con toda la fuerza…” Pues hay que meterlos, ¿no? Y no te pu… no te puedes ni imaginar… cada vez que entraba a un baño de Cinépolis, la cara de los empleados de limpieza sabiendo que ahora tenían todas las prestaciones que tenían en el cine… lloraba, pavo; lloraba, lloraba de emoción, ¿no? O de ver que alguien que había empezado así en el corporativo, al cabo siendo, por ejemplo, el director de finanzas de Cinépolis España… un cuate que no hablaba ni inglés ni español muy bien que digamos, ¿no?, que venía de la Sierra Purépecha, no… de una cultura, este… completamente, digamos, del esfuerzo, a convertirse en un súper profesional que es el director hoy en día de finanzas en Cinépolis España… el día que me mandó una foto y me dijo: “Jorge, esto fue gracias a la oportunidad que tú me diste de volverme gerente”, dime si no lloras de felicidad. O sea, sí existe el concepto de la felicidad en el trabajo. Hay gente que se resigna y que decide renunciar a eso. No, tengo un amigo que decidió quedarse en una firma de abogados que había… de alguna manera ciertos conflictos entre los… el tema es que el clima no era muy bueno. Y un día le pregunté y le dije: “¿Cómo estás? Porque te veo un poco mal, o sea, te veo como… como ojeroso, te veo gris”, se lo dije: “Te veo gris”. Y él me dijo: “Esta fue la cárcel que yo elegí. Tenía el dinero, tenía el puesto, tenía la fama, la reputación, y era absolutamente infeliz”. Entonces, yo lo que digo siempre en mis conferencias, pavo, es que no te resignes; que si no te gusta el trabajo, que si no te gusta el guion que te tocó, lo quemes y empieces uno nuevo en otro lado. Ya no es peor quedarte en un lugar en el que no estás contento, en el que no estás a gusto, que… que luchar por empezar de nuevo en otro lugar. No quiere decir con esto que todo sea perfecto; hay cosas que no son perfectas, hay cosas que no te gustan, hay cosas que no te gustan hacer. Por ejemplo, en Cinépolis, aunque amaba mi trabajo, no me gustaba revisar las incidencias de nómina, pero yo las tenía que aprobar y sobre mi firma pesaba una nómina de millones y millones y millones y millones de pesos, y yo tenía que revisar al final que todo estuviera bien o los bonos. ¿Tú crees que me encantaba revisar un Excel de 40,000 colaboradores para ver que todo estuviera bien? Me daba una pereza infinita… claro, infinita. Pero tú decides. Y esto se le llama Job Crafting, así se llama técnicamente hablando, Job Crafting: cómo poner foco en aquello que te hace más luminoso en tu trabajo y solventarlo otro como parte necesaria del proceso. Una vez así me dijo mi abuelita: “Mira”, me dijo, “en un cambio de novia, en un cambio de trabajo, en cualquier cambio que tengas es igual”, no, me dijo: “Mira, si cambias de novia, mi hijito, por ejemplo, tú tienes una novia nueva, eso va a traer cosas buenas y cosas malas, pues ya disfruta las buenas, porque también trae cosas malas”. Sí, a ver, yo creo que tiene que ver con un concepto de que: “Bueno, el jardín del vecino siempre… siempre se ve más verde”. Hablamos de la perspectiva, ¿verdad? Creemos que en el otro trabajo va a haber menos esfuerzo, menos problemas, pero es una cuestión de cómo estás viendo tú tu propio jardín, con agujeros, con dificultades. Sí, y la segunda es: ¿qué estás dispuesto a pasar por disfrutar la mejor parte?, ¿no? A mí que me encanta la montaña… oye, en la montaña te la pasas de la fregada también, o sea, frío, cansancio, desesperación… te peleas con tus cuates… bueno, ¿estás dispuesto a pasar la peor parte por disfrutar lo mejor? Esa me encanta, es por disfrutar… esa forma de verla me encanta, porque así es. Yo creo que todo en la vida, no nada más un trabajo, es una pareja, es lo que sea, escribir un libro… no, ahorita que estaba… estoy a punto de liberar mi libro… hay momentos en que ya odio mi libro, o sea, que ya lo vuelvo a leer y digo: “Ya, ya, no”. Pero ¿qué pasa? Que después sabes que el producto terminado, al final va a haber valido la pena por el impacto que puede causar. No, todas las labores arduas o los bienes arduos… por eso se le llama así en temas filosóficos: es un bien arduo porque eso que es arduo y que cuesta trabajo tiene un valor mayor que lo que no cuesta trabajo, ¿no? Y creo que al final del día la gente tiene que encontrar maneras de poder sobrepasar o sobrellevar esas cosas que no son necesariamente agradables en la búsqueda de ese bien arduo.
Ahora bien, si le vamos a meter al tema de la ciencia y la felicidad en el trabajo, eh… tengo que contar algo que quizá no sabes: si es que yo compré una empresa de happiness at work. Yo compré una firma que se llama Delivering Happiness, la compré en Estados Unidos antes de tener mi empresa actual que es Wi Wow, y desarrollé esa franquicia para México. Y bajo la metodología de Delivering Happiness dice que hay cuatro cosas, Pao, que hacen que tú estés feliz en tu trabajo; cuatro. A ver, ahí te va: sentido de control, sentido de progreso, conectividad y propósito. Ahí te van: el sentido de control es que tú estés empoderado para hacer tu trabajo; que si alguien te dice: “A ti te toca hacer esto”, tú sientas que tienes el control sobre ese trabajo que te encomendaron. Okay, vamos a pensarlo en contrario, censo al revés: si yo te doy un trabajo y a los tres días llego y te lo quito y te digo: “¿Sabes qué? Mejor pásamelo, se lo voy a dar a alguien más”, perdiste sentido de control y lo que le pasa a la gente es que renuncia y se queda desmotivación… y desmotivada completamente. Dice: “Ah, sí, pues llévaselo quien quieras, mañana empiezo a buscar trabajo en otro lado”, ¿no? Sentido de control. Sentido de progreso es que sientas que estás creciendo y contribuyendo al éxito de la empresa; o sea, que tu trabajo es visto por las personas y que ese trabajo te va a hacer crecer. Cuando tú sientes… o que no es visto tu trabajo o que por más que hagas no puedes crecer, es una de las primeras causas de por qué la gente deja un trabajo. Pero si lo haces bien y a la gente… le enseñas a la gente, la retas a la gente, la impulsas, le das sentido de progreso, se siente desafiada, le reconoces el trabajo, la gente está feliz en su trabajo. Tercero: conectividad, relaciones humanas, relaciones… una parte muy importante de que la gente esté contenta en su trabajo es el círculo de personas con las que convive cotidianamente. Empezando por el líder, por su líder… has oído esta frase súper famosa que dice que la gente llega por la marca y se va por su jefe. Es la causa uno de renuncia de la gente: su jefe, que no tiene una buena relación con su jefe. Después, con sus pares o con otros superiores jerárquicos, incide de una manera muy importante. Si tú llegas y te la pasas bien y hay buen ambiente, buen clima, camaradería, lo que se llama en recursos humanos una gran cultura organizacional, tú te quieres quedar en ese lugar porque te la pasas bien 8 horas, pasándotela bien, te quieres quedar en ese lugar. Y el último del cual hablaremos seguramente es el tema del propósito: el por qué estoy haciendo mi trabajo, ¿no? Y yo recuerdo en alguna ocasión… un ejecutivo se fue de la empresa, era Cinépolis en aquel entonces, yo era el director de recursos humanos y se fue por una cantidad absurda de dinero, mucho dinero, ¿no? Cuando yo hablaba con él me decía: “Es que no hay manera de decirle que no a esta oferta”. Él me decía… y le dije: “¿Qué te están ofreciendo además de dinero?”, “No, nada, nada más mucho dinero”. Dije: “¿Mucho dinero?” “Sí”. Okay, vamos a suponer mucho, mucho dinero, ¿no? Lo podrías conseguir trabajando más duro aquí. Y le decía: “Sí, pero me tomaría más tiempo”. Okay, es una… lógico tu argumento. “¿Qué vas a hacer con ese dinero?” “No, pues me encantaría viajar”. “¿Vas a tener tiempo de viajar?” “No, no, definitivamente en este momento no, porque lo que me están pidiendo es que trabaje sin ningún límite de tiempo y casi que no vea mi familia y que esté la mitad del tiempo viajando y que viaje a Europa y viaje a todos lados”. Okay. Entonces, no tendrías el dinero, pero no tendrías el tiempo para usarlo en lo que tú querías usar el dinero, ¿no te parece una muy mala decisión? Y entonces se quedó pensando y dijo: “A ver, a ver, elaboremos un poco”. Le dije: “A ver, el dinero no hace feliz a la gente… no hace feliz a la gente. Mientras más ganas, más gastas, obviamente, después de cierto nivel. No es lo mismo, como le explicaba una vez a alguien, tener el agua aquí que aquí, ¿verdad? Si tienes el agua aquí es igual que aquí. Si debes el dinero y necesitas el dinero para sobrevivir, el dinero es puesta y sí es un driver para cambiarte de trabajo, lo es. Contrario a la felicidad… lo primero en la pirámide de Maslow es cubrir tus necesidades básicas y mientras las cubres ahí sí tienes que elegir por dinero, definitivamente. Pero vamos a suponer que ya no está aquí, que ya está acá… el irse por dinero ya no debería de ser la primera causa para cambiar de trabajo, debería de ser algo más. Yo le digo a la gente: “Nunca te vayas de… vete a… no te vayas de aquí porque no estás contento, porque… porque no te pagan suficiente. Vete a un sueño más grande, vete a algo que te inspire, vete a algo que te súper encante y entusiasme, vete a… pero no a algo que simplemente te va a dejar mejor remunerado que antes. Si esa es la única causa, no creo que sea la decisión correcta”. Tan comprobado está que el dinero no es la causa correcta que yo te voy a preguntar algo: yo he hecho en esta… en esta carrera de conferencista esta pregunta miles de veces en todas las audiencias y… más de 1,000 conferencias y les pregunto: “Por favor, levante la mano en esta audiencia todos aquellos que ya ganen lo suficiente y que digan: ‘Por favor, ya no más’”. Nadie levante la mano. Nadie. Todo mundo cree que gana poco, pavo; todo mundo cree que gana poco dinero, no importa si eres el director general del banco o si eres un gerente de una transnacional o si eres emprendedor. Si tú le preguntas a la gente, nunca nadie está satisfecho con el dinero que gana; cree que podría ganar más o que merece más o que merece más porque él es más fregón que el dinero que le pagan. Siempre, o sea, la insatisfacción no… no se desvanece por un cambio de puesto a uno que tenga más dinero; vas a quedar igualmente insatisfecho en poco tiempo, cuándo… cuando eleves tu nivel de gasto, claro; vas a ganar más y en lugar de comprarte unos tenis cualquiera te vas a empezar a comprar unos tenis de marca, este… en lugar de vivir en una colonia clase media te vas a buscar un lugarcito más caro, vas a cambiar tu coche, vas a… poner una hipoteca y al rato estás igual de roto que como estabas hace un año, claro; y otra vez estás insatisfecho por el dinero, claro.
Oye, Jorge, y en este… y en este camino también me gustaría hablar de algo como muy práctico para los que nos están viendo y que si en algún momento tienen que entrevistar a una persona… ahorita vamos a ver cómo podemos construir un equipo extraordinario y es una de tus especialidades ahí en… en Wi Wow. Pero si alguien llega a una entrevista y a pedir… a buscar trabajo… ¿cuáles serían los hacks, los trucos, los secretos, la… esa parte fina que tú recomiendas? Si a ti te enamora ese trabajo y lo quieres conseguir… si soy el candidato o si estoy entrevistando… si tú eres el candidato… si yo soy el candidato… si tú ias con tu currículum… si yo quiero un trabajo y quiero que me lo den… bueno, te voy a platicar cómo lo hice yo cuando me hablaron de la firma de Baker & McKenzie, que es la más… las más grande del mundo, eh… me habló de ella la sobrina de un socio. Me dijo: “Mi… mi tío es socio de la firma”. Y yo recuerdo que tenía en ese momento en el escritorio de la recepcionista del socio… no sé, una pila de quizá unos 1,000 currículums que estaban ahí que le habían llegado, que le llegaban todos los días. Este cuate… imagínate, la firma más grande del mundo, pues ¿cuánta gente manda el currículum? Todos los ahogos… ¿sabes cuántos se graduan al año abogados de México? Cientos de miles, no, quizá millones, no… cientos de miles es muy, muy cercano a la realidad. No sé, 300,000, 600,000 abogados al año por lo menos, pues ¿cuántos crees que quieren trabajar en el mejor despacho del mundo? Todos… muchos. Entonces llegaban y tenía un tambache así. Yo me acuerdo, lo vi; y cuando llegué con la secretaria dije: “¿Son currículums?” “Sí, nos llegan aquí todos los días”. Dije: “Luego… no, pues tuviste suerte”. Le dije: “¿De qué?” “No, pues que conociste a la sobrina de este cuate en la escuela y nos dijo que… que eras bueno, que habías quedado en primer lugar de la generación”. No, por eso que me buscó, porque el tío le comenta en una comida a la sobrina que recomiende a alguien inteligente de la escuela que fuera chavito, que estuviera en el segundo año de la carrera; y ella se fue el día de premios y buscó quién había quedado en primer lugar y me dijo: “Tú”. Pero fíjate cómo antes tienes que haber hecho el mérito, okay, no de haber quedado en primer lugar. Si no, no hubiera pasado nunca. No, la gente dice: “¿Qué suerte?” Bueno, ¿qué suerte? Pero estudié para quedar en primer lugar, ¿no? Y llegué a la entrevista con Ricardo… Ricardo Martínez Rojas, socio de la firma, principal. Cuando llegué, dije: “Le tengo que decir algo que no se le olvide”. ¿Qué le digo? ¿Qué le digo? ¿Qué le digo? Yo pensaba: ¿Y qué le digo? ¿Qué le digo? Y cuando entré… Ricardo: “¿Cómo estás, licenciado?” Le dije: “Ricardo, licenciado, ¿cómo está usted?” “Muy bien. Pásale, chavo”. “¿Qué onda? Vienes a entrevista”. “Sí. Cuéntame”. Y en ese momento lo que tenía que decirle, pavo, fue: “Licenciado, no se pierda usted la oportunidad de contratarme”. Y se quedó… y dijo: “¿Qué… qué… no se pierda usted la oportunidad de contratarme?” Y me dijo: “¿Me lo estás diciendo en serio?” Y le dije: “Sí”, le dije: “Pero no desde el ego ni desde un falso orgullo. Me voy a matar por este despacho, voy a dejar toda mi vida aquí hasta que sea socio, se lo juro que si me contrata no se va a arrepentir, se lo juro”. Y entonces me vio tan convencido y se quedó así callado y me dice: “Okay, se acabó tu entrevista”. Yo dije: “Ya valí… o sea, ya me sacó a patadas”, dije: “Este cuate… decir… chamaco presuntuoso, ¿qué le pasa? Que se largue en este instante”. Y me dijo: “Se acabó tu entrevista, estás contratado”. Dije: “¿En serio?” “Sí. ¿No me quieres preguntar nada más?” “No, no”. “Estás estudiando en una escuela que respeto y… y… y respeto más lo que me acabas de decir. Y venga, estás contratado”. No, ¿qué te puedo decir que debes de hacer un candidato para impresionar a alguien que lo va a contratar? Ser él… ser él auténtico… ser auténtico, ser transparente, ser humilde, pero no perder la convicción del valor que aportas al lugar en el que vas a entrar. No, a mí los candidatos que más me han impactado… yo he entrevistado a miles, después como director de RH me ha tocado entrevistar a millones… no millones, pero sí miles… miles de candidatos de todos los niveles, desde operativos en un cine hasta directores, vicepresidentes en empresas como Disney y me ha tocado entrevistar gente de ese tamaño; y yo te puedo decir que, no importando el rango de la organización, lo que tú acabas contratando es a la persona… a la persona, no al currículum, no a las ciudades, no a lo que trae, no a las cartas de recomendación, no a su universidad… no… sí lo… sí lo ves… lo ves… dice: “Hoy estudió en tal universidad, trabajó en tal empresa, ha de ser bueno”, pero lo que al final del día tú dices: “Si va o no va”, es al carácter de las personas… al carácter. Hay una película maravillosa que así se llama: Carácter. No… este… y no sé, yo me fijo en el carácter de las personas y… te voy a decir qué preguntas les hago para ver su carácter. A ver, obviamente les pregunto la peor crisis que han enfrentado en su vida, por ejemplo: “Cuéntame, ¿cuál fue la peor crisis que has enfrentado en tu vida?”, y me preguntan: “¿Laboral?”, no… de lo que sea. No: “Pues mi divorcio”. “¿Cómo lo enfrentaste?” “No, pues hice esto”. “¿Y qué pudiste haber hecho mejor?” Y si me dice: “Nada, no lo hice todo increíble, todo salió muy bien”, fuera, se acabó la entrevista, está mintiendo. Pero si me dice: “No, la verdad fue un aprendizaje muy grande porque aprendí esto y aprendí aquello”, necesitas el carácter echado para adelante, solamente… también necesitas la humildad, el carácter de saber reconocer un error, el carácter de decir: “Aquí me equivoqué”. La forma en la que te cuentan las cosas tiene mucho que ver. Te das cuenta, tú te das cuenta cuando alguien te está diciendo la verdad cuando le preguntas esa pregunta, créeme, hazla ahorita de ahí en adelante. Cada vez que tengas una entrevista, pregúntale: “Cuéntame la peor crisis que has tenido y cómo la has enfrentado”, y la manera en la que te responde es muy difícil que te mientan ante eso, ¿no? Ahora te voy a dar técnica… así como hablamos de mis trucos, el hack… ahí te va una técnica: la técnica se llama STAR, S-T-A-R, así como estrella. Tú tienes que, para checar que no te esté mintiendo, le tienes que… la situación en la que estaba, la tarea que había que hacer, la acción que él o ella hicieron y el resultado. Okay, entonces, ejemplo: “Logramos la implementación del RP en la empresa”. ¿Cuál era la situación? “No, bueno, la situación era que teníamos… estábamos en una etapa de globalización”. Esa era la situación. ¿Cuál… cuál era la tarea? “Implementar un RP”. ¿Qué acciones hiciste tú? “No, bueno, pues a mí me tocó mandar los comunicados, contratar una firma que… que elegir a la firma, este… hacer el seguimiento, arm un comité…” ¿Cuál fue el resultado? “No, pues lo implementé en 8 meses y ya está adoptado”. Perfecto. Esas… esas… esa técnica de STAR, ¿no? Es la… tienes que seguir del lado del empleador. Pero si tú la conoces… del…
Lado del empleado que va a conseguir el trabajo. Estructura tus respuestas en STAR; es decir, te pregunto: “cuéntame un reto y cómo lo lograste”. Mira, esta era la situación, esta era la tarea que a mí me tocó, esta acción y este fue el resultado. No. Si tú dices eso, te ves como un candidato tremendamente sólido, que además te da muy bien el contexto, que ve el “big picture”, y que además te sabe orientar hacia dónde él agregó valor. ¿Sabes cuál es el problema de los currículums? Además de que el 93% de la gente miente en su currículum… esa es un dato cierto: el 93% de la gente miente en su currículum. ¿Has visto currículums que dicen “Executive Vice President Global, no sé qué, de qué”, pues de mi empresa? ¿Cuánta gente tiene dos? No, y ya se puso todo un título así glamuroso. No, la verdad, la parte interesante de todo esto es que, como la gente miente en su currículum, tú tienes que investigar e indagar si efectivamente lo que él dijo que hizo, él tuvo una incidencia directa en que ocurriera. Okay. Y para eso le preguntas las acciones: “¿Tú qué hiciste?” Pero si tú te adelantas como candidato y le dices: “Esta era la situación, la tarea era esta, yo hice esto y este fue el resultado”, ya dejas sin palabras a quien te entreviste. Segundo tip: además del carácter.
Oye, Jorge, a ver, a mí, como emprendedor, pues he tenido muchos retos en la parte del equipo, y eso tiene que ver también con la construcción de la confianza. Sí, este, nos han demandado colaboradores de forma injusta, nos hemos peleado con socios, este, y a veces pues se merma tu confianza cuando… pues un colaborador te traiciona, claro, de una u otra forma. No. Claro, tú y yo hemos desarrollado la capacidad de hablar en público, y a mí eso me ha traído pues muchas ventajas, porque de una u otra forma te da una diferenciación sobre los demás. ¿Por qué? Porque, después de la muerte, lo que más le temen las personas es hablar en público. No, entonces, ya después de que rompes esa pequeña barrera, aprendes a sentirte cómodo, a atraer atención y analizarla… bueno, se facilitan muchas cosas. Pero en el fondo sabemos que la comunicación en las empresas pues es una de las áreas, las áreas de oportunidad de la gran mayoría de las empresas. No. Entonces, ¿qué puntos se te ocurren a ti para los emprendedores y también para los colaboradores para mejorar la comunicación en los negocios? Bien, bueno, primero lo que dices es súper cierto, eh muchísima gente padece lo que técnicamente se llama glosofobia, que es el terror a hablar en público. Glosofobia, que a veces es justificado porque está tu reputación de por medio. No, yo creo que siempre es justificado, porque siempre que hablas en público te expones al ridículo, te expones a que la gente te juzgue. Y ese es un temor fundado, ¿verdad? O sea, la gente juzga. Entonces es un temor fundado, no es un temor inventado en tu cabeza. Sí, la gente te juzga cuando estás arriba de un escenario, o conduciendo una junta, o haciendo un podcast, o hablando en un equipo de trabajo con cuatro personas; están viendo qué dices y están juzgando si lo que dices tiene impacto o no.
Eh, yo estoy absolutamente de acuerdo que la capacidad que tiene un ser humano de contar historias le es directamente proporcional al éxito profesional. Yo creo que lo que distingue al ser humano es que cuenta historias. Fíjate, cuando estábamos en la época de las cavernas, los mamuts y los tigres dientes de sable le ganaban a los humanos hasta que descubrieron el fuego, se sentaron en una fogata y empezaron a platicar cómo ganarle al mamut. Y un humano le dijo a otro humano: “Ayer me atacó un mamut, puse una liana, se tropezó y ya en el piso me lo pude echar y me lo comí”. “¿Así lo hiciste? ¿Pusiste una liana en el piso?” Sí. “A ver, cuéntame la historia, ¿cómo estuvo?” No, pues venía corriendo y entonces amarre la liana y por ahí pasó y se cayó y lo maté y me lo comí. Esa capacidad que tiene el ser humano de contar una historia a otro ser humano coloca al ser humano arriba del mamut; eso no lo hacen los mamuts, ni los leones, ni los tigres, ni los dinosaurios; no lo hace ningún otro animal, lo hace el hombre. Tiene la capacidad de comunicar con historias que le dejan enseñanzas para que otro humano sea mejor. Luego, entonces, si eso es cierto, la capacidad de ser un storyteller debería de ser, y creo que es uno de los skills más importantes de un líder. De hecho, uno de los programas que nosotros damos se llama “Data driven storyteller”, o sea, de sustentar con datos tu historia. Okay, con datos tu historia. Okay. Yo me acuerdo alguna vez que le contaba una historia a Alejandro Ramírez, el CEO de Cinépolis, y le contaba una historia de cómo mejorar la cultura de la empresa, y por si trabajamos en que la gente estuviera feliz iba a mejorar la productividad y demás, yo le echaba esa historia. No, y le conté una historia de Disney, y le conté muchas historias. No, y entonces al final Alejandro me dijo: “Bueno, ¿y por qué debería de darte un presupuesto para poner un Happiness Manager?”, porque ese era mi objetivo: poner en Cinépolis, por primera vez, un Happiness Manager. Y le conté todas las historias que me sabía de “Happiness at Work” para que me lo autorizara. No, y entonces me dijo: “A ver, hasta ahorita solamente me estás dando tu opinión, Jorge”. Dije: “Pues esta es mi opinión. Yo opino que deberíamos de tener un Happiness Manager”. Y me dijo: “De tu opinión a mi opinión, me quedo con mi opinión; de tus datos a los míos, me quedo con los mejores. Tráeme datos de cómo la felicidad en el trabajo incide de manera directa en el panel. Y si tú me traes esos datos y me lo cuentas con una historia, puedes contratar al Happiness Manager”. Claro, me puse a recabar todos los datos de cómo las empresas que tenían un propósito claro… ahí está el índice Stengel, que mide a las 500 empresas de Standard & Poor’s que tienen y han trabajado en temas de propósito, y las 50 que mejor lo hacen en la crisis del 2008 aumentaron sus números porque la gente estaba amarrada al propósito y no al dinero, y lograron sobrevivir, y las que no desaparecieron. Cuando le llevé ese dato y le enseñé nueve casos de negocio de cómo las empresas que tenían valores, propósito y que incrementaban la motivación de la gente conseguían resultados extraordinarios, me dijo: “Ahora sí”. Ahora, los datos solos hubieran bastado, puede ser. Hay gente muy racional; Alejandro es economista, seguramente hubieran bastado, pero esos datos acompañados de una historia es imposible decirle que no. Es imposible decirle que no porque la historia emociona, y aquí hay algo muy interesante de un libro que se llama “Think Fast, Think Slow”, ¿lo conoces? Muy bueno. Claro, ¡librazo! ¿Verdad? Que dice que la gente toma decisiones con la emoción, no con la razón. Cuando tú vas a votar por alguien en unas elecciones, ¿pavo? No te pones ahí en la casilla a decir: “A ver, ¿quién tiene las mejores propuestas?” No, y empieza a analizar; lo que haces es: “Estoy enojado con el anterior, voy a votar ahora por este”. ¿Qué decidió: tu razón o tu emoción? Tu emoción, totalmente tu emoción. Entonces, la historia provoca emoción; el ser un speaker, el ser un storyteller no es otra cosa que ser alguien que logra que el de enfrente se emocione. En conclusión, si quieres convencer a alguien de algo, dale evidencia, sí, datos, sí, justifica el por qué, pero no lo convenzas únicamente… emocional. Muy bueno. Emocional, y es eso, es lo que hacen las historias: hacen que te emociones. Las historias; por eso los podcasts son tan populares hoy, porque la gente se emociona oyéndolo, por las historias, por las historias.
Hablando de historias, Jorge, a ver, a mí tú has dado cientos de conferencias; a mí me cuesta trabajo cuando pues las personas no están en el mood correcto, no, porque tú puedes entregarte, prepararte, este, pero si la gente no está receptiva, ¡híjoles! ¿Qué es lo peor que te ha pasado en una conferencia que hayas quedado este mal parado, frustrado? Muchas, muchas… a ver, una que te acuerdas que ha sido… nadie sabe, nadie sabe, o nadie nace sabiendo, ¿verdad? Y vas aprendiendo a punta de golpes y a punta de fallas y a punta de errores. No, y se desarrolla y vas aprendiendo qué no hacer, sobre todo. No, pero te voy a platicar tres cosas que me pasaron en tres conferencias diferentes al principio de mi carrera como conferencista. Una de ellas es con una de estas Big Four… no voy a decir el nombre por razones obvias, pero una firma de estas grandotas de contadores y asesores en materia estratégica y demás, me invitan y me dicen: “Oye, eh, íbamos a traer a un stand-up pero muy famoso y nos canceló”, y me hablan de un buró de speakers y me dicen: “Están dispuestos a pagar lo que sea porque tú vayas a hablar de liderazgo en lugar del stand-up”. Dije: “¿Qué raro?” No, pero pues lo que quieren es más bien alguien para que los entretenga. “Pues llévenle otro stand-up”, pero no, no, no, no, ya cambiaron el concepto; en lugar de ser una fiesta donde iban a llevar un stand-up, van a hacer un cóctel ejecutivo en el que van a ver pues muchísima gente en una terraza increíble donde se ve todo Campos Elíseos, y pues tú vas a abrir el evento con una charla y luego ya se quedan en el cóctel, no en la fiesta. No. “Ah, perfecto. Bueno, seguro. ¿Así va a ser? ¿Si va a haber alcohol?” Pregunté yo. “Va a haber alcohol”, me dijeron. “Sí, pero después…” “Sí, pero después”, o sea, en tu charla… “No, ya después de tu charla llegan los meseros, sirven los drinks y no hay ningún problema”. “Ah, bueno. Seguro. Sí. Ah, okay. Bueno, va.” Cuando llego, hay una tormenta en la terraza terrible, meten a todo mundo a un saloncito que pues al final no era el lugar destinado donde iba a hacer la charla; hacía un calor de la fregada, la gente estaba de pésimo humor. Y entonces la organizadora del evento dice: “Pues liberen el alcohol de una vez”. No, y cuando yo llegué ya llevaban una hora tomando todos. Okay, no te puedo ni platicar cómo estaba eso; parecía un antro, o sea, ya eso era un antro, ya no era ni en la terraza ni con la vista, ni… primero mi conferencia y luego el alcohol, o sea, ya estaba todo al revés, no, ya la gente gritando, carcajeando… ¡jajá! Afuera los rayos tronando, no se oía nada, el… no había pantalla; no había pantalla, o sea, la pantalla se había mojado afuera, me tocó estar adentro, no, sin pantalla… sí había micrófono por suerte, y ya entonces me dijeron: “Pues, Jorge, pues esto es lo que hay. Échale, vas”. No, y evidentemente en ese momento no te puedo decir más que lo frustrado que yo me sentía; era una frustración brutal, porque por más que yo quería entregar mi mensaje, por más que yo tenía ganas de poder conectar con la audiencia, una buena barra de la gente que estaba en la parte de atrás estaba en su fiesta, no, y la gente que se fue interesando empezó a acercarse y empezó a acercarse y empezó a acercarse y empezó a acercarse, pero gradualmente, porque además no se oía por el barullo y la tormenta. Empecé con 15 personas oyéndome y acabé como con 100 personas oyéndome, y había otras 50 de atrás echando relajo. No, se rescató de alguna forma, se rescató, salió bien al final. La chava del evento reconoció que que yo había puesto todo de mí, pero que habían condiciones que eran muy poco favorables para que eso funcionara. ¿Qué aprendí? ¿Qué aprendí? Porque creo que ahí es donde uno crece. No, aprendí que no puedes dejar a la suerte el core de tu negocio, claro, no lo puedes dejar a la suerte, no tienes que hacer que todo funcione para que estés en óptimas condiciones. Okay. Y obviamente la siguiente oportunidad que tuve, pedí de manera expresa que tuviésemos el minute by minute de qué iba a pasar y de cuándo iba a pasar y de cuándo entraba qué cosa, y que si había un imponderable me lo avisaran con tiempo para poder reestructurar la charla y para poder hacer algo más ligero y para poder hacer algo quizá más corto, más divertido, no tan enfocado a un tema como el que yo traía en ese momento, que era un tema de negocio: agilidad en los negocios. No, imagínate. Okay, entonces esa fue una, y así te puedo contar varias, pero pero otra que me pasó es en una ocasión en una convención gigante; la gente estaba enojada porque les habían cancelado las comisiones; ¡nada de qué hacer! Estaba enojadísima, enojadísima, o sea, les avisaron justo antes de que yo entrara que les habían cancelado las comisiones de ese trimestre que se supone recibirían ese día. ¡Paul! Ese día… ¡brut! No te puedo ni platicar cómo estaba, y todavía me dice la directora de RH: “Oye, te tengo que contar algo que pasó; pues les anunciamos esto, ¿los puedes reanimar, los puedes motivar?” Y le dije: “No, pues yo voy a hacer lo que yo pueda, pero no te puedo garantizar porque el mood es terrible”. ¿Qué hice? Ya con el aprendizaje de la vez anterior: hay que reconocer el tema que está pasando, no lo puedes tapar, claro. No, dije: “Tú me autorizas a mencionar el tema, sí, puedo decir que sé esto, sí, no”. Y entonces empecé diciendo: “El problema no es el problema; el problema es tu reacción ante el problema. Y yo sé que tú estás enojado”, levanté la mano: “¿El que está enojado?” Y todos levantaron la mano; todos levantaron la mano. Pues ahí te identificas, saben que que estás entendiendo lo que está pasando. Exacto. “Esto está pasando. Okay. Y toda la gente empezó… está enojada, estás enojado, sí. Bueno, no siempre la vida te va a sonreír, pero de estos momentos es donde se forja el carácter de las personas. ¿Cómo reacciones en una situación de esta? Tú eliges.” Y empecé a contar mi historia de cómo elegí ponerme a hacer abdominales y trabajar duro en mí en lugar de irme de borracho. No, y la gente empezó a escuchar, y los que estaban enojados y empezaban a chiflar atrás a la empresa, los que empezaron a escuchar empezaron a callarlos y decirles: “Hey, cálmense, escuchan, escuchan”. Al final, la gente acabó aplaudiendo de pie, ¡pavo! Todos y llorando, eh, porque fue una plática muy intensa, muy humana, de lo que es el ser humano ante la crisis, y cambié mi charla de ser una charla donde hablamos de… en ese entonces era trabajo en equipo, a una una charla de cómo sobreponerte a la adversidad. No, pero tienes que tener la capacidad de poder reinventar en ese momento el guion, el tono, y ser empático con tu audiencia. Aprendizaje: hay que conocer a la audiencia y el momento que vive la audiencia; no toda te va a favorecer, siempre es como un monstruo de mil cabezas en el teatro… ¿hacía cuando yo iba a salir al teatro? Cuando era actor de teatro, porque sí me actor de teatro… ahí hay públicos que son divinos, que sales y se ríe tu primer chiste y te aplauden todas, y hay públicos que están viendo su celular… y así es la vida, tu trabajo… ¿cuál es? Que todos se vayan conectados, enganchados, sí, pero hay gente que no va, no va lista a escuchar el mensaje, no va abierta, no va abierta, y tú tienes que entender también eso y ser empático con esas personas y también darle un mensaje a esas personas. No, yo creo que al final del día un speaker motivacional es lo mismo que un abogado; tú hablas a nombre de otro, tú hablas a nombre de la empresa; la empresa te está llevando para que les digas lo valiosos que son y lo importante que es su trabajo y por qué tienen que echarle ganas y por qué tienen que ser mejores; ese mensaje lo tienes que dar, y no siempre las condiciones son las óptimas, claro, y te tienes que saber sobreponer a eso. Esas, esas me pasaron al principio.
Oye, hay dos historias que no quiero que se me vayan. Sí, una de las cosas que tú más disfrutabas de ser abogado es que una parte de tu labor pues era estar en juicios, este, estar hablando, ¿verdad? Porque era la… en la que se llevaban los juicios laborales, laborales, y tuviste una ocasión muy especial en donde había cierta abogada muy importante que ganaba todos sus casos, pero pasó una situación en donde pues te pidió más tiempo, y tú pudiste haberle ganado ese juicio, colgado la medalla y y salir triunfante, pero ¿qué fue lo que sucedió? Esta abogada era una abogada muy temida en la Junta de Conciliación y Arbitraje. Okay. Ese es el órgano… así se llamaba en aquel momento, ya hoy han evolucionado bastante, ¿verdad? Pero en aquel entonces se llamaban Juntas de Conciliación y Arbitraje. ¿Por qué se llamaban así? Porque primero pasabas por una etapa de conciliación en la que buscabas arreglar la bronca, y si no te podías arreglar ahí, entrabas a un arbitraje que era un juicio, un litigio, y ese litigio, igual que un litigio civil, tiene testimoniales, tiene confesionales, tiene di… momentos para entregar tu evidencia. No, yo llevaba un buen rato ya litigando, y esta abogada era una abogada muy temida porque nunca había perdido; nunca. Ella defendía a trabajadores, yo defendía a las empresas, y no nos había tocado enfrentarnos nunca, nunca. Y un día me llega la notificación de una clienta y me dice: “Mira quién nos demandó”, y cuando veo en el nombre, el membrete del despacho de la abogada, dije: “Okay, llegó el día”, no, eh. No hubo conciliación; ella nunca se arreglaba, nunca se arreglaba, ¡pavo! Eh, ella llegaba a la etapa de conciliación: “¿Cuánto quieres?” “No hay arreglo”. Oye, pero pero dime… nada, vamos a ir a juicio. Ella buscaba alargar los juicios lo más que se pudiera para seguir sumando salarios caídos, que sí se conocen, son los salarios que le tienes que pagar a alguien durante el tiempo que dura el juicio, y ya que la bolsa era bastante grande, entonces… platicaba, claro. No, pero nunca platicaba hasta que ella no viera una opción de cobrar una súper lana a la empresa, entonces obviamente no te voy a decir el nombre de la abogada, respeto a la abogada. Pero esta persona me tocaba el día de la audiencia testimonial, testimonial, no, que es la prueba, una de las más importantes en un juicio, después de la confesional, la testimonial, que van testigos a declarar, es la más importante, y yo pues la había preparado muy bien, la verdad, yo tenía la prueba impresionante; eran mis testigos, además eran mis testigos, o sea, yo iba a presentar testigos en el juicio, yo ya los… yo ya tenía perfectamente preparada la… todo para poder sacar una gran audiencia. Cuando llegamos, la abogada se volteó a ver… la vi medio rara; siempre venía impecable, siempre venía vestida así espectacular, y una mujer con una un semblante bien duro; me acuerdo el cabello de la abogada, no, siempre planchado perfectamente, no, o sea, una cosa que se imponía, eh. Claro. Cuando la encuentro, la vi sin el pelo planchado, con unas ojeras terribles, este, el saco sin planchar, todo arrugado; dije: “¿Está muy raro?” No. Y cuando la veo, se me acerca y le vi los ojos llorosos; dije: “¿Qué pasó?” Y me dice: “Licenciado Rosas… al fin nos toca este una audiencia a usted y a mí, por fin nos vamos a ver”. “Sí, sí, este… ¿qué pasó?” “Le quiero pedir un favor, un favor…” “Sí, un favor”. Y saca de su bolsa un ticket y me entrega un ticket de la Comercial Mexicana que decía… fundamentalmente tenía algunos artículos: dos cajetillas de cigarro, una botella de tequila que se llamaba “El Quitapenas”, y dos discos de Paquita la del Barrio, literal, literal. Y entonces me entrega el ticket y me dice: “Mira esto”. Cuando veo el ticket, digo: “¿Qué es esto?” Me dijo: “Mira, licenciado, pues descubrí a mi pareja engañándome a una semana de mi boda; nos casábamos la próxima semana, y ayer me enteré que tiene otra familia, y pues así está esto. ¿Me puede usted diferir la audiencia?” Dije: “¿Cómo?” “Sí, le… le quiero pedir, por favor, que me dé tiempo para prepararme; no vengo preparada, no preparé nada, vengo sin nada; es más, ni el expediente traigo. ¿Me podría usted diferir la audiencia, por favor?” Obviamente iba con mis pasantes, y el pasante más senior, el que ya sabía lo que eso representaba, se me acercó y me dijo: “¡Gol! ¡Gol! Ya estás. Dile que no y vamos a ganar; no trae ni el expediente, le vas a ganar, Jorge; ¡Diosito te quiere mucho!, es tu oportunidad”. No. Y entonces le dije: “A ver, espérame, espérame, espérame, Chema”, se llamaba… “espérame, Che… este, ¿es verdad lo que me está diciendo?” Le dije: “Por eso le traje el ticket; viene la fecha, es de ayer, para que vea que es verdad”. Y yo dije: “Esta mujer es la mejor actriz que ha dado México al mundo, o sí tiene un… tiene el tema, o está diciendo la verdad”. No. Y entonces dije: “Mire, licenciada, si sabe que si yo le difiero la audiencia, pues nos la van a dar cuando usted esté preparada, ¿verdad? Y que esto le va a dar usted una oportunidad de ganarme en el juicio”. Y me dijo: “Sí, lo sé, y por eso le estoy pidiendo esto, por favor”. No, dije: “Va. Le voy a diferir la audiencia, ¿para cuándo la quiere?” Y se quedó viendo y me dijo: “¿Así en serio?” “Sí”. “¿Cuánto tiempo necesita para reponerse y estar en plenitud de circunstancias y enfrentarnos usted y yo como Dios manda?” Dijo: “No, pues dame un mes, por lo menos, tengo que ver todo lo de la boda, este, devolver los regalos”. “Dame un mes, por favor”. “Te doy dos, ¿te parece?” “Va”. No. Entonces le di los dos meses, pedí yo que se difiera la audiencia, y cuando faltaban unos días para la audiencia, dos meses después, ella me habló y me dijo: “Licenciado, no hay audiencia”. “¿Cómo que no hay audiencia?” “No hay audiencia; de mi dinero, le di al trabajador lo que estaba demandando a la empresa; ya se acabó el juicio, ya no…” ¡No! Una historia. Y yo le dije: “¿En serio?” Le dije: “¿Por qué hizo eso?” Dijo: “Porque usted tenía que haber ganado este juicio, y… y eso era lo justo”. ¡Wow! Gran historia. A la fecha somos amigos, buen… y siempre que nos enfrentábamos después de eso nos nos arreglábamos, o sea, me veía… la veía y buscábamos arreglar el problema de la mejor manera. A veces las experiencias… es difícil… la balanza entre la confianza, sí, decir las cosas de forma precisa… con… bueno, la confianza y el ego, ¿verdad? Y y eso hay muchas cosas alrededor de eso. No, y también como speakers, no, porque llegan las personas a decirte que les cambiaste la vida, y bueno, tú te encargaste de transmitir un mensaje y de dar lo mejor en un escenario, pero pero cada una de las personas es la que cambia su propia vida, no, tal vez los acompañas, los inspiras, lo que sea, no, pero pero luego pues te lo empieza a creer de cierta forma, y eso es un juego difícil. ¿En dónde está el balance entre la confianza y el ego? Yo creo que el ego, eh, tiene dos acepciones; yo creo que el ego es necesario para poder tener confianza en ti mismo, no, en un primer punto; la gente que no tiene ego, que no es otra cosa que el amor propio, no es muy difícil que se pueda parar en un escenario, es muy difícil que se pare a pedir un aumento, es muy difícil que negocie un contrato, no. Y aquí me gustaría tocar una palabra, pavo, que que me parece crucial, y es el merecimiento, no; yo creo que la gente que logra cosas es la gente que siente que se lo merece, y eso es ego, o sea, que siente que siente que se lo merece, o sea, tú ves en los partidos de fútbol o ves en las olimpiadas, hay ciertos atletas que van perdiendo y al final ganan; tú no crees que ellos tienen una convicción absoluta que merecen ganar. Claro. ¿De dónde emana el merecimiento? Del esfuerzo, okay, del trabajo, de la chamba que hiciste antes; tú no puedes decirme: “Merezco algo que no te esforzaste por tener”, eso es suerte; hay veces que tienes algo que no te mereces tener, eso se llama suerte, pero cuando trabajaste para tenerlo se llama merecimiento, okay, y eso te da un cierto ego para poder entrar y decir: “Yo quiero este trabajo”, o como le dije a Ricardo: “No te vas a arrepentir”. Yo había sido el primer lugar y sabía de lo que yo era capaz y sabía lo que iba a hacer en esfuerzo, en dedicación, en voluntad y en compromiso; yo salía a las 2 de la mañana a diario durante 10 años; entregué el esfuerzo que prometí; eso te da confianza; eso está bien. El problema es cuando el ego pasa a un nivel en el que no nada más te da confianza, sino que te nubla la visión; ese es el problema. Okay. Hay una frase en la Biblia… a mí me gusta leer la Biblia en las mañanas, me leo un versículo, dos por ahí, para aprender y tener algo de sabiduría en este tema, y dice: “La soberbia es el preámbulo del quebranto”. La soberbia es el preámbulo del quebranto. Dentro de la confianza que tú puedes tener, uno de las peores cosas que te puede pasar es la soberbia, cuando tu ego te come y…
Te carcome cuando tu ego te carcome. Wow. Te voy a decir que hay un síndrome que tienen los líderes, sobre todo los líderes muy poderosos en las Naciones, en los países, que se llama el síndrome de ubris. No lo he escuchado. El síndrome de ubris es un síndrome que padece la gente que tiene mucho dinero y mucho poder, y que fundamentalmente se traslada a ciertas actitudes de: “Yo siempre tengo la razón; yo soy el que tiene la verdad última. Okay, no me equivoco; todos los que no están a favor mío están en mi contra.” Te suena familiar, fam. Te suena familiar, ¿verdad? Hitler tenía síndrome de ubris. Síndrome de ubris. Esto está estudiado, está estudiado en la psicología; hay libros que hablan al respecto. Lo puedes googlear y buscas “síndrome de ubris”, y te dice: “Es el líder de la gente poderosa; es el síndrome de la gente poderosa.” No. Y ese es el peor estadío de la soberbia, cuando ya te ciega por completo la realidad; pierdes la razón, pierdes la razón, enloqueces creyendo que nunca nada te va a pasar porque tú eres Mr. chingón. Ya no. O sea, tú eres el papá de los pollitos y el papá del papá de los pollitos también, ¿no? Y en ese momento estás a media cuadra de que llegue la realidad y ¡knockout! ¿No? ¿Cómo atemperar esto? ¿Cómo poderlo modular? ¿Cómo poderlo suavizar? Ahí están los valores cardinales, ¿no?, estudiados en la filosofía griega desde hace tiempo, y ellos decían algo que me encanta, que es la diferencia entre el Guerrero, el Rey y el sabio. Déjame plantearte este, esta, este traslado en tus valores conforme va creciendo tu seniority. Cuando eres chavo y que estás abriendo tu empresa o que estás en una posición inicial y que quieres ser director o quieres ser un empresario interesante, el valor de los valores cardinales más importante es la fuerza, la fuerza, la persistencia, la determinación, el empuje, la garra, la fortaleza. Exactamente así se expresa el valor cardinal fortaleza, ¿no? En ese momento, eso es todo; es lo más importante, que te pares temprano y que te duermas tarde, que salgas todos los días, que no te dejes, que luches, que golpees. Ese es el valor más importante cuando eres Guerrero. Cuando logras la posición de dirección que con que quieres o de éxito, el Rey o el emprendedor que ya tiene un equipo, no debes dejar a un lado la fortaleza y debes empezar a trabajar en la prudencia y la templanza. Wow, okay. O sea, en ese momento el valor más importante no es seguir empujando el carro con toda fuerza; es tomar decisiones prudentes, es sopesar bien mayor contra bien menor: “¿Cuál elijo? ¿Voy por ese negocio? ¿No voy por ese negocio? ¿Dejo este cliente? ¿O no dejo este cliente? ¿Traigo este socio? ¿O no traigo este socio?” Si fuera la fuerza o la fortaleza, vas por todas. Pero el Rey tiene que escoger sus batallas, y la templanza y la prudencia son sus aliados más importantes. Okay. Cuando eres el sabio, imagínate a Merlín, que asesoraba al Rey Arturo, ya no tienes la fuerza, la fortaleza, prudencia y templanza; ya las tuviste y tienes que empezar a trabajar en la sabiduría, en la sabiduría. Por eso es tan importante cuando tú estás en este rol en el que todos te aplauden, el que eres el director general, donde estás susceptible a que te dé el síndrome de ubris y la soberbia, tener a un sabio al lado, muy que te diga: “Eso va a pasar; eso se va a acabar. No trates mal a la gente; cuidado cómo le hablaste; abusado con este tema; tú no eres el rey del mundo; ten cuidado contigo; cuídate de ti.” Así me dijeron un día. Un día me dijo uno de mis mentores —yo tengo varios, uno de ellos el socio de la firma que me hizo socio, Ricardo—, él me dijo: “Cuídate de ti. Cuídate de ti.” ¿Cómo que “cuídate de ti”? “Cuídate de ti, de ti.” ¿Por qué de mí? ¿Yo qué? “Tú te puedes hacer daño a ti, convertido en tu peor enemigo; tú te puedes hacer daño a ti.” Fíjate qué frase, ¿eh, pavo? “Cuídate de ti; tú te puedes hacer daño a ti; tu soberbia te puede acabar destruyendo.” ¿Viste la película de Elvis? Sí. Ves cuando el tipo deja ir a la familia y se dedica a las drogas y empieza a acostarse con cualquier mujer que se encuentra, y el tipo en la, en la cumbre del éxito, pavo, porque eso es lo impresionante: siempre viene en el punto más alto, siempre viene en tu cúspide, siempre viene en la parte alta de la montaña; en la parte baja eres humilde, en la parte de arriba eres soberbio. Cuando estás allí arriba, que te sientes el rey del mundo, ahí es donde viene la tentación de quererte comer el mundo a puños, y ahí es donde estás expuesto como nunca antes. Un cuate que es energizer o que ha sido energizer, un gran Guerrero, un gran Rey, se puede desbarrancar si no entiende que eso va a acabar, y para eso sirve la sabiduría, y para eso sirve la sabiduría: para entender que esto va a pasar. Así: hoy estás aquí, mañana estás aquí, pasado estás allá, al día siguiente aquí, y todo se acaba, todo empieza y se acaba, y son el sabio que ya pasó por donde asustan varias veces, que ya le tocó esto varias veces, llevarse algunos golpes, te dice: “Aguas, estás pecando de confiado; no te sientas que aquí no pasa nada.” En lugar de ponerte a gastarte todo tu dinero, invierte una parte, guárdate otra por si acaso. O sea, ahí es donde, ahí es donde las amistades, pavo, juegan un papel súper importante. ¿Quiénes? Los hijas, los aplaudidores te hunden. Claro, si te reúnes de pura gente que te festeja tu éxito y que te embriaga de éxito y de soberbia, y que te mete en más soberbia de la que ya traes —porque ya la traes—, es lo que les pasa a los futbolistas y a los boxeadores. Tremendo, por eso revientan, porque hay puro aplaudidor. Claro, necesitas arriba a alguien, un sabio, un papá, un mentor que te diga: “Aguanta, no, tranquilo. Esto no es así siempre.” No. Y yo creo que en mi experiencia particular, yo lo he vivido; a mí me pasó. Yo me marié al primer, segundo, tercer año que yo empecé a tener y salir espectaculares en Periférico, que salía en la tele, que salí en varios lados; me empecé a creer eso que me decía el aplauso de la gente, hasta que evidentemente estuve un punto en que casi pierdo a mi familia y casi empiezo a hacer idioteces. No, por suerte tuve la guía y el apoyo de mi esposa, que es mi energizer, que me situó, ¿no?, y que me, y que me dio a ver: “Jorge, tranquilo, no, este…”, y bueno. Ella es mi sabia en este caso. Ahorita que dijiste eso, vamos a hablar de tu libro. Pero antes, también ahorita dijiste una cita sobre la Biblia, sí, y sé que pues más recientemente has empezado, pues, a hablar de Dios con tus amigos, en tus juntas. ¿Qué es lo que te llevó a eso? Ella, eh, es… Yo me di cuenta que yo me creía a Dios, ¡pao!, y eso es horrible cuando tú tienes el ego tan alto. Tú te crees Dios. De hecho, mi primo que es pastor de una iglesia me dijo, me regaló un libro que él escribió que se llama “Cuando el hombre se cree Dios”, ¿no?, este, y lo leí: ¡puf!, me sacó mucho de, de mi centro, y dije: “¿Cómo crees? Eso es demasiado soberbio”, ¿no? Así es, así es. O sea, la gente que tiene la soberbia tan alta siente que nada lo va a afectar, y que él puede controlar todo, y que todo lo va a poder lograr, como si fueras Dios, ¿me explico? Y obviamente Sandra, mi esposa, me empezó a llevar a ese lugar y me dijo: “Todas las cosas que pasan, tú que tú hoy ves que no tienen remedio, porque se me empezaron a venir problemas de todo tipo, ¿no?, extorsiones, muchas cosas feas, dijo: ‘Tú no las puedes arreglar, Jorge’”, y llegó un punto en el que cuando casi pierdo a mi familia y estaba siendo extorsionado y estaba viendo muchas cosas horribles, un día me caí al piso, ¿no?, y me puse a llorar, ¿no?, y se me acercó, me abrazó y me dijo: “Qué bueno que estás en el piso, porque de ahí es más fácil ponerte de rodillas.” Wow, ¿no? Y es verdad. Te acuerdas de Dios cuando las cosas no van bien, ¿verdad? Cuando las cosas van bien, está cayendo todo, cuando todo va bien, tú te crees Dios, pero cuando las cosas no te van bien, ahí te volteas y le pides a Dios, ¿no? Y la verdad es que algo que yo te puedo decir es que efectivamente hablo bastante más de, de Dios hoy en día. Diario me he hecho, junto con mi esposa, un, un capítulo; hay una cosa que se llama Daily Hope, parece un pequeño fragmento de algo de la Biblia; lo escuchamos juntos en las mañanas y lo platicamos durante el día, aplicado a lo que nos pasó ese día: en la oficina, en el trabajo, y no te puedo contar, pavo, cómo ha florecido el negocio y cómo ha florecido mi relación con ella y cómo ha florecido la relación con mis hijos. ¡Uwow! Cuando mi empresa, cuando pasó todo esto, tenía cuatro empleados; hoy tienes 100. Wow. No, este, yo sí creo, sin duda alguna, que si tú haces eso… Y a los que hayan perdido la fe, ¿no?, de hecho en mi libro hay un capítulo que se llama “Personas de fe”, ¿no?, cuando tú pierdes la fe pierdes todo, ¿no?, y si no crees en Dios, en un Dios o en mi Dios o en el Dios de cada quien, por lo menos ten fe en algo, ¿no?, en lo que sea, algo más allá, en algo más grande que tú, en algo más grande que tú. La gente que no tiene fe, que hay algo más grande que él, es difícil que pueda sobreponerse a cosas bien complicadas. No, yo sí 100% creo que, que el tener a Dios en tu vida te ayuda. O sea, y hay cosas que yo veo la presencia, o sea, yo la veo, yo la percibo, yo la siento, yo la noto, o sea, yo, hay veces que le digo: “Dios, mándame una señal para saber si lo hago o no lo hago”, y por arte de Dios —antes yo creía que era por magia—, no es magia, es Dios: las cosas que no me convienen, las puertas se cierran, y las cosas que sí me convienen se abren de par en par. Wow. Y Dios… Ahorita hablaste mucho de tu esposa y las personas que te conocen, tus amigos, saben que tus hijos te ven como un superhéroe, ¿no?, pero en algún momento también, este, tu hija te dijo que todo superhéroe tiene su villano, ¿no? ¿Qué significa eso? Bueno, cuando empecé a hacer tonterías, ¿no?, y que me sentía Mr. chingón —así se llama un capítulo de mi libro, “Mr. chingón”—, eh, obviamente cometí errores, me alejé de mis hijos, ¿no?, empecé a sentirme lo máximo por ahí, lastimé personas, todo mal. Y después de que hablé con mi esposa y que encontré a Dios con ella y que las cosas se arreglaron, y empezamos a llevarnos muy bien, me dijo mi esposa: “Yo te recomendaría que hablaras con tus hijos, ¿no?, este, y que, y que te vulneraras con ellos, porque al final de cuentas, pues, si ya vamos a trabajar en estar juntos súper bien y que las cosas funcionen increíble, me parece que es algo importantísimo que venga de ti una explicación de por qué te alejaste, ¿no?”, este, y me tocó hablar con mi hija, y cuando le conté a mi hija las cosas que habían pasado a mis hijos —porque se los conté a los tres en Jerusalén, de hecho, en Jerusalén, ¿no?, en un viaje los todos juntos, ahí hablé con ellos—, eh, la parte interesante es que mi hija me escribió una carta, pavo, que es… Más te la leo, aquí la tengo. Eh, ella escribe en inglés, no sé por qué le gusta escribir en inglés, okay, este, pero si quieres, con mucho gusto pues hago aquí la traducción simultánea para efectos de la audiencia que te escuche en español. Pero la verdad es que la carta me mató, o sea, para mí representó tanto, ¿no?, este, fundamentalmente la carta dice —y es chiquitita, son tres párrafos, pero la carta dice—: “Alguna vez me dijo que tenía miedo de que mi percepción de él como mi héroe cambiaría después de que me dijera la verdad. Sí, la verdad abre los ojos para bien o para mal, pero es innegable que expande el prisma de las cosas. La verdad hace que las cosas malas sean un poco más fáciles de procesar y más difíciles de ignorar. A veces quedas captivo con esos pensamientos todo el día, y si efectivamente cambia la percepción de la realidad. Ahora mi percepción sí cambió; yo veía a mi papá como un héroe de verdad, que lo veía así, pero mientras más lo analizo y más me doy cuenta de las cosas, veo que él sigue siendo el héroe de la historia y ahora más poderoso que nunca antes. Un héroe no puede ser un héroe sin un enemigo, y un héroe no puede ser un héroe sin una batalla. Él no solo venció al enemigo —ya sabes a qué enemigo nos referimos, ¿verdad?—, pero dio la batalla en contra de todos los pronósticos en una manera que lo sacó fuera de su zona de confort e incluso lo expuso a la pena, no estar avergonzado. Así que sí, él era mi héroe, un héroe que murió en una batalla tremenda, pero ahora nace un nuevo héroe, y el único con el que quiero estar siempre. Alguna vez me dijo que tenía miedo de que mi percepción cambiaría de él como mi héroe después de que yo supiera la verdad. Y sí, resulta que mi percepción cambió, pero uno de los héroes.” Wow, increíble. Sí, sí, sí, sí. O, pues, además es la primera vez que lo leo en, en un podcast. Así que wow. Y obviamente no te puedo ni decir la relación que tengo con mi hija o yo, o sea, es una cosa increíble; maduró muchísimo, yo también. Este, tuvimos la capacidad de sobreponernos al abismo, ¿no?, este, pavo, y y la relación es preciosa, con mi esposa es preciosa, con mis hijos es preciosa, este, sí, todos. No nos equivocamos; todos pasamos por situaciones bien complicadas. Y esto te llevó a escribir el libro. Exacto. Y esa es la razón por la que escribí el libro, ¿no? ¿De qué se trata el libro? Se llama “Energizers”. Eh, narra la historia de mi vida, ¿no?, un poco lo que estás viendo aquí. La gente que compre el libro va a enterarse de todo el chisme y todos los detalles, eh, pero la parte interesante es que tiene tres secciones, okay, al igual que mi podcast, porque el podcast que se relanza ahora a raíz del libro se llama “Energizers”, y mi conferencia también se llama “Energizers”, y y todas tienen estas tres partes: la primera parte es tu energía: “¿Qué hacer con tu energía? ¿Cómo reenergizar? La luz pese más que la oscuridad”, ¿no? O sea, primero, ¿cómo lo haces a nivel personal? Y esa parte tiene que ver con tu energía personal, ¿no? Una segunda parte tiene que ver con energizar a otros, y hablamos de culturas de liderazgo, de cosas increíbles, de cómo poder hacer que otros den su máximo potencial y puedan lograr cosas extraordinarias, como Cinépolis, como Disney, como McKinsey, como estas empresas en las que yo trabajé cuando me tocó liderar equipos y llevarlos al primer lugar, este, en muchísimos casos, ¿no? ¿Cómo energizar a tus clientes? ¿No? Hoy que soy conferencista, ¿qué hago para poder convertir un mensaje en energía? ¿No? Y también platicamos un poco de eso en el libro: energizar a otros. Y la tercera parte, que es una parte muy bonita del libro, habla de este, de esta energía que quieres que se quede en el mundo cuando tú ya no estés, ¿no? Te voy a decir algo: mi otro hijo, me dijo Diego —que es un sabio también, el chiquito ya no está tan chiquito, tiene 17—, me dijo: “Papá, lo que yo estoy aprendiendo de lo que te pasó es que yo pensé que tú eras perfecto, pero no, no, no; me enseñaste perfecto, me enseñaste a sobreponerte y a dar la cara en una crisis, ¿no?” Y si yo le dejo esa energía a Diego cuando yo me vaya, y él aprende cómo sobreponerse en una crisis y sobreponerse en un abismo, entonces mi energía se va a quedar ahí con él, y eso vale la pena, ¿no? Entonces yo creo que todo ser humano debería de preguntarse qué energía se va a quedar en la vida de alguien más cuando esa persona se vaya. Y te tengo una noticia: nos vamos a ir todos. Okay. De esta vida nunca nadie sale vivo, salvo Jesucristo; nadie ha salido vivo de esta vida. No es el único que yo me acuerdo que se paró al tercer día y resucitó; se salvó él. Yo no conozco a nadie; todos nos vamos a ir, y como nos vamos a ir, y como la vida se va a acabar, y como nunca vas a ser más joven que hoy —hoy es tu día más joven en tu vida, ¿sabías eso?—, te de mañana ya no eres tan joven. Sí, pero no me gusta que me lo recuerden. A mí tampoco, pero me lo recuerda el espejo cada día que me veo, ¿no? Y las patitas de gallo, estas, que dice mi esposa que son sexis, yo no sé por qué, pero yo las veo y digo: “Estoy creciendo.” No, pero lo cierto es que lo que tú haces todos los días deja una energía impregnada. Y sabes qué es lo más bonito de eso, que los energizers nunca mueren. Martin Luther King no está muerto. ¿Lo piensas? Jesucristo está en la vida de todo el mundo; es el energizer más grande del mundo. Personas. Ahí está, y su palabra está escrita en un libro y todo el mundo la lee, ¿no? Y esa energía se quedó, pero piensen en otros energizers menos famosos. ¿Qué tal tu abuelo? ¿Qué tal tu padre? ¿Qué tal ese jefe como el mío, como Ricardo, que me dio esos consejos, ¿no?, que están en el libro; todos esa gente no se muere nunca. Los energizers tienen el poder de trascender su vida por la energía que dejan cuando ellos se van y se habla de ellos, ¿a poco no? Tú tienes alguien así en tu, que ya no est… del cu… hables. Sí, efectivamente. A ver, sobre todo también las personas que estudias, de quiénes te inspiras, de quiénes quieres aprender, porque el aprendizaje se convierte en parte de tu vida, ¿no? Cuando salga el libro se lo voy a mandar también a todos los que están, a los que reciban mi newsletter para que lo puedan comprar, Jorge. Ahorita hablamos de tu legado, de lo que quieres dejar. ¿Cómo podrías resumir tu propósito? Transformar historias, punto. O sea, yo he transformado mi historia; yo me he cambiado de trabajo y de rol y de actividad profesional cuatro veces, o sea, pasé de ser actor de teatro, vendedor ambulante, creo que más de cuatro, este, abogado, luego director de recursos humanos, hoy soy speaker y empresario; quizá mañana me dedico a escribir libros y pasado vendo miel los domingos, ¿no? No sabemos qué va a pasar, pero lo que sí te puedo decir es que mi propósito, por lo menos mi, mi vida, mi vida profesional, mi vida en todos sentidos ha estado lleno de muchas transformaciones; yo he transformado mi historia, de ser un vendedor ambulante al mejor director de recursos humanos de México, y hoy un speaker que ahí tiene su cartel, ¿verdad?, este, y en un empresario que ojalá logre crear una gran institución que perdure muchos años. ¿Cómo logré transformar esa historia? Con muchas cosas. Obviamente con esfuerzo, con dedicación, perseverancia, valores, amistad, trabajo en equipo. Ahí hay una cantidad de skills y de dones que yo creo que Dios me dio, ¿no?, y otros yo los trabajé y los fui apuntalando. Pero para mí, mi propósito es: tener un don y compartirlo, así de fácil. Tener un don y compartirlo. Yo sé hacer transformar mi historia, pero también sé ayudarles a otros a que transformen la suya. Hoy lo hago con las pláticas, pero también lo hago con mi empresa, que, que lo que hacemos es justo eso. Ese es el eslogan de mi empresa; ese es el guay de mi empresa: transformar historias, de una historia que pudo haber sido terrible a una historia que sea maravillosa, de una historia de una compañía quebrada a una historia de una compañía productiva y donde la gente esté feliz, de una historia de un líder golpeador a un líder energizer, ¿no? Entonces ese es el guay mío; ese es el guay de mi empresa, obviamente porque lo trasladé a la empresa, y lo compartimos todos los días con las empresas que nos contratan para charlas, para talleres, para programas; es lo que hacemos. Jorge, estoy súper agradecido, estoy inspirado por tus historias, estoy inspirado por los conceptos que vos… El día de hoy creo que es un gran ejemplo de cómo construir una vida épica, no solo a nivel de historia —que también hay una batalla y que también hay un villano—, sino a nivel real, ¿verdad?, en quién te has convertido. Sí, estoy muy agradecido por tu tiempo, muy agradecido también por los consejos que has, que me has dado a nivel personal. ¿Algo más que quieras agregar? ¿En dónde te pueden seguir las personas? Bueno, muy fácil; eso lo pueden encontrar en mis redes sociales: @JorgeRosasT en Instagram y exTwitter, ¿no? No sabemos si voy a regresar a Twitter a hacer Twitter, ¿no? Pero @JorgeRosasT en Facebook, Jorge Rosas TLC —de Talento, Liderazgo y Cultura—, o en mi canal de YouTube: Jorge Rosas Liderazgo. Pones ahí en YouTube y te van a salir todos los videos; todas mis conferencias están ahí; conferencias que voy dando las dejo ahí cuando estreno nuevas y dejo que la gente las vea. No cobro por ellas, ¿eh, pavo?, o sea, están ahí, están en la red, están gratis. Porque si el guay es transformar historias, no es transformar historias solo al que pague por las historias, ¿no?, o sea, es transformar historias. Y obviamente las nuevas las cobro, pero las que ya no son nuevas las dejo, se suben y la gente las consume y las ve con muchísimo gusto. Están… Si les gustan, compártanla, y obviamente si les parece que hay algo valioso, escríbanme y me dicen: “Oye, esto me gustó”, porque para mí, ese es mi sueldo. O sea, mi sueldo no es lo que me pagan por dar una conferencia; mi sueldo es cuando en la noche yo llego y veo un mensajito en Instagram que dice: “Jorge, esto que pasó me cambió mi manera de liderar a mi equipo o me cambió mi propósito, me cambió mi manera de tratar a mi familia”, y eso para mí, eso, eso es mi paga. Pues, o sea, yo lo haría feliz gratis el resto de mi vida si no tuviera que pagar la universidad de mis hijos. No, pero la verdad es que ahí me pueden ver. Y feliz de poder estar contigo, gracias por estas preguntas tan, tan poderosas. Este, lo haces increíble, te digo de verdad, te lo tengo que reconocer; nunca había abierto esto con nadie. Tú puedes checar todos los podcasts; nunca he abierto este nivel de detalle de mi vida personal, pero me parece que, que tú lo haces desde un lugar en el que se antoja eh abrir estas cosas, y te felicito mucho porque te he visto como speaker y eres extraordinario; eres extraordinario. Si no lo han visto, se están perdiendo algo extraordinario, eh. Así que de verdad, a ti, ¿cómo te podrían seguir los que, los que vean este podcast? Que me sigan a ti, dime cómo estarías tú. Bueno, todos conocen muy bien mis, mis redes, pero quizá algunos de mis followers no, que te busquen cómo… Por… Lo que sea… Papo Gómez Orea. Papo Gómez Orea. Perfecto. Papo Gómez Orea, este, en todas las redes donde más conecto y donde más me siento cómodo es en Instagram; creo que ahí tengo un poco más de conexión personal. Y, y nada, pues Jorge, gracias de verdad por tu podcast, por tu empresa, por lo que haces; tú también me inspiras, eh, y te lo digo de corazón. Me invitaste a una conferencia tuya hace poquito y salí energizado. De verdad te felicito. Vamos a compartir también en la descripción todos los links de tu página, de tus redes, y cuando salga el libro también lo vamos a poner por aquí. Encantado. Muchas gracias. Gracias, Jorge, eh, cuídense y muchísimas gracias por la invitación. Espero que hayan disfrutado de este episodio. Soy Papo Gómez Orea, y si te gustó este capítulo, compártelo con tus amigos e ícaros, con cinco estrellas en donde sea que lo estés escuchando. No olvides suscribirte en Spotify y en YouTube para que no te pierdas los siguientes capítulos. Te veo en la próxima entrevista.