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Una palabra salvadora. El salmista tiene una palabra establecida de Dios en su corazón. La autoridad absoluta de la palabra de Dios es el ancla que lo mantiene firme en medio de cualquier tormenta.
Varias de las últimas estrofas que hemos hablado hemos tocado el tema de la aflicción. En estrofa proclamaremos la victoria y la explicación de cómo se obtuvo esa victoria. Los versículos restantes de esta estrofa pueden dividirse en tres partes, en las cuales David celebra su su relación con la palabra de Dios, ya que fue la palabra de Dios la que le dio la victoria en la aflicción pasada. Es la palabra la que le da vida en la aflicción presente y será la palabra de Dios la que le dará victoria en cualquier situación que enfrente. Te das cuenta, no es que la aflicción desaparezca, sino aprender a tener victoria con la palabra de Dios.
En el versículo 92 y 93 dice en versión: "Si tu ley no fuera mi regocijo, la aflicción habría acabado conmigo. Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida." Aquí vemos proclamando la victoria. La palabra de Dios permanece en los siglos para siempre. David, ¿cómo lo lograste? Puedes compartirnos. La conquista de David surgió a través de la palabra de Dios. La victoria en su propia vida proviene de la misma fuente. ¿Sabes de dónde? Correcto, la palabra de Dios.
Existe otra distinción importante que debemos observar en este versículo. No fue el conocimiento que David tenía de la palabra lo que le dio la victoria, sino su amor por ella. "Si tu ley no hubiese sido mi delicia", dice en versión Reina Valera. La palabra "delicia" enfatiza el gozo intenso que siente David. Es su amor por el libro divino lo que podrá sacarlo adelante en los momentos de aflicción terrible, de dolor, de angustia, de desesperación, de impotencia. Cuando te sientas así, ¿qué puedes imitar a David? Este es el corazón del salmista: el amor por la palabra de Dios.
Observemos cómo enfatiza este aspecto repetidas veces en el salmo. Pues en el versículo 24 decía: "Tus testimonios son mi delicia y mis consejeros." En el 77 decía: "Vengan a mí tus misericordias para que viva, porque tu ley es mi delicia." En el 174 dice: "He deseado tu salvación, oh Jehová, y tu ley es mi delicia." Deberíamos escuchar lo que dice David, un hombre que sufrió más aflicción de lo que la mayoría de nosotros podría imaginar. Él fue un hombre que nunca olvidaría lo que su amor por la palabra de Dios había hecho en su vida.
Dice en el 93 en versión Reina Valera: "Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado o me has dado vida." En el versículo 88 David le pidió a Dios que le diera más vida o que lo vivificara. Aquí vemos la respuesta a esa oración. También vemos que su oración fue respondida a través de la palabra de Dios. En toda aflicción de la vida de David, fue la palabra de Dios la que le dio salvación.
Acompáñeme en una oración. Amado Señor y Dios bueno, te damos gracias una mañana más por tu instrucción, por este gran recordatorio y el ejemplo del corazón de David que tenemos. Gracias por nuevamente rescatar que es la palabra de Dios la que nos ayuda a tener victorias y la que nos ayuda a enfrentar cualquier situación en nuestras vidas. Ayúdanos a tenerlo presente y a no ignorarla o hacerla a un lado. Bendice, por favor, nuestro día y te agradecemos todo en el nombre de Jesús. Amén.
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