Transcription
El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu.
Lectura del santo evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús preguntándole, "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo? En cambio, tus discípulos no ayunan." Jesús les dijo, "Es que pueden guardar luto los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos. Llegarán días en que les arrebatarán al esposo y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado, porque la pieza tira del manto y deja un tron roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos porque revientan los odres. Se derrama el vino y los odres se estropean. El vino nuevo se echan odres nuevos y así las dos cosas se conservan."
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
La primera lectura es un canto a la esperanza, pero que viene después de muchas desgracias. Es el Antiguo Testamento. El pueblo de Israel o mejor dicho, por Israel ya había caído hacía tiempo. El pueblo de Judá ha caído. Está destruida Jerusalén. La gente ha tenido no que huir, sino que se la han llevado a todos los que tenían algún tipo de profesión que no fueran agricultores, todos fuera deportados a Babilonia. Solo quedaban los agricultores, pero habiendo destruido las casas, toda la ciudad de Jerusalén destruida. Y quedan solo los agricultores en los campos y en sus casas de campo y nada más.
Pasan años y se necesitan años de penurias para que se dé cuenta el pueblo lo que ha hecho. Y el pueblo en el fondo, ¿qué había hecho? pues permitir que los políticos hicieran lo que les diera la gana y se apartaran de Dios y seguir ellos lo que hacían los políticos. Así de fácil. Y eso lleva al gran castigo. Han abandonado lo que Dios quería. Han abandonado el sentido de lo que era ser el pueblo de Israel. Pues eliminemos al pueblo de Israel. Dejemos al pueblo de Israel en su mano y ellos mismos se autodestruirán. No quieren a Dios, pues Dios se aparta de ellos. Y veréis el fruto de los actos.
Bueno, y llega el momento en que se dan cuenta y algunos de ellos empiezan a pedir el perdón de Dios. No hacen como otros que lo que hacen es Dios nos ha abandonado, no reconocen sus pecados, sino Dios nos abandona. Así que nosotros nos hacemos ateos. No, Dios no te abandona, te hace ver cómo serás, como eres sin Dios. un desastre para que te para que lo reconozcas, puedas cambiar y puedas volver y Dios volverá a estar contigo. No, Dios es muy malo, así que lo abandonamos porque no ha hecho lo que nosotros querríamos. Cuando no se dan cuenta que es el castigo lo que tienen, autocastigo, no que Dios les castigue, es un autocastigo que se hacen ellos, que Dios los ha dejado, dice, "No me quieres." Bien, mira las consecuencias que te llevarán tus actos que los llevan por el camino del mal.
Pero Dios da esperanzas a aquellos que se arrepienten y aquellos que quieran volver por el buen camino. Pero una cosa es dar esperanzas y otra que no haya habido todo aquel mal y no tenga sus consecuencias. Esto lo saben muy bien todos aquellos que habiéndose alejado de Dios vuelven a Dios. Y todos estos conversos que ven muy claramente como sí son conversos, sí aman a Dios, sí quieren vivir la fe cristiana bien, pero les cuesta mucho y no se dan cuenta que hay cosas que están lejos de Dios y no las ven y se las han de hacer ver y al principio no lo entienden, como que eso no es de Dios. Y hay esa conversión continua que les hace ir por el camino y que a veces no entienden y a veces con razón [carraspeo] las incoherencias de tantos cristianos, de tantos curas, de tantos obispos. Pero bueno, Dios da la esperanza para que podamos convertirnos todos y volver a lo que Dios quiere.
En el evangelio es un cambio radical ya del Antiguo al Nuevo Testamento. En el Nuevo Testamento Jesús está explicando el evangelio, o sea, lo que es él mismo. Y entonces viene el gran problema. Se acercan unos discípulos de Juan y preguntan, "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y en cambio tus discípulos no ayunan?" Aquí con quien se habla también de los fariseos, podemos decir que es una pregunta en el fondo maliciosa. Es un poco estas preguntas que también se hacen en nuestra época. O nosotros somos muy buenos, hacemos esto, esto y esto y tú no lo haces, así que tú eres malo. Nosotros ayunamos mucho. Tú, Jesús, con tus discípulos no ayunas. Qué mal maestro eres. Y es no entender nada de lo que estaba haciendo Jesús ni de quién era Jesús.
Es que pueden guardar luto los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos. ¿Quiénes son los amigos del esposo? Son los apóstoles y los discípulos de Jesús. ¿Quién es el esposo? Es Cristo. ¿Hacia qué bodabán? Hacia la cruz. que es ese especialicio entre Dios y los hombres, donde Cristo mismo da la vida por la que es su esposa la Iglesia, para salvar aquellos de la humanidad que se dejen a los que quieran pasar a ser la esposa de Cristo, miembros de la Iglesia. Pueden estar de luto cuando están con el esposo, ¿no? Pero llegarán días en que les arrebetarán al esposo, entonces ayunarán. Y aquí se refiere especialmente a ese ayuno del viernes santo de la pasión de Cristo y a esos ayunos que la Iglesia hará en [carraspeo] recuerdo de ese viernes santo y en recuerdo del miércoles de ceniza donde empezamos todo ese tiempo penitencial.
¿Hay ayuno entre los cristianos? Claro que ahí hay uno entre los cristianos, pero ese no era el momento. Ese era el momento de reconocer al que tenían delante, a Dios hecho hombre y no lo quieren reconocer. Y por eso, con esta imagen un poco extraña, nadie echa remiendo de paño sin remojar a un manto pasado, porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos porque revienta los odres. Es como decir, si no reconocéis quién es el que viene, que es Cristo, que vengo a dar plenitud a todo lo que os han enseñado y todo lo que había en el Antiguo Testamento y hasta antes de mí, es solo preparación para este momento, para reconocer al hijo de Dios. Si esto no lo entendéis, no entendéis nada. les viene a decir es como querer con una devocioncita salvaros. Las devociones ayudan a la fe, pero la devoción sola sin la fe no salva, porque no es la devoción que salva, es solo Cristo el que salva. Y ellos querían salvarse sin Cristo, simplemente porque son gente que hace ayunos.
Pero recordemos aquella otra parábola de Jesús, aquel buen fariseo que se pone delante en el templo de pie. Te doy gracias, Señor, porque yo doy el diezmo de todo. Cumplo los mandamientos, ayuno. No como ese desgraciado que está detrás, ese que no hace nada. Ese publicano lo que hacía era pedir perdón al Señor. El que estaba delante no pedía perdón. se consideraba bueno por sí mismo. Te doy gracias porque me has hecho bueno. Mira cómo soy. Así que me lo yo soy tan bueno, me lo debes todo. El otro se reconoce pecador. ¿Quién fue justificado de los dos hecho justo? El que se reconoce pecador y pide perdón. El que se cree justo y bueno, el que se cree más que Dios, vamos mal.
Otra cosa es decir, mira, Señor, yo me esfuerzo y intento hacer las cosas bien, pero ayúdame en aquello que no hago. No, no, no es eso. Es yo soy bueno. Casi como diciendo, "Y tú eres malo." Porque mira cómo está el mundo. Eso es culpa de Dios. Cuántas veces lo hemos oído esto. Tanto de algunos que son cristianos como de muchos no cristianos. No se puede creer en el mundo, en Dios, porque el mundo es malo. Pero yo soy bueno. Así que él se ha hecho Dios y a Dios lo has hecho el Es el pecado contra el Espíritu Santo que no se puede perdonar. Claro, si no hay un cambio radical en esa persona, el Señor nos invita a reconocer quién es él siempre, a seguirlo, a amarlo, a darnos cuenta que somos poca cosa y que solo es él con su gracia el que nos salva.