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Jorge Luis Borges habla sobre la metáfora (conferencia)

Cemí Literario31:57

Transcription

Se mueve, señores, hacia 1909. Leopoldo Lugones publicó su *Lunario sentimental*. El *Lunario sentimental* está precedido por un prólogo, el cual se propone una renovación de los medios literarios, una renovación de la métrica, una renovación de la rima, y esto es lo que nos interesó hoy: una renovación de la metáfora.

Y dice Lugones, repite Lugones, mejor dicho, que el idioma es un conjunto de metáforas. Y por eso, encontrar nuevas metáforas ejecuta una obra que es un bien social. Y luego, luego les habla de la analogía pintoresca entre las cosas para definir la metáfora. Ahora bien, esto significa que el programa del movimiento que se llamó ultra, está aquí. Y en Buenos Aires, había sido ya formulado por este Lugones unos diez o doce años antes.

Y ahora vamos a detenernos en este problema: el problema de las renovaciones de la metáfora. La observación de Lugones de que cada palabra es una metáfora es verdadera. Pero podríamos observar que conviene olvidar la etimología de las palabras si queremos entenderlas actualmente. Por ejemplo, un candidato no es necesariamente un hombre vestido de blanco; un pontífice no es un arquitecto de puentes, etcétera.

Ahora, esto que se propuso Lugones es algo que tiene que ocurrir. Se lee, quien considere por un lado la variedad de los elementos del mundo y por otro la pobreza de las metáforas que unas generaciones heredan de otras. Uno de los nombres del universo para los chinos, esos los diez mil seres. Aquí la palabra seres tiene que significar especies, pues ustedes prefieren arquetipos. Ya que, desde luego, hay más de diez mil individuos de cualquier especie en el universo.

Entonces, aceptando esta molesta estadística de diez mil arquetipos para la inteligencia y para la imaginación de los hombres, tendríamos que esos diez mil arquetipos podrían combinarse de un modo casi infinito. Luego, se poco de álgebra, de olvidado lo poco que sé, pero creo que para saber el número de combinaciones posibles tenemos que multiplicar, tenemos que multiplicar a diez mil por diez mil menos uno, menos dos, etcétera. Y decir que de antemano uno pensaría que el número de metáforas, es decir, de combinaciones posibles de los elementos del mundo, es virtualmente infinito.

Sin embargo, los poetas comparan las flores con las mujeres, las mujeres a las flores, las estrellas a las flores, las flores a las estrellas, el tiempo a un río, un río al tiempo, la vida a un sueño, etcétera. Dígase que ciertas metáforas que siempre se repiten. Entonces, el joven poeta Lugones, con su *Lunario sentimental*, nosotros los muchachos de la generación ultraísta, a fines de mil novecientos veintitantos, pensamos que por qué tenernos en esas situaciones, por qué no buscar otras ecuaciones.

Y si volvemos a lo de la analogía pintoresca entre las cosas, la verdad es que si lo que se busca es lo pintoresco, entonces cualquier poeta puede inventar nuevas metáforas. Pero falta saber si esas metáforas tienen algún sentido. Y hay además algo que podríamos llamar la apariencia de una metáfora sin que exista una verdadera metáfora.

Por ejemplo, vamos a considerar dos famosos versos del género: "Sus tumbas son de Flandes las campañas, y su epitafio, la sangrienta luna". Ahora bien, aquí las palabras campañas puede significar campañas militares o campos. Encuentro al último de aprendido verso: "y su epitafio, la sangrienta luna". Este verso sugiere la luna roja sobre un campo de batalla. Pero luego, por otro verso de Quevedo, que habla de "eclipsar la gracia luna", sabemos que no pensaba en la luna roja, pero pensaba en la bandera de los turcos eclipsada con el Duque de Osuna.

Ahora bien, ¿qué puede significar esto? Yo creo que la eficacia de estos versos de Quevedo es inmediata. Es decir, no necesitamos saber si la palabra campañas significa campañas militares o campos. No tenemos por qué resolver si el último verso se refiere a la luna roja, la luna ensangrentada o a la bandera turca. El verso obra inmediatamente, de suerte de magia en las palabras. Y tanto es así que esta discusión sobre las posibles interpretaciones del verso corre, y la luz, a su parecer, frívola, importa un sentido con un parque que desde que pensó en ambos sentidos.

Pero creo, sobre todo, que cuando él escribió estos versos, se sintió que había fabricado un objeto verbal, un objeto mágico verbal, y que la interpretación era lo de menos. Recordar a un ejemplo de Shakespeare. Como ustedes saben, el teatro isabelino no habían telones. Y luego, que el actor muerto, y siempre vivió muertos al final del quinto acto, no podría quedar tendido en el suelo y simulando estar muerto, porque hubiera sido ridículo. Tenían que llevárselo de escena. Por eso tienen que enterrar a Hamlet, y tienen que enterrarlo con honores militares. Y su experto tiene que decir esto. Y entonces hace que un personaje diga: "Pues son los dioses cuando rise of war es rose, de forma que hablen sonoramente por él la música de soldados y los ritos de la guerra". Y ante este esplendor verbal, es importante la idea de los honores militares. Público, unidad, sea de una manera u otra, objetiva la música del soldado y los ritos de la tierra. Es decir, estamos ante estos huesos de Shakespeare, como antes de nosotros describió antes objetos verbales.

Y no perciba en nuestro tiempo se ha dedicado a construir objetos orales. Ahora bien, conviene que estos objetos puedan justificarse. Próximo, diríase que la tarea del poeta es demasiado fácil. Si combinar palabras que produzcan un resultado asombroso es demasiado fácil para que sea una tarea noble, para que pueda entregarse a esta tarea, es necesario, siquiera como una especie de soborno, de rescate, que estos huesos, que estas, que estos objetos verbales puedan justificarse. Parece que la razón exige este soborno.

Y ahora veamos algunas de las metáforas tradicionales de la poesía. Y esas metáforas que, reducidas a ecuaciones, parecen pobres. Tenemos la imagen tan trillada de las estrellas y los ojos. Bueno, hay un libro titulado *The Stars Look Down*, y decir, desde arriba nos miran las estrellas. Aquí está la metáfora de estrellas y de ojos.

Bien, en la *Antología Griega* hay una piedra, más un epigrama que se atribuye a Platón. Al índice epigrama traducido dice más o menos: "Luego, se puede que se dirige a la madre y le dice: 'Quisiera ser la noche para poder mirarte con miles de ojos, para vigilarte con miles de ojos'". Y decir, aquí la idea de estrellas y de ojos sirve para expresar una especie de infinita ternura y además el deseo mágico de ver a la amada desde un número infinito de ángulos.

También todo esto está naturalmente en la fábula de árbol. La idea de la cola de favor, ya les dichas de ojos. Y ahora veamos otra metáfora. Una metáfora de Chesterton. En el poema hace con el joven una segunda infancia. Dice: "El tiempo puede quitarle todas las cosas, pero no las facultades y asombrarse y asombrarse estúpidamente o inteligentemente, como se asombra un niño". Entonces su experto dedica su poema a definir las cosas comunes, practicamos lo maravilloso que hay en ellas. Y llega a la noche y entonces no la nombra directamente. Dice: "Él siempre mira con asombro un amigo mayor que el mundo, un monstruo hecho de ojos". Aclaró, Pérez, lanzó *The War and Monsters*, mil fans. En el Apocalipsis se habla de monstruos llenos de ojos, pero esto no es lo mismo. Estos, bueno, estos menos terribles, su monstruo hecho de ojos. Y los vamos a ver a la imagen de Platón, a la del amante que quiere ser la noche, pero vigilar con miles de ojos a la amada. Y veremos que si redujéramos a una ecuación y estos versos, la ecuación sería la misma: ojos igual a estrellas. Y sin embargo, el efecto que se logra es totalmente distinto. En el caso de Platón, tenemos una imagen de pasión en la ciudad. Y en el caso de Chesterton, estamos ante una visión monstruosa en su visión apocalíptica de la noche, como si él viera la noche por primera vez y se sintiera amenazado por esa especie de dragón plural. Y sin embargo, la ecuación es la misma.

Y ahora tomemos otra metáfora. Pues un lugar común es esa metáfora: la del río y el tiempo. Hay un verso de Unamuno que dice: "Nocturno el río de las obras corre desde su manantial, que es el mañana eterno". Bueno, aquí el tiempo es un río. Pero Unamuno imagina además, lo han pensado algunos filósofos, que el tiempo no fluye del pasado al porvenir, sino del porvenir al pasado. Podríamos decir también que el presente es el momento en que el porvenir se hace pasado. Que nosotros recorremos el río del tiempo, pero que nos dirigimos contra la corriente. Bueno, y luego tendríamos otros versos que ustedes se le estarán recordando, lo mejor que Manrique: "Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir". Ayudando, señores, etcétera. Bueno, aquí está la misma ecuación: tiempo y río. Pero en efecto, el efecto intelectual y emocional es enteramente distinto en los dos casos.

Y podríamos mostrar por otro ejemplo más antiguo, aquella terrible sentencia de Heráclito: "Nadie baja dos veces al mismo río". En esta frase, en esta sentencia del griego, de una suerte de trampa, porque primero pensamos ingenuamente: nadie bajó dos veces al mismo río, porque el río corre. Y luego comprendemos con un principio de miedo que no había baja dos veces al mismo río, porque nosotros mismos somos el río, somos el tiempo. Y tenemos que admirar la destreza, mejor dicho, la destreza genial, verás, Lito, que escribió: "No hay o baja dos veces hasta el mismo río". Y no, nadie abre dos veces la misma puerta, nadie paseó dos veces por el mismo jardín, no tendría ningún efecto. Y además, resulta más eficaz que no sé si mi mente, sin decirlo directamente, que nos dicen casi adivinar por nuestra cuenta que nosotros somos un río, que somos tan inestables o como el río.

Y ahora veamos otras metáforas, u otras situaciones eternas: la idea de la vida y del soñar. Esto puede decirse de modo abstracto: "La vida es sueño". O como le dijo James Ware: "Estamos hechos de la misma madera, de la misma materia, materia, madera, sea lo mismo, palabras evidentemente, que los sueños". Listo, puede sumarse también. Entonces es más eficaz los huesos con el fuego que el fraile quince instruir bin laden de trauma o de orishas farc y soñado mi vida, pues sigo ha sido cierta. Y esto parece corresponder mejor que los más famosos ejemplos de Calderón y el software a esa perplejidad, a esa progresividad sobre nuestro pasado. "He soñado mi vida, ¿o acaso cierta?". Y el ejemplo, yo creo, más bello de todos, es uno que fue recordado y esta mañana de un pensador chino del quinto siglo antes de la era cristiana. Creo que dice así: "Yo en su sonido con una mariposa y no sabía el despertar ser un hombre que había soñado ser una mariposa, o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre". Y aquí volvemos a encontrarnos ante un milagro o una destreza. Podemos elegir una palabra o la otra. Análoga a la vez era frito, nos vinimos hecho ansó, recibir escrito, son sus sonidos. Ser un tigre, no solo al despertarse con un hombre que he soñado ser un tigre, upyd quiere soñar a ser un hombre. Entonces la frase no tendría ninguna virtud, porque la mariposa, la mariposa frágil y efímera, ha sido maravillosamente elegida a sugerir el carácter onírico de la vida.

Luego, otra metáfora sería la de dormir y la de estar muerto. Todos los poemas homéricos se habla del "sueño de bronce". Y luego, otra metáfora eterna sería la de las mujeres y las flores. El jugador se las decidirse que elegir nuevos. Y una frase encontré en la novela *Cuídalo Farm*. Esta investigación se trata de un hombre que ve a una mujer y él está impresionado por su belleza. Y luego se pregunta si esa belleza corresponde a un alma inmortal. También tiene temor de que esa mujer sea simplemente un hermoso espectáculo. Y entonces escribe: "Acción", dice: "Quería saber si esa mujer era un alma, pues era simplemente un animal del color de las flores, un animal del color de las flores". Aquí está otra vez la ecuación mujer-flor. Ya, sin embargo, obras son nosotros de un modo muy distinto a los franceses que yo dije antes.

Ahora podríamos encontrar otras, pero no muchas más metáforas que son lugares comunes de la poesía. Entonces llegamos a esta conclusión. La conclusión sería que, contrariamente a lo que Lugones creyó, el número de metáforas no es indefinido. Podemos, hay un pequeño número de metáforas que corresponde a más afinidades esenciales, y esas son las metáforas que usan, que debe usar el poeta. Y el poeta no debe quejarse de esa monotonía, en la que esa monotonía es aparente, puesto que cada vez que la subimos, sentimos algo distinto.

Entonces, el trabajo del poeta no consistiría en buscar nuevas situaciones, sino en decir, con una sintaxis distinta, con una entonación distinta, las eternas ecuaciones de la poesía. Y esto podríamos encontrar ejemplos en el mismo *Lunario sentimental* de lugares que aquí he hablado de este libro. Ya que en este libro hay versos admirables que podemos tomar por metáforas. Y sin embargo, como ocurre con los versos de Quevedo y Shakespeare que he citado, ni derivan su virtud de lo metafórico, sino de la entonación.

Veamos, por ejemplo: "Ligeros sueños de los crepúsculos, suaves como la negra madurez del higo; sueño lunar que se goza consigo mismo, como en su propia ala duerme el ave". Yo creo que el efecto de estos, de esos está ante todo en la métrica. Si nos examinamos demasiado cerca, entonces vemos que el sueño de los grupos oscuros no se parece a un higo. Vemos esta imagen del sueño lunar, no es una imagen esencial. Es decir, la emoción del verso no está dada por la metáfora. Es todo esto que hizo ocurrió siempre con la entonación y por la voz del poeta.

No estoy diciendo estas cosas y un pronto recuerdo, de pronto comprendo que hace cuarenta años en Madrid lo discutía, que en el cenáculo del café Colonial, que regía Rafael Cansinos Assens, discutíamos este mismo tema de la metáfora, de las posibilidades de la metáfora. Y acaso entonces compraba hoy, yo pensaba estas cosas, o acaso entonces yo decía lo contrario, y ahora estoy polemizando y estoy discutiendo con aquel otro, he sido con este u otro que de algún modo soy. En época, todos buscamos metáforas asombrosas. No sé si nos logramos. Desde luego, creo que el asombro es un efecto sobre el asombro. Se basta. Podemos asombrarnos una sola vez. De suerte que lo que la poesía buscaría sería algo distinto.

Podríamos decir que todo hombre, en el curso de su vida, piensa, o mejor dicho, siente este pensamiento. No importa, pero lo estético, ciertas cosas y una función de la poesía: fijar palabras por esos sentimientos para que todos quedamos de idea, por ejemplo, de que la vida tiene la fugacidad de un río, de que las estrellas nos miran, de que nuestra vida es un sueño, y así los demás. De suerte que al mirar la posibilidad de unas metáforas, no se estaría negando la posibilidad de un infinito crecimiento de la poesía. Creo que lo que yo he dicho no sería es negativo.

Pero aquí, de pronto, les faltan recuerdos, recuerdos de imágenes que me han impresionado. Si no puede reducirse a lugares comunes. Recuerdo este verso, estos versos de Góngora. Dice Góngora en un soneto sobre las *Soledades*: "Como suele ser bárbara aldea, soga de perros contra forastero". Creo que Góngora habla de bosques y no de perros, pero esa palabra, por lo menos por un mero sudamericano, no es una palabra anómala que les trae. Entonces tomemos esta imagen fantástica de tejer una soga de perros, desde cero, una sola hecha de elementos vivos. Esto no puede ser que este lugar común haya hablado de hecho. Esto no recuerdo un poema de él, en el cual habla un rey, Kings, inicio viking, que joven y candoroso y cruel, con una especie de inocente crueldad, mira desde sus mares del norte, mira a Europa del Mediterráneo que él quería llorar golosamente. Y entonces Chesterton tiene que definir el mármol y el oro, y se enfrenta con el problema de definirlos usando términos aún más antiguos. El mármol y el oro lleva su bárbaro, el que habla. Entonces dice: "Mármol como luz, una maciza sexual y bud light, y oro como un fuego del lado de acá, frozen fire". Y parece que la misma imposibilidad de una luz de luna es precisa y de un fuego que hubiese sido congelado, sirve para expresar lo maravilloso del mármol y el fuego ante los ojos del viking.

El nudo. Todo lo que yo he dicho hoy puede discutirse indefinidamente, y cada uno de ustedes estará recordando metáforas que le gustan y sobrevivido citar y su culpable o estúpidamente no es citado. De suerte que por ahora nos queríamos con estas dos conclusiones en general: todas las metáforas son reducibles a algunas pocas ecuaciones, y esas ecuaciones, pero son sabidas. Pero hay algunas imágenes con nuestra moral, como esta otra de Chesterton, que nos parecen producibles inmediatamente a una estimación. De suerte que te harían para la literatura estas dos posibilidades: una, la de formular normalmente lo que les hemos oído y sentido miles veces; esto es una tarea bastante difícil. Y la otra sería, no la de buscar, sino la de esperar humildemente aquellas afinidades pintorescas que puede darnos de emoción.

Yo creía, todos creíamos, alumnos, que la metáfora era el elemento esencial de la poesía. Ahora no quiero pensar esto. En la poesía popular, por ejemplo, que sin duda es política, no hay metáforas, no hay unas pocas metáforas. Podemos conseguir una poesía sin metáforas, y esa poesía sería eficaz. Por ejemplo, toda la poesía está en las circunstancias del hombre y lo que generosamente llamábamos anécdotas hace cuarenta años, la anécdota que, sin embargo, la sustancia de la épica. De suerte que la metáfora, que da, me parece como una creación intelectual, es uno de los temas de la poesía que interesa a las puertas, a los poetas más que a los lectores. Pero este tema es infinito. Y yo quería que ustedes siguieran pensando en la metáfora para aleccionarme y los quedarme y mejorarme en algún otro futuro diálogo. Estas cosas.