Transcription
Miércoles de la séptima semana de Pascua. Continuamos con la lectura de ese discurso de la oración sacerdotal. Estamos en Juan 17:1-19.
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo: "Padre santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición para que se cumpliera la escritura. Ahora voy a ti y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad. Tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo y por ellos yo mismo me santifico a mí mismo para que también ellos sean santificados en la verdad."
Es un pasaje que cada uno de sus versículos merecería un comentario. Jesús le pide al Padre que nos guarde del maligno. Le pide que seamos uno. Nos envía también como el Padre le envió a él. Obviamente de tantos versículos voy a centrarme en uno en concreto: "Santifícalos en la verdad. Tu palabra es verdad." Así le dice Cristo al Padre. "Santifícalos en la verdad. Tu palabra es verdad." (Juan 17:17).
Primero, ¿qué significa santifícalos? Santificar no es, no significa simplemente hacerlos moralmente mejores, sino santificar significa consagrar, apartar para Dios, introducir en la comunión divina. La santidad no es meramente ética o moral. La santidad es participación en la vida divina, en la intimidad divina. Equivale hacernos miembros del cuerpo de Cristo. De hecho, luego la santidad moral, la santidad moral, el ser buenos, el ser buenos deriva de esa unión con Cristo, ¿no?
Por eso dice: "Santifícalos en la verdad." Es decir, introdúcelos en la intimidad de la verdad. ¿Y quién es la verdad? Cristo. Introdúcelos en la intimidad con Cristo. Eso significa santifícalos en la verdad. Y luego remacha: "Tu palabra es verdad."
San Agustín comentando esto, ve aquí la estabilidad absoluta de la revelación divina frente a lo mutable, lo mutable de todo lo humano. "Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." (Mateo 24:35). "Tu palabra es verdad. Todo hombre es mudable. Solo la verdad divina permanece." Dice San Agustín. No, la santidad no puede edificarse sobre opiniones cambiantes, sino sobre la palabra de Dios. "Tu palabra es verdad."
Que Dios nos conceda la gracia de de recibir este este don que Cristo le ha pedido al Padre, que lo recibimos por el Espíritu Santo, que estamos preparando su llegada. No, en este escenario de Pentecostés en el que estamos, es el Espíritu Santo el que nos va a dar la la capacidad de ser santificados en la verdad, es decir, introducidos en la intimidad con Cristo, esa intimidad que Cristo tiene con el Padre.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.