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Resumen homilia del XXXIV Domingo del tiempo Ordinario

Padre Neftalí Rogel 5:04

Transcription

Con esta liturgia de este domingo estamos clausurando el año litúrgico, lo que es la solemnidad de Cristo Rey. Es como si estuviéramos celebrando en el año civil el 31 de diciembre.

El próximo domingo celebramos el primer domingo de Adviento, el inicio del año litúrgico. Y al final de este año litúrgico, es decir, para el día de ahora, la Iglesia nos presenta a Jesús como Rey de las naciones. Un Dios que, aunque el mal se resista, todo será puesto al estrado de sus pies.

Dios es más fuerte que todos los males. Dios es más fuerte que todas las debilidades que puedas experimentar en tu vida. Dios es más fuerte que todos los problemas que puedan estar pasando ahora en estos momentos, porque Dios es, como dice Apocalipsis, Rey de Reyes y Señor de Señores. Para él no hay nada imposible. Aquello que no nos es posible por nuestra condición, con la oración, sí nos es posible.

Hoy en día, al ver tanta miseria, al ver tanta pobreza, al ver tanta maldad, cuántas personas también dicen lo mismo: "Dios no existe, porque si existiera Dios, entonces no pasara esto, porque Dios hiciera justicia". Hoy en día hay tanta hipocresía y como que si Dios no existiera, porque no hace justicia. Hay tantas personas que aparentan, aparentamos una cosa y somos otra cosa, lastimosamente.

Pero recordemos, hermanos, que lo que somos ante los demás no vale ante Dios. Vale ante Dios lo que somos ante él. Y Dios conoce quién eres, y Dios sabe si eres una persona virtuosa, si eres una persona luchadora, o si eres una persona hipócrita.

Y ahora, demos la oportunidad al Señor para que él nos libere, para que él nos haga una vez más integrantes de ese reino, ese nuevo reino que él quiere que habitemos, en esa nueva vida, en ese reino donde existe la santidad, en ese reino donde existe el amor, en ese reino donde existe la caridad, donde en ese reino donde ya no velamos por nuestras propias necesidades, sino sobre todo por las necesidades de los demás.

Hermanos, estamos invitados a ser mejores cristianos día a día. Busquemos ser mejores cristianos. Y saben, cuando usted desea ser mejor cristiano, es cuando más ataques tiene de Satanás para desanimarle, para que usted ya no siga luchando, para que usted se quede en el reino de la oscuridad.

Pero ahora, hermano, hermana, estamos celebrando la solemnidad de Cristo Rey, la solemnidad de un reino de luz, la solemnidad de un reino en el que se te ofrece una mejor oportunidad para ser una persona nueva, una persona que sabe enfrentarse ante las tentaciones con la fuerza de Dios, que sabe enfrentarse ante los problemas no con sus propias fuerzas humanas, sino de la mano de Dios.

Pidamos a la Virgen que nos conceda la alegría de encontrarnos una vez más con Dios. Y recordemos que seguir a Dios no es seguir a un fracasado, como algunos puedan pensar. Seguir a Dios es seguir a un Dios que ha vencido el mal. Y el mal lo venció desde el perdón, y el mal lo venció desde la cruz, y el mal lo venció soportando burlas, soportando todo aquello que a cualquier humano le incomoda. Pero lo hizo por amor a salvar, por amor a nuestra salvación.

Que la celebración de Cristo Rey, entonces, hermanos, nos anime a entrar en una nueva vida. Recordemos que si la Iglesia nos pone la unidad de Cristo Rey al final del tiempo litúrgico, nos está diciendo en otras palabras que, pase lo que pase, al final los corazones de Jesús y de María reinarán por los siglos de los siglos.