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Estamos entrando en un tiempo apostólico y profético de suma importancia. Y en la medida que la acción apostólica desciende sobre la tierra, estamos viendo como una iluminación, niveles de luz más grandes están viniendo para entender cosas que antes no entendíamos. Y una de las cosas que toca mi alma y he estado observando por muchísimos años es que personas que son fieles a Dios viven en desiertos interminables, o hay maldiciones que pareciera que no pueden ser rotas en las vidas de personas, u otros que tienen enfermedades que no pueden ser curadas. Y recurren a una oración y a otra oración y cada vez más profundo, y como si nada tuviese resultado.
Y empezando a meditar a Dios en estas cosas, y cómo podíamos alcanzar niveles en nuestro destino en que todo este desierto dejará de ser una carga para proyectarnos hacia lo que Dios tiene para nosotros en toda la libertad y en todo aquello en lo que Jesús pagó por nosotros en la cruz. El Señor empezó a poner en mí una revelación que no solamente cambió mi vida, sino que ha cambiado la vida de millones de personas.
Y Padre, yo te pido que en este día tú toques el corazón de mis hermanos para que ellos reciban la revelación de lo alto. Que Espíritu de revelación venga sobre ellos, Espíritu de conocimiento, que testifiques a sus espíritus de las cosas que están revelando. Y en este caso, de este tema que se llama la iniquidad, uno de los temas menos predicados en la iglesia de hoy. Y sin embargo, una de las cosas más importantes que Dios quiere que entendamos.
¿Qué es la iniquidad? La iniquidad etimológicamente hablando significa lo que está torcido. Es lo que está torcido del diseño perfecto de la rectitud de Dios, de lo que Dios quiere hacer sobre nuestras vidas, de todo el diseño perfecto de Dios. Lo que se tuerce de eso es la iniquidad. Y la iniquidad empieza a entrar en existencia en el momento en que Lucifer, quien fuera el más maravilloso que Dios había creado, el arcángel de la belleza, el arcángel de la perfección, en un momento dado él va a torcer su pensamiento para alejarse del diseño, desalinearse de lo que Dios quiere hacer en su vida. Y es en este momento que entra la iniquidad.
Vamos a ver lo que dice la escritura en Ezequiel capítulo 28 y versículos del 15 al 18. Dice la palabra: "Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste criado hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras de fuego. Querubín protector, enaltecióse tu corazón a causa de tu hermosura; corrompiste tu sabiduría a causa de tu resplandor; yo te arrojé por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti."
Entonces, aquí vemos como la iniquidad entra en el corazón de Luzbel para pervertir el diseño de Dios. Y desde este momento, Satanás es arrojado del cielo con una simiente que él necesita transferir. Amén. Y su propósito ahora, en toda la venganza interior que él tiene y en el deseo de sentarse como Dios, él va a tratar de apoderarse de la tierra.
Entonces, lo que tenemos que entender aquí es que el hombre es espíritu. Y tenemos no solamente una herencia natural en nuestro ADN, en español sería el ADN de nuestro espíritu, de nuestro cuerpo, que es en donde viene toda la información de herencia de lo que, de cómo somos naturalmente. Qué tipo de ojos tenemos, qué color de piel tenemos, qué color de cabello tenemos, todo eso está marcado en el ADN. Pero de la misma manera que tenemos un ADN natural que va a determinar cómo somos físicamente y cuál es la herencia biológica en nuestros cuerpos, tenemos también como seres espirituales un ADN espiritual. Y como el hombre cayó en pecado y se torció de los caminos de Dios, es la simiente, es la semilla del mal, la que va a transferir ese ADN espiritual en todo ser humano desde el momento en que él nace.
La iniquidad no es el pecado. Dios hace una diferencia muy clara entre iniquidad y pecado. Y quiero que veamos con toda diligencia, veamos con toda diligencia Éxodo 34 a partir del capítulo del versículo 6. Este es el momento en que Moisés está pidiéndole a Dios que manifieste su gloria y el Señor se manifiesta. El Señor mismo dice: "Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y en verdad; que guarda la misericordia en millares; que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación."
Nos vemos como aquí, al manifestarse el Señor, él hace claramente una distinción entre iniquidad, pecado y rebelión. Tres cosas diferentes. Pero aquella en la cual se concentra el Señor dice que no toma por inocente al culpable y que visita la iniquidad. No te bien que no visita el pecado, que no visita la rebelión, pero visita la iniquidad hasta la tercera y cuarta generación. Esto nos habla de algo que es transmitido de generación en generación, y es la herencia espiritual.
Él va entonces a poner, cuando el bebé es concebido, amén. Cada uno de nosotros somos espíritu y venimos del cielo, venimos de Dios. Y en el momento en que el óvulo en la matriz de una madre es concebido, en ese momento va a entrar su espíritu dentro del óvulo y concebido en el vientre de la madre. Y es en este momento en que la herencia espiritual va a pasar del cordón umbilical de la madre hacia el pequeño feto que empieza a formarse.
La iniquidad es una sustancia espiritual. Y como tenemos una herencia espiritual, quiero hacer muy claro que la iniquidad radica dentro del espíritu del hombre. Para tener una herencia natural, necesito heredar en lo natural en mi sistema biológico. Para heredar espiritualmente, necesito heredar en mi sistema espiritual. Entonces, soy un espíritu, amén, que recibe una herencia espiritual. Y en esta herencia espiritual está contenida todo lo que está torcido. Es como si fuera un bastón que fuera pasado de generación en generación. Y la maldad de los pecados de la iniquidad que viene siendo traída de los abuelos a los padres a los hijos, es pasada de una generación a otra.
Ahora, es importante decir que es en el espíritu, porque en esta parte del espíritu, el espíritu está tremendamente contaminado. Y hemos escuchado muchas veces que cuando venimos a Jesucristo, nuestro espíritu es totalmente restaurado, que somos llenos del Señor, y es como si fuera el lugar santísimo de nuestro ser. Pero desgraciadamente, aunque esto se oye muy bonito, no es en total la realidad de cómo es en nuestro espíritu. Podemos tener contaminación, pese a que tengamos al Señor en nuestro corazón. Y en esta área de la herencia es donde Dios quiere enfocarnos para que nos limpiemos.
Vamos a ver esto escrituralmente como el espíritu de alguien que es creyente puede estar contaminado a través de iniquidad. Vamos a revisar la escritura que está en 2ª de Corintios capítulo 7 y versículo 1. "Así que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios." Aquí vemos claramente que el apóstol Pablo le está hablando a los creyentes que es necesario que nos limpiemos en todo de toda contaminación que está dónde, en la carne y en el espíritu. Es esta contaminación espiritual la que la iglesia ha dejado de lado. Y confesamos nuestros pecados, pedimos perdón a Dios por nuestros pecados, pero dejamos de un lado la contaminación espiritual y no tratamos con ella. Y es aquí donde él va a venir a traer todo tipo de mal sobre nuestra iniquidad.
Y no solamente el problema es el problema, también va a ser Dios. Porque la iniquidad, la cual se opone a la rectitud, a la justicia de Dios, son las dos fuerzas espirituales que tienen el poder de atraer hacia sí el reino al cual pertenece. Cuando la justicia de Dios se manifiesta, la justicia va a traer todo lo que pertenece al reino de Dios a una persona. Por eso Jesús dijo: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las cosas os serán añadidas." Luego, la justicia tiene en sí misma una fuerza de atracción que atrae todas las cosas pertenecientes al reino de Dios.
Ahora, lo opuesto a la justicia, que es la rectitud, lo que está alineado con Dios, es la iniquidad. La iniquidad, como una fuerza espiritual, y como la simiente del mal, es también una fuerza espiritual que va a atraer hacia sí misma todo lo perteneciente al reino de las tinieblas, como es la enfermedad, como es la pobreza, como son las maldiciones, como es todo tipo de dolor en el corazón. Y muchas veces nos preguntamos: "Bueno, si el Señor pagó por todo esto y llevó nuestros dolores, él llevó nuestros dolores, ¿por qué sigo en este dolor? ¿Por qué sigo en esta forma de sufrimiento? Llevo ya demasiado tiempo en este desierto." Y es que nunca hemos limpiado nuestra herencia espiritual.
La iniquidad es necesario que sea purgada de nuestros cuerpos. Nosotros pedimos perdón a Dios por nuestros pecados, pero la iniquidad, siendo una sustancia, porque es una sustancia espiritual. En el mundo espiritual hay sustancias, hay substancias. Y como dice la palabra que la fe es la sustancia de lo que no se ve, es la sustancia de lo que creemos. La iniquidad es una sustancia oscura, es una sustancia que va a permear nuestro espíritu, que va a entrar en nuestro espíritu. Y es esta sustancia a la que va a determinar nuestro comportamiento, va a determinar lo que nuestro destino, si es que no lo cambiamos, va a determinar las cosas que nos acontecen. Y por eso es tan importante tratar con la iniquidad.
La iniquidad entra en el espíritu del hombre y a través, como es una sustancia espiritual, va a permear el alma, va a permear nuestros pensamientos, va a torcer nuestra forma de pensar, va a torcer nuestras emociones, va a torcer nuestras decisiones para llevarnos a ser iniquidad. La iniquidad, como dije a su momento, entra desde el momento en que el niño es concebido, desde el momento en que el espíritu del hombre penetra en el feto fecundado. En ese momento, la herencia espiritual entra en él, en el hombre, y empieza a marcar de adentro hacia afuera la cara, las características de este ser humano. Por eso vemos que un padre alcohólico va a dar a luz un hijo alcohólico. O a veces decimos: "¿Cómo es posible que hijos de pastores, hijos de siervos de Dios, tengan conductas que nunca se han visto en su casa?" Y es porque viene de generación en generación formas de comportamiento que han sido registradas, y este registro ha sido traspasado al nuevo ser, al hijo que ha sido engendrado.
Vamos a ver un versículo que es sumamente interesante en Jeremías capítulo 17 y versículo 1. "El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante esculpido está en la tabla de su corazón y en los lados de vuestros altares." El pecado está esculpido en nuestros corazones, en la tabla de nuestros corazones. Y esta tabla de nuestros corazones, del corazón, es la puerta hacia el espíritu. Y ahí es donde se va imprimiendo, se va registrando todo el pecado, toda la maldad que vamos haciendo. Y cuando el hijo hereda esta iniquidad y le añade aún los pecados que él mismo va a cometer, a su vez va a heredar a su propio hijo este cordón umbilical, este cordón espiritual, perdón, esta herencia espiritual que se va torciendo y se va torciendo y se va torciendo.
Vamos a ver cómo la iniquidad entra desde que somos pequeños bebés. Dice el rey David, quien tenía una tremenda comunión con Dios, que tenía el corazón de Dios y que entendió la diferencia entre iniquidad y pecado. Vamos a ver lo que él dice cuando él se está confesando, cuando él, después de haber cometido el pecado con Betsabé, él tiene un arrepentimiento profundo y habla con Dios y le dice en el Salmo 51: "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi iniquidad, y límpiame de mi pecado." En algunas versiones leemos que dice "maldad". Y a veces la Biblia va a usar alternativamente maldad e iniquidad. Pero en este caso, nos vamos a enfocar en la iniquidad. Y luego añade: "He aquí, en iniquidad he sido formado, en iniquidad he sido formado."
Y esto lo podemos ver muy claramente en la vida normal. Como un bebé cuando empieza a hablar, sus primeras palabras, la primera palabra que va a aprender a decir después de mamá y papá es aprender a decir "no". Inmediatamente va a surgir algo dentro de él que dice: "No, levántate en contra de la voluntad de tus padres." Y vemos al bebecito recién nacido, una sobre cien, así el bebecito que empieza a hablar, que aún ni siquiera dice nada, pero ya aprendió a decir "no". "No quiero esto, no quiero esto otro." Esto es la iniquidad que ya empieza a manifestarse y hablar a través del bebé.
Vamos a ir un poco más adelante y vamos a ver cómo la iniquidad no solamente va a marcar nuestro destino espiritual, sino que va a bloquear nuestros sentidos espirituales. Como seres espirituales tenemos sentidos. Dios nos hizo con ojos espirituales, con oídos espirituales, amén, con gusto espiritual, contacto espiritual. Tenemos un sistema, el espíritu es un sistema tremendamente complicado y maravilloso que Dios creó dentro del hombre. La iniquidad, esta sustancia lodosa, negra, que ha penetrado el espíritu y el alma, y aún vamos a ver cómo va a transmitirse al cuerpo. Vamos a ver cómo nos va a hacer eso. Va a producir sordera y ceguera espiritual dentro de nosotros.
Así que vamos a ver el Salmo 58 a partir del versículo 3. Dice: "Enajenáronse los impíos desde la matriz; se apartaron como ovejas desde el vientre, hablando mentira. Veneno tienen semejante al veneno de la serpiente; son como el áspid sordo que cierra su oído; que no oye la voz de los que encantan por más hábil que sea el encantador." Y esta sordera espiritual es la que está en millones de personas. Primeramente, que no pueden venir a la salvación de Cristo, por más hábil que sea el predicador, hay como una sordera. Y es un lodo espiritual que está tapando, que está impidiendo que la persona tenga la luz, reciba la luz del evangelio.
Por esto, no solamente le sucede a los inconversos. Tantas personas que no pueden escuchar la voz de Dios. Cuando Dios creó a su familia, a sus hijos, con la habilidad de oírlo a Él, Él dijo: "Mis ovejas oyen mi voz y me siguen." Amén. Y muchos dicen: "Bueno, ya no es la voluntad de Dios que oigamos la voz de Dios, para eso tenemos la Biblia." Discúlpeme, pero yo creo que todos tenemos la habilidad de oír. En el mundo espiritual, permítame demostrarle algo. Todos nosotros tenemos la habilidad de escuchar con toda claridad una voz espiritual que es la voz del mal. Todos podemos escuchar la voz de la intimidación interior, la voz del miedo, la voz de la enfermedad, la voz de la tentación, la voz de que nos quiere torcer el camino, que nos quiere llenar de ira, que nos quiere llenar de violencia interior. Y esta es una voz espiritual que estamos escuchando constantemente. Yo le pregunto: ¿Será el diseño de Dios que Dios cree un pueblo que pueda oír con toda claridad la voz del mal y no pueda escuchar la voz de Dios? Yo creo que aquí hay algo que debemos reflexionar. Amén.
Es la voluntad de Dios que todos nosotros escuchemos con toda claridad Su voz. Dice la palabra de Dios que los que son hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios. Y no podemos ser guiados por el Espíritu de Dios a menos que nuestros oídos estén despiertos a escuchar al Espíritu de Dios. Pero la iniquidad, que es como un lodo, que es como una sustancia negra, lodosa, empieza a llenar nuestros oídos y no podemos más escuchar la voz de Dios. Por eso es importante la iniquidad sea purgada de nosotros.
Ahora, la iniquidad no va a ser tan fácil de purgarse como lo es simplemente confesar el pecado. Y más adelante voy a explicarle cómo poder desarrollar estas, estas raíces, porque son literalmente raíces que se han, que han penetrado nuestro espíritu, que están metidas en todas partes de nuestro ser, produciendo todo tipo de problema en nuestro interior. Y no es que nosotros no podamos escuchar a Dios, que Dios no nos escuche. Muchas veces hemos dicho: "Dios, no me escuchas, Dios, estoy clamando a ti, no me escuchas." Y qué es lo que el Señor dice: "Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios." Y vuestros pecados han hecho ocultar Su rostro de vuestro rostro para que Él no escuche.
Nuestras iniquidades nos separan de Dios. Es desde el Antiguo Testamento y desde esa manifestación de la gloria, que aprovecho para decir esto, por la cual clamaba por la gloria de Dios: "Oh Dios, déjame ver tu gloria." Amén. Cuando él clamaba por esto, el Señor se manifiesta. Dice: "Quiero que entiendas que soy misericordioso, que soy piadoso, pero que tengo que tratar la iniquidad, la rebelión y el pecado." Y digo esto para todos aquellos que estamos entrando en una era en que Dios va a revelar Su gloria, y que Dios está hablando de esta manifestación de gloria en que la iglesia se va a mover. Pero si no tratamos con rebelión, si no tratamos con iniquidad y con pecado, nos vamos a ver en tremendo conflicto, porque la gloria de Dios viene acompañada de Su justicia. Y la justicia de Dios, innegablemente, juzga la iniquidad. Visita la iniquidad hasta la tercera y la cuarta generación.
Entonces, esta es una de las cosas más importantes que debemos tener en cuenta para aquellos que tenemos sed y hambre de encontrarnos con la gloria de Dios. Y este es uno de los testimonios más grandes que Dios ha hecho en nuestra vida. Cuando empezamos dedicadamente a escudriñar nuestro espíritu, a sacar esta iniquidad, a purgar nos de esta iniquidad, los niveles de gloria de Dios empezaron a abrirse, los cielos empezaron a abrirse, empezamos a escuchar, empezamos a ver en una forma tan profunda, tan poderosa a Dios. Y esto es lo que Dios tiene para nosotros.
¿Sabías que es la voluntad de Dios que todo creyente mire el rostro de Jesús a cara descubierta? Muchos dicen: "No, pues solamente los muy ungidos pueden tener un encuentro para ver a Dios." Y los muy teólogos van a decir: "No, nadie puede ver a Dios y vivir." Estas palabras se las dijo Dios a Moisés cuando Moisés hablaba con Dios a cara descubierta, después de haber estado 40 días delante de la cara de Dios. Es que Dios le dice: "Nadie ha visto mi gloria y ha vivido." ¿Por qué le dice esto Dios a Moisés? Porque hay diferentes niveles de ver la gloria de Dios. Y hay una forma de ver el rostro de Dios que es a través de Jesucristo. Jesucristo es la imagen del Dios viviente. Amén. Y dice la palabra que Él tiene del lado nuestro entendimiento para que no podamos ver el evangelio de la gloria, amén, que es la revelación del rostro, que es la revelación de la imagen de Jesucristo, de Cristo en todo su gloria.
Jesús dijo: "El mundo no me verá más, más vosotros me veréis." Amén. El mundo no me verá más, más vosotros me veréis. Y esta es tu promesa, esta es mi promesa. Amén. Y tenemos que ir tras ella. Pero lo que hace la iniquidad es que pone una ceguera espiritual dentro de nosotros. Dice la palabra en 2ª de Corintios 3, capítulo 16: "Habla de cómo él viene a velar nuestro entendimiento para que no veamos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo, el velo que está cubriendo nuestros ojos espirituales es quitado, porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad."
Ahora, esta libertad tiene que ver con el mirar. Dice: "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria de Dios, somos transformados de gloria en gloria como por el Espíritu del Señor en su misma semejanza." Amén. Entonces, Dios tiene un plan, tiene un propósito para que nosotros seamos transformados a la semejanza de Su gloria. Y esto es como mirando a cara descubierta la gloria de Dios. Mirar, cuando el Espíritu Santo habla de mirar, quiere decir mirar. Mirando a cara descubierta la gloria de Dios, somos transformados, somos transformados en Su semejanza. No nacemos en la semejanza de Dios. Adán fue creado en la semejanza de Dios, pero perdió la semejanza de Dios cuando iniquidad entró dentro de él. Ahora, nosotros necesitamos ser transformados en Su semejanza a través de ver Su gloria. Amén.
El mismo apóstol Juan decía: "El que peca jamás le ha visto y jamás le ha conocido." También esto quiere decir que cuando caminamos en una vida de rectitud, amén, podemos verlo. Porque aquel que peca no le ha visto ni le ha conocido. Esto quiere decir que la iglesia primitiva podía ver al Señor. Amén. Cuando Nicodemo se viene con el Señor Jesús le dice: "¿Qué necesitamos hacer para entrar en el reino de los cielos?" Jesús le dice: "Nadie puede mirar, nadie puede ver el reino de Dios a menos que nazca del agua y del Espíritu." Amén. Entonces, el ver al Señor es parte de nuestra herencia espiritual y es el plan de Dios para que seamos transformados de gloria en gloria en Su propia imagen.
Ahora, vamos a ver cómo no solamente es afectado nuestro oído espiritual, nuestra visión espiritual, pero ahora la iniquidad va a permear, va a pasar no solamente del espíritu al alma, pero del alma al cuerpo. Amén. Y esta sustancia, que es como dije antes, como si fuera, si yo la puedo ver o describir en el mundo espiritual, es como un cordón espiritual, como un cordón de ADN lleno de lodo, lleno de velos espirituales que nos va oscureciendo. Amén. Y esto se va a traspasar al cuerpo.
Y dice el Salmo 109, versículo 18: "Se vistió de maldición como de su vestido, y entró como agua en sus entrañas, y como aceite en sus huesos." Entró como aceite en sus huesos y como agua en sus entrañas. Y vemos como esta sustancia se va metiendo en todo lo que es el sistema linfático, empieza a tomar los órganos. Entonces, no es que tengamos un demonio de una enfermedad como la diabetes, no es que tengamos un demonio de una enfermedad cardíaca, no es que tengamos un demonio y que es que venimos arrastrando una iniquidad que ahora se va a traspasar al cuerpo. Y esto es lo que va a originar todas las enfermedades.
Entonces, no se trata simplemente de echar fuera demonios o declarar la sanidad en el cuerpo del hombre, sino que necesitamos purgar esto porque esto se va metiendo. Dice otra escritura que es a través de la iniquidad que los huesos se van secando. La iniquidad seca los huesos. La iniquidad se mete en los huesos. Osteoporosis, todo tipo de problemas de artritis, todo tipo de problemas de desviación de columna, torceduras, esa gente que tiene torcida la columna, esto es claramente la presencia de iniquidad que no ha sido purgada y que necesita ser sacada de ese cuerpo. Y Dios dice la palabra en Isaías 53 que Él murió por nuestros pecados, Él llevó nuestras iniquidades, pagó por nuestras rebeliones. O sea, el precio para que nosotros tratemos con la iniquidad fue pagado.
Vamos a ver también cómo se van formando no solamente en los huesos, en las entrañas, empieza a afectar la iniquidad, sino que va también a formar cuerpos extraños llamados tumores. Y vemos en Isaías 59, el capítulo 5, nos da muchísima luz a este respecto. Y dice: "Ponen huevos de áspid y tejen telas de araña. El que comiere de sus huevos morirá; y si lo apretaren, saldrá un basilisco." Capítulo 59 de Isaías es el capítulo por excelencia acerca de la iniquidad. Y aquí vemos como la iniquidad va formando una tela de araña en todo el cuerpo, que se mete en el sistema linfático para producir todo tipo de toxinas, de elementos que van a atraer, a debilitar el sistema inmunológico del cuerpo. Y también vemos que se van a formar estos huevos como de áspid, que en el mundo espiritual se ven como huevos de áspid, pero que en el mundo natural se traslucen como tumores del cuerpo.
Dice también la palabra que la iniquidad no solamente está en nuestros cuerpos, sino que hay algo también que va a afectarnos, y es que la iniquidad puede ser transmitida de uno a otro. La iniquidad puede ser arrojada. Le mencionaba hace un momento como la iniquidad es una especie de sustancia, de un lodo espiritual. Y este lodo espiritual puede ser arrojado sobre las personas. Fíjese qué interesante esta escritura. Dice en Isaías 57:20: "Mas los impíos son como el mar en tempestad, impío no solamente se refiere a los que no han recibido a Cristo, impío es todo aquel que no ha sido limpio de iniquidad." Dice: "Mas los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo."
Nos vemos como una persona llena de iniquidad, alguien que no ha sido tratado en esta área, tiene la facultad de contaminar a otros. No sé si usted se ha fijado por cuando alguien le habla con violencia, amén, y usted siente como que le traspasara una espada. Alguien le dice algo muy fuerte, algo muy violento que viene del espíritu de esa persona, amén, y se siente el golpe, siente la espada que lo está atravesando. Eso es iniquidad que está saliendo del espíritu de una persona y está penetrando su propio espíritu. Usted. Entonces, esto es muy importante saberlo, porque cuando vemos que alguien está manifestando esa iniquidad, es importantísimo protegernos para que no sea arrojado ese cieno.
Muchas veces hemos tenido que liberar personas bellísimas en Cristo Jesús que han sido víctimas de tantas palabras, de tantos chismes, de tantas envidias, y los vemos en el mundo espiritual, estas bellísimas y bellísimos siervos de Dios como cubiertos con un velo, como con un lodo de todas las palabras negativas que salen de otras personas, de otros cristianos, inclusive manchando los, manchando su testimonio. Son lobos espirituales. Y estos lodos empiezan a traer una parálisis espiritual, empiezan a traer una pesadumbre espiritual, empieza a reflejarse en la vida, en el rostro de los siervos de Dios cuando esto no es tratado y cuando esto no es quitado. Por eso es importante orar los unos por los otros y quitar todos estos velos, estos mantos de iniquidad que son arrojados los unos sobre los otros.
Fíjese cómo el rey David entendió con toda claridad esto. Dice el Salmo 55, versículo 3: "A causa de la voz del enemigo, por la opresión del impío; porque echaron sobre mí iniquidad, y con furor me han amenazado." Amén. Aquí vemos como la iniquidad no solamente va a tener una cobertura, una mancha en el mundo espiritual, sino que empieza a traer un amedrentamiento, empieza a aterrorizar. En muchos años vemos como el impacto de esta iniquidad en David le va a causar muchos de los miedos que la gente tiene. Es por causa de la intimidación. Hay gente que intimida, hay inclusive siervos de Dios que usan la intimidación para sojuzgar a otros. Y esto está tremendamente mal, porque esto empieza a traer, a crear un terror en las gentes. Estamos hablando de alguien donde la gente tiene su confianza, siervos de Dios donde la gente los ama, los estima, amén, y tiene en sus corazones abiertos cuando ellos hablan. Y de repente sueltan una palabra que intimida, una palabra que hace daño, y esta persona inmediatamente va a recibir el daño que viene de este siervo que está hablando con intimidación. Y si no es un siervo, si es alguien maligno, si es alguien de parte del enemigo, amén, va a traer daño.
Si nosotros no nos preocupamos por esto, no solamente la iniquidad tiene que ver con nosotros y cómo somos afectados, cómo se hacen eternos nuestros desiertos. La iniquidad también es aquello donde la maldición encuentra a dónde aferrarse. Dice la palabra de Dios que así como la golondrina en su vagar encuentra dónde posarse, así también la maldición no viene sin causa. Y entonces, las maldiciones cuando son arrojadas, empiezan a buscar, la maldición es una ley espiritual que empieza a buscar en dónde posarse. Y va a buscar en dónde hay iniquidad. Y donde encuentra la iniquidad, la maldición viene y se aferra.
Yo he visto muchos casos de gente que quebranta las maldiciones, oran por las maldiciones, las abogan, hacen tanta cosa por las maldiciones, y al cabo de un tiempo, esa persona se vuelve a encontrar en la misma condición en la que estaba. Y el problema es que tratamos de abrogar las maldiciones, de cancelar las maldiciones, pero nunca tratamos con la iniquidad que en primer lugar hizo que estas maldiciones se aferraran a nosotros. Amén. Entonces, es importantísimo tratar con la iniquidad para que las maldiciones puedan ser quitadas.
Yo recuerdo en mi propia vida, en mi propia vida, yo tenía, yo tengo, Dios, Dios me ha dado una unción financiera muy, muy fuerte. Y Dios me ha usado para traer milagros financieros, no solamente en nuestro ministerio, en muchas otras personas, en muchas vidas. Dios nos ha dado la habilidad por medio de su Espíritu de traer rompimientos, rompimientos en ciudades, cambiar destinos financieros en muchos casos. Pero yo veía algo en mi propia vida, y era que, que mi mismo que yo podía estar haciendo los milagros a través del Espíritu Santo financieramente hablando, cuando yo recibía una suma grande de dinero, inevitablemente él llegaba y me robaba esa suma. Y esto me sucedió. Yo vengo de una cuna en que mi padre tenía mucho dinero, pero mi padre me deja una gran herencia y llega él y quita una gran parte de la herencia. Muere mi madre y llega él y me roba otra parte de esa herencia. Y así, cantidades importantes de dinero que Dios ha querido poner en mis manos, llegaba él y me las quitaba. Y yo empecé a orar: "Señor, ¿por qué esto? Yo no tengo puertas abiertas, ¿por qué me está sucediendo esto?" Y es cuando Dios empieza a revelarme y me dice: "Hay iniquidad en tu línea generacional."
Y yo me pongo a orar y le pido al Espíritu Santo, y aquí es donde es muy importante depender del Espíritu Santo, decirle: "Espíritu Santo, revélame, revélame esas áreas donde hay iniquidad, porque yo no sé por dónde, por dónde está la iniquidad, quién hizo qué cosa para que esto me sucediera." Y tuve un sueño. Y en el sueño yo veo a mi abuelo, que era un hombre muy, muy poderoso. Él fue embajador de México en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, un general brigadier tremendo en el ejército de México, un hombre que fue pionero en la aviación, los primeros aviones ellos en México los hizo mi abuelo, fue pionero en la cinematografía, fue un hombre muy, muy acaudalado de dinero. Y de repente yo lo estoy viendo y muere él, muere en una miseria tremenda. Y yo lo veo en el sueño y en el sueño está haciendo una transacción financiera y hace una trampa mi abuelo para abusar de alguien. Y este alguien se da cuenta y me lo maldice en una forma tremenda. Y al maldecirlo, lo maldice a él y a sus generaciones. Nadie pide perdón por esto. Mi abuelo muere, mi madre no tiene ni idea de esto, yo nazco, yo no tengo ni idea de esto. Pero como la iniquidad, la maldición se va transmitiendo del abuelo a la madre, de la madre a mí, y yo soy la que estoy pagando las consecuencias.
Pero cuando yo recibo esta revelación, entonces digo: "Señor, yo te pido perdón por el pecado que hizo mi abuelo, por esta iniquidad que fue transferida. Te pido perdón por ese abuso y te pido, Señor, Señor, que ahora sean borradas, que sea purgada esa iniquidad de mi abuelo, sea de mi madre y sea a mí." Cuando yo hice esta oración, mi vida cambió radicalmente. Y el diseño de bendición que estaba sobre mi vida empezó a venir. Y Dios, para Su gloria y para Su honra, nos ha prosperado y nos ha dado todas las cosas, amén, conforme Él dice en Su palabra.
Y adiós, porque la maldición, perdón, la iniquidad también es una de las causas más importantes de maldecir la tierra. Dice la palabra en el Salmo 58:2: "Antes con el corazón obras iniquidades, y hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra." Así que la iniquidad no solamente va a impactar lo que me pueda pasar a mí, mis desiertos, mis maldiciones, mi bienestar, sino que también al yo ir cargando esa iniquidad, soy un portador de maldición a mi tierra. Soy un portador de maldición a la tierra en la que me encuentro. Amén.
Y no solamente voy a maldecir la tierra, sino que esto va a producir también que la iniquidad sea una de las causas más importantes de ruina financiera. Hay personas que no pueden salir de ruina financiera, como le hablaba yo hace un momento de mi abuelo y de cómo yo estaba atrapada en algo que no podía salir adelante. Y veamos cómo dice la palabra esto, porque hay muchas personas que aún mientras hoy estén oyendo este programa, este video, van a ser liberadas en sus finanzas, en sus cuerpos, en muchas áreas de sus vidas, para que la plenitud y el destino de Dios penetre hasta lo más profundo de su espíritu y puedan ser transformados.
Fíjese tremendamente cómo la iniquidad es causa de ruina. Dice Ezequiel capítulo 18, versículo 30: "Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos y volveos de todas vuestras iniquidades, y no será la iniquidad causa de y no será la iniquidad causa de ruina." ¡Oh, qué importante es esto! Lamento que tantas personas que han perdido ya el temor de Dios, que están buscando en sus propios caminos, en sus propias formas. Hay un tal amor al dinero hoy en día que las gentes se están desviando del verdadero evangelio. Y Dios quiere que entiendas que todo esto está torcido. Y todo lo que está torcido tiene que ver con iniquidad. Se opone, lo torcido es lo que se opone a la rectitud, a la justicia de Dios. Y todo lo torcido es iniquidad, y traerá por como consecuencia y como fruto la ruina, traerá como consecuencia todo este mal que es el reino de las tinieblas.
Ahora bien, ¿cómo podemos purgar la iniquidad? Dije al principio, es necesario que el pecado sea confesado, sea perdonado por Dios. Pero es necesario que la iniquidad sea purgada, sea desarraigada de nuestras vidas. Tratar con la iniquidad no es algo que se pueda hacer en un llamado al altar, no es algo que se pueda hacer en una oración sencilla a través de la televisión o a través de un video. Es algo que tenemos que preocuparnos. Y yo lo que hice, por la instrucción de Dios, me dijo el Señor: "Compra un cuaderno y empieza a pedirle al Espíritu Santo que te revele todas aquellas cosas que tú has hecho mal, todos los pecados que tú has cometido, tienen como raíz la iniquidad, porque el pecado es tan solo un fruto." Tratar con el pecado es podar el árbol, pero el verdadero árbol, las verdaderas raíces, son la iniquidad. Donde vemos el fruto de cosas que hemos cometido, de pecados que hemos hecho, esto nos anuncia en dónde hay una raíz y ahí es donde está establecida la iniquidad.
El Señor nos habla en Levítico 26:40 de cómo tratar con la iniquidad y dice la palabra: "Y confesaran su iniquidad, y la iniquidad de sus padres; por su prevaricación con que prevaricaron contra mí, y también porque anduvieron conmigo en oposición, y yo también habría andado con ellos en contra, y los habré metido en la tierra de sus enemigos; y entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado; y yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré, y haré memoria de la tierra."
Entonces, tratar con la iniquidad tiene que ser algo de gran escrutinio, tiene que ser algo que nos metamos con el Espíritu Santo y veamos cada cosa. Pero, ¿cómo, hermana, podemos acordarnos de todas las cosas? El Espíritu Santo tiene un récord. Hay un ángel, mi hermano, hay un ángel al lado de cada uno de nosotros que está escribiendo el libro de nuestra vida, y esos libros serán leídos. Amén. Y en esos libros está escrito todo lo que nosotros hemos hecho. Y si le pedimos al Espíritu Santo, podemos empezar a escribir el libro y pedir perdón. Y mientras pedimos perdón, empezamos a decir: "Señor, purga me, purga me de esta iniquidad, desarraiga esta iniquidad que fue hecha por mis padres, que fue hecha por mis abuelos, que fue hecha por mí mismo." Amén. Yo confieso. Y esta es la forma de orar: "Yo confieso la iniquidad de mis padres hasta la tercera y cuarta generación que cometieron este pecado." Y apuntamos el pecado y confesamos ese pecado y confesamos esa iniquidad. Y aunque tengamos que llenar un libro entero, mi hermano, usted va a ver el nivel de libertad cuando todo esto es desarraigado. Amén.
La gloria de Dios vendrá sobre su vida, su espíritu, usted se va a sentir libre, usted se va a sentir liberado, usted se va a sentir en un resplandor tremendo. Sus ojos espirituales van a ser abiertos, sus oídos espirituales van a ser abiertos, y se va a encontrar con toda claridad con el Señor. Amén. Esta es de las cosas más importantes que podemos hacer en nuestra vida para el tiempo. Yo continuamente le estoy pidiendo a Dios. Yo no pienso ya terminé, creo que todavía hay raíces que siempre podemos descubrir. Amén. Y le pido a Dios que me envíe sueños, y cuando me despierto, analizo el sueño y digo: "Mira, esta actitud que yo tenía en el sueño me recuerda a algo que yo hice cuando tenía 10 años, y esto tiene que ver con iniquidad." Que el Señor me está hablando en este momento. Doblo mis rodillas y le pido perdón a Dios.
En este día, yo lo que quiero es tratar con una parte de su iniquidad. Hay cosas que le van a tomar mucho tiempo, que le van a tomar quizás un año de estar apuntando, de estar pidiendo perdón, de estar buscando. Pero yo le garantizo que si quiere usted ver la gloria de Dios, amén, haga como Moisés hizo: "Muéstrame tus caminos, oh Señor, muéstrame tus caminos y tu gloria." "No va conmigo." "Yo no quiero ir a ningún lado." Como Moisés podía decirle a Dios: "Muéstrame tus caminos." Después de haber estado 40 días en la gloria del monte, dijo: "Muéstrame tus caminos." ¿Qué le dice Jehová? Jehová, grande y misericordioso, piadoso, amén, que perdona los pecados, las iniquidades y las rebeliones. Amén.
Y tratar con esto va a ser la libertad más grande que te pondrá en el vórtice de entrar en los niveles de la gloria de Dios más grande. En este día, lo que quiero hacer es orar por ti, es orar por las cosas que sí podemos hacer como ministros de Dios, aún a través de un video, y pedirle perdón a Dios, amén, por esa iniquidad. En este momento, en una forma general, para empezar de alguna manera. Y vamos a ordenar a esos líquidos que están acumulados en tu cuerpo, a esos aceites que están metidos en tus huesos que los están torciendo, que los están secando, a esos huevos de áspid y esas telas de araña que están formados en tu sistema inmunológico, que sean purgados de tu cuerpo. Solo podemos hacer ahora.
Así que, si quieres, inclina tu rostro conmigo y vamos, vamos a orar a Dios en este día. Señor, yo te pido perdón porque ciertamente yo y mi familia, hasta la tercera y cuarta generación y aún más, hemos pecado contra ti. Estamos llenos de iniquidad, estamos llenos de rebelión. Pero tenemos un recurso que eres tú, Señor Jesucristo. Eres tú quien pagaste por nuestros pecados, quien llevaste nuestras iniquidades, quien fuiste molido por nuestras rebeliones. Y venimos a ti confesando, Señor, en este momento, como una puerta en forma general, que hemos pecado, que tenemos iniquidad y que queremos el purgado. Señor, límpianos, límpianos de todo pecado, purga de nosotros, Señor, todos esos, toda esa iniquidad que está en nosotros, sácala.
Y Padre, en el nombre poderoso de Jesús, yo te pido que en este momento esa iniquidad que está metida en los huesos, y ordeno la salida de esa iniquidad, y ordeno que así como ha sido, que ha sido perdonada la iniquidad, ahora encuentre su salida. Sale de los huesos, ese aceite, sale de los órganos, ese aceite. No a todo tumor producido por iniquidad, que se seque en toda persona que está viendo este video. Ordeno a esas redes de araña, esas telas de araña que están cubriendo los cuerpos, que sean rasgadas ahora mismo en el nombre poderoso de Jesús. Y Padre, te pido que una limpieza, que la lluvia del Espíritu, el agua del Espíritu empiece a fluir a través de ellos. Ordeno en el nombre poderoso de Jesús que sus ojos espirituales sean abiertos, que sus oídos espirituales sean abiertos en el nombre poderoso de Jesús. Y que cada uno de ellos, Señor, cada uno de estos tus hijos que hoy está escuchando este video, se vuelva a ti y pueda entrar a los caminos de la gloria que tú tienes preparados para ellos.
Que Dios les bendiga, mis hermanos. Y yo les bendigo con todo mi corazón. Y empiece a hacer este recuento y usted se acordará de este video, de lo que el Espíritu puede hacer en aquellos que fielmente siguen este [Música].