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Buenas tardes. Bueno, es un placer saludarles, darles la bienvenida a la cita de hoy, eh, una cita con la neurociencia en el museo y, por lo tanto, una cita que vuelve sobre esa voz de la ciencia, eh, a la que prestamos escucha desde la historia del arte, desde el patrimonio cultural. Y esta vez, de la mano de la neurociencia, es decir, de la ciencia que se ocupa del cerebro, probablemente pues el organismo más blando, más maleable, más dúctil, ¿no?, del cuerpo humano y absolutamente determinante en nuestro comportamiento, en nuestro conocimiento, en nuestras relaciones sociales y, por supuesto, en nuestra creatividad.
Eh, la neurociencia, como bien saben ustedes, ha experimentado unos avances espectaculares en las últimas décadas, se ha convertido en una parte muy eh sustancial, muy central, ¿no?, del conocimiento científico. Y bien, tenemos la oportunidad de aproximarnos a esto en un ciclo que comienza hoy, eh, dirigido por Nazaret Castellanos, eh, y que nos ocupará a lo largo de cuatro sesiones, eh, con esta incluida. Y confío en que, eh, las resto de las intervenciones también despierten su inestimable atención.
Eh, Nazaret Castellanos, conocida de todos ustedes, eh, se ha ocupado abundantemente de los estudios neurocientíficos ya desde su doctorado y es un referente fundamental en la divulgación de la neurociencia. Ha aportado libros, eh, importantes donde, digamos, la configuración del cerebro desde el cuerpo es el asunto fundamental. Decía, eh, Gut, que el ser humano no se da cuenta de lo antropológico que es, y a esto se refería. Eso, pues nuestra forma de conocimiento, nuestra forma de crear es específicamente humana y está hecha para la intercomunicación humana. Bueno, y este combinado, cómo los sentidos controlados desde el cerebro determinan los códigos de conducta de nuestra creatividad, de nuestra comunicación artística y cultural, es tema, por supuesto, de la neurociencia.
Bueno, me queda solo agradecer y, eh, con toda franqueza, a Nazaret Castellanos, el que se ha prestado a dirigir este ciclo, eh, que sé que le hemos robado mucho tiempo, eh, y confío en que sea algo que también le proporcione a ella alegría, como nos la proporciona a nosotros recibirla y escucharla, como vamos a hacer esta tarde.
En primer lugar, muchísimas gracias al Museo del Prado, en particular a Javier. Cuando me llamó el verano pasado proponiéndome dirigir un ciclo de conferencias en el Prado, pues eh he de decir que, bueno, la palabra que primero surgió fue la de qué honor, ¿no? Y qué responsabilidad. Muchísimas, muchísimas gracias, eh, al Museo del Prado, a la Fundación de Amigos del Prado. Eh, gracias a todos ustedes.
Voy a comenzar con un concepto que necesito traer hoy aquí, que es un concepto barroco que se llama el introito. El introito es cuando alguien hace una introducción a lo que va a hacer, pero con la esperanza de pedir al público que sea compasivo. Y en este caso, eh, bueno, pues espero que mi garganta me deje hacer bien la conferencia. He tenido problemas estos días, así que vamos a confiar que todo vaya bien y, si acaso, pues voy a beber mucha agua o pediré algunos espacios para descansar la voz. Entonces, es ese introito donde se presupone esa compasión del público.
Bueno, como nos decía Javier, pues eh cuando él me llama y dice, "Bueno, ¿qué quieres dirigir un ciclo de conferencias?", y entonces inmediatamente me puse a pensar un montón de cosas que podían ser maravillosas, ¿no? Porque en ese puente entre las ciencias y las humanidades, me parece que es un puente que, por una parte, es maravilloso que exista y, por otra parte, es una pena que exista porque eso significa que están diferenciadas. Pocas cosas se me ocurren más humanistas que la biología, ¿no? Si eso no es propio del ser humano, pues no sé qué lo podría ser, ¿no? Pero me gusta mucho que, pues un museo como es el Museo del Prado, eh, pues tenga a bien invitar a científicos para que vengamos aquí a exponer lo que estamos, eh, investigando, ¿no?, en el laboratorio. Entonces, ahí pues trabajamos en esos puentes y entonces diseñamos con Javier, y Javier y yo fue un mano a mano donde él iba pues valorando lo que yo proponía, un ciclo que se llamaba "Retrato de un cerebro", ¿no? Vamos a ver cómo podríamos a través de nuestras palabras retratar al cerebro, ¿no?, de los artistas, de las neuronas a la creatividad.
Comienzo hoy yo. Luego os voy a contar un poco de qué voy a hablar, lo voy a ir introduciendo, pero os quiero contar las siguientes conferencias que vamos a tener porque realmente os invito a ellas por el interés. Comenzamos un poco haciendo un recorrido por lo humano, desde los orígenes hasta el final. Entonces, queríamos entender un poco qué pasa en el cerebro de la creadora, cuáles son los cambios que suceden en el cerebro de una mujer que está embarazada, el cerebro de María, queríamos llamarlo. ¿Qué pasa cuando una mujer está embarazada? ¿Qué pasa durante el proceso de la maternidad? Creo que es muy importante conocer esos cambios que se producen para entendernos mejor, para ayudar a que la mujer esté cada vez más presente en todos los campos, incluido el científico. Es interesante. Creo que, bueno, apoyo tremendamente a Susana Carmona, la presentaré en su momento, porque ha abierto una línea, un campo de investigación que, sorprendentemente, estamos en el año 2025, no existía hasta hace dos años. No era de interés para el mundo científico comprender qué pasa en el cerebro durante el embarazo. Entonces, es muy importante su trabajo.
El miércoles 30 de abril estaré aquí con el que ha sido mi jefe durante muchos años, Fernando Maestum. Yo, cuando acabo la tesis en el Hospital de la Paz, me uno a su grupo de investigación a estudiar envejecimiento patológico y envejecimiento sano. Estaba en el proyecto Alzheimer y estudiábamos la influencia del estilo de vida, qué factores pueden hacer que, en el caso de que haya una demencia tipo Alzheimer, podamos ralentizar de alguna forma la evolución, cómo influye. Entonces, Fernando nos va a hablar un poco sobre ese envejecimiento patológico, envejecimiento sano, más el sano que el patológico. Vamos a centrarnos y luego vamos a hacer un poco un diálogo entre ambos sobre cómo está en este momento la investigación y qué papel tiene la medicina preventiva, qué papel tienen los hábitos de nuestro estilo de vida en la evolución que toma nuestro cerebro. Y es importante, ¿no? Y venía hablando con mi tío en el coche, "Tienes que venir a la charla de envejecimiento". "A mí déjame, a mí déjame". Envejecimiento. El envejecimiento empieza en el cerebro a los 39 años. Así que yo creo que es de interés aquí para todos los que estamos, ¿verdad? Porque vamos envejeciendo, no hay un momento en el que envejecemos. Entonces, la medicina preventiva, la medicina del estilo de vida, trabaja antes. Por eso es importante que la conozcamos, ¿no?, desde siempre la vayamos incorporando. Entonces, hablaremos mucho de ello. Y es una persona además encantadora, ya lo veréis.
Y acabamos el ciclo de conferencias con uno de los mejores neurocientíficos a nivel mundial, es Javier de Felipe. Es una persona muy prestigiosa. Él mismo se considera a sí mismo discípulo de Cajal, y yo creo que lo es, porque hereda su legado, es el gran defensor de su obra científica y su obra artística. Ramón y Cajal sabéis que pintaba y eso representó un antes y un después en la historia de la medicina y en concreto de la neurociencia. Él ha escrito un libro muy bonito, eh, con todas las láminas de Cajal y cómo inspiró a otros artistas, que es "El jardín de la neurología". Entonces, nos va a hacer, yo creo, un recorrido, vamos a convertirnos en senderistas por el bosque neuronal. Entonces, os invito también a que vengáis el miércoles 7 de mayo también aquí. Así que, bueno, creo que va a ser un ciclo de conferencias que, al menos a mí, me parece fascinante y vamos a aprender muchísimo.
Pero mi conferencia de hoy, mi contribución era, hay una cosa que a mí me fascina, bueno, me gusta mucho, por supuesto, entender los mecanismos tanto cerebrales como biológicos en general, viscerales en diferentes contextos, ¿no? Yo puedo estar leyendo una novela y estoy leyendo sobre una situación y a la vez me estoy imaginando, "Ah, bueno, entonces en este momento este personaje tendría activado esto, esto y esto y le pasaría esto, esto y otro en el cerebro". Este tiene una variabilidad de la frecuencia cardíaca tremenda. Entonces, a mí todo eso me encanta, ¿no? Porque ver un poco las obras de los demás, su conducta y poder meterse en su cuerpo, ¿no? Y ver qué está haciendo su cuerpo en ese momento, pues es algo que, como digo, me parece fantástico.
Entonces, estas últimas semanas he estado como un poco imaginando o suponiendo más bien cómo podría ser el cerebro de Velázquez. Si, ojalá, ¿no?, que nos pudiéramos trasladar, ¿no?, a 1600 y pico, meterle si hubiera una máquina de neuroimagen y ver cómo era su cerebro. Y eso es lo que os propongo que vayamos haciendo juntos. Hay algo que sé que me llamaba mucho la atención cuando iba estudiando cómo cuando dije, "Bueno, a ver, ¿cómo sería el cerebro de Velázquez?", entonces me parecía que en la pregunta ya había algo que era erróneo, ¿no? Era más bien, ¿cómo ha ido siendo el cerebro de Velázquez? Velázquez no ha sido siempre Velázquez y Velázquez no ha sido siempre el mismo. Y entonces quise orientarlo en ese proceso de cuál ha sido el aprendizaje de Velázquez, cómo ha ido cambiando Velázquez desde que a los 10 años su familia descubre ese gran talento que tiene para la pintura y comienza con esas cartas de aprendizaje que le hizo su padre de un taller a otro. ¿Cómo comienza Velázquez? ¿Cómo se convierte en Velázquez, ¿no? ¿Cómo se llega a ser Velázquez? Me gustaba mucho ir observando, que claro, he cogido el catálogo del Prado, ¿no?, ir observando las diferentes etapas, ¿no?, desde sus primeros cuadros que se han catalogado hasta ya su obra más madura, mucho más compleja, ¿no? Y ver cómo imaginarme, ¿no?, cómo ha ido aprendiendo.
Pero una de las primeras preguntas, ¿no?, cuando yo leía sobre su vida y veía como decían, "Bueno, es que ya desde pequeño pues tenía un gran talento, ¿no?", y entonces una de las primeras preguntas que yo me hacía era, bueno, ¿Velázquez o cualquier artista nace o se hace? ¿Qué papel tienen la contribución genética en un artista, en una persona que de repente despliega un talento que es sobresaliente? Entonces, buscando la literatura sobre la biología de los artistas, hay varias revisiones que nos indican que sí que hay una componente genética en las personas que expresan un talento artístico, ¿no? Pues son genes sobre todo muy relacionados a dopamina, vías serotenérgicas y otros factores. O sea, que sí que es verdad que hay esa componente, ¿no? Que a lo mejor pues en este caso no he sabido ver. Me lo podrían a lo mejor decir algún historiador del arte, ¿no?, si en él, en su familia ya había pintores o no, pero sí que parecía que tuviese esa componente.
Pero algo que me pareció más interesante fueron los estudios que nos hablan de la contribución epigenética del artista. La genética, como sabemos, es ese código genético que nos define un poco cuáles son esos programas que a priori podrían predisponernos a una cosa u otra, ¿no? Esos son una predisposición, sin embargo, desde ahí se pueden expresar o no expresar. Lo que se ha visto y un campo al que nosotros estamos dedicando bastante atención últimamente es el de la epigenética. Epigenética significa encima de la genética. ¿Puede nuestro estilo de vida, pueden nuestros hábitos, puede nuestra experiencia transformar la genética? Y entonces esto es lo que se llama la epigenética. Epigenética sería algo así como que nosotros estamos descritos como en una especie de libro y la epigenética sería que pone y quita comas que pueden cambiar el sentido de la frase. Esas comas y puntos que de repente aparecen y que no estaban en el código genético nuestro y que hemos introducido por nuestro estilo de vida, puede hacer que el libro exprese una información que es diferente. Y esa es la parte que nos interesa, al menos en mi laboratorio, porque es un poco la que habla de ese estilo de vida, de la responsabilidad, de la voluntad, del esfuerzo.
Entonces, he encontrado también revisiones científicas muy interesantes sobre esa contribución epigenética del artista. El artista también se hace, el artista también se alimenta. Entonces, a partir de ahí, dado que sabemos los beneficios que tiene el expresar el arte o desarrollarlo, la contribución epigenética del arte, pues ha hecho que la arteterapia tenga cada vez más peso. Podemos utilizar la terapia en alteraciones, alteraciones de salud mental, en prevención, ¿no? Porque es algo que podemos construir, ¿no?, podemos alimentar. A mí me gusta más hablar de alimentar cuando hablamos de epigenética que de construir, porque construir sigue siendo muy determinista, igual que lo era la genética, de cuyo determinismo yo intento huir, ¿no? Entonces, esa epigenética de vamos a crear unas condiciones que favorecen, que no tiene por qué darse, que de ahí pues podamos desarrollar un artista.
Entonces, en Velázquez, pues yo suponía un poco, no sé si hay esa contribución genética o no, pero sí que suponía una contribución epigenética, ¿no?, por el ambiente a lo mejor intelectualmente enriquecido que le podía rodear y porque luego desde joven pues se instruyó en diferentes academias. Y ahí es donde empiezo mi recorrido por lo que sería esa evolución de Velázquez, ¿no? La influencia de los maestros. Esto es algo que he visto en él, que me ha gustado estudiar, me ha gustado leer en algunos artículos la relación que tuvo con su primer maestro, que era Francisco Herrera el Viejo, que era una persona que, bueno, pues supone que era un, ¿no?, los historiadores lo catalogan como un pintor muy prestigioso, ¿no?, de aquella época de Andalucía en el siglo XV, pero también se sabe que era una persona muy soberbia, que era muy arrogante, que decía, "No, hay una historia que quería que los alumnos fuesen como copias de él porque él era la excelencia", ¿no? Y eso deja poco lugar a la creatividad en el otro. Total que, según estos historiadores, pues Velázquez lo detestaba a este hombre. Entonces se cambió a otro taller, a otro maestro que es Francisco Pacheco.
Francisco Pacheco sí que llega a ser una persona muy importante en su vida porque, bueno, no solo le instruye como pintor, aunque, pues como pintor él no por a lo mejor no tenía el prestigio ni el talento que tenía el anterior, ¿no?, pero desarrolla con él una relación muy íntima. Es así, ¿no?, que llegan a ser amigos y se casa con su hija Juana Pacheco, era la mujer de Velázquez. Entonces, en esta relación que hay entre un estudiante, una persona que está comenzando, ¿vale?, que Velázquez tuviese un talento, pero era alguien que estaba comenzando, que estaba empezando a pulir ese talento que él tenía, la relación entre el profesor y el alumno es muy importante para el aprendizaje. Cuando un alumno está recibiendo, está escuchando al maestro, al profesor, al instructor, se sincroniza el cerebro, ¿no? Cuando le presta atención, como veis ahí, pues esas líneas amarillas, eso es lo que se hace, eso es un hiperescan, se miden dos cerebros simultáneamente y lo que se hace es ver la transferencia de información, en este caso electromagnética, entre un cerebro y otro. Tiene que ver algo, está cambiando algo en el cerebro del alumno, lo que esté haciendo el cerebro del profesor. Hay una relación estadística significativa entre ambos cerebros. Entonces, llama una sincronización entre cerebros, ¿no?
Entonces, esa comunicación entre ellos no es solo porque el maestro le diga, pues haz así, haz asá, coge el... Imagino que hay mucha técnica, eh, tremendamente, pero no solo, no solo está ahí la comunicación, hay una comunicación entre los cerebros, hay una comunicación entre los corazones, de tal punto que, fijaros, lo que muestran estos estudios, que yo me podía imaginar perfectamente, ¿no?, un día allí a Velázquez hablando con Francisco Pacheco, ¿no?, donde está aprendiendo mucha técnica, pero a la vez se está transformando el cuerpo de Velázquez al escuchar con respeto y con admiración a su maestro, que no tenía con el anterior. Entonces, fijaros esta curva, este artículo que se publica en el año 2013, ¿no?, nos muestran las curvas de aprendizaje de un alumno. Si el cerebro del alumno se sincroniza con el del maestro, se produce un aprendizaje mayor. Si no hay esa sincronización, el alumno aprende menos.
Entonces, la gran pregunta que se hace siempre es, ¿y de qué depende esa sincronización? Porque yo no puedo hacer nada para que mi cerebro se sincronice con el del otro, ¿no? Pues sobre todo, sobre todo lo que veía este artículo es que esa sincronización se favorece, fijaros, cuando hay una mayor actividad frontal del profesor, es decir, cuando hay una mayor presencia y atención. Yo me podría imaginar a Francisco Pacheco, ¿no? Aquí ya lo recreamos, ¿no?, alguien hablándole a Velázquez, al que yo creo que admiraba y quería mucho, ¿no? Tal es así que, fíjate, se casa con su hija, ¿no? Debía haber esa relación. El momento en que Francisco Pacheco le está instruyendo sobre, "Vamos a hacer esto, esto se hace así, esto se hace allá", lo hacía desde otro lugar, no con otra presencia. Podríamos decir que la corteza prefrontal de Pacheco estaba mucho más reforzada, mucho más activa, lo cual produce que las áreas más parietales, temporales y frontales de Velázquez aumenten y con ello su capacidad para aprender.
Pero fijaros que eso es un aprendizaje que es mutuo, ¿no? Por eso siempre hay algo, ¿no?, que se ha dicho en muchas tradiciones, ¿no?, "El mejor maestro es el alumno", ¿no?, que se decía, porque fijaros, hay una relación causal, es decir, de causalidad, de relación entre el alumno, el instructor al alumno, ¿vale? El cerebro del instructor influye en el del alumno, pero fijaros, el alumno también sobre el instructor, ¿vale? Se produce al final. Primero hay una relación donde el driver, el que dirige, es el instructor, pero después vuelve y se produce una relación entre ambos, ¿no? Entonces, es al final un emisor-receptor par donde se produce un equilibrio y esas relaciones con el instructor son tremendamente importantes.
Fijaros, esta mañana en el laboratorio hemos tenido una reunión sobre inteligencia artificial y docencia, ¿no? Entonces, ¿puede ChatGPT generarte una persona allí maravillosa que te dé una clase fantástica? Y una de las preguntas que nos hacíamos era, "¿Y qué pasa con la sincronización entre corazones y cerebros?". Será interesante, ¿no?, al menos estudiar ese, me que no lo sé, ahí queda, ¿no?, como esa pregunta. Pero nos vamos otra vez a la época de Velázquez y teníamos esa relación entre ambos cuerpos, que eso también esculpió al cerebro de Velázquez, ¿no?, esa relación. Entonces, eso iba favoreciendo su talento, su creatividad.
Entonces, dentro de todos los procesos que más se han ido afinando durante ese proceso de llegar a convertirse en un Velázquez, una de las capacidades cognitivas y corporales más importantes que desarrolla un pintor a lo largo de toda su trayectoria y especialmente los primeros años es la coordinación ojo-mano, que suena así como muy raro, pero es una cosa que es fascinante porque no solo está en los pintores, lo tenemos en todos. Cojo la botella. Fijaos, es este movimiento. Esto me acuerdo que me lo contaron allí en la PE, un profesor que yo tenía que yo lo adoraba, que decía, "Mira, tú estás así ahora mismo. Yo estoy dando la clase y cojo un vaso de agua y como si nada y sigues hablando del cerebro y tal". Entonces, mirado el vaso y entonces el ojo le ha mandado al cerebro la información. Está aquí. Exactamente aquí. Pesa esto. Yo sé lo que pesa un vaso. Sé que es de cristal y no es de plástico. Por tanto, ya preparo la fuerza con la que voy a coger el vaso. Voy justo al vaso. No, no hago así, ¿verdad? Y esa coordinación, esto es un proceso y me lo llevo a la boca, me lo llevo a la oreja mientras sigo hablando. Esto es una coordinación tremenda. Ya aprovecho, ¿vale? Aprovecho mi coordinación ojo, ojo, mano, garganta, ¿vale? Entonces, todo esto repercute mucho en muchas, muchas cosas de la vida.
Y fijaros qué importante que esta coordinación entre el ojo y la mano, esta capacidad visomotriz que por tanto es entrenable con los niños, por ejemplo, se trabaja mucho, pues hubo un estudio que me gustó mucho en el año 2006 donde se estudiaba esa coordinación ojo-mano en pintores para ver los mecanismos cerebrales que mejoraban la coordinación ojo-mano. ¿Y sabéis cuál era el objetivo del proyecto? Entender el mecanismo neuronal de la coordinación ojo-mano para ayudar a los neurocirujanos. Qué bonito. Entonces cogieron un grupo de personas a las que les enseñaban a dibujar, ¿no? Entonces favorecían esa coordinación. Pues a ver, yo tengo que pintar a esa chica, la estoy mirando como él y estoy pintando y se supone tienes que hacer algo realista. Claro, no es aquí algo picasiano. Estoy mirando, miro el ojo, así es la nariz hasta que me sale un retrato. Entonces esa coordinación entre yo veo que tiene la nariz así y lo pinto, yo veo que tiene así, fíjate qué coordinación, es una cosa tremenda, ¿no? Pues eso, el objetivo era poder ver cómo eso ayudaba luego al cirujano a hacerlo. Esa, un proyecto muy bonito.
Entonces cogí a unos pintores, les pusieron unos electrodos muy básicos porque se centraban en la parte frontal y un seguidor del ojo. Entonces miraban el ojo dónde miraba, pla, pla. ¿Por qué? Porque los pintores trabajan sobre todo mucho esa fijación de la mirada. Cuando miran algo, fijan la mirada. Al fijar la mirada favorecemos la actividad del hipocampo. Por ejemplo, nos distraemos mucho y se nos olvidan las cosas porque cuando nos la están diciendo estamos constantemente mirando de un lado para otro. Sí, como dicen, ¿no? Hay un neuropsicólogo que a mí me encanta, dice, "Escúchame con los ojos". Cuando alguien estás escuchando algo, fijas la mirada, tienes más capacidad de recordar lo que te está diciendo. Pero si te está diciendo y los ojos están de aquí para allá, entonces cuando ellos fijan la mirada, un pintor fija la mirada porque tiene que mirar ojo y fija la mirada, el hipocampo está reteniendo esa parte de la imagen que luego va a intentar plasmar con la mano. La fijación de la mirada, el ojo, luego iremos al ojo de Velázquez, todo para llegar a ser un proceso de aprendizaje, ¿no?
Pues no sé si hay los primeros bocetos o cuando un artista de esta categoría hace un cuadro, lo primero que hace o sus primeras obras, claro, no tendrían esa precisión. Es todo un proceso que se va aprendiendo, se va llegando a afinar hasta un extremo. Entonces, en ese proceso de aprendizaje, en este caso de ese control oculomotor, ojo-mano, hay una gran reorganización del cerebro. Es decir, nuestras neuronas, esto nos lo enseñará muy bien Javier de Felipe, que es un flipado de las imágenes de las neuronas, con unas simulaciones que hace maravillosas. La neurona tiene un cuerpo y luego tiene unas ramas y unas raíces con las que se conecta a las demás neuronas. El propio Ramón y Cajal nos decía que no es la neurona en sí lo importante, sino la comunicación entre ellas. Entonces, cuando estamos aprendiendo, por ejemplo, si algo de lo que yo estoy diciendo aquí está resultando en un aprendizaje para alguno de vosotros, estáis aprendiendo cosas nuevas, se están formando nuevos circuitos en vuestro cerebro. Es decir, en este momento se estaría produciendo en vosotros una reorganización, como veis allí, espera que me han puesto esto, como veis aquí, de los de las conexiones entre ellas. Entonces, habrá neuronas que de repente estén generando sinapsis de un sitio a otro, creando nuevos circuitos que están reteniendo esa información.
Pues imaginaros una sesión un día tras otro donde iba Velázquez allí al estudio de Pacheco, un día, bueno, parece, ¿no?, que vivió allí, vivía en el estudio, ¿no? En aquel momento que esto también leí que era una cosa como muy bonita, cuando su padre le autoriza a irse a aprender con Pacheco, él le hospedaba Pacheco a cambio de alojamiento, comida, aprendizaje y él tenía que hacer como algún tipo de intercambio, servicios, ¿no? Entonces, pero día tras día, día tras día, aprendiendo, día tras día, se va favoreciendo esa más conexiones neuronales, se va reorganizando su cerebro, se va formando y más.
Entonces, yo me puedo imaginar, esto evidentemente es de otra situación, pero de repente esto podría ser perfectamente la una neurona de la corteza visual de Velázquez, ¿no? Donde capta algo y con el tiempo poco a poco, poco a poco, por ejemplo, estaba imaginándomelo que fuesen neuronas que se encargan del procesamiento de la luz, la intensidad de la luz, que era muy de Velázquez, ¿no? Entonces, como al principio capta cierta información y como después de toda su trayectoria, luego se va a Madrid, a Italia, va aprendiendo de grandes maestros hasta su madurez, como va afinando y él podría distinguir una cantidad de colores, de luces, de tonalidades que nosotros a lo mejor no vemos, ni siquiera plasmamos la relación entre la forma y el color, ¿no? Entonces, me imaginaba como sus neuronas iban creciendo cada vez más sus árboles dendríticos y sus conexiones para tener más capacidad de discernimiento de un tipo de luz a otro que a lo mejor, bueno, que no, a lo mejor no, que seguramente a mí me pase completamente desapercibida, pero él lo capta.
Entonces, esa microespecialización de las neuronas funcionales hace que poco a poco ese su árbol se vaya haciendo cada vez más grande, más frondoso, ¿no? Se sabe que el cerebro del artista tiene un gran crecimiento sináptico en las áreas visuales, ¿no? Y ven y ven mucho más que lo que podamos ver nosotros, distinguen muchos más tipos de colores, de texturas y de trazos y más finura que lo que podemos hacer nosotros, ¿no? Pero todo eso se va haciendo a lo largo de la vida, ¿no? Me gustaba pensar que eso, como he dicho antes, que Velázquez se hace Velázquez, se va haciendo, ¿no? Se va construyendo en esa coordinación del ojo y de la mano.
Como os decía, el ojo tenía una parte, bueno, sabéis que el ojo pertenece al cerebro, ¿no? Que siempre pues lo sacamos fuera, pero es esa parte visible del cerebro. El ojo en sí tiene un gran procesamiento de la información. El ojo sabéis que está muy conectado al ciclo cardíaco, ¿no? Los ojos tienden a moverse de forma espontánea cuando el corazón acaba de latir, ¿no? Entonces, yo me puedo imaginar a Velázquez mirando un rostro que tendría que retratar. Entonces, en cada latido del corazón el ojo hace así, hace un barrido de la información general. Después del latido cardíaco, tendemos a parpadear para volcar la información hacia dentro. Mirad qué bonito, ¿no? Y tú no te estás dando cuenta. En cada latido del corazón el tacto y la presión de nuestra mano cambia, de tal forma que en cada latido del corazón él presionaría el pincel sobre el lienzo con diferente fuerza. O sea, Velázquez pintaba no solo con su cerebro, sino con su cerebro y principalmente el corazón, ¿no?
Entonces, el ojo de Velázquez se debió entrenar muchísimo para captar en esa fijación de la mirada, para coordinarse con el corazón. Entonces, cuando fijamos más la mirada, cuando parpadeamos menos, hay mayor coordinación entre el corazón y el cerebro. Nos distraemos mucho más cuando parpadeamos. Eso yo creo que todos lo podemos ver cuando estamos muy nerviosos, que estamos todo el rato parpadeando, ¿no? Por ejemplo, cuando una persona está haciendo meditación y cuando nosotros lo medíamos en el laboratorio y teníamos sensores alrededor de los ojos, ¿no?, y aunque estaban los ojos cerrados, notábamos el sensor porque el ojo se estaba moviendo y eso es signo de divagación mental. Por tanto, una de las formas de reducir las distracciones y la divagación mental es intentar sostener la mirada, pero no fijarla, porque el corazón necesita de vez en cuando que el ojo haga "fum" y si yo lo tengo fijado, ¿no?, con gente que se obsesiona, mirar ahí, no, no, no, si lo fijas, no se puede mover espontáneamente por el corazón. Tienes que sostenerlo, tienes que acompañarle a que esté quieto, pero no lo tienes que atar. Nunca hay que atar a los ojos porque si no bloqueas esa conexión con el corazón. Entonces es corazón, amígdala, ojos, ¿vale? Entonces hace ese rastreo para dentro, para dentro, ¿no?, en ese parpadeo.
Pero además, como decía, Velázquez es un gran maestro en la luz, ¿no? Entonces esos fotorreceptores de la retina de Velázquez se debieron microespecializar de una forma pues exuberante, ¿no?, y eso hace que pudiera detectar muchísimas más tonalidades y frecuencias de las que podemos desarrollar nosotros. Entonces, en esa coordinación, en ese trabajo, ¿no?, en el que hacía de intentar pintar, ya sea como un retrato o una imagen, ¿no?, como tenemos al Cristo que él evidentemente no estaba viendo, pero podría tener o un boceto o algún tipo de otra referencia o una propia imagen mental, lo cual es mucho más difícil, ¿no? Es decir, cómo yo llevo desde mi imaginación hasta la pintura aquello que estoy viendo internamente, que eso es un ejercicio que es sobresaliente, ¿no?
Entonces, sobre todo, sobre todo lo que trabajan son tres regiones, ¿no? Por una parte, el poder coordinar con esa gran precisión y decisión, porque es "quiero pintar esto, quiero pintar esto". Coordinarlo con esa decisión es mucha corteza frontal y corteza cingulada. Pues ahora voy a pintar tal, pues aquí le pinto el músculo, no sé qué, pues la luz creo que viene por aquí. Eso es muy pensado, eso es más intencional, eso es un pensamiento más que converge, ¿no?, más dirigido y eso es muy frontal, muy cingulada. Por otra parte, luego vamos a ver esa otra creatividad más expansiva, más divergente, más de la imaginación.
Pero hay otra parte en él que trabajaba mucho y a la que, bueno, pues yo le he dedicado más tiempo en mi recreación del cerebro de Velázquez, porque es un poco a la que yo más me dedico. Cuando nosotros estamos percibiendo cualquier cosa, imaginemos que él está percibiendo alguien para pintarlo, está pintando o pintando algo que ha recreado en su imaginación. Utilizamos mucho una parte del cerebro que es la corteza somatosensorial. La corteza somatosensorial es como si tuviésemos una diadema, está aquí en el cerebro y es donde está representado nuestro cuerpo. Os digo que es una de las partes que yo más estudio porque es la que quizá la zona más extendida que fusiona lo que podríamos decir un debate antiguo, ¿no?, la relación mente-cuerpo, ¿no? Entonces, aquí en la corteza somatosensorial y corteza motora, que están pegadas, está representado nuestro cuerpo.
Entonces, cuando esto se hizo en los años 50, 1950, pues se pensaba que nuestro cuerpo estaba representado un poco así, de arriba abajo, ¿verdad? Primero la cabeza, el cuello, la espalda es muy grande, por tanto tendría mucho sitio ahí, luego las piernitas y tal. Pero, ¿cuál fue la sorpresa cuando vieron que no, que el cuerpo estaba descolocado? Primero estaba la cabeza, luego primero estaban los pies, luego por aquí la espalda, luego la cabeza al final, o sea, un descoloque. Pero la sorpresa fue mayor cuando vieron que el cerebro daba más importancia a unas zonas del cuerpo que a otras. Lo más importante son la cara y las manos, ¿vale? Y esto es el famoso homúnculo de Penfield. Las manos tienen muchas más neuronas que cien veces toda la espalda, ¿vale? Y eso es muy importante. Entonces, cuando nosotros miramos a alguien, la cara, que luego hablaremos de ella, en las manos es tremendamente importante. Pero esto se hizo hasta hace muy poco.
Pero en el año 2022, la corteza somatosensorial se extendió. Entonces se vio que hay tres puntos en la corteza somatosensorial que dan cuenta de cómo está todo el cuerpo, ¿no? Ya aquí el pie, aquí la mano, aquí la espalda, aquí la cabeza, no está eso por partes. Y luego hay tres zonas, fijaros, que es todo mi cuerpo en sí, todo en relación a todo, o sea, toda la postura, no ya mi mano, mi pierna, sino cómo está mi mano en relación a mi pierna, cómo está toda la postura y importantísimo, cómo está mi postura en este momento, en este contexto. Entonces, en este sentido está muy unido a corteza frontal. En este contexto, imaginaros, estoy aquí en el Museo del Prado, yo me tiro por el suelo, mi cerebro dirá, "Pum, aquí hay esto no se hace aquí, esto no es propio de estar aquí". Entonces, nuestra conducta, cómo está nuestro propio cuerpo, depende mucho de ese factor cultural, qué se espera que yo haga aquí, ¿vale? Y lo contrario, que alguien venga en bañador aquí sería algo que llamaría la atención a todos, ¿vale? Eso no se espera aquí, esa postura no se espera.
Pero aparte de ello, fijaros, esas cortezas somatosensoriales que dan cuenta de cómo está todo mi cuerpo y cada una de sus partes, a la vez son cortezas que nosotros utilizamos para percibir lo que está pasando fuera, es decir, la situación de lo que esté pasando. En cualquier momento el cerebro compara lo que está pasando con cómo está mi cuerpo y cómo está mi cuerpo, la postura corporal va a influir en cómo yo percibo lo que esté pasando fuera. De ahí estudios de hace unos años de, pues posturas muy encorvadas, posturas encogidas me hacen sentirme peor. Por ejemplo, ahora se está estudiando mucho una postura que adoptamos constantemente, el mirar el móvil así y con los hombros. Esto, por ejemplo, ahora mismo está activando mi amígdala hacia estados un poco más aversivos. Esto es propio de estar mal y entonces empieza a activarlo, ¿no?
Entonces, me gustaba mucho ver aquí, imaginarme, ¿no?, de cómo era la corteza somatosensorial de Velázquez aquí en esta postura tan digna, ¿no?, que me encantaba, ¿no?, esa los personajes, las posturas que van tomando, ¿no? El de los herreros, la postura también se pinta desde el propio cuerpo. Cuando se pinta es qué postura adopto para pintar, con qué postura quiero representar eso. Entonces, la corteza somatosensorial podríamos decir, y esto evidentemente si en aquel momento se le pregunta a Velázquez, nos hubiera dicho que estábamos locos, ¿no?, él habría desarrollado una mayor relación entre su mente y su cuerpo a lo largo de su vida en la relación, la información que recibe el cerebro de Velázquez de sus órganos y de su postura, habría ido aumentando con los años. Por tanto, se habría ido colapsando más y desapareciendo esa relación mente-cuerpo, ¿no?, hasta el punto que la hace y es más cuerpo, ¿no?, que mente, que diríamos ahora, ¿no? Y Descartes también se enfadaría, ¿no?
No solo él, pero él sobre todo pintaba o me he fijado más en esa parte donde él pintaba retratos, ¿no?, esta capacidad que tiene de expresarnos a través de las caras emociones, sentidos, ¿no? Viendo los retratos en el catálogo del Prado, había algunos que me producían, ¿no?, como cierto rechazo, otros más amables, ¿no? Hay una zona en el cerebro que se dedica exclusivamente o casi exclusivamente al procesamiento de las caras, que es el giro fusiforme. Tenemos una zona en el cerebro que tarda hasta un año en crearse, que es la zona que reconoce la cara. Reconocer caras es esencial, ¿no? Por eso muchas veces vamos viendo caras en una nube, en un árbol, ¿no? Porque reconocer la cara es importantísimo.
Al trabajar sobre las caras se establece también mayor relación entre cómo ve una cara, las formas, los lugares, el color, la forma. O sea, cuando él iba fijándose, ¿no?, con ese detalle para poder pintar en una cara, iba también agudizando su relación entre las formas, las texturas y los colores, ¿no? O sea, que iba también afinando ese talento, pero no solo el que lo pinta, como decía, cuando nosotros lo vemos y estos días pues viendo el catálogo y pues aquí veía, ¿no?, está la venerable Madre Jerónima de la Fuente y decía, "Si yo me la encuentro por la noche me daría un miedo tremendo, ¿no?", porque no es así como muy amable, ¿no?, esta mujer. Bueno, Felipe, no voy a decir nada. El bufón, ¿no? O sea, nos transmiten, queramos o no, emociones. Es imposible no inferir en el estado emocional de alguien al ver su cara. Y esto es lo que es, me parece que es muy interesante, ¿no?, que nos llevemos. No es algo que yo pueda evitar, no es algo que yo diga, "A ver, voy a ver qué me inspira la cara de la venerable Madre", que no la ve, ¿vale? Es decir, cuando vemos la cara de alguien, inmediatamente, de forma no consciente, deducimos su estado anímico y según su estado anímico, atención, tendemos a sincronizarnos con eso, ¿vale? Los mecanismos de empatía son mucho más fuertes cuando nos fijamos en las caras, cuando miramos a los ojos, ¿no?
Esto también es importante, ¿no?, porque es lo que nos transmiten y es lo que transmitimos, ¿no? Pero eso también nos lleva a, pues lo que nos puede traer el arte, la apreciación estética o no es muy subjetiva. Nosotros hicimos un estudio mi laboratorio y yo participé con Camilo José Cela, el hijo, sobre la apreciación estética, ¿no? Una persona ve un cuadro y le puede parecer precioso, maravilloso, me encanta, y otra persona ante ese mismo cuadro, pues a mí me parece horrible, ¿no? Y entonces mirábamos en esa apreciación subjetiva cuáles son las partes del cerebro que lo diferenciaban, ¿no? Había partes culturales, evidentemente, ¿no? Pero había partes, sobre todo muy emocionales. Me gusta o me disgusta si veo que es me evoca una emoción con la que me siento agradable, a gusto o no, pero puede ser que me guste porque me evoca una emoción que en ese momento me esté siendo familiar. O sea, no siempre nos gusta todo aquello que evoca emociones positivas, ¿no? Y esto es muy interesante.
Entonces, la cara en sí, yo creo que es un gran estudio sobre la emoción, sobre la empatía, ¿no? Y yo creo que también en esas redes cerebrales de la empatía, Velázquez debió desarrollar una gran empatía para poder transmitir pues los gestos. Estos son algunos, ¿no?, pero había otros que, de verdad, que eran tremendos, ¿no?, de lo que te imponían, donde podías ver la rigidez de alguien o la ternura. Dices, esto lo ha expresado él con su mano, esto no es una foto. Ha logrado transmitir esa emoción.
Entonces, fijaros, hay veces que una emoción se distingue de otra por cuestión de milímetros en el cambio de las cejas. Son micromovimientos de la cara. Muchas veces no estás así exagerada, estoy así, yo estoy enfadada, ¿no? Lo del boli en la boca es exagerado, pero hay veces que una emoción frente a otra es nada, pero sin embargo nosotros lo vemos y lo distinguimos. Pero de ahí a pintarlo, ¿verdad?
Es es sorprendente, ¿no? El el estudio que debió hacer sobre la anatomía facial. Eso me encanta.
Entonces, el giro fusiforme de Velázquez debía ser una auténtica joya a explorar. Pero eh por último yo me planteaba, bueno, él es eh este gran pintor, retratista, ¿no? Pero sin embargo, ¿qué es la creatividad, no?
Eh, estaba leyendo sobre ello, sobre esa capacidad de generar nuevas formas, pues cuando representamos pues imágenes, pues fijaros la coronación de la Virgen, las islanderas, ¿no? Que vale, pues tiene todo su contexto de la mitología, lo sabe, pero al fin y al cabo es una recreación, ¿no?, que que hace. Y hay dos redes cerebrales eh muy bonitas que trabajan juntas en ese proceso de voy a crear algo nuevo.
Estas redes cerebrales son, por una parte una red ejecutiva central que es un poco la que coordina, la que aterriza ese concepto, la que lo lleva abajo. Pues aquí tienes que pintar esto, pues esto estaba aquí, ¿no? Pues resulta que Minerva iba representada con no sé qué. Pues no es que la Virgen no sé qué, el simbolismo, es decir, es más el que ejecuta, ¿no? El que coordina, esto tiene que estar así, esto está, cuidado que en esta época esto no se puede poner, esto así, esto asá, ¿no? El que el que un poco restringe esa creatividad porque se tiene que adaptar muchas veces a a un a un compromiso o porque tienes que aterrizar unos conceptos.
Pero por otra parte está ese proceso creativo de voy a crear algo nuevo. Y esa es la red neuronal por defecto. Es una red que se llama sueño diurno porque no estás consciente pero no estás eh eh no consciente, no estás dormido, pero no estás despierto. Se mezclan las memorias con las planificaciones. Es una red un poco es como casi si estuviésemos en esa ensoñación y entonces van compitiendo ambas, ¿no? De repente algo creativo que me saca de esa realidad y algo que lo aterriza, ¿no? Como un fa fa. Y esas redes se van simultaneando, ¿no? De cuándo pues cuando estoy en venga, tengo que hacer algo nuevo, ¿no? La novedad, pues ahí se activa más esa red. Venga, tengo que algo rompedor, algo que innov, voy a dar rienda suelta a mi imaginación. Entonces eso es más esa red más divergente, más desordenada. El hipocampo no respeta los órdenes tanto espaciales y temporales, ¿no? Y entonces va cambiando de de capas pa pa pa porque tengo que generar algo nuevo.
Pero por otra parte tengo que hacer algo que sea útil. A lo mejor en ese lo que os decía, esas restricciones, no se puede pintar esto en esta época o es que me han pedido que haga esto o es que eh alguien quiere que aparezca no sé qué o es que la mitología decía que esta estaba representada allí. Entonces eso hace que toda esa red divergente, no, no, no, pero es que tengo que hacer esto. Gua y entonces converge, ¿no? Converge a esas zonas más de, vale, pues ahora a ver cómo lo hago porque me tengo que restringir a esto. Pero luego también están preocupados en que lo que hacen sea algo que tenga una apreciación estética. Al final tiene que gustar, ¿no? Y más cuando pues a lo mejor eran en cargos, ¿no? Y esto tiene que ir al tal palacio tal, pues tiene que gustar. Y entonces son esas tres grandes bloques que van como compitiendo en el cerebro o más bien cooperando, ¿no? Tengo que innovar, pero tengo que adaptarme a esto, pero tengo que tiene que gustar pa pa pa y entonces van sucediéndose las las redes, ¿no? En un momento está más activada esta, ahora paso al otro, está más activada lo otro.
O sea, que fijaros qué proceso, ¿no? Tan tan interesante que es ese proceso creativo para un cerebro, porque algo que es muy sano para el cerebro es ir cambiando de redes, ¿vale? Pasar de una red, o sea, la flexibilidad de las redes cerebrales. Ahora cojo esta red y la activo, pero luego la tengo que desactivar para que se active esta y ahora activo la otra. Pa pa pa. Eso te da pues unas unas reservas cognitivas, ¿no? Que hace el cerebro mucho más flexible.
Ya para acabar me planteaba si qué podíamos aprender nosotros h o qué había aprendido yo de haberme dedicado en un tiempo a a meterme en el cerebro de de Velázquez, ¿no? Y decir, "Bueno, pues me parece interesantísimo, maravilloso, pero qué qué nos puede aportar aquellos que estamos absolutamente lejos de de esos talentos, ¿no?
Entonces, he leído e algunos artículos que me han gustado mucho. Hay uno en concreto de Alexandra Rendón que me gusta mucho, ¿no? Que dice, "El ser humano es un ser eh el ser humano como creador de información a través de la experiencia del conocimiento. Ya definía que el ser humano es intrínsecamente creador. Y creador no es solo pintar un cuadro, nosotros vamos creando información a través de nuestra experiencia y conocimiento. Y entonces esto me recordó de repente a un artículo que se publicó pues en el 2021 bastante reciente, un artículo en Nature muy bonito que decía ¿qué partes del cerebro son las que están involucradas cuando aprendemos de las experiencias?
Entonces cuando estamos aprendiendo de una experiencia, eso también es crear. Cuando en el día a día yo tengo que ver cómo respondo ante una situación o hacia otra, eso también es un proceso creativo. Y resulta que están involucradas las mismas redes en ese proceso creativo de, bueno, pues esta ha sido la experiencia y dado dado que estoy viviendo esta experiencia y yo tengo estos conocimientos, este bagaje, esta biografía, esta esta cultura, ¿cómo qué aprendizaje saco? cómo qué qué conducta voy a crear, ¿no? Y son las mismas, pues esa red de intentar crear algo novedoso que me permita incorporar algo que es nuevo, que a la vez sea resolutivo, porque resulta que tengo que conducirme en esto que está pasando. La apreciación estética influía menos, ¿no? Pero al final la red, que era más la zona del cerebro que que estaba más involucrada en ese aprender, en esa creatividad en nuestro día a día, en esa creatividad diaria, es esa la corteza prefrontal, ¿no? La parte ventromedial como la que va un poco coordinando y fusionando todo.
Y me quedaba pues de todos los, como digo, retratos que he visto con con este de sop que que pintó Velázquez, ¿no? Que bueno, pues evidentemente no vio, pero cómo supo recrear, ¿no? lo que lo que puede ser la creatividad, la creatividad artística, de pintar un cuadro como podía ser Velázquez, de hacer una fábula o de intentar esculpir nuestro propio cerebro de la mejor forma posible si nos lo proponemos, como decía Cajal. Muchas gracias. [Aplausos]