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Una vez que te das cuenta de que "Tú" no existes... todo lo que deseas llega | Jacobo Grinberg

Despertarium27:43

Transcription

Y si te dijera que la razón por la que no tienes lo que deseas no es porque no trabajas lo suficiente, no es porque no tienes suerte y definitivamente no es porque el universo está en tu contra. Y si te dijera que la verdadera razón es mucho más simple y al mismo tiempo mucho más profunda.

Existe algo que está saboteando todos tus esfuerzos, algo que vive dentro de ti y que ni siquiera sabes que está ahí. La paradoja más extraordinaria de la existencia humana es esta. Mientras más luchas por conseguir algo, más se aleja de ti. Mientras más te aferras a tus deseos, más esquivos se vuelven. Es como si hubiera una fuerza invisible trabajando en tu contra, convirtiendo cada paso hacia adelante en dos pasos hacia atrás.

Esta no es una coincidencia ni tampoco es mala suerte. Es el resultado directo de operar desde una identidad que, aunque se siente completamente real, es en realidad una ilusión. Piensa en los momentos en tu vida cuando las cosas simplemente fluyeron. Esos momentos mágicos donde todo se alineó perfectamente, donde las puertas se abrieron sin esfuerzo, donde las personas correctas aparecieron en el momento exacto. ¿Qué tenían en común esos momentos? No estabas luchando, no estabas forzando, no estabas desesperadamente tratando de controlar cada detalle. Había una cualidad de ausencia en ti, una disolución temporal de esa voz constante en tu cabeza que siempre está preocupada planificando, juzgando y resistiendo.

Esto es algo que puedes experimentar directamente en este momento. Ahora mismo, mientras escuchas estas palabras, hay algo en ti que está observando. Hay una presencia consciente que está registrando estos sonidos, procesando estas ideas, sintiendo las sensaciones en tu cuerpo. Pero aquí está lo fascinante. Esa presencia observadora no tiene límites definidos. No puede señalar exactamente dónde está ubicada. No tiene edad, no tiene género, no tiene historia personal. Es simplemente pura conciencia observando el drama de tu vida con todas sus luchas y frustraciones está sucediendo en la superficie de esta conciencia como ondas en un océano. Y así como las ondas pueden afectar la profundidad del océano, los problemas de la superficie no pueden tocar tu verdadera naturaleza, pero has estado tan hipnotizado por las ondas que has olvidado que eres el océano mismo.

El momento en que comienzas a reconocer esta verdad, algo extraordinario sucede. La resistencia que has estado cargando toda tu vida comienza a disolverse. Los deseos que parecían tan lejanos e imposibles empiezan a manifestarse con una facilidad que desafía toda lógica. No es magia, aunque puede parecerlo, es simplemente el resultado natural de dejar de interferir con el flujo natural de la vida.

Desde el momento en que nacemos, comenzamos a construir una imagen de nosotros mismos. Esta construcción no es consciente ni intencional, sino que surge naturalmente a través de nuestras experiencias e interacciones con el mundo. Cada vez que alguien nos dice nuestro nombre, cada vez que nos miramos en el espejo, cada vez que experimentamos una emoción o tenemos un pensamiento, vamos agregando otra pieza a esta imagen mental de quiénes somos. Con el tiempo esta imagen se solidifica hasta convertirse en lo que experimentamos como nuestro yo.

Este yo tiene una historia personal, preferencias específicas, miedos particulares y una larga lista de cosas que le gustan y que no le gustan. tiene opiniones, sobre todo, desde la comida hasta la política y está constantemente evaluando cada experiencia en términos de si es buena o mala para él. Este yo construido, al que podemos llamar ego, se siente completamente real. De hecho, se siente tan real que nunca cuestionamos su existencia. Asumimos automáticamente que somos esta colección de pensamientos, emociones, recuerdos y preferencias. Nos identificamos tan completamente con esta imagen mental que cuando alguien critica algún aspecto de ella, lo tomamos como un ataque personal. Cuando algo amenaza esta imagen, experimentamos miedo. Cuando algo la fortalece, experimentamos placer.

Pero aquí está el problema fundamental. Este yo que se siente tan sólido y real es en realidad una construcción mental no diferente de un personaje en una novela. Es una historia basada en selecciones fragmentarias de nuestro pasado y proyecciones especulativas sobre nuestro futuro. Y como toda historia está sujeta a revisión, edición y más importante aún puede ser vista como lo que realmente es una ficción útil, pero no una realidad absoluta.

El ego opera desde una premisa fundamental de separación. ve el mundo como dividido entre yo y todo lo demás. Desde esta perspectiva, la vida se convierte en una batalla constante entre el yo y un mundo aparentemente hostil o indiferente. El ego debe protegerse, debe conseguir lo que necesita para sobrevivir y prosperar y debe defenderse contra cualquier amenaza a su existencia o bienestar.

Esta sensación de separación crea una necesidad constante de controlar. Si realmente estuvieras separado del resto de la existencia, entonces tendrías sentido que necesitaras luchar y manipular para conseguir lo que quieres. Tendrías que competir con otros por recursos limitados. Tendrías que protegerte constantemente contra fuerzas externas que podrían dañarte. Tendrías que estar siempre vigilante, siempre planificando, siempre preocupándote por el futuro.

Esta mentalidad de separación también genera una sensación crónica de carencia. Cuando te experimentas como una entidad separada e incompleta, siempre hay algo que falta. Siempre hay algo más que necesitas conseguir, alguien más que necesitas impresionar, algún logro más que necesitas alcanzar para finalmente sentirte completo y satisfecho. Es una búsqueda interminable porque está basada en una premisa falsa.

La intensidad con la que el ego se aferra a esta sensación de separación es proporcional al miedo que siente de disolverse. Para el ego, la disolución equivale a la muerte. Aunque en realidad es todo lo contrario, es el nacimiento de tu verdadera naturaleza. Pero el ego no puede conocer esto porque su misma existencia depende de mantener la ilusión de separación.

Lo que hace que esta ilusión sea tan convincente es que está reforzada constantemente por nuestra experiencia sensorial. Vemos un cuerpo que aparentemente nos pertenece. Experimentamos pensamientos que parecen originarse en nuestra mente y sentimos emociones que interpretamos como nuestras. Todo esto crea una sensación muy convincente de ser una entidad separada moviéndose a través de un mundo externo. Pero esta interpretación de la experiencia, aunque comprensible, no es la única posible.

Existe otra manera de experimentar la realidad que trasciende completamente la limitación de la separación. Y es esta perspectiva expandida que todo lo que deseas se vuelve no solo posible, sino inevitable.

Cuando observas el mundo que te rodea, parece evidente que está compuesto de objetos sólidos y separados. Hay sillas, mesas, árboles, edificios y, por supuesto, otras personas. Todo parece tener fronteras claras y definidas. Esta mesa termina aquí, esa pared comienza allá. Tu cuerpo está contenido dentro de estos límites específicos. Esta percepción de solidez y separación se siente tan obvia que raramente la cuestionamos. Sin embargo, esta apariencia de solidez es precisamente eso, una apariencia.

Cuando los científicos comenzaron a examinar la materia más de cerca, descubrieron algo interesante. Lo que parecía sólido, resultó estar compuesto principalmente de espacio vacío. Los átomos que alguna vez se pensó que eran las unidades fundamentales de la materia resultaron ser en su mayoría vacío con partículas diminutas moviéndose a velocidades increíbles a través de este vacío. Pero la historia se vuelve aún más fascinante cuando profundizamos. Esas partículas, que parecían ser los bloques de construcción de la realidad resultaron ser algo completamente inesperado. No son objetos en el sentido tradicional, sino más bien patrones de energía, ondas de probabilidad que solo toman forma definida cuando son observadas. Esto significa que la realidad, tal como la experimentamos, emerge del acto mismo de observarla.

Jacobo Grenberg dedicó décadas de su vida a explorar este misterio de la conciencia. Sus investigaciones revelaron que la conciencia no es simplemente un producto del cerebro, sino que funciona más como un campo unificado que permea toda la existencia. Esto nos lleva a una conclusión revolucionaria. La conciencia no está localizada dentro de tu cabeza observando un mundo externo. En cambio, la conciencia es el campo fundamental en el que todas las experiencias aparecen. Tu cuerpo, tus pensamientos, el mundo que percibes, todo está surgiendo dentro de esta conciencia, no fuera de ella.

Imagina que eres como una ola en el océano desde la perspectiva de la ola. Parece que existe como una entidad separada con su propia forma, velocidad y dirección. Puede incluso encontrarse con otras olas y experimentar interacciones complejas, pero desde una perspectiva más amplia no hay olas separadas en absoluto. Solo hay océano expresándose temporalmente en diferentes formas y patrones. De la misma manera, lo que experimentas como tú es realmente la conciencia universal expresándose temporalmente en esta forma particular. No eres una entidad separada teniendo experiencias dentro de la conciencia. Eres la conciencia misma, apareciendo como esta experiencia específica de ser humano.

Esto lo cambia todo. Cuando reconoces que no estás separado de la fuente fundamental de toda existencia, la idea misma de carencia se vuelve absurda. ¿Cómo puede el océano carecer de agua? ¿Cómo puede la fuente de toda manifestación carecer de algo que desea manifestar? Desde esta perspectiva expandida, el proceso que llamamos manifestación no es algo que tienes que hacer, es algo que está sucediendo constantemente a través de ti. Cada pensamiento, cada emoción, cada experiencia es la conciencia manifestándose de esa forma. El problema surge solo cuando el ego separado trata de dirigir este proceso desde su perspectiva limitada, como si una ola tratara de controlar todo el océano.

Cuando interiorizas esto, algo mágico comienza a suceder. Las fronteras que parecían tan reales comienzan a disolverse. La diferencia entre el observador y lo observado se desvanece. Ya no eres alguien que está teniendo una experiencia de la vida, eres la vida misma. experimentándose a través de esta forma particular de conciencia que temporalmente se llama por tu nombre.

Quiero que cierres los ojos y trates de interiorizar esta idea. No eres alguien separado del mundo. No estás separado de mí. No eres distinto. No eres mejor ni peor. No hay separación. Lo que es posible para uno es posible para otro. Porque en verdad no existen uno y otro. Solo hay una fuerza y todos somos parte de ella. No eres lo que te han hecho creer que eres. Eres lo que decidas ser. Así de grande es tu poder. Si entiendes esto, tómate unos segundos para pensar en eso que quieres ser. Respira profundamente mientras visualizas eso que quieres experimentar y escribe en los comentarios, "Yo soy." Seguido de eso que pusiste en tu mente. Yo soy éxito. Yo soy paz. Yo soy amor. No me digas quién eres, porque ese sería tu ego hablando. Mejor dime qué eres.

Existe una distinción fundamental que cambia completamente la manera en que experimentas la realidad y es la diferencia entre vivir en el mundo de los efectos versus vivir en el mundo de las causas. La mayoría pasa toda su vida navegando exclusivamente en el reino de los efectos, sin darse cuenta de que existe un nivel completamente diferente de realidad donde se originan todas las experiencias.

El mundo de los efectos es lo que puedes ver, tocar, oír y experimentar con tus sentidos físicos. Es tu cuenta bancaria, tu estado de salud, tus relaciones, tu trabajo, tu casa y todas las circunstancias externas de tu vida. Estos efectos se sienten increíblemente reales e importantes porque ejercen una influencia directa sobre tu bienestar y felicidad. Cuando estos efectos son positivos, te sientes bien. Cuando son negativos, sufres.

La perspectiva humana ordinaria está completamente absorbida en este nivel de los efectos. Cuando algo va mal en tu vida, tu instinto natural es intentar cambiar esa circunstancia directamente. Si tienes problemas de dinero, buscas maneras de ganar más dinero. Si tienes problemas de relación, intentas cambiar el comportamiento de la otra persona o buscas una nueva relación. Todas estas son estrategias válidas y a menudo necesarias, pero operan exclusivamente en el nivel de los efectos. El problema con esta aproximación es que es como intentar cambiar tu reflejo en el espejo haciendo muecas al espejo mismo. El espejo simplemente está mostrando lo que está parado frente a él. Si quieres cambiar la imagen en el espejo, tienes que cambiar lo que está creando esa imagen. Los efectos en tu vida son como reflejos en el espejo de la conciencia y la fuente de estos reflejos se encuentra en un nivel mucho más profundo y sutil.

El mundo de las causas es el reino invisible donde se origina toda manifestación. Es el nivel de la conciencia, de las creencias fundamentales, de las emociones profundas, de los patrones mentales inconscientes y de la perspectiva desde la cual percibes e interpretas la realidad. Este es el nivel donde se plantan las semillas de todo lo que eventualmente se manifiesta como experiencia física.

Cuando operas desde una perspectiva elevada, tu atención se desplaza del efecto hacia la causa. En lugar de preguntarte cómo puedo cambiar esta circunstancia, comienzas a preguntarte, ¿qué en mi conciencia está creando esta experiencia? Este cambio de enfoque puede parecer sutil, pero sus implicaciones son profundas. La perspectiva elevada reconoce que toda experiencia externa es un reflejo perfecto de un estado interno de conciencia. Esto no significa que eres responsable de todo lo que te sucede en un sentido personal y culpable, sino que existe una correspondencia exacta entre tu estado de ser interior y tu experiencia exterior. Esta correspondencia opera según leyes naturales tan precisas como la gravedad, pero funcionan en el nivel de la conciencia en lugar del nivel físico.

Cuando comienzas a trabajar conscientemente con las causas, en lugar de solo con los efectos, algo extraordinario sucede. Los cambios que implementas en el nivel causal se propagan automáticamente hacia el nivel de los efectos, pero de maneras que a menudo superan completamente tus expectativas y planes conscientes. Es como si estuvieras trabajando con la inteligencia del universo en lugar de contra ella.

La transformación que ocurre cuando adoptas esta perspectiva elevada no requiere que entiendas exactamente cómo funciona el proceso. No necesitas mapear cada conexión entre causa y efecto. Solo necesitas reconocer que este nivel causal existe y comenzar a dirigir tu atención hacia él. Es similar a aprender a usar la electricidad. No necesitas ser un ingeniero eléctrico para encender una luz. Solo necesitas saber dónde está el interruptor.

Este cambio de perspectiva también libera una cantidad enorme de energía que antes estaba atrapada en resistencia inútil. Cuando luchas constantemente contra los efectos, estás esencialmente peleando contra la vida misma. Cuando reconoces que tienes acceso directo al nivel donde se crean los efectos, la lucha se vuelve innecesaria. Ya no estás tratando de empujar el río en una dirección diferente. Estás aprendiendo a fluir con la corriente natural de la manifestación.

Una vez que reconoces tu verdadera naturaleza como conciencia ilimitada, en lugar de un ego separado y limitado, el proceso completo de manifestación se transforma. Ya no eres alguien pequeño tratando de obtener algo de un universo aparentemente indiferente. En cambio, eres la fuente misma de toda manifestación, explorando conscientemente tu capacidad infinita de crear experiencias.

Esta realización elimina inmediatamente la resistencia que había estado saboteando todos tus esfuerzos anteriores. La resistencia surge de la creencia de que estás separado de lo que deseas, de que existe una distancia que debe ser cruzada y obstáculos que deben ser superados. Pero cuando reconoces que no hay separación real entre tú y tus deseos, que ambos son movimientos de la misma conciencia única, la resistencia simplemente se disuelve. El proceso de manifestación se vuelve tan natural como respirar. No tienes que forzar tus pulmones para inhalar aire. Sucede automáticamente porque es la naturaleza de la vida expresarse a través de la respiración. De la misma manera, no tienes que forzar la manifestación de tus deseos. Sucede naturalmente cuando no hay resistencia interfiriendo con el flujo espontáneo de la creatividad universal.

Los deseos mismos comienzan a transformarse cuando provienen de tu verdadera naturaleza en lugar del ego separado. Los deseos del ego tienden a estar enraizados en el miedo, la carencia y la necesidad de probar algo. Buscan llenar un vacío percibido o compensar una insuficiencia sentida. Estos deseos llevan una calidad de desesperación y urgencia que actúa como resistencia, empujando lo deseado más lejos.

Los deseos que emergen tienen una cualidad completamente diferente. No provienen de la carencia, sino de la plenitud. No están tratando de llenar un vacío, sino de expresar una abundancia desbordante. Son como un artista que crea, no porque necesite algo del mundo, sino porque la creatividad es simplemente su naturaleza esencial. Cuando manifiestas desde este lugar auténtico, existe una alineación perfecta entre el deseo y la realidad. No hay conflicto interno entre diferentes partes de ti mismo tirando en direcciones opuestas. No hay una parte de ti que quiere algo, mientras otra parte teme las consecuencias de obtenerlo. Esta alineación interna se refleja automáticamente como una alineación externa de circunstancias.

Una de las señales más claras de que estás manifestando desde tu verdadero ser es una sensación de facilidad y alegría en el proceso. Cuando el ego está dirigiendo la manifestación, existe la sensación de trabajo arduo, preocupación y control compulsivo. Cuando tu verdadero ser está manifestando, se siente como un juego, pura exploración y descubrimiento. Es divertido ver que se va a manifestar a continuación. Paradójicamente, mientras menos te aferras a resultados específicos, más fácilmente aparecen. Esto no significa que no tengas preferencias o que no tomes acción dirigida. Significa que tu felicidad y sentido de completitud no dependen de que las manifestaciones lleguen exactamente como las planeaste. Esta libertad interna crea el espacio perfecto para que la inteligencia universal organice las circunstancias de maneras que superan tus expectativas limitadas.

La manifestación desde el verdadero ser también incluye una sabiduría natural sobre el momento perfecto. No hay prisa ni urgencia porque reconoces que ya eres completo exactamente como eres. Esta paciencia natural permite que las manifestaciones maduren completamente antes de aparecer, resultando en experiencias mucho más satisfactorias y duraderas que las que provienen de la impaciencia del ego.

La comprensión intelectual de estos conceptos es solo el primer paso. La verdadera transformación ocurre a través de la experiencia directa y esto requiere una práctica consistente pero simple. La belleza de esta práctica es que no necesitas retirarte del mundo o adoptar rituales complejos. Puedes comenzar a disolver la ilusión del yo separado exactamente donde estás, usando las experiencias ordinarias de tu vida diaria como puertas de entrada a una perspectiva expandida.

El primer ejercicio consiste en convertirte en un observador consciente de tu propia experiencia. Durante cualquier actividad que estés realizando, ya sea caminar, comer, trabajar o conversar, introduce la observación consciente. Nota los pensamientos que surgen sin identificarte con ellos. Observa las emociones que aparecen sin convertirte en ellas. Percibe las sensaciones físicas sin asumir automáticamente que son tuyas. Esta práctica debilita la identificación compulsiva con el contenido de la experiencia.

Con el tiempo puedes profundizar esta observación buscando al observador mismo. Mientras estás observando conscientemente, pregúntate, ¿quién está observando estos pensamientos? ¿Dónde está ubicado este observador? ¿Qué cualidades tiene? Cuando intentas localizar al observador, descubrirás algo fascinante. No puedes encontrarlo como un objeto específico. Hay una presencia observadora clara e innegable, pero no tiene ubicación, forma o características definibles. Esta exploración directa comienza a revelar la naturaleza verdaderamente ilimitada de tu ser esencial.

Un tercer enfoque práctico involucra reconocer la unidad fundamental en situaciones cotidianas. Cuando interactúas con otras personas, experimenta ocasionalmente la perspectiva de que estás interactuando contigo mismo en una forma diferente. Cuando observas la naturaleza, explora la sensación de ser uno con lo que estás observando en lugar de estar separado de ello. Cuando experimentas emociones o pensamientos, investiga la posibilidad de que no son eventos que te están sucediendo, sino eventos que estás siendo.

La verdadera libertad no es la libertad de conseguir todo lo que quieres, es la libertad de reconocer que ya eres todo lo que siempre has estado buscando. la libertad paradójica de no existir como un ego separado y por lo tanto no tener límites reales sobre lo que puedes experimentar o manifestar. En esta libertad descubres que todo lo que genuinamente deseas no solo es posible, sino inevitable.

También es inevitable que te envíe un fuerte abrazo por haber llegado hasta aquí. Haces que sea un placer seguir haciendo estos videos. Me despido por hoy, no sin antes desearte todo lo bueno del mundo y que hoy sea un día mejor que ayer. Nos vemos pronto. Mantente despierto.