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Tema: Directivas para la Oración. Padre Hugo Estrada s.d.b.

TV Jesus Guatemala24:37

Transcription

Algunas veces en los estadios nosotros vemos que van a marcar un penalti y el portero a la carrera hace una señal de la cruz. Vamos en la camioneta y un trueno, un relámpago, y varios hacen la señal de la cruz.

La señal de la cruz es un signo muy bello. Los cristianos desde el siglo segundo hacen el signo del cristiano porque en una cruz del Señor. Pero es muy distinto a ser con devoción la señal de la cruz que hacerlo como mágicamente a la carrera. Porque el portero es en la señal de la cruz, pues ojalá que sea para unirse a Dios, pero muchas veces no es así. Es como un signo mágico. También es que ven la camioneta, se asustan y hacen un siglo.

Pero tal vez nuestra oración. La oración esencialmente consiste en hablar con Dios. Y si no hablamos con Dios, no hay oración. Esto es muy importante, por eso merece un examen muy profundo. Nuestra oración, no examinemos la de nosotros, la nuestra merece un examen. A veces se habla de escuelas de oración, pero esencialmente una escuela de oración solo puede guiar a las personas a la palabra de Dios, porque ahí están las verdaderas indicaciones de lo que debe ser una oración. Sobre todo, algo esencial es Romanos 8:26. Algo esencial, indispensable. Aquí nos dice lo siguiente: el Espíritu nos guía en porque no sabemos orar como es, pero el Espíritu por nosotros con gemidos que no pueden expresarse. Por y Dios qué a los corazones sabe qué es lo que el Espíritu. O sea, una escuela de oración nos tiene que dirigir a la palabra. Ahí se nos dice: ustedes no saben cómo que no necesitan del Espíritu Santo. Y si no se dejan guiar por el Espíritu Santo, se están engañando creyendo que están haciendo oración y no es. Y eso es muy importante para nosotros. Por eso Santiago, por ejemplo, dice: y no residen porque pide. [Música] Yo después lo compro.

Y en ciertos casos, bendecir un negocio. Bendigo que la gente dice para que nos vaya bien. Y nos vaya bien quiere decir que tengamos dinero, que económicamente salgamos bien. Pero no están agradeciendo a Dios, no lo están bendiciendo, no le están prometiendo ir por el camino que Él manda. Se va a bendecir un carro, muy bien. Pero la persona, para que no me pase nada, para que no choque, para que no se me quede. O sea, de hoy va quedando a un lado y yo quedo en el centro. Estando en la oración, todo debe ser para Dios en el centro. Por eso debemos examinar lo que nosotros llamamos oración, que puede ser que no sean oraciones, sino sean una invitación de algo que a Dios no no le gusta. Me invitaron a pelear a bendecir un local en la terminal, muchas cosas religiosas y todos. Y al final, Maximón. No, Señor, le dio esta bendición a quien no puedo entrar hasta que usted no se arrepienta y le pida perdón. Y porque ahí tiene una idolatría. Maximón bendecido con todos los demás, yo bendiciendo todo. Pero de pronto ahí estaba Maximón también. O sea, ¿cómo puede haber oración allí donde hay una idolatría? Imposible.

Entonces uno debe examinar su propia oración. Cuando un esposo está pidiendo: Señor, que a mi esposo se le vaya esa mala costumbre del coro que nos hace sufrir mucho. ¿Estará pensando en Dios o estará pensando en solucionar su problema nada más? Piensen Dios como un padre bueno, bondadoso, misericordioso. Se dirige con fe a Él. ¿O es un apuro y entonces se acude a Dios? Pero tal vez no hay oración. Tal vez la persona piensa que está hablando con Dios y está hablando con ella misma para ver cómo se soluciona su problema. Y vuelvo a repetir, lo esencial de lo que nosotros llamamos oración es tratar de hablar con Dios. Y les digo tratar porque no es fácil. Uno se puede engañar creyendo que está hablando con Dios y estamos hablando con nosotros mismos. Porque si verdaderamente hay oración, la oración en primer lugar nos lleva. Perdón, Señor, porque yo no soy digno de venir aquí. En cambio, muchas veces uno diga: Señor, yo ya hice esto, hice esto y no me has concedido lo que te pedía. O sea, ahí pues no hay oración de entrada, hay un reto a Dios. Lo primero, ¿cómo estoy yo? Si hay verdadera oración, lo primero que me lleva a la oración es: Señor, te pido perdón, yo no soy digno de venir. Confío en tu misericordia. Voy a quitar eso que te desagrada. Te alabo, te bendigo. Y después puesto a pedirle lo que necesito. Pero pongo una base que muchas veces no se pasó. Se va de una vez al mandado, a la petición. Y a Dios le desagrada de eso. O sea, queremos manejarlo a nuestro antojo, no queremos que se haga Su voluntad, sino mi voluntad.

A veces los esposos están peleados, viven en la misma casa y hay bastante tiempo y tienen que hablarse por necesidad, cosas de tipo comercial, de dinero, los hijos, el colegio, el supermercado. Pero ya no hay una relación íntima con Dios. A veces hablamos mecánicamente, pero no hay una comunicación íntima. Se habla porque se tiene que hablar. Estoy en la iglesia, se está rezando un Padrenuestro, se está cantando una canción, pero yo no estoy conectado con Dios en ese tiempo. Y el profeta Isaías nos expone algo muy serio. Dice aquí en su capítulo 59: El poder del Señor no ha disminuido como para no poder salvar, ni se ha vuelto tan sordo como para no poder oír. Pero las maldades cometidas por ustedes han levantado una barrera entre ustedes y Dios. Sus pecados han hecho que Él se cubra la cara y que no los quiera oír. Palabras muy serias. Hay un muro que se ha levantado entre Dios y nosotros cuando hay pecado. Entonces, casi es una burla llegar donde Dios, decirle: Señor, te amo, perdón, perdóname. No lo decimos. Si no: Te amo, necesito esto, nuestro listo, el otro. Y dice Dios: Voltea la cara. Nos estamos burlando de Él. No se puede. Esta figura literaria de una muralla entre Dios y nosotros es muy impresionante. Somos nosotros los que con el pecado construimos esa muralla y después queremos que nos escuchen la oración. Y que la oración más bien es petición, obtener algo de Dios que necesitamos. Y no decirle: Me arrepiento, te prometo quitar esto que te sagrado.

El Salmo 66 dice: Si tuviera malos pensamientos, si tuviera malos pensamientos, el Señor no me escucharía. Qué claro habla la palabra de Dios. Él no me escucha si yo tengo malos pensamientos. También el profeta Ezequiel dice: Estos hombres se han centrado en sus ídolos y quieren que yo los escuche. Así le dice el Señor al profeta. Ídolo en la viabilidad es todo aquello que le quite el primer lugar a Dios. Una mamá es muy buena, muy santa, pero no le puede quitar el primer lugar de ellos. El trabajo es algo indispensable, pero el trabajo no puede estar antes de Dios. A muchos el trabajo les le quita el primer lugar a Dios en su vida. A Dios le desagrada y ellos triunfan, los alaban y acumulan riqueza, pero a Dios no le agrada. Hay un ídolo ahí. El amor es algo santo, pero cuando el amor a otra persona, aunque sea la mamá, está antes que a Dios, eso le desagrada a Dios. La mamá es algo santo, bueno, pero nunca una mamá debe estar antes que Dios. Y esos son los ídolos. Entonces dice Dios: ¿Cómo me va a venir a consultar a mí si tienen ídolos? El libro no son solo las figuras como el becerro de oro. Hay ídolos que tenemos nosotros que ocupan el lugar de Dios. Es la idolatría.

El libro de Proverbios dice: El que no atiende los ruegos del pobre, no obtendrá cuando me pida al Señor. Le da mucha importancia al necesitado. Nosotros como necesitados acudimos a Dios y le hacemos tantas peticiones, pero dice: No los voy a escuchar si ustedes no han escuchado al pobre. Eso nos dijo: Todo lo que hagan estos mis hermanos pequeños, a mí me lugar se. Es decir, yo voy a que Dios me escuche, pero yo no escuchar, no les voy a escuchar. O sea, en la Biblia se nos habla claro. El Señor quiere hablar con nosotros, es nuestro Padre, pero es un Padre sincero. No quiere que nos engañemos ni tratemos de engañarlo.

En los santos, algo que nosotros vemos como común es que ellos como que se olvidaron de ellos mismos para entregarse a los demás. Y su oración, por eso, tenía un poder muy grande. Por algo la carta de Santiago dice: La oración del justo tiene mucho poder. Pero el justo precisamente por eso se llama justo, santo, porque siguen las reglas del Señor, se ha entregado a Dios y a los que son retratos de Dios. Todo lo que ustedes hagan a estos mis hermanos pequeños, a mí me lados. Entonces el Señor no sabe: Yo mira si tú vienes a pedirme algo, pero no has hecho caso del necesitado, no te voy a escuchar. El Señor me habla claro. Por eso una escuela de oración me debe llevar a la palabra de Dios. No se trata de técnicas que me van a enseñar para orar. Eso no, no existe técnica, no existe. Existe la orientación, la gracia del Espíritu Santo. Jesús con nosotros fue muy claro también. Dijo: Si al ir a presentar tu ofrenda ante el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja primero tu ofrenda y ve a reconciliarte con tu hermano, después vuelves a presentar. Al menos, si nosotros fuéramos sinceros, muchas veces nos presentamos ante el altar para recibir la Santa Comunión y resulta que no nos hemos reconciliado con el esposo, la esposa, con el compañero de trabajo. Resulta que lo tomamos como el bosque se dijo, pero en fin, no es tan serio el asunto para Dios. Y en serio, y Él ve la mente y del corazón. Entonces nos dice: Mira, tu ofrenda delante de mí no vale. Vete primero a reconciliar.

En la vida de San Vicente de Paúl se lee que él estaba en la sacristía y ya se había revestido con todos los ornamentos sagrados y se acordó que el día anterior había tenido un encontronazo con uno de sus hermanos. Se quitó todos los ornamentos y fue a ponerse en paz con el otro hermano. El santo toma muy en serio las peticiones del Señor. Por eso la oración del justo, del santo, tiene mucho poder. Es que va por el verdadero carril, el que indique el Señor. Nosotros a veces vamos por otro carril que no le agrada.

Santiago nos dice: Miren, cuando pidan, no sean como las olas del mar que van de un lado para otro, que tienen fe, no tienen fe. Hay que examinar la oración. Sin fe, dice la carta a los Hebreos, es imposible agradar a Dios. Muchas de nuestras oraciones no van con fe. Sobre todo si son oraciones ya aprendidas, se repiten mecánicamente, ritualmente, pero no estamos pensando si de veras las dirigimos a Dios. El pueblo judío tenía muchas oraciones, muchos ritos, muchos actos de culto. Todo el año daban vuelta alrededor de esos actos de culto y el Señor llegó a decir por medio del profeta: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Lo que le interesa al costeño de hecho, el corazón. Y este es el examen que debemos hacer siempre en nuestra oración. ¿Qué está viendo el Señor? ¿De veras que estoy hablando con Dios? ¿De verdad tengo fe? Sin fe, imposible agradar a Dios, dice la carta a los Hebreos. Imposible. Si no hay mayor acción, si no hay fe, pues como las olas del mar, voy de un lado para otro, no voy a conseguir nada de ese de Santiago, porque eso no le agrada a Dios.

Entonces, antes de orar, se nos hace un alto, despacio. Pregunta: ¿Si de veras estás en gracia de Dios? Es lo que se hace en la Eucaristía. En primer lugar, despacio, despacio. ¿Cómo estás delante del Señor? Si vas a presentar tu ofrenda ante el altar, cuidado lo que estás diciendo y haciendo. Ese es el examen que debemos hacer con sinceridad de lo que nosotros llamamos oración. Porque si no, tal vez nos estamos engañando. Podemos decir 50 de María, 5 Padrenuestros del rosario, pero si lo hacemos aceleradamente por cumplir con un número exacto, eso no llega a Dios. Más le valdría tres Avemarías y un Padrenuestro bien rezado que tantos Padrenuestros, días de Marías te dicen machaconamente, mecánicamente y no fe. Sin fe, es imposible agradar a Dios.

Estimados hermanos, en la liturgia antigua, el sacerdote antes de llegar al altar debía subir un abrazo y no pasaba al altar sino lo primero en plan. No se quedaba en una oración penitencial con todo el pueblo pidiendo perdón. Una vez que haya pedido perdón, comenzaba a subir las gradas, un simbólico y extracto. Y el Señor eso había mandado en el tabernáculo. El sacerdote antes de entrar en la tienda donde estaban las cosas más sagradas, primero pasaba por un lavacro, se lavaba bien y después se entraba. Simbólicamente, el Señor nos pide que nos lavemos la mente y el corazón antes de pretender llegar a donde estaba Él.

Una vez, una persona me dice: Mire, usted escribió un libro que se titula "Rezar no es nada fácil". Pero es mentira, porque rezar es fácil. Me dijo: Yo le dije: Bien, no soy yo el que inventa eso, es la Biblia. Romanos 8:26: No sabemos qué pedir ni cómo pedir. ¿A qué se nos dice eso? El Espíritu Santo, el que con gemidos que no se pueden expresar con palabras, nos va llevando para rezar según la voluntad de Dios. Así es que no es fácil rezar. Yo le decía a esta persona: Si fuera fácil rezar, le habría un montón de santos en el mundo. Y ese subproducto que no gana mucho tanto sé que el mundo no santo de nombre, sino de veras de vida. Que Santiago pudiera decir: La oración del justo tiene mucho poder. Justo es el santo delante de Dios.

Adán y Eva, dice la Biblia, practicaban todos los días con Dios. Seguramente es una bendición para ellos, son una alegría, un gozo. No le estaban pidiendo nada, seguramente alabándolo, bendiciéndolos. Pero ellos le dieron libertad. Es decir, no los hicieron como muñecos mecánicos, sino que les dieron libertad. Podían decir sí o no. Si vas por ese lugar, hay maldición. Si comes de ese árbol, comen maldición. Si vas por este, tienes bendiciones. O se lo dijeron. Y un momento que seguramente se descuidaron en seguir hablando con Dios y entonces, cuando se dieron cuenta, están hablando con el espíritu del mal y les gustó porque les presentó un camino muy bonito y que les gustaba. Ese es el camino del éxito, no el otro que les había indicado Dios. Y los convenció e invitó a su desgracia y experimentaron lo que era la maldición que ellos habían estoque. Afortunadamente, el Señor tan misericordioso los buscó.

El profeta Isaías, por eso, dice: Miren, el Señor cuando hay pecado, siente un muro entre ustedes y Dios y entonces voltea el rostro para no verlos, para que ustedes se den cuenta que no van por el camino recto. Sino sería como decirles: Adelante, mire qué bien que están haciendo. ¿No les parece entonces que se necesita examinar nuestra oración? No conformarnos con que de hace años yo vengo haciendo eso. La pregunta debe ser: ¿Yo de veras estoy hablando con Dios o estoy hablando conmigo mismo? ¿Estoy buscando la gloria de Dios o estoy buscando la solución del problema que yo tengo? Por lo general, de tipo económico. Les pongo un caso muy concreto. En algunas iglesias, alguno llega hasta el Santísimo, pero ellos directamente se van al altar de San Judas, porque dicen que da dinero. Ahora, una persona que hiciera eso, es algo muy grande. Está el Señor, pero no voy a aquel, como quien dice, este como que más poderoso que tú para darme solución económica. Dije: Sí, que es algo muy grave y que nosotros vemos mucho. Por eso el Señor nos recuerda lo que dice Santiago: Piden y no obtienen porque piden mal. O sea, van por un camino equivocado. Ese no es el camino que le agrada a Dios.

Rezar no es nada fácil. Si fuera fácil, pasaríamos orando continuamente. Y muchas veces es lo que menos hacemos. Nos alcance el tiempo para tantas cosas. Ya casi dormido, una media señal de la cruz, casi más del otro lado que desde con total para consolarnos, es decir, que por lo menos recetó esta oración. No. El si necesitamos más. El ataque del es muy duro y si no se encuentra desprevenido, pues vamos a ser vencidos. Cuando hemos sido vencidos, cuando nos rezamos. Uno de los grandes escritores de la antigüedad, Orígenes, religioso, cultísimo, pero en los tiempos en que perseguían a los cristianos y los llevaban al circo romano, en un dique cometió un pecado muy grande. Puso incienso con tal que no lo llevaran al martirio. Por su incienso delante del libro. Y entonces le perdonaron la vida. Ese gran escrito, el gran comentarista de la Biblia, y el más tarde como me la dijo: Ese día ya no había reza. Es decir, lo atacó el espíritu del mal. Él sabía mucho, sapientísimo, más que todos los demás, sobre todo en Sagrada Escritura, más que todos los demás. Y resulta que puso incienso ante ídolos para que no lo mataran del miedo.

Estimados hermanos, el Señor es un Padre bueno. Él quiere hablar con nosotros, pero no nos quiere engañar ni que nos callemos. Y entonces en Su palabra, Él nos da casos concretos. No vayan por las nubes, casos muy concretos. Dijo: Yo quiero hablar contigo, pero no quiero engañarte ni que pretendas engañar. Por eso recuerden el salmo que dice: Señor, ¿quién puede entrar en tu santuario? Y ahí Él mismo se contesta: El de manos limpias y corazón limpio. Es decir, el que hace el bien y tiene su corazón limpio. Antes de pretender hablar con Dios, hablemos con nosotros mismos. Que el Espíritu Santo nos indique si tenemos las manos limpias y el corazón limpio. Y si están limpios, con gusto a la vez nos y bendigamos al Señor. La oración va a ser muy agradable. Que así sea para todos nosotros. [Aplausos]