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Buenos días, buenas tardes y buenas noches. Bienvenidos a Filosofía para 2º de Bachillerato, una sección que te acompaña y te ayuda en el estudio de los filósofos que das en clase.
En este vídeo vamos a ver el proyecto filosófico de San Agustín. Y si has acabado en este vídeo es porque quizá todavía no lo entiendes del todo, pero no te preocupes, porque me he propuesto que cuando acabes de ver este vídeo seas capaz de explicar su proyecto filosófico con tus propias palabras.
Como siempre, el vídeo está dividido en varios capítulos y en la caja de descripción puedes seleccionar el capítulo que más te interese aprender, pero yo te recomiendo que me acompañes desde el principio. Ya verás cómo es más fácil de lo que piensas. Y sin más dilación, comenzamos.
San Agustín nace en el año 354 en Tagaste, cerca de Cartago, una antigua ciudad del Imperio Romano situada en el norte de África, y muere en el año 430. Por lo tanto, hay que situarlo en los siglos IV y V, en la última fase del Imperio Romano de Occidente. De esta época hay que destacar cuatro hechos relevantes necesarios para entender mejor la reflexión filosófica de San Agustín.
Año 313: El emperador Constantino publica el Edicto de Milán y el cristianismo deja de ser perseguido, es decir, pasa a ser una religión tolerada. De esta forma, los cristianos van adquiriendo cada vez más poder y más protagonismo en la vida pública romana.
Año 380: El emperador romano Teodosio proclama el cristianismo como la única religión oficial del Imperio. Así se pasa de una civilización clásica pagana a una nueva civilización dominada por el cristianismo.
Año 395: El Imperio Romano se divide en dos. Por un lado, el Imperio Romano de Occidente y por otro lado, el Imperio Romano de Oriente.
Y por último, año 476. Que si os fijáis, San Agustín ya había muerto 46 años atrás. Entonces, ¿por qué destacamos este año? Porque es cuando cae el Imperio Romano de Occidente y es el hecho con el que comúnmente se marca el inicio de la Edad Media. Por lo tanto, y esto es muy importante, San Agustín no es un filósofo de la Edad Media, pero sus ideas son el eje vertebrador de la filosofía medieval.
Bien, pues como ya hemos situado a San Agustín en el tiempo, ahora ya podemos enfrentarnos a la siguiente pregunta: ¿Qué filosofía predominó durante la época del Imperio Romano? O dicho de otra forma, ¿cuál es el contexto filosófico de San Agustín?
Pues bien, los pensadores romanos nunca desarrollaron un sistema filosófico propio, sino que aceptaron las ideas de los principales pensadores griegos con modelos peripatéticos de Platón o de Aristóteles y de las escuelas helenísticas, e intentaron adaptar estos ideales griegos a la cultura de su civilización. Pero sin duda, de toda la tradición griega que estaba presente durante la época del Imperio Romano, la que más influyó en el pensamiento de San Agustín fue el neoplatonismo de Plotino, sistema filosófico que nace en Alejandría, es decir, en la parte oriental del Imperio Romano, y que supuso una reinterpretación de Platón a partir de elementos religiosos y místicos de origen oriental.
Gracias al neoplatonismo continuaron estando presentes los principales temas de reflexión filosófica anterior, como por ejemplo, la distinción entre el conocimiento sensible e inteligible y la separación entre alma y cuerpo. Así, el neoplatonismo será el principal soporte sobre el cual San Agustín se apoyará para su pensamiento filosófico.
Pero no solamente se apoyará en la filosofía griega, sino también en el cristianismo. Antes de profundizar más en el cristianismo, es importante que tengáis claros dos conceptos, porque estoy segura de que los vais a escuchar en clase o igual ya los habéis visto por algún libro de texto, y son los conceptos de Padres de la Iglesia y patrística. A los primeros filósofos cristianos se les denomina así, Padres de la Iglesia, y al conjunto de sus obras y doctrinas se le denomina patrística. Los primeros filósofos cristianos ya habían surgido desde el siglo I, por lo tanto, en la época de San Agustín ya había muchísima doctrina al respecto.
San Agustín, en concreto, se convierte al cristianismo en el año 386, después de haber pasado por el maniqueísmo, que más adelante veremos qué es esto del maniqueísmo. El cristianismo no aparece como una nueva filosofía, sino como una religión que promueve el seguimiento de Jesucristo y la aceptación de su mensaje salvador. Sin embargo, la religión sí que necesitó hacer uso de la filosofía para, por ejemplo, explicar las relaciones entre la fe y la razón.
De hecho, el mismo San Agustín abordó esta cuestión, señalando que para él solo existe una única verdad a la que se puede acceder por dos caminos distintos: el primer camino, a través de la razón y la filosofía, que nos acerca a la verdad parcialmente; y el segundo camino, a través de la fe, que nos dará a conocer en plenitud, en su totalidad. Es precisamente esta cuestión la que marcará el debate filosófico durante la Edad Media: el conflicto entre dos modos de enfrentarse a la realidad, a través de la fe y a través de la razón.
Siempre os digo que un buen método para entender bien a un filósofo no es preguntarse cuál es su proyecto filosófico. En este caso, nos tenemos que preguntar: ¿qué intención tiene San Agustín cuando desarrolla todo su pensamiento filosófico?
Pues bien, el objetivo de su filosofía fue encontrar la felicidad. Se dio cuenta de que la mayoría de los filósofos intentaban buscar las respuestas en todo aquello que les rodeaba, cuando en realidad la respuesta está dentro de uno mismo. Veremos a continuación, cuidado que esto es un spoiler, que efectivamente San Agustín encuentra la verdad y en esa verdad, que se identifica con una persona, encontrará también la felicidad.
Para San Agustín, la filosofía es un proceso de aprendizaje, es decir, una continua búsqueda de la verdad, pero no con fines académicos e intelectuales, sino para practicar el bien, ya que según él es lo que te lleva al encuentro de la verdadera felicidad.
Cuando San Agustín se preguntó si se puede conocer la verdad, es decir, tener la certeza sobre algo, se encontró con la teoría del escepticismo. Para los escépticos, no existe la verdad y si existiera, el ser humano sería incapaz de conocerla. Por lo tanto, es imposible la certeza alguna. Frente a ello, San Agustín afirma que es posible conocer algo con certeza y que lo que es imposible es precisamente ser escéptico, porque en realidad pueden estar seguros de algo: de que dudan, y eso les da certeza sobre su propia existencia. Si dudo, luego existo. E insisto, a que esto os ha sonado a otro filósofo, a Descartes, con su "pienso, luego existo", y es que San Agustín tuvo una clara influencia posterior en Descartes.
Bien, San Agustín ha encontrado una certeza primaria: no podemos dudar de nuestra existencia, de que vivimos y pensamos. Mientras todo lo externo cambia constantemente, yo puedo estar completamente seguro de algo: de que soy algo que piensa, que vive y que entiende. Son tres verdades eternas e inmutables a las que hemos llegado a través de nuestra experiencia interior.
Por lo tanto, la verdad hay que buscarla desde nuestro interior, desde nuestra alma. Y lo primero con lo que nos encontramos cuando miramos hacia nuestro interior son sensaciones, es decir, conocimientos que obtenemos a través de nuestros sentidos. Esto es el conocimiento sensible y, al igual que Platón, San Agustín piensa que de los objetos sensibles no se puede extraer verdadero conocimiento por su carácter cambiante, porque ya hemos visto que la verdad se encuentra en lo eterno e inmutable.
Así que nada, tenemos que seguir buscando en otra zona de nuestro interior y nos encontraremos con que, aparte de sensaciones, también tenemos una capacidad racional con la que construimos reglas y modelos a partir de los objetos sensibles. Por ejemplo, si definimos un objeto sensible como circular, imaginaros, por ejemplo, una manzana, imaginar que yo lo mismo y tengo una manzana, decimos que es circular gracias a la idea del círculo que tengo como modelo en mi cabeza, pero no deja de ser un conocimiento racional a partir de un objeto sensible.
Así que todavía podemos ir más allá. Y si seguimos mirando en nuestro interior, nos encontraremos que hay un conocimiento racional superior que no requiere la intervención de la sensación, sino que directamente podemos llegar a contemplar lo eterno y lo inmutable, es decir, los modelos ideales.
Sin embargo, por mucho que miremos en nuestro interior, el ser humano no puede producir por sí mismo esos modelos ideales, porque precisamente el ser humano tiene ese carácter de temporal, finito, y solo puede proceder de algo eterno e inmutable, que es Dios. Por lo tanto, es necesaria una iluminación divina que proporcione estas ideas al ser humano.
Así, San Agustín desarrolla su teoría de la iluminación y establece que, al igual que el sol ilumina las cosas corpóreas, Dios es el sol que da luz a la inteligencia del ser humano para que éste pueda conocer las verdades internas. De esta forma, San Agustín admite diferentes grados de conocimiento: en el nivel más bajo estaría el conocimiento sensible, en el nivel medio estaría el conocimiento racional inferior y en el nivel más alto, el conocimiento racional superior. Pero en todo caso, el nivel más alto de conocimiento y el nivel más alto de verdad se identifica con Dios. Por eso Dios es el punto central de la filosofía de San Agustín, porque San Agustín considera que en él se encuentra la verdad a la que debe aspirar todo ser humano y donde encontraremos además la verdadera felicidad.
Ahora bien, ¿se puede demostrar la existencia de Dios? Lo primero que afirma San Agustín sobre la existencia de Dios es que esta es demostrable y de su pensamiento podemos extraer dos argumentos con los que se puede demostrar, según San Agustín, la existencia de Dios.
Primer argumento: por las ideas o verdades eternas que encontramos en nuestro interior, en nuestra mente. Estas verdades eternas e inmutables no las hemos podido producir nosotros, porque somos finitos y temporales, sino que tienen que tener en Dios, poseer este el único ser eterno e inmutable.
Segundo argumento: por el orden y la belleza del mundo en su conjunto, manifiesta que no se ha hecho a sí mismo, sino que ha sido hecho. Bien es verdad que la cuestión sobre la existencia de Dios no tiene tanto peso en la filosofía de San Agustín como sí lo tiene la cuestión sobre qué es Dios, es decir, cuál es la esencia de Dios.
Y la respuesta a esta cuestión, a cuál es la esencia de Dios, es muy sencilla, porque sabemos bien, considera que la mejor descripción que se puede hacer de Dios es la que él mismo expresó cuando dijo: "Yo soy el que soy", frase que se puede recoger de la Biblia. Así, San Agustín identifica a Dios con el Ser, el que otorga la realidad a los demás seres cuando los crea a partir de la nada.
Así es, San Agustín cree en la creación. El mundo es creado por Dios de la nada. Dios ha creado las cosas a partir de acciones libres, de acuerdo con unas ideas contenidas en la inteligencia divina. Pero, ¿por qué Dios ha creado el mundo? Bueno, pues básicamente es porque le dio la gana. Y es que San Agustín considera que el porqué de la creación es inaccesible a la mente humana, porque esta es finita. En este sentido, Dios ha creado el mundo porque así lo ha querido y como él es infinitamente bueno, todo lo que él ha creado por su propia voluntad es bueno, precisamente por eso.
Desde muy joven, San Agustín estuvo muy interesado por el problema del mal, es decir, la cuestión sobre el origen del mal. Él se preguntaba si Dios es el bien y de él proviene todo, ¿cómo es posible que exista el mal? ¿De dónde proviene el mal? ¿Por qué Dios lo permite?
En un primer momento, y para responder a estos interrogantes, San Agustín se apoyó en el maniqueísmo, antiguo movimiento religioso al que había pertenecido durante varios años y que proponía lo que se conoce como el dualismo maniqueo: la impartición de la realidad entre dos principios, el principio del bien y el principio del mal, los cuales están en una lucha constante y permanente. Sobre este dualismo construyeron su antropología, considerando al ser humano como un ser dual, compuesto por una parte buena espiritual, que es el alma, y por una parte mala material, que es el cuerpo. Así hicieron responsable del mal al cuerpo, que mantiene encerrada al alma y ejerce un dominio sobre la persona. En otras palabras, el mal no es responsabilidad de la persona que lo realiza, porque esta no actúa libremente, sino que está poseída por el mal.
Esta idea no convencía mucho a San Agustín y, tras dejar el maniqueísmo, encontró la respuesta una vez más en el neoplatonismo. El mal no tiene una entidad, no tiene una existencia propia, sino que, en todo caso, es la ausencia del bien. Y Dios, que es el Ser y el bien por excelencia, no puede ser su causa, porque Dios, como es el bien supremo, jamás tendrá esa ausencia del bien. En este sentido, San Agustín hace responsable del mal a la desobediencia de las personas, a su libre albedrío, es decir, a su libertad. La libertad consiste en la elección voluntaria entre el bien y el mal. Todo lo malo que ocurre es producto de esa voluntad del ser humano, que debido a su libertad tiende a apartarse del bien, del Ser y de la verdad, que es Dios.
Ya habéis visto cómo San Agustín hace continuamente referencia al alma, y es que, en efecto, para él, al igual que para Platón, el ser humano está compuesto por dos sustancias: el cuerpo, que es materia, y el alma, que es espíritu. Sin embargo, alejándose de lo que pensaba Platón y posteriormente Descartes, alma y cuerpo no son dos sustancias opuestas, sino que constituyen la unidad del ser humano, sin que existan ambas por separado. En este sentido, San Agustín no cree que el alma esté unida al cuerpo como un castigo, porque eso sería considerar al cuerpo como una sustancia mala, y ya hemos visto antes que Dios no crea el mal.
Ahora bien, aunque el cuerpo no sea malo, sí que puede ser un obstáculo para la salvación por culpa del pecado original. Por otro lado, y siguiendo en esta cuestión sobre el alma, San Agustín no supo dar respuesta a una cuestión, a la cuestión sobre el origen del alma. Así que se posiciona en contra de la doctrina platónica, que consideraba que la existencia de las almas es anterior a su encarnación en un cuerpo. En este sentido, su postura oscila entre dos teorías: la teoría del creacionismo y la teoría del traducianismo.
Esta teoría afirma que las almas son creadas por Dios a partir de la nada, de modo inmediato, cuando crea a un nuevo ser humano. Sin embargo, esta teoría coge un poco para San Agustín, porque no entiende cómo Dios puede crear un alma manchada por el pecado original, es decir, no entiende que Dios pueda crear almas imperfectas. Así que vamos a ver qué nos dice la teoría del traducianismo, a ver si convence más a San Agustín. Esta teoría afirma que el alma, al igual que el cuerpo, se transmite de padres a hijos y así sucesivamente. Así que si esta teoría explicaría por qué las almas están manchadas por el pecado original, pero sigue sin darnos una respuesta sobre el origen del alma.
Bueno, pues al final parece que San Agustín hizo un mix entre estas dos teorías, surgiendo así la teoría del creacionismo traducianista. Bien, por un lado, Dios crea el alma de cada ser humano de manera individual, pero no a partir de la nada, sino a partir de la de Adán, y esto explicaría entonces por qué hemos heredado su pecado original.
Por último, porque ya estamos acabando, ya no nos queda nada, vamos ya con la teoría de San Agustín de la historia y las dos ciudades. Desde que el primer ser humano desobedeció a Dios, todos sus descendientes se debaten desde entonces entre el amor a Dios o el amor propio. Estas son las dos grandes atracciones que experimenta el ser humano. Hablando de su vida, así de la misma manera que existen seres humanos que aman a Dios por encima de sí mismos y seres humanos que se aman a sí mismos por encima de Dios, existen también dos ciudades determinadas por estos dos amores.
Nos encontramos así con la Ciudad de Dios y con la Ciudad Terrenal, de tal forma que uno de estos dos grupos se salvará y otro se perderá. Y San Agustín justifica la coherencia de estas dos distintas consecuencias de la siguiente manera: para él, la creación implica un vínculo entre el creador y el creador. El mundo podría no haber existido y si existe es porque Dios, el creador, así lo ha querido. Así que una vez que existe en el mundo, es el creador y para el creador.
Bueno, pues San Agustín continúa diciendo que existe una verdad revelada, una verdad de fe, que la historia concluirá con un juicio final y es en ese momento, en el momento del juicio final, donde estas dos ciudades se separarán, de tal forma que la Ciudad de Dios se salvará y la Ciudad Terrenal se perderá.
Bueno, pues ya habéis llegado al final de la explicación del proyecto filosófico de San Agustín. Así que quiero dar la enhorabuena, de verdad, a todos aquellos y aquellas que habéis llegado hasta aquí, hasta el final. Estoy segura de que entonces, si estudiáis también al mismo tiempo, os va a ir muy bien en el examen sobre San Agustín.
Y ahora, cuando te invito a que si te ha gustado el vídeo, bueno, pues que le des al like y también te invito a que te suscribas a este canal para no perderte nuevos vídeos. Y a estas alturas del vídeo, ya solamente me queda deciros que muchísimas gracias por haber llegado hasta el final y que, por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches.
[Música]