Transcription
[Música] [Música] [Música] [Música] ah [Música] [Música] al Grecia entera clamaba venganza. La huida de Elena de Esparta con el príncipe Paris de Troya había provocado la cólera de todos los caudillos griegos.
El rey Agamenón había sido llamado a comandar el ejército más poderoso jamás soñado. La reina Clitemestra, hermana de Elena, observaba impotente cómo su esposo y rey partía hacia una guerra que ya nadie podía detener.
Durante casi 10 años, los troyanos repelieron los ataques de las tropas griegas, y Agamenón no parecía capaz de liderar a sus exhaustos hombres. Mientras tanto, en su propia corte, la figura del rey estaba cada vez más distante, y no eran pocos los que le creían muerto y ansiaban su trono.
Segura ya de que su marido nunca volvería, la reina sucumbió a los encantos de Egisto. Pero no era voluntad de los dioses que Agamenón pereciera en Troya. Cuando la derrota parecía segura, Ulises, rey de Ítaca, urdió un plan e hizo que sus soldados se escondieran, dejando tras de sí un gigantesco caballo de madera, que los griegos habían claudicado.
Los troyanos introdujeron el caballo en la ciudad para honrar a sus dioses. Mientras todos dormían, Ulises y sus hombres emergieron del interior del caballo y abrieron las puertas de la ciudad. Troya ardía. Agamenón tenía por fin la victoria en sus manos.
[Aplausos] Ante la desesperación de Clitemestra, el rey regresaba a casa. Con la llegada de Agamenón, Electra y Orestes recuperaban a un padre, pero Clitemestra sentía que la vida se le escapaba entre las manos.
[Música] [Aplausos] [Música] [Aplausos] [Música] al Y mientras entregaba por última vez a su rey, pensó que quizás hubiera podido existir otra solución, pero era tarde. La decisión estaba tomada.
[Música] [Música] Oh [Música] H [Música] Muerto Agamenón, la reina por fin podía sentirse segura, pero algo escapó a sus planes. La princesa Electra había sido testigo del crimen.
[Música] [Música] [Música] [Música] Si era cierto que existían testigos de su crimen, Egisto debía acabar con Orestes, legítimo heredero al trono. Pero Electra se anticipó al traidor y pudo alejar a su hermano del reino, dejándolo a cargo de su más fiel sirviente.
[Música] Y la traición de Electra enfureció a Egisto, pero la princesa valía para él más viva que muerta. Su silencio legitimaba al usurpador. Nadie sospecharía de ellos si no les acusaba. Salvar la vida significaba poder soñar con una futura venganza.
[Música] [Música] Egisto y Clitemestra habían gobernado el reino con mano de hierro, pero el silencio de Electra no significaba perdón, y la princesa rezaba cada día por el regreso de su hermano y la muerte del usurpador. Pero el tiempo de Electra llegaba a su fin. Habían pasado demasiados años, y para Egisto, la vida de la princesa pronto sería prescindible.
Pero la muerte de Electra tendría que esperar. El usurpador debía partir de inmediato con sus tropas a las fronteras del reino, en una campaña en la que la victoria era segura.
[Música] [Música] La guerra no dilataría en exceso la suerte de la princesa, que ante la cercanía de la muerte temía que su ansiada venganza nunca llegara a producirse. No existiría justicia en el mundo si los asesinos quedaban sin castigo.
Pero los dioses se muestran, en ocasiones, compasivos con aquellos que luchan por lo que creen justo, y cuando toda esperanza comenzaba a desvanecerse, permitieron que Orestes retornara a la corte, convertido ya en un gran guerrero. Temiendo ser atacado en el camino, Orestes fingió su propia muerte y envió a su guardián para entregar sus cenizas a la reina.
[Música] Ah Ante la visión de los restos de su hermano, Electra se desmoronó, y la reina sintió que por fin la victoria era completa. El plan de Orestes había funcionado. La reina había sido engañada.
[Música] Creyéndole muerto, todos bajarían la guardia.
[Música] [Música] Egisto había vuelto con su reina. La venganza estaba por fin al alcance de la mano, y Orestes podría consumarla allí donde su padre fue traicionado. Su madre habría de enfrentarse a la cólera de su propio hijo, y habría de contemplar la muerte de su funesto marido.
[Música] [Música] Am [Música] [Música] [Música] S Estaba hecho. La sangre había sido pagada con sangre, pero la sangre que corría por la espada de Orestes era la misma que corría por sus venas, y no pudo el príncipe sentir orgullo por lo que había hecho.
[Música] [Música] El Para Electra, la imagen de su madre perdiendo la vida fue, sin embargo, el final de una agonía.
[Música] [Música] Ah