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Buenas tardes. Bueno, muchísimas gracias a BBVA, aprendemos juntos. ¡Qué proyecto tan expansivo! Qué alegría que contaran conmigo para estar hoy en este nuevo viaje, que que va a ser más personal, donde nos vamos a poder ver con vosotros, con un público. Así que, que muchísimas gracias de corazón, y me hace mucha ilusión estar en esta primera edición y contad conmigo en el resto.
Una pregunta que me hacen muchísimo es: ¿de verdad utilizamos el 5% o el 10% de nuestro cerebro? Esa es una. Y la otra que me hacen casi todos los días es: ¿es verdad que podemos entrenar nuestro cerebro para vivir mejor? O sea, ¿es verdad que yo puedo cambiar cosas que creo que son de mi personalidad inamovibles, que yo he visto en mis padres, que puede ser tendencia a deprimirme, o que me cuesta concentrarme, o que no llevo muy bien lo emocional, o que tiendo a procrastinar, o que tengo una autoestima un poco baja? ¿Todo eso, de verdad, se puede cambiar?
Y siempre voy a hacer la misma respuesta, y creo que cada día que sigo trabajando en neurociencia, mi respuesta es todavía más rotunda, y es: ¡Sí! Por supuesto que podemos cambiar nuestro cerebro. Por supuesto que puedes ver cómo tu personalidad, aunque haya muchos años, mires para atrás y veas que durante muchos años ha sido de una determinada manera, tú puedes hoy en día ver cómo eso que pensabas que era inamovible ha cambiado.
Bueno, quienes no me conocéis, yo soy Ana Ibáñez, soy neurocientífica. Me dedico al estudio del cerebro y, además, soy una neurocientífica en ese sentido de neurociencia aplicada. A mí me interesa el cerebro de todos nosotros en el día a día. Hago investigación continua, trabajo con laboratorios de investigación, con universidades, estoy muy, muy al día de lo que se está investigando. Pero a mí lo que me interesa es qué de todo eso podemos traer hoy para cambiar de verdad nuestro cerebro, para que esto que os estoy diciendo que se puede cambiar sea una realidad. Soy la directora de unos centros de entrenamiento cerebral que se llaman Mind Studio, que están aquí en España, pero la verdad es que nos movemos por todo el mundo. Y y escribí un libro que se llama "Sorprende a tu mente", que intenta acercar todavía más la neurociencia con cosas muy concretas para que podamos aprovechar todos esta posibilidad de cambio.
Aquí se viene una cosa curiosa, y es por donde quiero empezar, y es que tenemos que entender que el cerebro que nosotros tenemos no está hecho para el siglo XXI. Y esa es la razón por la que la Organización Mundial de la Salud, por desgracia, nos da unas cifras que son bastante alarmantes. El la tasa actual de insomnio... insomnio es simplemente la incapacidad que tiene nuestro cerebro para dormir porque está demasiado alerta, porque piensa que dormir le pone en peligro. Ese es el insomnio. Bueno, las tasas están dentro del 40%, siendo que dormir es una de las de los principales regalos que le tenemos que hacer a nuestro cerebro para que funcione bien. Tantas cosas se nos hacen difíciles por no haber podido descansar bien. Bueno, pues es el 45%, el 40%, y las mujeres, además, estamos más por encima de ese porcentaje.
La tasa de depresión, eh, nos dice son muy altas. Pero yo, que veo a cientos de personas, os diría que si no solamente hablamos de depresión, sino de estados un poco más deprimidos, es decir, de no sentirte con las ganas de vivir y con con esa energía vital que te lleva a lanzarte a la vida, pues es bastante mayor de la que está diciendo la Organización Mundial de la Salud. Y esto no puede ser. ¿Y por qué ocurre esto? ¿Será que estamos todos nosotros mal? ¿Será que no estamos a la altura de los tiempos? Pues mirad, no tiene que ver con eso. Tiene que ver con que nuestro cerebro nos está pidiendo hoy en día una evolución más rápida de la que nuestro cerebro puede dar.
Pero, ¿cuál es la buena noticia? Que os estoy diciendo que podemos entrenar. Entonces, por primera vez en la historia, y ahí yo agradezco que en mi vida me dedique a esto, por primera vez en la historia podemos ver que tenemos herramientas para acelerar la evolución lógica, biológica. Si nosotros nos dejamos simplemente ser, vamos a esperar a muchos miles de años para que nuestro cerebro pueda darnos lo que necesitamos hoy en día. Por suerte, lo podemos acelerar. Y os voy a decir, os voy a decir cómo.
Una de las habilidades que tiene nuestro cerebro, que es importantísima, la compartimos con el Homo sapiens sapiens, al que nosotros pertenecemos, y es la misma habilidad que nos hizo este tipo de cerebro hace 200 o 300.000 años. O sea, que no, no hemos evolucionado mucho más que desde hace 200 o 300.000 años. Y esa es la capacidad que tiene nuestro cerebro para asegurar nuestra supervivencia, para ser un radar en el mundo, intentar ver por nosotros qué de lo que estamos recibiendo es una amenaza o no.
¿Cuál es el problema? Que nuestro cerebro de hoy en día, del siglo XXI, se ha quedado pegado a una habilidad que es necesaria, que por eso estamos aquí, pero no hace bien otra, que es darnos la seguridad y la fuerza cerebral necesaria para afrontar los retos del día a día. Nos deja mucho más asustados en ese sentido que seguros para que demos pasos adelante. Y si me preguntáis a mí como neurocientífica, ahí radican todos nuestros problemas. Nuestros problemas radican en que tengamos un cerebro que, frente a la novedad y a la incertidumbre, se asuste y nos lo haga pasar mal y nos estrese, en vez de que vaya a rebuscar dentro de nosotros. Que lo tenemos, eh. Todos nosotros tenemos una zona de nuestro cerebro que se llama el hipocampo, que es donde están guardadas todas nuestras memorias emocionales. Bueno, esa zona de nuestro cerebro es la que nos podría decir: "Oye, tranquilo, tranquila, que esto que vas a afrontar es complicado, pero no es imposible". De hecho, y ahí vendría nuestro hipocampo y nuestro cerebro se convertiría en un aliado y nos diría: "Vete a recordar cómo cuando tenías 17 años hubo una situación que era complicada y tú hiciste todo esto y te saliste adelante". "Oye, acuérdate cómo ya te has sentido incómodo antes frente a algo que no sabías cómo iba a terminar y aún así las cosas no te, no te moriste".
El problema de nuestro cerebro es que él piensa, él piensa que nos vamos a morir un montón de veces. Que nos morimos si no entregamos un proyecto a tiempo, que nos morimos si tenemos un examen y no sale bien, que nos morimos si nuestra pareja, con nuestra pareja no estamos bien y se deshace esa pareja, que nos morimos cada vez que alguien pone en duda nuestra valía. Fijaros lo que os estoy diciendo. Lo que nos está ocurriendo en este siglo es que tenemos cerebros sobrepreocupados, sobreestresados, porque la verdadera razón de existir de nuestro cerebro, que es la supervivencia en primer lugar, se ve amenazada.
Aquí ocurre una cosa que también quiero que veáis que está ocurriendo en este siglo y va a seguir pasando cada vez más, es que acabamos de pasar de cerebros que estaban acostumbrados a unas tareas más secuenciales. Nosotros antes, incluso nosotros, incluso yo en mi generación, cuando pienso cuando era niña, teníamos mucha más perspectiva sobre las cosas que hacíamos. Las cosas empezaban y muchas veces veíamos el fin, era más secuencial. Ahora mismo la vida se ha vuelto mucho más simultánea. Si os dais cuenta, lo que que nuestro cerebro enfrenta todos los días es que tengamos la atención sobre muchas cosas a la vez. Tenemos que hacer microtareas de manera simultánea. Microtareas que muchas veces no son, no son muy importantes, pero para nuestro cerebro, que es un radar que está pensando por nosotros y por nuestra supervivencia, cada microtarea la tiene que analizar y tiene que ver si esto termina bien o no, y tiene que ver si esto es una amenaza o es una oportunidad.
Entonces, estamos en un momento de la historia del cerebro humano donde le estamos pidiendo algo que es quizás lo más difícil para nuestro cerebro, y es que esté alerta de muchas cosas de forma simultánea y que no vea el principio y el fin de lo que hacemos. Mucha gente, nosotros, claro, en mis centros recibimos a niños, a adultos, a deportistas de élite, muchas personas se conocéis con nombres y apellidos que son famosas por tener un talento muy grande en cosas. Todos ellos están entrenando de manera cerebral, porque la la diferencia muchas veces entre el éxito o el que te quedes en un lugar que es lógico, un lugar menos brillante, está en el cerebro. E, ¿qué es lo que vemos? Que la diferencia está en que tu cerebro sea capaz de darte aquello que necesites, esa solidez, esa fuerza, esa autoestima, porque es capaz de ver el final de aquello para lo que le estás pidiendo esfuerzo. Y esto es fundamental. Si en nuestra vida pensamos, te voy a pedir, me tengo que esforzar, esto me cuesta, pero uno es consciente de qué gana con esa situación, tu cerebro empieza a trabajar mucho mejor para ti, porque le quitas la amenaza. En el fondo, le estás diciendo: "Esto no es una cuestión de supervivencia, de repente, esto es una cuestión de oportunidad". Y esa es la clave. Necesitamos que nuestro cerebro se convierta en nuestro aliado, no nuestro nuestro enemigo. ¿Cuándo va a hacer eso? Lo va a hacer siempre que vea que aquello que vas a afrontar es una oportunidad y no una amenaza.
Bueno, pues esto se entrena. Hay tres grandes descubrimientos, os diría yo, que que os quiero compartir dentro del mundo de la neurociencia para que entendáis mejor cómo funciona nuestro cerebro, porque os dais cuenta, es es raro. O sea, si todo lo que nosotros percibimos, vivimos, sentimos, pensamos, procede de qué áreas de nuestro cerebro estamos utilizando, y es en realidad nuestro cerebro el que está diseñando y construyendo esa realidad que nosotros luego percibimos, pues qué raro no saber más de él. Así que hoy, en este ratillo, con que os llevéis tres cosas que tienen que ver con con conocer más nuestro cerebro, vuestro cerebro, para que lo utilicéis mejor, yo me doy más que por satisfecha.
Hay tres cosas que me parecen fundamentales que todos deberíamos saber y que se debería saber desde pequeñitos, porque lo utilizaríamos a nuestro favor. La primera, fijaros, es que nuestro cerebro es electroquímico. ¿Qué significa esto? Bueno, hay una parte que siempre, seguro que conocéis, que es la química cerebral. Siempre que habéis oído hablar de dopamina, de serotonina, de adrenalina, de oxitocina, estamos hablando de la química cerebral, es decir, qué cóctel ocurre dentro de nuestro cerebro que nos hace percibir cosas o no. Qué ocurre cuando tenemos mucha oxitocina, queremos mucho a quien tenemos alrededor. Hay un momento vital en las mujeres cuando damos a luz que la oxitocina nos sube, entonces es un momento que todas lo conocemos, lo hemos vivido ahí, entonces tú percibes y sientes y quieres de una manera distinta. Cuando no tienes ese subidón de oxitocina, también ocurre que cuando tienes la serotonina baja, tiendes a deprimirte más. Eso lo conoce la gente que tiene episodios depresivos o depresión, vale. La química, seguro que la conocéis de alguna u otra manera.
Pero yo os voy a hablar de la electricidad cerebral. La electricidad cerebral, para quienes estamos en el mundo de la neurociencia de ahora, en la moderna, en la neurociencia aplicada, es la que cambia todo. Es la que nos permite utilizar esto que efectivamente ya visualizó nuestro querido Don Santiago Ramón y Cajal, que es un orgullo que fuera español. Él visualizó que nosotros podíamos transformar nuestro cerebro y que había una parte de las neuronas y de cómo cómo se conectaban que podía ser cambiado, transformable, que nosotros éramos capaces de cambiar de alguna manera eso, esas conexiones neuronales, y eso se llamaba la plasticidad cerebral. Fue el primero que habló de la plasticidad cerebral.
Hay una cosa interesante y es que ahora cuando lo vemos, yo veo, sí, Santiago, Don Ramón y Cajal tenía, eh, efectivamente esa visión, y lo que ellos no fueron capaces de ver entonces, que ahora ya sí vemos y que lo están viendo y que es con lo que trabajamos los que nos dedicamos a la neurociencia del día a día, es que en realidad es la electricidad, los patrones eléctricos de las neuronas cuando se hablan unos con otros, lo que podemos medir y lo que le podemos enseñar a nuestro cerebro para que él vea qué está haciendo y cambiar esos patrones.
Os voy a explicar que la frase maravillosa que él dijo, que era "cualquier hombre o mujer, si se lo pone, puede ser escultor de su propio cerebro", ahora la podemos transformar y podemos decir: "Cualquier cerebro, si se lo propone, puede ser escultor de sí mismo". Lo hemos cambiado. El gran descubrimiento de neurociencia es que si a un cerebro le eres capaz de ponerle un espejo para que se mire en él y él es capaz de ver su actividad eléctrica, podemos leer esas frecuencias cerebrales en un electroencefalograma. Posiblemente conocéis los electrocardiogramas, que os los habrán hecho siempre que te vas a a operar, te hacen un electrocardiograma previo para ver cómo tu corazón está. Bueno, pues ocurre lo mismo con el cerebro. Nosotros podemos leer la electricidad cerebral y ver cómo está. Y si nosotros le enseñamos esa actividad cerebral al cerebro, le ponemos un espejo, ocurre algo mágico que se ha descubierto ahora y es que nuestro cerebro tiene una capacidad que se llama de autorregulación. Es decir, que si él se ve a sí mismo, él puede transformarse a sí mismo, él puede esculpirse a sí mismo.
Yo no sé si sois capaces de percibir en esto que os digo el mundo que se está abriendo ante nosotros ahora mismo. A mí a veces que se me ponen los pelos de punta, porque yo veo la implicación que esto tiene y es extraordinaria. Nunca antes habíamos tenido la capacidad para empezar de ponerle un espejo a nuestro cerebro que se viera. Pero es que nunca antes habíamos sabido que haciendo esto nuestro cerebro es el mejor curador o el mejor programador de sí mismo. Y esto cambia todo.
E, la tercera cosa que quiero que sepáis es que nuestro cerebro, para cambiar, necesita estar incómodo. De la comodidad, nuestro cerebro cambia poco, porque nuestro cerebro, una cosa que le gusta, como gasta ya mucha energía por sí, gasta como el 20% de la energía nuestra, se la lleva a nuestro cerebro. Bueno, pues como él gasta mucha energía, necesita automatizar procesos y él se queda muy cómodo en lo automático. Si tú no le pones en un lugar incómodo, tu cerebro no te va a dar más. Y eso es clave.
¿Qué se está descubriendo ahora? Y esto, eh, yo trabajo directamente con ello. Hay varios laboratorios, pero la Universidad de Stanford está haciendo unos estudios que son muy interesantes en este sentido, y y es del equipo que que deriva de lo que quien ya lo empezó, que fue Nutzén, que fue un fantástico neurocientífico, y él vio una cosa que tenemos que aprovechar todos nosotros, y es que si queremos aprovechar el mejor lugar cerebral para cambiar, es es aquel lugar en el que no estás cómodo.
¿Y qué es la incomodidad? La incomodidad es decir que sí a cosas que te cuestan un poco, es estresarte un poco para hacer algo que de manera natural igual no lo harías, es aceptar que si fracasas en algo o te equivocas, no es que no puedas hacerlo, no es que seas un cero a la izquierda, significa que en ese momento no ha funcionado. Pero, eh, el espíritu y el que tú le des el significado a tu cerebro de, eh, "atención, esto no ha salido, pero ¿cómo puedo hacer para que salga?", bueno, pues ahí estás utilizando la máxima de las capacidades cerebrales para cambiar. Y esto, y esto es extraordinario.
Entonces, ¿cómo hacemos esto de esculpir nuestro cerebro en el día a día? Pues para esto necesito que conozcáis esta parte de nuestro cerebro, que es la electricidad cerebral, de la que os hablaba. Y la imagen que se me viene más fácil para que lo entendáis es es pensar en nuestro cerebro como que sea una radio. Tú cuando tienes una radio, puedes ir seleccionando emisoras y vas cambiando emisoras. Pues nosotros tenemos eso dentro de nosotros, tenemos una radio con distintas emisoras. ¿Qué emisoras tenemos? Pues la primera, que por supervivencia, lo que os decía al principio, que es el objetivo fundamental de nuestro cerebro, la primera emisora que le gusta conectar es la emisora de la alerta. Es la de "a ver, voy a lanzar por aquí el radar a ver si hay amenazas o no". Y esta or conecta cuando predominan en nuestro cerebro un tipo de frecuencias que se pueden leer, que son las que se leen en un electroencefalograma y que se llaman High Beta. Son unas frecuencias muy rápidas, son unas frecuencias que que ocupan mucha de nuestra capacidad cerebral y que hace que no te sientas tranquilo.
¿Cuándo tenéis frecuencias High Beta? Pues una manera muy fácil de acordarte cuando lo tienes es cuando vais a perder un avión o un o un tren. Esa sensación que tienes de de de ir en un modo túnel, se te olvida el exterior, no ves el entorno, simplemente ves que no puedes perder ese avión, por ejemplo. Entonces, todos tus sentidos, tu corazón late, están ocurriendo, estás con sudoración, etcétera, todo eso está provocado porque en tu cerebro predominan estas frecuencias que se llaman High Beta del estrés. Bueno, eso es una solo una emisora de nuestro cerebro. Ojalá podamos conectar esa emisora cuando la necesitamos realmente. Bueno, cuando tienes que correr para un tren que si no lo pierdes, o cuando sales a la calle y viene un camión y si no hace algo tu sistema para que te apartes, te pilla. Esas son High Beta.
¿Cuál es el problema? Que nuestro cerebro conecta demasiado con High Beta en el día a día. Piensa en ese afán de supervivencia, que High Beta es una frecuencia que él necesita todo el tiempo. Esa es una de las bases para que la Organización Mundial de la Salud nos diga estas cifras. Un cerebro que está mucho tiempo en High Beta es un cerebro que no puede dormir bien, un cerebro que está mucho en High Beta es un cerebro que se agota, que pierde energía vital y que va a tener mucha más tendencia a deprimirse. Está siempre relacionado. Una de las primeras de los primeros objetivos que tenemos cuando entrenamos un cerebro es bajarle las frecuencias High Beta para que empiece a utilizar otras áreas cerebrales que si no no conecta.
¿Qué otra emisora podemos conectar que nos viene muy bien? Pues es la emisora Beta de la concentración. Nosotros, como seres humanos, tenemos una capacidad de concentración muy grande, grandísima, y espero que que todos y todas hayáis vivido momentos de esta concentración tan buena cuando estás sumergido en algo que se te olvida el resto del mundo, se te van las horas, entras en un estado de flow muy agradable y te sientes muy eficiente. Siempre que os pase eso, será porque vuestro cerebro está conectando esta emisora de frecuencias Beta y además en unas áreas cerebrales muy concretas que son del hemisferio derecho, del hemisferio izquierdo, que os va a permitir que os concentréis muy bien. Bueno, la la emisora Beta es importantísima a la hora de trabajar, a la hora de ser eficiente, y tiene mucho que ver con la autoestima de una persona, porque cuando una persona tiene la sensación de que se puede concentrar y meterse bien en temas sin saltar de ellos, pues es muy interesante. Creo que podéis adivinar que estas frecuencias Beta o esta emisora Beta es una de las que se ve muy amenazada en el día a día con estas microtareas que os contaba. Cuando vivimos en un mundo de microtareas, nuestro cerebro tiene que saltar muchas veces de una a otra, entonces estas frecuencias nos está costando más hoy en día que nuestro cerebro las conecte. Bueno, no, ahí ponemos el espejo para que él se vea y pueda mejorar esto, pero de eso os voy a hablar ahora.
Otra emisora que puede conectar, y voy yendo de frecuencias que son más rápidas a frecuencias más lentas, la tercera son unas frecuencias que se llaman Alfa, y las frecuencias Alfa son las de la calma. Y la conocéis todos, porque son estas frecuencias tan agradables que tenemos cuando nos sentimos en calma, cuando estás escuchando una buena música, cuando estás paseando al lado del mar, en la naturaleza, en una buena conversación, esa sensación de paz que te da después de haber hecho ejercicio físico, porque ahí te vienen unas ráfagas de frecuencias Alfa que hacen que te sientas así de bien. Bueno, pues las frecuencias Alfa, esa emisora, el hacer que nuestro cerebro pueda estar más tiempo en esas frecuencias Alfa, es una es uno de los grandísimos objetivos que tenemos que tener desde la neurociencia para el cerebro humano, porque sabemos que si se queda en esas frecuencias, se va a regenerar, se va a cuidar, va a resetear. Esas frecuencias son fundamentales. Por eso todas las actividades que lleven a producir más de estas frecuencias, cómo son la meditación, cómo son las buenas respiraciones, eh, cómo es el ejercicio físico, todas ellas vienen a mejorar nuestro cerebro. Por eso es una emisora que tenemos que buscar siempre.
Después de esta emisora, viene otra emisora más bajita, estas ya son más lentas, que se llama la emisora de las frecuencias Theta. Las frecuencias Theta son maravillosas desde el punto de vista de la creatividad, y se estudia mucho. Nosotros tenemos estudios abiertos para ver qué está ocurriendo a nivel de creatividad cuando a un cerebro le puedes llevar a que tenga más de estas frecuencias, porque son unas frecuencias donde tu cerebro se va como a unos estados de duermevela, que no sabes si realmente está despierto o está soñando, y en este lugar como onírico aparecen grandes ideas. Y esto, quienes tienen profesiones creativas lo conocen. Hay entrenamientos específicos para colocar este espejo a tu cerebro y que pueda ver este tipo de frecuencias y las pueda regenerar.
Y por último, hay otras frecuencias que se llaman, que es esta emisora que cuesta tanto conectar bien bien conectada, que son las frecuencias Delta del dormir. Esta, si ponemos este símil de la radio, pues mucha gente la puede sintonizar, pero tiene mucho ruido de fondo. ¿Sabéis esto que es tan molesto que cuando quieres escuchar una emisora que además hay una canción que te gusta y se te mete el ruido y dices, "y no lo puedo escuchar"? Bueno, pues esa es la gran dificultad hoy en día para muchos cerebros de dormir bien, que su cerebro puede producir estas frecuencias, pero no se puede quedar en ellas de calidad. Y ese es el problema que tienen hoy en día muchos cerebros y que es la razón para tener insomnio y no poder dormir bien.
Entonces, fijaros lo que os estoy diciendo. Os digo que nuestro cerebro es como una radio, y que dentro de la parte electroquímica de nuestro cerebro, la parte de la electricidad es la que nosotros podemos leer y que nos lleva, en función de la electricidad que tiene, a estar en unas emisoras o en otras. Es decir, que si nosotros en nuestro día a día pudiéramos elegir más qué emisora queremos conectar para aquello que queremos hacer, tendríamos acceso mucho más al cerebro que queremos. ¿Os dais cuenta de esto? Si yo decidiera que me quiero poner a estudiar sobre un tema y necesito concentrarme, y le pudiera decir a mi cerebro: "Ey, conecta Beta, conecta estas frecuencias que son las que necesito", y él tuviera la flexibilidad para hacerlo, pues mi cerebro se concentra y me resulta mucho más fácil. O si quiero dormir bien, le digo: "Oye, quiero dormir, entonces vete reduciendo de frecuencias, vete cambiando de emisora, de la concentración a la calma, a la duermevela, y llévame a dormir, y además déjame en esa emisora de forma continua".
Bueno, el entrenamiento cerebral, y esto es algo como que estemos viniendo del futuro a contarlo en el presente, el entrenamiento cerebral del futuro contemplará esto de una manera tan abierta, tan normal y tan aceptada por todos nosotros, que nos parecerá absurdo que hoy en día estemos hablando de tanta dificultad a nivel mental, porque no estábamos haciendo uso de eso. Y esto yo os lo digo no como una cuestión de fe, os lo digo como una certeza. Trabajo, tengo un equipo grande de de psicólogos expertos en entrenamiento cerebral que estamos desarrollando un método, que llevamos ya 16 años viendo esto, y que vemos cambios tan extraordinarios cuando somos capaces de poner un espejo delante al cerebro y utilizar esta capacidad de autorregulación. Cambios tan extraordinarios como tener a un niño, vamos a llamarle Pablo, a un niño de 7 años, que viene porque ya no saben los padres, están desesperados, ya no saben qué hacer, porque es un niño que tiene episodios epilépticos tan grandes que puede tener hasta cuatro y cinco episodios en un día, y algunos de ellos ya tan largos que duran hasta 40 minutos, que el niño se se desmaya porque su cuerpo no da más, y se desmaya sostenidamente día sí y día también.
Ese caso nos llegó hace ya unos años, eh, que me llegó este caso, este caso me llegó y no se sabía qué hacer desde el punto de vista de la neurología, no sabía qué hacer desde el punto de vista de medicación, etcétera. Y yo dije: "Vale, vamos a estudiar este cerebro y vamos a ver qué patrón es el que tiene desregulado". En este caso vemos que hay un área de interhemisférica, lo llamamos, un un área entre ambos temporales cerebrales, que son estas zonas que están aquí, que pegan saltos. Eso es lo que ocurre en la epilepsia, que hay unos patrones que están desregulados. Yo digo: "Vale, vamos a trabajar con este cerebro poniéndole un espejo para que vea eso que está haciendo mal, a ver qué pasa".
Bueno, fue uno de los casos más rápidos que hemos tenido desde el punto de vista clínico. En cinco sesiones, en dos semanas, logramos que no tuviera episodios epilépticos largos, que ya es mucho para alguien que venía con un episodio epiléptico largo todos los días que le desmayaba. Entonces, su cerebro empezó a bajar esta desregulación de manera que cuando iba a darle el el ataque, en este caso, algo en su cerebro lo frenaba y era capaz de empezar a frenarlo. Ese era el camino. Dijimos: "Ey, lo estamos haciendo bien, estamos enseñándole bien a este a este cerebro en ese espejo qué es lo que tiene que hacer. Sigamos por ahí". Una de las cosas que hacemos es que, una vez que vemos que algo está funcionando, es como que pulimos el espejo, decimos: "Vamos a enseñártelo más de cerca para que tú lo puedas cambiar".
Bueno, eso es un caso extraordinario. Bueno, no extraordinario, será muy normal, pero en este caso es algo que hemos hecho que no se sabía que se podía hacer y que si nos preguntáis desde el punto de vista de neurociencia, yo os lo puedo explicar así de manera simple, pero realmente qué es lo que está ocurriendo en el cerebro para que deje de tener episodios epilépticos, no lo podemos explicar. Tenéis que saber que respecto al cerebro, sigue siendo mucho más lo que desconocemos que lo que conocemos, pero sí vemos efectos de lo que estamos haciendo y nos tenemos que aferrar a eso.
Bueno, sin ser casos clínicos, ¿de qué manera nosotros podemos poner espejos a nuestro cerebro? Pues fijaros que, por ejemplo, un cerebro que tiende a deprimirse. Ahora lo que sabemos, antes se decía, cuando un cerebro se deprime es porque no tiene los niveles necesarios de serotonina dentro y entonces los medicamentos y los fármacos van a producir que que pueda asentarse más esa serotonina a nivel cerebral. ¿Qué es lo que estamos viendo ahora? En realidad, ese no es el problema. El problema es que hay dos áreas del cerebro que no se están hablando muy bien, y un cerebro que se deprime es un un cerebro que no puede guardar por mucho tiempo dentro de su estructura cerebral la alegría que le ha producido determinados eventos. Si os dais cuenta, quienes hayáis pasado por depresión o los que estemos a punto o lo pasemos, porque fijaros que ahora tal y como están las cifras, todos nosotros por porcentaje vamos a pasar una media entre una y dos depresiones en nuestra vida o episodios depresivos profundos. Bueno, lo que está pasando es que estos cerebros tienen la dificultad de mantener la alegría dentro y entonces entran en una planicie emocional donde no tienes energía vital, donde no tienes ganas. Ese es el gran problema desde el punto de vista cerebral.
¿Qué le tenemos que enseñar al cerebro? ¿Dónde le tenemos que poner el espejo para que él se autorregule? Bueno, pues en un área que estamos investigando ahora y que está dando grandes resultados y que de momento sabemos que si le ponemos el espejo en unas áreas del hemisferio izquierdo, en la parte del frontal izquierdo y en una parte que se llama núcleo accumbens, que hace como una unión entre nuestra parte prefrontal, que es la parte más sofisticada de nuestro cerebro, y la conexión con el con el cerebro límbico, más el emocional. Bueno, pues sabemos que si ponemos ahí el espejo, de repente esa persona empieza a tener unas frecuencias cerebrales que empiezan a subir, empieza a tener mucha más Alfa de calma, son cerebros que empiezan a calmarse, que empiezan a volver a tener esta sensación positiva, placentera de la vida, y empiezan a salir de la depresión.
Entonces, fijaros si es importante el saber, en primer lugar, que podemos cambiar y que tenemos que confiar mucho en que nuestro cerebro, en lo que nuestro cerebro sabe hacer para cambiar. Y aquí os quiero hacer también como muy conscientes de una cosa, y esto yo lo digo todos los días cuando veo a gente que estoy entrenando. A mí me puede venir alguien, por ejemplo, y decir: "Eh, tengo mi autoestima muy baja". Esto, esto pasa mucho ahora. Y yo digo: "Oye, ¿siempre has tenido la autoestima baja?". Bueno, unas veces más, otras menos, pero es verdad que ahora puede que que me esté afectando mucho, que estoy viviendo unos periodos en los que me está viniendo la vida, se me está haciendo muy dura, especialmente dura, no tengo, no tengo como mucha, eh, como mucha visión de lo que estoy haciendo de algo positivo en mi vida y no sé si valgo mucho". Y esto, esto es muy común, es de verdad, es muy, muy común.
Bueno, pues, eh, cuando alguien me dice esto, yo le llevo a momentos que ya ha vivido y le digo: "Oye, pero dime, ¿tú puedes reconocer en ti algún momento donde sí estabas viendo autoestima? ¿Puedes reconocer algún momento de tu vida donde, si cierras los ojos, te ves en una situación donde sí estabas especialmente orgulloso de ti y pensabas: 'Qué bien, qué valía la pena y que sí que eras alguien válido'?" Y con seguridad, casi siempre hay un momento así, es muy raro que alguno de nosotros no tenga momentos así. Y entonces digo lo siguiente: "Si tu cerebro fue capaz de construir y de fabricar autoestima y esa sensación en ese momento, no te quepa duda de que sabe hacerlo, de que está dentro de ti". Y esto es importantísimo que todos lo sepamos, porque puede que nuestra vida vaya por altos y bajos, pero todo lo que tu cerebro ya ha fabricado alguna vez, lo puede volver a fabricar.
Y en ese sentido, hay un juego muy bueno con las frecuencias, que es identificar qué situaciones te producen determinadas frecuencias. Y os explico, porque nuestro cerebro tiene la capacidad de volver a producir y fabricar aquello que ya ha hecho antes, si es es capaz de visualizarse en ello, y si además le ilusionamos y le decimos que hagas esto, es bueno, acuérdate que lo hiciste y salió bien, por así decirlo, le estamos adelantando y estamos haciendo el trabajo por él de que tenga seguridad de que no entre en el modo alerta de supervivencia, sino que confíe que eso que estás haciendo puede llegar a un buen lugar. Entonces, le podemos engañar. Y esto es una cosa que la trabajamos todos los días mucho con el alto rendimiento deportivo también.
Entonces, si vosotros identificáis momentos en los que ya habéis producido y fabricado determinadas frecuencias, digamos, por ejemplo, la de la concentración, si vosotros queréis concentrar, lo vais a lograr mucho mejor si cerráis un momento los ojos y os vais visualmente a un momento donde estabais concentrados y estabais disfrutando la concentración. En el fondo, estáis hablando con vuestro cerebro, le estáis dejando que se esculpa y le estáis diciendo: "Ey, aquí produciste concentración y nos fue bien, dame un poco más de eso", y él lo hace.
Es curioso, pero cuando nosotros leemos la actividad cerebral, y esto se puede leer en de distintas maneras, pero la resonancia magnética funcional del cerebro, que nos da imágenes, nos muestra que cuando una persona le hacemos una foto del cerebro con un pensamiento X que no le decimos nada, y si a esa misma persona le hacemos una foto del cerebro un tiempo después y le hemos dicho: "Vete a esta situación concreta", si por ejemplo le pedimos que vaya a una situación concreta que es motora, donde se estaba moviendo, lo que vemos es que solo por imaginar ese movimiento, su cerebro activa las áreas motoras. Es increíble esto. En el mundo del alto rendimiento, hay muchos deportistas con los que trabajamos a través de la visualización, la mejora del gesto. Esto ocurre mucho en tenis y golf, por ejemplo, porque tu cerebro no puede diferenciar muy bien si algo está ocurriendo de manera real o no. Si tú lo puedes imaginar con la suficiente realidad. Fijaros los campos que nos abren esto.
Bueno, pues con las frecuencias ocurre lo mismo. Si tú eres capaz de llevar a tu cerebro a emisoras donde ya ha estado y engañar y decirle: "Venga, vamos ahí otra vez", él va a empezar a cambiar su electricidad para que te ocurra esto. Imaginaros los campos que abren esto, el jugar con nuestras frecuencias, el tener flexibilidad para que nuestro cerebro pase de unos estados a otros. Yo no tengo ninguna duda que es la base de nuestra salud mental, ninguna duda. Todos los grandes problemas que escuchamos de salud mental hoy en día provienen de cerebros que están quedándose muy anclados en un tipo de funcionamiento que es muy alerta, que está muy cercano a este tipo de frecuencias.
Y yo os diría, el 70% de las personas, si no más, que llegan a mis centros, a Mind Studio, la primera lectura de frecuencias que hacemos, vemos que son cerebros que están muy estresados, que están con mucha frecuencia High Beta cuando no hay ninguna necesidad. Y fijaros lo curioso que es que una persona que viene a hacerse una sesión, antes de entrar puede tener un nivel muy alto de frecuencias High Beta, después de la sesión lo ha bajado de tal manera que, hablando con la persona sobre el mismo problema antes y después de la sesión, su visión es totalmente distinta. Os estaba hablando antes de si era posible cambiar o no nuestro cerebro. Fijaros, cambiando un poco el tipo de frecuencias y las áreas, por ende, que conecta nuestro cerebro, cambia nuestra perspectiva sobre el mundo de una manera muy directa.
Pero esto que nosotros hacemos de manera con electrodos y de una manera muy guiada para hacerlo muy rápido, lo hemos vivido todos. Porque, ¿qué ocurre cuando un problema te está atenazando y lo ves negativo y y no ves solución? ¿Qué pasa si en ese momento dejas ese problema? Que posiblemente lo habéis hecho todos también. Dices: "No puedo más con esto, voy a darme un paseo, voy a hablar con alguien, voy a escuchar música, voy a mover o me voy a hacer deporte". ¿Qué ocurre cuando vuelves otra vez sobre el mismo problema después de haber hecho esto? Pues muy posiblemente te ves con otra claridad y estás encontrando soluciones que antes no encontrabas. ¿Por qué ocurre esto? Porque tu cerebro se ha ido a otra emisora, se ha salido del bloqueo de High Beta y está utilizando otras. Os dais cuenta, es extraordinario lo que podemos hacer en nuestro día a día.
Entonces, por primera vez, conociendo esto, tenemos mucho más acceso a cambiar cómo nos sentimos. Os quiero pasar en esta en esta esculpir nuestro cerebro, os quiero pasar hoy tres ejercicios que son muy simples, pero que van a ayudaros a cambiar vuestras frecuencias cerebrales. Son muy simples. El primero que nos interesa a todos es bajar nuestro nivel de estrés. Yo os digo que el 70%, por no decir más, de las personas que leemos eh al principio y que vienen para mejorar su vida, para simplemente para entrenarse, porque saben que entrenarse cerebralmente es igual de importante que cerebrar, que entrenarse físicamente, no porque no vienen porque tengan un problema clínico a entrenarse, bueno, pues más del 70% de las personas tienen estrés interno en su cerebro. Así que lo primero será cómo hacemos para bajar nuestro estrés interno y High Beta.
Pues fijaros, hay un ejercicio que es muy simple, que tiene que ver con que siempre que tengas una una situación que te estrese, tienes que pensar que es tu cerebro el que está estresado, es tu cerebro no evolucionado, es este del Homo sapiens sapiens que está pensando que que va a haber depredadores detrás de cada esquina cuando no es verdad. Entonces, nos toca a nosotros enseñarle: "Ey, no hay depredadores". ¿Cómo se lo hacemos? Hay dos cosas que le tenemos que decir a nuestro cerebro. Lo primero es: "Tú te estás estresando por algo, ¿cuál es el beneficio que hay detrás de que asumas este estrés?". Porque cuando tú haces eso, de repente le estás dando una razón a tu cerebro para que pase por una situación incómoda. Estresarse es la puerta para alcanzar algo que si no no puedes llegar a ello. No veamos siempre el estrés como negativo, porque no lo es. Desde el punto de vista evolutivo y cerebral, el entrar en situaciones incómodas que nos exijan más allá de lo normal, que nos saquen de nuestros puntos de comodidad, de nuestros automatismos, hacen que puedas generar nueva plasticidad cerebral y con es tu cerebro de una manera distinta y que te hace evolucionar. Entonces, el estrés visto así es positivo, y eso se llama eustrés, que lo habréis escuchado hablar. Eustrés es aquel estrés que es incómodo, siempre es incómodo estresarse, pero que es un estrés positivo. Bueno, ese estrés positivo lo logras si tu cerebro sabe cuál es el beneficio detrás de esa situación que estás haciendo.
Y la segunda cosa que necesitas es que tenga el espacio temporal, que sepa que esto no va a ser para siempre, porque no hay ningún estrés positivo, eustrés, que se mantenga en eustrés, estrés positivo de forma indefinida. Hay que dejar descansar a nuestro cerebro. Entonces, una manera de hablarse es: "Oye, sí, lo estoy pasando mal, es una época que profesionalmente es complicada, pero gano esto con esta etapa profesional y además no va a ser para siempre. Esto va a durar dos meses, un año, tres años, no importa". Hay que decirle cuánto a tu cerebro, darle un horizonte temporal, porque si no, él tiende a pensar que va a ser para siempre. Eso es importantísimo.
Hay algo con el estrés también que quiero que os llevéis, y es que el estrés, e, tiene unos síntomas que que son el este acelere del corazón, esto que os decía cuando vas a vas a perder un avión o un tren, pues tú notas que tu corazón se acelera, que te tiene que hacer llegar más oxígeno, notas que que estás con sudoración, que tu tu aparato digestivo se para, y son sensaciones que son.
Incómodas, salvo que hagamos algo que ha estudiado la Universidad de Harvard, que es que es muy, que es muy bueno este estudio que han hecho. Y es, si a tu cerebro, cuando estás sintiendo esas esos síntomas que son incómodos, le dices, "esto es lo que mi cuerpo está haciendo para ponerme a punto para poder lograr este reto", "soy yo calentando motores para poder afrontar esto", de repente, cuando haces esto, tu cerebro no lo toma como un estrés negativo, sino que lo toma como algo necesario para alcanzar un beneficio que él ya sabe que quiere alcanzar.
Bueno, lo que se ha estudiado es que ahí no hay, eh, no hay nada que perjudique nuestra salud cardiovascular. Han hecho estudios y han visto que personas frente al mismo hecho, si le dan un buen significado a los síntomas, frente a otros que no le dan buen significado a los síntomas, ven que su actividad cerebral, sus ondas beta y su, eh, y su consiguiente repercusión cardiovascular es totalmente distinta. En unos les desarrolla y no tienen ningún problema en luego volver a situaciones de calma, y en los otros se quedan pegados a ese estrés que es distrés, que es estrés negativo.
Entonces, ¿cómo podéis moldear vuestro estrés? Siempre que estéis en situaciones estresantes, pensad cuál es el beneficio y el tiempo acotarlo y darle significado a los síntomas que estáis sintiendo.
Otras frecuencias que son muy interesantes por lo que hablábamos antes de las microtareas, que es de lo que sufrimos, de la poca, poca facilidad que tenemos hoy en día para concentrarnos bien en tareas, es cómo podernos quedar más en frecuencias beta o cómo llamar a nuestro cerebro para que genere más frecuencias beta. Bueno, pues hay un ejercicio que es muy simple, que es simplemente para concentrarte, necesitas que tu cerebro vaya de un foco que es más abierto a uno que es más cerrado. Necesitamos en este caso que entre en funcionamiento áreas de nuestro hemisferio izquierdo, que diga a nuestro hemisferio derecho, que es el que ve todo, y diga, "Oye, de todo el radar que estoy viendo, déjame que seleccione solo unas cosas y me quedo ahí".
Entonces, el ejercicio que nos ayuda a hacer ese trasvase entre ver mucho e ir a ver menos y enfocarnos, eh, es tan simple como nombrar los objetos que tienes alrededor. Si, ¿qué? Subir frecuencias beta de la concentración. Ahora mismo lo podemos hacer juntos. Haced ahora mismo y vamos a ponerle nombre a cosas que tengamos alrededor y enfocamos ahí la atención. Yo puedo mirar y puedo decir: foco, escalera, escenario, zapatillas, mesa. Haciendo eso con 20 nombres, estoy cambiando mis frecuencias cerebrales, estoy haciendo que haya frecuencias beta, más beta en mi cerebro, y me va a ayudar mucho más a concentrarme. Eso es algo que podéis hacer.
Y por último, las frecuencias alfa, que son las de la calma. El ejercicio más directo que yo puedo leer con un electroencefalograma es decir que yo, si os colocara ahora electrodos y leyera vuestra actividad cerebral, si yo os pidiera que hicierais este ejercicio, colocando, leyendo vuestra, vuestro, vuestras frecuencias, veríamos cómo aumentan las frecuencias alfa. Este ejercicio que os voy a decir es el, el más rápido que yo en mi historia, que he probado muchos, es el más rápido de todos, más que la meditación, más que el deporte, más que nada. Este es el más rápido y lo vamos a hacer juntos porque quiero que os llevéis este regalito para vuestro cerebro.
Así que podemos cerrar los ojos. Os invito a que cerréis los ojos y vamos a ir a generar, a esculpir nuestro cerebro con más frecuencias alfa. Así que, con los ojos cerrados, os voy a pedir que imaginéis el espacio que hay entre vuestras orejas. Y puedes imaginar la distancia entre la punta de tu nariz y la punta de tu barbilla. Imagina la distancia entre tu ojo y tu barbilla. Imagina la distancia ahora entre tu ojo izquierdo y tu barbilla. Imagina la columna de aire que cabe dentro de tu nariz. Y ahora imagina el espacio que ocupa tu lengua dentro de tu boca. Imagina la distancia entre tu ceja derecha y la punta de tu nariz. Imagina la distancia entre tu ceja izquierda y la punta de tu nariz. Y ahora imagina el espacio que hay entre tus orejas.
Ya podéis abrir los ojos. ¿Os habéis sentido algo? Si yo os leyera, por poco que fuera ahora, vería que tenéis más frecuencias alfa dentro de vuestro, dentro de vuestro cerebro, que estáis produciendo más frecuencias alfa.
El poder acceder a un pensamiento que es más tridimensional, en este caso, está demostrado que es un potenciador de frecuencias alfa de la calma. Y esto también lo podéis utilizar porque siempre que necesitéis calmar, si miráis al horizonte, vais a lograr que estas frecuencias también suban. No sé si os habéis dado cuenta de eso, cuando tú miras en la naturaleza, porque es tan calmante mirar, por ejemplo, el horizonte del mar, porque hay un tema visual que hace que se calmen vuestras frecuencias, no solo también por la presencia, por el sonido, etcétera, pero esa visual tridimensional hace que se calmen mucho las frecuencias.
Así que, para terminar, ¿cómo empezaba? Y empezaba con esta pregunta: ¿Es verdad que podemos entrenar a nuestro cerebro para vivir mejor? ¿Es verdad que puedo cambiar rasgos de mi personalidad que pienso que son inamovibles si hago cambios a nivel cerebral? Pues sigue siendo la respuesta, sigue siendo un sí rotundo. Y a mí me gustaría que, gracias a la divulgación y al conocimiento que tenemos cada uno más de nuestro cerebro, lo vayamos probando, porque de probarlo y de sentirlo y de darte cuenta cómo estas cosas tan simples que os he dicho realmente tienen un impacto que te va mejorando, empiezas a descubrir cómo podemos jugar mucho más con nuestro cerebro.
Y jugar es un verbo importantísimo desde el punto de vista cerebral. Pensad en nuestro cerebro mucho más como un niño que no como una máquina perfecta. Nuestro cerebro, una imagen que a mí me gusta poner es que nos lo podemos sacar de dentro, ponerlo en frente y empezar un diálogo. Y este diálogo debería empezar por: "Oye, yo sé que eres un cerebro de hace 200.000 años y que te importa mi supervivencia, pero sabes qué, que yo te voy a ayudar, que no hay depredadores detrás de cada esquina y que yo quiero ver más oportunidades que las amenazas que tú me muestras". Y para ello, te voy a ayudar y me voy a calmar y voy a bajar el estrés y te voy a mostrar qué es lo que hay de beneficio detrás de aquello que yo quiero afrontar. Y quiero que seas mi aliado y que me recuerdes.
Y ese es un ejercicio que podemos hacer y que me recuerdes que lo que ya has fabricado, lo puedes volver a fabricar y que esto que me asusta ahora, quizás ya lo he vivido de otra manera en el pasado. Tráeme esta seguridad para ver que lo podemos, que lo podemos afrontar de nuevo. Y en ese sentido, a mí me gusta hablar no solo de salud mental, que también, pero en este caso me gustaría que os quedarais con belleza mental. Y qué significa belleza mental, significa que nos guste como somos, que nos guste nuestro cerebro, que nos guste cómo pensamos, cómo sentimos, que nos gusten nuestras ganas de decir que sí a la vida, a afrontar cosas, a ver oportunidades, a no dejarnos caer pensando que no somos capaces de hacer determinadas cosas, que podamos ver oportunidades, que digamos que sí a la grandísima belleza humana y mental que tenemos para afrontar la vida, no solo para sobrevivir, sino para disfrutarla y aprovechar el que yo creo desde el punto de vista mental que es el mejor de los siglos en el que podíamos haber.
[Aplausos] [Música] [Aplausos] [Música] Gracias.