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Este es el Engaño Más Cruel de la Élite | Los Problemas NO EXISTEN

Despertarium27:58

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¿Crees que tu sufrimiento es único? Que tus limitaciones son sólidas, que son reales las cargas como si fueran medallas, describiendo su peso y su forma a cualquiera que te escuche. ¿Piensas que este acto de enfrentar la realidad te hace responsable? No es así. Te hace obediente. Estás cumpliendo con una precisión absoluta la función para la que fuiste programado. Mantener la ilusión con vida.

Te han convencido de que el reflejo en el espejo es la causa. Te han enseñado a luchar contra él, a odiarlo, a analizarlo, pero nunca a cuestionar quién está mirando. Has pasado toda tu vida alimentando a tu propio carcelero, creyendo que ese carcelero eres tú. La cuestión no es tanto que los problemas existan o no existan. La cuestión es que te programaron para que solo veas problemas, pienses en problemas, alimentes los problemas.

¿Qué pasaría si en este preciso momento dijeras basta? Los problemas no son tan reales como creemos. Esto es algo que nos han ocultado sistemáticamente. No se trata de pretender que la enfermedad, la falta de dinero o los conflictos no existan, pero su realidad depende de algo que quienes controlan el sistema han preferido mantener en secreto.

Desde pequeños nos enseñaron que preocuparnos constantemente demuestra que somos responsables. Nos dijeron que una persona adulta debe afrontar sus dificultades, darles vueltas todo el tiempo y dedicarles la mayor parte de su energía mental. Pero aquí comienza el engaño más profundo. Esta creencia es precisamente lo que mantiene vivas las mismas dificultades durante años, incluso décadas completas.

La realidad es que un problema funciona como un parásito. No tiene fuerza propia, no existe por sí mismo. Necesita completamente de un anfitrión para sobrevivir. Y ese anfitrión es tu mente. Los problemas te necesitan para existir. Requieren tu atención cada día para mantenerse con vida, sin el alimento constante de tu atención. Esos problemas que parecen tan sólidos e incontrolables simplemente perderían fuerza y se desvanecerían. Te mantienen alimentándolos. Te mantienen dándoles validez.

Nos convencieron de que miremos fijamente aquello que nos limita, escondiendo cómo funciona realmente la realidad. Nos ocultaron que el simple acto de mirar, de prestar atención, es el mecanismo que mantiene activa la jaula. Piensas que estás analizando tu problema, pero en realidad estás renovando su permiso para existir. Crees que buscas una solución, pero solo garantizas que el problema tenga energía para aparecer mañana. Esta es la mentira más dolorosa. Nos hicieron pensar que éramos víctimas de nuestros problemas cuando mayormente somos nosotros quienes los creamos y mantenemos.

Si los problemas son parásitos, la atención es su comida. Y la mayoría hemos estado alimentando a estos parásitos en un festín que dura todo el día. Prestar atención no es algo pasivo, no es solo mirar, es un acto de creación. Es la energía vital de nuestra conciencia y la hemos estado entregando justamente a las limitaciones que decimos querer eliminar.

Piensa en cómo mantienes viva una dificultad. Es una rutina, un ritual que la mayoría repetimos sin falta. Te levantas por la mañana y lo primero que haces es verificar si el problema sigue ahí. Con eso le diste su primera comida del día. Tomando café recuerdas los detalles de lo que anda mal. Camino al trabajo. Piensas en todas las consecuencias de ese obstáculo. Hablas de ello con la gente que conoces. Antes de dormir haces un recuento mental de cómo esa situación afectó tu día. Y después de todo este ritual, te sorprendes de que nada cambie.

La respuesta está en la pregunta misma. Nada cambia porque nunca interrumpiste el proceso de mantenerlo vivo. Cada vez que tu mente vuelve a esa dificultad, cada vez que revisas mentalmente los mismos obstáculos, estás confirmando su existencia. Crees que te estás quejando, pero en realidad le estás diciendo al universo qué experimentar a continuación. Pensar en una dificultad es renovarla. El universo no diferencia entre lo que deseas y lo que rechazas. Manifiesta aquello a lo que prestas atención. Funciona como un espejo perfecto que solo refleja lo que tu mente acepta como cierto. Si tu atención está puesta en las dificultades, el espejo muestra dificultades. Si tu mente habita en la carencia, el reflejo es la carencia. Esta ley fundamental no tiene excepciones.

Cada vez que tu mente regresa a una barrera, la reafirma. Cuando te despiertas e inmediatamente piensas, "Todavía tengo este problema." Estás renovando el contrato de existencia de esa situación por un día más. Cuando hablas repetidamente de tus limitaciones, estás fortaleciendo su presencia. Aquí yace la confusión más fatal. La gente confunde la preocupación con una solución. ¿Creen que pensar obsesivamente sobre un obstáculo es una forma de resolverlo, pero la verdad es lo opuesto. Cuanta más energía mental dedicas a un obstáculo, más sustancial se vuelve. Es como tratar de apagar un incendio arrojándole gasolina. La intensidad solo aumenta.

El drama personal continúa existiendo porque recibe el papel protagónico en la narrativa mental. Ah, gran parte de esa corriente de pensamiento era de naturaleza negativa. Entonces, no experimenté la realidad que me rodeaba, excepto a través del velo del diálogo interno negativo, el velo, el velo mental de etiquetas e interpretaciones negativas. Y yo, todo lo que considero mi vida, no me había dado cuenta hasta que me desidentifiqué. Lo que yo tomaba como mi vida era una narrativa en mi mente y consistía en ciertas cosas del pasado con las que me identificaba, cosas que me habían sucedido. Era un eh un conjunto de pensamientos que se repetían continuamente y que me daban mi sentido del yo. Y era un sentido del yo infeliz. Era un sentido del yo basado en una narrativa.

Es imposible eliminar algo que validas constantemente a través de la observación mental. El mundo exterior no tiene una realidad independiente de la percepción interna. Es solo un eco. Has estado luchando contra fantasmas que tú mismo mantienes vivos a través de la contemplación constante. Es una batalla imposible de ganar porque el enemigo renace con cada pensamiento que le dedicas.

Este mecanismo de alimentación es poderoso, pero es solo la mitad de la historia. Existe un código maestro, un interruptor fundamental que activa toda esta maquinaria, un secreto tan simple que la mente racional intenta rechazarlo y que ha sido deliberadamente enterrado bajo milenios de desinformación. La verdad es que todo lo que sucede en la existencia humana comienza con dos palabras internas. Yo soy. Estas dos palabras no son una simple expresión lingüística, constituyen la identidad creativa absoluta de cada ser humano. La conciencia humana funciona a través de este principio fundamental. Aquello que reconoce ser, el universo lo transforma.

Cuando alguien pronuncia internamente yo soy y completa esa frase con cualquier declaración, literalmente está determinando lo que experimentará en el mundo físico. Observa cómo funciona esto en la práctica. Cuando una persona declara internamente, "Yo soy enfermizo," activa esa condición como una realidad manifiesta cuando afirma, "Yo soy pobre". Establece la escasez como una experiencia concreta cuando asume yo soy incapaz. Programa la restricción como una vivencia inevitable. Cada declaración que sigue al yo soy se convierte en una orden creativa que el universo ejecuta con precisión absoluta.

Y aquí es donde reside la conspiración más profunda. Este conocimiento fue arrebatado. Se nos enseñó que el poder siempre estaba fuera de nosotros. Nos mantienen distraídos. Nos dijeron que existían dioses distantes que decidían los destinos. Nos enseñaron filosofías que sugerían que nuestro camino estaba escrito en las estrellas. Insistieron en que todo dependía de factores externos medibles. Nos vendieron la idea de fuerzas misteriosas que distribuían bendiciones o maldiciones. Todo esto fue un engaño deliberado con un único propósito. Que la humanidad olvidara que el yo soy individual constituye el único poder creativo que opera en su experiencia. Nos colocaron en una posición de súplica y dependencia. Nos enseñaron a rogar, a pedir permiso, a esperar una intervención externa. En lugar de simplemente declarar quiénes éramos, nos hicieron olvidar que somos la causa.

Si este código Yo soy es lo que crea y sostiene la prisión, la pregunta es, ¿cómo se usa para desmantelarla? La respuesta es tan simple que la mente entrenada para la complejidad y la lucha no puede aceptarla. No haces nada, no luchas, no la superas. No la vences. La psique humana no necesita luchar contra los obstáculos. El acto de luchar es en sí mismo la trampa. Cuando luchas contra algo, estás declarando que es real, que es poderoso y que tiene la capacidad de oponerte resistencia. Estás gastando tu recurso más preciado, la atención, en la batalla misma. La humanidad vive hipnotizada por la idea de que las dificultades son entidades independientes que deben ser derrotadas. Dedican años a pelear contra fantasmas sin darse cuenta de que el enemigo se reaviva con cada pensamiento dedicado a él.

El verdadero método de disolución es el ayuno energético. La clave es la decisión deliberada de retirar toda la atención de aquello que te restringe. Es dejar de alimentar la narrativa del sufrimiento o la dificultad en el momento en que dejas de reconocer mentalmente un problema, en el momento en que dejas de darle tu energía, en el momento en que le retiras la validación de tu yo soy. Ese impedimento pierde su derecho a existir en tu experiencia. La mente racional gritará que esto es negación. Dirá que es irresponsable, que es esconder la cabeza en la arena. Pero esto no es negación, es sabiduría. No estás pretendiendo que el problema no existe. Estás comprendiendo una ley superior, que su existencia depende del reconocimiento mental que recibe.

Cuando decides conscientemente dirigir tu mirada interna hacia otro lado, estás cortando el cordón umbilical que mantiene viva esa situación. La prueba de que esto funciona está en tu propio pasado. Piensa en esa relación que parecía imposible de superar hace 10 años. ¿Dónde está ahora esa crisis financiera que consumía cada uno de tus pensamientos? ¿Qué poder real tiene hoy? Esas dificultades se disolvieron, pero no se disolvieron porque el tiempo pasara. El tiempo no cura nada. Lo que cura es el retiro de la energía mental. Dejaste de alimentarlos con atención diaria y por lo tanto murieron de hambre.

Este proceso de inanición es el verdadero poder. La fuerza de cualquier situación limitante reside exclusivamente en la frecuencia con la que se contempla. Sin esa mirada mental constante, ninguna dificultad puede mantener su aparente solidez. Necesita tu participación para continuar. Al retirar la atención, el parásito muere y deja un espacio vacío, pero la naturaleza aborrece el vacío. Este espacio mental no permanece vacío por mucho tiempo, será llenado con algo. La pregunta es, ¿con qué? Si no eliges conscientemente con qué llenarlo, el vacío será llenado automáticamente con más de lo mismo. Los viejos patrones regresarán, quizás en una forma diferente, pero con la idéntica esencia de la limitación.

Aquí es donde se da el siguiente paso del proceso creativo, el paso de la siembra consciente. La clave para transformar cualquier aspecto de la vida es tan simple que parece mágica. Debes asumir internamente que ya eres lo que deseas ser. Y debes hacerlo ahora, incluso cuando cada evidencia física dice lo contrario. No necesitas pedir permiso al universo. No hay un protocolo que seguir, ni un ritual que realizar, ni una aprobación que recibir. Solo necesitas aceptar con silenciosa convicción la identidad de lo que buscas.

Cuando alguien declara internamente, "Yo soy algo," ya sea que se trate de salud, abundancia o éxito, un nuevo orden de realidad comienza a formarse inmediatamente, aunque sea invisible a los ojos. Aquí es donde la lógica convencional, la que nos enseñaron, debe ser invertida. La mente condicionada insiste en que primero necesitas ver para luego poder creer. Exige garantías, pruebas y señales externas antes de permitirse aceptar una nueva identidad. Pero este enfoque es la trampa que mantiene a la persona eternamente atada a lo que ya existe, porque está esperando que el mundo cambie primero para que ella pueda cambiar internamente. Es como esperar a que el espejo sonría antes de sonreír tú. El reconocimiento interno es siempre la causa. El cambio externo es siempre la consecuencia. No hay excepción a esta secuencia.

Como ya vimos, la mente racional rechaza esta idea porque le parece una fantasía. Quiere pruebas externas antes de cambiar por dentro. Ahora me gustaría saber qué es lo más difícil para ti de este proceso. ¿Es dejar de prestar atención al problema o es asumir la nueva realidad sin tener pruebas de que funcione. Comenta abajo cuál de esos dos pasos sientes que es el mayor desafío. Y si ya pasaste por eso y lograste superarlo, considera compartir tu experiencia. Seguramente le servirá de ayuda a alguien más.

Cuando asume ser lo que deseas, estás plantando la semilla en el único lugar donde puede germinar. En la conciencia, el mundo físico es solo el suelo donde esta semilla ya viva internamente brota. Si alguien vive en la escasez, debe reconocerse a sí mismo como abundante. Si experimenta la soledad, necesita aceptarse como amado y completo. La mente racional grita que esto es locura o negación, pero la racionalidad solo conoce el pasado, no tiene acceso al campo de las posibilidades.

La persistencia en este nuevo estado asumido es fundamental, pero no es la persistencia de la fuerza bruta. No se trata de repetir afirmaciones vacías 1000 veces. No es tratar de convencerte a ti mismo de algo. Es una aceptación tranquila, una certeza silenciosa que no necesita justificarse cuando realmente asume ser algo. No hay necesidad de convencer a nadie, ni siquiera a ti mismo.

Pero, ¿qué sucede cuando asumes esta nueva identidad y durante días o semanas no pasa nada? Aquí es donde se encuentra la prueba más grande. Las transformaciones rara vez aparecen instantáneamente en el mundo físico. Existe un periodo de gestación, un intervalo de tiempo durante el cual nada parece ser diferente externamente. Es en este exacto intervalo donde la gran mayoría de las personas se rinden, vuelven a habitar la antigua identidad, miran la evidencia externa, no ven cambios y concluyen que el proceso no funcionó. Abandonar el estado recién asumido antes de la manifestación es como desenterrar la semilla todos los días para comprobar si está creciendo. Es un acto que garantiza el fracaso.

Este intervalo de aparente inacción es donde debe entrar en juego la verdadera fe. Pero la fe ha sido terriblemente malinterpretada. No es esperanza, no es deseo, no es pensamiento positivo. La diferencia entre esperanza y fe es crucial. La esperanza es pasiva. Mira hacia el futuro y dice, "Quizás algún día." La esperanza mantiene lo deseado a distancia. La fe, en cambio, es activa y presente. La fe dice, "Ya es." La fe trae lo deseado al presente interno. La esperanza depende de las circunstancias externas, mientras que la fe crea las circunstancias a través de la convicción interna. La verdadera fe es la convicción completa de que ya eres aquello que buscas manifestar. Es vivir internamente desde la realidad deseada, incluso cuando los sentidos físicos todavía muestran lo contrario.

El acto de fe más poderoso, el que sella creación, es el de la gratitud. Cuando das gracias por aquello que aún no ha aparecido físicamente, estás ejerciendo una fe genuina. Pero esta gratitud no se dirige a una fuerza externa pidiéndole algo. Es el reconocimiento de que la creación ya existe en ti. Es la aceptación de que ya es parte de tu identidad, de que ya ha sido aceptada como realidad en la única dimensión donde todo comienza, la conciencia. Dar gracias antes de ver es reconocer que la creación ya está completa internamente.

La gente suele invertir la secuencia. Dicen, "Cuando tenga esto, me sentiré así. Pero el orden natural es exactamente el opuesto. Primero te sientes así y entonces tienes esto. El sentimiento precede a la forma. La convicción interna precede a la evidencia externa. No hay atajos para esta secuencia. Cuando das gracias genuinas por lo que ya eres internamente, estás sellando el trato con la realidad. Es en este terreno de certeza interior que lo invisible se vuelve visible.

Pero este retraso no es solo un tiempo de espera pasivo, es una trampa. Es la última línea de defensa de la vieja realidad. Cuando dejas de alimentar al viejo parásito y asumes tu nuevo yo soy, la vieja realidad no se rinde sin pelear. El problema, al sentir que está siendo ignorado, que le has cortado el suministro de energía, a menudo intensificará sus demandas temporalmente. Como un niño que hace una rabieta y se da cuenta de que lo están ignorando, puede que grite más fuerte por un momento.

Aquí es donde todo se vuelve personal. El espejo de la realidad, el sistema que refleja tus creencias, usará un último engaño para hacerte dudar. A esto se le llama la manifestación inversa. Justo cuando te comprometes con tu nueva identidad, el espejo, en lugar de reflejar el nuevo estado, intensificará la vieja condición para probar tu convicción. Funciona así. Asumes internamente yo soy abundancia. Cortas toda la atención a la escasez. Te sientes genuinamente agradecido por la abundancia que ya es tuya y al día siguiente, en lugar de encontrar dinero, recibes la factura más grande e inesperada de toda tu vida. Este es el contraataque, es la prueba de fuego. El sistema te está preguntando, ¿de verdad lo crees o solo estabas jugando?

La vieja identidad no solo usará las circunstancias, también usará a las personas. Conoce todos tus puntos débiles, todos los elementos que pueden arrastrarte de vuelta y utilizará las voces de amigos bien intencionados, de familiares preocupados, de expertos y autoridades. Actuarán de forma completamente inconsciente como agentes del viejo sistema. Son ellos quienes vendrán a decirte, "Sé realista, no te hagas ilusiones. Eso es una locura. Tienes que enfrentar los hechos." Este sentido común y este realismo no son más que el código de la vieja matrix, diseñado para mantener a todos anclados al consenso general, a la prisión de lo conocido. Estos argumentos de prudencia y responsabilidad son solo los últimos intentos de una identidad que siente que su disolución se acerca.

El propósito de este contraataque no es castigarte. No es el universo diciéndote no. Es la última maniobra desesperada de una realidad que está a punto de morir. Está probando si tu nueva identidad es una preferencia temporal o una convicción absoluta. Si reaccionas ante la factura inesperada con el viejo pánico, si vuelves a alimentar el problema con tu preocupación, has fallado la prueba, has renovado el viejo contrato. Pero si puedes mirar la manifestación inversa, la factura, la crítica de la gente y permanecer tranquilo en tu nueva asunción, sabiendo que es solo una sombra, un eco moribundo, entonces has ganado. Si no reaccionas, la vieja realidad colapsa. Superar esta prueba requiere una decisión absoluta. No puedes servir a dos amos.

Gran parte de la infelicidad en la vida de una persona. Eh, el Buda la llamó duca, sufrimiento. Él dice que todo ser humano sufre a menos que haya despertado. Y mucha de la aflicción no se debe a tus circunstancias de vida, aunque la mayoría de la gente piensa que sí. E la mayor parte de tu sufrimiento se debe a tu comentario mental sobre tus circunstancias de vida. Tu mente te está diciendo algo que crea la infelicidad. Incluso puedes comprobarlo en una situación sencilla. Estás haciendo cola en algún sitio, te irritas, tarda demasiado, estás esperando, te enfadas mucho y te irritas. Luego experimenta. ¿Cómo podría experimentar esta situación sin agregarle ningún pensamiento si no he añadido ningún pensamiento a este momento solo y de repente, oh, realmente está bien que no es antes eras infeliz, pero no eres infeliz porque tuviste que esperar, eres infeliz por la narrativa en tu mente. Así que hay millones de personas que llevan narrativas muy tóxicas en su mente y lo llaman mi vida.

La razón por la que es tan difícil es por el falso confort de lo familiar. La vieja puerta, la vieja identidad es conocida. Incluso si esa identidad te lleva al sufrimiento, a la escasez o a la enfermedad, al menos es un sufrimiento conocido. Es predecible. La nueva puerta, en cambio, la nueva identidad que has asumido conduce a lo desconocido y la mente humana entrenada para sobrevivir basándose en experiencias pasadas tiene un horror profundo a lo que no puede predecir o controlar. Por eso la gente intenta negociar con la realidad. Quieren mantener un pie en cada mundo. Intentan hacer trampa. Asumen la prosperidad por la mañana, pero por la tarde regresan a calcular obsesivamente sus deudas. Declaran ser saludables durante unos minutos, pero luego pasan horas investigando síntomas en internet. Quieren la nueva realidad, pero no están dispuestos a soltar la vieja.

Este vaivén, este intento de habitar dos estados contradictorios anula cualquier posibilidad de cambio real. Es como plantar una semilla y desenterrarla cada pocas horas para ver si crece. No se puede construir nada bajo esas condiciones. No puedes ser parcialmente saludable mientras sigues reconociéndote como enfermo. No puedes experimentar abundancia mientras mantienes viva la identidad de la escasez. La naturaleza de la conciencia exige un compromiso total con un estado o con el otro.

El cambio real ocurre en un momento específico. Hay un punto de no retorno. El cambio se vuelve permanente cuando te das cuenta de que regresar al viejo estado, a la vieja identidad, sería más doloroso que permanecer en el nuevo, incluso sin tener todavía ninguna garantía externa. Es el momento en que la nueva identidad se vuelve más real internamente que cualquier evidencia contraria que el mundo te esté mostrando. Has quemado las naves, ya no hay vuelta atrás. En ese instante has cerrado la puerta al pasado y cuando se hace esta elección irreversible activas la ley final de la existencia, el espejo absoluto.

La verdad es que el universo, el mundo que te rodea, funciona como un espejo perfecto. No tiene opinión propia, no tiene agenda, no tiene preferencias, simplemente repite incansablemente aquello que la conciencia sostiene como verdad. Cada persona, cada situación, cada circunstancia que aparece en tu vida está ahí porque algo en tu conciencia permitió, invitó o mantuvo activa esa experiencia. El universo no juzga si tus creencias sobre ti mismo son constructivas o destructivas. Simplemente manifiesta con precisión lo que encuentra activo.

El error fundamental de la humanidad ha sido intentar cambiar las circunstancias desde fuera. Es el acto más inútil y agotador que existe. Es como pararse frente a un espejo con el ceño fruncido y exigirle al reflejo que sonría. Puedes gritarle al espejo, puedes argumentar con él, puedes incluso romper el vidrio en tu frustración. Pero mientras tu rostro permanezca fruncido, cualquier espejo nuevo que pongas delante mostrará la misma expresión. No se arregla el reflejo atacando al espejo, se cambia aquello que está siendo reflejado.

La gente pasa vidas enteras luchando contra las circunstancias, batallando contra los reflejos, desperdiciando energía en forzar al mundo a cambiar. Todo mientras mantienen la misma identidad interna. Es una guerra imposible de ganar. Pero cuando alguien entiende que el poder siempre estuvo en cambiar lo que está frente al espejo, toda lucha cesa. En el momento en que tu identidad interna cambia genuinamente, el mundo exterior no tiene más opción que reorganizarse para corresponder a lo que te has convertido. El universo debe reflejar lo que sostienes como verdad. Los viejos problemas no se resuelven, simplemente se vuelven irrelevantes para quien eres ahora. La escasez no puede existir para alguien que es abundancia. La enfermedad no puede adherirse a alguien que es salud. Has pasado toda tu vida tratando de arreglar el espejo, sin saber que el poder siempre estuvo en tu identidad.

La realidad que experimentas no es un castigo ni una recompensa, no es karma ni destino, es simplemente el reflejo honesto de lo que aceptas ser. Entender esto te libera. La prisión en la que creías vivir nunca tuvo cerrojos. Eran solo barras que aceptaste como reales. Has llevado contigo la llave de cualquier transformación durante toda tu vida. La pregunta final no es si puedes cambiar tu mundo o cómo lo harás. La pregunta es, ¿qué identidad, qué yo soy vas a elegir reconocer ahora?

Si llegaste hasta aquí, recibe como siempre un fuerte abrazo en nombre de todo el equipo. Por hoy me despido sin más, no sin antes agradecerte por tu presencia. Que todo lo bueno del mundo llegue a ti. Nos vemos pronto.