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Documentario Nat Geo Congelado en el tiempo La Primera Guerra Mundial

XY Documentales47:42

Transcription

Fue la Primera Guerra de esa clase; hasta entonces, el mundo no había visto batallas tan sangrientas. Supuso el nacimiento de la guerra moderna: tanques, submarinos, cazas, destructores; todo ello envuelto en mortíferas nubes de gas. [Música] Bombardeos implacables y horribles formas de matar redefinieron el sacrificio y las alianzas, y transformaron la faz de Europa. La Primera Guerra Mundial: cuatro años de incesante brutalidad y valor, capturados para siempre en celuloide, congelados en el tiempo. [Música] Congelado en el tiempo: nuestra historia en 3D. La Primera Guerra Mundial.

Estamos a principios del verano de 1914. Las tensiones políticas que han estado acentuándose durante años amenazan la quebradiza estabilidad de Europa. El polvorín está a punto de estallar. La brecha entre ricos y pobres es abismal. Los tratados y acercamientos entre unas naciones que pretendían mantener la paz las empujan ahora a la guerra. La tensión se debía principalmente a diferencias de clase, a diferencias étnicas y religiosas. Había una gran clase obrera que se expandía en Rusia, una clase obrera en Francia y la clase obrera original en Gran Bretaña, y toda esa gente tenía una vida muy difícil. Muchos estaban muy descontentos con la situación; vivían en la más absoluta pobreza y era una gran mayoría de la sociedad.

El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando, heredero del imperio austrohúngaro, decide viajar a Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina. Esta región había mantenido un largo conflicto con el Imperio austrohúngaro y cada vez mostraba más resistencia a su control. La llegada de Francisco Fernando con su esposa Sofía fue considerada por los bosnios como un insulto, especialmente porque tuvo lugar en una fecha simbólica para la independencia serbia. Un grupo de jóvenes serbios, terroristas según los criterios actuales, intentaba crear inestabilidad para conseguir la unión de Serbia y que se convirtiera en una nación-estado unificada. El mayor obstáculo era el Imperio Astro-húngaro; asesinar al archiduque suponía avanzar hacia el objetivo de unificar a su pueblo. [Música]

Francisco Fernando sabe que pueden intentar asesinarlo; ha sido informado de varias amenazas contra su vida. Por la mañana, al salir del ayuntamiento de la ciudad, lanzan una bomba contra la comitiva. Según el relato de la prensa, el archiduque desvía heroicamente la bomba con la mano izquierda para proteger a su esposa. La visita continúa, pero desgraciadamente su chófer se pierde y, mientras intenta orientarse en las calles de Sarajevo, se para delante de Gabriel Princip, y probablemente no da crédito porque tiene una pistola en el bolsillo. Así que la saca y asesina a tiros al archiduque y a su esposa. Se dice que es la chispa que desata la guerra, porque realmente hizo volar en polvorín los tratados y alianzas que se habían establecido; el sistema de “yo te rasco la espalda y tú me la rascas a mí”. Cuando Austria-Hungría culpa a Serbia del magnicidio y, pocos días después, le declara la guerra. Esa declaración de guerra obliga a Alemania a declarar también la guerra a Serbia. Los rusos salen en defensa de los serbios, con los que tienen una alianza; los franceses tienen una alianza con los rusos, y los británicos a su vez tienen una alianza con los franceses. Un acontecimiento en Sarajevo, en un rincón de Europa, se convierte en un conflicto internacional a causa de una maraña de tratados y alianzas, y de fracasos diplomáticos. [Música]

Todo el continente se moviliza para la guerra, pero muchos creen que, a pesar del ruido de sables, la guerra habrá terminado en pocos días. Las guerras que habían experimentado los europeos eran guerras coloniales o pequeñas disputas fronterizas dentro de Europa. En las guerras coloniales la disparidad tecnológica era tan grande que todo ocurría muy deprisa, y eso fue lo que pensó todo el mundo: que los chicos estarían de vuelta para Navidad. Pero la tecnología había cambiado; esta era una nueva clase de guerra, una guerra librada por máquinas de matar. En pocos meses, Europa es un gran campo de batalla con efectos devastadores. La Primera Guerra Mundial, La Gran Guerra como se llamó entonces, fue el principio del fin para Europa occidental; una absoluta carnicería. Murieron más de 2 millones de jóvenes alemanes, casi un millón de británicos, un millón 300.000 franceses; eran muchos millones de jóvenes y las poblaciones eran mucho menores que ahora. Fue un baño de sangre que duró cuatro años; nadie está a salvo. La idea de que las guerras se libran entre ejércitos deja de tener sentido; ciudades y población civil se convierten en objetivos militares. La técnica de conmoción y pavor es habitual; es lo que llaman guerra total. [Música] Es la Primera Guerra definida por la idea de una experiencia total, de una guerra total, y de que es la primera que tiene un frente doméstico que afecta a todo; es necesario que la población que está en sus casas y no en el campo de batalla tome parte en el esfuerzo bélico. [Música] Todo el mundo, no importa a qué se dedique, tanto si está en el Capitolio como en una aldea muy lejos del frente, tiene que participar en la guerra; es imposible escapar de esta guerra en gran parte de Europa, porque la producción de alimentos, el racionamiento, la producción de armas, todas esas cosas cambian la vida de la gente. Todo está dirigido hacia el esfuerzo de guerra. Mi vida, si soy la hija de un tendero de París durante la Primera Guerra Mundial, es bastante terrible; mi novio está seguramente en el frente, es probable que lo maten en alguna batalla estúpida en la que le ordenan lanzarse contra las alambradas bajo el fuego de las ametralladoras alemanas; otra vida desperdiciada. Toda una generación de jóvenes muere en el frente, así que no me casaré nunca.

El 5 de septiembre de 1914, las tropas alemanas han avanzado hasta muy cerca de las puertas de París. A este paso, pronto tomarán la ciudad, derrotarán a los aliados y aplastarán Francia. [Música] Esto es un ejemplo de lo que queremos decir con guerra total. En septiembre de 1914, las fuerzas alemanas habían invadido Bélgica y se encontraban a 50 kilómetros de París. El mando militar francés intentaba concentrar en el frente todas las fuerzas posibles de un país tan grande como Francia para la batalla del Marne. Era la primera vez que las naciones tenían que desplazar tantas fuerzas, tantos soldados, a los que había que equipar, darles un uniforme, una cantimplora, un arma, munición; era la primera vez que tenían que transportar un número tan grande de soldados, y creían que podían hacerlo con las tecnologías del momento, con trenes y camiones. [Música] Pero los franceses se dan cuenta de que no tienen un sistema eficaz para transportar todas esas fuerzas al campo de batalla en las afueras de París, y, como ya sabemos, un general francés requisó los taxis; ordenó a los taxistas parisinos que ayudaran a transportar a los soldados al frente, y se convierte en un momento mítico de la historia de Francia: el día que los franceses fueron salvados por sus taxistas; el pueblo, el pueblo de París salvó a París. [Música]

No había disparidad en lo tecnológico; todos los países combatientes tenían un nivel similar en cuanto a material bélico; todos tenían ametralladoras, aviones, lanzallamas. Las guerras coloniales habían sido muy breves porque solo un bando tenía ametralladoras; ahora todos las tienen, y la guerra entra en un punto muerto. Tanto los aliados como las potencias centrales utilizan las nuevas tecnologías militares, y el resultado es un empate técnico; ninguno de los dos bandos es capaz de ganar mucho terreno. El vasto frente occidental se extiende desde el Canal de la Mancha, al norte de Dunkerque, hasta la frontera de Francia con Suiza. Aquí es donde los horrores de la guerra se prolongan a lo largo de múltiples batallas, grandes y pequeñas. Los que estaban en sus casas sabían que la guerra era brutal, pero hasta que no llegaron las primeras bajas de los frentes la gente no tomó conciencia de los errores de esta guerra. [Música] A los veteranos que regresaban del frente les resultaba muy difícil reintegrarse en la sociedad; la gente empezó a ver la carnicería incluso en el frente doméstico por el gran número de bajas. Pensamos en los muertos, pero había un número mucho mayor de heridos graves, amputados, hombres desfigurados que volvían con profundos traumas psicológicos, y eso era imposible de ocultar. La mortandad de la Primera Guerra Mundial convierte en insignificantes las matanzas de cualquier guerra del pasado. Al iniciarse el segundo año de guerra, los que marchan hacia el frente no pueden imaginar que las máquinas de matar apenas han empezado a hacer su trabajo y que lo peor aún está por llegar. [Música]

En el otoño de 1914, más de una docena de ejércitos europeos, asiáticos y norteafricanos están en guerra. [Música] Lo que se suponía que iba a ser un conflicto rápido se ha estancado; nadie consigue imponerse. Para evitar la muerte instantánea, las tropas se entierran literalmente en un frente de cientos de miles de trincheras para protegerse del enemigo, manteniéndose por debajo del plano de visión del contrario. Los soldados están a salvo del fuego de tiradores y ataques de morteros siempre que mantengan la cabeza baja o no reciban el impacto directo de una bomba. La vida en las trincheras es, en muchos sentidos, la historia de la Primera Guerra Mundial; es material para una película de terror. Estaba todo infestado de ratas, de piojos. Durante la guerra, el poeta francés Apollinaire fue quien acuñó el término surrealista, aunque lo utilizó para describir su arte; decía que el término procedía de sus tiempos en las trincheras: la idea de tener experiencias que no son racionales, la idea de la muerte instantánea, la idea de que no puedes hacer nada para evitar tu muerte, de que ni tu habilidad ni tu inteligencia pueden impedir que el gas se deslice por el borde de la trinchera o que la bala de un tirador te huela la cabeza en el momento en que la has asomado. [Aplausos] Esto se repite con horrible exactitud.

A principios de la primavera y verano de 1916, los alemanes se proponen quebrantar la moral de los franceses que defienden la ciudad de Verdún. Durante semanas llueven bombas alemanas sobre las posiciones francesas; la artillería alemana dispara más de un millón de proyectiles de mortero a lo largo de un frente de 30 kilómetros. Los bombardeos son casi incesantes; mueren miles de hombres; las trincheras están llenas de una masa viscosa, los restos pulverizados de las tropas. Los que no mueren bajo las bombas, en lo que hacen tanto desde la posición defensiva como desde la ofensiva, la batalla es terrible. Desde la posición defensiva se podía resistir días, horas, al menos de bombardeo enemigo; lluvias de obuses sobre las fortificaciones, sobre las trincheras; proyectiles diseñados para matar, para reventar el suelo y acabar con la seguridad de las trincheras. Los constantes bombardeos y descargas de artillería en batallas que a veces duran varios días seguidos hacen de la vida en las trincheras un infierno en la tierra. Es difícil saberlo, pero se calcula que estos bombardeos fueron responsables de un 70% de los muertos de la guerra. Tras los bombardeos solía ver una breve pausa antes de que una avalancha de hombres surgiera de las trincheras contrarias hacia ti, a través de la tierra de nadie. Día y noche los soldados siempre están listos para cargar; suena un silbato y los hombres saltan de las trincheras con la esperanza de pasar más allá de la primera línea de alambradas y poder avanzar hacia el enemigo. La técnica era saltar de las trincheras, lo que significaba que para lanzar una ofensiva los soldados tenían que trepar a la superficie y correr hacia las posiciones enemigas a través de lo que se conocía como tierra de nadie. [Música] La tierra de nadie estaba repleta de cadáveres, raíces de árboles, cráteres de obuses, alambradas de espino; era un lugar realmente inhumano. [Música] Y tenías que atravesar a la carrera la tierra de nadie con la esperanza de capturar las trincheras contrarias; en muchos casos era la muerte segura. Los pocos soldados que conseguían llegar hasta las trincheras enemigas tenían que librar brutales combates cuerpo a cuerpo, a menudo con bayonetas y cuchillos. [Música] [Música]

El silbato indicaba a los soldados el comienzo de la carga; cuando sonaba debía ser uno de los peores momentos de la guerra, porque aquellos hombres sabían que las probabilidades de sobrevivir eran muy pocas; luchaban contra gente como ellos; la cultura era muy similar. Solo hay que pensar en la tregua de Navidad de 1914; un soldado alemán cruzó la tierra de nadie y dejó un trozo de pastel de chocolate ante las trincheras británicas con una nota: “¿Podemos declarar una tregua por Navidad?”. Los británicos pasaron mensajes a lo largo de las líneas a espaldas de los oficiales; cuando se enteraron no les gustó nada. Pero la Navidad de 1914 en el frente, los soldados de las trincheras declararon una tregua; salieron a la tierra de nadie, intercambiaron regalos y cantaron villancicos juntos; es algo que te parte el corazón. Al día siguiente continuaron batallando. Cuando los soldados están en las trincheras es difícil alcanzarlos con fuego de fusil e incluso de artillería, y los ejércitos empiezan a utilizar una nueva arma mortífera: el gas. Tanto el gas cloro como el gas mostaza se deslizan por el suelo, se vierten en las trincheras, matando, cegando o asfixiando a quien encuentran en su camino. La única forma de combatirlos eran las máscaras antigas. El gas cloro se utiliza por primera vez en 1915; hace que se acumulen mucosidades en los pulmones y, en esencia, el individuo se ahoga con esas mucosidades que llenan sus pulmones; no es un arma particularmente eficaz porque es muy fácil ponerse una máscara de gas, un trapo; había muchas cosas con las que protegerse del gas cloro. [Música] Pero, según avanza la guerra, los alemanes pasan al gas mostaza. El gas mostaza ataca todo el cuerpo: la piel, las mucosas de la nariz, la boca, el sistema respiratorio; para protegerse hay que sellarse las mangas y evitar que haya piel expuesta, además de la máscara antigás. [Música] Una vez diseñadas las máscaras de gas y distribuidas masivamente entre los soldados de las trincheras, el gas demostró ser letal, pero no tan devastadoramente letal como esperaban; los soldados se ponían sus máscaras rápidamente y sobrevivían a los ataques. Pero ni siquiera el gas venenoso podía hacer nada contra la siguiente arma de guerra que hizo temblar los campos de batalla europeos: el carro de combate.

Los intensos bombardeos de Verdún no consiguen cambiar el rumbo de la guerra; ambos bandos sufren terribles pérdidas, pero los frentes apenas se mueven. Se vuelve a emplear la tecnología para crear un arma de destrucción, un arma capaz de ayudar a avanzar con menor riesgo a las tropas de las trincheras: el tanque. [Música] Apenas alcanzaba los 5 kilómetros por hora, pero podía atravesar alambradas y resistir el fuego de ametralladoras. Las averías eran comunes; se hundía en el barro y se atascaba en cráteres de obuses y trincheras. Su aparición siempre era saludada con entusiasmo por los soldados. El tanque surge como una combinación de los tractores con el armamento militar. La idea es crear un tractor equipado con armamento: cañones, ametralladoras, y lo que hacen es esa especie de plataforma móvil que puede cruzar la tierra de nadie y proporcionar protección a la dotación que va dentro y un escudo a los soldados que van detrás; es como una trinchera portátil. Al principio eran trampas mortales; cuando se incendiaban era como asarse dentro de una lata. Las orugas de aquellos primeros tanques daban la vuelta a todo el vehículo; era un diseño muy rudimentario. Pero al final de la guerra ya había lo que reconocemos como un carro de combate moderno, con una torreta giratoria encima, con un cañón; las orugas ya no envuelven el vehículo; el blindaje es mucho mejor; la velocidad y la movilidad han mejorado enormemente en dos años; es un ritmo de desarrollo impresionante. Estas armas se utilizaron con una eficacia devastadora. El 1 de julio de 1916, en la batalla del Somme en Francia, las fuerzas británicas sufrieron las mayores pérdidas en un solo día de su historia; Haig, el comandante, perdió 57.000 hombres el primer día de la batalla del Somme entre muertos y heridos, y dijo: “Bueno, son unas pérdidas razonables”.

Mientras las tropas se matan en los frentes terrestres, una batalla diferente tiene lugar en los mares y bajo su superficie. Las rutas marítimas entre Europa y Gran Bretaña se convierten en el escenario de batallas entre poderosos acorazados de vapor fuertemente armados, pero el auténtico terror no lo experimentan los que avistan un barco, sino el periscopio de uno de los nuevos submarinos alemanes, los llamados U-Boot. El submarino es uno de los símbolos más relevantes de la innovación en la Primera Guerra Mundial; una especie de asesino invisible que se desliza bajo el mar y puede destruirte con un torpedo silencioso que no ves hasta que es demasiado tarde. [Música] El incidente más infame relacionado con un submarino alemán sucede el 7 de mayo de 1915, frente a la costa de Irlanda. El capitán de un U-Boot eleva el periscopio; en el punto de mira aparece un gran trasatlántico, el Lusitania. Un submarino alemán casi se topó de frente con el Lusitania; fue casi por casualidad, sus rumbos se cruzaron, y el submarino alemán lanzó dos torpedos contra el Lusitania. El barco se hundió en cuestión de minutos, porque hubo una gran explosión secundaria, y todavía hay controversia: ¿fue por las municiones que transportaba o fue una caldera? Fuera lo que fuese, explotó y el barco se fue al fondo, y había muchos pasajeros civiles, incluidos algunos americanos. A pesar de la pérdida de vidas americanas, Estados Unidos, que se había mantenido neutral hasta el momento, rehúsa entrar en la guerra. Alemania, temiendo que más ataques como aquel provoque una acción militar americana, suspende su política de hundir todo barco aliado que encuentren en los mares. [Música]

Pero lo que ocurre en los cielos es muy diferente; en el aire se libran varios nuevos tipos de guerra, a veces con una precisión mortal. Las tripulaciones de los dirigibles escudriñan el terreno en busca de movimientos de tropas y lanzan sus bombas; se despliegan globos aerostáticos para observar las posiciones enemigas, y los aviones capturan la imaginación de todo aquel que los ve. Si pensamos en el hecho de que pasamos de no poder volar a tener máquinas de matar voladoras plenamente funcionales en 10 años, es asombroso, y por eso no sorprende que mucha gente no pensara que los aviones iban a ser la tecnología dominante en el aire; muchos creían que los dirigibles serían una tecnología mucho más importante; podían transportar más peso, lanzar más bombas, pero eran lentos y difíciles de maniobrar, y bastante fáciles de derribar. La idea que tenemos de la Primera Guerra Mundial, con el Barón Rojo y los combates aéreos, es un reflejo del hecho de que los bombardeos aéreos no eran muy eficaces; los aviones no podían cubrir grandes distancias y los pilotos no sabían cómo acertar en los objetivos. Con todos aquellos aviones, solo tenían la capacidad de combatir entre ellos en el cielo, y así lo que en realidad es una visión romántica de la Primera Guerra Mundial, los combates aéreos, es el producto del fracaso de los bombardeos aéreos. Uno de los principales problemas es que los pilotos tienen que disparar sus ametralladoras lateralmente desde la cabina del avión en pleno vuelo, pero cuando se inventa una ametralladora que puede disparar hacia delante a través de las palas de la hélice, el aire se convierte en un medio mucho más peligroso, y por desgracia para los aliados, los alemanes son los primeros en desarrollarla. El mecanismo sincronizador de la ametralladora se prueba en abril de 1917, conocido como el “abril sangriento”. Durante los intensos combates aéreos que tienen lugar en el frente occidental, los cazas alemanes abaten 245 aviones británicos, matando a más de 200 aviadores; eran como los caballeros del aire; era el único medio en el que aparecía sobrevivir, los gloriosos combates de uno contra uno. Sin embargo, la esperanza de vida era extremadamente corta; no tenían apenas entrenamiento; era una forma horrible de morir, pero desde tierra parecía romántico, y muchos pilotos se sentían héroes, y lo eran para todos los que se maravillaban de que aquello fuera posible.

Al iniciarse el tercer año de guerra, el sangriento empate se ha cobrado un terrible precio en ambos bandos, en tierra, mar y aire, pero la situación va a cambiar porque van a llegar los Yankees, y el ejército de Estados Unidos va a imprimir un cambio de rumbo a la guerra. [Música] Estamos en la primavera de 1917; el sangriento estancamiento de la Primera Guerra Mundial se prolonga; cada vez que uno de los bandos desarrolla una nueva tecnología para matar, el otro da con la forma de combatirlo; ambos bandos están al borde del colapso, pero ninguno de los dos está dispuesto a rendirse. Tiene que ocurrir algo trascendental para cambiar el rumbo de la guerra, y en los primeros meses de 1917 Alemania lo hace: se hace público un telegrama secreto en el que Alemania ofrece ayudar a México a recuperar los territorios arrebatados por Estados Unidos a cambio de su apoyo en la guerra. A continuación, los submarinos alemanes hunden siete barcos mercantes americanos cerca de Inglaterra. Incluso para el presidente Woodrow Wilson, partidario convencido de la no intervención en la guerra, esta vez es demasiado; hasta ese momento la mayor parte de la nación también está en contra de la guerra, así lo manifiesta una canción muy popular de 1915: “Yo no crié a mi hijo para ser soldado”. [Música] El intento de Alemania de atraer a México y el hundimiento de los mercantes transforma a Estados Unidos en una máquina bélica; la gota que faltaba para desbloquear la Primera Guerra Mundial acaba de caer. [Música] Hay una palabra que resume el efecto de la llegada de los americanos, y es “moral”, y ese es, con diferencia, su mayor impacto; también es un gran golpe para la moral de los alemanes; no solo se encuentran ya contra las cuerdas por la falta de alimentos a causa del bloqueo británico y por el fracaso de sus ofensivas, ahora lo único que les queda esperar es la llegada de más y más tropas enemigas, tropas frescas y bien equipadas. [Música]

El presidente Wilson ordena la movilización; se presentan más de 23 millones de hombres; 2.810.296 soldados sirven en las fuerzas armadas durante la guerra. [Música] Estados Unidos adopta rápidamente un papel activo en el conflicto; la Marina americana libera a los británicos de la responsabilidad de patrullar los mares del hemisferio occidental; parte de la flota estadounidense se dirige al Atlántico Norte para combatir a los submarinos alemanes. En el frente occidental, el general John J. Pershing dice basta a la idea de la guerra de trincheras; la mayoría de los mandos americanos dijeron: “Así no es como combatimos nosotros, y no es así como vamos a combatir”. Pershing mantuvo a los americanos bajo un segundo mando, aunque luchaban junto a los franceses y los británicos; ellos querían utilizar a los americanos como refuerzo para combatir en sus unidades, pero Pershing dijo que ni hablar; si los americanos pelearon con sus propias unidades, bajo su propio mando, aunque se encontraban bajo el alto mando de franceses y británicos. Los americanos insistieron en la concentración de tropas, en la maniobrabilidad y en el flanqueo; todo esto dio un nuevo impulso a la ofensiva. La velocidad y la movilidad, tanto del ejército de tierra como de los Marines, era algo que no se había visto nunca en el campo de batalla. El Cuerpo de Marines fue fundado en 1775, un año antes de la declaración de independencia; fueron entrenados para ser una fuerza militar armada transportada por mar, lo que la convertía en una formidable unidad de intervención rápida. Los soldados alemanes del frente decían que eran tan letales como sus mejores fuerzas de asalto. En un principio, la llegada de las fuerzas americanas no fue tan numerosa como para cambiar el curso de la guerra, pero para el invierno de 1917-18 el peso de las tropas americanas ya es decisivo para inclinar la balanza y hace que la derrota de Alemania y Austria-Hungría sea más que inevitable. En Belleau Wood, los alemanes estaban bien atrincherados en el bosque, y había unos campos de trigo abiertos que había que atravesar. Cuando llegaron los Marines se encontraron a los aliados en plena retirada, y uno de los comandantes franceses dijo a un capitán de los Marines que se retiraran. El capitán contestó: “¿Retirarnos? Si acabamos de llegar”. Mientras los aliados se replegaban, retrocedían, los Marines avanzaban por las mismas líneas y atravesaron aquellos campos abiertos a tal velocidad, sin detenerse ante el fuego alemán, maniobrando con tal habilidad que incluso en el bando alemán escribieron sobre aquello; un oficial alemán dijo: “Esos americanos que llaman Marines son hombres de temer; son agresivos, decididos, disciplinados y unos asombrosos tiradores”. Los Marines se movían con tal rapidez, con tal capacidad de mantener la cohesión al mismo tiempo que maniobraban, que acabaron tomando las posiciones y las baterías alemanas. Mandados por individuos como el sargento primero de Marines que volvía la cabeza atrás y gritaba a sus hombres: “¡Vamos! ¿Es que queréis vivir para siempre?”.

Además de las tropas americanas de refresco, los aliados finalmente utilizan su maquinaria de producción bélica a pleno rendimiento. Factorías de Gran Bretaña y Francia que antes de la guerra fabricaban motores de vapor y máquinas de coser producen ahora carros de combate y ametralladoras. Hace falta mucho tiempo para alcanzar la plena capacidad industrial; si vemos las cifras de la producción de obuses, aviones y tanques, no es hasta finales de 1916-17 y 18 cuando la producción británica y francesa supera claramente a la alemana. Hace falta tiempo para que las fábricas que han estado haciendo otras cosas produzcan armas; hay que formar a las mujeres que han trabajado en la industria de servicios básicos, en el servicio doméstico o en factorías textiles para que trabajen en la producción de artillería pesada o de municiones; hace falta tiempo para pasar de una economía de producción civil a una de producción bélica, pero una vez que la transición se ha completado la cantidad de material que se produce es increíble. Canadá produce millones de calcetines, y no hay que subestimar la importancia de tener calcetines limpios y secos cuando vives en una trinchera llena…

De barro. Unos calcetines secos son un lujo que levanta la moral. Todas esas cosas que a Alemania cada vez le cuesta más producir, bajo el bloqueo, todas esas cosas cuentan. Con la espalda contra la pared, Alemania y sus aliados comprenden que necesitan lanzar una última ofensiva. Para volver la guerra a su favor, esa ofensiva llegará en el verano de 1918: la ofensiva de los 100 días, una de las más brutales series de batallas que el mundo ha conocido. [Música]

Siguen llegando tropas americanas a Europa occidental, y Alemania sabe que tiene que hacer algo drástico para ganar la guerra. Lo hace en marzo de 1918, cuando las fuerzas alemanas lanzan una ofensiva masiva en el frente occidental, en el Valle del río Somme, en Francia. Las tropas alemanas están apenas a 80 kilómetros de París. El Mariscal Ferdinand Foch, líder del ejército francés, asume el mando de las fuerzas armadas. Las tropas de Foch, con el apoyo de 85.000 soldados americanos, lanzan una furiosa contraofensiva. La segunda batalla del Marne es una ofensiva alemana cerca del lugar donde se libró la primera batalla del Marne en 1914. Fue un intento de dividir las líneas británicas y francesas y capturar París. Los alemanes no consiguen avanzar mucho; los británicos y los franceses tampoco, y al final es una más de una larga lista de carnicerías inútiles.

La idea es utilizar las tropas más eficaces, con el mejor armamento pesado, moverse con rapidez e intentar proteger las vías de suministros para mantener la capacidad ofensiva. De hecho, este ha sido el problema durante toda la guerra, pero cada vez que se producía un avance considerable, no había forma de seguir con la rapidez suficiente. Los aliados tienen 414 tanques y 120.000 hombres; en seis horas avanzan casi 12 km en un territorio tomado por los alemanes, un día que se recordará como el día negro del ejército alemán. Para hacernos una idea de la desmoralización en las filas alemanas durante la ofensiva de los 100 días: cuatro divisiones son responsables de aplastar a docenas de divisiones alemanas. Y no se debe solo a que las tropas británicas son superiores (que lo son), es que las tropas alemanas a las que se enfrentan ya no están dispuestas a pelear como al principio de la guerra.

Durante la última semana de agosto, la presión aliada a lo largo del frente de 110 kilómetros no cesa. Los bombardeos son constantes; las trincheras rebosan con los cuerpos de los muertos. Los alemanes pasan semanas sin dormir; muchos se marchan arriesgándose a un consejo de guerra o a recibir un disparo. Para ellos, realmente, ya no hay ninguna diferencia. Durante el mes de agosto, más de 100.000 soldados alemanes son hechos prisioneros; se rinden tantos alemanes que las tropas aliadas tienen dificultades para encontrar lugares donde encerrarlos. Desmoralizados por los incesantes ataques y por la llegada constante de tropas americanas de refresco, para los alemanes cada día que amanece parece ser el último.

Como pasa con todo, el fin de una guerra se debe a diferentes razones. El avance alemán se había estancado; la pérdida de vidas en Alemania era terrible, y había una creciente resistencia a la guerra; la población no podía seguir manteniendo una guerra en dos frentes. Había una resistencia interna política, con el ascenso del movimiento republicano en Alemania que quería el fin de la guerra. De modo que la guerra no termina con un disparo, o en un momento determinado, o por una causa. Igual que el atentado de Sarajevo que desata la guerra no es la causa de la guerra, su fin tampoco se debe a un único acontecimiento. Con 6 millones de muertos, sin recursos y con más de 10.000 soldados americanos de refresco llegando a Europa cada día, Alemania se rinde. Bulgaria, el Imperio otomano y el austrohúngaro no tardan en hacerlo. La razón más importante de que los alemanes perdieran la guerra fue la falta de suministros, de capacidad productiva, de mano de obra; el enemigo lo superaba en número y en armamento. Se había convertido en una guerra de desgaste, y por eso los generales británicos seguían lanzando tranquilamente oleada tras oleada de hombres contra las tropas alemanas. Creían que Gran Bretaña y Francia y sus imperios tenían más recursos, más hombres y una capacidad de producción bélica mucho mayor que Alemania y el Imperio Astrohúngaro, y esa fue la principal razón de que ganaran.

A las 11 de la mañana del 11 de noviembre de 1918, la undécima hora del undécimo día del undécimo mes, se declara el alto el fuego. Se firma el armisticio en un vagón de tren en Francia a las 3 de la mañana. Wow. Aunque no se pretendía que fuera un momento poético, la idea de que las armas callaran en la undécima hora del undécimo día del undécimo mes tiene cierta resonancia poética y dice algo a la gente que participó: gente de todas las clases sociales. Los mejores artistas europeos, escritores, pintores tuvieron que pelear, y paradójicamente tenemos imágenes, fotografías, pinturas muy hermosas, porque fue una guerra extrañamente democrática en la que combatió todo tipo de gente.

La noticia del armisticio corre como la pólvora por toda Europa, Asia, África del Norte y Estados Unidos. Las multitudes salen a la calle; los periódicos exclaman en sus titulares: ¡Paz! Al fin. Los soldados regresan a casa y son recibidos como héroes. La guerra que iba a acabar con todas las guerras, por fin ha terminado. Para mucha gente, el final de la guerra es una celebración. Al mirar atrás, pensamos que debió ser un tiempo de duelo para los alemanes y los austrohúngaros. Probablemente lo fue, pero también para ellos fue un alivio, y desde luego para británicos y franceses fue un momento de celebración: eran felices, habían ganado.

Pasa un tiempo hasta que se empiece a ver la guerra como algo mucho más sombrío, más inútil, y muchos veteranos, cuando regresan, se sienten decepcionados por esa reacción. Ellos sienten que lo que han hecho es algo importante y que sus sacrificios han servido para algo; los amigos que han perdido, las heridas que han sufrido, sienten que lo han hecho por una razón, y la creciente sensación de que no había sido así es muy difícil de encajar. Así que no es correcto, supongo, pensar que todo el mundo tuvo una experiencia negativa en la guerra. Creo que mucha gente, aunque no disfrutara con la guerra, sintió que había hecho algo importante.

Uno de los hechos que empañan el fin de la guerra es el caso de los soldados que murieron poco antes del cese de las hostilidades o unas horas después. Las líneas de comunicación no siempre funcionaban como debían, y a las 11, en el momento en que callaron las armas, en algunos lugares todavía se estaba combatiendo. Mientras una Europa devastada contempla la destrucción con espanto, ya se está preparando el terreno para otra Guerra Mundial. La desatará un cabo alemán herido dos veces en la guerra: Adolf Hitler. La Primera Guerra Mundial cambió el mapa de Europa más dramáticamente que ningún otro conflicto a lo largo de la historia. Cuatro imperios desaparecieron: el alemán, el austrohúngaro, el otomano y el ruso. Bélgica y Serbia sufrieron terribles pérdidas, como Francia, con un millón 400.000 soldados muertos. Alemania perdió un 15% de su población masculina; el Imperio austrohúngaro, un 17%; y Francia, un 10%. Alrededor de 750.000 civiles alemanes murieron por la hambruna provocada por el bloqueo británico durante la guerra. De los 60 millones de soldados europeos movilizados, 8 millones murieron, 7 millones quedaron permanentemente discapacitados y 15 millones resultaron heridos de gravedad. La guerra dejó huérfanos a decenas de miles de niños; varios millones quedaron sin padre, lo que ahondó el sufrimiento de las familias ya devastadas por las batallas. [Música]

El 28 de junio de 1919 se firma el tratado de Versalles, poniendo fin oficialmente a la guerra. Entre los 440 artículos del tratado se incluye la exigencia de que Alemania acepte su responsabilidad por haber iniciado la guerra y pague reparaciones a los aliados. Estos tratados tuvieron un profundo impacto; reconfiguraron los alineamientos políticos; lo que antes eran monarquías y autocracias se convierten en repúblicas. Wilson quería que el mundo fuera un lugar seguro para la democracia, pero irónicamente se convirtió en un lugar seguro para el comunismo soviético y el totalitarismo fascista. La Gran Guerra consiguió muy poco, y de hecho, en parte crea las condiciones que llevarán a la Segunda Guerra Mundial. El tratado de Versalles castigaba muy duramente a Alemania; con la ocupación de territorios y las reparaciones exigidas por los aliados, causó un gran resentimiento. Un joven cabo que había sido herido dos veces durante la guerra tomó buena nota de lo que había perdido Alemania. Aquel cabo se llamaba Adolf Hitler. [Música]

Adolf Hitler era uno de aquellos soldados que habían pasado cuatro años en el frente, de 1914 a 1918. Fue herido dos veces y dos veces fue condecorado con la cruz de hierro. Ya entonces había soldados alemanes en las trincheras que decían: "Ese Adolf siempre está hablando de política". Y durante sus permisos veía que en la retaguardia la moral estaba cayendo aún más que en el frente entre los soldados alemanes. Hitler es un buen ejemplo de alguien para quien la guerra fue una experiencia valiosa; él sentía que estaba luchando por algo importante. Su bando perdió, y eso motivaría muchas de las cosas que hacen el futuro, y el hecho de que eso le motive nos indica hasta qué punto era valiosa para él la guerra. En aquella guerra importaba ganar. En menos de una década, Hitler alcanzaría el poder en Alemania y citaría las consecuencias del tratado de Versalles como la razón por la que Alemania debía crear un nuevo orden mundial: sería el Tercer Reich.