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Transformados por el salmo 119:102

Celia Elizabeth Arriola7:41

Transcription

[Música]

Salmo 119 versículo 102 en la versión de Las Américas dice: "No me he desviado de tus ordenanzas, porque tú me has enseñado." En la versión Dios habla hoy: "No me he apartado de tus decretos, porque tú eres quien me enseña."

En este versículo hallamos una gran lección para toda nuestra vida. David dice: "Porque tú me enseñaste." ¿Quién te enseñó la Biblia? ¿Quién ayudó en tus primeros pasos para inspirarte, para animarte a que leyeras la Biblia? Bueno, David obtuvo sabiduría y entendimiento porque dejó que Dios le enseñara la palabra.

Algunos son seguidores de un maestro o un predicador en particular. Son admiradores espirituales, tanto en algún canal de YouTube, Spotify, o o algún alguna serie. Algunas son adictos a escuchar y a escuchar prédicas por determinado personaje.

No cabe duda que Dios utiliza a los hombres para enseñar su palabra. Los maestros son un don de Dios al cuerpo de Cristo, según dice Efesios 4:11. Cuando Felipe preguntó al Eunuco etíope si entendía lo que leía, este preguntó en Hechos 8:31: "¿Y cómo podré si alguno no me enseñare?"

No importa cuán efectivo sea un maestro humano. En última instancia, es Dios quien nos enseña su palabra. Pablo aclara este asunto en la epístola a Los Corintios, en la primera carta, en el versículo 9 al 13 del capítulo 2, dice así: "Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos la reveló a nosotros por el espíritu; porque el espíritu todo lo escudriña, aun lo más profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el espíritu que proviene de Dios, para que sepamos que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas con sabiduría humana, sino con las que enseña el espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual."

Definitivamente, un maestro humano puede guiarnos hacia una relación con Dios, enseñarnos los pasos, pero él no puede construir la relación. La relación es personal. Y nuevamente te pregunto: ¿Quién te enseña de la palabra? ¿Repites como loro lo que el maestro te ha dicho, o has aprendido a desarrollar tu propia relación con Dios y con su palabra?

Es interesante, a veces escuchamos a las personas que dicen: "Es que fulano dice esto, es que sutano dice aquello, y aquel eh predicador dice esto, es que aquel personaje dice aquello." Pero nunca oyes que la persona dice: "En tal libro de la Biblia dice esto y esto." "Dios nos habla y dice esto y esto." "En ese versículo del libro del Antiguo Testamento dice esto y esto." Pocas personas hacen eso. Más bien, solo siguen y repiten como escuchamos, como loros, pero no profundizan en la palabra de Dios.

Seguimos volviendo al mismo tema. En este Salmo 119, su amor o tu amor por la palabra de Dios es lo más importante, debido a la motivación que surge en nuestro interior, en el hombre interior. Así podremos ajustar el camino de nuestros pies para estar en ese camino estrecho y angosto. Sí, nadie dice que es fácil, un camino estrecho y angosto, pero seguro para agradar a Dios.

Tú verás a un humano que puede ser usado por Dios y es una gran bendición. Podrá tener una relación excelente, maravillosa y enriquecedora. Podrás pasar tiempos muy buenos, pero no permitas que esa relación humana se interponga entre tu amor por la palabra de Dios. Como vimos al inicio de este estudio, que el amor que David sentía por la palabra lo moldeó y lo formó en el hombre que fue. Hemos visto cómo su amor por la palabra de Dios afectó lo que hizo en su vida diaria. Aún sabiendo que David también falló muchísimo, pecó muchísimo, su amor por la palabra lo levantó, lo restauró, lo reanimó.

Necesitamos hoy que nuestro amor por la palabra haga lo mismo. No importa cómo estés hoy, no importa cómo te sientas. Ese amor por la palabra es una inyección para levantarte, para alimentarte continuamente, para que mantengas y sigas transformando esa relación con Dios, como lo lo hizo con David.

Oremos. Padre santo y Dios poderoso, te damos gracias por tu amor, por tu grandeza. Te pedimos, Señor, que nos ayudes a que nuestro amor por la palabra crezca cada día y podamos ir transformando nuestro carácter para mantenernos firmes y fieles contigo. Gracias por tu infinita misericordia. Te lo agradecemos y lo oramos en el nombre de Jesús. Amén.

[Música]