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Los invito, vamos a disponernos con el canto, la oración. Los que tengan por ahí su cirio y quieran encender su cirio en el momentito para invocar al Espíritu Santo y mientras vamos iniciando nuestra catequesis, se lo recomiendo. Vamos directamente al canto y después hacer la oración, la oración de invocación al Espíritu Santo.
Hoy quiero abrir mi corazón a tu palabra, que tu espíritu me llene de amor, que tu espíritu alimente hoy mi alma, ilumine mi vida con su luz. Quiero sentirte como una suave brisa, que tu fuego queme mi interior. Deseo escucharte, deseo hablarte y sentir tu presencia a mi alrededor. Espíritu Santo, fuente de paz y amor, guía mis pasos, dame inspiración, derrama tu gracia, actúa en mi. Espíritu Santo, ven.
Espíritu Santo, fuente de paz y amor, guía mis pasos, dame inspiración, derrama tu gracia, actúa en mi. Espíritu Santo, ven y quédate aquí. Recuerda, la vida es única y vale la pena vivirla.
Y decimos juntos: Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu espíritu que renueve la faz de la tierra. Oh Dios, que llenaste los de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que, guiados por el mismo espíritu, sintamos con rectitud y gocemos siempre de tu consuelo, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Esta va a ser la catequesis que vamos a compartir el día de hoy: Las dificultades para dejarse guiar por el espíritu. ¿Cuáles son las dificultades que nosotros, los evangelizadores, los cristianos en general, tenemos para dejarnos guiar por el Espíritu Santo? Vamos a ver algunas de ellas que ordinariamente nos impiden, cuatro de ellas. Y al final, vamos a hablar sobre los dones, los carismas. Por ello, pues, quiero invitarlos a que nos dispongamos, dispongamos nuestro corazón para poder, para poder eh, disponernos a lo que el Señor quiere de nosotros.
Y comenzamos precisamente con esta expresión del padre Antonio Chevrier, sacerdote fundador de los Sacerdotes del Prado, que decía así: "El espíritu de Dios lo tienen pocos". Y se refería precisamente a que en ocasiones nos es muy difícil y complicado ser obedientes, obedientes a la inspiración del Espíritu Santo. Y eso, en ocasiones, nos impide a cada uno de nosotros poder reconocer lo que el Señor quiere y lo que el Señor busca de nosotros. Por eso, la invitación hoy va a ser: dejarnos guiar por este espíritu. Si bien el Espíritu Santo es para todos, no lo tenemos todos porque no siempre estamos en sintonía con Jesús. Se necesita esta sintonía con Jesús para dejarnos guiar por el Espíritu Santo.
Pues a veces olvidamos las enseñanzas de Jesús e ignoramos su voluntad y queremos caminar según nuestros antojos, queremos caminar según nuestras intuiciones, queremos caminar según nuestros razonamientos, inclusive nos dejamos llevar por nuestras propias fragilidades y debilidades. Entonces nos sucede que nuestras decisiones y acciones corren el riesgo de carecer de un buen juicio, afectando nuestra vida y la vida de los demás, de tal manera que podríamos nosotros mismos perdernos por no dejarnos guiar por el espíritu.
Y es que verdaderamente nosotros podemos constatar que en muchos momentos de nuestra vida nos cuesta trabajo obedecer al Espíritu Santo, nos cuesta trabajo obedecer la voluntad del Señor y dejarnos guiar por su luz, por sus inspiraciones. Hoy, pues, en esta catequesis, vamos a ver el modo y la forma de cómo estar al pendiente de las distintas obstáculos, distintos obstáculos que no impiden dejarnos guiar por el espíritu.
Solo un paréntesis, por los hermanos que me comentan que no pueden ver ni escuchar la catequesis. Yo lo que les pediría es que salieran de su Facebook, cerraran su Facebook y se volvieran a reconectar. Muy probablemente es un tema de señal, muy probablemente es un tema de la señal de internet, por los que están allá en alguna zona, porque al parecer todos los demás están viendo bien y escuchando bien. Entonces, creo que es un tema así.
El apóstol Pablo, en una de sus cartas, va a prevenirnos y nos va a decir precisamente en cuanto a los frutos. Eso lo va a decir Pablo en cuanto a los frutos de esos desordenados, los que no viven bajo el espíritu, sino bajo su propio apetito. Dice: "Son bien conocidos lo que sucede en ellos en su vida. Hay esto: fornicación, impureza, desenfreno, idolatría, hechicería, enemistades, discordias, rivalidad, ira, egoísmo, divisiones, sectarismo, rivalidad, ira, egoísmo, sectarismo, borracheras y cosas semejantes".
Cuando uno se pone a detener a ver con cuidado la vida de algunos, de algunas comunidades, uno se dará cuenta que, en efecto, la vida desordenada viene porque no le hemos permitido al Espíritu Santo, no le hemos permitido al Espíritu Santo guiar nuestra vida. El apóstol dirá: "Los que hacen tales cosas, les repito ahora como ya se los dije antes, no heredarán el reino de Dios". Esto aparece en la carta a los Gálatas, capítulo 5, versículos del 19 al 21. Los que viven de tal manera no se dejan guiar por el Espíritu Santo.
Y entonces, aquí encontramos las dificultades que se encuentran para podernos dejar guiar por el espíritu. Y básicamente son cuatro dificultades las que el día de hoy vamos a reflexionar en torno a por qué no nos dejamos guiar por el espíritu.
Lo primero, indudablemente, es por nuestro la propia razón, por nuestra propia ciencia, por nuestro propio conocimiento. Y cuando me refiero a esto es a querernos dejar guiar por nuestra sola razón. El ejercicio puramente intelectual está lleno de certezas, de conceptos, de imágenes preconcebidas que nos impiden muchas veces contar con la sencillez y docilidad para conocer y aceptar lo que Dios nos dice tal cual, como Jesús lo dice: "Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has dado a conocer a los sencillos de corazón". A los sencillos de corazón, a los que disponen su corazón precisamente para hacer tu voluntad. Y estos son los que se dejan guiar por el espíritu, porque en efecto, la pura razón, el puro razonamiento no nos lleva a dejarnos guiar por el espíritu.
A menudo filtramos el mensaje de Dios por el ente de nuestro propio criterio. Creemos que nuestro criterio, nuestro conocimiento, nuestra sabiduría es mayor que la de Dios. Creemos que nuestra cultura es más sabia, que nuestra formación académica lo puede ser, inclusive que nuestra forma de pensar está mejor hecha y mejor diseñada que lo que el espíritu nos revela en la conciencia y en el conocimiento. Y entonces, a veces, la propia razón, la sola luz de la razón no nos lleva a la fe, no nos lleva a dejarnos guiar por el espíritu. Con el razonamiento se destruye el evangelio y se encuentra la manera de ajustar el mensaje a nuestro sistema de pensamiento, algunas veces siendo selectivos solo con lo que nos agrada del evangelio o solo lo que nos acomoda. Y entonces vivimos una fe desde la cabeza. Y la fe desde la cabeza no salva, no salva porque no nos compromete con el Dios que nos ama y que nos ama tanto.
Para superar esta dificultad, es importante tener presente el cuarto paso de la Lectio Divina. Cuando hacemos Lectio Divina en nuestras pequeñas comunidades, es el tema de la contemplación. Y en el tema de la contemplación, en este paso de la Lectio Divina, nos preguntamos: ¿Qué mirada nueva provoca en mí el texto de la palabra de Dios? ¿Qué aprendo de la persona de Jesús? ¿Dónde me dejo sorprender por el modo, la lógica, el caminar que Dios me plantea? ¿Me dejo sorprender por el espíritu? ¿Me dejo conducir por el espíritu? ¿O solamente yo creo firmemente en mi razón y todo lo demás que ruede? Hoy, pues, tendríamos que cuestionarnos a veces en nuestros propios razonamientos que no nos llevan a ser fieles a lo que el Espíritu Santo nos inspira.
¿Cuál es el segundo obstáculo? El segundo impedimento que nos lleva a no dejarnos guiar por el espíritu: nuestra propia condición humana. Y cuando me refiero a nuestra propia condición humana, me refiero a nuestra propia fragilidad, me refiero a nuestro propio, a nuestra propia humanidad, nuestra condición a veces inclinada en ocasiones al pecado, a la inconstancia, a la infidelidad. Y entonces, tendríamos que hablar que la condición humana nos aleja del espíritu. Nuestra condición humana que nos inclina a la desobediencia, al protagonismo, al egoísmo, a dejar a Dios para cuando tengamos tiempo, a satisfacer primero las necesidades del cuerpo. Y entonces nos vamos dejando conducir por nuestros apetitos y no por el espíritu.
En la carta a los Romanos, el apóstol Pablo dice: "Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, este hago. Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en mí". Pablo sabía y también reconocía su propia condición humana, su propia debilidad, su propia fragilidad. Y mientras él quería hacer el bien, su inclinación humana en ocasiones lo llevaba a hacer el mal que no quería. Así nos pasa a muchísimos de nosotros, que hacemos el mal que no queremos y no hacemos el bien que quisiéramos. Y es muchas veces porque nuestra condición humana es muy frágil, es muy frágil. Cuidado, pues, con la propia razón, la propia intelectualidad, como también dejarnos llevar por nuestra humanidad, por nuestra condición humana.
Tercer, tercer obstáculo que nos impide dejarnos guiar por el espíritu: los propios defectos de espíritu. Es tan fuerte nuestra condición humana que vemos la vida espiritual muy elevada, tanto que podríamos considerar imposibles las inspiraciones del Espíritu Santo. Entonces decidimos ignorar nuestra vida espiritual, dejamos de lado el camino que el Señor nos propone, creyendo que eso no es para nosotros. Este es un defecto del espíritu. Optamos por seguir el camino ordinario de la carne en vez de cultivar el camino, el camino del espíritu. De esta forma, el espíritu se debilita y al momento de la prueba se desquebraja. Claro, porque nuestro espíritu no es fuerte, nuestra fe no es fuerte, nuestro amor al Señor en muchas ocasiones no es fuerte, perdiendo así la esperanza, la fuerza, el impulso, la alegría, la conciencia de la riqueza espiritual que emana de la relación con Dios.
Cuando nosotros descuidamos nuestra vida espiritual, cuando nosotros descuidamos nuestra vida en el espíritu, entonces somos infinitamente más frágiles, mucho más ágiles. Y eso nos lleva a desorientarnos, a no dejarnos guiar por el Espíritu Santo. Así es que cuidado con ello, porque en muchas ocasiones en nuestra vida, tanto nuestros propios razonamientos, tanto nuestra condición humana, como los propios defectos de espíritu, nos llevan a no ser fieles a lo que Dios quiere, a lo que Dios nos pide, a lo que el Señor espera de nosotros.
Son pues parte de estos obstáculos que nos van impidiendo el caminar en la vida del espíritu. Para tener el espíritu santo, hay que luchar contra los propios defectos, estudiar el Santo Evangelio y orar incesantemente para pedirlo. En caso de aridez espiritual, la comunidad cumple su función de hogar que acoge, de que sana, de escuela que forma. Claro, hablamos de la comunidad con espíritu. Por eso, la vida en pequeña comunidad, la vida vivida en comunidad, la vida cristiana es un lugar donde nos ayudamos a que los momentos de dificultad, los momentos de aridez, los momentos de lucha, tenemos una comunidad que nos respalda en la oración, en el ánimo, en la cercanía, en el cariño de saber que no estamos solos, que el Señor nos acompaña también a través de nuestra comunidad.
¿Cuántos de nosotros no hemos llegado a sentir el abrazo del Señor en la comunidad? En la comunidad. ¡Qué bendición! ¡Qué bendición poder vivir en pequeña comunidad y dejar que el Señor nos abrace en el abrazo de los hermanos, nos hable en la palabra de los hermanos, nos diga: "Estoy aquí a tu lado" en la presencia de nuestros hermanos! Por eso necesitamos dejarnos guiar por el espíritu y vivir en esta vida de comunidad, donde el Señor está ahí. Yo creo que es fundamental, fundamental que revisemos cada uno de nosotros nuestra vida en el espíritu, nuestra vida espiritual.
Cuarto, cuarto obstáculo que nos impide dejarnos guiar por el espíritu: vivir en el exterior. Cuando nuestras acciones y decisiones se basan en la vida exterior, en las formas, donde todo es bello a los ojos, pero sin fruto. Estamos lejos del espíritu. Lo exterior sin el espíritu es cuerpo sin alma. Jesús decía a los fariseos: "Son como sepulcros blancos". ¿Por qué? Porque solo es apariencia, porque en el fondo no hay vida. Para evitar esto, hay que poner la fe en las enseñanzas de Jesús, hay que estar unidos al amor de Dios y tener la fuerza de espíritu. Comenzar por el interior, comenzar por el interior. La vida exterior, la vida exterior que tiene fruto, es resultado de la vida interior. Pues todo lo que el hombre haga en comunión con Dios, Dios lo hará crecer. Todo lo que el hombre haga en comunión con el con Dios, que tanto nos ama, el Señor lo hará crecer.
Quien hace crecer lo externo en nosotros es el Espíritu Santo, es el Espíritu Santo el que va formando en nuestra vida, va formando en nuestra vida a Jesús. Esta es la función del espíritu, la función del Espíritu Santo en nuestra vida. La misión del Espíritu Santo en nuestra vida es formar a Jesucristo en nuestro corazón. Por eso, el Espíritu Santo es como el escultor que va esculpiendo en nosotros la figura de Cristo. Por eso el apóstol Pablo dirá: "Que tengamos los mismos sentimientos de Cristo, los mismos sentimientos de Cristo". A eso estamos llamados, a que el espíritu santo guíe nuestra vida, a que el espíritu santo acompañe nuestra vida, a que el espíritu santo nos dé la gracia que necesitamos, que él haga en nosotros la obra del Señor, que forme nuestro corazón a Jesús.
Eso hoy le tendríamos que pedir: "Forma en mí un corazón semejante al de Jesús". Dejarnos guiar por el espíritu. Hemos visto pues estos cuatro obstáculos: nuestro propio razonamiento, nuestra condición humana, nuestros defectos de espíritu y finalmente... e, que me quedó el último. Ya ven, en lo que estaba terminando de ver la siguiente imagen. Estábamos hablando de vivir en el exterior. Cuando uno vive en el exterior, el espíritu no nos guía porque uno está más preocupado de la apariencia que precisamente de la autenticidad en la respuesta.
Sería muy interesante, pues, que cada uno de nosotros hiciéramos este examen de conciencia en torno a cómo nos estamos dejando guiar por el espíritu santo en nuestra vida. En este momento de tu vida, con lo que estás viviendo, en la situación en la que tú te encuentras, ¿te estás dejando guiar por el espíritu? ¿Es el Espíritu Santo el que va guiando, el que va guiando tu vida, el que guía tus decisiones, el que guía tus pasos? ¿Es el Espíritu Santo el que ilumina en el momento de tomar decisiones sabias, de decir palabras acertadas? Es un buen momento, pues, para que cada uno de nosotros nos preguntemos cómo nos estamos dejando guiar por el espíritu.
Y es que un verdadero cristiano que ha recibido el Espíritu Santo desde el bautismo, está llamado a decir lo que Pablo expresa: "Ya no soy yo el que vive, es Cristo el que vive en mí". Pero eso no se hace por nuestra fuerza de voluntad, sino por nuestra obediencia al espíritu, nuestra obediencia al espíritu. A eso estamos llamados, a eso estamos llamados.
Y hoy quiero referir de manera muy especial, por eso abrí la toma, quiero invitarlos para que de manera muy especial pidamos por la salud del Papa Francisco. Yo lo tengo aquí en una pequeña imagen, ahí en este, en este marco color blanco, está puesta la una imagen del Papa Francisco. Y quiero invitarlos a que oremos de manera muy especial por él, por su salud, para que el espíritu santo lo siga guiando, que aún en medio de su edad avanzada, porque 86 años no son pocos años, y llevar esta responsabilidad y este servicio que el Señor le ha pedido en medio de nuestra iglesia, de ser el obispo de Roma y su Vicario aquí en la tierra. El Papa necesita nuestra oración, necesita la gracia del Espíritu Santo y ser obediente a lo que el espíritu quiere, para ser obediente a lo que Dios quiere. Pidamos por él, oremos por él, pongámoslo en las manos del Señor y que se siga manifestando la gracia del espíritu en sus decisiones.
Por eso quiero hablar en esta segunda parte de la catequesis de los dones y de los carismas que el Espíritu Santo concede para bien de la iglesia, para bien de la comunidad, porque en efecto, el espíritu santo, cuando nos dejamos guiar por él, nos concede dones, nos concede talentos, nos concede carismas, y esos carismas son para bien de la iglesia.
En la primera carta a los Corintios, capítulo 12, versículos del 4 al 7, se dice: "Existen diversos dones espirituales, pero un mismo espíritu. Existen ministerios diversos, pero un mismo Señor. Existen actividades diversas, pero un mismo Dios que ejecuta todo en todos. A cada uno se le da una manifestación del espíritu para el bien común". Y esto que quede muy claro, muy claro: todo don, todo carisma que el espíritu da, es para bien de la iglesia, no es para bien personal, es para bien de la iglesia.
San Pablo dice que Dios derrama en sus hijos diferentes dones y carismas que, unidos en un solo cuerpo, son de provecho común, es decir, de provecho para todos. Ese cuerpo es la iglesia, donde la cabeza es Jesús y dispone de cada uno de nuestros talentos para el bien de la comunidad. Por lo tanto, si tú reconoces que el Señor ha puesto en ti un don, un talento, un carisma, no es para que la soberbia te gane, nos gane, sino es para saber que el Señor nos llama para servir.
Y todo lo contrario de lo que decía Gálatas en el texto anterior, donde hablábamos de los que no se dejan guiar por el espíritu. En Gálatas 5:22-23 se habla de aquellos frutos que aparecen en la vida del hombre que se deja guiar por el espíritu. El espíritu santo derrama sobre nosotros sus dones y produce sus frutos. Y los frutos del Espíritu Santo son estos: amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de sí mismo. Ante esto, no hay ley que valga, porque la ley es la ley del amor, la ley del espíritu.
Por eso estamos llamados nosotros a dejarnos guiar por el espíritu. Es el espíritu santo quien hará germinar en nosotros aquellos frutos, aquellos resultados que provienen de la unión y cercanía que tenemos con Dios. Es que verdaderamente los frutos del espíritu se mantienen cuando nosotros somos capaces de ofrecer frutos, frutos que valen el dejarnos guiar obedientemente por la luz del Espíritu Santo.
Los dones no solo benefician a la persona, sino fundamentalmente a la comunidad y constituyen adelantos de la acción salvadora de Dios. Las manifestaciones del espíritu, pues, serán siempre para el bien común. La comunidad está animada por el espíritu. La comunidad que está animada por el espíritu tiene como misión anunciar y dar testimonio del evangelio con y a través de cada uno de sus miembros, siguiendo el ejemplo y compromiso que Jesús nos mostró.
Así pues, el espíritu guía a la iglesia, la alimenta, la enriquece con los dones, con los carismas que el Señor va suscitando en cada uno, en cada uno de nosotros. Jesús nos muestra que su prioridad es evangelizar a los pobres, ir al encuentro del hermano para acogerlo, sanarlo y animarlo. Acompaña a su pueblo como buen pastor y lo ayuda a crecer en la fe y en el amor. Acompañar, acrecentar, animar son tareas fundamentalmente que nos corresponden como iglesia. El espíritu, pues, está presente y actúa en la comunidad cristiana. Cada bautizado es también templo del Espíritu Santo, que suscita una espiritualidad peculiar para ponerla al servicio de la comunidad.
Así pues, la comunidad que recibe el espíritu se deja guiar, da testimonio del evangelio, cumple su misión evangelizadora y se convierte en un signo viviente del Reino de Dios en la tierra, para poder llegar a decir lo que se decía de las primeras comunidades cristianas: "Miren cómo se aman, miren cómo nos aman". Este es el ideal cristiano.
Todo don y todo carisma que la iglesia recibe a través del Espíritu es para el bien común. Por eso, nuestras pequeñas comunidades, guiadas por el espíritu, se reúnen, oran, están cercanas al hermano, que lo que lo acogen, lo alimentan y sanan, pero más aún, los aman como Cristo nos ha enseñado amar. Esto es el signo de que el espíritu santo está presente. Este es el signo de que el espíritu santo guía, guía verdaderamente a la comunidad.
Y cuando el espíritu guía a la comunidad, es fundamental descubrir que todo don que el Señor pone en nuestras vidas es una riqueza para la iglesia y es un don para la iglesia. Que nadie, pues, se gloríe de otra cosa que no sea la cruz de Cristo. Y eso significa seguir fielmente al Señor. Cuando nosotros dejamos que el espíritu guíe nuestra vida, los frutos aparecen y aparecen en modos de vida concretos que siempre suceden para el bien común.
Si en tu vida te estás dejando guiar por el espíritu santo, los frutos que van a aparecer son los que ya el apóstol Pablo decía en la carta a los Gálatas 5:22: el amor, la paz, la alegría, la concordia, la unión, la caridad. Cuando la vida espiritual va creciendo en nosotros como personas, es decir, la vida del espíritu, se nota en nuestras palabras, se nota en nuestras actitudes, se nota en nuestras acciones. Es mucho decir que dejarnos guiar por el espíritu es caminar hacia la voluntad de Dios. Y esto es verdadero. Dejarnos guiar por el espíritu es ser fieles a la voluntad de Dios.
Por eso los invitaba a orar por el Papa. El Papa ha recibido este servicio, este ministerio y, claro que en él ha recibido un cúmulo de dones, de carismas, de talentos que él ha querido responder también de manera personal, pero sobre todo para el bien común, para el bien de la iglesia, para el bien de la evangelización. Por eso oremos por él y también pidamos unos por otros para que seamos fieles, fieles a los dones y carismas que nos ha dado el Señor para compartirlos para el bien de los demás.
Es una verdadera bendición saber que te estás dejando guiar por el espíritu, que tu vida ya no la domina ni solo tu razón, que tu vida ya no la domina ni solo tu condición humana, que tu vida ya no está sometida a los defectos del espíritu ni solo a la vida externa. El Señor nos llama para que nos dejemos guiar por el espíritu. Y todos estamos en esa lucha. Yo personalmente me encuentro en esta misma lucha, en los momentos de acompañar, de estar en las comunidades, de participar en la parroquia, en las actividades que me corresponden, en el testimonio de vida como sacerdote, en recordar que los dones y los talentos que Dios me ha concedido son simplemente un regalo para la iglesia y que me corresponde hacerlos fructificar para bien del, para bien de la comunidad, para el bien del pueblo.
Por eso, un hombre de evangelio, una mujer de evangelio, son hombres de comunión, de relación, de cercanía, de apertura con los demás. Es una bendición, pues, poder compartir el día de hoy y esta noche con ustedes, después de pues dos meses aproximadamente que no hemos tenido catequesis, pero que aquí seguiremos algunos martes donde nos estaremos encontrando. Yo les pediría que podamos estar al pendiente de las publicaciones, cuando se les notifica que habrá, habrá catequesis para todos, que la estoy transmitiendo en mi Facebook. Ya también pronto les compartiré una liga donde todas las catequesis de esta serie que se llama "Evangelizar esta área de todos", las voy a subir a mi canal de YouTube, no al canal de Dragma, sino a mi canal de YouTube personal, y ahí les compartiré, ahí les compartiré la liga de todas las catequesis para que aquellos que las necesiten, para compartirlas, para ver, para repasar, para sacar de ahí alguna información y les pueda seguir ayudando. Las voy a dejar ya en YouTube en una lista de reproducción, eh, la que vimos hoy es la número 17, porque en enero, en enero del año pasado del 2024, comenzamos esta serie que se llama "Evangelizar esta área de todos", y con el día de hoy llevamos 17 temas. Esa lista ya la tendrán completa. Yo espero que la próxima semana los pueda estar enviando y ahí las pueden descargar, las pueden ver, las pueden compartir. Las demás catequesis, junto con estas, mientras que esta la vamos a seguir compartiendo los días martes en Facebook en la noche.
Si Dios quiere, nos veríamos el día de mañana. Recuerden que siempre les digo, hoy se me pasó al inicio, pero siempre les digo: compartan la catequesis, compartan la catequesis. Ahí aparece abajo de su icono, donde están viendo la imagen, un me gusta, pueden poner un like, y después de ese me gusta, pueden poner eh, compartir, y sale un, un despliegue de posibilidades y dice "Compartir ahora", y comparten esa, esa catequesis que tendrán.
Me di cuenta que varios hermanos comentaban que no veían y que no escuchaban. No sé si sea problema de internet de su zona. Yo estuve siguiendo también la transmisión en Facebook con este mismo internet con el que estoy transmitiendo, y se ve y se escucha eh, claramente. Yo lo hago también en este sentido, aquí miren, aquí lo voy monitoreando de que va apareciendo y de que no se traba la imagen y demás, pero es el mismo internet que yo tengo aquí. Entonces, eh, también lo monitoreo para, para poder ver que que esté funcionando. Por eso también me aseguro de preguntarles a algunos de ustedes que se escuche. Probablemente fue en su zona, pero esperemos que que pueda funcionar.
Entonces, miren, compartan, por favor, lo que se les va compartiendo. Sígannos en las redes sociales. Regálenos un like a todos los videos en Dragma. Salió eh, un video recientemente de "Todo comienza en Dios". Hablamos también sobre el FODA hace un tiempito y vendrán otros materiales más. Les comparto la bendición y le pedimos al Señor que nos bendiga a todos nosotros en esta noche. Y que así la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos ustedes. Qué bendición verlos. Si Dios quiere, nos veríamos dentro de 8 días. Compartan la catequesis, ayúdenme a compartirla con los demás hermanos. Les mando un abrazo muy grande. Saludos a todos aquellos que hoy pudieron conectarse en vivo y ojalá algunos otros más les toque ver la catequesis, aunque sea de manera diferida. Saludos y buenas noches a todos. Muchas, muchas bendiciones. Gracias por acompañarnos en este tu espacio de formación, catequesis para todos. No te olvides de regalarnos un like y de compartir. Seguramente a más de alguno le podrá ayudar también. Recuerda, la vida es única y vale la pena vivirla con la mirada fija en Jesús. Nos vemos la próxima.