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Todas las personas que vivimos en la Tierra somos Homo sapiens, una de las muchas especies de homínidos que habitaron nuestro planeta y la única que sobrevive en la actualidad. Nuestra existencia, como la de otros seres vivos, es fruto de un largo y complejo proceso evolutivo.
Pero, ¿cómo ha sido ese proceso? ¿Por qué de todas las especies del linaje humano solo ha permanecido la nuestra? Las respuestas a estas preguntas nos encontramos estudiando los restos fósiles y analizando su ADN.
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Sabemos que hace unos 3.800 millones de años se dieron las condiciones para que surgiera la vida en la Tierra. La fuerza evolutiva y la adaptación a un medio ambiente cambiante originaron gran variedad de especies. Las especies no son inmutables; experimentan cambios que dan lugar a otras nuevas y, en ocasiones, se extinguen.
El origen de nuestra especie se encuentra en África, hace unos 7 millones de años, cuando el linaje de nuestros antepasados se separó del de los chimpancés. Desde ese momento hasta los 4,4 millones de años, los fósiles descubiertos son escasos y es difícil establecer con seguridad el camino que condujo a la aparición del género Homo. Se trata de especies con bipedismo ocasional, capacidad craneal reducida y caninos más pequeños que los de los grandes simios.
A partir de los 4,2 millones de años contamos con mayor número de restos fósiles. Las diferentes especies de australopitecos son el precedente más antiguo de la familia Hominidae. En la sabana arbórea caminan y ocasionalmente trepan a los árboles. Se alimentan de frutas, hojas, hierbas y carne, usando herramientas sencillas de piedra.
Hace unos 2,8 millones de años, en un momento de condiciones ambientales inestables y variables que exigen estrategias muy adaptativas, surgen las primeras especies del género Homo que conviven con los últimos australopitecos. Caminan, viven en diversos ecosistemas, se alimentan de carne, tienen conductas sociales colaborativas y también emplean utensilios líticos.
El gran cambio llega con Homo ergaster, antecesor africano de Homo erectus, la especie que protagoniza la salida de África hace unos 1,9 millones de años. Sus proporciones corporales son parecidas a las nuestras y ya es capaz de correr, caminar largas distancias, tiene mayor capacidad tecnológica y depredación. Progresivamente, las diversas formas de Homo erectus van ocupando nuevos territorios, desde el Próximo Oriente hasta Asia y Europa, adaptándose a los diferentes entornos gracias a que es la primera especie que controla el fuego, fabrica herramientas elaboradas y utiliza técnicas de caza.
En África, Homo ergaster dará lugar a Homo heidelbergensis. En Asia, algo más tarde, surgirán los denisovanos. En Europa, a partir de Homo antecessor, aparecerá Homo heidelbergensis. Homo heidelbergensis es capaz de colonizar incluso las zonas septentrionales gracias al control del fuego y al desarrollo de una compleja y variada tecnología lítica. Los grupos están fuertemente cohesionados y sus miembros cooperan entre sí. La etapa de la infancia y la adolescencia es más prolongada, lo que favorece un periodo de aprendizaje más largo y mayor dedicación en el cuidado de la descendencia.
La evolución gradual de Homo heidelbergensis da origen a Homo neanderthalensis, con rasgos de conducta muy cercanos a los nuestros. Tienen un gran dominio de la caza, desarrollan las primeras prácticas funerarias, los adornos personales y un arte incipiente. Mientras, en África aparece Homo sapiens. Los humanos anatómicamente modernos son capaces de desarrollar tecnologías cada vez más sofisticadas que transmiten eficazmente gracias al lenguaje. El aumento demográfico y la adaptación a diferentes territorios favorecen la creación de diversas culturas.
Hace unos 200.000 años, los grupos de sapiens se desplazan desde África hacia el Próximo Oriente y Asia. Con posterioridad alcanzan Europa y Oceanía y, por último, se extienden por toda América. Durante su expansión se produjeron contactos y mezclas genéticas tanto con las poblaciones de denisovanos como con las de neandertales.
Con el tiempo desaparecieron todas las especies del género Homo excepto la nuestra. No sabemos con seguridad por qué en este largo proceso evolutivo solo sobrevivió Homo sapiens. Lo cierto es que somos una especie diversa, fruto del mestizaje, con una gran capacidad de adaptación, una curiosidad infinita que nos empuja hacia nuevos conocimientos. Hemos ideado y construido los artefactos más insólitos, hemos explorado y colonizado todos los ecosistemas terrestres, incluso nos hemos aventurado en el espacio exterior.
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Este afán por seguir avanzando hace que olvidemos quiénes somos y de dónde venimos. Pero la historia evolutiva y nuestro ADN nos recuerdan que somos organismos naturales y debemos emplear nuestra inteligencia para construir un futuro en equilibrio con el planeta.