📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

Los Franciscanos: Razones por las que fueron elegidos para evangelizar la Nueva España.

José Manuel Villalpando46:10

Transcription

[Música] Amigas y amigos, muy buenas tardes tengan todos ustedes. Los saluda con el afecto de siempre José Manuel Villalpando, aquí en una emisión más de este su programa "La historia que quiero vivir", que gracias a ustedes, a su apoyo, a su entusiasmo, se transmite todos los sábados, los sábados a partir de las 5 de la tarde en el canal de YouTube de José Manuel Villalpando, donde está disponible para ustedes este y todos los anteriores programas que hemos hecho, para que ustedes puedan escucharlo, verlo a la hora que lo deseen.

Les agradezco infinitamente su paciencia, su comprensión, su presencia, sobre todo sus mensajes, sus comentarios, que por supuesto son motivadores para seguir adelante en esta tarea de divulgar la historia de México. El día de hoy vamos a continuar platicando acerca del tema de los 500 años del inicio de la conquista espiritual, particularmente ya ahora examinando el porqué vinieron los franciscanos a México, por qué razón fueron ellos los elegidos para venir a transmitir el evangelio, a occidentalizar. Este es el tema de hoy, amigas y amigos.

Y les reitero que agradezco muchísimo sus comentarios, ya sea en la propia página de YouTube o bien a mi correo villalpandohistoriador@gmail.com o también en mi página de Facebook, Villalpando y la historia. Gracias, amigas y amigos. Y si les parece bien, vamos a comenzar el programa de hoy, porque además vamos a continuar lo que veníamos platicando la semana anterior, respecto a que estamos nosotros aquí en este programa conmemorando, recordando que hace exactamente 500 años, medio milenio, en octubre de 1523, arribaron a lo que entonces era la Nueva España los primeros misioneros franciscanos: Fray Pedro de Gante, Fray Juan de Tecto, Fray Juan de Roa, quienes van a iniciar la tarea de la evangelización, lo que se ha llamado la conquista espiritual.

Este gran, gran esfuerzo de unos cuantos, de un puñado en realidad de misioneros para transformar, para cambiar mentalidades, costumbres, usos, leyes, inclusive maneras de vivir de las naciones originarias que se encontraban en lo que entonces era el territorio de la Nueva España. Medio milenio, 500 años. Y ya la semana anterior hicimos primero un par de preguntas relativas a la ignorancia generalizada o el olvido deliberado en que se mantiene esta hazaña cultural de la humanidad, a pesar de que, y en una de estas preguntas lo respondimos, existen serios, muy serios y abundantes, muy abundantes estudios bibliográficos que demuestran que para los estudiosos mexicanos y aún para los extranjeros, no pasó desapercibido este episodio importante de la historia, repito, cultural de la humanidad, que consistió en transformar la mentalidad de un cúmulo de un cúmulo de naciones que se calculaban en aquel tiempo de 6 millones de habitantes, conseguido por 300 franciscanos, por un 200 más o menos dominicos, un poquito más de 200 agustinos, y que en el año, como lo repetíamos el capítulo anterior, la semana pasada, en el año de 1569, apenas eran poquito más de 700 los misioneros que se echaron a cuestas sobre sus espaldas esta tarea enorme de evangelizar, que en términos culturales y en términos de nuestra manera de ver las cosas, es occidentalizar, darles perspectiva occidental con una serie de características muy peculiares, entre ellos, por supuesto, pues mantener las lenguas vivas de las naciones indígenas, convertirlos en bilingües, y una serie, pues, de elementos que vamos a ir platicando a lo largo de este programa, y que nos permiten, pues, ya entrar de lleno a la cuestión histórica de cómo fue posible, cómo le hicieron estos misioneros para evangelizar a tantos millones de habitantes originarios.

Primero, sabemos pues que en octubre de 1523 arriban los tres primeros. Repito sus nombres: Fray Pedro de Gante, Fray Juan de Tecto, Fray Juan de Roa. La primera pregunta que surge es, ¿por qué fueron franciscanos los que llegaron primero? O más bien, ¿por qué el rey de España dispuso que fueran sacerdotes de la orden de San Francisco los que vinieran aquí a este nuevo mundo, a estas tierras de la entonces Nueva España?

Miren, hay que hacer un contexto histórico importante de lo que sucedía en Europa en esos años. Estamos hablando de 1523, y como seguramente es del conocimiento de todos, apenas unos cuantos años antes, 6 años antes, en 1517, había iniciado en Europa, en la parte germana, hoy diríamos en la parte de Alemania, el movimiento del protestantismo, encabezado por Martín Lutero, con una serie de características porque estaban en contra de lo que podríamos llamar, y así está bien dicho, la corrupción de la Iglesia del Vaticano y de, por supuesto, toda la jerarquía eclesiástica diseminada a lo largo y ancho de Europa, continente cristiano, sí, pero que en ese momento se va a escindir en dos vertientes de la religión cristiana: por un lado, el catolicismo, que se mantiene fiel y leal al Papa de Roma, y por otra parte, el este reciente movimiento luterano protestante, que dará origen a una serie de denominaciones religiosas muy variadas, y que tienen la característica fundamental, entre otras, en que no dependen de la obediencia papal.

Otra característica bien importante es que los fieles de estas denominaciones tienen la posibilidad, permitida por ellos mismos, fomentada por ellos mismos, del contacto directo con la divinidad mediante la lectura e interpretación libre de las Sagradas Escrituras, de la Biblia, de los evangelios. Y otras características muy disímiles, como todos sabemos, por ejemplo, en materia de disciplina eclesiástica, las denominaciones protestantes permiten el matrimonio de sus ministros, de sus pastores, mientras que el catolicismo lo impide, lo prohíbe terminantemente. Pero bueno, este es el contexto, el gran debate, la gran lucha que se comienza a dar en Europa, particularmente en la zona alemana, por la irrupción, la aparición de Martín Lutero, sus famosas tesis, e inclusive los debates que frente al emperador Carlos V, el mismo Carlos V, que al mismo tiempo es Carlos I, rey de España, precisamente en el año de 1521, se realiza.

Y Carlos V, con una gran visión, aunque él va a permanecer cristiano católico, va a permitir, va a tolerar que muchos de los principados alemanes, que además le son vasallos, pertenecen al Sacro Imperio Romano Germánico, del cual él es soberano, pues cambien, muden de religión y se conviertan a estas diversas denominaciones protestantes que ha encabezado Martín Lutero. Bueno, en este contexto europeo de la aparición del protestantismo como una severa y muy dura crítica a la religión tradicional cristiana encabezada por el Papa de Roma, es donde debemos inscribir la evangelización de América y particularmente la conquista espiritual de la Nueva España, de nuestro México.

Por algo muy sencillo: allá en Roma, allá en Europa, también muchos fieles cristianos se habían dado cuenta de este estado ya muy lamentable de corrupción del Papa y de muchos miembros de la jerarquía eclesiástica, Cardenales, Arzobispos, Obispos, Párrocos, Capellanes, que ya habían llegado a extremos tremendos, inclusive, quizá ustedes lo saben y lo recuerdan, a este tráfico comercial de las indulgencias, estos favores que los Papas inventan para poder redimir, perdonar años de purgatorio, que nadie sabe cuánto está condenado, pero el Papa se atribuyó la facultad de poder restar años de purgatorio a los fieles, claro, a cambio de generosas limosnas. Esto va a ser una de las primeras medidas a las que se va a oponer Martín Lutero críticamente, y esto, por supuesto, es compartido por muchos fieles católicos, por muchos sacerdotes católicos, particularmente la primera gran oposición que desea volver al espíritu original cristiano, al espíritu que se dio allá en las catacumbas de Roma en los días de la persecución, al espíritu que había sido proclamado en el evangelio de amor y de caridad.

Los primeros que reaccionan son precisamente los franciscanos. Son ellos los que van a intentar dar un cambio trascendental en la Iglesia Católica universal, y para ello, la oportunidad está en ir a evangelizar el nuevo mundo, llevar la verdad, llevar la fe católica cristiana, llevar el evangelio, llevar la voz de Jesucristo a esas tierras donde habitan naciones originarias que no tienen noticia, que no tienen idea de quién es Cristo y de cuál es su religión. Pero de esto, amigas y amigos, platicamos en un momentito más.

Ya estamos aquí, amigas y amigos, para el segundo bloque del programa esta semana, en el cual ya estamos examinando las razones por las cuales llegan los franciscanos, llega la orden de San Francisco al Nuevo Mundo, a la Nueva España, para evangelizar, para occidentalizar, para realizar lo que se ha llamado la conquista espiritual. Veíamos hace un momento en el bloque anterior el contexto en que se da este acontecimiento, porque es simultáneo, más o menos, el origen de la reforma luterano-protestante en Europa, en Alemania, que inicia a partir de 1517, con el descubrimiento de México, precisamente en 1517, con la expedición de Hernández de Córdoba y su posterior conquista, que va a culminar ya con Hernán Cortés en 1521, año en el cual también Carlos V, el emperador, primero de España, rey también, es quien convoca a la Dieta de Worms para escuchar las proposiciones de Martín Lutero.

Todo está coincidiendo en el mismo espacio temporal que es Europa en debate y en el mismo tiempo histórico que es este año de 1517 hasta 1523, cuando se toma la decisión definitiva de que sean los franciscanos quienes vengan a evangelizar a la Nueva España. Claro, hay circunstancias además muy interesantes. Son los propios franciscanos, los superiores, los que consiguen del Papa allá en Roma la autorización para que vengan ellos, monjes, frailes de la orden de San Francisco, a la Nueva España, y van a encontrar eco y respuesta inmediata en la corte real del emperador Carlos V. Carlos I, rey de España, es la misma persona, quien a su vez tiene gran contacto, gran confianza, gran comunicación con los franciscanos de su lugar natal.

Miren, es importante también examinar un poco la vida de Carlos V, porque fue un joven hijo del famoso Felipe el Hermoso, que va a fallecer, de la reina Juana la Loca, y es nieto por línea materna de los Reyes Católicos, pero es nieto por vía paterna del emperador Maximiliano del Sacro Imperio Romano Germánico. Así que por dos lados, por los dos abuelos, le va a llegar la herencia de convertirse en emperador del Sacro Imperio, pero también convertirse en rey de España. Por eso tiene los dos títulos. Pero él nació, y esto es lo interesante, en una provincia que se encontraba justamente entre los límites del Sacro Imperio y que ya formaba parte de España. Nació en lo que se conoce o se le llama Flandes, la provincia de Flandes, que hoy en día es el territorio de Bélgica, de este país que todos conocemos con capital en Bruselas, que se llama Bélgica. Y que, fíjense ustedes, en medio de un mundo protestante como lo es Holanda, como lo es en parte ya buena medida Dinamarca, todo Alemania, Flandes, la actual Bélgica, permanece católica, como hasta el día de hoy es un país católico.

Bueno, allí en Flandes, en Bruselas, va a nacer Carlos V, exactamente en el año de 1500. 1500. Es, pues, un jovencito de apenas 21 años de edad cuando tendrá que tomar la decisión, por una parte, de escuchar a Lutero, y por otra parte, de recibir las noticias de la conquista de México. A los 23 años de edad, dispondrá que sean los franciscanos los que vengan a la Nueva España. Primero, por petición de la propia orden, que su superior general allá en Roma ha obtenido el permiso del Papa, y segundo, porque, repito, Carlos V, Carlos I, tiene gran amistad, gran cercanía con los franciscanos de la provincia flamenca de Flandes. Muchos de ellos, como Fray Juan de Tecto, fue su propio profesor, su preceptor. Así que tiene una gran comunicación con los franciscanos flamencos, como lo son los tres primeros: Fray Juan de Tecto, Fray Juan de Roa y, por supuesto, Fray Pedro de Gante.

Con una particularidad más, fíjense qué interesante: Fray Pedro de Gante no es sacerdote. Es lo que se conoce como un hermano lego. Forma parte de la orden, pero no tiene las capacidades para ser sacerdote, para oficiar misa, para bendecir, para consagrar. Únicamente es un maestro, es una persona que enseña, que sirve a la comunidad. Es un hermano lego. Pero, y escuchen, amigos, esto es hijo natural, o sea, hijo ilegítimo, horrible, hijo bastardo del emperador Maximiliano del Sacro Imperio Romano Germánico. Es decir, es medio hermano de Felipe el Hermoso, es decir, es tío de Carlos V, Carlos I de España. Es su tío. Y lo más interesante es que ellos lo saben. En sus propias cartas, cuando le escribe al rey, porque tiene gran confianza con él, porque es su pariente, precisamente le recuerda: "Yo, que soy su familiar, yo, que soy de su familia, usted y yo que somos parientes, majestad". Es su tío.

Y entonces, pues, Carlos V, que ha vivido toda su infancia con los franciscanos, que han sido sus maestros, sus preceptores, no va a tener duda alguna cuando le pidan ellos ser también los primeros, particularmente en voz de Fray Juan de Tecto, repito, que era preceptor y maestro de Carlos V, y segundo, de su tío, tío por línea ilegítima, sí, pero su tío, su pariente, Fray Pedro de Gante. Pero hay algo más interesante todavía: en Flandes, en esa parte que hoy es Bélgica, que colinda con Holanda, en la ciudad de Rotterdam, vivía, nació y vivió y después se trasladó a Flandes, un sacerdote, filósofo, teólogo, escritor de altísimo nivel, que seguramente todos ustedes han escuchado: Erasmo de Rotterdam.

Y Erasmo, previo a Lutero, ya había planteado una serie de críticas muy importantes en su famoso libro "El elogio de la locura", que no tiene nada de locura, es un libro muy serio de crítica hacia la religiosidad, en la que pone precisamente la vuelta a los orígenes de amor, de caridad, del cristianismo original. Y Erasmo de Rotterdam es el maestro de los franciscanos flamencos. Es decir, hay una gran influencia. Se dice, inclusive, que Carlos V llegó incluso a asistir a pláticas, a conferencias, a charlas que impartía el propio Erasmo, y por lo tanto, estaba influido por sus ideas renovadoras de cómo debe vivirse y practicarse la religión cristiana, convertida ya en religión católica. Porque si bien Erasmo convive temporalmente con Lutero, no es protestante, es la parte crítica del catolicismo.

Todo esto confluye en este escenario temporal, en 1517 a 1523, pero también en este mismo escenario geográfico de lo que acontece en Flandes, en donde, repito, nació, vivió, creció y se educó Carlos V, donde sus maestros son franciscanos, donde su pariente lejano, bueno, su pariente en línea ilegítima es Fray Pedro de Gante, y todos ellos tienen influencia enorme de Erasmo, que la van a aplicar después en México. Así que Carlos V, primero, ante la petición formal que le hace la orden franciscana con su sede capitular en Roma, y segundo, consultándolo con sus maestros franciscanos, decide que sean ellos los que vengan a evangelizar.

¿Por qué lo hace Carlos V? Porque tiene que cumplir un mandato importantísimo. Su abuela, la reina, etcétera, su abuelo, el rey Fernando el Católico, cuando se descubre América, o se encuentran con América gracias a Cristóbal Colón en 1492, al año siguiente, el Papa de entonces, Alejandro VI, les otorgó en la famosa Bula Inter Caetera, la Bula Inter Caetera, les otorgó la soberanía sobre esas tierras nuevas, pero con la condición de que en ellas, a los naturales que allí vivían, los evangelizaran, se llevara la palabra de Dios, la fe cristiana, porque se dieron cuenta que ahí estas naciones nunca habían escuchado hablar de Cristo, tenían sus propias religiones, las que conocemos nosotros como religiones prehispánicas. Y entonces, pues, España se había echado a cuestas este compromiso de evangelizar, porque a cambio el Papa le había dado soberanía sobre esas tierras, y el rey, pues, tenía que cumplir con ese mandato.

Así que para quedar perfectamente bien cuadrado todo el asunto, y en cumplimiento a la Bula Inter Caetera, que le ordena evangelizar, y en la petición además también de los superiores franciscanos en Roma, y ante el consejo de los franciscanos en Flandes, que son sus maestros, incluyendo su tío Fray Pedro de Gante, Carlos V dispone que sean los franciscanos quienes vengan a la Nueva España a transmitir la palabra de Dios, a evangelizar, a occidentalizar, a la conquista espiritual. Pero de esto, amigas y amigos, hablaremos en unos momentos más.

Ya estamos de vuelta, amigas y amigos, para el tercer bloque del programa de hoy, en el cual ya estamos entrando en materia acerca de la labor franciscana en la Nueva España, la conquista espiritual, cómo llegó a nuestras tierras, a nuestro México de hoy, las virtudes y también errores y defectos de la religión cristiana a través del trabajo de los misioneros franciscanos. Y digo claramente virtudes, pero también defectos. Ya veremos que sí hay varias cosillas que, pues, se van a convertir en un verdadero problema, incluso hasta nuestros días, pero esto lo vamos a ir platicando poco a poquito conforme vayamos avanzando en este proceso de la obra de la labor franciscana, que tiene un gran mérito, eso sí, eh.

Finalmente, para 1569, eran 300 los franciscanos, que sumados a unos 200 dominicos y otros 200 agustinos, entre poco más de 700 y pico de frailes, habían conseguido evangelizar, mudar ciertas costumbres, adaptar otras, incluso otras mantenerlas un poquito por debajo del agua, inclusive con errores, metiéndose a veces en lo que no les importaba, peleándose con la autoridad civil, pero con grandes éxitos también al mismo tiempo, que iremos comentando en esta serie de programas, como pueden serlo, por ejemplo, y lo decía yo en el primer bloque, que se hayan conservado las lenguas de los habitantes originarios. Si hoy en día todavía en México se puede hablar náhuatl, se puede hablar zapoteco, se puede hablar otomí, se puede hablar purépecha, se habla maya, y se hablan todas las lenguas de las distintas naciones originarias, fue precisamente por la visión que tuvieron los misioneros, especialmente los franciscanos, de conservarlas, aprendiendo ellos los idiomas locales y convirtiendo a los naturales de estas tierras en realidad en bilingües.

Se mantuvo la lengua originaria y se le agregó la calidad de bilingüe al enseñarles a hablar castellano o español. Fíjense, nuestros habitantes originarios, los que llegan al momento de la conquista y a partir de ahí, todas las comunidades, como hasta nuestros días, son bilingües. Los demás mexicanos tenemos que aprender inglés, ¿verdad?, para poder adquirir una segunda lengua o tercera. Pero ellos, desde chiquitos, ya en sus casas, son bilingües, hablan su lengua y aparte hablan español. Y este fue un mérito indudable de los misioneros franciscanos, como vamos a ir viendo poco a poco.

Primero, a partir de la orden de Carlos V, zarparán los tres franciscanos originales. Ya repetí su nombre varias veces: Fray Pedro de Gante, Fray Juan de Tecto, Fray Juan de Roa, que llegan a México y en octubre de 1523 se acercan a la Ciudad de México, a la antigua Tenochtitlán, que en ese momento está totalmente derruida. Apenas inicia el proceso de reconstrucción. Recuerden ustedes que Hernán Cortés, un par de años antes, en 1521, la sometió a un sitio severísimo y arrasó literalmente con la ciudad, que además estaba infectada por los cadáveres, por muchísimas epidemias que había. Y entonces, con Cortés, por una parte, instaló la capital provisional en Coyoacán, pero los franciscanos, los tres primeros, prefirieron quedarse en lo que entonces era una gran urbe, incluso la ciudad en donde se supone eran los más cultos, Tlatelolco, particularmente Netzahualcóyotl, Netzahualpilli, sí, exactamente. Decidieron asentarse en Texcoco. Ahí se van a instalar Fray Pedro de Gante, el tío del emperador, y sus dos compañeros, y ahí van a comenzar a trabajar.

Lo más interesante de todo en estos primeros meses es que Fray Pedro de Gante, Fray Juan de Tecto y Fray Juan de Roa se van a dar cuenta, y son ellos los que así lo comunican a España, de este asunto que estábamos platicando hace un momento, de la importante necesidad de conservar las lenguas originarias. Se dan cuenta de que es imposible enseñarles la lengua castellana a 6 millones de habitantes. Era mejor que los tres misioneros aprendieran primero ellos la lengua nativa, el náhuatl de esa zona, de la zona Texcoco, Tlaxcala, México, y a partir de ahí fomentar que sean bilingües los naturales. Así que primeramente se van a dedicar a aprender el idioma, y lo hacen con gran sencillez y con gran naturalidad. Y los naturales, sobre todo los habitantes de Texcoco, están impresionados con estos tres personajes. ¿Por qué? Por algo muy sencillo: vienen los tres franciscanos originales, como lo harán después las diversas camadas de franciscanos que van a ir llegando con el paso del tiempo, al año siguiente 12, al año siguiente otros 20, después otros 25. Todos ellos llegan imbuidos totalmente, compenetrados del ideal franciscano que había proclamado en sus días San Francisco de Asís, que es el de la pobreza, el de la humildad, el de la sencillez.

Y las propias normas, las reglas franciscanas, que exigen que sus frailes precisamente vivan así, con humildad, con sencillez, con pobreza. Pobreza hace que los franciscanos vistan únicamente un hábito, un sayal, que anden descalzos, que no tengan bienes materiales, que sean siempre de buen talante y buena disposición, que se acerquen a la gente porque son sus hermanos los indios, así como San Francisco llamaba hermano o hermana a todas las criaturas vivientes, con este mismo espíritu también los franciscanos van a llegar a llamar hermanos o hermanas a los habitantes originarios, y esto, por supuesto, les causa una profunda y buena impresión a los naturales de estas tierras.

Al poco tiempo llegará la segunda expedición, 12 franciscanos más, que encabeza Fray Martín de Valencia, quien fue designado ya superior de la orden de San Francisco en México, la primera autoridad eclesiástica que tuvimos en la Nueva España. Y llega y es recibido aquí, sí, ya públicamente, por Hernán Cortés. Ya ellos pueden llegar a la Ciudad de México, que ya está limpia, ya se empezó a levantar. Ahí se le reúnen a estos 12 los tres originales, es decir, son 15 los que están ya en la Ciudad de México. Y hay un acontecimiento que a los indígenas, a los antiguos mexicas, les impacta de sobremanera, que es cuando miran que Hernán Cortés, el férreo capitán y conquistador, sale a recibir a Fray Martín de Valencia y a sus compañeros, y se pone de rodillas, se hinca ante ellos. Ellos vienen vestidos nada más con su hábito, vienen descalzos. Cortés llega a caballo, desmonta con su vestimenta, con su armadura, igual que todos sus soldados, y se arrodillan frente a los frailes. Esto es impactante para los naturales. Se dan cuenta que el hombre poderoso, el hombre victorioso, se tiene que postrar ante estos seres pobres, humildes, sencillos, que vienen y que se acercan y que traen la palabra y que traen la paz y traen la educación y traen muchas otras cosas que poco a poco van a ir aprendiendo.

Inclusive, como todos sabemos, uno de estos frailes de esta segunda generación, de esta segunda camada de los 12, es el famosísimo Fray Toribio de Benavente, quien después va inclusive a escribir una historia de las Indias, de cómo ellos evangelizaron. Fray Benavente, él a su vez recibió, pues, este clamor popular, se dio cuenta que a su paso, cuando él andaba caminando por ahí con su hábito muy humilde, un sayal de lana tosca, descalzo, simplemente con una especie de maletita a un lado donde iba cargando su breviario y algunas tortillas, la gente cuando lo veía también se arrodillaba y decían una palabra en náhuatl llamándolo así: Motolinia, Motolinia, Motolinia. Y Fray Benavente, que estaba ya aprendiendo la lengua, se dio cuenta que la gente le llamaba "pobre". Motolinia es "pobre", "humilde". Y le gustó, le gustó la palabra y decidió cambiar, mudar su apellido y dejar de ser Fray Toribio de Benavente para convertirse en Motolinia, Fray Toribio de Motolinia, el padre Motolinia, el fraile Motolinia.

Este es el impacto que causa. Después llegará otra hornada más, ya con ellos otra veintena más, 25 más. Vendrán otros personajes de primer nivel, como el propio primer Arzobispo de México, también franciscano, Fray Juan de Zumárraga, y otros más, como el que comentábamos la semana anterior al final del programa, si ustedes lo recuerdan, que los franciscanos llegan de toda Europa: hay alemanes, hay franceses, hay españoles, hay italianos, y hay hasta un danés entre ellos, Fray Jacobo Dacio, de la provincia de Dacia, que era Dinamarca en aquel tiempo, y que viene, a pesar de ser hijo del rey de Dinamarca destronado, este monarca, él se vuelve franciscano y decide venir a Nueva España para evangelizar, y a él lo mandan, lo envían a Michoacán.

Así que poco a poco comienzan a expandirse, extenderse los franciscanos por la Nueva España, pero de esto, amigas y amigos, hablaremos en unos momentos más.

Ya estamos aquí, amigas y amigos, para el cuarto y último bloque del programa de hoy, programa dedicado ya de lleno a estos 500 años del inicio de la conquista espiritual de México, a través fundamentalmente de la obra, del trabajo de los misioneros franciscanos, que llegarán a partir de octubre de 1523 y se van a ocupar de, por supuesto, difundir la palabra, la palabra de Dios, la palabra que está en el evangelio, pero también a occidentalizar, a dar un cambio de vida radical. Ahorita vamos a entrar a estos problemas importantísimos que los misioneros van a enfrentar y que deben resolver, y que son vitales para poder cristianizar a estas tierras nuevas, a este nuevo mundo, a esta Nueva España.

Insisto en que los misioneros franciscanos vienen según el ejemplo, según el mandato de su fundador, San Francisco de Asís, en una plena ostentación de la humildad, de la pobreza, de la sencillez. Son pobres, así se visten con su sayal franciscano, su hábito, una pequeña maletilla que traen, descalzos siempre, salvo que estén enfermos y su superior les autorice usar sandalias o huaraches, pero normalmente están descalzos, con poca comida, son frugales para el comer, para el beber, no tienen camas, tienen prohibido tener colchones, duermen al ras del suelo o sobre bancos o sobre mesas, con la almohada, es pues, alguna tela, algún tronco, alguna cosa que se encuentren por ahí más o menos cómoda para poder dormir, y así viven y así se la pasan toda la vida, precisamente siendo ejemplo viviente, valga tanta reiteración de la palabra "vivir", de lo que son los ideales franciscanos y de lo que es el espíritu que ellos consideran original del cristianismo.

Esto es muy importante, y comienzan a expandirse los propios misioneros, encabezados por Fray Martín de Valencia, el primer provincial, disponen que se vayan fundando conventos, para lo cual los misioneros son repartidos de cuatro en cuatro para ir avanzando en la evangelización. Poco a poco van a ir penetrando el territorio hasta ocupar, hoy sabemos, lo que era entonces o se conocía como la Nueva España, que se extiende al norte desde Zacatecas y al sur hasta Guatemala, o que va desde lo que hoy sería Michoacán y hasta Yucatán. Toda esta es zona de misión, por supuesto, incluye Oaxaca, acá Puebla, Veracruz, el Estado de México, todo esto es zona de misión franciscana, en donde se van a ir fundando conventos, primero de esta orden de San Francisco, y después se les van a agregar los conventos dominicos, particularmente en la zona de Oaxaca, los conventos agustinos, particularmente en la zona del Bajío michoacano, pero finalmente todos coexistiendo con este afán de llevar el evangelio, de llevar la cristianización, de hacer, de lograr la conquista espiritual.

Bien, vamos a entrar al trabajo ya exacto de los misioneros. Fray Martín de Valencia, en la Ciudad de México, que ya está limpia, que empieza a reconstruirse, decide tener una junta, de lo cual platicamos ya hace un par de años, una junta con él y los otros 14 misioneros, los 12 que llegan con él más los tres que ya están. Reunirse con los ancianos caciques, sacerdotes aztecas, mexicas, para platicar sobre ellos, para informarles a qué han venido y para conseguir su ayuda, su apoyo, porque finalmente ellos, conforme a la política española, siguen gobernando a las comunidades. Estos son los famosos coloquios que después relatará un joven misionero llamado Fray Bernardino de Sahagún, quien logró encontrar una especie de transcripción de lo que había sucedido en esta junta, en la que debatieron los sacerdotes y caciques mexicas con los misioneros encabezados por Fray Martín de Valencia.

Es un texto maravilloso que ya publicó en su momento Don Miguel León Portilla, "Los Coloquios de los Doce", los doce con los caciques y sacerdotes mexicas. Y durante varios días se enfrascaron en discusiones teológicas, sobre todo porque los mexicas, estos señores ya mayores, sacerdotes o caciques, decidieron que no deberían abandonar a sus dioses, porque los dioses que ellos conocían son los que les habían heredado y enseñado sus padres, y a ellos debían muchísimas cosas, inclusive el poderío del Imperio Azteca. Y Fray Martín de Valencia y sus compañeros se dieron cuenta que estaban frente a un atolladero, porque estos hombres, evidentemente que creían en una religión politeísta con dioses como Huitzilopochtli, como Coatlicue, como Tezcatlipoca, pues evidentemente era muy complejo que abandonaran su religión, y no daban brazo a torcer, sobre todo porque a estos hombres poderosos, caciques, sacerdotes, su antigua religión les aseguraba una posición de privilegio y de poder.

Y entonces, a los misioneros franciscanos se les ocurrió que en las últimas juntas, por favor, le pidieron a sus caciques y a los sacerdotes: "Traigan a sus mujeres. Nos gustaría escuchar a sus mujeres". Se sorprendieron los caciques. "Pero, ¿cómo? ¿Pero las mujeres? Pero ellas no tienen voz ni voto, ellas no hablan". Y los misioneros con toda calma: "No, sí, queremos escuchar a las señoras, a las mujeres, a sus esposas". Ya oímos la versión de los hombres sola, queremos oír a las mujeres. Y este fue el cambio radical y el gran éxito. Educados como eran, porque eso sí, el pueblo mexicano, azteca, era de una educación absoluta, hospitalario. Las palabras que dijeron los caciques: "Señores, bueno, no es nuestra costumbre, pero en atención a ustedes, porque nos piden el favor, pues vamos a invitar a nuestras mujeres".

Y oh sorpresa, llegaron en cantidades inmensas, porque los misioneros fueron enterándose que cada señor, y sobre todo de ellos que eran poderosos, nobles, sacerdotes y caciques, pues el que menos tenía tenía seis, siete esposas. Así que llegó una abundancia, una cantidad enorme de mujeres, que por ser mujer tienen un sentimiento y una sensibilidad superior a la de cualquier hombre. Cuando comienza el diálogo con las mujeres, las mujeres captaron dos cuestiones que son bien importantes: Sí, ellas son aztecas, pero compadecían, entendían lo que sufrían otras mujeres de las otras naciones sojuzgadas por los aztecas, como los xochimilcas, como los tlaxcaltecas, como los chalcas, como muchísimas otras naciones, a las cuales a esas mujeres de otras naciones se les imponía el tristísimo deber y resignación de entregar a sus hijos para el sacrificio humano. Comprendían, porque la mujer mexica entendía perfectamente bien lo que es una madre, una mamá.

Y esto lograron que los misioneros lo captaran, y los misioneros con mucha habilidad le dijeron a estas mujeres: "Es que esta nueva religión, la de Cristo, no necesita de sacrificios humanos, porque él ya se sacrificó por nosotros hace 100 años, medio milenio, medio antes". Y les mostraban un crucifijo. "Ya no habría sacrificios humanos". Y con el pretexto de ellos, la carne de los sacrificados que se consumía, que se comía, los misioneros les explicaron que para eso estaban ahora y habían traído en gran cantidad cochinitos, puerquitos, marranitos, cerditos, que sería el sustituto cárnico de la dieta de los mexicas.

Así que este primer elemento, el de ser madre, que entiende los sufrimientos de otras madres de otras naciones, va a ser determinante para que las mujeres comiencen a presionar a los hombres y acepten la evangelización. Segundo elemento, que no estalló allí, pero inmediatamente comenzó a causar gran expectativa, porque decía yo hace un momento, los señores y los caciques llegan con sus esposas porque se vivía en una poligamia. Y los misioneros franciscanos les explicaron que la religión cristiana católica es monógama. Habrá una sola esposa. Y esto, entre las propias mujeres, las seis, siete, ocho que son de un solo señor, comenzaron a escuchar esto y se dieron cuenta que en esta nueva posibilidad, solamente una de ellas sería la esposa, pero ahora con derechos. Antes, las mujeres indígenas aztecas y de cualquier otra nación carecían de los más absolutos derechos, eran simplemente propiedad de su marido. Ahora no. España, que ya había tenido una reina mujer, traía esta nueva noción de los derechos para las mujeres.

Conclusión: son las mujeres indígenas aztecas las que convencen a sus maridos de ya aceptar como irrevocable, como definitivo, la conversión general del pueblo a la fe católico-cristiana que traen los misioneros franciscanos. Y una vez que estos señores, sacerdotes, nobles, caciques, les dan el permiso, los franciscanos inmediatamente se organizan y en grupos de cuatro por cuatro, más los que van llegando, comienzan a dispersarse por el territorio para iniciar la conquista espiritual. Gracias a las mujeres. Pero esto, amigas y amigos, primero Dios, lo platicaremos la próxima semana. [Música]