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Transformados por el salmo119:83

Celia Elizabeth Arriola8:15

Transcription

[Música]

Salmo 119, versículo 83. Por qué estoy como el odre al humo, pero no he olvidado tus estatutos.

Esta es una ilustración curiosa. ¿Alguna vez te has comparado con una botella o con un odre ahumado? Si la imagen que viene a tu mente es la de una de esas botellas de vidrio ahumado que se utilizan para guardar refrescos u otros líquidos, estás haciendo un error. El versículo se refiere a esas botas de cuero usadas en el Medio Oriente. Cuando estas botas de cuero se vaciaban, se les colgaba de un hilo en el interior de la tienda. Allí, el humo del fuego pronto las secaba. David está diciendo: "Estoy desgastado, vacío, encogido, seco, sucio e inútil". ¿Te has sentido alguna vez así? Por supuesto que sí. No hay mejor manera de describir esto que decir que él fue como una vieja bota de cuero colgada sobre el fuego del infierno para secarla. Job, por ejemplo, no podría haber entendido la forma maravillosa en la que él también nos ilustra la angustia de Cristo en la cruz. Él dijo: "Mi piel se ha ennegrecido y se me cae, y mis huesos arden de calor". Eso lo vemos en Job 30:30.

¿Crees que estás siendo objeto de un trato injusto por parte de enemigos que te están haciendo alguna trampa? Considera lo que tuvo que sufrir nuestro Maestro. En otra profecía mesiánica, David escribió: "Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa acabaron hoyo para mi alma". Salmo 35:7.

Vamos también a hablar sobre ese odre viejo. Hay una gran verdad y un principio que David nos enseña a través de su ejemplo. La ilustración que usa en este versículo 83 acerca del odre al humo también nos ilustra esta verdad. David estaba usando ese odre al humo para decir que se sentía desanimado, vacío, sin fuerzas, sin ganas, desilusionado, decepcionado. Ahora, Dios lo tiene justo en el punto donde quería. David ha llegado al final de ese "yo". Ha llegado a reconocer que él nada vale, tal como un viejo odre al humo, seco, agrietado por el humo y el calor. ¿Qué aprendemos de esto? Tenemos que experimentar para que nos aferremos.

[Música]

Cuanto más experimentemos el consuelo de Dios. Todos necesitamos una inyección fresca de la gracia de Dios para seguir aferrándonos de la única cosa que es inmutable: la palabra de Dios. Hubo varias ocasiones en la vida de Pablo en las que él seguramente pensó que había llegado a su fin. Fue azotado, pasó un naufragio, encarcelado, apedreado al punto de la muerte, y fue casi echado por tierra. Pero solo casi. Él siguió adelante porque confiaba que Dios le daría la gracia para permanecer agarrado de la palabra de Dios. Él sabía que su viejo hombre no era nada más que una vieja bota de cuero colgada de un hilo para secarla. Y lo dicen Corintios, segunda de Corintios 4 del 7 al 10: "Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros; que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos". Pablo fue casi consumido, pero solo casi. Se mantuvo aferrado, agarrado, confiando, creyendo en la palabra de Dios.

Y esto también fue lo que comprendió David cuando se sentía de esa misma manera. Segunda de Corintios 4:16 dice: "Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las cosas que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas". Para Pablo, no importa lo que ocurriera al viejo odre, era su vieja naturaleza. Aún si sus enemigos llegaran a pensar que habían vencido, Pablo sabía, al igual que David, que nunca sería totalmente echado por tierra mientras Dios exista. Solo podría ser casi echado por tierra.

¿Te sientes de esa manera? Aguarda la gracia de Dios. Permanece aferrado, creyendo. Esfuérzate para apreciar, valorar y sentir esa necesidad que tienes de la palabra de Dios. Y abandona tu vieja naturaleza, ese viejo odre que no te ayuda.

Oremos. Padre santo, buenos días. Agradecemos la vida, la oportunidad de aprender y de poner en el corazón esta enseñanza. Rogamos que tu Espíritu nos acompañe, nos bendiga y nos siga mostrando las verdades que quieres para que obedezcamos. Gracias, Señor. En el nombre de Jesús. Amén.

[Música]