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“Ten Paciencia con tu Hermano y la Tendrán Contigo” | Homilía de hoy (10-03-2026) | P. Santiago M.

Franciscanos de María - Magnificat tv10:52

Transcription

Jesús, contigo en el desierto. El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu.

Lectura del santo evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó, "Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? Hasta siete veces." Jesús le contesta, "No te digo hasta siete veces, sino 70 veces siete. Por esto se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía 10,000 talentos. Como no tenía con qué pagar, el Señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo, "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo." Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía 100 denarios y agarrándolo lo estrangulaba diciendo, "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo, "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su Señor todo lo sucedido. Entonces el Señor lo llamó y le dijo, "Siervo malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?" Y el Señor indignado lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Para entender bien este mandato del Señor, el del perdón, hay que hacer un poco de historia. La venganza es un sentimiento instintivo que lleva a hacer daño a un enemigo a quien te ha hecho daño o hacer un daño preventivo hacia alguien que crees que te va a hacer daño, pero es un instinto, un instinto de protección. Pero como todo instinto tiene que ser controlado. La venganza no tuvo una limitación hasta el mundo judío. Los judíos tenían estipulada la venganza, la tenían medida. Ojo por ojo, diente por diente. Te han dado un golpe, puedes dar el mismo golpe. No más, no más. Por lo tanto, si te han robado, no puedes matar. Si te han robado, puedes robar, pero no puedes pasarte de hacer un daño superior al que a ti te han hecho. Esto en el desarrollo de la ética en la historia de la humanidad fue un avance, pero fue un avance comparado con lo anterior. Evidentemente no fue lo mejor, fue un paso. Lo mismo que antes había la aceptación de la poligamia, se pasa a la aceptación de la monogamia, pero se permite el divorcio, que era una especie de poligamia camuflada. Fue un avance, pero no podía considerarse el fin de ese avance. Es Jesús el que siendo Dios nos revela cuál es la plenitud y nos dice monogamia, pero no. divorcio, porque monogamia con divorcio en las condiciones en que estaba la mujer entonces especialmente eh es equivalente de alguna manera a una poligamia legal. Y nos dice, "En el tema de la venganza, no se puede ni siquiera esta venganza medida ojo por ojo, diente por diente, sino ningún tipo de venganza."

Pero esto que dice Jesús no es un consejo, es un mandamiento. Y como el Señor sabe lo difícil que es también el tema del divorcio, como el Señor sabe lo difícil que es cumplir sus enseñanzas morales, en este caso lo une a nuestra propia situación. La medida que uses la usarán contigo. Nos lo enseñan el Padre Nuestro. Perdónanos, Señor, como nosotros perdonamos a los que nos han hecho daño. Y por eso esta bellísima parábola que acabo de leer, porque uno tiene una gran deuda, pero ese que pide tiempo tiene un deudor que le debe muchísimo menos. Y sin embargo, él que ha sido temporalmente al menos perdonado, no quiere darle esa misma oportunidad al otro. Tú tienes una gran deuda. Yo tengo una gran deuda. ¿Con quién? Con Dios. Tengo una gran deuda con Dios. Esta deuda que tengo con Dios quizá puede parecerme pequeña comparada con la que el otro tiene conmigo, porque puedo pensar que la deuda que el otro tiene conmigo es mayor que la que yo tengo con Dios. Pero no es verdad. No es así. A ti te podrá parecer, pero no es así. La medida que uses la usarán contigo. Perdónanos, Señor, como nosotros perdonamos.

Ahora, fijémonos en esto mismo, pero visto desde otra perspectiva. ¿Cómo empieza el evangelio de hoy? Le preguntan, "¿Cuántas veces tengo que perdonar a alguien que te ha ofendido?" Hasta siete veces. Y Jesús contesta, "No te digo hasta siete veces, sino hasta 70 veces siete, que era en el en la cultura judía, era una forma de decir siempre, infinitamente, siempre. Si el Señor nos manda esto, ¿no será el Señor el que está también dispuesto a cumplirlo? Qué consuelo, qué paz. Cuando sabes que el Señor está siempre dispuesto a perdonarte, siempre, y que ese 70 veces 7, que significa infinitamente lo va a aplicar contigo. El Señor es rico en misericordia y cuando eres consciente y nunca lo somos del todo, de la gravedad de tus pecados, de tus reincidencias, de tus caídas una y otra y otra vez en lo mismo o en algo parecido después de haber dicho perdón y otra vez perdón y otra vez perdón. Cuando eres consciente de eso, te desanimas, dices, "Pero no tengo remedio, no tengo solución." Y entonces tienes que recordar esto. Te perdonas 70 veces si no se va a cansar de perdonarte. Sigue luchando. Levántate. Si en 5 minutos vuelves a caer, levántate de nuevo. 70 veces si tres caídas. tuvo el Señor en el camino del Calvario. Con eso estaba haciendo y nos estaba diciendo que no solo después de la primera caída o de la segunda, sino de la tercera 100 que hubiera tenido, hay que levantarse. Dios es rico en misericordia y solo te pide que tú también seas rico. Misericordia. Y cuando eres consciente de la deuda que tú tienes con Dios, te parece que cualquier deuda que tú tengas que perdonar es pequeña. Por eso, como todo aquello que es difícil, tenemos que decirle a Jesús, quiero, ayúdame. Quiero, ayuda a mi poca fe. Ayuda a mi poco amor. Quiero, Señor, quiero perdonar. Quiero amar a mi enemigo. Quiero hacer el bien al que me ha hecho el mal. Quiero, Señor, quiero. Ayúdame porque es difícil. Ayúdame, Señor, porque yo tengo una deuda contigo y necesito que tú me la perdones. y perdonar la deuda que tienen los demás conmigo no es nada comparado, Señor, con el perdón que yo te solicito. Que así sea.