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Capitulo II. Revolucionarios.

Geografia Historia (Ciencias Sociales)21:57

Transcription

La Revolución de Mayo es el mito de origen de la Argentina. El 25 de mayo de 1810, las autoridades coloniales del Virreinato del Río de la Plata fueron removidas en su capital, Buenos Aires, por un grupo que creó el primer gobierno desvinculado de España. Ese día no terminó la revolución; ese día empezó. [Música] [Música] [Música] [Música]

¿Por qué fue una Revolución? Cuando terminó el proceso, que iba a durar al menos 10 años, las razones por las cuales se mandaba y se obedecía habían cambiado. Los que habían sido súbditos del rey de España ahora eran ciudadanos republicanos. La economía ya no dependía de la relación con las minas de plata de Potosí, sino de la exportación de bienes ganaderos. La cúspide de la sociedad ya no la ocupaban los grandes comerciantes, sino los grandes terratenientes, y la actividad política involucraba a miembros de todas las clases sociales. Donde había estado el Virreinato del Río de la Plata se iban a formar cuatro naciones nuevas: Uruguay, Paraguay, Bolivia y la Argentina. El origen de esos cambios puede rastrearse en el principio de la Revolución, en 1810, cuando se empezó a delinear un proyecto que quería una sociedad más libre e igualitaria, y empezó a pensar en la independencia. Ese proyecto fue impulsado por un grupo que estaba formado en torno a la figura de Mariano Moreno. Este programa rastrea los planes de la evolución y en el proyecto de su grupo más radical, el de los morenistas.

El desencadenante de la Revolución se dio en España, que era el centro del imperio del cual lo que ahora es Argentina era parte. En 1808, una invasión del emperador francés Napoleón Bonaparte obligó al rey español Fernando VI a dejar el trono y lo mantuvo prisionero. En su lugar, Napoleón colocó a su propio hermano, José Bonaparte, pero los súbditos españoles consideraron que esa designación era ilegítima. De acuerdo al pensamiento político de la época, argumentaron que Dios le daba la soberanía a los pueblos, y luego estos se la daban al rey. Si dejaba de haber rey, la soberanía volvía a los pueblos, es decir, a las ciudades que integraban la monarquía. Así, ante lo ocurrido, distintas ciudades españolas formaron juntas para conservar la soberanía del rey cautivo. Los dominios españoles en América se mantuvieron leales a esa junta central. El inicio del movimiento de Independencia parte del supuesto que el origen de la soberanía es el pueblo. Es decir, de Dios viene al pueblo, pero en la práctica las instituciones, las decisiones que hay que adoptar provienen de decisiones del pueblo; eh, pero el pueblo no existía en 1810. Existían pueblos: existía el pueblo catamarqueño, el pueblo riojano, el pueblo porteño, el pueblo santafesino. Entonces, la soberanía –retrovertido la palabra difícil– volvió a los pueblos soberanos, cuyo órgano soberano era el Cabildo. Por eso, la primera junta de gobierno es la reunión de pueblos soberanos que mandan sus diputados, que no eran diputados como actualmente, diputados de la nación, sino que eran apoderados, procuradores de sus instituciones que [Música] representaba.

En 1820, formar una nación era recurrir a lo que alguien ha llamado –poner en práctica lo que alguien ha llamado– un politólogo importante ha llamado “El Gran Principio”, que explica las tres grandes revoluciones del mundo moderno: la inglesa, la francesa y la norteamericana; el principio del consentimiento: nadie me puede obligar a mí a entrar a una asociación política sin mi consentimiento. [Música] En 1810, los franceses triunfaron militarmente y tomaron toda España. La junta central desapareció. Ante este nuevo colapso, en América ocurrió algo similar a lo que había pasado en España: se sostuvo que la soberanía había vuelto a los pueblos y se formaron juntas de gobierno sin ponerse de acuerdo previamente. Eso hicieron Caracas, Santiago de Chile, Cartagena, Bogotá y algunas ciudades mexicanas. Fue también lo que ocurrió en Buenos Aires en mayo de 1810.

Cuando llegaron a Buenos Aires las noticias de la caída de la junta central española, un grupo empezó a exigir medidas al respecto. En pocos días logró presionar para que se convocara un Cabildo abierto, en el cual se decidió por mayoría la destitución del virrey y la formación de una junta de gobierno. El virrey saliente intentó ponerse a la cabeza de la junta, pero el 25 de mayo una movilización ante el Cabildo, apoyada por el regimiento de Patricios, un cuerpo miliciano formado por vecinos de la ciudad, lo obligó a renunciar e impuso una junta sin participación de las viejas autoridades. La revolución había triunfado.

Bueno, hay toda una discusión que actualmente plantea la historiografía en relación a cómo interpretar el proceso revolucionario. Eh, tradicionalmente esto tiene que ver, casualmente, con la idea de nación. Cuando se impone una idea de nación como un sujeto de la historia, y la nación Argentina como un sujeto que recorre todo el pasado rioplatense, lo que se supone es que hacia 1810 había una nacionalidad oprimida y que lo que se hizo el 25 de Mayo es procurar liberarse de la opresión colonial. Lo que actualmente plantea la historiografía –dicho de forma muy sintética, obviamente esto es un proceso muy muy complejo– es que en realidad lo que hacia 1810 existía no era una nacionalidad, sino que era un conjunto de pueblos organizados en el virreinato que formaban parte de la corona española. En realidad, en mayo de 1810 no puede decirse que hay una Revolución; hay un recambio del gobierno, un desplazamiento del virrey, la instalación de una junta provisoria de gobierno respetando los marcos de ese momento, legales de la legitimidad política en el imperio. Ahora, para los que son desplazados ya es una Revolución; ellos lo viven como una Revolución. En los años siguientes, en la medida que esta disputa política se convierte en una guerra, y una guerra que es mucho más larga de lo que ellos imaginaron que iba a ser, y esa guerra necesitó una enorme movilización social de ambos bandos, entonces fue adquiriendo el carácter de una Revolución. Yo diría que, mirado a largo plazo, lo de mayo de 1810 no fue una revolución; fue un acontecimiento relativamente tranquilo, una disputa política por medios pacíficos, incluso sin ninguna participación popular significativa en mayo de 1810; pero el proceso que hubo fue un proceso de transformación revolucionaria. Ante la pregunta: ¿la Revolución de Mayo fue efectivamente una Revolución? Sí, pero no arrasó con instituciones públicas, con la organización pública; eso se va a ir despejando a partir de 1820, y tampoco instaló, como ninguna Revolución lo hizo en ese momento, ninguna igualdad civil.

Tras el triunfo de la Revolución, varios de los problemas que existían en el Virreinato del Río de la Plata se hicieron explícitos y se politizar. En primer lugar, en muchas ciudades los criollos tenían resentimiento hacia los nacidos en España, que en la última parte del siglo XVII empezaron a ocupar casi todos los cargos administrativos. Había también conflictos sociales: a la alta explotación de los indígenas y los esclavos africanos se sumaba el hecho de que todos los que no eran de piel blanca estaban legalmente obligados a tener una posición social inferior. Otras tensiones eran de índole económica. Inglaterra, que vivía un gran crecimiento, presionaba para conseguir comercio libre, que estaba prohibido con las colonias españolas. Esto era también deseado por algunos americanos. En Buenos Aires, por ejemplo, los hacendados lo querían. Algunos americanos sugerían que América podía independizarse como habían hecho las colonias inglesas de América del Norte, pero eran muy pocos. Los revolucionarios iniciaron su acción como respuesta a lo ocurrido en España: removieron a las autoridades coloniales y nombraron unas propias. Los primeros enemigos de la Revolución fueron entonces esas viejas autoridades, a quienes llamaban los “mandones”, y todos los que en el Virreinato no aceptaron a la nueva junta. Al poco tiempo el enemigo se fue redefiniendo: la mayoría de los nacidos en España estuvo en contra de la Revolución, y los criollos estaban mayoritariamente a favor. El conflicto pasó de ser un levantamiento contra las autoridades coloniales a convertirse en una lucha entre americanos y españoles. El primer proyecto de los revolucionarios fue el autogobierno, en principio dentro de la monarquía y hasta que retornara el rey prisionero. Esa posición inicial iría dando paso rápidamente a un proyecto más ambicioso de cambio político y social que estuvo inicialmente ligado a la figura descollante de la junta, el secretario Mariano Moreno.

Quiero más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila. Para Mariano Moreno, lo que comenzó en mayo de 1810 no era solo la formación de un gobierno que reemplazara a las autoridades coloniales. Moreno quería ir más lejos; para él, Revolución implicaba una transformación completa del orden vigente: era la reinstalación de la libertad, la razón y la justicia universales. Moreno creó el periódico La Gazeta, órgano de difusión de la Revolución, y allí sostuvo que, pese al amor que los americanos tenían por su monarca preso, había que pensar que en realidad el rey de España no era legítimamente rey porque los americanos no acordaron con él que fuera su soberano, sino que se impuso por conquista. En esa crítica del dominio colonial estaba el germen de la idea de Independencia. También empezó a impugnar a la monarquía como sistema, abriendo las puertas para la República; es decir, para un sistema en el cual el pueblo gobernara a través de sus representantes, lo cual en la época era una gran transformación. De todos modos, los pasos de Moreno, ¿un plan preestablecido? Fue un político en acción, y sus opiniones se fueron formando y desplegando mientras ejercía funciones de gobierno. Bernardo de Monteagudo, que más tarde iba a continuar la obra de Moreno, afirmó que la revolución parecía más la obra de las circunstancias que la de un plan premeditado de ideas; es decir, hubo hombres que se transformaron en revolucionarios en el proceso mismo de hacer la revolución.

Todos los que derribaron a las autoridades coloniales en 1810 compartían una actitud revolucionaria. Lo que distinguió a Moreno y sus seguidores fue la confianza en la voluntad como clave de la política: si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía. [Música] Los morenistas pretendieron constituir una nación en lugar de una colonia. No sabían bien cuál iba a ser esa nación, pero sí que se afirmaba sobre el principio de la soberanía popular. De hecho, la revolución se hizo en nombre del pueblo; ese pueblo iba a gozar de los beneficios de la igualdad, se extendía a actores muy relegados, pero al mismo tiempo ese proyecto era custodiado por una minoría que se creía capaz de guiar los pasos de una Revolución que prometía libertad política, igualdad y luces para el pueblo. Apasionados con la causa revolucionaria, los morenistas no dudaron en apelar a la violencia para doblegar a sus adversarios políticos. Varios funcionarios opuestos a la revolución fueron fusilados, como le ocurrió al exvirrey Liniers, héroe de las invasiones [Música] inglesas.

Hagamos un pacto recíproco de unir nuestras fuerzas y tomar un solo brazo capaz de aniquilar de un golpe a todos los opresores y sostener la independencia del Sud. Moreno y Saavedra se van a enfrentar por dos; tienen dos concepciones del cambio. Aunque conocemos mucho más la de Moreno que la de Saavedra, es decir, lo que conocemos de Saavedra es oposición a Moreno. Saavedra, si tanto Saavedra como Moreno, los dos participaron en la formación de la junta, y fue fundamental la participación de Saavedra en la determinación de constituir, de destituir al virrey y constituir un gobierno propio. Por lo tanto, digamos, Moreno y Saavedra coinciden en la creación de la de la de la primera junta, y también en el envío de las expediciones para colaborar con los pueblos en la elección de diputados y en avanzar y consolidar la… donde creo que empiezan a disentir es en el ritmo que tenía que tomar eso decididamente; es decir, Moreno quería enviar las expediciones auxiliadoras para garantizar que los diputados prontamente lleguen a Buenos Aires y se reúna un Congreso Constituyente, y no estaba de acuerdo con que los diputados se incorporan en la junta. Porque si los diputados se incorporaban a la junta, constituyendo la junta grande, se aplazaba o retrasaba la convocatoria de un congreso. Por lo tanto, si se aplazaba la convocatoria de un congreso, no había ámbito para decidir la declaración de una Independencia ni tampoco para reformar al antiguo régimen al gobierno; eh, y Saavedra, por el contrario, consideraba de que eh los morenistas habían ido demasiado lejos y que eh la oposición que no convenía acentuar la oposición entre españoles europeos y españoles americanos, que había que ser más cauto, avanzar más [Música] lentamente.

A fines de 1810 era claro que había dos visiones diferentes de la Revolución: mientras que los que estaban con el presidente de la junta, Cornelio Saavedra, no querían en lo inmediato más cambios que el autogobierno que ya habían conseguido en mayo, para los seguidores de Moreno la revolución recién había empezado; había que expandir la transformación. Saavedra obtuvo el apoyo de los diputados del interior que a fines de 1810 llegaron a Buenos Aires para incorporarse a la junta. Moreno se oponía a esa ampliación y proponía la convocatoria a un Congreso Constituyente. Derrotado en esa intención, abandonó el gobierno en diciembre de ese año y murió poco después. Otras figuras como Juan José Castelli, Hipólito Vieytes, Juan Larrea y Monteagudo continuaron sus ideas; muchas de ellas se plasmaron en la obra de la Asamblea del año XIII, como la libertad de vientres que emancipó a los hijos de los esclavos, o la abolición de los títulos de nobleza, de la tortura y de la inquisición. Otras se impondrían más tarde, como la independencia y el sistema republicano de gobierno. Hasta 1815, los distintos gobiernos revolucionarios mantuvieron varias premisas del proyecto morenista: la convicción de ganar la guerra contra los enemigos de la Revolución, la certeza de que había que gobernar centralizados en Buenos Aires, el republicanismo y el apasionamiento por la Libertad. El Congreso de Tucumán, que terminó declarando la independencia de un nuevo país en 1816, fue sin embargo más conservador políticamente. Tras su histórica decisión, sostuvo que ella marcaba el fin de la Revolución y el principio del orden. El proyecto morenista, aunque tuvo un importante legado, dejó entonces de existir.

No hay Revolución sin revolucionarios. Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos. Moreno y sus seguidores quisieron que la Revolución de Mayo fuera una transformación profunda, algo que no estaba claro en el momento de la instalación de la primera junta. Desafiaron el orden vigente proponiendo la instalación de la libertad y la igualdad; impugnaron la dominación española y criticaron a la monarquía, abriendo las puertas para la instalación de una República. Querían beneficios para el pueblo, pero pensaban que el gobierno tenía que estar concentrado en una minoría: ellos mismos. Las ideas de Moreno fueron reivindicadas varias veces a lo largo de la historia Argentina, en particular por sectores liberales y sectores de izquierda; en cambio, los nacionalistas del siglo XX lo criticaron fuertemente por decir que no entendía la realidad de su época, como sí habría hecho, para ellos, el presidente de la junta, Cornelio Saavedra. Una idea morenista que siguió siendo muy fuerte es la de vanguardia, por la cual una Revolución necesitaría de un grupo de hombres decididos y confiados en que ellos portan las claves de la historia que viene. Esta idea sería muy fuerte, por ejemplo, entre los revolucionarios argentinos de la década del 70. Si hoy pensamos en el legado morenista, lo primero que nos viene a la mente es la idea de Independencia y de República; la de igualdad, por el contrario, fue la más fallida, y de hecho sigue siendo una de las más grandes asignaturas del país que la revolución contribuyó a [Música] crear. [Música] chooo Quiero leer pas par