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Ser madre es decir que sí - Danilo Montero | Prédicas Cristianas 2023

Danilo Montero49:11

Transcription

a estar ahí, uno de las segundas, esos muchachos me dicen: “Busquen a otro. Van a tener que buscar otro pastor de español, porque este se está…” No, señores, yo los amo a ustedes, porque los amo. Es que estoy diciendo esto. [Aplausos] [Risas] Tengo que, tengo que terminar. La mayor frecuencia en un lugar donde comúnmente se dan abusos sexuales es en los… me fue el término en español… las pijamadas, especialmente en la adolescencia. Si usted sabía, si usted es sabio, no deje a su hijo dormir en ninguna parte que no sea su propia casa, donde usted tiene los ojos bien abiertos. Que es su amigo del alma, que es su tía del corazón, lo que usted sea, lo que quiera, sepa muy bien que usted es una guerrera para defender a sus hijos, y para eso tiene que tener los ojos bien abiertos. [Aplausos] Sí. Y finalmente, es un llamado para pelear por ellos en oración. Así como esa viuda que vino a importunar al juez. Hoy hablábamos de eso en la mañana en mi casa. La viuda, ¿se acuerdan ustedes? Está en Lucas, que había un juez injusto y una mujer lo importunaba diciéndole todos los días: “Necesito que me resuelvas un rollo. Tengo un problema”. Y el tipo decía: “¿Quién me quita esta mujer de encima?” Y finalmente la mandó a llamar y dijo: “Para quitármela de encima, le voy a resolver”. Y dice el Señor: “No hará mucho más el Señor con aquellos que le oran a él día y noche”. Yo no estaría de pie aquí sino fue porque mi madre se quemó las rodillas orando por mí, y sé que sus oraciones me alcanzan todavía hasta el día de hoy. Mamás que están aquí, no dejen de orar, no dejen de orar. Tengo amigas amadas que ya no pueden hacer mucho al respecto de sus hijos porque ya crecieron, ya no pueden poner límites, ya no pueden quitar celulares, ya no pueden decirles con quién salir y con quién no salir; pero sí tienen un arma poderosa aquí: ¡ore, ore, ore, ore, ore! Sí, y luego suéltenlos en la mano de Dios.

Y si hay un momento en que es particularmente importante entender eso, es después de la adolescencia, en la vida madura, porque usted no va a forjar soñadores teniendo los bajo las enaguas; no se puede. Y especialmente las madres de hombres, no se puede. Usted le haría mucho daño si usted se deja a su hijo debajo de las enaguas, porque su hijo, para ser hombre, necesita volar, y volar solo. Se tiene que dejarlo volar, se tiene que dejarlo, tiene que soltarlo. No hay otra. Dios mío, yo no sé cómo, cómo era… ¿Cómo eran? Ustedes, las de ustedes que tienen hijas, debe ser terrible. Y las que tienen hijos… es que las mamás se enamoran de los hijos. Dios mío, yo no sé cómo harán. Por eso es que ser madre es decir que sí al dolor, porque tendrás que dejarlos ir. Como alguna vez mi suegra, que le empacó las seis maletas a Gloria y la mandó al campamento donde yo iba a estar ministrando. ¡Aleluya! Mujer bendita. Dice, dice el proverbio: “Los hijos se levantarán y la llamarán mujer bendita”. Bueno, también los yernos. Se levantarán. ¡Aleluya! Y la mujer bendita. Gracias a Dios, le metió hasta el suéter en la maleta. Y cuando la hija le dice: “Ay, mamá, pero qué exagerada”. Como pasa con los hijos, ¿verdad? “Ay, mamá, tan exagerada”. Dijo: “No, mija, porque…” Le dice: “¿Pero por qué seis maletas? Porque usted no regresa a Colombia. Te estoy enviando al destino de Dios, un destino maravilloso que Él tiene preparado para todos los que le aman”. ¡Aleluya! Ese versículo me encanta. ¡Aleluya! Entonces, ¿qué cosa? Pero solo ella sabrá, como solo ustedes sabrán los que están por despedir hijos para universidades y tal… Yo no sé cómo hacen eso. A mí, denme tiempo. Pero yo sé que el mi llamado y el particular llamado de Gloriana, que ha sido tan dedicada como madre, tan entregada como son ustedes, entregados, entregados… tiene que llegar el momento en que dicen: “Necesito que vueles hacia tu destino”. Y lo mejor que pude hacer, lo hice. Ya lo único que me queda ahora es hacerme un lado, quedar de amiga y orar por ti para ver esos propósitos florecer en tu vida. Y quiero decirte algo para cerrar esto. Ya dije: “Voy a cerrar, voy a terminar, voy a terminar, voy a terminar”. Ya. A las 3, María le dijo al Señor: “¿Cómo será esto, que yo puedo ser madre de este misterio que se llama Jesús?” Y el Señor le dijo: “El Espíritu Santo lo hará posible”. Yo te quiero decir que para cada sí que estás diciendo, el Espíritu Santo te va a ayudar, el Espíritu Santo te va a ayudar, el Espíritu Santo te va a ayudar. [Música] Escuché a alguien decir el otro día, fin de semana: “No te quemes las pestañas tratando de ser un padre o una madre perfecta, porque no lo puede ser. Sé la mejor madre que puedes ser con la ayuda del Espíritu Santo”. Sí. Y por eso necesitas tu conexión con Dios. Quiero orar por las mamás que están acá. [Música] Dije que iba a terminar, pero no quiero irme sin honrar a una mujer. Ayer tuve que conducir hacia Dallas para estar en el servicio Memorial de una amiga, y cuando escuché a las personas, a su familia, hablar sobre Ilse Coleman, cada uno repitió lo mismo que yo tenía que decir al final. Tuve el honor de traer un mensaje para la familia, y cada uno dijo prácticamente lo mismo: “Ilse era una madre espiritual”. Hay una escritora que me encanta que dijo el otro día: “Una mujer no necesita casarse o dar a luz hijos para ser mujer y para ser madre”. Ilse tuvo sus hijos, y son la familia más bellas que yo conozco, pero era una madre espiritual, era una maestra del bien. Y mi adolescencia, en esos años en que yo salía de casa determinado que no regresaría… Rebelde, enojado con mis papás, mis hermanos, diciendo que seguramente yo había sido adoptado, porque nadie me entendía en la casa, y que me iba a ir a agarrar un barco hacia la China, me iba a desaparecer. Y claro, no me duraba ni tres horas, porque a las tres horas yo había… nadie llama, nadie pregunta, nadie, nadie me busca. Yo, ese nombre… tengo que regresarme a la casa. Ni modo, aunque no les haga falta. Pero una de las veces que yo estaba más determinado a que me iba a ir de mi casa, iba caminando y pasé por la casa de los Coleman. Y la casa de los Coleman siempre me, me hacía palpitar el corazón, porque yo sabía lo que había en esa casa. Entonces fui y me encontré… como siempre yo era… era un muchacho de no sé, 18 años. Mi esposa le da risa porque mis mejores amigas en mis juventudes eran señoras grandes, ya mayores. Yo iba, oraba con ellas. Me invitaban a tomar… con razón no me casé temprano. [Aplausos] Me encantaba hablar con señoras grandes de la iglesia, y ellas me amaban. Y entonces me invitaban a que: “Vente a almorzar con nosotros, abuelitas”, y me hacían galletas, que me fascinan las galletas. Pero Ilse no era tan mayor, claro, pero, pero me encantaba hablar con Ilse. Entonces me senté, estaba planchando, y me senté al lado de ella, y me dice: “Danilo…” [Música] Yo sé que no quieres escuchar nada de Dios, porque ella sabía que yo andaba súper rebelde. Me dijo: “Yo no te voy a hablar de Dios, no te voy a hablar de la Biblia ni nada”. Okay. Yo sé que… pero te puedo contar algo que me pasó anoche. Sí. Entonces le digo: “Bueno, sí, claro”. Ilse… y se fue corriendo, trajo la Biblia y la abrió en Malaquías. Me dijo: “Estuve en una conferencia y nunca jamás escuché este versículo antes”, y está que lo lee. Abre la Biblia y dice: “Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice el Señor, y habéis dicho: ¿En qué hablamos contra ti? Dice el Señor: ¿En qué habéis dicho? Es poca cosa servir a Dios”. Y yo me sentí desnudo delante de Dios. Yo descubrí a través de Ilse que Dios hablaba hoy a través de la palabra y a través de gente llena del Espíritu Santo, que uno podía escuchar la Voz del Espíritu Santo y conocer la voluntad de Dios. Y él se me despertó eso en mí, porque esa mañana mientras yo me bañaba, mi hermano mayor que era pastor de jóvenes me estaba diciendo: “¿Cuándo vas a regresar a la iglesia?” Yo le dije: “Cuando a usted no le importe quién lo mete”. Y me dijo: “¿Pero por qué estás tan enojado con la iglesia?” Le dije: “Porque fui pastor de jóvenes también, y me fui a la iglesia, y ¿cuál pastor me llamó? ¿Y cuál de esos jóvenes vino a buscarme? Ninguno. ¿Sabes por qué? Porque Dios es un jefe de lo peor, no vale la pena servir a Dios”. Y tengo a Ilse guiada por el Espíritu Santo diciéndome lo que Dios decía de mí: “Has dicho que por demás es servirme a mí”. Me di cuenta que Dios es real, que Dios nos busca, nos ama, nos persigue. ¿Tú te imaginas si cada mujer que está aquí se convierte en una madre del bien? Aquí tenemos una fuerza que arrasaría con una ciudad. Dile que sí. Adiós. Hoy sí, pónganse de pieles de ustedes que han dicho que sea Dios. Esas madres preciosas, las vamos a honrar. ¡Éren un buen aplauso! [Aplausos] [Música] [Aplausos] [Música] Junto a mis hermanos, bendigo a estas mujeres. Señor, las bendecimos. Benditas son, benditas de Dios, benditos instrumentos del bien, benditas valientes, benditas guerreras, benditas forjadoras de soñadores, benditas mujeres de virtud, benditas… [Música] valientes, fuertes, nobles… [Música] Hoy las bendecimos, familias que están alrededor. Pónganse al lado de ellas, levántense, abrácenlas, bendíganlas. [Música] Bien hecho, señoras, bien hecho, mujeres de Dios, bien hecho. Usted dirá: “No me felicite tan temprano”. Que no, señora, el que usted esté metida en ese negocio ya es digna de esos aplausos, de nuestra felicitación. Y oro que la presencia y el poder del Espíritu Santo te levante los brazos hoy. Estás escuchando a veces palabras groseras de parte de hijos, de parte del esposo, a veces de parte de… porque eres muy intensa. Tal vez eres mamá, estás tocándole el hombro y diciendo: “Les falta vino, hay que hacer algo”. Pero el Padre Celestial conoce tu corazón que es noble, y Él te levanta los brazos hoy, y Él te fortalece, y vas a ver a tus hijos caminando en la justicia de Dios, en el, en el sueño que Dios tiene para ellos, y se van a levantar a bendecirte un día y a llamarte dichosa y bienaventurada, y vas a conquistar a tus enemigos. Yo te llamo de parte del Señor a gozar la vida, a reír mucho, a celebrar, porque el Señor está contigo. En el nombre de Jesús.