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Conmemoración de los Fieles Difuntos. Ciclo C.

P. Eduardo Michel Flores9:53

Transcription

Buen día, bienvenidos a comentarios al evangelio del domingo. En esta ocasión celebrando la conmemoración de los fieles difuntos del ciclo C del año litúrgico en el que leemos el evangelio de San Mateo, capítulo 25, versículos 31 al 46. El texto dice lo siguiente: "En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos, cuando venga el Hijo del Hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria."

Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha, "Vengan benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron. Estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme."

Los justos le contestarán entonces, "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? Cuando te vimos de forastero y te hospedamos o desnudo y te vestimos. Cuando te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver." Y el rey les dirá, "Yo les aseguro que cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron."

Entonces dirá también a los de la izquierda, "Apártense de mí, malditos. Vayan al fuego eterno preparado para el y sus ángeles. Porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber. Era forastero y no me hospedaron. Estuve desnudo y no me vistieron. Enfermo y encarcelado y no me visitaron."

Entonces ellos le responderán, "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento de forastero desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?" Y él les replicará, "Yo les aseguro que cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo, entonces irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna." Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Estimados hermanos, en la coincidencia de la conmemoración de los fieles difuntos y el domingo viero del tiempo ordinario, celebramos entonces la conmemoración de los fieles difuntos. La Iglesia nos invita a mirar a la muerte con un profundo sentido cristiano de fe y de esperanza. La Iglesia no celebra la muerte, celebra la vida. Y por eso, al conmemorar a los fieles difuntos, celebramos al Señor resucitado. Celebramos al viviente, al que vive para siempre, al que ha vencido a la muerte. Celebramos por ello el centro de nuestra fe y de nuestra esperanza. Si nuestra vida terminara en este mundo, seríamos los más miserables de los hombres, dice el apóstol San Pablo. Pero en realidad nuestra vida continúa después de esta vida y por eso nosotros nos llenamos de fe y de esperanza.

Nos cuenta hoy el evangelio de San Mateo. Jesús enseña a sus discípulos que frente a la muerte se abren dos destinos. Destino de gloria eterna o destino de castigo eterno. ¿De qué dependerá? Dependerá de nuestras acciones, dependerá de nuestra respuesta al evangelio del Señor. Y por eso Jesús cuenta la parábola del juicio final y dice que cuando venga el Hijo del Hombre, está hablando entonces el del día del juicio, está hablando de la parodusía, está hablando del día final, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Y sentarse en el trono de gloria es tomar la actitud de juez frente al que van a comparecer todas las naciones.

Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda. Ovejas y cabritos separados. ¿De qué dependerá pertenecer a uno o a otro grupo? El mismo Jesús lo explica. El rey dirá a los de su derecha, "Vengan benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes de la creación del mundo. Porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y encarcelado y fueron a verme."

Y dice, "Entonces los justos le contestarán entonces, Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer o sediento y te dimos de beber? Cuando te vimos de forastero y te hospedamos o desnudo y te vestimos. Cuando te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver, y el rey les dirá, yo les aseguro que cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron." Y esto entonces hará que uno pertenezca a este primer grupo, al grupo de los benditos de mi Padre, de aquellos que son invitados a tomar posesión del reino preparado desde la creación del mundo. ¿Quiénes son los que pertenecen a este grupo? Los que hicieron el bien, los que amaron a sus hermanos, los que ayudaron a los al prójimo en sus necesidades, es decir, los que encontraron en el hermano a Cristo. Porque el Señor se identifica con todos aquellos que fueron socorridos, con el hambriento, con el sediento, con el encarcelado, con el desnudo, con el enfermo. El Señor se identifica con cada uno de los necesitados y aquellos que fueron capaces de socorrer a sus hermanos necesitados, formarán parte de este primer grupo de los benditos de mi padre.

Pero luego Jesús continúa diciendo, también dirá a los de la izquierda, "Apártense de mí, malditos. Vayan al fuego eterno preparado para el y sus ángeles. ¿Y por qué algunos pertenecerán a este grupo? Porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron. Estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron." Y aquellos responderán, "Pero, Señor, cuando te vimos hambriento y o sediento, de frastero, desnudo, enfermo o encarcerado y no te asistimos." y él les replicará. "Yo les aseguro que cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo." Es decir, dejar de practicar la caridad con el hermano necesitado es dejar de practicarla con el mismo Señor. Y por tanto, quienes no socorrieron las necesidades del prójimo, formarán parte de ese segundo grupo, el grupo de los malditos que deben de ir al infierno preparado para el y sus ángeles.

Dos destinos, destino de gloria eterna y destino de castigo eterno. ¿De qué dependerá? Dependerá de cómo hayamos practicado nuestra fe. Y la fe se practica a través de la caridad. Y la fe se hace visible a través de las obras de misericordia. Y la fe se hace patente a través del compromiso cotidiano, de lo que damos a los demás. Esto es lo que nos hará distinguibles dentro del primer grupo, si fuimos capaces de practicar nuestra fe y si la pusimos en práctica a través de la caridad, porque si no lo hicimos, entonces perteneceremos al segundo grupo.

Estamos invitados a ver pues este pasaje como una invitación para revisar nuestra vida, porque tarde o temprano nos va a alcanzar la muerte. No nos gusta pensar en la muerte y sin embargo es una realidad insoslayable. Tarde o temprano nos va a alcanzar. Teníamos que estar preparados para cuando suceda. Y como no sabemos cuándo va a suceder, tenemos que estar siempre preparados, siempre atentos, siempre vigilantes. Y la mejor manera de vivir nuestra vida vigilantes es hacerlo a través de la caridad, la caridad constante, la ayuda a los necesitados. De esa manera entonces estamos viviendo nuestra vida en proyección de eternidad, aspirando a la gloria eterna, porque estamos preparados practicando el evangelio del Señor.

La Iglesia nos invita a recordar que la conmemoración de los fieles difuntos es una oportunidad para encomendar a todos nuestros difuntos, orar por los que se han ido para que el Señor les haya perdonado sus culpas y los tenga gozando de su presencia, pero también es una oportunidad para que revisemos nuestra vida. Un día también nosotros vamos a salir de este mundo. Un día nos vamos a presentar ante la presencia de Dios. Un día también habrá un juicio para nosotros, el juicio particular en el que serán valoradas todas nuestras obras. Ojalá que cuando nos presentemos ante Dios, nos presentemos con las manos llenas de buenas obras. que hayamos practicado todas las obras de misericordia que hoy Jesús nos dice en el evangelio, que hayamos socorrido al prójimo, que hayamos hecho vida la enseñanza de Jesús.

El Señor esté con ustedes. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y les acompañe siempre. Que pasen un feliz día del Señor.