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EL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868-1874) | Historia de España 🇪🇸

La cuna de Halicarnaso18:08

Transcription

Seguro que a vosotros os gustan mucho las historias de miedo, ¿venga a que sí? ¡Confesado! Pues bien, sabéis que en esta parte de la historia de España que vamos a estudiar ahora, hay uno de los mayores misterios de la historia de nuestro país. Y está relacionado con una de las etapas más complejas de estudiar: aquellos seis años llamados Sexenio Democrático, que separan la abdicación de Isabel II de la restauración de la monarquía borbónica en la figura de su hijo Alfonso XII.

En estos 6 años cobrará especial relevancia la figura de un general, el General Prim, el líder de los progresistas que encabezaron en 1868 la Revolución Gloriosa. Pero aquello granjeó a Prim numerosos enemigos, tanto del ala moderada de los liberales como los borbónicos, y también, como por último, los republicanos. El 30 de diciembre de 1870, en una noche fría madrileña, creo que llover no llovía, ¿vale? Ahora, el carruaje en el que Prim viajaba fue tiroteado por un grupo de asaltantes que acto seguido se desvanecieron en la oscuridad. Y nunca pudo saberse quién estuvo detrás del asesinato del hombre más poderoso de España por aquel entonces. Finalmente, Prim murió algunos días después, no en el acto. Y fue tan misterioso su asesinato que decidieron preservar su cadáver por si en el futuro pudiese encontrarse al culpable. Y bueno, y aquí tenéis a Prim, y al General Prim. Hoy en día, sí, sí, esta es su momia. "Me moría de ganas por saber quién me había asesinado".

Tiempo muerto. "Me moría de ganas". Hola, soy el Profesor Jose Antonio Lucero y en este vídeo vamos a repasar el Sexenio Democrático. ¿Quieres conocer esta historia? Pero antes de nada, ¿venden? Tal vez te resulte interesante pasarte por mi página de Patreon para hacerte mecenas, ¿no? Y por cierto, ¿quieres saber qué hemos descubierto recientemente en la momia de Prim y cómo estamos a tal punto de desvelar qué ocurrió con el general? Quédate hasta el final del vídeo, ¿vale?

El general "me moría de ganas". Al fresado. El vidrio. Alem. Vale, ahora sí, comenzamos. Y nos encontramos frente a una etapa bastante agitada, debido a que este periodo, como vimos en el vídeo anterior, comenzó con una revolución, la Gloriosa, que destronó a la reina Isabel II, obligándola por tanto a abdicar e implantó una nueva monarquía que finalmente acabaría con el establecimiento de una república. Además, fue una etapa en la que nos encontramos con graves problemas económicos y sociales, en parte porque en este momento se producen conflictos de gran envergadura, como puede ser, por ejemplo, la Guerra de Cuba, la Tercera Guerra Carlista o la Sublevación Cantonal.

Pero vayamos por partes. Recordemos que en el vídeo anterior lo terminamos con aquella revolución, la Gloriosa, encabezada por el General Prim. La revolución tuvo como precedente el Pacto de Ostende, firmado en 1866 por el Partido Demócrata y los progresistas, aunque en 1867 se le uniría la Unión Liberal, una vez falleció O'Donnell. El objetivo de los firmantes de este pacto era acabar con la monarquía de los Borbones, ante una multitud de problemas que se habían ido produciendo durante el siglo XIX en España y de los que culpaban precisamente a los reyes. La deriva de la tensión política estalló el 18 de septiembre de 1868, momento en el que se produjo un pronunciamiento militar en Cádiz, liderado por el Almirante Topete y por los generales Prim y Serrano. Este levantamiento contagió rápidamente a toda Andalucía y al litoral mediterráneo, donde se fueron formando juntas revolucionarias acompañadas de manifestaciones populares.

Los sublevados de Cádiz presentaron un programa con unos objetivos a alcanzar y entre ellos podemos destacar, por ejemplo, la implantación del sufragio universal, la libertad de prensa, el derecho de asociación, la libertad de comercio o la abolición de las quintas de reclutamiento, así como también la desaparición de los impuestos al consumo. La respuesta del ejército borbónico no se hizo esperar y respondieron a los sublevados, pero fueron vencidos por estos en la Batalla de Alcolea el 28 de septiembre de 1868, provocando por tanto el destronamiento de la reina y generando un vacío de poder que debía ser llenado.

Esta ausencia de poder, por tanto, no fue solucionada inmediatamente, ya que aparecieron dos poderes paralelos: por un lado, aquellos que dirigieron la sublevación de Cádiz y que estaban formados por miembros del Partido Progresista y de la Unión Liberal; y por otro, las juntas revolucionarias formadas tras el pronunciamiento de Cádiz y entre las que podemos destacar a los miembros de ideas democráticas e incluso republicanas. El Gobierno Provisional intentará formarse, estando dirigido en primer lugar por Prim y por Serrano y contando con la participación de civiles, pero deberá llegar a algún acuerdo con las juntas para evitar esa dualidad que se había generado. Por tanto, el Gobierno Provisional llegó a un acuerdo con las juntas revolucionarias para que estas se disolviesen a cambio de que en el gobierno se aceptasen propuestas democráticas como las que proponían.

Pero pronto llegó el debate para discernir si el sistema político de España debía continuar siendo una monarquía o cambiarlo por una república. ¿Podéis imaginar el debate que se armó, a que sí? Para ello se convocaron unas Cortes Constituyentes a través de unas elecciones celebradas en junio de 1869 mediante sufragio universal masculino, que dieron como resultado el apoyo a la coalición anti-borbónica y también monárquica, formada por la Unión Liberal, progresistas y demócratas, a los cuales se opusieron, lógicamente, los republicanos a través de su nuevo partido creado, el Partido Republicano Federal. ¡Menudo lío, a que sí!

Las Cortes eligieron a Prim como jefe de ese nuevo gobierno y a Serrano como regente, a la espera de la elección de un nuevo monarca. Las primeras medidas tomadas por este primer gobierno fueron, por ejemplo, el decreto de expulsión de los jesuitas, la extinción de los conventos y la libertad de culto, así como también medidas económicas y financieras del ministro de Hacienda, Laureano Figuerola, quien creó, por ejemplo, la nueva moneda, la peseta. A vosotros tal vez no os suene, pero yo sí tuve pesetas.

Las Cortes Constituyentes crearán la Constitución de 1869, que se caracterizó por ser la primera de carácter democrático en la historia de España. Sus características, por tanto, fueron las siguientes: se implementaría una monarquía constitucional, pero bajo la idea de soberanía nacional, ya sabéis, la idea de que el pueblo era el que tenía el poder y elegía a los reyes, contando además con un sufragio universal masculino a partir de los 25 años. Se implementarían unas Cortes bicamerales, en las que nos encontraríamos al Congreso y al Senado. Tuvo además una amplia declaración de derechos, la más amplia hasta entonces. Se aplicó la separación de poderes, independizando y democratizando, por último, a la justicia. Esta Constitución se regía bajo el lema de que "el rey reina, pero no gobierna".

Pero te preguntarás una cosa: ¿y el rey dónde está? Pues sí, a partir de entonces había que diseñar una nueva monarquía constitucional con un nuevo rey todavía ausente y, por tanto, se iniciaron conversaciones para proponer a determinados individuos hacerse cargo de la corona española, es decir, se hizo como un "casting" de reyes. La primera propuesta fue a Espartero, pero esa candidatura fue rápidamente desechada debido a su avanzada edad y a los recuerdos de anteriores participaciones en el gobierno que no dejaron precisamente un buen recuerdo. Fernando de Coburgo fue un firme candidato, ya que encarnaba un sueño muy antiguo perseguido por muchos, que era la Unión Ibérica, es decir, la unión entre España y Portugal bajo un mismo poder. Pero también fue desechado.

Otras personas, por ejemplo, el Duque de Montpensier o Leopoldo de Hohenzollern, también fueron rápidamente rechazados debido, por ejemplo, a la fuerte presión de Francia, que no quería tener a un rey Borbón en España ni tampoco a un rey alemán. Finalmente, el candidato elegido sería Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II de Italia, con ideas liberales y que contaba con el firme apoyo de Prim.

A pesar de todo esto, el gobierno progresista se encontró con diversos problemas. El primero fue el descontento de los republicanos, así como también un rebrote del carlismo, ya sabéis, aquella ideología que pretendía una vuelta al absolutismo. Junto a diversas crisis debido a las malas cosechas, destacamos también el inicio del movimiento obrero en España y de los motines urbanos debido a la carestía y a la escasez, así como también contra los impuestos de consumo y contra las quintas de reclutamiento, ya sabéis, de aquellos soldados que iban a las guerras, en la mayoría de las ocasiones, contra su voluntad. Y por último, tenemos que destacar la Guerra Grande de Cuba, que ocurrirá entre los años 1868 y 1878, y contra el ejército español, y que para hacer frente a ella se necesitaron soldados que se extrajeron de aquellas quintas de reclutamiento.

En octubre de 1870, las Cortes eligieron a Amadeo I como monarca, y su persona, al igual que sus medidas, se sustentaban en la figura de su principal valedor. Pero ojo, aquí viene uno de los momentos más trascendentales del devenir político de España en la Edad Contemporánea y más misteriosos. Como ya sabéis, Prim fue asesinado en diciembre de aquel mismo año, sin que sepamos aún muy bien quién lo hizo, y ello provocó que el nuevo rey Amadeo perdiese el apoyo más importante que tenía.

A partir de aquí, los problemas de la nueva monarquía se multiplicaron. La aristocracia rechazó al rey por advenedizo, la Iglesia deseó su marcha, ya que tenía ideas anticlericales, el pueblo tampoco lo quiso del todo por ser extranjero. El reinicio de la desamortización en España y el intento de terminar con los mecanismos esclavistas en Cuba provocó también el rechazo de la nobleza rentista y de la burguesía comercial, respectivamente. Además, el Partido Progresista, que lideraba Prim hasta su asesinato, sufrió una división interna entre los constitucionalistas de Sagasta y los radicales de Ruiz Zorrilla. Y por si esto fuera poco, el carlismo, que siguió actuando, reinició las hostilidades en 1872. Y al final, os podéis imaginar cómo se sentía el pobre de Amadeo: bastante solo.

Y es que la combinación de todos estos factores acabó provocando su abdicación en febrero de 1873. Tras la abdicación del rey, el Congreso y el Senado votaron por abrumadora mayoría la proclamación de la Primera República Española, formando un nuevo gobierno que, entre febrero y junio de aquel año, se estructuró en una coalición entre radicales y republicanos, siendo Estanislao Figueras el primer presidente. Este gobierno republicano, de tendencia marcadamente federal, es decir, que daba mucha autonomía a sus regiones, tuvo la oposición frontal de los monárquicos y no pocas críticas de los republicanos unitarios. También el campesinado se radicalizó, ya que identificó a la república con el reparto automático de tierras.

Estas oposiciones fueron dejando solos a los republicanos federales en el gobierno, por lo que el gobierno convocó unas elecciones a Cortes Constituyentes para mayo de 1873. En ellas, la abstención alcanzó nada menos que el 60%, y supuso una victoria de los republicanos federales, nombrando presidente tras ello a Pi y Margall. A continuación, se inició la redacción de la Constitución de 1873, que no llegará a ver la luz, pero que tendrá unas características importantes. Por ejemplo, en ella se plasmó el ideario del republicanismo federal, instaurando precisamente como método de gobierno el de la República Federal, en la cual España se dividía en 17 estados, incluyendo entre ellos a Cuba y Puerto Rico, pudiendo elaborar cada uno de estos estados una constitución propia, siempre que estuviera dentro de la constitución principal. Además, se creó la figura del presidente de la República como jefe de Estado y se reguló su poder, así como también se implementó un sistema bicameral con un Senado que representaría a los 17 estados y un Congreso elegido mediante sufragio universal masculino. El Estado sería confesional y prohibiría la sufragación de cualquier religión, y se incluye también entre sus vidas el matrimonio civil.

Esta Constitución no llegó a aprobarse debido, como decimos, a los problemas políticos, sociales y militares, como por ejemplo, el problema en las colonias que tiene España. Pi y Margall dimitió en julio de 1873 y fue sustituido por Nicolás Salmerón, quien le dio un giro conservador al gobierno, reforzando al ejército y a la Guardia Civil para reprimir los problemas de orden público. En septiembre es nombrado Castelar como presidente y ejerció un gobierno autoritario hasta que el 3 de enero de 1874, el General Pavía dio un golpe de Estado con el que quiso poner fin a la república.

A la hora de estudiar esta Primera República Española, es imposible no citar el Movimiento Cantonal, un movimiento insurgente que ocurrió en muchas de las ciudades españolas cuyo objetivo fue el de hacer realidad la idea de la República Federal, pero desde abajo, es decir, desde la masa social, en lugar de hacerlo desde el poder político. Para llevarlo a cabo, se formaron poderes locales fuertes y autónomos en muchas de las ciudades españolas, poderes denominados "cantones", mediante una sublevación y desobediencia al poder central de la república. Estas rebeliones fueron dirigidas por intelectuales políticos locales de aquellas zonas que se revelaban y estudiantes, pero también participaron en ellas artesanos, tenderos, asalariados, llegando a colaborar con ellos el movimiento obrero incipiente que estaba surgiendo en España.

En muchos lugares de toda España fue importante el movimiento cantonal, como por ejemplo en las localidades de Alcoy o Sanlúcar, pero sobre todo fue importante en Cartagena, pues allí la sublevación gozó del apoyo de la Armada y tuvo que ser finalmente duramente reprimida por el gobierno republicano de Salmerón, quien no dudó en contar con el apoyo de generales monárquicos como Martínez Campos o Pavía para someter a los acantonados en aquella ciudad costera. Este movimiento cantonal fue sofocado, como os digo, finalmente durante el verano de 1873, en el que la Primera República ya estaba herida de muerte.

Como decíamos, en 1874, tras el golpe de Estado de Pavía, se desarrolló un gobierno provisional presidencialista y autoritario conocido como la República del '74, mientras que se abrieron debates de qué sistema era el mejor para el país en el futuro. Políticos de importancia e influencia como Cánovas del Castillo defendieron que la mejor solución era la "causa alfonsina", es decir, el regreso de los Borbones con el hijo de Isabel II, Alfonso. El propio Cánovas redactó el Manifiesto de Sandhurst, a través del cual pretendía llegar a un compromiso con el príncipe Alfonso para implantar un régimen monárquico constitucional y parlamentario estable en el momento en que sea elegido rey. Sin embargo, el General Martínez Campos se adelantó a la firma de dicho documento y ejecutó un pronunciamiento militar en favor del rey Alfonso en la ciudad de Sagunto el 30 de diciembre de 1874. Por tanto, finalmente Alfonso fue proclamado rey, Alfonso XII, y en 1870 se inició un nuevo período en la historia de España conocido como la Restauración.

Pero todo lo que viene a continuación lo veremos en el próximo vídeo. ¿Qué te ha parecido este vídeo? Me lo dejas aquí abajo en los comentarios, así como también tu like y tu suscripción para no perderte ninguno de los vídeos con los que vamos a repasar la historia de España de cara a la EBAU.

¡Ah, sí! Y se me olvidaba, ¿qué ocurrió con la momia de Prim? Pues bien, en el año 2012, dentro de la programación para celebrar el segundo centenario de su nacimiento, un equipo científico analizó la momia y halló indicios en ella de que el general no había muerto de sus heridas de bala, sino de un estrangulamiento posterior. ¡Sí, sí, sí! Había muerto estrangulado. Es decir, lo remataron tiempo después del tiroteo. Lo que aún no sabemos, y lo siento, general, es quién fue el asesino.

Nos vemos en el próximo vídeo. [Música]