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La sabiduría, una petición que Dios se deleita en responder - Pastor Miguel Núñez | La IBI

Ministerios Integridad & Sabiduría56:40

Transcription

[Música] Quiero comenzar a introducir mi mensaje de esta de esta mañana. Y yo comenzaba haciendo una pregunta. Yo creo que que es bueno hacer preguntas. Esa es la manera como Cristo frecuentemente enseñó, y nosotros aprendemos.

Esa es como es. Y eso es como yo he aprendido. Tú haces preguntas y tú tratas de encontrar las respuestas. Y trata de que la respuesta no siempre sean respondidas solamente desde el interior tuyo, porque nuestra nuestro conocimiento es limitado.

Entonces, esta es la la pregunta: Si Cristo te diera la oportunidad en el día de hoy de concederte una sola petición, una sola, y la que sea que tú quisieras, no importa si tiene que ver contigo, con tu matrimonio, con tus hijos, con el resto de la vida, ¿cuál sería? Y tú lo piensas y la contestas ahí dentro de ti. Y luego la vamos a responder durante el servicio. Le vamos a responder a partir de la de la palabra de Dios.

Habíamos comenzado la serie sobre la carta de Santiago y dijimos que Santiago es una carta eminentemente práctica, que tiene enseñanzas directas, confrontadoras. Decía esta mañana más temprano que Santiago te dice la verdad sin anestesia. Y creo que él lo hace porque él entiende que hay ocasiones para la verdad ser dicha con mansedumbre, con ternura, y hay otras ocasiones cuando simplemente necesita dejar caer el peso la verdad, y que la verdad sacuda nuestra mente y nos haga reaccionar.

Yo creo que la palabra atestigua eso. Tú, yo creo que Santiago pudo haber aprendido eso de su medio hermano Jesús, ya sea durante su vida o quizás lo aprendió después de su partida. Pero tú encuentras a Jesús que en un momento dado le traes una mujer tomada en adulterio y básicamente, en una forma muy típica de él para esas ocasiones, él le pregunta: "Mujer, ¿dónde están los que te acusaban?". Y ella dice: "Señor, todos se han ido". "Nadie me acusa". Él dice: "Yo tampoco". Y con una ternura que yo creo, escuchar Cristo simplemente le dice: "Yo tampoco te acuso. Vete en paz".

Sin embargo, este es el mismo Jesús en otra ocasión te dice: "Y si tu mano derecha te hace pecar, córtala y tírala, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, sino que todo tu cuerpo vaya al infierno. Si el ojo derecho te ha de hacer pecar, pues sácatelo, y es preferible que entre tuerto y no que todo tu cuerpo se vaya al infierno". De una manera sumamente confrontadora y como que te sacude, por así decirlo.

La carta de Santiago es más o menos como eso. Es una serie de verdades condensadas, una detrás de la otra. Y uno de los distintivos de Santiago es algo que habíamos ya mencionado: la estructura de la carta de Santiago se parece mucho a la estructura de Proverbios, porque hay una serie de verdades que a veces guardan relación a una con otra y otras veces no guarda ninguna relación. Y sin embargo, una está adelante, otra está atrás, y hay algo en el medio como que tú dices: "¿Y esto dónde es que encaja?". Bueno, Proverbios fue escrito de esa misma manera.

Y es interesante porque en esta porción del día de hoy, Santiago nos va a hablar acerca de sabiduría. Y de esa misma manera, el libro de Proverbios es, sin lugar a dudas, el libro que más nos habla de la sabiduría. De hecho, el capítulo ocho de Proverbios personifica la sabiduría. En muchos piensan que está hablando de Cristo ahí en ese capítulo ocho. Es así de de recurrente, de denso, la o de densa la enseñanza allí acerca de la sabiduría.

La palabra de Dios habla de sabiduría en 141 ocasiones, decía uno de los autores consultados. Y de esas 41 veces, está en el libro de Proverbios. Y también es interesante porque cuando tú comienzas a leer a Proverbios, escucha lo que el autor de Proverbios dice: "¿Para qué le escribió? Para aprender sabiduría e instrucción; para discernir dichos profundos; para recibir instrucciones sabia conducta, justicia, juicio y equidad; para dar a los simples prudencia y a los jóvenes conocimiento y discreción".

Santiago tempranamente en su carta comienza a hablarnos de la necesidad que tenemos de manejar la vida con sabiduría, tener la capacidad de separar la paja del grano, por así decir. Si pensamos en Proverbios, porque Santiago va hablando de sabiduría prontamente en el texto de hoy, y Proverbios me habla de esa sabiduría. Entonces, ¿qué es la sabiduría de acuerdo al libro de Proverbios? Si pudiéramos decir muchas cosas, pero rápidamente, de manera breve, pudiéramos decir que de acuerdo con el autor de ese libro de Proverbios, la sabiduría es la capacidad de juzgar correctamente. Eso es número uno. Una vez ha hecho el juicio correcto, entonces luego la capacidad de seguir el curso de acción o un curso de acción que va a complacer a Dios, porque ese es el curso de acción que garantiza los mejores resultados.

Piensa en eso. Déjame recordarte lo que dijimos del mensaje anterior, pero luego introducirte en el mensaje de hoy, que puedas ver la conexión con todo lo que hemos dicho hasta ahora. En el mensaje anterior hablamos de cómo Santiago nos invita a considerar como sumo gozo las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia. Y ahora el versículo 4 me dice: "Y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte". La idea es que la tribulación produzca un grado de paciencia donde perseverando, y esa paciencia termine formando un hombre completo, maduro, sin que nada le falte.

Inmediatamente después de esa frase, "sin que nada les falte", viene la siguiente, que tiene que ver con nuestro texto y versículo cinco al ocho: "Y si alguno de ustedes le falta sabiduría, sin que nada le falte. Pero si alguno le falta sabiduría, que se Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproches, se la dará". Dice Santiago: "Pero que pida con fe, sin dudar, porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, ese hombre que recibirá cosa alguna del Señor, siendo hombre de doble ánimo, inestable en todos sus caminos".

Cuando tú abordas un texto, en esencia, si tú quieres como tratar de obtener el mejor resultado de tu lectura, te puedes hacer dos preguntas: Una, ¿de qué habla el texto? Y dos, de eso que habla, ¿qué está diciendo? Es tan sencillo como eso. ¿De qué habla el texto? Y de eso que habla, ¿qué nos está diciendo? Es el ejercicio para este texto. ¿De qué habla? Habla de dos cosas. Y luego tengo que preguntarme: de esas dos cosas, ¿qué dice? Habla de sabiduría, en la cual Santiago tiene varias cosas que enseñarnos, y la palabra también. Y la otra es: habla de cómo pedir esa sabiduría y la relación que guarda con la fe.

Ahora, la pregunta es: ¿qué dice de esa sabiduría? Bueno, en primer lugar, me dice que si yo debo hacer como un inventario de si tengo o no sabiduría suficiente. "Si alguno le falta sabiduría". Tengo que preguntarme: ¿tengo o no tengo para conducirme en la vida? "Si alguno le falta sabiduría". O sea, después que tú hagas evaluación y concluyas, luego entonces tú puedes proceder a pedir. Y yo creo que eso es importante, porque la mayoría de las veces nosotros asumimos que tenemos la sabiduría requerida para liderar nuestras vidas y transitamos en la vida tomando decisiones continuamente, si nunca consultar la sabiduría del cielo y descansando en nuestro propio entendimiento, lo cual es prohibido en Proverbios 3:5. No debo descansar mi propio entendimiento, no confiar mi propia sabiduría.

Nosotros nos conducimos en la vida la enorme mayoría de las veces sin contar con la sabiduría del cielo. Y lo hacemos así porque somos impulsivos, somos poco reflexivos, somos impacientes, corremos por la vida sin pensar que nos falta sabiduría. Yo creo que la mayoría de las veces nosotros tomamos decisiones de todo tipo: compramos, vendemos, invertimos, nos cambiamos, nos vestimos, cambiamos de trabajo, cambiamos de lugar de residencia. Luego vamos donde Dios, decimos: "Señor, mira, ahora yo vivo en España, tú me puedes bendecir aquí". Dice: "¿Tú y yo nunca hablamos de eso? Tú nunca me consultaste acerca de eso".

De manera que yo necesito comenzar a entender y a cambiar muchas cosas. Hasta que nosotros no veamos las cosas a través de los lentes de la palabra, nos seguirá faltando sabiduría. La mejor evidencia de que nosotros no creemos que nos falta sabiduría es el hecho, si lo piensas, que probablemente por cada 100 veces que has pedido por algo, quizás una vez pediste por sabiduría, o quizás ninguna. Lo cual implica: "Yo puedo, yo sé, no necesito". Santiago dice: "Valúate a ver si es verdad, hermano".

Es la realidad. Es como yo te dije en una ocasión reciente. Cuando pienso en mí mismo, yo necesito sabiduría para preparar un sermón. Luego de preparado, para predicarlo. Yo necesito sabiduría para enseñar en otros en otros lugares que no es un púlpito, por así decirlo. Necesito esa vía para aconsejar, para planificar mi vida o planificar junto con los demás pastores de la iglesia, para pastorear, para ser esposo, pastor cuarenta y tantos años después, para ser pues sí, ser esposo complicado, créemelo. Necesito sabiduría para liderarme a mí mismo, créeme, y a otros. Yo necesito sabiduría para tratar mis pacientes como médicos, y con ellos a veces, con frecuencia, oro junto con ellos por esa sabiduría.

Y es por eso que, tratando de responder la pregunta inicial: "Si tuvieras una sola cosa que pedirle a Dios", realmente la petición debiera ser: "Dame sabiduría". La presencia o ausencia de sabiduría afecta toda tu existencia de manera absoluta, toda tu existencia, todos tus pensamientos, todas tus decisiones, todo lo que va a hacer, todo lo que va a decidir, cómo vas a criar, cómo vas a hacer cada una de las cosas a lo largo de tu vida.

Hermanos, mira la importancia que esto tiene. Si tú miras hacia atrás, te percatarás que cada error que has cometido en el pasado, cada pecado, reflejó una falta de sabiduría. Eso es cierto de ti, eso es cierto de mi persona. Cada cosa que hayas hecho bien en el pasado tuvo relacionado de una u otra manera a la sabiduría. Y si eso es verdad, y lo es, yo creo que vale la pena preguntarnos a la luz de lo que la palabra revela, de lo que Santiago no está tratando de enseñar, tengo que preguntarme: ¿Qué es la sabiduría?

La sabiduría no es conocimiento. La sabiduría no es habilidades. Personas ateas pueden y tienen frecuentemente mucho conocimiento y muchas habilidades, y muchas veces tienen ambas cosas. La sabiduría, de acuerdo a lo que Dios ha revelado, viene de Dios. De hecho, el autor de Proverbios nos dice que "el temor del Señor es el principio de la sabiduría". La sabiduría comienza la manera en que tú conoces a Dios. E incluso cómo tiene que ver con el temor del Señor, no solamente con la manera como lo conoce y lo reverencias, como te sometes a su ley.

Es una capacidad, la sabiduría, que viene de Dios, una capacidad especial que Dios concede a aquellos que le buscan, que te permite, en primer lugar, discernir la verdad del error. Te permite ver las opciones disponibles, porque muchas veces tomas una decisión, luego viene alguien te dice: "Pero, ¿y por qué no hiciste eso?". "Guau, yo ni lo pensé". No, porque no viste las opciones disponibles. Que te permite ver los beneficios y las consecuencias posibles de un curso de acción o de otro.

Hermanos, es la decisión tomada con sabiduría de lo alto lo que termina agradando a Dios, bendiciendo tu vida y la vida de otros, pero la que viene de Dios, no la que tiene que ver con mi propio entendimiento. Entonces, en la medida en que Santiago me dice que si te hace falta sabiduría, haz una evaluación de si tengo o no tengo, luego necesito entender, pero realmente, ¿qué es la sabiduría? Y luego necesito pensar que para qué, que yo necesito sabiduría.

Y mientras más pasan los años, mientras más vivo mi propia vida cristiana, mientras más entiendo lo que estaba ahí, pero quizá no entendí tanto así en el pasado, más me percato de que un problema fundamental de los hijos de Dios es que no acaban de entender que sabes que ellos pertenecen a un reino y no tiene nada que ver con este que está aquí abajo. Que ese reino tiene un Rey, que ese Rey es soberano, que ese Rey tiene siervos, y que el Rey que tiene siervos nos ha dejado aquí primordialmente para buscar los intereses del reino y no los intereses míos. Mientras yo no entienda eso, yo no voy a vivir sabiamente.

Cuando el Rey se encarnó, antes de ir a la cruz, nos dejó claramente la enseñanza de que mi función como miembro de ese reino es solo una: es buscar el reino de Dios primero, y todo lo demás se me daría por añadidura. Entender eso y vivir conforme a esa verdad es un entendimiento que solamente Dios puede proveer. Por eso Santiago está diciendo: "Tú necesitas sabiduría para vivir la vida. Tú necesitas sabiduría para vivir la vida". Porque para comenzar, la vida y el rol que te toca jugar no tiene que ver, con frecuencia, como tú la entiendes. Y eso es verdad de todos nosotros, que tenemos que seguir creciendo en esa área.

Tú tienes que pedir sabiduría. Tienes que pedir la de Dios, no solo porque él es la fuente de sabiduría, sino porque nuestro Dios se deleita en darte sabiduría y darte en abundancia. Y de ahí entonces el título de mi mensaje: "La sabiduría, como una petición que Dios se deleita en conceder". No es que Dios te mira dándotela, no. Él se deleita que tú vengas a buscarlo. Yo necesito sabiduría para amar lo que Dios ama, porque muchas veces ni siquiera tengo claro qué es lo que Dios ama. Yo necesito sabiduría para decidir a favor de los intereses del reino y no a favor de mis propios intereses. Yo necesito sabiduría para someterme debidamente al Rey, porque muchas veces pensamos que estamos viviendo sometidos y estamos viviendo todavía en rebelión.

Hermanos, si hay algo que está claro, la palabra de Dios es que la sabiduría de que Santiago está hablando, que el libro de Proverbios habla, que el resto de la palabra habla, no tiene nada que ver ni con mis deseos, ni con mis emociones, ni mis anhelos, ni mis sueños, ni mis ambiciones, ni mi capacidad intelectual. Nada que ver. Depende exclusivamente de la voluntad de Dios, que es revelada por medio del Espíritu, y que el mismo Espíritu me ayuda a quererla y luego a obedecerla.

Como Dios tiene sabiduría infinita, él puede darla abundantemente a tantas personas como él decida. Y al final, él tiene tanta sabiduría como la que tenía cuando comenzó a repartirla. Y si la sabiduría viene de Dios, como estamos como estamos diciendo, y solamente de Dios, tendríamos que preguntarle: "¿Pastor, y un incrédulo no podría tener sabiduría?". O un cristiano que realmente dice ser cristiano, pero no estamos seguros si eso no, no podría tener sabiduría. Yo creo que mucho de lo que vemos que llamamos sabiduría es más sagacidad. De hecho, Cristo nos dio una palabra, una parábola, y habló de incrédulos que eran sagaces. Yo creo que es más sagacidad.

La persona sagaz es hábil en sacar provecho de las circunstancias y ocasiones y oportunidades de ese mundo. El sagaz tiene el interés humano en el centro de sus decisiones. El sabio tiene el reino de Dios y su justicia en el centro de esas mismas decisiones. Al sagaz le va bien en la parábola que Cristo usó, no voy a entrar en ella para no desviarme mucho, pero la parábola, la parábola que Cristo usó para hablar de la sagacidad de los hijos del mundo, a ellos les fue bien en este mundo, pero al sabio le va bien en el mundo venidero. El reino de Dios y su justicia está en el centro de la voluntad de Dios y está en el centro de la vida del hombre sabio, en el centro, no formando parte de, sino como la parte esencial.

Santiago dice: "Si tú necesitas sabiduría para manejarte en la vida, entonces pídesela a la Fuente". Déjame decirte lo que la Fuente ha dicho con relación a su sabiduría. Eclesiastés 2:26: "Porque a la persona que le agrada Dios, le ha dado sabiduría, conocimiento y gozo". Ok, la doctora Eclesiastés es el autor de Proverbios, Salomón, eso entendemos. El autor Eclesiastés dice: "La sabiduría viene de Dios, es él quien la da". Es verdad que él es quien la da, pero no la da indiscriminadamente. Escuche: "a la persona que le agrada". Y Santiago entonces viene detrás y dice: "Ok, como él es la fuente, pero él se deleita también en darla abundantemente, pues pídesela".

Y ahora tú une esas dos enseñanzas: y es que Dios la da, la da en abundancia, se deleita al darla, pero a quien le agrada. De manera que en mi vida de obediencia aumenta mi sabiduría, y al mismo tiempo no puedo obedecer correctamente si me falta sabiduría, porque necesito saber cómo obedezco. Proverbios 2:6 dice que Dios da la sabiduría. Proverbios 4:7 dice: "Lo principal es la sabiduría". Ser como tu petición primero. Mira como la Nueva Traducción Viviente traduce el mismo Proverbios 4:7 que te acabo de mencionar. 4:7: "Lo principal es la sabiduría". La NTV dice: "Adquirir sabiduría es lo más sabio que puede hacer". Como que en esa traducción como que no había otra palabra para decirte que es lo más, lo principal. Entonces, "adquirir sabiduría es la cosa más sabia que tú puedes hacer".

Proverbios 10:8 te habla de que la sabiduría de lo alto me enseña a obedecer. Me enseña a obedecer. Pero Eclesiastés me dijo que cuando yo agrado a Dios, en otras palabras, cuando yo obedezco, él me da sabiduría. Es un círculo virtuoso, ¿o no vicioso? Virtuoso. Entonces, yo necesito caminar en obediencia para ser bendecido con sabiduría, y a la vez, mi vida de obediencia me bendice con más sabiduría.

La sabiduría te permite ver la vida de una mejor manera. Te permite pensar más prudentemente. Te permite ver los tropiezos en el camino, cómo evitarlos, y las posibles consecuencias. El autor de Proverbios no dice también en 11:2 que la sabiduría, o mejor dicho, que la humildad conduce a la sabiduría. Claro, la humildad conduce a la sabiduría, porque el orgullo es el que confía en su propio entendimiento y por eso no me puede llevar a la sabiduría. Proverbios 16:6 nos dice que el valor de la sabiduría es la sabiduría. Lo más valioso y más valioso que el oro, como una forma de compararlo con lo que los hombres consideran más valioso en esta tierra.

Y la razón, hermanos, es sencilla: tu vida entera, con todos sus triunfos, sus fracasos, depende de la manera como manejemos esa vida. Como sin sabiduría, la sabiduría que Dios concede es la sabiduría que te permite ver la vida por encima del sol. Cada vez que yo veo la vida por debajo del sol, a mí me falta sabiduría, y mucho. Y pensar en esta canción que nosotros cantamos con frecuencia, que compuso nuestro hermano Jonathan Jerez, que se llama "Por encima del sol". Escucha las primeras líneas, porque literalmente, aunque esa canción parece sencilla, tiene en las primeras líneas mucha profundidad. Escucha: "Por encima del sol hay una vista real. Por debajo del sol, que es la visión de aquí, del de horizontal que tiene la humanidad, es irreal. La vista de la vida de allí de allá arriba, la vida se puede ver como es en verdad. Por debajo del sol, la vida que la visión que tú tienes de la vida no es la verdad, está distorsionada, es como el lápiz dentro del agua que tú lo ves a través del agua, está torcido. Así se ve la vida. Una visión celestial de todo lo terrenal".

La visión por encima del sol te permite ver todo lo terrenal, todas las actividades de la tierra, como verdaderamente Dios la ve. Toda la historia está clave. Toda la historia se ve a la luz de la eternidad. La cruz no se evalúa a la luz de una noche de un viernes, no a la luz de la eternidad. Tus fracasos, tus tropiezos, tus éxitos, o no, no se evalúan a la luz de un título de un certificado, de un diploma, de una posición que te den o no te den. No se evalúa a la luz de la eternidad. "Con los dones, talento, oportunidades y llamado que yo te di". Esos son los talentos de la parábola de los cuales Cristo habló. "¿Qué hiciste, Miguel, con los cinco talentos que yo te dediqué? ¿Qué me entregaste?". "Bueno, te entregué uno y que existen los otros cuatro". "¿Los perdí?". "Y con los dos talentos que te entregué, ¿qué tú hiciste?". "Bueno, aquí hay cuatro, Señor". "Buen siervo fiel, entra en el reposo de tu Señor". "Que confía en lo poco, bueno, muchos deben decir". "Y con el talento que yo te dediqué, ¿hiciste bueno?". "Yo creía que tú eres un un amo no muy bueno, yo lo escondí para que no se perdiera, pero no hice nada con él tampoco, lo invertí, tampoco lo multipliqué. Aquí está, Señor, condenado".

Todos se evalúan a la luz de la eternidad. Esa sabiduría es la capacidad de ver toda la vida, incluyendo, escucha, el ministerio, pensando en nosotros, la vida de negocios, los deportes, el entretenimiento, el noviazgo, el matrimonio, las finanzas, los placeres, y todas las ofertas del mundo, a la luz de la eternidad. Y eso será en el día de rendición de cuentas. "Aquí están sobre la mesa todo lo que te proveí. Vamos a ver cómo lo usas". Y si eso es cierto, y lo es, yo necesito mucha sabiduría.

Hermanos, porque todo, toda actividad humana, subraya la palabra, toda, toda actividad humana luce de una manera por debajo del sol y de otra manera muy distinta por encima del sol. Y por consiguiente, si yo no manejo la vida en las diferentes estadios en que me encuentro sabiamente, voy a desperdiciar muchas cosas, muchas oportunidades.

Mira esta historia. La cuenta en su comentario sobre el libro de Santiago acerca de una de sus asistentes. Ella había tenido un accidente cerebrovascular y había sufrido cierto daño cerebral. Poco tiempo después, su esposo había quedado ciego. Y poco tiempo después, fue ingresado al hospital y nadie pensaba que le iba a sobrevivir la hospitalización. Mientras ella estaba atravesando todas estas circunstancias, él se encontró con ella en la en la iglesia y le dijo: "Fulana, mira, quiero que sepas que estoy orando por ti. Te tenemos muy presente". Y ella le preguntó y le dijo: "¿Pastor, qué usted le está pidiendo a Dios?". Poco como atrevida la pregunta. Y el pastor le dijo: "Bueno, que te fortalezca, te sostenga, etcétera, etcétera". Y ella le dijo: "Pídale a Dios que me dé sabiduría, que yo no desperdicie todo esto que estoy viviendo".

Eso es una mujer sabia. Eso es una mujer que sabe que no hay nada fortuito, que no hay accidente, que en el reino de los cielos solamente hay citas, citas que Dios me ha hecho para que yo las viva, yo pase, atraviese desiertos de manera que él me pueda encontrar allí y allí producir un fruto en mí y a través de mí. Esta mujer entendió perfectamente la sabiduría que Dios provee. "Pídale a Dios que me dé a mí la sabiduría para que yo le saque el provecho que él tiene en su mente acerca de estas circunstancias por las cuales yo estoy atravesando". Eso es sabiduría.

Santiago dice: "Por esa sabiduría que tú debes pedir". Y luego entonces te dije, Santiago hablaba de dos cosas: de sabiduría y hablaba de qué cosa, de oración, de pedirla y de cómo pedirla. Yo quiero que veamos ahora, en el tiempo que me queda, la conexión entre la oración, la fe, la sabiduría. Yo creo que esa señora ilustra perfectamente bien lo que implica orar con sabiduría en medio de la tribulación de que hablamos en el mensaje anterior. Y nosotros necesitamos sabiduría incluso para aprender a orar. Eso fue exactamente lo que los discípulos dijeron a Jesús: "Enséñanos a orar, porque no sabemos cómo".

Nosotros tenemos que seguir orando de esa manera. Nosotros somos capaces de pedir de forma errónea, hermano. Si tú miras hacia atrás, no sé si tú haces estos ejercicios, yo lo hago, lo he hecho y lo quiero seguir haciendo. Yo miro hacia atrás, yo quiero evaluar, no con un látigo en la mano, pero yo quiero evaluar qué yo hice, cómo yo oré en el pasado para poder obtener sabiduría para el futuro. Tú vas a descubrir cuántas veces estuviste orando erróneamente. No solamente erróneamente, pecaminosamente. Ya yo te he mencionado en otras ocasiones que Jonathan Edwards decía: "Cuando yo oro, peco. Cuando yo me arrepiento, peco". Claro, porque nosotros no tenemos sabiduría perfecta ni santidad, piedad perfecta.

Nosotros somos capaces de afirmar con los labios que Dios tiene la habilidad de sanar una enfermedad y al mismo tiempo dudar de que él lo va a hacer. "¿Para qué lo pido entonces?". "Señor, yo sé que tú tienes el poder de sanar esta enfermedad". Y luego salgo de él y bueno, uno pide así, pero nunca sabe. Es peor que eso. Nosotros somos capaces de orar por algo, Dios conceder lo que pedimos, y luego preguntarnos si realmente eso fue en respuesta a la oración. Si eres honesto, tú has estado ahí. Porque frecuentemente, cuando las cosas ocurren, bueno, oramos por eso, pero no sabemos, ¿verdad? Tú no oraste por eso. Mira, eso está aquí. De que tú ora, Dios responde, y después tú no crees que Dios respondió.

Déjame contártelo del libro de los Hechos. Te voy a resumir, capítulo 12. Pedro está preso. La iglesia está reunida, está orando para que Dios libere a Pedro. Jacobo era el otro apóstol, ya era un mártir de la iglesia. No queremos a Pedro muerto también. Dios envía, envía un ángel que lo saque de la cárcel. Pedro sale de la cárcel. La iglesia está orando, está en la casa de Juan Marcos, orando. Y que escribió el evangelio de Marcos. Pedro sale, el ángel lo guía hasta afuera, ya se desapareció, lo dejó en la calle. Pedro comenzó a caminar hacia la casa de Juan Marcos. Llegó a la casa de Juan Marcos, toca la puerta. Va la sierva de la casa, Rodea, a abrir. Le rodea, se da cuenta que es Pedro, se impresionó tanto, se emocionó tanto que no le abrió la puerta. Pedro lo dejó afuera y salió corriendo y volvió donde estaban orando. Le dije: "Es Pedro que está ahí a la puerta". Tú quieres oír la respuesta, porque era que estaban orando que Dios liberara Pedro, ¿verdad? Pedro está a la puerta. Le dicen que Pedro está a la puerta. Escucha la respuesta: "¿Estás loca?". Le dijeron ellos. Pero ella insistía en que así era. Y ellos decían: "No, es un ángel". O sea, prefiero creer que es un ángel por el que yo no oré, que Pedro, porque estoy llorando, tiene que estar loco de los dos. Pero Pedro continuaba llamando, y cuando ellos abrieron, lo vieron y se asombraron. Igualito que Tomás: "Ver para creer".

Nosotros no somos muy diferentes. El corazón humano es incrédulo, incurablemente. Lo que le pasó a esta gente, lo que Santiago está diciendo, esa gente eran de doble ánimo. Creyeron lo suficiente para orarle a Dios, pero no creyeron lo suficiente para convencerse de que Dios había respondido sus oraciones. Y eso es como una ola: "Oro a Dios, no le creo a Dios". Nosotros tenemos que pedir con sabiduría y creer.

Tener fe. Nuestras oraciones más frecuentes en medio de la tribulación es que termine. Queremos salir de ellas. Y si a veces es algo en la que yo pudiera quedar mal parado, que Dios nos cubra, que no se sepa nada, yo estoy pidiendo muy egocéntricamente. Yo lo que necesito pedirle a Dios que me ayude a aprender todo lo que necesito aprender, todas las razones por las cuales él me permitió que yo entrara en esa tribulación, y ocasión para que yo salga más sabio de dicha prueba.

Cada circunstancia que tú y yo atravesamos apunta algo que Dios quiere hacer en ti. No es fortuito. Está tratando de producir un fruto en nosotros que no se produciría de ninguna otra manera. Sus cómo es, no es necesariamente un camino santo. Muchas veces no lo es, porque ahí está los 40 años del pueblo judío, pero era el único camino de producir en ellos lo que Dios quería producir.

A la luz de lo revelado en las escrituras, a la luz de lo que vengo diciendo, a la luz de lo que Santiago reveló mi necesidad de pedir sabiduría, y a la luz de la pregunta inicial: "Si tú tuvieras una sola cosa que pedirle a Dios y él te garantiza que te la va a conseguir, ¿cuál sería?". Déjame leerte esta historia. Tú la conoces, pero vamos a revisarla. Segunda de Crónicas, capítulo 1, versículo 7 al 12. Y está también en primera de Reyes 3, con algunas variantes.

"Y anoche Dios se apareció a Salomón y le dijo: Pide lo que quieras que yo que yo te dé". Lo que tú quieras. Ahí está un cheque en blanco. Entonces Salomón dijo: "Dios, tú has mostrado gran misericordia con mi padre David y me has hecho rey en su lugar. Ahora, oh Señor Dios, tu promesa a mi padre David se ha cumplido, porque me has hecho rey sobre un pueblo tan numeroso como el polvo de la tierra. Dame ahora sabiduría y conocimiento para que pueda salir y entrar delante de este pueblo, porque ¿quién pondrá a juzgar a este pueblo tuyo tan grande?". Y dijo Dios a Salomón: "Por cuanto esto estaba en tu corazón y no has pedido riqueza ni bienes ni gloria ni la vida de los que te odian, ni aún has pedido larga vida de las cosas que nosotros siempre vivimos pidiendo, debido a que no me pediste nada de eso, sino que has pedido para ti sabiduría y conocimiento para poder gobernar a mi pueblo sobre el cual te he hecho rey, sabiduría y conocimiento te han sido concedidos. También te daré riquezas, bienes, glorias, tales como no la tuvieron ninguno de los reyes que fueron antes de ti ni los que vendrán después de ti".

Tienes una petición y te la voy a dar. Salomón dice: "Yo necesito manejar la vida, manejar esta posición. Llámame sabiduría". Salomón entendió antes de que Cristo viniera que tú necesitas buscar una sola cosa: el reino de Dios primero, y todo lo demás se te va a dar por añadidura. ¿Tú piensas que Dios se complació con esa petición de Salomón? Bueno, el primera de Reyes 3 habla del mismo acontecimiento y dice: "Fue del agrado a los ojos del Señor que Salomón pidiera esto a Dios". Le agradó que Salomón no pidiera ni riqueza, ni bienes, ni gloria, ni fama, ni nada material.

Hermano, Dios está más inclinado a conceder de sabiduría que cualquier otra petición que tú y yo hagamos. Probablemente para amar a Dios, yo necesito sabiduría para saber cómo lo amo. Para obedecer a Dios, yo necesito sabiduría para discernir su voluntad y una vez discernida, para ver cuál es la mejor forma de llevar a cabo la voluntad de Dios discernida. Yo necesito sabiduría para obedecer. Yo necesito sabiduría para evitar las tentaciones. Bueno, pastor, porque si no las no las evité a tiempo, para ver las tentaciones. Bueno, pero tampoco las evité a tiempo. Bueno, pues para conquistar las tentaciones. Te das cuenta de cuánto yo necesito sabiduría.

Cuando tú pierdes sabiduría, solamente como Salomón lo hizo, hay un elemento más vital que es importante para Dios: es que tú has demostrado que tú confías en el carácter de Dios de tal manera que tú entiendes que Dios puede ser confiado para proveer todo lo demás, por lo cual tú no pediste, pero que Cristo te dijo que no te preocupes, que él lo proveería. Nosotros tenemos más información que lo que Salomón tenía, porque Cristo vino y nos enseñó directamente a no pedir por las cosas de este mundo, ni las cosas materiales. Nos incentivó a olvidarnos de este mundo, por así decirlo.

Déjame leértelo de nuevo de la Nueva Traducción Viviente en Mateo 6:31 y 32, y luego te digo cómo es que tú lo recuerdas de manera usual. Este es el texto: "Así que no se preocupen por todo esto, diciendo: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Qué ropa nos pondremos?". Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Notaste, pero su Padre celestial ya conoce todas las necesidades. "Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa". Ese y su justicia, de que habla el texto, y él les dará todo lo que necesiten. Él les dará todo lo que necesitan.

El texto, como tú lo conoces: "Busquen el reino de Dios primero y su justicia". Bueno, buscar el reino de Dios y su justicia implica, ¿qué cosa? Vivir una vida justa, y Dios se encargará de suplir todo lo demás que necesite. Y todo lo demás se dará por añadidura, que es como usualmente lo lo reconoce. Quizá eso implica, o nos deje ver más bien, porque nuestras oraciones frecuentemente son tan inefectivas, porque pedimos por las añadiduras y se olvidamos el reino de los cielos. Ponemos la carreta adelante y el caballo atrás. Y como el caballo lo que sabe es halar, no sabe cómo empujar la carreta. Pedimos por las necesidades de este mundo continuamente, que Dios prometió llenar de manera natural, y luego el reino de Dios, que tiene que ver con su voluntad. Bien, gracias.

No, porque yo entiendo. Sí. El problema es que frecuentemente yo entiendo mal. Y no solamente entiendo mal, entiendo egocéntricamente. Entiendo lo que yo quiero y no lo que Dios tiene para mí. Salomón entendió perfectamente de qué se trata y pidió sabiduría. Solamente para para gobernar la vida de Salomón con relación a la sabiduría, nos ilustra, nos enseña varias cosas. No las puedo enumerar todas porque no tengo el tiempo, pero nos enseña, obviamente, que la sabiduría viene de Dios, en la vida de Dios se le da, que Dios la dio en abundancia, tal cual dice Santiago. Pero la vida de Salomón ilustra algo que frecuentemente la gente no se percata, y es que una de las diferencias entre conocimiento y sabiduría es que, déjame decirte, si yo aprendí que dos y dos son cuatro, tres por cuatro son doce, si yo mañana me descarrío, yo voy a seguir sabiendo eso. Que dos y dos son cuatro y tres por cuatro son doce. El conocimiento yo lo retengo, aunque no guarde una relación estrecha con Dios. La sabiduría no. Yo no tengo sabiduría intrínseca. La sabiduría es dependiente todo el tiempo de mi cercanía con Dios. Es como la manguera. Tú la conectas a una fuente, como una cisterna, tiene mucha agua con presión. Mientras esté conectada, la desconectaste, se acabó el agua. Cuando Salomón oró, Dios le dio la sabiduría extraordinaria. Cuando se desconectó con Dios, en buen dominicano, se volvió un ocho, tomó todas las decisiones erradas del mundo, y su sabiduría... No, porque él no la tiene. Razón me suena el pecado nos aleja de Dios, la fuente de sabiduría.

Ustedes han oído en la calle, yo lo he oído, el dicho coloquial: "El pecado endurece". Bueno, más o menos, porque nos desconecta de Dios y ya de ahí en adelante, todas las decisiones que yo pueda tomar están sujetas a evaluación. Santiago dice: "Pide sin dudar". Yo no creo que Santiago me está diciendo: "Oye, pide sin dudar porque todo lo que tú pidas, Dios te lo va a dar". No, eso no. Yo estoy seguro que Santiago no puede decir eso, porque él sabe otras cosas que están en la palabra. Lo que Santiago nos está diciendo es: "Pide, pide sin dudar el carácter de Dios, creyendo que cuando Dios responda, no si responde, cuando él responda, su respuesta será mejor que lo que tú has pedido".

Cristo también nos dio como cheques en blanco, como choques en blanco. No, dije cheques en blanco. Mira como Lucas 11:9: "Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá". Nota lo que el texto no dice: "Pedir lo que quiero, si te dará lo que tú quieras. Buscar lo que entiendas y tú vas a encontrar exactamente lo que buscas. Llamar y seguro que la puerta que tú estás tocando se va a abrir". Eso es lo que el texto dice. Te voy a decir lo que el texto implica a la luz de esto, lo que Cristo enseñó: y lo que Santiago está: "Pide, y se te va a dar". Y ahora tiene que confiar en el carácter de Dios, que cuando reciba lo que reciba, aunque no sea lo que tú estás pidiendo, será mejor que lo que estabas pidiendo. "Busca, y tú vas a encontrar". Y cuando encuentres, aunque no te guste, cree en el carácter de Dios que te ha llevado a encontrar algo que es muy superior a lo que andaba buscando. Y toca, y espera, y la puerta que Dios quiere que se abra, será abierta. Dios es una ilustración lo que voy a decir. Dios está extraordinariamente bondadoso. Que tú tocas esta puerta y Dios te abre una puerta de ese lado izquierdo. Tú estás tocando aquí, pero de aquella puerta se abrió en grande y sale una luz que se dice: "Es aquí, no es ahí donde está tocando". Ese es nuestro Dios.

"Pero no la veo". ¿Sabe por qué no la veo? Porque prefiero hacer así para tapar la luz que viene ahí, seguir tocando aquí, porque esta es la puerta que yo quiero. Santiago dice: "No es un hombre doble ánimo, es como la ola del mar". Ese hombre no va a recibir nada de parte de Dios. Yo no creo que Santiago se está refiriendo como a esa duda fugaz que a ver si llega y se va de nosotros. No, yo no creo que estaba refiriendo a eso. Pero si yo creo que se está refiriendo al hombre que continuamente tiene esa duda acerca de la vida, decidió decir su voluntad, de todo lo de, porque yo digo eso, porque el texto dice que ese es un hombre doble ánimo, inestable en todos sus caminos. O sea, que por donde quiera que anda, hay una inestabilidad.

Nosotros tenemos miles de años dudando del carácter de Dios. Es terrible. Ciertamente la depravación total del hombre, nosotros la comprobamos todos los días. Adán y Eva, sin pecado, dudaron de Dios. Sin tener pecado, ya comenzaron a dudar. Prefiero creerle a esta serpiente. Que lo hemos dicho mil veces, nosotros seguimos dudando. Si nosotros no tenemos, nosotros oramos y nosotros no tenemos a orar a lo que estamos pidiendo de una vez comenzamos: "Yo no me ama, yo se olvidó de mí, yo no me oye". Pastor, mire, yo creo que yo no le importo a Dios, yo creo que Dios me abandonó. No se nos ocurre pensar que aún el silencio de Dios, la aparente silencio, Dios tiene el mejor bien en su mente, en su corazón para mí. ¿Sabe por qué no lo pensamos? Porque no creemos en el carácter de Dios.

Nunca se me ocurre pensar que estoy pidiendo mal. Nunca se me ocurre pensar que estoy pidiendo con doble ánimo. No, sabe qué hacemos. Cada nieve hicieron. Dios dijo que no comiéramos de ahí. Mi propio entendimiento me dice otra cosa. Yo voy a actuar conforme a mi propio entendimiento. Y negaron la sabiduría del cielo. Sara no creyó que Dios le iba a dar un hijo porque ya estaba muy avanzada en edad. Mi propio entendimiento me dice que mejor le doy a mi criada y que tengamos que tenga un hijo, Abraham con ella, por lo menos no tiene heredero. Ese es su propio entendimiento. Moisés, cuando Dios lo llamó, también dudó, porque mi propio entendimiento.

Me dice que yo, yo no sé hablar bien. Yo no puedo ir para allá. Juan el Bautista, el traductor del Mesías, está en la cárcel. Y en su propio entendimiento, él dice: "Pero si yo soy el traductor del Mesías, ¿y todo en la cárcel? ¿Cómo que no tiene sentido?" Pero le dice a sus discípulos: "Vayan, hablen con Jesús. Pregúntenle si él era el que había de venir, y yo tengo que esperar a otro."

Pedro le pide al Señor que le permita caminar sobre las aguas. Se va a caminar sobre las aguas, comienza a hundirse. ¿Qué le dice Jesús? "Por qué dudaste." No entiendo, Pedro. O sea, tú saliste de la barca, vas caminando bien. Mientras esté en duda, eso es, comenzó a hundirse. Mis dudas me hunden. Te hunden en tus tropiezos, en tus fracasos. Entonces, obediencia, ¿en tu terquedad o en la mía?

Tomás dudó de la resurrección. Cinco veces Cristo dice: "Hombres de poca fe." En el evangelio de Marcos, Mateo, perdón, y en una ocasión el texto nos dice que Cristo no hizo muchos milagros allí a causa de su incredulidad. Mateo 13:58. La incredulidad disminuyó el número de milagros, quizás de manera que nosotros no acabamos de entender perfectamente mucho de lo que yo no veo pasar en mi vida se debe a mi incredulidad.

También alguien me vino al final del primer servicio. El pastor, cuando no descubre que sí, que tiene todas esas cosas que hacemos, es bueno comenzar por pedir perdón. Y no tiene que latigarte, simplemente confiesa. Por pedir perdón, si el Señor, "Perdóname, yo, yo tengo incredulidad y yo tengo ceguera. Abro mis ojos para yo ver la vida como tú la ves, por encima del sol, y déjame ver lo que a ti te complace, y déjame ver lo que a ti te agrada, y déjame ver tu voluntad, y dame el deseo de querer hacerlo."

Yo sé que el Espíritu está en mí. Parece que lo estoy resistiendo. Dame obediencia, dame sumisión, porque yo sé que Hebreos 11:6 dice que sin fe es imposible agradar a Dios. Yo tengo que creerte por lo que tú has dicho, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe. Pero eso no es lo único. Y qué remunerador de los que le buscan. Que Dios es recompensador, que tu búsqueda no va a ser en vano. Y cuando tú pidas, tú vas a recibir. Y cuando busques, va a encontrar. Cuando toques, se te va a abrir.

En las dimensiones de qué hablamos, y en bounds he hablado de otras, otras veces. Escribió quizá una persona que más escribió acerca de la oración, 400 páginas, quizá en su libro sobre la oración. Dice: "La oración es totalmente dependiente de la fe. Virtualmente, la oración no tiene existencia aparte de la fe." Y oye esto, que es lo mismo que Santiago dice: "Y no logra nada a menos que la fe sea su compañero inseparable." La oración no consigue nada a menos que la fe no sea su compañero inseparable.

Pastor, ¿y cómo yo, cómo yo hago crecer mi fe? Bueno, yo no puedo confiar en alguien que no conozco bien. Lo que implica que mi fe crece en la medida en que yo conozco a Dios. Tú conoces más a Dios, de manera natural tú vas a tener más fe en Dios. Mientras más conoces a Dios, hermano, más tú vas a querer lo que Dios desea para ti, no lo que tú quieras. No importa lo que sea. Mientras más conoces a Dios, más te percatas de cuán erradas han estado tus oraciones y las mías, porque continuamente pedíamos conforme a nuestros deseos, anhelos, cosas de este mundo. Pero cuando conoces a Dios, comienza a tener el reino de Dios primero en la mira y su justicia.

Hermanos, Jesús vino a revelar al Padre, pero vino a revelar cómo vivir. Y cuando él, cuando fueron donde él, le dijeron: "Señor, enséñanos a orar, porque no sabemos todavía." Yo le digo a Jesús a veces eso en oración: "Enseña a orar, porque yo no, yo no estoy seguro si estoy orando bien." Él nos, él les enseñó que se haga tu voluntad en el cielo como en la tierra. Y para que quedara claro que eso no fue simplemente palabras, sino también que eso es como él lo entendía y lo hacía. Cuando él le tocó orar en Getsemaní, en su hora última, ¿qué fue lo que dijo? "Padre, si es posible, mira, ve a ver si es posible que esta cruz pase." Pero sabes qué, yo no te estoy pidiendo que la quite, si es posible. Al final, sabes qué, yo quiero que salga tu voluntad y no la mía.

Esta es la segunda persona de la Trinidad, creador del cielo y la tierra, soberano del cielo y la tierra, Hijo de Dios, que en el momento que vino a representarnos, dijo: "Mira, para que ellos entiendan también de qué es que se trata. Se trata de tu voluntad y no la mía." Esa fue una sabia oración con una recompensa enorme. La oración de Getsemaní no le evitó a Cristo la cruz. No, no, no. Cristo nunca oró para que Dios Padre entrara en sus propósitos humanos. Cristo oró para él entrar en los propósitos de Dios. Y esa es la función de la oración, tuya y mía. Nosotros oramos para entrar en los propósitos de Dios y estar preparado, velar y orar para que no entres en tentación. En otras palabras, te estoy diciendo que ores para que te prepares y entres en los propósitos de la Trinidad.

De manera que lo que Cristo hace cuando oró no fue que la oración le evitó la cruz. No, lo preparó para la cruz. Y de esa manera entonces Cristo puede resucitar tres días después. Y al final de su resucitación, nosotros no estamos supuestos a ver a Cristo como la víctima, el pobre Cristo en una cruz, en un madero. No, esa era la voluntad de Dios. La voluntad de Dios era, de acuerdo a Isaías 53:10, aplastarlo. No, Cristo no es la víctima. Cristo es el victorioso sobre el pecado, sobre la muerte, sobre las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, en la voluntad de Dios. Y eso es como tú y yo estamos supuestos a vivir también.

La sabiduría del cielo que llevó a Cristo de la cruz a la gloria, en la misma sabiduría que te tiene a ti, que me tiene a mí en desierto. ¿Sabe por qué? Porque nosotros no hemos llegado. Nosotros nos expulsaron del jardín del Edén, que era una tierra de reposo, y vamos a nuestro reposo final. Pero el camino del primer lugar al día a la tierra de reposo es el desierto. Como los israelitas, somos exiliados. Tiene que verte como extranjero, como peregrino, como un exiliado que está esperanzado en una mejor vida que vas a vivir aquí, en preparación para la vida venidera, que va a buscar lo que te espera y no lo que te queda atrás, que va a vivir para el reino de Dios primero, reconociendo que el reino tiene un Rey, que el Rey es soberano, y que el Rey espera que tú viva para él y no para ti mismo, para tus intereses y no para los tuyos.

Y la tribulación te prepara en carácter, en paciencia y en piedad, para que cuando Cristo venga y suene la trompeta, al sonar de esta trompeta, tú puedas alegrarte y decir: "Yo soy de los tuyos." Si tú vienes por mí. Padre, gracias porque todo lo que se haya dicho, si es bueno, si es verdad, es de ti. Desde ti que ha venido. Señor, bendice a tu pueblo, bendice a tu siervo. Recuérdanos, recuérdanos. Yo estoy aquí para vivir mi mi propia cosa, como diría en inglés, my own. No, yo estoy aquí para vivir tu voluntad, a tu propósito, no importa si me crucifican en un madero. Yo estoy aquí para buscar tus intereses. Me estoy aquí para tener éxito a la manera mía. Bueno, estoy aquí para hacer un nombre. Estoy aquí para hacer tu nombre famoso, no el mío. Yo no estoy para tomar decisiones conforme a mi propio entendimiento. Yo no estoy para para ganar, ganar en la vida. Yo no me pusiste aquí para ser el mejor médico o el mejor pastor o el... No, no, no, no. Tú me pusiste aquí para glorificarte en la función que tú quieras, del tamaño que tú quieras, en el lugar que tú quieras. No se trata de de llevarnos las coronas de la vida, sino de correr esperando las coronas de la vida venidera y no la de este mundo, para tu gloria en Cristo Jesús.

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