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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos, "Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta a dónde vas, sino que por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad. Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena, de un pecado porque no creen en mí, de una justicia, porque me voy al Padre. Y no me veréis de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado."
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Jesús les dice a sus apóstoles que se va a ir. Jesús anuncia su Pascua, su muerte en la cruz. Y en ese contexto de tristeza, Jesús remarca, "Les conviene que yo me vaya, porque si yo no me voy, no vendrá ustedes el Paráclito, el defensor."
Queridos hermanos, el fruto de la Pascua es la venida del Espíritu Santo. Gracias a que Cristo ha muerto por nosotros en la cruz y ha resucitado, viene el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo hace maravillas en la iglesia y en cada uno de nosotros. Gracias al Espíritu Santo, Cristo está vivo en la iglesia. Por eso la misión de Jesús y la misión del Espíritu Santo son inseparables. Tomemos conciencia que el Espíritu Santo hace maravillas en nosotros porque nos une a Jesucristo como los sarmientos a la viña.
Meditemos juntos la primera lectura y detectemos las maravillas que hace el Espíritu Santo en nosotros. Tres puntos concretos vamos a señalar con relación a las maravillas que hace el Espíritu Santo en nosotros.
Pablo y Silas están en Filipos. Los desnudan, los azotan, los apalean, los meten en la cárcel. Les pregunto, ¿ellos cómo estaban? ¿Deprimidos o estaban alegres? Primer punto, el Espíritu Santo nos fortalece ante los problemas, las dificultades, las cruces. Pablo y Silas son desnudados, azotados, apaleados. Pero están fuertes en la fe porque el Espíritu Santo está con ellos. Hermanos, todos tenemos problemas, dificultades, cruces, persecuciones. Si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, vamos a estar fuertes en la fe. Necesitamos del Espíritu Santo porque trae el don de la fortaleza y entonces nunca vamos a estar aplastados. Como Pablo y Silas, nunca vamos a perder la paz.
Pablo y Silas están en la cárcel, se ponen a llorar dentro de la cárcel. ¿Qué hacen? Se ponen a orar. Cantan himnos. Segunda maravilla que encontramos. El Espíritu Santo suscita en nosotros la oración. Pablo y Silas, movidos por el Espíritu Santo, se ponen a cantar, a alabar a Dios. No dicen, "Qué piñas que somos." No se deprimen, no se quejan de Dios, al contrario, movidos por el Espíritu Santo se ponen a orar. Hermanos, el Espíritu Santo suscita en nosotros la oración. Si te cuesta orar, si te cuesta concentrarte en la oración, es porque no estás tratando al Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el protagonista de la oración. Antes de conversar con Jesús, invoca al Espíritu Santo y cuando termine tu oración, invoca al Espíritu Santo para que pongas por obra los buenos propósitos que ha sacado en tu oración.
¿Cómo habrá sido esa oración de Pablo y Silas que se movieron los cimientos de la cárcel? Se rompieron las cadenas, se abrieron las puertas. El carcelero sorprendido piensa que se han escapado. ¿Y qué quiere hacerse? Suicidarse pensando en el castigo que le viene. Se le han escapado unos presos. Pablo le dice, "No te hagas daño." Estamos aquí. Y entonces aquí viene la tercera maravilla, la conversión de ¿quién? Del carcelero y de toda su familia. Hermanos, todos tenemos que convertirnos y la conversión es una tarea de todos los días. Y para convertirnos necesitamos que nos toque quién, el Espíritu Santo. El carcelero asustado pregunta, "¿Qué tengo que hacer para salvarme?" Y la respuesta es contundente. Cree en Jesucristo, tú y tu familia, y te salvarás. Gracias al Espíritu Santo nos convertimos, abrimos nuestro corazón a Jesucristo, luchamos contra aquello que no le gusta a Jesús. Hermanos, todos los días hay que invocar al Espíritu Santo para convertirnos. La conversión termina cuando muramos. Todos los días hay que convertirnos. Por eso todos los días hay que invocar al Espíritu Santo, porque en nuestros corazones siempre hay cosas que no le gustan a Jesús y el Espíritu Santo hace que hagamos un buen examen de conciencia y nos da la fuerza para erradicar todo aquello que no le gusta a Jesús de nuestra vida.
Qué bonito lo que nos dice la primera lectura al final. La familia del carcelero celebró todos juntos que habían creído en Dios, en el Dios vivo y verdadero, porque fue una familia tocada por quién? Por el Espíritu Santo.
Pidámosle hoy a la Virgen Santísima, la mujer llena del Espíritu Santo, que nos ayude a tratar todos los días al Paráclito. El Espíritu Santo trae el don de la fortaleza. El Espíritu Santo suscita en nosotros la oración. El Espíritu Santo nos ayuda a convertirnos todos los días. Que así sea. Amén.
Como hacemos todos los martes, acudimos a los santos arcángeles y a nuestros ángeles custodios. San Miguel Arcángel, tú que eres el príncipe de la milicia celestial, acudimos a ti para que nos protejas de los ataques del padre de la mentira. San Miguel Arcángel, nosotros San Miguel Arcángel, San Miguel Arcángel, San Gabriel Arcángel, tú que anunciaste la buena noticia a la santísima Virgen de que sería la madre de Jesús, nuestro Salvador, te pedimos que nos ayudes a comunicar siempre con gozo y valentía el evangelio. San Gabriel Arcángel ayuda para San Gabriel Arcángel para San Gel Arcángel con nosotros paraos. San Rafael Arcángel, tú que eres el protector de los caminantes, te pedimos que nos ayudes a no salirnos nunca del único camino que debemos recorrer en nuestra vida, que es Cristo Jesús. San Rafael Arcángel, para que no San Rafael Arcángel, San Rafael Arcángel, Santos ángeles custodios que contemplan a Dios uno y trino y que son nuestros buenos compañeros en esta vida terrena, les pedimos que nos protejan de todo mal, especialmente de caer en el pecado. Santos ángeles custodios, ayúdenos a Santos ángeles custodios, nosotros Santos ángeles custodios, rueen por nosotros. Amén.
Escuchemos la meditación que toca hoy en este mes de mayo, mes de María, día segundo. María, madre del buen consejo. Nuestras madres siempre nos aconsejan para nuestro bien. A ninguna madre en su sano juicio se le ocurriría dar consejos que arruinen la vida de sus hijos. Pues María es la mejor madre y sobre todo nos aconseja para que vivamos siempre en todo momento y circunstancia con Jesús. Hoy María, como hizo en las bodas de Caná, nos aconseja, "Hagan lo que mi hijo les dice." Además, no olvidemos que el consejo es un don del Espíritu Santo. Por eso acudamos a María para que ella nos ayude a pedirle al Paráclito dicho don.
Propósito de hoy. Antes de tomar una decisión, pedir consejo en la oración a María.
Hacemos la consagración a nuestra madre y le decimos, "Oh, señora mía, oh madre mía, yo me ofrezco al todo a ti y en prueba de mi final afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, madre de bondad, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya. Amén."
Jesús le dice a sus apóstoles, "Conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no les enviaré al Paráclito." Jesús muere por nosotros en la cruz, ha resucitado y nos ha enviado el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo hace maravillas en nosotros. Pablo y Silas son desnudados, azotados, apaleados, los meten a la cárcel, pero ellos están con una profunda paz porque el Espíritu Santo trae el don de la fortaleza. Hermanos, la vida es dura, hay muchas cruces. Necesitamos invocar al Espíritu Santo para no estar desinflados.
Pablo y Silas en la cárcel se ponen a cantar himnos, a alabar a Dios. El Espíritu Santo suscita en nosotros la oración y la oración es poderosa. ¿Qué pasó con los cimientos de la cárcel? Comenzaron a moverse. El Espíritu Santo nos acude cuando oramos. El Espíritu Santo suscita la oración y viene la conversión de ¿quién? ¿Quién se convirtió? Solito, el carcelero y toda su familia. El Espíritu Santo hace maravillas, nos convierte. El carcelero asustado pregunta, "¿Qué tengo que hacer para salvarme?" La respuesta es contundente. ¿Cree en Jesucristo tú y toda tu familia? Hermanos, el Espíritu Santo hace que aceptemos a Cristo en nuestra vida y que nos convirtamos de verdad. Y todos los días hay que convertirnos. Todos los días hay que mejorar nuestra relación con Jesús y con el prójimo. Que no se nos olvide, con Jesús y con el prójimo.
Que la Virgen nos ayude a dejarnos soplar todos los días por el Espíritu Santo.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, Dulce Corazón de María, sea la salvación de la San José, ruega por nosotros.
Y antes de darles la bendición final, se les ha repartido la letra de esta oración que rezamos en Pascua. En Pascua no se reza el Angelus, ¿qué se reza? Reina Coeli. Entonces, yo voy a leer cómo se traduce y también cómo se pronuncia.
Reina Coeli letare, alleluia. Traduzco. Reina del cielo, alégrate. Aleluya. Quia quem meruisti portare, alleluia, resurrexit sicut dixit, alleluya, ora pro nobis Deum, alleluya. Ruega por nosotros a Dios aleluya.
Esta oración tan bonita que es antiquísima, se reza en la iglesia en Pascua. Y el primero que la reza tan bonito, nuestro querido Papa de León XIV, que lo canta además muy bonito, como vamos a cantar ahora luego de la bendición. Así que ya tienen sus hojitas, todos pueden participar en el canto. Aprendieron la traducción, ¿no? La última.
Reina Coeli letare, alleluia. Quia quem meruisti portare, alleluia. Resurrexit, alleluya. Sicut dixit, alleluya. Ora pronobis Deum, alleluya.
El Señor esté con ustedes. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Pueden ir en paz. Demos gracias a Dios.