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Transformados por el salmo119 84

Celia Elizabeth Arriola5:39

Transcription

Otro indicador de alto grado para que veamos la presión que tenía David al hacerle preguntas a Dios desesperadamente. Él, sin duda, se quería aferrar firmemente a la palabra, pero no es que esté a punto de darse por vencido. Pero su estabilidad espiritual no anula su humanidad. Está confiando en Dios, pero está desesperado por recibir respuestas. ¿Te has sentido alguna vez así?

Hay personas que tienen una idea errónea de que los grandes líderes espirituales como David no luchan con dudas, temores, tentaciones y otras cosas, justo en medio de su estabilidad y su fe. David le hace preguntas como tú y yo lo haríamos. Él pregunta: "¿Cuándo me consolarás? ¿Cuántos son los días de tu siervo?". Es la pregunta que se hace en este versículo 84.

El contexto de estas palabras demuestra que David no le está preguntando a Dios cuántos días le quedan de vida, sino cuánto más tardará esto, cuánto más tendré que soportar. El salmista comprende que Dios tiene contados los días de su vida. Su preocupación es que los mismos resulten desperdiciados en esta terrible aflicción. "Dios, tú sabes cuántos días me restan. ¿Cuántos de esos días corresponden a tu plan de abrazarme en el fuego de la aflicción?".

En este versículo cuatro también hay otra pregunta: "¿Cuándo harás juicio contra los que me persiguen?". David, con anterioridad, encomendó sus enemigos en las manos de Dios para que él tratara con ellos. Lo aprendimos en el salmo 119, versículo 78. David sabe que Dios lo hará, pero todavía no ha visto tangiblemente de ello. Él quiere saber cuándo.

¿Te parece familiar? ¿Te has sentido tú en momentos difíciles, angustiosos, desesperados, dolorosos, con aflicción, y te preguntas hasta cuándo, cuándo parará? Todos nos hacemos estas preguntas. Si somos honestos, las hemos hecho.

Es que creyentes que no son honestos con Dios ni consigo mismos se han imaginado un concepto falso de santidad y de espiritualidad. Se imaginan que el hacer tal tipo de preguntas es pecado o que están afectando su fe de alguna manera. David nunca ha dejado de aferrarse a la palabra, nunca ha acusado a Dios, pero en medio de su aflicción casi es llevado más allá del límite, pero solo casi.

Estas preguntas no son resultado de falta de fe. Son preguntas de un hijo hacia un padre amoroso. Como por ejemplo, cuando un hijo le dice: "Papá, ¿cuándo vamos a llegar? Papá, me prometiste llevarme al zoológico, ¿cuándo?".

Cuando te colocas a ti mismo bajo una norma falsa de santidad, una que ni siquiera se encuentra en la Biblia, sufrirás un desencanto. No llenará la medida. Tus expectativas no son realistas y estarás destinado al fracaso. No es malo hacerte estas preguntas. No las silencies. Sencillamente reconoce que estas preguntas que el mismo David formuló tienen algo en común. No, no hay un lugar en la Biblia que nos indique que Dios jamás respondería a ellas. Tal como Dios nunca le explicó a Job la razón tras sus pruebas ni su fuente.

Debemos decidir que no es lo mejor responder a todas las preguntas, pero nosotros sabemos que pronto todo se hará evidente.

Oremos. Querido Dios, padre bueno, te damos gracias por la vida. Te agradecemos, Dios, tu enseñanza en este momento, porque sí, nosotros como humanos, como David, también te hemos hecho preguntas y te las seguiremos haciendo. Padre bello, ayúdanos a esperar, aunque cueste la respuesta, pero danos ese corazón puro, sincero, para amarte incondicionalmente. Gracias, Señor bendito. Te lo oro en el nombre de Jesús. Amén.

[Música]

[Aplausos]