Transcription
Yo soy el buen pastor que da la vida por sus ovejas. El Señor esté con vosotros. Y con tu espíritu.
Lectura del santo evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros porque no se habían convertido. Hay de ti, Corozaín, hay de ti, Betsaida. Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido cubiertas de sayal y de ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero y tiro y sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, piensas escalar el cielo, bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti habría durado hasta hoy, pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Este es un examen de conciencia que el Señor quiere que hagamos. Siempre podemos fijarnos en lo que otros tienen y nosotros no tenemos. Quizá una familia con más dinero, quizá un país con más posibilidades de todo, educativas, eh económicas, quizá mejor salud que otros. Eh, quizá otros tienen más inteligencia, más gracia, más belleza. Siempre podemos fijarnos en lo que otros tienen y nosotros no tenemos. Pero, ¿qué es lo que nosotros tenemos?
En aquella parábola en la que el Señor habla de que reparte talentos, a uno le da uno, a otro cinco, a otro 10. No le pide al de uno lo que al de cinco o al de cinco lo que al de 10. El Señor no nos va a pedir cuenta por lo que no nos ha dado, sino por lo que sí nos ha dado. Incluso aunque sea poco un talento. El Señor no va a decirnos el de 10 ha dado más que tú. va a decirnos tú que has dado en función de lo que yo te he dado a ti. ¿Qué nos ha dado Dios a cada uno de nosotros? Ese es el examen de conciencia. ¿Qué he hecho yo con los dones que Dios me ha dado?
Aquí el Señor incluso habla de milagros, los milagros que hizo en Cafarnaú, que era considerar su ciudad, lógicamente después de Nazaret, donde él había vivido. Cuántos milagros ha hecho en nosotros, yo soy consciente de los que ha hecho en mi vida. milagros extraordinarios, si no no serían milagros. ¿Qué he hecho de esos milagros? Soy consciente de la bendición que supuso la familia que tuve, que no era perfecta, porque nadie es perfecto. Soy consciente de la bendición que supuso nacer donde nací, que tampoco es perfecto, porque ninguna nación es perfecta. ¿Qué he hecho de los dones que he recibido? Recibí tantos, tantos. ¿Qué he hecho de los dones que he recibido? Es una gran responsabilidad. Y muchas veces pienso y reflexiono sobre esto y le pido perdón a Dios porque no he sido capaz. No digo de no dar fruto, digo de no dar el fruto que podría haber dado. Porque si he recibido 10, tengo que dar por 10, no por ocho, no por cinco, no por uno. Si he recibido cinco, tengo que dar por cinco, ni por 10 ni por tres. Tengo que dar por cinco.
Tenemos que meditar con frecuencia sobre cómo hemos sido bendecidos y preguntarnos si estamos dando gracias lo suficiente, gracias con el corazón y gracias con las obras. Y no debemos compararnos ni siquiera con los que aparentemente tienen más, porque quizá tengan más de algo, más inteligencia, más belleza, más cultura, pero a lo mejor les falta de otra cosa. Quizás nacieran de una familia más rica, pero sus padres no se amaban como los nuestros. O quizá tienen más salud que nosotros, pero son más egoístas.
Examina tu conciencia, examina tu vida, examina ese hilo de oro que Dios ha ido tejiendo a lo largo de tu vida, poniendo a personas que te ayudaban, que tenían paciencia contigo, que te enseñaban un camino recto, personas de las que quizá ya ni te acuerdas, pero que fueron importantes en esa etapa, pues cuando eras un niño, cuando empezabas a abrirte camino en el mundo profesional, personas que te amaron y porque te amaron te dijeron las cosas con verdad, aunque te doliera escuchar esas cosas. Cuántas bendiciones, cuántos regalos de Dios que he hecho del amor recibido. Soy agradecido. Soy agradecido con esas personas, rezando por ellas y ya están muertas. Soy agradecido hacia Dios que me lo ha dado todo. Y cuando el Señor me pide algo, incluso algo que me cuesta dar, tengo que pensar, pero Señor, si en realidad es tuyo, si no fuera por ti, no tendría este dinero, no tendría esta cultura, no tendría estas cualidades, no tendría esta vida. No tendría esta salud que no es perfecta, no tendría esta salud. Si no fuera por ti, Señor, nada de lo que tengo y nada de lo que soy existiría. Por eso todo es gracia, todo es don y por nuestra parte todo es deuda, deuda de amor al amor.
Examina tu conciencia. ¿Qué has hecho de tus buenas intenciones, de tus buenos propósitos, de tus promesas? ¿Qué has hecho de aquellas cosas que dijiste que ibas a hacer o que prometías hacer si te daban aquel el otro don, incluso aquel milagro? ¿Qué has hecho? ¿Qué has hecho de tus arrepentimientos? ¿Qué has hecho?
Pidamos perdón y pidámosle al Señor que nos ayude a amarle cada día más, porque dando la vida por él aún no estaremos dando lo suficiente, aún estaremos dando lo que él se merece. Que así sea.