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A mediados de 1613, en la pequeña población del virreinato del Perú llamada Córdoba de la Nueva Andalucía, vecinos y autoridades se reúnen a conmemorar la festividad de Corpus Christi. La procesión finaliza en la Compañía de Jesús, uno de los nueve templos que sobresalen entre las casas de techos bajos. En el interior de la iglesia, el padre Diego de Torres, provincial de la orden jesuita, celebra la misa del día.
Entre las personalidades presentes se encuentra Fray Fernando Trejo y Sanabria, primer Obispo americano de la región. Mientras el sacerdote criollo escucha los himnos eucarísticos entonados por los fieles, una idea atraviesa sus pensamientos hasta convertirse en una obsesión: fundar una casa de estudios para la enseñanza de artes y teología. El 19 de junio de 1613, Trejo y Sanabria se compromete con el padre Torres a donar bienes y dinero para el funcionamiento de un colegio máximo administrado por la Compañía de Jesús. 400 años después, aquella institución será conocida como la Universidad Nacional de Córdoba.
En el año 1599, la orden de la Compañía de Jesús se estableció en Córdoba, un poblado marginal del virreinato del Perú, fundado tan solo 26 años antes. Para comprender cómo era este lugar a los ojos de los jesuitas, podemos pensar en un europeo que viaja a Córdoba en el siglo XVII. Luego de 4 meses de peligrosa travesía en barco, llegaría a Buenos Aires. Posteriormente, debería recorrer en una incómoda carreta las 150 leguas de camino polvoriento que separan el puerto con el poblado mediterráneo.
Desde las afueras, apenas podría distinguir el caserío. Una vez en el lugar, le tomaría unos pocos minutos atravesar la traza en cuadrícula de sus calles. El paseo sería entretenido. Durante el recorrido, se encontraría con casas sencillas de techos bajos, intercaladas tiendas de artesanos y algunas pulperías, en donde los hombres beben aguardiente y juegan a los naipes. En el camino, se cruzaría con vendedores ambulantes que pregonan a los gritos las bondades de sus mercaderías, fastidiando a los comerciantes que pagan su tributo para vender los productos traídos desde el puerto o del interior colonial.
Córdoba era en su momento, al momento de la fundación, si hablamos de 1573, eh, bueno, este vacío que, eh, sobre el cual Suárez de Figueroa traza una estructura cuadricular de 70 manzanas, siguiendo los dictados de las Leyes de Indias. A principios del siglo XVII, me parece importante decir que Córdoba es una ciudad de la periferia del Imperio Español. Es una de las últimas ciudades que se están fundando, ¿no es cierto?, en lo que hoy se conoce como América del Sur. Y, por lo tanto, es una ciudad, eh, que recién está teniendo 41 años de fundación. Tiene unas pocas cuadras, tiene algunas iglesias, ya cuenta con algunas órdenes, ¿no es cierto?, pero es una ciudad muy incipiente. Eso es lo interesante para ponernos a pensar en qué contexto, en qué enclave, los jesuitas decidieron iniciar un colegio máximo en la Córdoba del siglo XVII.
La profusión de templos y conventos, el repiqueteo de las campanas o el tránsito constante de monjas y sacerdotes nos recordarían todo el tiempo la importancia de una institución como la Iglesia. Además de los asuntos del espíritu, era común por entonces que esta institución se encargara también de la educación. No es de extrañar, por lo tanto, que poco tiempo después de asentarse en Córdoba, la Compañía de Jesús estableciera aquí un colegio máximo.
Estaban 60 vecinos feudatarios, esto es, dueños de encomiendas de indios, que eran también los dueños de la tierra, de las tierras productivas que se encontraban no solo cerca de la ciudad, sino que ya para 1620 el avance este alcanzaba al norte, al oeste, al este, la zona de Traslasierra, este, de manera tal que este espacio productivo era trabajado básicamente con mano de obra indígena. En una primera etapa hay un trabajo de obrajes textiles, por supuesto, con fuerza de trabajo indígena que es sometida. Y al poco tiempo, con el desarrollo de las minas potosinas y del trabajo de plata, Córdoba va a empezar a especializarse en lo que va a ser el centro de su economía, que es la producción de mulas para las minas altoperuanas.
En 1599, la orden se va a sentar definitivamente en Córdoba, pero en lugar de tomar aquellos terrenos que le habían sido otorgados, que estaban, digamos, cerca de lo que hoy sería la Iglesia del Pilar, toman la manzana jesuítica que conocemos hoy, porque en este espacio existía una ermita dedicada a San Ildefonso de San Valeriano. En estas tierras se aprende a temer a las tormentas, hasta que una pequeña nube aparezca sobre la Sierra Grande para que a uno se le quite el apetito. La ciudad de Córdoba, en Tucumán, no es una ciudad demasiado grande, pero tampoco es demasiado chica. Posee calles ordenadas y parejas, una espaciosa plaza cuadrada y vistosos pero bajos edificios, una catedral grande, ocho iglesias y un colegio que, en esta provincia, es denominado Colegio Máximo. Allí los jesuitas tienen una universidad.
La Corona no tenía capacidad organizativa para organizar un sistema educativo válido para los territorios de ultramar y dejó en manos de las distintas órdenes religiosas la enseñanza y también la enseñanza religiosa. Lógicamente, la Compañía de Jesús es una orden que estaba ya en Europa en los siglos XVI y XVII formando a la nobleza y educando al clero secular. No es casual, entonces, que ellos hayan iniciado este Colegio Máximo a principios del siglo XVII con ese objetivo fundamentalmente, ¿no es cierto?, que es tratar de formar a parte de la élite colonial que quería ser sacerdote, fundamentalmente el clero secular, y otras personas que estuvieran interesadas en hacer estudios de artes, de filosofía, en esa época, ¿no es cierto?, y teología. Evidentemente, van a cumplir un rol muy importante desde todo punto de vista, eh, desde el punto de vista económico, porque sus haciendas, eh, se dedican a todo tipo de de tareas, no solamente cría de ganado, sino que también tienen cultivo de cereales, tienen obrajes textiles, importan bienes de Castilla, traen de otras haciendas, como es la hierba del Paraguay, es decir, que realmente se convierten en un emporio económico y, obviamente, sol da poder político.
Todavía podemos ver algunas muestras de la importancia que tuvo la Compañía de Jesús en la economía regional. A lo largo de los siglos XVII y XVIII se fundaron en la jurisdicción de Córdoba establecimientos rurales que actualmente conocemos como las Estancias Jesuíticas. Su objetivo era generar excedentes para financiar y abastecer a las instituciones urbanas dedicadas a la actividad educativa y misionera, entre ellas el Colegio Máximo de la ciudad de Córdoba. Las estancias mandaban su excedente, el colegio también mandaba algunos, digamos, productos que las estancias estaban solicitando, digamos, no es una lógica lineal de una estancia al colegio, sino que también hay una lógica de necesidades mutuas y de actividades productivas complementarias, porque de hecho el Colegio Máximo también tiene su huerta, también tiene su botica, tiene, eh, lo que significaría esclavos y también tiene telares, digamos, tiene cierta actividades productivas y, a su vez, eh, la orden tiene toda otra función que que es educativa con su colegio, este, después con una universidad que va a ser teológica, es decir, no, no es una universidad que imparta otro tipo de conocimientos, pero los mismos jesuitas ellos traen conocimientos de trabajo de metales, de trabajo de tipo artesanal que controlan y enseñan a su fuerza de trabajo, entonces realmente tienen un rol sumamente importante desde su instalación.
No es casual que la Corona Española depositara en manos de las órdenes religiosas la formación de los ciudadanos que habitaban las colonias de ultramar. La educación religiosa le aseguraba al Rey que la élite americana recibiera una serie de valores fundamentales para mantener los lazos con España y una cierta cohesión entre la población local. La educación es una estrategia en manos del Estado colonial, una estrategia de sumisión y de, este, imposición de los valores que garantizan esta, este, el desarrollo de la conquista y de la colonización y la obediencia, este, de los súbditos. Los jesuitas consideraban que se llegaba a Dios a través de la razón, entonces era fundamental para ellos completar este sistema, eh, de conocimientos que después permitía poder hacer interpretaciones de la palabra escrita, la palabra sagrada y de, eh, los relatos filosóficos relacionados con, eh, las reflexiones teológicas. Estamos hablando de una educación superior, eh, y también ellos están iniciando algunos estudios, digamos, de educación, bueno, de las primeras letras, que era lo que se llamaba en ese entonces, eh, leer, escribir, las operaciones de aritmética y, obviamente, estudiar el catecismo, ¿no es cierto?, pero básicamente ellos se están concentrando en la educación superior.
Los jesuitas contaban por ese entonces con el favor de los Reyes, de quienes eran sus confesores. Nacida con la Contrarreforma, la Compañía de Jesús era considerada una orden moderna que, creada para resguardar la ortodoxia católica, de esta manera se convirtieron en un actor fundamental para cuidar la conciencia de los súbditos, para evangelizar y producir en territorio americano.
Al poco tiempo, se dan cuenta que no tienen el apoyo de la élite local para sostener la enseñanza, ¿no es cierto?, para sostener estos colegios, justamente porque se oponían a que existieran encomiendas de indígenas. Entonces, la élite local poco a poco les va restando apoyo y ellos van a decidir trasladar el colegio de Córdoba a Santiago de Chile. Allá estarán un tiempo hasta que se inician las negociaciones del regreso y es cuando el Obispo Trejo y Sanabria, eh, va a acordar con el provincial de la Compañía, Diego de Torres, el inicio nuevamente de las clases del Colegio Máximo, eh, y para eso va a firmar el Obispo Trejo una suerte de donación, un acta de donación en el año 1613, en junio de 1613, a través de la cual le va a donar una serie de bienes para poder sustentar esta enseñanza.
No hay toda este una narración al respecto en donde el obispo Trejo y Sanabria es como que iluminado por Dios se le ocurre y ofrece todos los bienes, este, a los jesuitas para la formación de esta institución de estudios superiores.
A Chile, a Santiago de Chile, cuando llegué, este lugar era un desierto. Un dos, tres, no más de cuatro clérigos adoctrinan en toda la diócesis. Tal es el obispado que encontré. Con ayuda de todas las órdenes pude llevar a más de 40 el número de sacerdotes en poco tiempo. Hay cosas que a cierta edad son muy difíciles de asimilar. La memoria es un artefacto divino. El recuerdo, un cálido defecto humano. Puedo recorrer con nitidez mi primer día en funciones hace 20 años. Mi primer mensaje: organizar la educación en todos sus niveles. La palabra que otrora dije con firmeza, con ímpetu de soldado, rebotan en estos muros tratando de encontrar aquel hombre solo. Que el hombre envejece. Noticias de la Compañía acerca de un inminente traslado del Colegio Máximo a Chile. Llamen al padre Torres.
Realizó tres sínodos en Santiago del Estero y en los tres, la lectura de estos sínodos, este, de este organizados por el Obispo Trejo y Sanabria, nos permiten interiorizarnos y conocer un poco cuáles eran sus obsesiones, sus preocupaciones educativas, cuál creía que era él, este, su función en el obispado del Tucumán. Realmente hay una fuerte preocupación por el nivel moral e intelectual de la gobernación, de los habitantes de la gobernación, no solo los de origen español, sino también los indígenas. La universidad es un espacio donde solo puede acceder la élite. Solo la élite puede estudiar, solo la élite puede enseñar. Y el perfil de los estudiantes son muchachos que provienen de las familias más tradicionales, son personas que pueden pagar, además la universidad, la universidad se paga, es costosa, se pagan los aranceles de los exámenes, se paga por el inicio de clases, se paga por las propinas que hay que dar en las colaciones de grado, se paga por acceder a los títulos de grado y, básicamente, el perfil tienen que ser fundamentalmente hijos legítimos y además cuya ascendencia no esté vinculada a judíos, a moros, a esclavos y a indígenas.
Por aquellos años funcionaba en Córdoba una comisaría del Santo Oficio que dependía del Tribunal de la Inquisición de Lima. Esta institución era uno de los instrumentos de control utilizados por la monarquía y en América tenía como misión hacer cumplir la ortodoxia católica. El Santo Oficio va a enfocar su control sobre la universidad y especialmente en quienes podían enseñar y aprender.
La Corona y la Iglesia buscaron asegurarse la pertenencia social de los egresados a través de la llamada prueba de sangre. Esta limpieza de sangre era un expediente que tenían que tramitar los estudiantes, por ejemplo, que ellos ya habían cursado, habían aprobado los exámenes, habían pagado todos los aranceles y muchas veces los expedientes no eran aceptados en la primera etapa. Jesuítica, los estudios que se pueden cursar son artes, es decir, filosofía y teología y cánones. Cánones es derecho canónico, básicamente. Con la llegada de los franciscanos se inician los estudios de derecho en el año 1791 y ya allí se puede hablar entonces de tres facultades.
Algunas de las descripciones más interesantes sobre la universidad de aquel entonces nos llegaron a través de las memorias del padre Florián Pau. Este sacerdote jesuita llegó a Córdoba en el año 1749 para terminar sus estudios de teología antes de partir a las reducciones guaraníes. Florián Pau era, era de Bohemia, originariamente de un lugar que hoy estaría en Polonia. Él nació hacia 1717. Cuando pasa por Córdoba, hace unas descripciones realmente magníficas. Nosotros, por ejemplo, les debemos muchas descripciones de la iglesia, de lo que era el Colegio Máximo, la vestimenta. Si bien este colegio tiene una pequeña biblioteca, está provisto asimismo por más selectos y modernos. Al frente de este colegio tienen otro edificio al estilo de un convictorio. Allí viven 70 alumnos o más. Lo denominan Colegio de Monserrat. En 1685 se está creando el Colegio de Monserrat. Es muy importante la creación de este colegio porque significativamente va a hacer aumentar el número de los estudiantes de la universidad.
El convictorio, para entenderlo en términos actuales, sería una residencia estudiantil. Convicto refiere a la vida en comunidad y se seguían unos estatutos que implicaban una vida comunitaria bajo normas de disciplina muy estrictas. Las crónicas de la época con respecto a la presencia de estos estudiantes que llegaban desde todas partes del Virreinato son muy simpáticas porque decían que apelaban al, digamos, estos estudiantes provocaban el desorden en la ciudad de Córdoba y en los en aquellas casas donde se alojaban. El convictorio, entonces, lo que intenta es reunir a estos estudiantes de la universidad y promover en ellos aquellas cualidades que la universidad como institución trataba de promulgar en sus egresados, en los futuros doctores.
Se fue enriqueciendo con una serie de, digamos, libros que trajeron los padres procuradores, eh, cuando volvían de Europa. Padres procuradores eran aquellos padres que viajaban llevando noticias de estos lugares, de esta tierra, pero a su vez volvían con una serie de objetos o de elementos que no encontraban acá y que entre ellos traían también libros.
En 1765, dos años antes de la expulsión, llega a Córdoba la imprenta y este funciona aquí en este sótano. Los jesuitas sabían, tenían algún conocimiento de que, este, la Corona no estaba muy contenta con con sus ejercicios en todo el mundo, en todo el mundo español, eh, es muy probable que supieran que iban a ser expulsados y la desarman a la imprenta al momento en que se efectúa la expulsión. Esto tiene por objetivo, eh, evitar que esta nueva tecnología, este tecnología de punta que posibilitaba la masificación de información, no cayera en manos peligrosas. Tan novedosa era la imprenta en ese momento que nadie supo cómo volver a armarla ni cómo usarla. Y lo que es muy llamativo es que esta imprenta que nace con los jesuitas y llega a Córdoba con un aspecto muy revolucionario, termina participando en Buenos Aires, eh, siendo la fuente para la impresión de los panfletos revolucionarios de Mayo y de lo que después va a ser la Gaceta de Buenos Aires, el primer diario que va a tener la Argentina.
Se planteaba que los jesuitas amenazaban la autoridad real. Entonces los Borbones, que tendían a la centralización del poder, temían que los jesuitas, como estaban, digamos, en las universidades y en la expansión del conocimiento, fueran peligrosos para esa estabilidad y esa y esa autoridad real.
Y a lo largo del siglo, por lo menos XVII y durante la primera mitad del siglo XVIII, en el caso de España, cuentan con el apoyo de la Corona, son los confesores de los Reyes y demás. Pero desde la segunda mitad del siglo XVIII, eh, el rol de confesores de los Reyes ya no lo tienen. Y a su vez, desde comienzo del siglo XVIII, en el caso español, con el advenimiento de los Borbones, se produce una centralización de un intento de centralizar y controlar el espacio político, económico y demás. Y los jesuitas, en ese sentido, funcionan como un estado dentro del estado y eso es lo que lleva a la expulsión de los jesuitas tanto de España y también de otros países europeos, pero en este caso concreto que nos cae de España y de sus colonias. Entonces, la orden de expulsión la da el Rey Carlos III en 1767 y esa orden es cumplida raja tabla en todo lo que es el espacio, en este caso del Tucumán, donde todavía, eh, no está creado el Virreinato del Río de la Plata. Esto forma parte del Virreinato del Perú.
La orden de expulsión determinaba que el clero secular tenía que hacerse cargo de la Universidad de Córdoba. Sin embargo, quedó en manos de los franciscanos porque se pensó que el clero secular, que había sido formado por los jesuitas, no era, digamos, la mejor opción ideológica y política para cambiar los planes de estudio, para cambiar las lecturas y para que entraran en las aulas la defensa de la monarquía y de sus privilegios. Entonces se opta por la orden franciscana, que no había sido formada precisamente por los jesuitas, para que se hicieran cargo de esta institución en Córdoba.
Tocan a la puerta del colegio, la portería, pidiendo confesión para un enfermo a las 3 de la mañana. Y cuando los atienden, le muestran la Real Pragmática que el Rey, en realidad, no da una razón, sino que dice, bueno, por distintas causas, etcétera, y al final termina por las razones que guardo en mi real ánimo. No tiene que decir por qué. El Rey.
300 años después de su expulsión, todavía podemos encontrar en la universidad las huellas de sus fundadores. Quizás uno de los espacios que mantienen vivo su legado sea la Biblioteca Mayor, heredera de la Librería Grande de los padres jesuitas.