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LA GRACIA 2025/12/12 El camino para recibir a María Santísima

fraynelson9:20

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Como todos los años, también este 12 de diciembre celebramos la fiesta de Nuestra Señora la Virgen María, en su advocación de Guadalupe. Quisiera hoy pedir la intercesión de San Juan Diego, aquel indígena que recibió el regalo inmenso de las apariciones de la Virgen María en el monte Tepellac, allá en México.

Quiero tomar el ejemplo de Juan, porque este querido Juan Diego o Juan Dieguito, como amorosamente le llamaba también la Virgen, este querido Juan Dieguito, pues nos está mostrando con su ejemplo cómo se recibe a María, cómo se aprende a hacerle caso a la Virgen María y cómo ella nos conduce hacia la gloria de Cristo. Hay cuatro cualidades principales que yo admiro en San Juan Diego. Es un hombre humilde, es un hombre piadoso, es un hombre caritativo y es un hombre que trabaja en su propia formación. Es decir, es un peregrino en su formación. Es un discípulo. Así que quedémonos con esas cuatro características en esta oportunidad. Un hombre, repito, humilde, piadoso, caritativo y discípulo.

La humildad es el lenguaje mismo del corazón de la Virgen. Fíjate como en su cántico María Santísima dice, "Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su sierva, de su esclava." Y en la anunciación, pues ya había dicho, "Aquí está la esclava del Señor." Bien se expresa así, María Santísima, seguramente porque es conocedora de aquel texto tan hermoso del profeta Isaías. "En ese pondré mis ojos,", dice Dios, a través de Isaías, "en que se estremece ante mis palabras. Y también el profeta Miqueas había dicho, "Se te ha mostrado, hombre, qué es lo que el Señor quiere de ti, que practiques la justicia, que ames la misericordia y que camines humildemente ante Dios." Sin la humildad es imposible ver las obras de Dios, porque la soberbia enseguece. Necesitas, necesitamos el don de la humildad para entrar en el lenguaje de Dios. Y María en Guadalupe es como un regalo, es como un mensaje de Dios para la humanidad. Así que punto número uno, la humildad.

Este es un hombre piadoso. San Juan Diego es un hombre de oración. Pero quiero añadir la palabra piedad, una palabra que no suena mucho hoy. Me parece que casi la palabra piedad o el adjetivo piadoso ha adquirido como un tono negativo. Yo no me acuerdo cuándo fue la última vez que escuché en una predicación viva que se dijera piadoso o piadosa de una persona en un tono auténticamente de reconocimiento, en un tono, podríamos decir, de elogio. Más bien casi parece que toda piedad fuera como una forma de escape, como un espiritualismo vacío o como una hipocresía. Pero resulta que la auténtica piedad, la que nos da el Espíritu Santo, porque uno de los dones del Espíritu es la piedad. La piedad es la que nos enseña a relacionarnos con Dios como hijos. De hecho, la palabra pietas en latín hace referencia al amor típico, al amor característico que hay entre padres e hijos, entre hijos y padres. Y San Juan Diego no es solamente un hombre que ora, que lo era, sino es un hombre piadoso. Es un hombre que tiene una relación delicada, amorosa, continua, una relación dulce de amor a Dios y de dejarse amar por Dios. Es un hombre piadoso.

La piedad que incluye un toque particular de delicadeza, es muy necesaria en la vida cristiana, pero sobre todo para acercarse a los delicados misterios del corazón de María. Porque en el corazón de María, la purísima, hay delicados misterios a los que hay que acercarse con sigilo, con respeto, con los pies descalzos o con las sandalias de San Juan Diego. Estamos hablando de la que es virgen y madre. Estamos hablando de la niña amadísima de Dios. No puedes entrar en ese jardín pateando y zapateando. Si quieres acercarte al misterio de María, necesitas un corazón piadoso.

Tercero, San Juan Diego es un hombre caritativo. Toda la historia de la Virgen de Guadalupe nos cuenta como él, que ya era un hombre que estaba hacia la mitad de su vida, diríamos, cercano a los 50 años de edad, cuidaba de un tío suyo que estaba muy enfermo y postrado, un hombre con caridad. San Juan Diego va a visitar a su tío en necesidad, como María Santísima fue a visitar a su pariente, una pariente mayor que tenía, que se llamaba Isabel. De alguna manera, cada una de estas cualidades que vamos nombrando de San Juan Diego era como un reflejo de el modo de ser de María. Estoy tratando de destacar como esas similitudes en medio de, por supuesto, una distancia muy grande, porque María es María, pero estoy destacando esas similitudes, porque esas similitudes nos están hablando de la sintonía que nos conecta, nos conecta con el amor de Dios, nos conecta con la Virgen.

Por último, él es un discípulo, un discípulo que va a su catecismo, que está conociendo más la fe, que tiene hambre de saber de Dios, hambre de conocer de los sacramentos y de la iglesia y de los sacerdotes y del evangelio y de la evangelización. Esta hambre de la verdad divina es característica del que tiene buena salud. Sabemos que cuando uno está enfermo, un síntoma típico en muchas dolencias es que se pierde el apetito. La persona no quiere comer. Además, siente que todo lo que come le cae mal. Pues bien, síntoma de buena salud espiritual es hambre de Dios, hambre de conocer su palabra, hambre de acercarse al catecismo, hambre de saber más. Y eso tenía San Juan Diego, tenía buena salud espiritual, por eso era discípulo, por eso quería aprender.

Hoy te invito a que tomemos el camino de San Juan Diego y salgamos al encuentro de María de Guadalupe, el camino de la humildad, de la piedad, de la caridad y del discipulado. San Juan Diego, ruega por nosotros. Santísima Virgen María, ruega por nosotros. Amén.