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Hemos venido leyendo, queridos amigos, esta maravillosa lectura del segundo libro de Samuel. Y escuchábamos el día de ayer la promesa que Dios le hace a David. Te voy a construir una casa. David seguramente quería edificarle un templo material. Un templo precioso, lujoso, como Dios se lo merece, pero lo aborda el Señor que todo lo sabe y le dice, "Yo a ti te voy a edificar una casa no material. Te voy a edificar una dinastía porque vas a permanecer para siempre."
Alguna persona podría decirme, "Padre, esa promesa se la hace Dios a este hombre porque era un hombre muy bueno, era un hombre muy especial, era un hombre temeroso de Dios, era un hombre santo, era un hombre justo." Y yo le digo, "No, no era un hombre muy humano como nosotros. Tan humano que un día cometió una gran falta. David escogido por Dios. Acuérdese en la elección de ese muchachito pequeño que está por allá pastoreando ovejas, Dios lo llamó. Pero Dios no lo llamó por bueno, Dios lo llamó para hacerlo bueno. Dios no lo llamó por capacitado. Dios lo llamó para capacitarlo. Y así es que trabaja Dios.
Acuérdense ese gran pecado de David. Alguna vez está mirando por la ventana de su cuarto y ve a una mujer en una terraza que se está bañando, está desnuda y este hombre empieza a sentir una gran tentación por esta mujer que era casada y empieza a echarle los perros y empieza detrás de ella y es capaz y llega a tal punto de mandar a su marido a la guerra desprovisto de pelotones que lo apoyen y termina siendo asesinado el esposo de esta mujer. Se le atribuye la muerte a David porque no solamente cometió adulterio, sino también asesinato. Y Dios que todo lo ve, y Dios que todo lo sabe, le habló y le recordó su pecado a él, que había sido por Dios elegido.
Pero David entra en una dinámica de arrepentimiento, queridos amigos. Y eso es lo que la palabra de Dios hoy nos quiere mostrar. Ese hombre elegido por Dios, porque no es un hombre improvisado. Ese hombre elegido por Dios es un hombre que se equivoca, pero es capaz de reconocer su error delante de Dios y es capaz de volver de rodillas delante del Señor. Y cuando una persona es capaz de reconocer su error, lo que más le puede molestar a Dios es la persona que se crea buena y se acerque a él con justificaciones. ¿Qué hace Dios en el corazón de un soberbio? ¿Qué hace Dios en el corazón de una persona que vive en una dinámica de negación? ¿Qué hace Dios en la vida de una persona que nunca acepta nada? ¿Qué hace Dios? Nada. Porque es que a Dios hay que dejarlo entrar. Mira que estoy a la puerta y llamo. Si me dejas entrar, cenaré contigo, dice el Señor.
Entonces, queridos amigos, el problema no es que David se haya equivocado. El problema de algunos hombres como David es que no quieren aceptar su error y su equivocación para volver a Dios, para que él los cure y le restaure la vida. David se equivocó, pero David vuelve a Dios con corazón arrepentido, tan arrepentido que el Señor lo bendice. Te voy a construir una casa. Te voy a construir una casa. Cuando el Señor le hace esta promesa, entonces David le dice al Señor, "Ahora pues, Señor, confirma la palabra que has pronunciado acerca de tu siervo y de su casa y cumple tu promesa." Y entra en una dinámica de reconocimiento de Dios, de exaltación de Dios, cuando con sus actos lo había negado. Y proclama un cántico y una alabanza al Señor. Tu nombre sea ensalzado por siempre de este modo. El Señor del universo es el Dios de Israel.
Atención, qué cosa tan bella es que cuando una persona ha sido tan bendecida por Dios, no se puede callar. Cuando una persona ha sido tan bendecida por el Señor tiene que gritar a cuatro vientos las bendiciones del Señor. Somos tan buenos a veces para contar la vida de los demás. Y el Señor nos dice, "No lo hagas así. Cuenta las bendiciones. Ustedes se imaginan a todo el mundo contando las bendiciones de Dios. Todo mundo contando las gracias del Señor, todo el mundo atribuyéndole a Dios las cosas maravillosas que acontecen en nuestra vida." Y entonces David empieza a hacer eso. Tú eres el Señor del universo, el Dios de Israel y la casa de tu siervo permanezca estable en tu presencia. Yo te construiré una casa, me has dicho, le dice David. Por eso tu siervo ha tenido ánimo para dirigirte esta oración. David no se quiere quedar callado. David se siente en deuda con Dios y siente que la única manera de empezar a pagar esa deuda es alabando y bendiciendo al Señor.
Ahí en ese detalle aparece una línea muy especial con el evangelio. Cuando una persona ha recibido algo, no lo puede guardar debajo de la cama. Amigos, la lámpara no se enciende para meterse debajo de la cama. La lámpara se enciende para ponerla en alto y que ilumine a los demás. Usted ha sido muy bendecido y se ha guardado la bendición debajo de la cama. Y el Señor hoy le está diciendo, "Tenés que evangelizar, tenés que contarle al mundo." Amigos, prender uno la televisión y escuchar lo que uno escucha, el discurso que escuchamos todos esta semana y ustedes saben de quién que nos dejó a todos nosotros vueltos nada. Una persona de esa ser incluso entrar en esa dinámica de retar a Dios con sus palabras irreverentes. No, el mundo no necesita personas así. El mundo necesita hombres y mujeres que griten las bondades y las bendiciones de Dios. El mundo nos necesita a nosotros como a David que le devolvamos la esperanza a los pueblos, a las familias.
Y por eso, queridos amigos, lo que Dios le está diciendo a usted es, "A mí no me importa que usted se haya equivocado como David. A mí no me importa que usted se haya equivocado como David." Es que hay personas que son felices trayendo a su hoy sus errores y sus caídas. ¿Ustedes creen que Dios tiene memoria? Si Dios tuviera memoria, nosotros estaríamos perdidos. La memoria de Dios se llama el amor. Y por amor el Señor es capaz de olvidar lo que nosotros vivimos recordando todo el tiempo. A Dios no le importa que usted se haya equivocado. A Dios lo que le importa es que usted cada día sea mejor, que usted sea capaz de trabajar en su pecado, que usted sea capaz de trabajar en su error.
Padre, ¿y si yo trabajo en esas cosas? Si usted trabaja en esas cosas, prepárese. ¿Para qué? Para las bendiciones. Le van a llover bendiciones que usted le va a decir al Señor, "Señor, pare, pare." Le van a llegar bendiciones todo el tiempo, todo el tiempo. Porque Dios, como a David, al que vuelve a él, le promete reconstruirle la casa. No se guarde lo que Dios le dio. ¿Dónde empiezo, padre? Empieza en su casa. Empiece en su casa donde la luz está debajo de la cama. Empiece en su casa donde a usted ya no le creen. Empiece en su casa donde usted ha causado tanto dolor. Empiece en su casa donde usted a veces trata mal a todo mundo. Empiece en su casa donde usted descarga su cansancio sobre sus hijos. Empiece en su casa donde usted ha maltratado una mujer que le apostó a su vida y ha venido envejeciendo a su lado. Empieza en su casa donde se siente un ambiente de desamor. Allá tenemos que empezar. Saque la lámpara debajo de la cama y póngala en alto y usted verá cómo empieza Dios a brillar.
Que nos conceda el Señor esta gracia y nos señale el camino para que nosotros todos los días seamos capaces como David de reconocerlo como nuestro Dios y de ensalzarlo. Digan conmigo, amén.