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[Música] Educación. Damos la más cordial bienvenida a Andrés y le agradecemos su estancia en Cero a con nosotros. Muchísimas gracias, maestro. Poner las fechas nos incomoda porque nos dilata de cuán viejos estamos, pero bueno, muchas gracias por tan amable introducción. Eh, gracias a Codesin. No veo a su director eh aquí, eh, pero por por algún lado de andar. Como verán, eh, no traje la copia adecuada, pero bueno, vamos a hacer la cosa informal. Gracias a Codesin, gracias a todos los consejos empresariales presentes por haberme invitado. Eh, es un gran placer poder hablar de eh la educación, la competitividad, el desafío de México y de América Latina en general en esta era que estamos viviendo.
Como algunos de ustedes saben, en los últimos años pasé mucho tiempo yendo a varios países del mundo, a China, a India, a Finlandia, Israel, a Suecia, a varios países que se han destacado por haber avanzado muchísimo en educación, en ciencia y tecnología. Y la idea era ver un poco qué están haciendo estos países y por qué están avanzando estos países tanto más rápido que nosotros en educación, en ciencia y tecnología, y reduciendo la pobreza tanto más rápido que nosotros. Y el libro, después de recorrer estos países, va, viene a México, a Brasil, Argentina, varios países de América Latina, y trato de encontrar qué es lo que nosotros no estamos haciendo y por qué es que todos estos países están creciendo y reduciendo la pobreza tanto más rápido que nosotros.
Y el libro se llama "Basta de Historias". Mis amigos maliciosos me decían, es un libro sobre la educación, es un libro sobre educación, sobre ciencia y tecnología, pero mis amigos maliciosos decían que si ponía la palabra educación en el título, no lo iba a leer nadie. Entonces tuve que buscar otra vuelta. Y la vuelta que encontré fue, como decía el maestro recién, este libro sale en un momento en que muchos de nuestros países están celebrando nuestros centenarios o bicentenarios. Y una de las cosas que encontré en este viaje por todos estos países es que mientras los latinoamericanos periodísticamente hablan sobre cosas que pasaron hace muchos años, curiosamente eso no se ve en China, en India, en países que tienen historias mucho más antiguas que las nuestras, milenarias. Ellos están mirando para adelante, hablando de educación, de ciencia, tecnología.
Una de las cosas que siempre cuento, pero que mejor ilustra esto, es que la cuento en el libro también. Cuando llego a Singapur y cambio unos dólares en el aeropuerto para para tomar un taxi para ir al hotel, y el el hombre en la casilla me da el dinero de Singapur. Me sorprendió sobremanera lo que vi en los billetes. O sea, ¿qué tenemos nosotros en México en la parte de atrás de nuestros billetes? Nuestro C de la Independencia. Lo mismo en Estados Unidos, lo mismo en todos los países latinoamericanos. Ellos tienen, es un billete de 2 de Singapur, es el billete más chico, no hay billete de dólar, o sea, el el de mayor circulación, una universidad, un profesor, estudiantes, y abajo una palabra: "Education", educación. O sea, estos países están obsesionados por la educación. Y eso me hizo pensar, ¿qué está pasando en nuestros países? Nosotros, unos más, unos menos, estamos todos obsesionados con nuestros pasados.
El año pasado, los millones de dólares, ustedes recordarán, que se gastaron nuestros gobiernos en los festejos del Bicentenario en toda América Latina, cientos de millones de dólares. Algunos países llegan al caso ridículo de Venezuela, que renombra los países en base a próceres del pasado. La República Bolivariana de Venezuela. Bueno, cambiaron toda la to, toda la papelería estatal, el nombre del país. Eh, Chávez habla horas todos los días al país frente a una imagen de Bolívar. Bueno, puede ser que Bolívar, y muy probablemente ha sido un gran hombre, un gran prócer, pero estamos hablando de próceres de hace 200 años, la mayoría de los cuales murieron no solo 150 años antes de la invención del internet, murieron antes de la invención del teléfono. Era otro mundo. Y muchos de ellos, Bolívar incluso, como como decía recién, eran grandes hombres en su momento. Pero usar lo que decían estos grandes hombres como guía para lo que tenemos que hacer en un mundo interconectado y globalizado como el de hoy, es relativo. Yo diría que en la mayoría de los casos no procede.
Entonces, esta obsesión nuestra con el pasado nos está llevando a niveles ridículos. Estamos desenterrando a nuestros muertos en todos lados. O sea, en Venezuela, no sé si ustedes recordarán, hace dos años, hace un año, Chávez desenterró los restos de Bolívar, ¿se acuerdan? O sea, paralizó el país porque Chávez se metió en la cabeza de que eh Bolívar fue asesinado por la oligarquía. Todos los historiadores coinciden en que el prócer murió de tuberculosis. Pero bueno, el presidente de Venezuela se metió en la cabeza de que fue asesinado por la oligarquía, nombró una comisión presidencial, dedicó no sé cuántos millones de dólares a todo este tema, paralizó el país para la exhumación de los eh de los restos de Bolívar y y puso una... Muchas gracias. Puso eh cadena de televisión por dos días seguidos en música fúnebre. Abrieron el el cajón, sacó una bota por ahí, ustedes recuerdan, lo habrán visto en televisión, ¿no? Y eh, el chiste de la oposición venezolana en ese momento era que Chávez no le mostró a Venezuela los restos de Bolívar, sino que le mostró a Bolívar los restos de Venezuela. Eso es otra historia.
El hecho es, el hecho es que eso no es una locura única de Venezuela. Está pasando en todos los países. En Centroamérica, el año pasado, el presidente de Honduras, el expresidente de Honduras, lo sacaron del golpe. Cela fue a El Salvador. Está todavía de tono de presidente. Fue que en la decoración, en la condecoración, el presidente de El Salvador le dice, eh, "Muchas gracias por venir, por aceptar esta condecoración". Y Maya dice, "Bueno, muchas gracias, aprovecho la oportunidad para exigir que El Salvador nos devuelva los restos de nuestro prócer de la Independencia, el general Morazán". Bueno, Sermas de Caín, el salvadoreño, por supuesto, dijo que no. Durante meses, años, eh, los periodistas, los columnistas, los políticos peleándose si el cadáver de Morazán tiene que estar en Honduras o en El Salvador. Y la cosa se complicó más porque ahora no me acuerdo bien los detalles, pero creo que Morazán nació en un, no sé si en El Salvador, lo asesinaron en Costa Rica y se murió en Honduras o al revés. Pero el hecho es que los tres países ahora, bueno, al final no sé, creo que terminaron una solución salomónica de que iban a hacer una especie de turismo necrológico, que lo iban a mandar seis meses a cada lado. O sea, estamos ocupando nuestro tiempo, nuestra agenda política. Bueno, en menor medida, eh, lo mismo pasó en Ecuador hace un año. El presidente Correa eh determinó de que los restos de uno de los héroes nacionales, eh, el Alfaro de Ecuador, tenían que desenterrar de, creo que estaban en en, ¿cómo se llama la ciudad costera? Guayaquil, y tenían que ir a un nuevo monolito que le estaba haciendo en Montecristi. Entonces, los nietos, los tataranietos, pelea nacional, periodistas, todos discutiendo dónde tienen que descansar los restos de Loy Alfaro. Al final, creo que también lo partieron en dos, creo que pusieron la mitad de las cenizas en una... Bueno, bueno, y en otro país que no voy a mencionar, el año pasado sacaron a 10 héroes de la independencia de un lado para poner el otro con desfile nacional. Bueno, no se armó tanta, tanta batahola como como en otros países, pero un poco la idea es que estamos demasiado obsesionados con el pasado y demasiado poco obsesionados con el futuro.
Ahora, yo no estoy diciendo, cuando mi libro se llama "Basta de Historias", obviamente no estoy diciendo que nos olvidemos de nuestras historias. O sea, nuestros países, y especialmente un país como México, y especialmente una región como el norte de México, tienen buenas razones para estudiar la historia, para tener la historia presente. Pero lo que sí digo es que cuando se nos va la mano y se convierte en una obsesión, eso nos distrae de lo urgentísimo que son la educación, la ciencia, la tecnología, todo lo que tiene que ver con la cultura del conocimiento. Y ahí tenemos un gravísimo problema. Los latinoamericanos, no solo los mexicanos.
Ahora, muchos de ustedes se preguntarán, bueno, ¿y dónde está dicho que la educación es un pasaporte para la prosperidad? Todos los políticos dicen, tenemos que mejorar la educación, la educación va a ser mi primera prioridad, todo mi campaña, todo mi futuro va a ser basado en mejorar. Todo eso, pero por supuesto no lo hacen. Pero lo que lo que mucha gente no entiende es por qué. Y el motivo es muy sencillo. Estamos viviendo en la era de la economía del conocimiento, donde los productos de alto valor agregado, los productos del conocimiento, valen muchísimo más que las materias primas. Ustedes en Sinaloa son un estado eminentemente agrícola, producen alimentos, entre otras cosas. Entonces, la gran pregunta es, ¿cómo se aplica esto a un estado productor de alimentos? Bueno, uno de los ejemplos que yo siempre uso es el ejemplo de una taza de café. Producen café en Sinaloa, no, pero doy el ejemplo del café. Después vamos a otros. Una taza de en Michoacán producen café, no, en Chiapas, en Chiapas, en Veracruz. Una taza de café que uno toma en un Starbucks en Estados Unidos cuesta unos $2.50, más o menos. ¿Qué porcentaje de esos $2.50 que paga un consumidor en Estados Unidos por una taza de café mexicano vuelve al productor de café mexicano? ¿Qué porcentaje? ¿20%? ¿3%? El 99% de lo que uno paga por una taza de café mexicano, colombiano, brasilero, donde sea, en una cafetería en Estados Unidos, en Europa, donde sea, va al que hizo la ingeniería genética del café, el procesamiento, la mercadotecnia, el branding, la distribución, etcétera, etcétera, etcétera. Todo lo que tiene que ver con la economía del conocimiento.
Uno puede decir, bueno, estamos produciendo manufacturas. Veamos una manufactura típica. Yo en el libro cuento el caso de una camisa polo de Ralph Lauren. Hice el siguiente experimento. Las producen en México, en Perú, en varios países latinoamericanos. Me fui a una tienda en Miami y busqué las polos, las la más común de todas, la de manga corta, el cuellito, la más común de todas. ¿Qué porcentaje de esos vuelven al que hizo fabricó esa camisa en México? ¿8%? El 92% va al que hizo al ingeniero textil que inventó el color, al diseñador que se le ocurrió el polito, la figura del tenista, a los que hicieron la distribución, la mercadotecnia, la propaganda, etcétera, etcétera, etcétera. Llamé, o sea, cuando compré esa camisa, decía "Made in Peru". Me metí en internet, empecé a averiguar quién hace estas camisas Ralph Lauren en estas en en Perú. Un poco tarde, eh. Hablé con el dueño de la de la fábrica que las produce y el hombre me dice, "Mira, interesante que me preguntes, porque tanto en Perú como en México, como en varios otros países, las producimos enteras. No solo producimos la camisa entera, le ponemos la etiqueta, las barritas, el precio, la envolvemos en celofán, le ponemos los alfileres. Literalmente llega a Estados Unidos 100% como llega a la tienda. Va a un centro de distribución y de ahí va a Miami y otros lados". No le ponen literalmente un alfiler, pero a Perú vuelve un 8%. O sea, está, estamos en la era de la economía del conocimiento, donde cualquier producto, producto de la educación, vale muchísimo más que cualquier producto, producto de una manufactura, de un acto mecánico, o de recoger café, o recoger tomates, o lo que sea. Eso no quiere decir, por supuesto, que no tengamos que producir alimentos o eh o manufacturas. Lo que quiere decir es que tenemos que meterle valor agregado a ese tomate para que sea más grande, más lindo, más rico, más eficientemente producido, más resistente a las plagas, al clima, etcétera, etcétera. Y eso se hace con mejor educación, mejor ciencia, mejor conocimiento.
El segundo motivo por el que es tan importante, bueno, ni hablar. Para usar un ejemplo más incluso más fácil de entender, o sea, ¿quiénes son quiénes son los hombres más ricos del mundo? ¿Y qué materia prima produce Carlos Slim? ¿Cuánto café produce Carlos Slim? Bill Gates, ¿dónde se puede tocar lo que hace Bill Gates? Warren Buffett. O sea, todos los hombres más. Estamos en la era de la economía del conocimiento, donde un programa de computación vale más que millones de toneladas de una materia prima. Google, la empresa Google, vale más que varios países latinoamericanos juntos. Ese es el mundo que estamos viviendo. Y eso no va a cambiar a raíz, a pesar de la crisis.
El segundo motivo por el que es tan importante apostarle a la ciencia y la tecnología es que después de la crisis del 2008 ha cambiado totalmente la economía mundial. Yo le pregunté a varios economistas, entre ellos a Joseph Stiglitz, el ganador del Nobel, que es un economista alternativo, o sea, es el ídolo, digamos, de los progresistas de izquierda en todo el mundo. Cómo la ve, a ver si yo estaba curioso a ver esto que yo estoy diciendo es algo que están moviendo los economistas liberales, el Fondo Monetario, el Banco Mundial. ¿Qué piensa alguien más alineado con un pensamiento más de izquierda? Y me dijo, "Pero totalmente". Me dijo, "Aún más, hoy día después de la crisis, es aún más necesario producir productos de alto valor agregado, porque el pastel de la economía mundial se achicó. Estados Unidos, la economía de Estados Unidos, la economía de Europa es más pequeña de lo que era antes. Entonces, un país como México tiene que competir más contra Pakistán, India, China, tantos otros países, porque el pastel es más chico. Entonces, la manera de competir ya no es tanto como era antes, firmando nuevos acuerdos de libre comercio, porque casi todos los países ya lo han hecho con casi todos los países, sino inventando nuevos productos. La forma de competir hoy cada vez más no es ganando acceso a los mercados, sino inventando nuevos productos".
Y la última razón por la que que quiero compartir con ustedes, por qué es tan importante todo esto, es que nosotros, los periodistas, los políticos, los economistas, estamos fallando en la tarea de reducir la pobreza más rápidamente. Y esto los asiáticos lo entendieron y nosotros los latinoamericanos, porque nos estamos concentrando exclusivamente en la economía en lugar de concentrarnos en la educación. ¿Cuál es el parámetro que usamos todos los periodistas, los políticos, los empresarios para medir el éxito económico de nuestros países? El crecimiento productivo. Decimos, México va a crecer un 4%, qué bueno. Brasil va a crecer un 5%, etcétera, etcétera. Y el crecimiento, obviamente, es importantísimo. Sin crecimiento no puede haber distribución. Pero lo que se dieron cuenta los asiáticos y lo que no nos hemos dado cuenta los latinoamericanos es que el crecimiento económico solo, si no está acompañado por una mejora en la calidad educativa, no va a reducir la pobreza tan rápido como cuando está acompañado de una mejora en la calidad educativa. Por un motivo muy sencillo: porque la economía de México puede crecer, pero ¿quién se beneficia más de ese crecimiento? Nosotros, los empresarios, los que trabajamos para una empresa, los que estamos insertados en la economía [Música] formal. La señora que está vendiendo limones en la calle, que no tuvo acceso a una educación de calidad, que no tuvo acceso a un empleo formal en la economía formal, no va a tener tanto acceso a los frutos de ese crecimiento económico como los que estamos en estas aulas. Para que esa señora pueda ser integrada a la sociedad, sacada de la pobreza, y sus hijos sean sacados de la pobreza, tenemos que darle la educación que le permita acceder a un empleo que se beneficie del crecimiento económico. Si no, siempre se va a quedar marginada.
Nosotros estamos demasiado concentrados en la economía y demasiado poco concentrados en la educación. Y hasta que no entendamos que una sin la otra no nos va a ayudar a reducir la pobreza como lo están haciendo los países asiáticos, nos vamos a quedar cada vez más atrás. Y ahí tenemos un enorme problema en América Latina, porque todos los los índices, todos los eh, todos los eh eh rankings, todos los eh las mediciones que hay sobre cómo estamos en América Latina, salimos pésimamente parados. Déjenles darles algunos ejemplos rápidos. En el test PISA, ¿conocen el test PISA? Es un test de jóvenes de 15 años que se hace en 65 países de todo el mundo en comprensión de lectura, matemáticas y ciencia. Se hace en 65 países. En todos los países, casi todos los años, los asiáticos salen primero. Los asiáticos y los finlandeses. De los 65 países, México salió el año pasado en el puesto 48. Y no está tan mal, que mejor salió en América Latina, solo el 44, Chile, 42, Argentina en el 58. Estamos todos en los últimos puestos de la lista.
En el ranking de las 200 mejores universidades del mundo, hay tres rankings. Uno está hecho en Londres por el suplemento educacional de Times. El otro está hecho en Londres también por una empresa que se llama QS. Otro está hecho en China por la Universidad de Shanghai. En ninguno de los rankings hay una sola universidad latinoamericana. La universidad que mejor sale parada en el ranking del Times, no hay una universidad latinoamericana entre las primeras 200 del mundo. En el ranking chino, hay una o dos entre las 150 y la 100 y la 200, perdón. Y en el tampoco hay. En el ranking de QS, que salió la semana pasada, hay una universidad latinoamericana, la Universidad de São Paulo, en el puesto 169. Ahora pensemos un poco en qué significa esto. Nuestros países, México, Brasil, están entre las 12 economías más grandes del mundo. La lógica dice que tendríamos que tener una universidad, bueno, si no entre las primeras 12, entre las primeras 20, 30, 40, 50, 100. No tenemos una entre las primeras 200. Estamos muy, pero muy atrás.
Tercer ejemplo. En nuestros países, no veo muchos estudiantes, por suerte, porque me van a matar a la salida, pero lo cierto es que tenemos las vacaciones más largas del [Música] mundo, ¿cierto? Miren, nuestros chicos, nuestros niños tienen un año escolar promedio de 180 días. En México son 200 días. En Japón el año escolar es de 243 días. En Corea del Sur es de 220 días. En México, oficialmente, es de 200 días. No hace falta que les cuente. Algunos estados. Se estuve hace unos meses en Michoacán, me decían que Michoacán, por las huelgas de maestros, con suerte llegan a 150, 140, 150 días. O sea, que ya de partida, un niño japonés va a la escuela casi 100 días más por año que un niño mexicano. Olvidémonos de la calidad de los maestros, olvidémonos de la calidad de las escuelas. Ya, y solo nos llevan una ventaja impresionante. Y eso sin contar las horas del día.
Una de las cosas que yo hice en China y en Singapur y en todos estos países fue ir a estas escuelas nocturnas. Todos estos países, repletos de escuelas privadas, institutos privados nocturnos, donde van los niños después de horas, después de la escuela. En China, le cuento rápido esto porque ejemplifica lo que quiero decir mejor que nada. Fui a un instituto privado de inglés. Esto fue la primera vez que fui a nuestros institutos, fue hace como unos 3, 4 años, eh, en Beijing. Solo en ese momento había 100 institutos privados de inglés. Fui, entrevisté al director del instituto y le pedí que me muestre aula. Entonces, el hombre me llevó, caminamos por por los corredores y le pedí que yo elija el aula, no quería que me lleve el aula, o sea, todos los chicos genios, ¿no? Y dio adelante. Entonces, a ver, vayamos a esa aula. Entramos. Lo primero que vi que me me impresionó eran las 9:30 de la noche y los chicos y las chicas estaban en uniforme escolar, con los que se habían despertado a las 6:30 de la mañana. Qué sufrimiento. Dicen aquí, ahora vamos a eso. Ese es el mundo con el que estamos compitiendo.
Entonces, me el el director dijo algo en chino que yo, por supuesto, no entendí. Dijo, "Bueno, aquí viene un periodista extranjero, están todos los chicos". Jua, se rieron todos, no sé de qué. Y yo me senté en una punta y empecé a mirar la clase. Y en realidad, no había nada espectacular en términos tecnológicos. O sea, era una profesora, un pizarrón, alumnos en las primeras dos hileras, profesora escribiendo frases en inglés. O sea, tecnológicamente, realmente ni ni en el edificio, el edificio no era nada, nada especial. Pero después de unos minutos, cuando observaba lo que estaba pasando ahí, se me puso la piel de gallina, porque ahí vi una cosa que me me me chocó y dije, "Esta es la clave de todo". Y lo que vi es lo siguiente: estaban en la primera fila los chicos y las chicas de de 10, 12 años, como dije antes, en sus uniformes escolares. Después había como 10, 15 hileras vacías y atrás, en la última fila, estaban los abuelos y las abuelas durmiendo, haciendo crucigramas, haciendo tiempo. Y eso lo que me estaba diciendo es que las familias chinas invierten todo su tiempo y y todo su dinero en la educación de sus hijos. Tienen una cultura familiar de la educación. Nosotros no la tenemos.
Cuando entrevisté al ministro de Educación en China y hablamos de la cantidad de estudiantes chinos en Estados Unidos, son como 100,000. México tiene 13,000. Claro, hay muchos más chinos que mexicanos. Pero uno también puede decir, bueno, México está al lado. Yo dije, bueno, yo me imaginé que los chinos, un país comunista, los mandan. Yo pensé, bueno, claro, esto es un país, una dictadura comunista, los deben agarrar, deben hacer una redada, el mejor estudiante de cada clase, los deben poner en un buque, los deben mandar a Estados Unidos, los traen a los 4 años y los ponen a hacer zapatillas Nike por 65 centavos la hora. Pero no. Para mi sorpresa, como el 90% de estos estudiantes chinos, más del 90%, no van becados por el gobierno, van becados por sus familias. La familia oriental. Y esto no solo en China, lo mismo uno lo ve en Singapur, lo mismo lo ve en Corea. En Corea, más que en China todavía, la familia, la familia promedio ahorra el 33% de sus ingresos para la educación de sus hijos. Nosotros, en nuestras culturas, no. O sea, nos vamos a dis, nos compramos el plasma, nos compramos el nuevo carro, no tenemos esa cultura de la educación que tienen los orientales. Y en China, eso es todavía aún más que en varios otros países. Lo mismo va para India. La familia india ahorra lo que no tiene para la educación de sus hijos. Pero en China, esto es más visible todavía, porque ellos tienen esta política que ustedes conocen del hijo único. Entonces, el mapa familiar de una familia china son dos padres, es un triángulo invertido, dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos si los hay, todos invirtiendo todo su dinero y todo su tiempo en la educación del pequeño emperador o la pequeña emperatriz. Ese es el mundo con el que estamos compitiendo.
Y entrevisté a uno de estos chicos que estaban en primera fila, o sea, en las primeras dos filas, chico de 9 años, en inglés es impresionante la diferencia. En China, cuando uno va por la calle y pide direcciones, ningún chino de más de 20 años entiende una palabra en inglés. A los taxistas, en el hotel te dan un papel escrito, no sé, en chino, y se lo das al taxista. El taxista no sabe decir ni sí en inglés. Pero los chicos jóvenes ya sí. Entonces, entrevisté a uno de estos chicos de 8, 9 años y le pregunté, a ver, cuéntame un día, un día típico tuyo. Y el chico me cuenta, bueno, me levanto a las 6:30, mi papi me trae a la escuela, estudiamos hasta las 3:30, 4 de la tarde, después tenemos estudios hasta las 6, después mi abuelito me busca y me trae acá al instituto privado donde estudiamos hasta las 9:30, 10, no me acuerdo de la noche, y mi abuelito me lleva a casa, o sea, cenamos y después, no me acuerdo, tenía clase de violín a medianoche, una cosa que no termino. Estaba agotado de escucharlo. Ese es ese es el mundo con el que estamos compitiendo. Los orientales están invirtiendo todo su tiempo y todo su dinero en la educación de sus hijos.
Y eso lleva a quizás lo que tiene más impacto económico, que es todo el tema de la educación superior. Mientras nuestros estudiantes en América Latina estudian humanidades o ciencias políticas o abogacía, en India, en China, están produciendo ingenieros, científicos y técnicos a granel. Una vez escribí una columna hace como 2, 3 años, mirando nuestros presidentes en América Latina y comparándolos con los asiáticos. Es muy interesante. Nuestros presidentes son todos abogados que hablan bonito. Allá son todos ingenieros. O sea, en América Latina, a ver, tenemos casi todos abogados, un que otro, a ver, eh, un que otro médico por ahí, pero el 90% son abogados. El presidente Hu Jintao en China es un ingeniero hidráulico. El presidente de India es un economista obsesionado con la ciencia y la tecnología. Pero son casi todos ingenieros en casi todos los países asiáticos. Y nosotros, o sea, los campeones de todo esto somos los argentinos. En la Universidad de hay 28,000 estudiantes de psicología y 8,000 estudiantes de ingeniería. Es un disparate total. Estamos produciendo tres psicólogos para lavarle el coco a cada ingeniero. Es un disparate absoluto. En México pasa un poco lo mismo. Con los historiadores en la UNAM, en México, la última vez que me fijé, hace como dos años, ahora no tengo el dato exacto en la mano, está el libro, pero si no me equivoco, había tres veces más estudiantes de historia que de ciencias de la computación. Estamos produciendo demasiados psicólogos y sociólogos y demasiados pocos ingenieros y técnicos. Y eso nos da pocas patentes.
En el mundo de hoy, los países que más avanzan y más reducen la pobreza son los países que producen más patentes, más nuevas invenciones. La camisa polo Ralph Lauren de $50, donde el productor de la camisa que la manufactura se lleva el 8%, ¿quién se lleva la mayor parte? El que patentó el polito. Parece ridículo, podemos estar en contra, podemos patalear, podemos decir que es injusto, pero esa es la realidad y va a seguir siendo la realidad. El diseñador gráfico que inventó el polito se lleva muchísimo más que las miles de personas que cosieron la camisa y la tiñeron y la cortaron y todo eso. Y ahí tenemos un problema terrible. Fíjense, Corea del Sur, un paisito que hace 40 años era muchísimo más pobre que México. A ver, si tengo el dato acá, lo tengo en el libro. Creo que el ingreso per cápita de hace 40 años, en los años 70, era el doble en México que en Corea del Sur. Un país pobrísimo. Bueno, el año pasado Corea del Sur registró 8,800 patentes en el registro de patentes y marcas más importante del mundo, de Estados Unidos. 8,800 patentes internacionales. ¿Cuántas registró México? 60. 8,800 de Corea del Sur contra 100 del país latinoamericano que más patentes registró, Brasil. 60 de México, 45 de Argentina. O sea, nada. No estamos inventando nada, no estamos produciendo nada. Porque no tenemos, o por ahí los tenemos y a eso voy ahora, y no les estamos dando cancha a los científicos y a los tecnólogos para producir invenciones rentables para nuestros países.
El martes pasado escribí una columna sobre Steve Jobs, la muerte de Steve Jobs, y la escribí a raíz de una un Twitter que recibí de alguien en España que me decía, "Si Steve Jobs hubiera vivido en España, nunca hubiera llegado a nada, porque está prohibido iniciar una empresa en tu garage y nadie te hubiera prestado un cobre". Pero es cierto. O sea, Steve Jobs fue un producto de su genialidad y de sus circunstancias. En México debe haber muchos Steve Jobs, los hay. Lo subo, el que inventó la televisión en color, pero sin un entorno que facilite la innovación, que permita registrar una empresa, que proteja la propiedad intelectual, que no le roben la idea, y una cultura de tolerancia con el fracaso, que en muchos de nuestros países no tenemos y que existe en ese mundito pequeño de Silicon Valley en California. Steve Jobs fracasó cuando hace su computadora Apple, la desarrolla, convierte Apple de una empresa de un garage, de una casa, un chico de 20 años, en un monstruo internacional de 2,000 millones de dólares y 40,000 empleados, y después lo echan en una puja entre los accionistas, lo votan. Bueno, después él dice que esa fue lo que lo impulsó a inventar muchísimas cosas más. Pero cuando lo echan, lo interesante para nosotros como latinoamericanos es que cuando lo echan, empieza a inventar otras cosas y los inversionistas empiezan a ponerle plata. En muchos de nuestros países, alguien que votan de una empresa lo ven como fracasado. No, ese ya le pasó la hora. Hay en esa cultura innovadora de Silicon Valley, como la que hay en varios países que se están están despuntando en eh en ciencia, en tecnología, eh existe una tolerancia social con el fracaso individual. Los innovadores inventan, inventan, y cinco de cada 10 inventos no, o ocho o nueve de cada día, no llegan a nada, pero eso está asumido socialmente. Un innovador es eso, alguien que toma chances, a veces y a veces no.
Vuelvo a las patentes. De todas las inversiones mundiales en investigación y desarrollo, ¿cuánto se invierte en América Latina? Menos del 3%. Entonces, no estamos entendiendo la importancia de mejorar la calidad educativa, producir tecnología, producir inventos, producir más productos de valor agregado. Entonces, quiero terminar con dos cosas. Una, me adelanto a lo que varios de ustedes, ¿cómo vamos a invertir en alta tecnología cuando todavía tenemos muchísimos, si no analfabetos, semianalfabetos, gente marginada, gente que necesita urgentemente aprender a leer y escribir bien? Y les contesto con algo que vi en India. Que me llama mucho la atención. India, como ustedes saben, es muchísimo más pobre que México. Hoy día es un BRIC, es un país ascendente, una potencia mundial emergente, pero tiene muchísimo más pobres que México. Una pobreza, no sé si alguno de ustedes estuvo en India, pero o sea, es impresionante ir por la calle ahí y ver la gente durmiendo por la calle. Pero hace 60 años, Nehru, el entonces Primer Ministro de India, era un hombre muy cercano al entonces bloque soviético. Se metió en la cabeza de que iba a ser centros de alta tecnología, universidades super elitistas de alta tecnología para convertir a India en una potencia tecnológica. Y los periodistas, los políticos, los académicos, o sea, todos lo criticaron como locos. Le dijeron, "Pero eso es un disparate. Tenemos 80% de analfabetismo. ¿Cómo vamos a dedicar los recursos que tenemos a hacer universidades elitistas para decir científicos de de alto vuelo?". Bueno, Nehru se emperró, se lo metió en la cabeza, dijo, "No importa, sigo adelante, yo lo voy a hacer". Y creó siete institutos de alta tecnología. Invitó a cada una de las potencias mundiales a poner uno. O sea, el de Nueva Delhi invitó a MIT de Estados Unidos. El de Mumbai, creo que invitó a los rusos. En otra ciudad, a los alemanes. Y creó siete institutos tecnológicos. Hoy día están entre los mejores del mundo. Para que se den una idea, para entrar en el Instituto Tecnológico de Nueva Delhi, entra un estudiante de cada 178. En Harvard, entre uno de cada 10. Para que vean qué competitivo que es. Y eso fue lo que permitió que India se convirtiera en una potencia tecnológica. Eso es el motor actual de la economía india, la informática, los ingenieros en sistemas, los ingenieros en computación. Eso fue lo que salvó a la India y eso es lo que ha logrado sacar de la pobreza a 300 millones de indios.
Entonces, la respuesta no es dejar de educar a los analfabetos, por supuesto que no. Pero la respuesta es hacer las dos cosas, las dos cosas al mismo tiempo. Producir educación de calidad para enriquecer al país y tener más que distribuir. Entonces, para terminar y para redondear, ¿qué deberíamos hacer? En el libro doy 12 claves, 12 cosas que vi en este viaje por todos estos países que a mí me parece serían fácilmente adaptables para un país como México. Dejen, no voy a descontarle las 12 porque entonces nadie lo va a leer, pero le voy a voy a compartir con ustedes una o dos o tres. La primera, la que decíamos antes: tenemos que mirar más para adelante y sin sin dejar de mirar para atrás, un poquito menos para atrás. Segundo, tenemos que reconocer lo mal que estamos. No tener un discurso triunfalista. En el libro, una de las primeras anécdotas que cuento en el libro fue cuando lo entrevisté a Bill Gates y le pregunté, a ver, usted que conoce el mundo como pocos, puso Microsoft en todos los países del mundo, que lidia todo el día con los chinos, con los indios, con con todos, a ver, ¿cuál es el secreto? ¿Por qué algunos países crecen y reducen la pobreza más que otros? Y Gates lo tenía, lo tuve en el programa de televisión, no, y no lo dudó un instante, me dijo, "La humildad". Dijo, "La humildad". Dijo, "Sí, sí, la humildad. Los países", me dice, "que creen que están mal y que viven mirando alrededor, comparándose con los otros, se fuerzan mucho más en superarse que los que creen que están bien". Y es totalmente cierto. O sea, en China, cuando cuando yo fui a China a entrevistar a los funcionarios del Ministerio de Educación y les preguntaba por qué, cómo han hecho ustedes para mejorar tanto la educación, ninguno de ellos me decía, "Bueno, hemos hecho esto y lo otro, somos una fortaleza educativa, hemos...". No, todo lo contrario. Decía, "Mira, ojo, no, no estamos tan bien. Los indios están haciendo las cosas mucho mejor que nosotros". Voy a India, visto los funcionarios en India y mira, "Cuidado, nosotros todavía tenemos much, no estamos bien. Tendrías que ir a Singapur, ahí están haciendo bien". O sea, viven mirando alrededor, tirando piedras, construyendo puentes, que el de al lado la está haciendo mejor. Y eso lo lleva a superarse. Bueno, ya alguno de ustedes pensarán, esto es la cosa más ridícula que hay en mi vida, un argentino hablando de humildad. Por eso, totalmente cierto, tómenle la palabra a él, no a mí. Y Estados Unidos mismo, me me recordaba Gates, los momentos en los que mejor le va son los momentos en que piensa que se está quedando atrás. En la época de la competencia con la Unión Soviética, cuando los rusos mandan Sputnik al espacio, ahí Estados Unidos se pone las pilas, le pone dinero a la NASA, manda hombres a la luna, etcétera, etcétera, etcétera. Ahora, la gran pregunta es si Estados Unidos, ante el crecimiento de China, va a reaccionar de la misma manera. Y y está reaccionando de la misma manera. Tienen paranoia constructiva. Y yo creo que eso es bueno.
Hace unos meses, cuando presenté el libro en Argentina, justo salieron los resultados de los tests PISA, estos que hablamos, y Argentina salió al final de todo, muy por detrás de México. Y el ministro de Educación de Argentina, cuando le preguntaron los periodistas, "¿Qué dice usted? Mira qué mal que salió Argentina". No, "El que está mal es el test, no refleja la realidad argentina". Eso es una otz como pocas veces escuché en mi vida. Hay que tener, esto es como Alcohólicos Anónimos. Cuando uno tiene un problema y va a Alcohólicos, ¿qué le dicen a uno? El primer paso es reconocer que tienes. Si no reconoces que tienes un problema, nunca lo vas a superar. Necesitamos tener un poco de paranoia constructiva.
Tercera clave para mejorarnos educativamente: formar buenos maestros. Cuando entrevisté a la presidenta de Finlandia, Finlandia sale primera en todos los rankings, en ranking de ingresos, de educación, o sea, primero, segundo, siempre salen. Le pregunté a la presidenta, "Dígame, presidenta, ¿cuál es el secreto de Finlandia para salir primero en todas estas mediciones?". Dice, "Tenemos tres secretos: los maestros, los maestros y los maestros". Digo, "Bueno, ¿qué significa eso?". Bueno, el secreto es tener maestros de buena calidad. Entonces me cuenta que en Finlandia, para ser maestra, tú tienes que graduarte en el 10% de más puntaje de tu escuela secundaria. Si no, no puedes ser maestra. Entonces, automáticamente, si tú tienes un vecino maestro o una vecina maestra, ya automáticamente ya piensas, esta mujer debe ser inteligente, porque si no, no podría ser maestra. En nuestros países, si tienes una vecina maestra, piensas, "Pobrecita, no pudo ser abogada". No. O sea, ellos han jerarquizado la profesión de maestros y los maestros gozan de un enorme estatus social en Finlandia. Para ser maestra de jardín de infantes hace falta una licenciatura. Para ser maestra de primer grado hace falta una maestría. Y los maestros ganan como ingenieros, como abogados. Son profesionales. En Corea lo mismo. En Corea hay que estar en el 5% más alto de la promoción de la secundaria para entrar en el magisterio. Y los maestros hombres son los hombres más codiciados, no porque ganan bien, tienen tres meses de vacaciones o dos meses de vacaciones. Entonces, el secreto, me decía ella, era eh maestros, maestros, maestros.
Y la última clave que quería compartir con ustedes, y quizás es la más importante, y seguramente tiene que ver con lo que David Calderón les habló hace un rato, después de hacer toda esta gira por todos estos países, tanto los asiáticos como Suecia, de la que no hablamos, como Israel, de la que no hablamos, todos estos países, la conclusión que saqué es que la solución no va a venir de los políticos ni de los gobiernos. La mejora educativa solo va a ocurrir si una presión social desde abajo para obligar a los políticos a invertir en calidad educativa. Y el motivo es muy simple: los políticos, todos, los de derecha, los de izquierda, los del centro, los de arriba, los de abajo, los buenos, los malos, todos piensan en plazos electorales. Es su chamba. Piensan en plazos de 4, 5 años, 6 años. En el caso de México, la inversión en calidad educativa, como país, es una inversión a 20 años en perfeccionamiento de maestros, en perfeccionamiento de directores de escuela. Y el político piensa en plazos de 4 años o de 6 años. Y el político piensa en todo lo que sale en la foto, en el puente, en el camino, en el edificio de la escuela, quizás, pero la calidad educativa, el perfeccionamiento docente, no salen en la foto. Entonces, por más entusiasmado que esté, por más sincero que sea un presidente al decir, "Voy, la educación va a ser mi primera prioridad, vamos a invertir en educación", su jefe de campaña le va a decir, "No, no, hermano, espera. Todo está muy lindo, pero invierte en el puente, quiero tu foto cortando, inaugurando el camino, etcétera, etcétera". A lo que sale en la foto.
La educación de calidad solo se va a producir si existe una presión social. ¿Cómo lograr esa presión social? Bueno, en el libro cuento el ejemplo de Brasil y termino con esto. En Brasil se juntaron todos los grandes empresarios, hagan de cuenta que se juntaron Slim, Azcárraga, Salinas, todos los grandes emporios. Se juntaron y crearon un movimiento que llamaron "Todos por la Educación". Crearon un convocaron académicos para hacer cinco propuestas para los próximos 15 años, muy concretas y medibles en el tiempo. Para el año 2014, vamos a aumentar nuestra producción de ingenieros de tanto por ciento a tanto por año. Uno, vamos a terminar de universalizar la educación secundaria, etcétera, etcétera, etcétera. Contrataron la mejor agencia de publicidad de Brasil, hicieron una campaña publicitaria nacional con futbolistas, artistas, periodistas para convertir a la educación en el centro de la agenda política. Y para hacer la historia corta, en un plazo muy corto, 3 años, empezaron con esto en el 2007, con esta campaña publicitaria y esta campaña de presión, lograron que la educación suba de octava, de la octava prioridad para los brasileros, a la segunda, después de la inseguridad. Colocaron a la educación en el centro de la agenda política. Y ¿qué pasó? Cuando estaba la educación en el centro de la agenda política, en el puesto dos, entre las preocupaciones de los brasileros, entonces sí el gobierno se escuchó. Y entonces sí los políticos empezaron a invertir en eh calidad educativa. Hace dos meses, Brasil anunció que va a becar a 100,000 graduados universitarios para hacer doctorados en Estados Unidos, Europa, China, etcétera, etcétera, etcétera. Hace dos semanas, eh en Brasil, el ministro de Educación anunció que van a aumentar el año escolar de 200 a 202 días. Y la contratapa que dice, "La educación es algo demasiado importante como para ser dejada en manos de los gobiernos". Tenemos que crear una cultura familiar de educación en nuestras casas y tenemos que crear movimientos nacionales sociales de presión sobre el gobierno, sobre los políticos, sobre los sindicatos para poner la educación en el centro de la agenda política. Si no, nos para nadie. Muchas [Aplausos] gracias.