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Prédica: En manos del alfarero.

IPUC Barrio Santander31:59

Transcription

Ver capítulo 18 de Jeremías, el verso 1 al 6, dice así: "Palabra de Jehová que vino a Jeremías diciendo, levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras."

Y descendía a casa del alfarero y he aquí que él trabajaba sobre la rueda y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano y volvió y la hizo otra vasija según le pareció mejor hacerla.

Entonces vino palabra de Jehová diciendo, "¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel?" Dice Jehová, "He aquí que como el barro en mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel."

Diga aleluya. Aleluya. Salude al hermano que está allá enseguida y se sienta dígale que bienvenido. Tengamos el tiempito para saludarlo. De pronto algunoita sale corriendo y no alcanza a saludarse y es importante que podamos Aleluya.

Bueno, mis hermanos, estaba meditando en la obra de Dios y la palabra de Dios dice que Dios hizo al hombre perfecto, pero que el hombre se buscó muchas perversiones. También la palabra de Dios dice que el corazón del hombre está inclinado de continuo al mal. También la palabra de Dios dice, "¿En qué se lamenta el hombre? La mente es el hombre en su pecado." También la palabra de Dios dice que el ladrón vino a hurtar, matar y destruir. Pero yo vengo para que tengan vida. y para que la tengan en abundancia.

Y haciendo memoria, he dicho en estos días y lo hemos escuchado de otras personas también que muchos de nosotros, sino todos, cuando llegamos a los pies de Cristo, llegamos con la vida descuartizada. Algunos llegamos, ¿cierto que sí? Teníamos la vida desordenada, pero cuando nosotros nacimos, no, nosotros no nacimos desordenados, nosotros nacimos inocentes, puros. Pero en el transcurso de la vida y de tantas cosas, eh, algunos se les marcó, se lastimaron. Hay gente lacerada, es más, aún hay gente creyente ya que están en un proceso de de sanar porque eh fue demasiado fuerte el daño en su vida.

Pensando en eso y mirando aquí lo del el alfarero y quise tomarlo para dejarles en sus corazones lo siguiente es que, hermanos, el trabajo que hace el alfarero, me puse a mirar y a investigar algunos detallitos sobre el alfarero y ahí normalmente para hacer una vasija de barro se necesitan tres elementos para hacer Una vasija de barro necesita tres elementos, que es dos fundamentales de elementos que es la tierra o el barro y el agua. Esos son los elementos fundamentales, pero también hay algo otros eh elementos, entre ellos ya ellos el buen el buen alfarero eh puede agregarle, por ejemplo, cuando iban a hacer eh una vasija especial, se iban al a cierto lugar del bosque o un lugar buscaban una una rama, no sé si ustedes la han visto, que que es como como algodón, pero no es algodón, es una espiga y que es suavecita. Esa esa esa no recuerdo el nombre, pero esa espiga la usa los alfareros los artesanos para ellos poder eh preparar bien el barro. La llaman esa esa ellos le llaman plumilla. Usted no recuerdo cuando estaba en el campo había unas cositas que uno la soplaba y salían volando. Muy parecido a eso. No es esa, pero es muy parecida. Es plumilla. Ellos van. Pero en sí, para hacer el el el la vasija de barro se necesita dos elementos fundamentales. Ya si le quieren agregar eso para compactar más, eh, es agua y barro. tierra y agua.

Pero estaba pensando que si haya agua y esté el barro, si no hay un alfarero, no hay nada. Se necesitan unas manos. Y estaba investigando que ahora cuando se industrializan las cosas se pueden eh los alfareros y pueden hacer vasijas ya tipo industrial. Pero el verdadero artesano o alfarero quiere hacer una vasija de calidad, no se la suelta a las máquinas ni a la tecnología, sino que él usa sus manos. Y entonces estaba pensando en esto de de las manos y lo que es el alfarero. Cada uno de nosotros llegamos de una u otra manera. La vida eh tiene que ser formada y llegamos a las manos del mejor artesano, del mejor alfarero.

Entonces estaba para dejarle en sus corazones. Hay cosas que uno uno ignora de lo que realmente son. Nosotros en sí somos barro. O sea, en sí nosotros somos barro, somos tierra. Hablando de este de este cuerpo que hay cuerpos unos más negritos, unos más blanquitos, tal amarillitos, todos desteñidos, otros más teñidos. Lo cierto es que todos, pero todos somos barro. ¿Es así o no? Pero aquí el el Señor le está mostrando a Jeremías es la condición, porque el libro de Jeremías está ligado también con lamentaciones que también lo escribió Jeremías. Ellos estaban en cautiverio más que todo. Y Jeremías también les hablaba a ellos del de lo que iban a padecer por causa de su de su desobediencia.

Entonces, Dios le está hablando al pueblo de Israel que están en una condición muy muy triste donde donde están destruidos y y Dios lleva a a Jeremías y le muestra lo lleva que vaya y observe lo que está haciendo el alfarero. Y dice que vio el alfarero trabajando en la rueda. Y hay algo especial. Me puse a mirar cómo prepara el buen artesano, el barro, la tierra. Y puede tomar, no es cualquier tierra, pero si toma una tierra, lo primero que él comienza a hacer con esa tierra es limpiarla de los de los elementos extraños a la tierra. Entonces ellos cogen la tierra, la la la zarandean, hablemos el estilo cuando cogíamos café, la zarandea. Otros dicen, "La van a cernir, la está cirniendo. Zarandear, la zarandea y comienza a zarandearla hasta que queda el mero polvito, el mero polvito, pero no se queda contento con eso. Él cuando la está preparando, él mismo con sus manos, lo que queda del zarandeo lo mete en en agua y para que se ablande esos elementos, porque de esos elementos cuando al zarandearlo queda mucho, pero queda siga quedando tierra, entonces él no se queda y no, no botemos esto. agarra eso, lo echan agua y cuando ya tiene la tierra bien ternida, todo bien organizado, toma de esa que está que la echó una vasija con agua y ablandó esos elementos que aparentemente eran extraños, pero el agua los ablanda y no eran extraños, era barro, pero que estaba endurecido y hacía de que no fuera flexible para ser moldeado. pues hace, organiza la tierra y le echa y ya con agua comienza a zarandearlo ya con agua y va cayendo barro y va mojando el otro. Ahí si ya queda los últimos rudimientos, los últimos cuerpos extraños como piedras, basura y todo eso va saliendo, pero con eso lo moja y cuando ya lo prepara lo que él hace, hay dos formas en el tiempo artesanal de la de la gente, no industrializado, sino eh manual. usan las manos y los pies.

Entonces, él comienza a pisar, aunque ya está zarandeado, él comienza a pisar y se siente con la palma descalzo comienza a pisar y a tocar y siente algún lo saca. Porque una de las cosas que cuando se prepara el barro y si le queda algún elemento extraño al barro, daña la vasija, hace que la vasija quede imperfecta. Entonces usted mete y si le tiene una piedrita, un cuerpo extraño aparte del barro, lo mete al juego y cuando mete al juego, esa hace que se agriete, queda con una la una grieta. Por eso el alfarero tiene mucho cuidado de que no tenga ninguna basurita. Yo estaba pensando, ¿con cuántas basuritas llegamos nosotros o cuántas basuritas tiene usted? Me dicho, algunos no tenemos, algunos no llegamos ni tienen basuritas. Tienen ese basurero completo. En serio, ya no hablando de de lo físico, sino hablando de lo cómo lo que hace Dios.

Porque el pueblo de Israel estaba y él le muestra la visión y está trabajando. Pero dice, "Mientras trabajaba la vasija se quebró." Pero hay una cosa, se rompió. Pero hay algo que me llama la atención es que se rompió en las manos del alfarero y al romperse dice, con esa misma, con esos mismos pedazos, con eso mismo todo roto, tomó nuevamente de más que hizo el proceso para volverlo a moldear y hizo una vasija nueva. Por eso en esta mañana, hermano, quizás usted ha vivido una cantidad de cosas, ha vivido, ha caído, ha fallado, ha pecado. Y de pronto usted dice, "Es que yo no merezco, Dios me abandonó." Dios no lo ha abandonado. Porque si usted está vivo es porque todavía el alfarero está haciendo un proceso en su vida, sino que es que hay unos conmigo un barro más duro. Conmigo pueden haber algunos pedazos de tiestos muy también en la Biblia muestra tiestos. Hay una versión que dicen como el tiesto en las manos del alfarero.

Así que, hermanos, pensando en esto, me dije a mí mismo eh en relación a lo que es cómo Dios forma y el elemento tierra y agua para poder que se se dé la forma. Y miren lo que dice, eh, hm, segunda Timoteo, capítulo 2. Segunda Timoteo, capítulo 2. El apóstol Pablo escribiéndole a Timoteo, yo me puse en estos días me puse a pensar y mirando cómo Pablo escribe las cartas a Timoteo y la forma, la seguridad que él ya estaba para ser sacrificado en ese espacio de tiempo. Y según según eh en el orden, ahora que estuvimos allá en Roma, fuimos a las ruinas y todavía hay por debajo eh túneles. Entonces pasé por un túnel de esos y decían los de por ahí, posiblemente en ese sector, lo que era es esa antigua ciudad, están ruinas por encima, pero por debajo todavía hay túneles. En una de esas estuvo Pablo. Y entonces pensaba yo que eso eso unas cositas estrechitas, hermano, y oscuro eso. Eso es terrible. El jurío se siente y cómo Pablo desde un calabozo de esos, desde allá era donde escribía. Y cómo escribía con la seguridad y la confianza de que él no, o sea, ya estoy para ser sacrificado, el tiempo de mi partida se ha llegado, pero yo tengo una esperanza grande, decía él. Y lo que decía el hermano ahorita de que Pablo fue escogido como instrumento de Dios, como vaso.

Tomó ese barro porque iba una vasija así templada, iba a una vasija templada. No sé si iba a caballo o a pie. en cierto caso iba templado, una vasija templada en el orgullo, en la religión, en todas cosas. Cuántos de nosotros decimos, "No nos gustan." Y hay cosas que a uno por el orgullo no lo dejan. Uno se pone como altivo, eh, indiferente y y uno dice, "Eh, pero ¿por qué?" Y a veces como que Dios en su misericordia permite que esa vasija se desprenda, como que la suelta, porque dice, "Es que este no se quiere dejar moldear." Y lo suelta y pa, se quiebra. Y creo que así iba Saulo con su temple de de orgullo, de tradición, de formación, de de elocuencia, de estudio, de todo, pero pa se quebró. Pero cuando se quebró, no se quebró desprendida de en cualquier mano del enemigo, porque si hubiera quedado en la mano del enemigo, lo había acabado, no lo hubiera vuelto a hacer, pero se quebró en las manos del alfarero y hizo de él un instrumento. Y Dios quiere ser de usted y de mí un instrumento, pero tenemos que pasar por el proceso, por la mano del alfarero. Y no importa las veces que tenga que ser quebrada, remojada con esa agua.

Y por eso dice, hermano, yo no sé si usted ha llegado en momentos al culto con una actitud que no es que, no sé como de pronto así hermético, pero comienza esta fuente de agua viva, esta palabra, como dijo, dice el mismo Señor, que en el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz diciendo, "Si alguno cree, como dicen las Escrituras, de su interior correrán ríos de agua viva." Y yo no sé si a usted le ha pasado, querido hermano, que de pronto el hombre más sencillo aquí es la persona menos elocuente y comienza a hablar allá y usted está hermético, está así todo indiferente y esta agua de vida comienza a ablandar su corazón y comienza a tocarlo y hacerle y hacer de usted una persona sensible y usted termina reconociendo diciendo, "Señor, me hablaste." ¿Es así o no? Pero también pasa de algunos que en vez habla y se vuelve más duro, más duro, más, pero llega el momento, pero si sigue en las manos del alfarero, de alguna manera se quebrará y tiene que ser quebrado, tiene que ser despedazado para poder que el alfarero haga el proceso en su vida. Pablo cayó de allá. No sé de a dónde caería si el caballo iba a pie. Lo cierto es que y ahí Dios le dijo, algunos lo montan en caballo, la Biblia no dice, pero pues montémoslo en un caballo. Alguien dijo alguna vez iba en un caballo blanco. Se imaginó que era Simón Bolívar, yo creo. Uno a veces predicando dice cosas, se las imagina.

Y capítulo 2 fue que les dije, ¿cierto? de segunda Timoteo, el apóstol el apóstol está hablando y del verso eh 14 en adelante está hablando de un obrero aprobado, pero quiero leerlo desde el verso 18, que algunos se desviaron diciendo e que la resurrección ya se había efectuado y trastor ornan la fe de algunos. Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello. Conoce el Señor a los que son suyos y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. Pero mire lo que dice. Pero en una casa grande no solamente hay utensilios de oro, de plata, sino también de madera y de barro. Unos son para uso honroso y otros para uso viles.

Y yo estaba pensando también lo que dice Segunda los Corintios, capítulo 4, segundo carta del apóstol Pablo a los Corintios, porque él dice, comparando, poniendo lo que en sí es es la eh somos nosotros. Y el capítulo 4, el verso 6 dice en adelante, "Porque Dios que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo." Verso 7. Pero tenemos este tesoro. ¿Cuál tesoro? Viene diciendo la faz del conocimiento, la luz, la gloria de Dios. Este tesoro en vaso de barro para que la excelencia del del poder de Dios no sea de nosotros, no sea de nosotros. que estamos atribulados en todo, más no angustiados, en apuros, más no desesperados, perseguidos, más no desamparados, derribados, pero no destruidos.

Pero eso eso uno lo ha escuchado muchas veces, pero dije yo, hombre, si usted quiere servir algo que es valioso, que es importante para usted, usted no lo sirve en cualquier vasija. Usted se busca una vasija o de oro o una vasija de plata o una vasija de ho. ¿Por qué el señor escogió una vasija de barro? ¿Usted sí cree que, hombre, sería un irrespeto? Algo tan valioso lo meto en una vasija de barro. Yo tuve la experiencia aquí en Antioquia, más por Antioquia. Hay muchas aquí por el suroeste hay mucho oro enterrado. En serio, mucho oro enterrado. Y hay gente que llama que los famosos guaqueros, gente que se ha muerto buscando oro y haciendo huecos por todas partes. Y alguien muy cercano me dice, "Mantenía haciendo eso." Y una vez se encontró una guaca. Pero quedó muy aburrido porque resulta que la guaca la encontró y encontró las ollas de barro. Ollas de barro, pero entre las ollas de barro no habían sino mera como ceniza. No había oro. Pero dicen los que han encontrado, dice que han encontrado vasijas de barro llenas de oro. Y uno diría, ¿por qué no más bien? O sea, ¿por qué echaban el oro en vasijas de barro? La gente esa que no sé quiénes eran, si eran los indígenas, no sé qué, pero había mucho oro. Echaban el oro en vasijas de barro y lo enterraban. Y pensando yo en eso, oiga, enterraban eh las vasijas de oro y se enterraban ellos mismos, los caciques con tal y les echaban y la echaban en vasijas de barro. Y aquí Pablo habla y dice, "Es que nosotros tenemos este tesoro en vasías de barro." ¿Para qué? para que la para que nosotros no nos gloriemos y que el poder no es nuestro, sino que sigamos creyendo siempre que debemos de ser quebrantados continuamente, porque cada vez que nos quebrantemos más más cita nos hacemos en las manos del alfarero.

Yo por eso he pensado, iglesia, hermanos, cómo cómo uno como en este tiempo y en todos los tiempos siempre ha existido la arrogancia, e la altivez, esa esa actitud del del ser humano de grandeza y matan y se hacen y y ha habido hombres que han llegado a unos estándares muy altos. Pero de allá son caídos, mueren y quedan en la historia. Pero, ¿cómo le parece que cada uno de nosotros cuando llegamos a la mano del alfarero, mientras él nos va dando la forma, no sé en qué proceso irá con usted, cuántas veces lo habrá quebrado, cuántas veces usted se habrá caído y ha dicho, "Ya no puedo más, estoy sin fuerzas." Pero lo ha vuelto a tomar el alfarero y le ha dado una forma. Y sabe qué es lo más bonito que uno puede decir, querida iglesia y hermanos. Es que eh mientras él eh el alfarero cada que hace una vasija especial, él tiene una lista y a esa vasija le da un toque especial y y la lleva en escrita. Y a usted y a mí cuando llegamos con la vida destrozada, nos tomó y a pesar de que todas las veces que nos caemos, nos quebramos, nos escribió en el libro de la vida y su nombre está escrito allá. Usted como vasica está escrito en el libro de la vida.

Por eso cada vez que usted y yo nos quebrantamos o nos caemos o fallamos, él no lo ha dejado, hermano. ¿Usted cree que si este farero fuera ya a usted y a mí ya nos hubiera desechado? Dígame, ¿qué hicimos bueno para que él nos hubiera tenido en cuenta? ¿Qué hicimos bueno? Nada. Y aún continuamos haciendo cosas que no son agradables a Dios. Pero sin embargo, cada vez que quebramos, hay un tesoro ahí y dice, "No se puede dejar perder este tesoro." Y vuelve y lo toma y vuelve y lo hace. Y no sé cuántas veces lo ha amasado y lo ha vuelto, pero ahí él echa agua y a ese estamos duros, herméticos, pero viene esta fuente de agua viva y refresca nuestra alma. Y qué bonito cuando usted siente que Dios con su espíritu lo toca, lo moldea. Hermano, dígale al Señor, "Yo quiero ser ese instrumento tuyo. Yo quiero ser ese instrumento." Y sí que si estamos atribulados en todo, sí, pero no estamos angustiados. En apuros, pero no estamos desesperados. perseguidos, más no desamparados, derribados pero no destruidos.

Dígale a esa situación, dígale a ese pecado, dígale a ese gigante, dígale a esa circunstancia, dígale a esa enfermedad, dígale a eso que quiere agobiar su vida, dígale, "Yo sigo adelante porque mi vida está en manos del alfarero y si estoy en las manos de él, estoy seguro. No importa las veces que te quiebres por lo que sea, porque quizás alguien en esta hora puede estar diciendo, "Es que yo no merezco. Mi vida no tiene solución, no hay nada que hacer conmigo, pero está el alfarero ahí." Aleluya.

Me encantó una palabras proféticas de Isaías. Me impactaron las palabras. Yo lo había leído, pero nunca había meditado en esta en esto y de pronto he escuchado predicando, pero me puse a meditar en ello mientras pensaba para transmitirles a ustedes el mensaje. Meditaba en estas palabras y ahora mientras cantaban la volví a releer y me puse a hablar, mirar de la restauración que Dios le promete a Israel. Y en esa restauración me impactó porque es Dios hablando a través del profeta y yo lo recibí para mí y quiero transmitírselo a ustedes. Hoy estoy hoy estoy sentimental o estoy romántico. Es que él es él es mi alfarero. Él conoce lo más íntimo del ser. Él sabe cuando usted sufre, cuando usted llora, él sabe sus debilidades, conoce sus fortalezas y trabaja con ellas. Aleluya.

Él está hablando de la restauración, promete restauración y habla de una habla de de del mensaje de llevar la esperanza de lo que es todo esto. Pero el verso 11 en adelante dice, "Convertiré en caminos todos mis montes, mis calzadas serán levantadas. He aquí, estos vendrán de lejos y he aquí estos del norte y del occidente, estos de la tierra del Sinaín, de Siná, Canadá. Cantad alabanzas, oh cielos, y alégrate tierra, prorrumpid en alabanzas o montes, porque Jehová ha consolado su pueblo, y de sus pobres tendrá misericordia. Pero Sion dijo, "Me dejó Jehová y el Señor se olvidó de mí." Hay momento en la vida cuando uno siente eso, ¿cierto que sí? Pero mire lo que dice Dios. Hermano, usted está en las manos del alfarero. Él no se ha olvidado de usted. Y dice, "Se olvidará la mujer de lo que dio a luz para dejar de compadecerse de del hijo de su vientre. Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. Él no te ha olvidado. Él no, él no ha sido indiferente. He aquí que en Las palmas escuche esta parte abieso me me porque te llevo esculpido. He aquí en las palmas de las manos te tengo esculpida, delante de mí estás siempre."

Y me puse a pensar cómo es que trabajó el alfarero para voltearme a mí. Todo alfarero toma la tierra y él la trabajó. extendió sus manos en la cruz con su sacrificio. A usted y a mí nos da forma. Él no se ha olvidado. Yo no quiero decir más. Solo quiero orar por alguien que sienta que que de pronto está fuera de las manos del alfarero, que de pronto una enfermedad, algo en la vida no le ha dado y siente que se siente por algún mal negocio, por alguna cosa que hizo, se siente sin fuerzas. Dígale, "Señor, aquí estoy." Dígale, "Señor, mi vida, mi vida, Señor, está en tus manos. Te necesito tanto. Dígale, "Señor, estoy en tus manos, Padre." Oh, aleluya. Aleluya. Aleluya.