Transcription
[Música] Salmo 119, versículo 85. Gente altanera me ha tendido trampas, pues no actúa de acuerdo con tu ley.
A través de todo lo ocurrido, David no ha dejado de aferrarse a la palabra de Dios. En el versículo 81 nos decía: "Más espero en tu palabra". En el 82: "Sus ojos desfallecían por tu palabra". A pesar de estar agotado, vacío, seco como un odre al humo, él concluye en el 83 declarando que no ha olvidado tus estatutos.
En el versículo 85 tuvo suficiente lucidez para evaluar a sus enemigos por la palabra y hallarlos faltos de ella. Dijo: "No proceden según tu ley". Aunque no había recibido las respuestas que ansiaba, todavía tenía una norma absoluta para aferrarse.
Vamos a ver en el versículo 86: "Todos tus mandamientos son verdad". Y en el 87, David dice que casi fue echado por tierra por los soberbios. A pesar de su condición débil, dijo: "Pero no he dejado tus mandamientos". Está agarrado por las uñas, pero al menos se está haciendo algo firme.
Si tú estuvieras tratando de trepar por un acantilado para llegar a un lugar seguro, ¿te asegurarías de que cada roca que te sujete esté sólida? Con la palabra de Dios, en cierta manera, contamos con una norma absoluta que es inmóvil. Nada la mueve, nada la cambia.
Ahora bien, sin la gracia de Dios, todos nos veríamos consumidos. Como creyentes, solo es por la gracia de Dios que casi somos consumidos, pero solo casi. La razón por la cual hemos recibido esta gran seguridad y confianza y gracia de Dios es que Él fue consumido justo cuando parecía que Él había vencido. Nuestro Señor salió de la tumba victorioso.
Así que, aunque hoy estemos pasando por pruebas y, como dice la palabra, "gente altanera me ha tendido trampa", lo que David nos enseña es aferrarnos a la palabra de Dios. Dios tratará con esas personas que se están tratando de burlar de nosotros, pero de Dios nadie se burla.
Aprendamos de David en cómo él, a pesar de estar reconociendo a sus enemigos, siempre iba a Dios y estaba consciente de quiénes eran los que estaban haciendo algo indebido. Él no permitió, él no se ensució las manos, él no tomó venganza, sino al aferrarse a la palabra, dominaba sus instintos. Se detenía para que no saliera su humanidad, para que no saliera su su corazón, sino dejaba todo en las manos de Dios.
Cuánto tenemos que aprender, porque sin duda todos hemos tenido momentos donde hemos visto, donde hemos sentido la maldad en nuestras vidas, donde hemos sentido las calumnias, las trampas en nosotros, hacia nosotros. Pero aprendamos de David que con mucha sabiduría siempre se aferraba, se afianzaba en la palabra, y eso era la clave para continuar anhelando y viviendo con los propósitos de Dios.
Oremos. Querido Padre y Dios poderoso, te damos gracias por tu amor. Gracias por tus misericordias. Apreciamos, Señor, que nos enseñas cómo debemos de mantenernos firmes sin importar las circunstancias que estemos pasando. Ayúdanos a tener en nuestra mente que en esos tiempos difíciles, la mejor manera es aferrarnos a tu palabra. Bendice nuestras vidas. Gracias por un día más que nos das. Cuídanos, Señor, y sabemos que la enseñanza que nos das es para que la practiquemos. En el nombre de Jesús, amén.
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