Transcription
[Música] bueno en el mensaje anterior nosotros comenzamos este este extraordinario, ese es el calificativo que le cabe, este extraordinario capítulo de Romanos 8, repleto de teología, teología para la vida diaria, en cierta era, pero al mismo tiempo teología conceptual, pero aplicada a la vida de nosotros. Y el título del mensaje anterior fue "No Condenación", que es una forma resumida de decir o de usar la primera frase de Romanos 8:1, donde leemos: "No hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús". Y este mensaje sigue inmediatamente después. Vamos a estar leyendo desde el versículo 5, que yo desarrollé la vez anterior, y a propósito lo puse ahí para dejarlo para este, así se lo comuniqué a producción, porque quería que ese ese versículo, versículo 5, nos diera conexión y contexto a la hora de leer esta esta porción.
Yo he titulado este mensaje: "El Enfoque de tu Mente Determina Cómo Vives". Piensa eso por un momento. Piensa cómo has vivido el último día, la última semana, el último mes, el último año. La manera como tú y yo la vivimos, no importa cómo importa, pero me refiero en este sentido: no importa cómo así como viviste, así estaba tu mente enfocada. No hay otra forma. La mente es el centro de operación, ella determina lo que va a hacer si la dejamos hacer eso, porque también contamos con algo más que mi mente para poder contradecir alguno de sus impulsos. De manera que yo quisiera que con eso en mente, pudiéramos leer desde el versículo 5 hasta el 15, y yo creo que eso nos va a permitir entender mucho mejor en el contexto apropiado.
Escucha lo que dice el versículo 5 de Romanos 8: "Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente... es es una palabra clave... en las cosas de la carne; pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz. La mente puesta en la carne es enemiga de Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo. Y a los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no están en la carne, sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes. Pero si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él. Y si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo el Espíritu está vivo a causa de la justicia. Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en ustedes. Así que, hermanos, somos deudores no a la carne, para vivir conforme a la carne; porque si ustedes viven conforme a la carne, habrán de morir; pero si por el Espíritu harán morir las obras de la carne, y vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!"
Bueno, ahí está el texto. Y si recuerdas, en el mensaje anterior concluimos, basado en el versículo 5, en que Dios divide la humanidad entera desde Génesis 3 en adelante en dos grupos: los que viven según la carne y los que viven según el Espíritu. Los que viven según la carne son los incrédulos, son los que no han nacido de nuevo, son los no redimidos o regenerados. Los que viven según el Espíritu, por otro lado, son todo lo opuesto: son los creyentes, los que han nacido de nuevo, los que han sido redimidos o regenerados. Y quizás, si la vez pasada fue la última vez que tú oíste acerca de que la humanidad está dividida en dos grupos, realmente no debiera sorprendernos en lo más mínimo, porque Jesús no enseñó de otra manera. Cristo claramente dijo en un momento dado: "El que no está contra mí, el que el que no está conmigo está contra mí". Dos grupos. El que conmigo no está recogiendo, bueno, pues él desparrama. O está en un lado o está en el otro.
Jesús habló de que habían dos puertas por las cuales nosotros podíamos entrar, que unos entraban por la puerta estrecha al reino de los cielos, y los otros se iban por la puerta ancha a la condenación. Otra vez, dos grupos. Solamente. Cristo habló de que había un grupo que le llamaba "Señor, Señor", pero después no hacían nada de lo que decía de lo que él decía, y esos iban a la condenación, lamentablemente. Pero que había otro grupo que sí hacía su voluntad, y que por tanto ellos formaban parte del reino de los cielos. Dos grupos. Finalmente, Cristo habló de que había un grupo que construía una construía su casa sobre la roca, y esos, pues, a la hora de la tormenta, que es otra forma de decir a la hora de las pruebas de la vida, pues resistían porque estaba construida sobre la roca, y eso es un grupo que termina en la vida eterna. Y los otros construían sobre la arena, y esos eran derribados a lo largo del camino. Y otra vez, dos grupos.
Sin embargo, en la década de 1980, yo lo recuerdo vívidamente, nosotros mi esposa y yo estábamos apenas llegando a Estados Unidos. Ah, surgió una controversia porque ah comenzó un par de teólogos a enseñar que había un tercer grupo, que eso eran llamados cristianos carnales. Y estos teólogos, Charles Ryrie y Saint Hich, del Seminario Teológico de Dallas, hablaban de estos cristianos carnales para referirse a un grupo de personas que supuestamente habían nacido de nuevo, habían puesto su fe en Cristo Jesús, pero que continuaban viviendo pecaminosamente. Para esos teólogos, de hecho, tú podías poner tu fe en Cristo Jesús sin arrepentirte y ser salvo, porque según ellos, el único requisito para la salvación era poner tu fe en Jesús. Ah, impresionantes. Ellos también hablaban de que el cristiano no necesita necesariamente ah tener obras después de haber creído, que las obras podrían llegar en algún tiempo, pero que no eran necesarias, contradiciendo precisamente lo que Santiago discutió en su tiempo y en su carta, cuando decía: "Si tú me dices que tienes fe y no tienes obras, ¿qué me enseñas? Tu fe está muerta".
Bueno, esa controversia no fue pequeña. Ah, literalmente, y eso llevó a John MacArthur a escribir su, bueno, no su primer libro, pero el primer libro que tenía que ver con esta controversia, 1988, que se llamó "El Evangelio de Acuerdo a Jesús", con la intención de contradecir justamente esa enseñanza que estaba haciendo tanto daño y para comenzar a definir mejor lo que era el señorío de Cristo. Ah, de ahí entonces que nosotros podamos ah ver el hasta dónde llegó esto. Pero no terminó ahí. La eso fue perdiendo fuerza, pero en el año 2005, MacArthur otra vez escribió otro libro, se llamó "El Evangelio de Acuerdo a los Apóstoles", precisamente porque esto no acababa de morir. Y luego, en el 2017, escribió "El Evangelio de Acuerdo a Pablo", y después escribió "El Evangelio de Acuerdo a Jesús", basado en de "El Evangelio de de Acuerdo a Dios", Dios Padre, basado en Isaías 53. Todos ellos con la intención de clarificar lo que es el evangelio y lo que no es, y de clarificar lo que es verdaderamente un cristiano y quién no es, y dejar claro que hay una sola definición para el evangelio y hay una sola definición o una sola enseñanza acerca de quién es un verdadero creyente.
Nosotros hablamos de un verdadero creyente, pero en realidad, ah, no hay dos tipos de creyentes, uno verdadero y uno falso. Hay un creyente, pero con la intención de diferenciar aquellos que verdaderamente han nacido de nuevo, que se llaman creyentes, de otros que también piensan que son cristianos pero no han nacido de nuevo. Usamos esa palabra, pero no debiera, no debiera haber necesidad de eso. En esencia, un cristiano es alguien que se arrepiente, pone su fe en Cristo Jesús como Señor y Salvador. En en ese momento, el Espíritu de Dios viene, regenera su alma y por tanto viene a morar en él. Y a partir de esa morada en él, de manera inmediata, él comienza a producir frutos, uno más pequeños, uno más grandes, la medida que el tiempo va pasando, pero hay un cambio inmediato. Él es de ahí en adelante una nueva criatura. Las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas. De tal manera que Santiago estaba en lo correcto al decir que si tú dices que tienes fe pero no vemos ningún fruto de esa morada, no creemos, él no creía, no creemos que esa fe está viva.
Y Pablo está hablando aquí de esos dos grupos: unos que tienen su mente puesta en la carne, y otros caminan o andan conforme al Espíritu. Ese es el versículo 4, versículo 5. Bueno, esos que tienen que andan conforme a la carne tienen la mente puesta en la carne, y esos que andan conforme al Espíritu tienen su mente puesta en el Espíritu. Eso es lo que el versículo 5 nos dice. Pero esos dos grupos sabemos otras cosas de acuerdo a estos versículos, y es que esos dos grupos tienen dos condiciones espirituales distintas. De acuerdo a Romanos 8:6, uno está muerto y el otro está vivo. Y finalmente, esos dos grupos existen con relación a Dios en dos condiciones distintas: un grupo es enemigo de Dios y el otro grupo vive en paz con Dios. Eso llevó a John Stott a decir que donde enfocamos nuestra mente juega un rol vital en nuestro comportamiento presente, pero también en nuestro destino final. Nuestro comportamiento presente, así como nuestro destino final.
Yo creo que antes de seguir desarrollando, verdad, las las ideas aquí que Pablo nos nos dejó, debiéramos definir dos términos: uno es la carne y otro es el espíritu. Cuando Pablo se refiere a la carne, bueno, eso es una palabra que en el original es "sarks", que ha sido traducida de 12, 13, 15 formas distintas en el Nuevo Testamento. A veces se refiere a la parte, a la anatomía humana, sobre todo la parte muscular. Otras veces se refiere al ser humano en general. Otras veces se refiere como algo terrenal. Pero cuando Pablo habla o usa la palabra carne aquí en Romanos 8, básicamente se está refiriendo a la naturaleza caída con todas sus inclinaciones pecaminosas y todas sus formas egoístas de pensar y vivir. Todas sus formas egoístas de pensar y vivir. Quizás lo podamos decir de esta manera: que la carne es la inclinación pecaminosa del yo, o el yo dominado por el pecado, que se opone a Dios o a lo que Dios desea. Es es el yo dominado por el pecado que se opone a Dios. Lo que yo deseo. Esa es la carne.
El espíritu, en Romanos 8, cada vez que Pablo habla de espíritu, con dos excepciones que está en el versículo 15 y el 16, cada vez que usa la palabra espíritu, se refiere al Espíritu Santo. De manera que con esa introducción y ese marco de referencia, yo creo que ahora podemos continuar avanzando en el versículo 6. El cinco lo pusimos la semana pasada, simplemente lo usamos como conexión. Entonces, la primera característica que Pablo nos da de la mente puesta en la carne aparece en el versículo 6, y nos dice que esa mente está muerta. H, bueno, si está muerta, no entiende, no desea a Dios, ni es estimulada positivamente por la verdad de Dios. Esa es la mente del no creyente. Él no entiende la revelación de Dios. De hecho, no solamente que no entiende la revelación de Dios, el apóstol Pablo, cuando le escribe a los Corintios, ah, les dice en su primera carta que para esa para ese no creyente, para esa mente, ah, la predicación de la cruz, la predicación del evangelio es necedad, de acuerdo a la traducción de la Nueva Biblia de las Américas, o locura, de acuerdo a otras traducciones. Y Pablo dice eso a los Corintios en su primera carta, se lo dice tres veces en el capítulo uno, una vez en el capítulo dos, una vez en el capítulo tres. Wow.
Para esa mente, someterse, esa mente que está muerta, para someterse a la ley de Dios, tiene que sufrir un cambio, tiene que haber un cambio de su esencia. Mientras tanto, y esto es importante, esa carne hará lo posible por comportarse como cristiano, pero la clave es que esa carne hará lo posible para comportarse como cristiano, pero nunca con la intención de abandonar sus ídolos o sus amores, que son la misma cosa en esencia. Es como, eh, aquel que está tratando de vivir con un pie en el mundo y un pie en el reino de los cielos. Esa carne, dice Pablo, está muerta.
La característica número dos, tres, cuatro, están en el próximo versículo. El versículo 7 es ampliamente revelador. Segunda característica de esa mente: Pablo dice que es enemiga de Dios. Dividimos el versículo 7 en tres: 7a, 7b, 7c. En Pablo nos dice que la carne, esa carne, es enemiga de Dios. Esa carne siente un rechazo hacia lo que Dios ha revelado. Claro, porque esa carne es, o esa mente, perdón, es enemiga de Dios. Y usaba como ilustración una conversación que tuve ayer con un adolescente en la iglesia de IBCJ. Estaba hablando ahí a un grupo de ah de jóvenes que se reunieron durante todo el día, y en un receso, él me paró en uno de los los pasillos y me dice: "Pastor, tengo una pregunta". Y luego me dice: "Bueno, no es una pregunta, quiero decirle algo de lo que me pasó esta mañana, eh, a ver, ¿qué usted piensa?". Y me cuenta de que él venía en un Uber, y trató de evangelizar o presentar el evangelio, presentarle a Cristo al al chófer, y que el chófer comenzó a decirle: "Realmente tú no crees eso para nada, tú estás muy joven, tú no sabes lo que está hablando". Y él, el jovencito, era, ese fue muy fuerte, muy duro para mí. Yo no, no sabía cómo manejar eso. Y yo le decía: "Bueno, pero tranquilo, porque cuando Cristo vino, a él le fue peor, porque Mateo 26:65 nos dice que que Cristo fue acusado de blasfemia, o sea, Dios está blasfemando contra Dios. Y luego Juan nos dice en 7:20 que a Cristo lo acusaron de estar poseído de un demonio. Te imaginas, Dios blasfemando y poseído. Y le dije: "¿No sabes lo que dice la palabra en el sermón del monte, que bienaventurados somos nosotros cuando somos vituperados por toda por causa de todas formas, por causa de su nombre?". Yo quiero que tú te vayas de aquí, mi hijo, considerándote bendecido en Cristo esta mañana". Él abrió los ojos, como: "¿En serio? ¿Eso fue una bendición?". Bueno, es que le estaba hablando a una mente enemiga de Dios.
La palabra traducida como "enemigo" en el griego es "ekthros", que viene de un vocablo similar, "ekthra", que implica hostil, antagónica, agresiva, opuesta. La mente puesta en la carne es hostil, es antagónica, es agresiva, es opuesta. Está en guerra. Está en guerra contra los deseos del Espíritu. Esto es como Stott lo define: esa mente es antagonista del nombre de Dios, de su reino, de su voluntad, de su pueblo, de su palabra, de Cristo, del Espíritu, y de la gloria de Dios. Wow. Está opuesta a todo eso. Ahora, hermano, ninguno de nosotros, cuando antes de venir a Cristo, ninguno de nosotros se vio como enemigo de Dios, y mucho menos hostil, y mucho menos, verdad, antagonista de Dios. Dios dice: "Pero así eras tú, pero no lo sabías". La mente de Dios piensa de una manera y la mente puesta en la carne piensa de otra manera. Ese es el origen de nuestra desobediencia. Cada vez que tú y yo hemos desobedecido, en esencia, yo dudo que al desobedecer nosotros hubiésemos dicho, en la enorme mayoría de los casos, quizás en todo, que hubiésemos dicho: "Ay, yo no sabía que eso no se podía". No, nosotros sabíamos, pero decidimos en ese momento desobedecer a Dios, porque él piensa una cosa, pero yo ahora pienso otra cosa, y por ahora yo voy a hacer lo que yo quiero hacer.
Versículo 7 es extremadamente revelador, yo te decía, porque nos dice, nos dijo ahora que la carne puesta en la carne es enemiga de Dios. Es la segunda característica. Ahora, la tercera característica: la la carne puesta en la la mente puesta en la carne, perdón, no se sujeta a la ley de Dios. Eso es la segunda parte del versículo 7. Es rebelde, no se sujeta. H, el pastor R. Stedman dice en su comentario: "Esa mente es abiertamente arrogante, autoritaria, anciosa, lujuriosa, cínica y orgullosa, porque está centrada en el yo. Por eso nunca cede su terreno. Esa mente prefiere perder sin admitir su falta que ganar en su misión". Esa mente escucha la verdad de Dios, pero entiende que las cosas no son así. Y tú podrías decir: "No, yo nunca he dicho eso, yo no he escuchado a nadie". No lo dicen. Tú le, tú le predicas a Cristo, se lo predicas, se lo lees de aquí de la palabra, y te dice: "Sí, pero mi Jesús no es así". Tú me estás diciendo que no es así como está aquí. Claro, porque esa mente tiene su propia conclusión. Siempre piensa que su opinión es verdadera y vale. Es una mente argumentativa que prefiere sufrir las consecuencias de su mal caminar antes que someterse a la voluntad de Dios. Es una mente, como el texto dice, que está en rebeldía con Dios. Uno de los diccionarios consultados define la palabra "rebelde" como alguien difícil de educar, dirigir o controlar porque no obedece a lo que se le manda. Esa es la mente. La mente puesta en la carne es difícil de educar, difícil de dirigir, difícil de controlar, porque no obedece a lo que se le manda.
La mente está muerta, es enemiga de Dios, no se sujeta a la ley de Dios. Y cuarta característica, versículo 7, tercera parte: ni siquiera puede someterse a la ley de Dios. Su naturaleza se lo impide. O sea, no es simplemente que no se somete, es que no puede someterse. La naturaleza de esa carne le impide, aún si fuera, someterse a hacerlo. Es como lo ilustraba en el primer servicio: es como las aves que no pueden vivir debajo del agua. Hay algunas aves que entran al agua para para pescar, toman un pez y salen, pero son unos segundos. Y de esa misma manera, hay peces que pueden brincar fuera del agua y estar en el aire dos o tres segundos, quizás, y luego vuelven a entrar, porque no pueden vivir en el aire volando. Así es la carne. Puede comportarse como cristiana por un periodo, puede engañar a mucha gente, per un por un largo periodo de tiempo, pero no puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Esa es la la mente que esa mente es tan experta engañando que se autoengaña. Llega a creer su propia mentira, porque siempre y al final, siempre terminará alejándose de Dios, a menos que Dios haga algo. Y lo termina haciendo de manera resentida con Dios y con su pueblo.
El problema fue, hermano y hermana, que cuando Adán cayó, no fue simplemente que Adán quedó en un estado de rebeldía. Adán quedó en un estado de inhabilidad, con una mente muerta, con una mente enemiga de Dios, una voluntad esclavizada al pecado y un corazón de piedra, completamente inhábil. Por eso es que algunos prefieren, en vez de usar el término "depravación total", prefieren usar el término "inhabilidad total", porque es la verdad, es así como es. Entonces, la cuarta característica de esa mente es que tiene una inhabilidad para someterse a Dios. Por eso es que nadie busca de Dios, porque somos incapaces. Fuimos incapacitados con la caída de Adán. Por eso Dios tiene que salir a buscar.
La quinta característica aparece en el próximo versículo, versículo 8: "Y los que están en la carne no pueden agradar a Dios". No, no pueden, o no podíamos, si es el caso en nosotros. Esa esa mente puede venir a la iglesia, pero cuando lo hace, no agrada a Dios. No, no agrada a Dios, porque viene por las razones equivocadas. A veces viene para cumplir un compromiso, a veces viene para evitar el qué dirán. A veces esa mente sabe, después de un tiempo, que ha pecado grandemente, su sentido de culpa le pesa mucho, y viene a la iglesia tratando de encontrar algún alivio, pero como no está en la iglesia por la razón adecuada o correcta, se va igualmente cargado, todavía más. Esa mente puede leer la Biblia, puede memorizar la Biblia, pero frecuentemente la lectura de la Biblia, cuando lo hace, está tratando de encontrar razones para no sentirse tan mal. Y es esa mente, y lo que ocurre en muchas iglesias, que básicamente leen, predican, enseñan los los versículos que bendicen, los los versículos que te prosperan, pero ningún versículo que te prohíba o te evite o te hable de juicio.
Esa mente puede memorizarla, puede memorizar la Biblia, puede memorizar grandes conceptos y argumentos, argumentos de apologética, de apología. Puede constituirse en el mejor o uno de los mejores apologistas de la fe cristiana, y a su muerte, descubrirse que vivió una vida inmoral todo su tiempo. Y creo que algunos de ustedes saben a qué persona me estoy refiriendo recientemente. Aprende la Biblia, memoriza la Biblia, defiende la Biblia, pero no obedece la Biblia. Estaba peor. Esta persona puede orar, pero no agrada a Dios, porque no obedece a Dios, porque no tiene verdadera fe en Dios. De hecho, Hebreos 11:6 dice que "sin fe es imposible agradar a Dios". Ya Dios dijo que yo puedo, yo puedo ofrecer un sacrificio, que eso sería como una forma de obedecer lo que la palabra de Dios dice, pero Dios ya reveló que él prefiere la obediencia a los sacrificios. Y Dios lo dice, porque él sabía en el Antiguo Testamento y en el Nuevo, que tú puedes ofrecer un sacrificio en el Antiguo Testamento, como un cordero, sin que el corazón realmente esté siendo ofrecido a Dios. Pero en el ahora, en nuestra era, verdad, esos sacrificios no existen, pero sus equivalentes puede ser venir a la iglesia, o puede ser algo que yo participe de actividades de de iglesia, y y la gente va a la iglesia en ocasiones, pero movido por las razones equivocadas. Por ejemplo, "cuando me voy a casar, quiero casar por la iglesia". Bueno, pero si no crees en ese Dios, no lo sigues. ¿Por qué no te casas por la ley? "No, no, yo quiero que ese Dios me bendiga". Pero, ¿cómo te va a bendecir si tú no eres su discípulo? O va a la iglesia cuando se muere alguien, y voy a cumplir con los familiares, o voy a la iglesia y luego vengo y le digo al pastor: "Pastor, ¿usted puede hacer una oracióncita por mí?". O como yo encuentro continuamente con mis pacientes, que que soy pastor y me dice: "Doctor, ¿usted pudiera hacer una oracióncita por mí?". Bueno, para que le pida a Diosito, le digo. Bueno, yo puedo orar por ti, pero no es a Diosito, ni es una oracióncita. Se lo digo pastoralmente, más que doctoralmente, para que podamos entender.
El problema que tú y yo tenemos es que en la Biblia, creer es obedecer. Literalmente, creer es obedecer. Ah, Cristo dice en Juan 3:36: "Tú lo conoces", o algunos de ustedes lo conocen, "El que cree en el Hijo tiene vida eterna". Ahí está creer. Pero "el que no obedece al Hijo", en otra palabra, que no cree en el Hijo, pero en términos de obediencia, "la ira de Dios permanece sobre él". Entonces, ahí donde está el problema. Ahora, la verdadera obediencia requiere la morada del Espíritu, y la morada del Espíritu es el requisito número uno, de hecho, es el único requisito, o el único requerimiento, bueno, sí, requisito es la misma cosa, la única característica. Esta es la palabra que andaba buscando, que verdaderamente testifica que alguien es cristiano. Bueno, pastor, pero es que nosotros no vemos el Espíritu. No, claro. Pero sabes qué podemos ver, podemos ver sus frutos. Ah, tú crees en la gravedad, pero tú no ves la gravedad. No, pero tú puedes ver sus frutos. Yo acabo de dejar caer mi lapicero, y si tú me dices: "Eso fue la fuerza de gravedad", alguien podría decirte: "Pero, ¿dónde estaba la fuerza de gravedad?". Yo no tengo que verla, yo vi su fruto: la caída del lapicero o de cualquier otra cosa. De esa misma forma, por eso es que Santiago está argumentando y argumentaría hoy: "Una fe sin fruto está muerta".
Entonces, ahora entendimos un poco lo que es la carne, y luego la característica de la carne como Pablo la define. Pero ahora él quiere ayudarnos a entender al otro grupo, los que estaban en la carne, pero ya no están en la carne, y que ahora están en el Espíritu. Y él comienza a hacer eso a partir del versículo 9. Fíjate que él va ahora a hacer un giro. Describió una serie de cosas que ya te la expliqué, la expuse. Sin embargo, ahí va el giro: "Ustedes no están en la carne, sino en el Espíritu". Entonces, de aquí en adelante, él va a hablar del otro grupo. "Si en verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes". Pero "si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él". Pablo dice de manera positiva que si no estamos en la carne, si no estás, el Espíritu está en ti. Y luego dice de manera negativa: "Pero si no está en ti, entonces tú no eres de él". Ese solo versículo nos deja ver claramente que la característica distintiva del creyente es la morada del Espíritu. Y yo te decía que yo no puedo ver el Espíritu, pero pero yo puedo ver sus frutos. Los frutos del Espíritu son una enormidad, pero en Gálatas 5:22-23 nos definen algunos de los frutos que yo puedo ver en tu persona: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Esos son. La carne no ama a nadie, la carne se ama a sí misma. La la carne no tiene gozo, la carne lo que tiene es muchas quejas, porque como la carne vive centrada en sí misma, nunca está satisfecha con lo que recibe. La la carne no es paciente, porque todo el mundo está atrasado, nadie le está sirviendo, por lo menos como ella quiere. La la carne no es fiel, no tiene fidelidad, no es mansa, no tiene, no quiere dominio propio, porque no quiere que la restrinjan. Por eso MacArthur decía que el fruto del Espíritu, esto es como una buena frase, es el indicador externo de la salvación.
¿Notaste el fruto del Espíritu? Porque esas cosas no son, no forman parte del fruto de la carne. Y la manera como tú y yo podemos como visualizar eso a manera de ilustración es de esta forma: nosotros, imagínate que nosotros somos la tierra. Entonces, la palabra de Dios, nosotros somos la tierra, es la semilla que es enterrada. Las circunstancias de la vida, de que habla la palabra del Sembrador, cuando las cosas se ponen difíciles, viene la persecución, o vienen los bienes materiales y la riqueza que hacen que muchos pues se desvíen del camino, eso hace que la semilla se muera. La circunstancia de la vida, cuando la semilla es genuina en tierra buena, entonces crece. Okay. De manera que las circunstancias de la vida son el abono para aquellos que son genuinos en Cristo. Y el jardinero es el Espíritu Santo. El jardinero es el que viene, irriga la semilla, el el jardinero es el que no solamente irriga la semilla, sino que cuando ve el árbol crecer, comienza a producir el fruto. Cuando está pequeñito, yo no sé si es de mango, y yo no puedo analizar su genética para saber, pero una vez que crece y yo veo sus frutos colgando, digo: "Un árbol de mango". Eso es exactamente como es en nosotros. Cuando otros ven el fruto, pueden decir: "Bueno, verdaderamente eso es un hombre cristiano o una mujer cristiana". Y eso ocurre. A a eso le llamamos la cosecha del jardinero. La cosecha del Espíritu es el fruto del Espíritu. Por eso le llamo al Espíritu Santo como el jardinero. Y eso ocurre cuando nosotros, tú y yo, le cedemos el control de nuestra vida al Espíritu Santo.
¿Y cómo ocurre eso, pastor? Cuando le cedes el control de tu mente. Le has cedido el control de tu vida, porque la mente es la torre de control. Tú conoces la torre de control que le da permiso a los aviones para que aterricen y despeguen o los detiene. La mente es la torre de control de tu vida. Cuando le cedes el control de tu mente, la mente al Espíritu Santo, la mente, el Espíritu Santo comienza a cambiar esa mente, y pronto tú estarás fructificando. Pero esa fructificación y esa transformación ocurre de dentro hacia afuera. Déjame ilustrarte. Tomas una semilla, la entierras, y ahí la cubres de tierra. Eso está adentro de la tierra, por así decirlo. Yo no lo veo, pero ahora resulta que la semilla, en unos días, si tú cavaras la tierra, tú verás que ha comenzado a germinar. Pero si dejas la tierra ahí, eh, va a germinar y de repente comienza a salir sobre tierra, porque la transformación de la semilla se produce de adentro hacia afuera. Igual que la transformación en nosotros, que produce el Espíritu, ocurre de adentro hacia afuera.
De manera que la mente que estaba muerta, ahora es vida, está viva. De tal forma que la la mente que estaba en rebeldía, ahora está en paz con Dios y comienza a someterse, quizás no completamente, pero de manera creciente, en la medida que el tiempo pasa. Ahora, la razón de ese cambio es que la mente que estaba puesta en la carne, ahora está puesta en el Espíritu. Por eso decía, por eso el título del sermón es: "La orientación de mi mente determina cómo vivo". Y eso es lo que ha ocurrido. Mi mente, en vez de estar orientada hacia la carne, ha sido orientada hacia el Espíritu, y ahora hay otra forma de vivir.
¿Y pastor, cómo cómo ocurre eso? Porque usted puede decir fácilmente que ahora la mente está en el espí, pero ¿cómo yo sé? Bueno, esto es lo que ocurre de adentro hacia afuera. La forma de pensar de la mente es cambiada. Bueno, ¿y cómo yo sé? No es tan difícil. Tu forma de hablar comienza a cambiar. Tu forma de actuar, porque si pienso diferente, actúo diferente. Mi forma de valorar a las personas. Recuerda lo que Pablo dice en segunda de Corintios 5:17: "Si alguien está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, las nuevas todas son hechas nuevas". De ahora en adelante, cuando ahora Pablo, después que me convertí, ya no veo a nadie según la carne. No me aprovecho de nadie, no abuso de nadie. Me propongo todos los días dar más de lo que quito de otro. Eso sería una excelente decisión. Todos los días te levantas: "Señor, hoy yo me voy a proponer a darle más a los otros de lo que pido de ellos". Comienzo a valorar a las personas, no a usar a las personas. Yo comienzo a respetar a las personas, porque hay una dignidad humana en ello, porque en el caso de los hombres, porque hay una mujer que es un vaso frágil, porque es un portador o portadora de la imagen de Dios. Y si es hijo de Dios, porque es alguien, porque en Cristo derramó sangre. Ahora respeto y cuido, no solamente que respeto, es que cuido del otro. Y ahora, no solamente eso, pero como mi mente cambió, porque el Espíritu la va cambiando, yo comienzo a cambiar la forma de ver la vida, de manera que la vida no es un tiempo dado aquí abajo para disfrutar. No, la vida es un tiempo de inversión para poder, valga la redundancia, invertir en el reino de los cielos, que es donde yo voy a pasar el resto de la eternidad. Cambia mi forma de ver la vida. Ya no exijo tanto, ya no demando tanto. Yo quiero dar más, como Cristo lo hizo, como Pablo lo hizo. Pablo siempre dio más de lo que pidió, no demandó, no exigió. Cristo no consideró su condición a Dios como algo a que aferrarse, no la demandó, no la exigió, la entregó. De hecho, la mente cambiada comienza a pedir perdón y ahora tiene deseo de perdonar. Y comienza a someterse los hijos a sus padres, los empleados a sus jefes, a las ovejas a sus pastores, las esposas a sus esposos, pero también hay una cierta sumisión mutua del esposo hacia la esposa, porque antes de que Pablo nos diga en Efesios 5 que la esposa debe someterse a su marido, dice: "Someto los unos a los otros". De manera que hay una sumisión mutua, y luego Pablo dice: "Y luego de esa sumisión mutua, la esposa se someta a su cabeza". Eso viene con la llenura del Espíritu, de la cual pedimos en canción: "Ven y lléname". Me encanta esa canción. A veces la oigo tres, cuatro, cinco, seis veces corrido. Y esto, como Pablo lo dice, digo: "Pues, eso es una forma de Pablo decir: 'Bueno, le digo a ustedes como ustedes dicen que son cristianos, pues anden por el Espíritu'". Okay, Pablo, pero ¿cómo me va a ayudar eso? ¿De qué me beneficia? Oye, escucha: "Anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne". No es tan complicado lo que Pablo está diciendo. Obviamente, hay una batalla y una lucha. Yo sé, y la lucha es continua y es diaria. Y no, yo sé, eso es verdad. Pero lo que Pablo está diciendo, a pesar de todo eso, la manera de no cumplir el deseo de la carne requiere que mi mente esté en las cosas del Espíritu y anden por el Espíritu, y no cumplirán los deseos de la carne. Tengo que sacar eso de mi mente, pelear eso en mi mente. Yo gano la batalla o la pierdo en mi mente. Y ya le mencioné la semana pasada que la palabra ahí en Gálatas 5:16, "andar por el Espíritu", es "peripateo", que es un imperativo presente. En otras palabras, el andar por el Espíritu para el cristiano no es una opción que Pablo me dice: "Puedes andar por la carne, tú puedes andar por el Espíritu". Yo creo que tú debes andar por el Espíritu. No es un mandato, y el mandato es continuo, todos los días, cada minuto. Yo tengo el mismo, porque es continuo, es un imperativo presente, es una forma de vivir continua.
Entonces, la característica número dos, ahora, de lo que están en el Espíritu es que él está vivo, pero lamentablemente él tiene un cuerpo muerto. Escucha el versículo 10: "Y si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo el Espíritu está vivo a causa de la justicia". Nosotros no hemos sido glorificados todavía. Nosotros no, bueno, nosotros estamos vivos, no hemos sido ni siquiera os. Pero los que fueron enterrados, sus cuerpos están ahí deteriorándose, pero llegará un momento en que los los sepulcros se abrirán, y el mismo Espíritu que levantó a Cristo de entre los muertos va a levantar mi cuerpo de el sepulcro donde yo esté. En el interín, parao que nos está tratando de decir: "Mira, tú estás vivo en el Espíritu, pero no olvides que tú tienes un cuerpo muerto, un cuerpo que tiene deseos y que esos deseos pues te llevan a hacer cosas que no debieras hacer". El cuerpo está muerto a causa del pecado. Eso fue exactamente lo que Pablo dijo en capítulo 7 de Romanos, que ya lo vimos, en 7:22: "Que en mi interior yo me deleito en la ley de Dios". En mi interior. Próximo versículo, 7:23: "El problema es que yo, al mismo tiempo, veo otra ley". Recuerda que dijimos en el mensaje anterior que cuando Pablo usa la palabra "ley" en ese contexto, se está refiriendo como a un impulso. "Veo este otro impulso en los miembros de mi cuerpo que me hace guerra contra la ley de mi mente", que son los pecados de la carne.
Pero va a llegar un tiempo, dice Pablo, en el versículo 11, que "el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos que habita en ustedes, ese mismo Espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en ustedes". Ah, estamos muertos en delitos y pecados. Vinimos, fuimos regenerados, pero eventualmente el cuerpo entonces será glorificado. Y ahí, yo creo que cuando nuestros cuerpos se estén levantando, quizás podamos decir: "No, en el aire, dame cinco, finalmente ya estamos libres de pecado, de influencias del pecado". El cuerpo que fue enterrado en debilidad ha resucitado en poder. El que fue resucitado en corrupción ha resucitado en gloria. ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya!
Número tres, característica número tres de lo que están en el Espíritu: ah, si tú eres, si tú estás en el Espíritu, tú eres un deudor, pero no a la carne. Escucha el versículo 12: "Así que, hermanos, somos deudores no a la carne, para vivir conforme a la carne". Sea la inferencia aquí es que tú eres un deudor, pero no a la carne. Que está claramente dicho, pero la inferencia es: tú eres un deudor del Espíritu. Yo no sé por qué le pagamos interés a la carne, porque yo no le debo nada a la carne. No le pagues "itbis" a la carne, que tú no le debes nada a la carne. En mi carne no habita nada bueno. De hecho, Cristo lo dijo de otra forma, como vimos también: "La carne para nada aprovecha". ¿Cuál es tu fascinación con la carne si no te provee nada bueno? Ahora, al Espíritu tú le debes todo. De él, que somos deudores al Espíritu. Le debemos el hecho de haber pasado de la muerte a la vida. Al Espíritu le debemos el privilegio de amar la ley de Dios. Al Espíritu, yo le debo que ahora yo puedo someterme a la ley de Dios, porque me empodera. Yo le debo al Espíritu el hecho de que ahora yo puedo obedecer genuinamente y no por cumplimiento para cumplir con alguien. Le debo el hecho de que yo puedo comenzar a lucir más como Cristo. Al Espíritu le debo tanto que no solamente le debo el poder someterme a la ley de Dios, es que él me transforma a tal grado que incluso pone en mí el deseo de querer hacerlo. Para la carne, yo no le debo nada, ni tú tampoco. Al contrario. Bueno, pastor, ¿y qué hacemos con esos deseos de la carne? Exactamente. Tú alguna vez has ayunado, ya sea un ayuno espiritual o tú ayunaste para hacerte una prueba de sangre el otro día en la mañana. ¿Cómo tú ayunas? El estómago te dice: "Tengo hambre", y tú le dices: "No puedo comer". Pues eso tú haces con los deseos de la carne. La carne te dice: "Quiero esto", y tú le dices: "Yo sé, usted no se lo puede comer, porque porque ahora ahora yo tengo algo que amo más que el deseo que tú quieres, que se llama Dios". No solamente que lo amo más, es que él es mi amo y no tú. Hasta ahora tú habías sido mi amo, pero ya no. No te debo nada. Cristo me hizo libre, me liberó de ti. A él sí le debo todo. De manera que es a él a quien
Voy a obedecer y no ti. Tú ayuda de la misma ayuna de la misma forma que ayunastarea.
Dí la carne, hay que ayunar la todos los días. Hay que crucificarlo todos los días para hacer algo bien. Tú y yo necesitamos depender del Espíritu. De manera que soy un deudor al Espíritu, poner querer y el hacer.
Ahora Pablo establece un un buen contraste en el versículo 13 y hace lo siguiente. Escucha o dice lo siguiente: "Porque si ustedes viven conforme a la carne habrán de morir; Pero si por el espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán."
Okay, ¿por qué si vivo conforme a la carne voy a morir? Porque no soy creyente. Pablo está diciendo, si tú pecas un día, ya vas a morir. No, eso es lo que está diciendo. Pero si tu estilo de vida, el conocido y el no conocido, uno de los dos o los dos son conforme a las obras de la carne, tú vas a morir. Yo voy a morir. ¿Por qué? Porque no soy cristiano. Porque obviamente no estoy exhibiendo el fruto del espíritu. Y la mente puesta en la carne es muerte.
Hermanos, después que el espíritu viene a morar en ti y en mí, es cierto que él es el agente de la santificación, pero él no la hace solo. Por diseño de Dios, no porque no pueda, pero por diseño de Dios, yo tengo una responsabilidad. Yo tengo una responsabilidad de hacer morir las obras de la carne. Ahora, yo no tengo ese poder. Nota que yo no hablé de poder. Yo tengo la responsabilidad de depender del espíritu, de buscar llenura del espíritu, de agarrarme del poder del espíritu y hacer yo morir las obras de la carne. ¿De dónde yo saco eso? Versículo 13: "Porque si ustedes viven conforme a la carne habrán de morir; Pero si por el espíritu hacen morir..." ¿Quiénes? Ustedes. "...las obras de la carne, vivirán."
¿Notaste como Pablo le dice? No dice, "pero si ustedes hacen morir las obras de la carne, vivirán." No dice eso. "Si por el espíritu la hacen morir." El espíritu me empodera, yo me rindo, yo me someto, pero él me empodera para ayunar la carne. Lo que implica que mi santificación no es pasiva. Para mí es muy activa. Yo domino propio, que es fruto del espíritu, para decir que no a todo lo que Dios quiere que yo diga que no. Y yo necesito la dependencia de ese espíritu. Es es muy activa por medio del espíritu.
Déjame ver si te lo puedo ilustrar, porque el tiempo se ha ido. Gálatas 5:20, Pablo describe primero las obras de la carne. En 5:23 me describe el fruto del espíritu, que yo creo que es como una excelente inspiración que Pablo recibió para ponerlo ahí, uno detrás del otro. Entonces, él describe una serie de cosas. Yo no tengo tiempo para entrar en todas, pero déjame darte algunas.
En 5:20, Pablo habla de que la ira es obra de la carne. La ira, lo opuesto a la ira, ¿qué sería? La mansedumbre. Bueno, en 5:23, Pablo me dice que la mansedumbre es una de las virtudes del fruto del espíritu. En otras palabras, cuando yo no estoy controlando mi ira, el yo en ti o en mí no se está sometiendo al espíritu, porque no se está oponiendo a la producción de la mansedumbre en mí.
En 5:20 se nos dice que la división es una obra de la carne. Pero en Efesios 4:3 me dice que la unidad es el fruto del espíritu. De manera que si soy una persona divisiva, hay un problema en mi yo que no se está sometiendo a la acción del espíritu. Si soy creyente, ¿verdad? Que es el que construye la unidad.
Pastor, pero entonces, ¿qué hago? Bueno, tú recuerdas lo que yo te leí la semana pasada, que Paul Tri decía o dice que el ADN del pecado es el egoísmo. Entonces, el yo hay que matarlo. Sí, pastor, pero que eso viene como con el tiempo, poco a poco, como que lo vamos sofocando hasta que él se va muriendo. Eso no fue lo que Cristo dijo.
Escucha lo que Cristo dijo. Una idea. Cristo está aquí predicando. Ustedes son las multitudes que venían tras él. Como él vio tanta gente, él dijo, bueno, déjame aclarar a esta gente qué es lo que se requiere para para ser un discípulo. "Si alguno de ustedes que están aquí, allá arriba, allá arriba, allá atrás, quiere venir en pos de mí, mátase a sí mismo." Muere así mismo. O sea, comienza por ahí.
Pero Jesús, todavía no he comenzado a seguirte. Claro que no. Porque si tú no mueres a ti mismo, tú te vas a seguir. Tú vas a venir detrás de mí caminando, pero tú vas a seguir al yo tuyo. No, no. Si tú quieres venir en pos de mí, tú mueres a ti mismo. ¿Y qué más? Bueno, tú tomas tu cruz y luego tú me sigues. Porque no me puedes seguir si el yo no se muere. Ah, pero que no me lo habían explicado así. Bueno, está ahí en la palabra más de una vez con diferentes diferentes formas.
En Gálatas 5:20 dice que los pleitos son obras de la carne. Bueno, en 5:22 se nos habla de la paciencia, que pudiera evitarnos los pleitos. Pero si yo, si los pleitos son obra de la carne y yo veo, encuentro que soy una persona contenciosa, el orgullo de la carne que es requiere para contender, porque la carne le gusta ganar y no le gusta, no le gusta perder. Entonces, hay una parte del yo que no ha sido cedida al control del espíritu. Estoy hablando creyentes.
Gálatas 5:20 se nos habla de las rivalidades, que son fruto de la carne. Bueno, pero 5:22 nos habla que la paz, que ya le mencioné, es fruto del espíritu. 5:20 nos dice que la inmoralidad, la sensualidad, las borracheras, las son fruto de la carne. Sí, pero en 5:23 se me dice que el dominio propio, que frena toda esa perfección sexual, es una virtud del fruto del espíritu. Hay una parte de Miguel, en ese caso, si fuera la persona que no se está sometiendo y que está en rebelión al señorío de Cristo y al control del espíritu, que básicamente es la misma cosa. Y por eso no estoy frenando esas obras.
¿Te das cuenta por qué Trip dice que el ADN, la esencia del pecado, es el egoísmo? Y la conclusión de Pablo, y cuarta característica de lo que están en el espíritu, es que son guiados por el espíritu. Versículo 14: "Porque todos los que son guiados por el espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios." Si tú eres un hijo de Dios, el espíritu mora en ti. Entonces, tú eres guiado por el espíritu. Si has nacido de nuevo, el espíritu guía, guía tu vida todos los días.
Y como el espíritu guía mi vida todos los días. Bueno, él mora dentro de ti. Tú no oyes una voz, pero hay, tú sabes, tiene que saber esperar. Y la, en inglés se habla de los prompting del espíritu, los impulsos del espíritu. Y y está la palabra de Dios, que es iluminada por el espíritu, y de repente me ayuda a tomar ciertas decisiones. Pero tú sabes, los hijos de Dios con frecuencia cambian de trabajo, cambian de de naciones, se mudan, cambian de esposa, cambian de novia, de novio, ah, invierten dinero, gastan dinero, consumen dinero. Pero todo el tiempo, no el dinero es del Señor. No, no es del Señor. Tú no has hablado con el dueño. Mi vida es del Señor. No, no, no es del Señor. Tú te andas mudando para allí para acá y tú no has hablado con el dueño de tu vida. O sea, hay un problema en nuestro entendimiento de lo que es un discípulo de Cristo.
Entonces, si todos los que son gui, todos los que son de Dios, son guiados por el, ¿qué pasa cuando yo desobedezco? Él dejó de guiarme. No, yo lo que no estoy haciendo o lo que estoy haciendo, estoy ignorando la guía del espíritu. Yo estoy ignorando los impulsos del espíritu. Yo estoy ignorando los frenos del espíritu. No, no debes. No debiera. Te pasaste. Yo estoy ignorando la sabiduría del espíritu. Estoy ignorando los recordatorios del espíritu.
A ti no te ha pasado que frente a algo, el espíritu te trae una experiencia anterior similar o igual y te dice, "recuerda esto. Recuerda lo que pasó. Recuerda las consecuencias." Y si no es tuya, te trae una consecuencia de alguien o algo en la Biblia y te dice, "mira a ver." Yo estoy ignorando las advertencias del espíritu. Que no tienen que ser tan místicas. Puede ser un amigo, puede ser un sermón, puede ser una película de contenido cristiano, que Dios dice, "tú eso, mira, mira dentro lo que estás pensando o viviendo." Todo eso son recordatorios, advertencias del espíritu.
Yo mencionaba en "Por su causa", en el cierre final, bueno, si era el cierre final, obviamente es un pleonasmo, pero en el cierre, borré la palabra "final", hablando de cómo terminar bien la carrera. Ah, es como esto, el, usé la experiencia del Titanic. El Titanic se hundió, 1523 personas perdieron la vida. ¿Sabes cuántas advertencias recibió el Titanic para que redujera velocidad debido a la presencia de icebergs de gran tamaño en el área? Seis. Y el primero, incluso, ni se lo entregaron al capitán para no molestarlo porque estaba cenando. De manera que antes de que el Titanic fracasara, Dios permitió que seis advertencias le fueran dadas.
Si verdaderamente tú has nacido de nuevo, el espíritu mora en ti. Por medio de ese espíritu, hermano, tú fuiste adoptado a la familia de Dios. Tú te imaginas, tú eras esclavo y ahora tú puedes sentarte a su mesa. Tú eras hijo de ira y ahora eres hijo de Dios. Tú estabas perdido en el mundo y ahora estás encontrado en el reino de los cielos. Tenía un corazón de piedra y ahora tiene un corazón de carne. Tu mente estaba en tinieblas y ahora tiene luz. Tu voluntad estaba esclavizada al pecado y ahora tú eres libre.
Yo no creo que nosotros entendemos los privilegios que nosotros disfrutamos. Tú estabas en el fango, yo también, hermano, en el fango del pecado. Y Dios vino con la sangre de Cristo y me limpió y me dejó blanco como la nieve. En esas circunstancias, el Dios de gloria, déjame leerlo, lo escribí esta mañana en la madrugada. Todavía en esta circunstancia, el Dios de gloria, amado infinitamente por su padre, que disfrutaba del amor y la adoración de todo el ejército celestial vestido de gloria, un día no consideró nada de eso como algo de que aferrarse. Decidió dar más de lo que iba a mandar y se hizo hombre. Y luego se hizo siervo de los hombres para que finalmente, para para finalmente ser acusado por los hombres y pasar a ser la burla de los hombres y la persona por Dios en un madero, como decía la ley. Todo hecho con una sola intención de que el verdadero acusado y culpable y digno de condenación pudiera pasar a ser adoptado por Dios y pudiera pasar a ser coheredero con él para el resto de la eternidad.
¿Tú te imaginas eso, hermanos? Piensa por un momento. Dios no ama a Cristo más que a ti. Si tú eres su hijo. Eso te puede chocar, pero Dios ama infinitamente todo el tiempo. De la misma forma que te digo continuamente, no vas a amar a quien fue tu esposa o tu esposo o tu hijo más a los demás que en el reino de los cielos. Aunque nunca lo hayas conocido, porque eso no es como se ama en el reino de los cielos. No se ama parcialmente.
Escucha, es el final de una ilustración que Tim Keller usó. No voy a leer la ilustración. Yo creo que esto es suficiente. Este es su comentario después de la ilustración: "Nuestra adopción, que somos amados como Cristo es amado, somos honrados como lo es él. Cada uno de nosotros, pase lo que pase, mis circunstancias no pueden obstaculizar ni amenazar esa promesa. De hecho, tus malas circunstancias solo te ayudarán a comprender e incluso a reclamar la belleza de esa promesa de que eres hijo."
Cuanto más vives quien eres en Cristo, en realidad, más te vuelves como. Pablo no te promete mejores circunstancias de vida. Él te promete una vida mucho mejor. Claro, Cristo es quien hace la promesa, pero él te promete una vida de grandes cosas. Él te promete una vida de alegría. Él te promete una vida de humildad. Te promete una vida de nobleza. Te promete una vida que durará para siempre, para para la eternidad.
Imagina, yo le decía a los a los adolescentes de ayer, ah, ¿cuál es el afán de vivir 70, 80, 90, 100 años para los placeres de la carne, disfrutando aquí y y pasar ese pedacito de tu existencia divino y pasar luego el resto de la eternidad en una condenación eterna de donde jamás puede salir en ausencia de Dios y en dolor físico o emocional de cualquier forma que sea? ¿Cuál es ese afán? Tienes que aprender a medir la vida de otra de otra forma.
Y lo mismo tengo que decírmelo yo todos los días. Cristo te compró para otra vida. Te trasladó a otro reino. Te dio otro poder. Te cambió la mente. Y ahora nosotros podemos cantar y luego ir a vivir y decir, "viviré para honrarle solo a él." Y luego que cuando tú quieras hablar con él, tú te imaginas si tú quisieras hablar con el presidente de esta nación, que es pequeñita, olvídate, no, no lo va a conseguir, porque a menos que tenga contactos y tenga personas muy cercanas a él. Imagínate si quieres hablar con el presidente de Estados Unidos, mucho menos. Pero tú puedes hablar con el creador del universo el día que tú quieras, cuando tú quieras, en el lugar que tú estés, en la posición que tú estés, y puedes decirle "Abba Padre" y él te va a decir, "dime mi hijo, ¿qué necesitas? ¿Qué quieres?" ¿Te imaginas?
Yo no creo que nosotros tenemos la más remota idea de lo increíble que es ese privilegio, sobre todo cuando estaba perdido en tus propios delitos y pecados, y yo también. Padre, gracias porque tú sabes que nosotros no tenemos la más mínima idea de lo que tú nos has regalado en Cristo. Y aún así, yo ni sé por qué tú nos amas tanto como nos amas. Pero me voy a me voy a corregir. Yo sé por qué tú nos amas tanto como nos amas. No por nosotros, sino porque tu amor depende solamente de ti. Y ese es el corazón tuyo, un corazón que ama a los suyos, un corazón que nos dio tu imagen. Y tú amas tu imagen. Y como nosotros arruinamos tu imagen, tú enviaste a tu hijo a redimir tu imagen que tú amas y que es lo único que merece gloria, tu imagen, tú, no nosotros. Nosotros somos un reflejo, fuimos hechos a tu semejanza, no igual que tú, pero eso es un enorme privilegio.
Todos los días yo podría contar mis bendiciones y tendría que decir, ¿quién soy yo para que tú cuides de mí? ¿Quién soy yo para que me hayas bendecido de la forma que me bendije en Cristo? ¿Quién soy yo para que me cuides todos los días con tus ojos puestos en mí? Oh Dios, permite que tu pueblo pueda aquilatar lo que tu palabra dice acerca de nosotros. Déjanos ver la ruina, luego déjanos ver la gloria. Déjanos ver la ruina en que Adán y Eva nos metieron, pero luego déjanos ver la gloria en Cristo. Recuérdanos que lo que perdimos en Adán, o mejor dicho, lo que ganamos en Cristo es mucho más que lo que perdimos en Adán. Gracias por tan grande privilegio. Su pueblo dice, amén.
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