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Jesucristo Rey del Universo

Padre Eugenio Fernández Herrera22:13

Transcription

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús, diciendo, "A otros ha salvado, que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido."

Se burlaban de él también los soldados que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo, "Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo."

Había también por encima de él un letrero. Este es el rey de los judíos.

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo, "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros."

Pero el otro, respondiéndole, increpándolo, le decía, "Ni siquiera temes tú a Dios estando en la misma condena. Nosotros en verdad lo estamos justamente porque recibimos el justo pago de lo que hicimos. En cambio, este no ha hecho nada malo." y decía, "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino."

Jesús le dijo, "En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso."

Palabra del Señor.

Jesucristo, rey del universo. Jesús es el rey del universo.

Fijaros, la primera lectura me gustaba muchísimo, me llamaba la atención porque hm dice que ungieron a David como rey de Israel y tú y yo hemos sido ungidos como reyes, ¿verdad? ¿Sabes cuándo? el bautismo. El bautismo, en el bautismo, el santo crisma, fuiste ungido, dice, como sacerdote, como profeta y como rey. Antiguamente se ungía a los profetas, se ungía a los reyes y se ungía a los sacerdotes. Y tú, por el bautismo has sido ungido, digamos que eh como Cristo con el santo crisma. Crisma es el es Cristo, quiere decir ungido. El ungido, el que recibe el crisma está llamado a ser Cristo. Y tú has recibido el crisma, no solo en la confirmación, sino primero lo recibiste en el bautismo, el santo crisma, justo después de salir de las aguas, justo después de que te echaron el agüita o que no sé si fue por inmersión o como fuera el bautismo tuyo, después del agua vino el Santo Crisma para darte el Espíritu Santo y darte y además el Santo Crisma es es muy a mí me encanta el Santo Crisma es de los de los tres aceites. Está el óleo de los enfermos, que es no tiene nada de especial la bendición que hace el obispo sobre él. Está el óleo de los catecúmenos, que es el que se da al inicio en el bautismo, antes de ser bautizado. Y está el Santo Crisma, es el mejor, es el que más me gusta a mí. Además, huele huele a perfume. Es un aceite de oliva con un perfume también eh bendecido y consagrado por el por el obispo. Y este aceite con el cual somos ungidos, que es perfumado, nos dice que estamos llamados a oler a Cristo. Estamos llamados a oler a Cristo, a oler así, a llevar este perfume por donde vayamos.

¿Cuál es el perfume del rey? Porque Cristo es el rey del universo y huele. ¿A qué huele el rey? A amor. Muy bien. El reino de Dios es amor. Ya te dije todo lo que te tenía que decir. Ya podría terminar aquí la homilía. El reino de Dios es amor. Es el amor. Dios es amor. Es una frase espectacular esta, ¿no? Dios es amor. Está en la escritura revelado. Yo creo que es la frase más importante para mí de toda la escritura. Dios es amor. Resume en una palabra la esencia de Dios. Era muy difícil hablar de Dios. Era muy difícil. De hecho, los judíos no pueden ni pronunciar su nombre, pero eh Juan en sus cartas dice, "Dios es amor." El amor. Si Dios es amor, el reino de Dios es el amor. Es el amor a tu vida. No sé cuándo llegará el reino de Dios a mi vida. Cuando experimentes el amor del Señor. El reino de Dios ha llegado ya. Dice Jesús cuando predica la buena noticia, "El reino de Dios ha llegado a vosotros porque estoy yo aquí. Yo soy el amor del Padre."

Fijaros qué bonito esto, porque dices, "Bueno, pues hoy día del rey de Jesucristo, rey del universo, y nos ponen la cruz. El evangelio en la cruz, Cristo en la cruz." Pero, ¿cómo así? O sea, el rey muerto en una cruz. La tortura más horrible que había en esa época. No sabéis cómo era esta tortura. Era era impresionante ver cómo cómo morían estas personas. morían ahogadas, ahogadas, porque colgado, colgado, todo tu peso colgaba sobre las palmas de tus manos, sobre tus muñecas, colgabas todo tu peso, ¿no? Para poder respirar tenías que hacer fuerza con los pies y con las manos para elevarte un poco y que no estuviese oprimido el pecho, porque con la opresión de colgado no puedes respirar. eh tenías que desoprimirlo un poco levantándote para poder respirar un poco, ¿no? Y esta así era todo el rato el dolor de de los clavos en en precisamente en estos lugares por donde pasan tantos nervios aquí en la muñeca y en los pies. Los pies eran eh clavados eh prácticamente por el hueso a la cruz y el dolor, el el levantarte, tal, llegaba un punto que además había sido flagelado Jesús, etcétera. El reo había sido maltratado. Cuando ya era crucificado, tenía muy pocas fuerzas para poder hacer este ejercicio de levantarse para poder respirar sobre sí mismo, ¿no? Y finalmente, cuando ya no tenía fuerza, ya no se podía levantar y se moría ahogado. Es una muerte por afisia. Mueren ahogados, ¿no? No es que mueran de hambre allí, no, no mueren en pocas horas ahogados, ¿eh? Y así y así muere nuestro Señor Jesucristo. Los otros dos que estaban al lado, ¿no? Los otros dos mueren, eh, sí, porque les todavía tenían fuerzas. Se ve que no les habían dado suficiente látigo. Todavía tenían fuerzas para poder respirar. Entonces, ¿qué hacen? Les rompen las piernas. Claro, al romperte las piernas ya no puedes levantarte, ya no puedes apoyarte para levantarte, para respirar. Ya hasta ahí quedaste. No les quebraban. Cuando ya se cansaban de que estuvieran ahí en la cruz, pa, les rompían, les quebraban los huesos, el fémur, la tibia o lo que sea, ¿eh? y y le y y morían. Cristo no le quebraron las piernas porque ya estaba muerto.

¿Y por qué nos pone hoy la iglesia en esta fiesta esta palabra de muerte, de tortura para hablarnos del rey? Hay un himno antiguo que dice que Dios reina desde el madero de la cruz. Es un himno precioso. ¿Habéis escuchado esa canción? Victoria tú reinarás. Oh cruz tú nos salvarás. Es preciosa. El verbo en ti clavado muriendo nos rescató. Creo que es así, ¿no? En ti, madero santo, por ti, madero santo, nos viene la redención. Más o menos es así. Más afinado, obviamente, pero así. Victoria, tú reinarás en la cruz. ¿Dónde ha reinado Cristo? En la cruz. Esa ese es su trono. De hecho, el cartel que ponen aquí está el rey de los judíos. El rey de los judíos, dice Pilato. Le dicen a Pilato, no pongas el rey. Este ha dicho, "Soy el rey de los judíos." No, lo escrito, escrito está. murió por ser el rey, por decir que era el rey de los judíos.

Mi reino es de este mundo. Claro, porque el amor, le hemos dicho que el reino de Dios es el amor. El amor de Dios no es de este mundo. No es de este mundo. Amar así como te ama Dios no lo puede hacer un hombre de este mundo. Solo lo puede hacer Cristo. Y un cristiano que tiene dentro a Jesucristo, que ha sido ungido como Cristo, que tiene dentro el espíritu de Jesucristo y puede entrar en la cruz también como Cristo. Entonces, este es su trono. Su trono donde reclinó la cabeza. Dice, "No tengo donde reclinar la cabeza." Sí, en la cruz ahí reclinó la cabeza.

Y en este en este reino de Cristo, yo siempre me acuerdo cuando veo los dos ladrones, me acuerdo de los hijos de Zebedeo. Siempre, ¿no? Cuando llega la madre toda lambona allí a decirle, "Di que mi hijo, mis dos hijos, Santiago y Juan, se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu reino." Y dice Cristo, "Eso no está, eso no lo concedo yo. Ya está reservado para dos ladrones. Uno a su derecha y otro a su izquierda en su reino, en la cruz. Dos ladrones. No es que uno era bueno y otro era malo, ¿no? Porque siempre un el buen ladrón, ni bueno ni mal. Los dos eran un desastre. ladrones asesinos seguramente también como tú y como yo. Pero hay uno, hay uno, hay uno que se siente amado por el Señor en ese momento de la cruz. Hay uno que puede entrar en la cruz, hay uno que reniega de la cruz. Hay otro que dice, "Yo entro aquí, Señor. No te pido que me liberes de aquí. Solo te pido porque el el otro le decía, "Tú si eres el Mesías, bájanos de aquí a los a los tres. Venga, ayúdanos, ayúdanos, que es una oración que puedes hacer tú también, ¿no? No es que sea una oración mala, ¿no? Oye, Señor, quítame este sufrimiento. Quítame este sufrimiento. El uno de los ladrones, quítanos el sufrimiento. Bájanos de la cruz tú y nosotros. Venga, que tú tienes poder. No has curado a un ciego? ¿No has resucitado a un muerto? ¿No has limpiado a un leproso? ¿No has hecho caminar a un cojo? Pues entonces bájanos de la cruz. ¿Qué es lo que quizá le pides tú al Señor siempre? Bajarte de la cruz. No, bájame de la cruz. Quítame este sufrimiento, quítame esto otro. No. Y pero está la actitud del otro que entra en la cruz, le dice, "Señor, no le pide que le quite el sufrimiento. No le pide, dice, me merezco esto. Merezco estar aquí. Solo te pido una cosa, que me hagas experimentar tu reino, que pueda ver el cielo. Fijaros, eh, fijaros la la cómo difiere la oración de uno del otro, que es la oración del cristiano. Este hombre es figura del cristiano. Este hombre, este, el buen ladrón que han llamado Dimas, le pusieron nombre. Aquí en la escritura no tiene nombre, pero de San Dimas sabemos que está en el cielo. ¿Por qué? Porque Jesús le hoy estarás conmigo en el paraíso.

Pues estas estos hermanos, esto es lo que nos quiere decir hoy el Señor, que es entrando en la cruz, en lo que el Señor nos pone cada día, que no nos gusta, que siempre queremos, hemos querido quitar. Tú fíjate, hay algo en tu vida o varias cosas que tú siempre has querido quitar de en medio, que no lo has querido tener, que no lo quieres ver, que cuando piensas en ello te te te viene una angustia inmensa. O quizás tu matrimonio es una enfermedad. Eh, es la pobreza que viviste de pequeño, es la injusticia que viviste porque tu padre maltrataba a tu madre o lo que sea, algo que te ha marcado, que es que que lo ha permitido Dios. Tantas veces la cruz, ¿no? La cruz siempre es permitida por Dios. Tantas veces nosotros la hemos desechar. La piedra que desecharon los arquitectos se ha convertido en piedra angular. O sea, resulta que lo que tú y yo hemos querido quitar de en medio siempre es lo que Dios nos ha dado para salvarnos. O sea, que tú al querer, al rechazar la cruz, rechazas tu salvación, fíjate, rechazas tu salvación, rechazas la llave para entrar al cielo. La cerradura del cielo tiene forma de cruz. Si tú llegas con tu cruz, puedes abrir esta esta puerta y entras al cielo. O sea, ¿qué te quiero decir? No estamos hablando para cuando nos muramos, estamos hablando para ya hoy. Que tú puedas estar en tu matrimonio, que puedas perdonar a tu esposo, que puedas perdonar a tu mujer, tenerle paciencia. Eso es entrar en la cruz. Eso es entrar en la cruz. es no renunciar al trabajo, por ejemplo, porque te están persiguiendo, porque no robas o porque porque te están haciendo la vida imposible, porque porque eres cristiano en el fondo. Eh, pues esto es tomar la cruz, no renunciar, no huir del sufrimiento, sino entrar en el sufrimiento.

Yo no sé cuántos padres de los que estáis aquí, padres y madres, sobre todo las mamás gallinas, son horrorosas. ¿Por qué? Porque le quieren evitar siempre el sufrimiento a los hijos. No les dejan sufrir. Deja que sufra, hombre. Deja que coma de la que sabes. Deja, deja la mamá gallina insoportable, mamona, te lo estás tirando. Déjalo. Enséñale a sufrir. Enséñal. Tú tú le has enseñado a tu hijo a sufrir o le has enseñado a huir del sufrimiento. ¿Cómo huyes del sufrimiento tú? ¿En el alcohol? ¿Te refugias en la sexualidad? Te refugias en el dinero. ¿En qué te refugias? Para huir del sufrimiento, para no querer ver el sufrimiento, para huir, para llenarte, porque eso es lo que le estás transmitiendo a tus hijos. Ahora, si tú eres un padre y una madre de fe que entra en el sufrimiento y tu hijo lo ve, dice, está, mira cómo entra en el sufrimiento. Mira cómo puede entrar en la cruz. Y experimentarás una alegría inmensa, ¿eh? Porque entrando en la cruz se experimenta el reino de Dios, el amor. Allí donde tú no crees que está el amor de Dios, está está allí porque es una perla preciosa escondida. Estoy tocando muchas palabras hoy. La perla que está escondida, el tesoro que está escondido en un campo que uno lo encuentra, dice lo encuentra. Hay otros que no lo encuentran. Hay alguien hay alguien que que con la misma cruz tuya o lo que sea no no puede ver el amor de Dios. Pero a ti de pronto se te ha sido revelado y encuentras ese tesoro y ¿qué haces? Dice que vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. Compra el campo. Ya, ya la cruz ya es gloriosa, ¿no?

¿Sabéis? Yo os lo he dicho muchas veces, hay tres, digamos, tres etapas para en nuestra cruz. La cruz que tenemos todos. Lo primero es verla, lo segundo es aceptarla. Y lo tercero es ver el bien que me ha hecho. Que tu padre fuera así, un desastre, un gamín, era un bien para ti que no lo has visto, porque no tienes fe. Que no tuvieras mamá era un bien. Esa es la cruz gloriosa, pero no lo has visto. Para ti siempre ha sido algo malo o algo horroroso. Esto es entrar en esta cruz donde reina Cristo, donde Cristo está vivo. Está vivo, resucitado. Los primeros cristianos siempre representaban a Cristo en la cruz, resucitado, ya reinando con corona de rey, con paño real. Siempre no has visto las cruces antiguas, así está erguido, derecho, resucitado. Ya. ¿Por qué entendían que entrando en la cruz ya uno resucita? Es el paso a la resurrección. Quizá lo que tú necesitas y yo necesito es experimentar esto. ¿Qué en tu matrimonio está el cielo? ¿Cómo es tu mujer? ¿Cómo es tu esposo? ¿Cómo es? No cambiándolo. Porque tú siempre has creído que cambiando este detallito de tu mujer, este detallito de tu esposo, bueno, de tu esposo tendrías que cambiar entero, ¿verdad? de arriba a abajo, ¿no? Un detallito, no, todo. Un esposo nuevo, el de mi amiga, ese sí que es un caballero. Ese sí que es generoso. La lleva a pasear. La mira, la llevo a Europa, la llevó a Cancún, pero el mío es un tacaño ahí a morir. Bueno, pues tú que has creído que hay que cambiar, ¿no? Con ese esposo que tienes, que es un desastre, ¿verdad? Tú puedes experimentar el cielo. De hecho, es la única manera que tú vivas el cielo con ese esposo que el Señor te ha dado, no el de la otra, sino ese, con esos hijos que son horrorosos, que te persiguen, que se ríen de ti, que ya te dan una patada en el trasero. Esos hijos. Esto es el cielo para ti. Esto es la lectura de hoy. Esto es el día de hoy. Jesucristo, rey del universo, Señor, quiere reinar en nuestra vida. quiere que tú puedas ver el amor que te tiene en eso que tú siempre has querido quitar de medio.

Pues entonces, ánimo, hermanos, que el Señor nos conceda hoy experimentar el paraíso. Decía, "Hoy estarás conmigo en el paraíso." Esto es el paraíso. La Eucaristía es el paraíso, hermanos. Es lo más parecido al cielo que podemos ver, porque es estar con Cristo, es comer a Dios, es que Dios entra dentro de ti de una manera física. Ojalá entre también en tu corazón. Cristo para que pueda ser cristiano. Esto es lo más, esto es lo más cerca al paraíso. Esto, hoy estarás conmigo en el paraíso. Hoy esta Eucaristía te transforma el corazón. Tiene el poder Cristo de ser el rey en tu vida, de reinar, de reinar sobre tus pasiones, de reinar sobre tu amor al dinero, de reinar sobre tu egoísmo, de reinar sobre tu alcoholismo, de reinar sobre tu creerte mejor que todo el mundo, de reinar sobre tu comodidad. Yo decía hace 8 días el el domingo pasado, que nuestra religión es que nadie me joda la vida, ¿verdad que sí? Esa es tu religión, esa es tu premisa. Solo hay un mandamiento en tu religión hay un mandamiento. Que nadie me joda. Y ya. Y todo lo demás se se deriva de ese, ¿verdad? Y el que me jode lo voy sacando. Perdonadme la expresión que estoy usando, pero es así. Es así. Esta es tu religión y has hecho todo lo posible para que esta religión se lleve a cabo así. Pues el Señor te dice hoy, mira, quiero sacarte de tu egoísmo, quiero sacarte de tu burguesía, quiero darte el cielo. Solamente fíate de mí. Fíate de mí. Fíjate que yo soy tu padre y que te quiero, que soy bueno. Porque si tú sabes que tienes un padre bueno, todo lo que te da está bien. Yo no sé si tú crees que todo lo que te da el Señor está bien, pero es el rey del universo y quiere reinar en nuestra vida, quiere eh edificar este templo nuevo, como veíamos hace la semana pasada, también tiene que sacar primero estos reyes que tenemos dentro.

¿Quién es tu rey hoy? ¿A quién tú le obedeces hoy? ¿A quién te postras hoy? Rey es aquel que reina. ¿Qué reina tu vida hoy? No sé qué reina tu vida hoy. La vanidad, el querer ser, el éxito, ser, hacer un máster. Eh, ¿qué qué reina tu vida hoy? Que te quieran tus hijos, que tus hijos estén en la universidad. ¿Qué reina tu vida? ¿Qué es lo que está dirigiendo tu vida? La sexualidad, el adulterio, ¿qué reina tu vida? El amor al dinero, ¿qué es? Piénsalo. Y te vas a dar cuenta que quizá no es Dios. No es Dios, pero él quiere estar. Por eso, ánimo, pasemos a este banquete maravilloso donde el Señor eh se va a dar una vez más, se va a entregar. Eh, en cada Eucaristía el Señor muere y resucita otra vez por ti. No estoy diciendo ninguna herejía. se hace presente. No estamos recordando algo que pasó hace 2000 años, sino que hoy Cristo aquí se hace presente en este altar y da la vida una vez más por ti, porque sabe que lo necesitas. Tú necesitas hoy experimentar que Cristo reina, que quiere reinar en tu vida, que está resucitado, que está vivo y que ha vencido la muerte. Por eso, pasemos y recibamos a nuestro Señor Jesucristo con alegría, hermanos. con amor, porque él siempre viene a amarnos.

Esto es el reino de Dios y cuando lo experimentemos podremos nosotros llevar el reino de Dios a los demás. Ahora el mundo pregunta, "¿Hay que hacer el reino de Dios en la tierra? Hay que hacer el reino de Dios. Tú no puedes hacer absolutamente nada. Es Cristo quien implanta el reino de Dios en la tierra. Ya lo ha implantado con su amor, con su misericordia. Donde hay un cristiano está el reino de Dios. Si tú eres cristiano, en tu casa está el reino de Dios, porque en tu casa está el amor. No está el amor porque tengas una frasecita, Dios bendice este hogar. Carreta. No está el Señor porque tengas un altarcito con la Virgen de Guadalupe y la Virgencita de la Medalla Milagrosa. Carreta, no está el Señor porque hagas la novena de la sangre de Cristo. Carreta, no está el Señor porque eches agua bendita a todo lado o le o le metas un baldado de agua bendita a tu esposo para ver si se convierte el desgraciado. No, no está el reino de Dios. Por eso el reino de Dios está si tú estás en la cruz, en tu casa. El reino de Dios está si tú estás amando y perdonando. Ahí está el reino de Dios.