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[Música] qué haría si estuviera atrapado en un territorio limitado, expuesto a las inclemencias del tiempo y sin posibilidad de refugiarse en idioma. [Música] Sin otros recursos para alimentarse, salvo los que hubiese disponibles, puesto que no podría desplazarse a ningún lado. Sería una misión imposible. [Música] Así es como viven algunas criaturas terrestres desde hace casi 400 millones de años. Los árboles han desarrollado unas estrategias de adaptación sorprendentes a lo largo de su evolución que les han permitido crecer en cualquier clima y en los entornos más hostiles. Y los árboles son capaces de prosperar con aquello que hay disponible en un lugar. Es impresionante que puedan llegar tan lejos. Los árboles son unos seres fascinantes, desde hace millones de años evolucionan de forma paralela a nosotros, buscando soluciones por su cuenta. [Música] Hoy en día, la ciencia conoce mejor el secreto de sus extraordinarias facultades. [Música] A pesar de su apariencia sencilla, los árboles son unos auténticos superhéroes tecnológicos. Los bosques nos proporcionan una gran variedad de servicios, como medicinas, madera y un aire y agua limpios. Son la herramienta más poderosa contra el cambio climático. Ante los retos que nos aguardan, los árboles son nuestros mejores aliados para preservar la vida en la tierra. Y si siguiéramos su ejemplo, la genialidad de los árboles... [Música] Seguir su ejemplo no se trata de ninguna broma. El término biomímesis viene de vida e imitar. Se trata de inspirarse en el funcionamiento de los seres vivos que nos rodean. [Música] a mi vida en la tierra desde hace tres mil 800 millones de células. Durante este tiempo, dicha vida ha aprendido a hacer todo lo que hace el ser humano, pero sin destruir su entorno. Eso es lo que nosotros deberíamos de aprender también, antes de ir a otros planetas. Según la bióloga estadounidense Janine Benyus, la naturaleza nos brinda toda una gama de soluciones inagotables para vivir en la tierra de forma inteligente. La primera son los árboles, los seres más sostenibles que existen. [Música] Este árbol tiene varios cientos de años y ya estaba aquí cuando los nativos americanos montaron sus tipis en ese arroyo. Ha vivido mucho, ha soportado incendios, tormentas enormes y probablemente hasta rayos. Pero es fuerte y con suerte aguantará varios cientos de años más. [Música] Los árboles son ancianos, son los seres más antiguos del planeta. Se adaptan muy buena al lugar en el que está. Tenemos mucho que aprender de los árboles. Estamos abocados al mismo destino, atrapados por los límites de nuestro territorio. Pero los árboles han sabido transformar este obstáculo en ventaja. Es extraordinario ver lo que son capaces de hacer estos organismos con raíces que no pueden moverse. Los árboles sacan partido a estos límites. Nosotros los percibimos como algo que hay que superar y pensamos eso de que hay que romper las barreras. Pero para un árbol, esto es una oportunidad. Él no lucha contra esos límites, se amolda a ellos. Y llevo estudiando los árboles mucho tiempo y son unos superhéroes. El primer reto al que se enfrentan los árboles es al de alimentarse sin desplazarse. Al contrario que nosotros, los árboles, como todas las plantas, tienen que conformarse con lo que hay disponible en el lugar donde están plantados: el sol, el agua y un gas presente en la atmósfera, el dióxido de carbono o CO2. Un árbol transforma todo ello gracias a un proceso prodigioso: la fotosíntesis. La mayor parte del trabajo lo llevan a cabo las hojas, que son auténticas plantas de procesamiento. Bajo la superficie, hay unos pequeños poros llamados estomas que absorben las moléculas de CO2. Además, las células verdes hechas de clorofila captan la energía solar. El sol y el agua, empujados hacia el suelo, convierten las moléculas de CO2 en moléculas de glucosa. Estos azúcares proporcionan al árbol tanto el material como la energía para crecer. Este proceso químico solo genera un residuo beneficioso para todo el planeta: el oxígeno, sin el cual la atmósfera será irrespirable para la mayoría de los seres vivos. La fotosíntesis hace algo que es muy importante hoy en día, y es el hecho de transformar el CO2 en el material de construcción. Ahora mismo, el CO2 es el mayor contaminante de nuestra era. Pero imaginad que usaran el CO2 y la energía solar para fabricar productos químicos, plásticos y materiales de construcción como el cemento. La seríamos como una planta. La fotosíntesis es la fórmula mágica para nuestro planeta. [Música] Gracias a la fotosíntesis, las plantas terrestres y acuáticas absorben un tercio del CO2 emitido por el planeta. Los árboles almacenan la mayor parte y durante más tiempo. A diferencia de otras plantas que mueren y brotan cada año, los árboles nunca dejan de crecer. Esta característica les otorga un estatus especial en el mundo vegetal. [Música] Uno de los pocos laboratorios científicos interdisciplinares del mundo dedicado a la fisiología de los árboles se encuentra en Francia. Se sitúa en el INRA, el Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente. Dicho centro se llama PIAF y el director es Bruno Moulia. Y este también públicamente. Normalmente, la gente separa los árboles por un lado y las plantas por otro. Es un arroz ya que los árboles son plantas, solo que gigantes. Han crecido más que otras para alcanzar la luz. Además, y dos son plantas cuya parte exterior del xilema es perenne, es decir, estarán ahí durante muchos años. De hecho, sería imposible llegar a esa altura si tuvieran que brotar cada año desde la semilla. Estas imágenes a cámara rápida nos permiten apreciar cómo crece un árbol joven, pero en la naturaleza, su extrema lentitud lo hace imperceptible para el ojo humano. Para la mayoría de nosotros, el árbol parece inerte. A menudo cometemos el error de pensar que un árbol es como un palo. Se nos olvida que está vivo y en crecimiento. Siempre está en movimiento. Esto se aprecia muy bien aquí en la corteza. Si nos fijamos con atención, podemos observar los pliegues que demuestran cómo se expande en vertical y cómo, poco a poco, con el paso de los años, aumentará de diámetro. Acción así son los árboles, crecen a lo alto, a lo ancho, para sujetarse, para crecer a lo alto y a lo ancho. El árbol solo cuenta con los azúcares derivados de la fotosíntesis. Sin embargo, con este único componente, fabrica un material mucho más complejo de lo que parece: la madera. De hecho, un árbol puede variar la estructura y la composición de las células para crear distintos tipos de madera según su función. Mirad este árbol de estado blando tan torcido que casi forma un arco, pero lo más sorprendente es que se enderezará. Puede que en dos o tres años vuelva a estar completamente vertical. Para enderezarse, necesita un motor que impulse su capacidad de movimiento. Esta función la cumple la propia madera, una en particular que se llama madera de reacción. Si mi cuerpo fuese el tronco del árbol, la madera que se forma en la periferia se contraerá y cuando lo haga, mi cuerpo se doblará hacia ese lado. Así ayudará al árbol a enderezarse. Todos los árboles tienen esta capacidad de movimiento. Es necesario que se mantenga entre sí porque si no, estarían por el suelo. Si observáramos este bosque a cámara la ciudad, veríamos a los árboles moverse sin parar, tanto a estos de aquí que están torcidos y han de enderezarse, como los más grandes para equilibrarse. Es como si bailas es. [Música] Este valle tiene un objetivo concreto: y mantenerse derecho, una postura que no es tan obvia como parece. Implica un control constante del equilibrio para permanecer recto y con la cabeza bien alta. Los árboles crecen hacia arriba y normalmente se cree que es porque van buscando la luz. Pero, ¿es esa la única razón? Y las plantas necesitan luz, saben captar la, pero no basta para mantener el equilibrio. Por ejemplo, si la luz les llega por un hueco, se inclinan en esa dirección. Podría partirse un bueno. Existe otro elemento más importante que la luz. Para demostrarlo, Bruno Moulia y sus colegas han creado un sistema en el que la luz procede de distintas partes con la misma intensidad. Midieron una planta joven de álamo dentro de la esfera luminosa durante varias horas, tumbada hacia un lado. Como cuando la planta está en el centro, crece sin problemas porque capta toda la luz que necesita. Sin embargo, aquí la luz no le sirve para distinguir entre arriba y abajo, así que no puede guiarse por ella. Pero está muy bien orientada hacia arriba sin ningún problema. Por tanto, entiende otro factor: si la perciben, la gravedad. La gravedad la detectan otro tipo de células: los estatolitos, son unos granos de almidón bastante gruesos que se encuentran en el interior de unas pequeñas células especializadas. Al pesar más que las propias células, se acumulan en la parte de abajo. [Música] Si inclinamos la planta, los granos de la célula irán hacia abajo en avalancha. Habrá granos en ambas garcías, así que si cuento los que hay en un lado y los que hay en el otro, obtendré la pendiente. De esta forma, al igual que se hace en el colegio, calculamos la inclinación natural. Este cálculo geométrico permite al árbol conocer el ángulo preciso de su inclinación para volver a la posición vertical. Se parece al oído interno de los humanos, nos orientamos en relación a la gravedad gracias a unos granitos del oído interno que también pesan mucho y nos indican dónde está el suelo. La diferencia con las plantas y con los árboles en particular es que su sistema es minúsculo y cabe dentro de una célula. Dichas células se reparten por toda la verdura. Esta mayor distribución hace que los árboles sean más resistentes que las personas. Si nos sacuden con fuerza, no sabremos dónde está el suelo y dónde el cielo, perderemos el sentido de la verticalidad. [Música] Nuestro oído interno es muy sensible a todo lo que perturba la percepción de la gravedad. [Música] Por el contrario, un vaivén no hace que los árboles pierdan su verticalidad. A diferencia de nosotros, ellos no se marean. Pero Bruno Moulia cree que esta percepción de la gravedad no basta para explicar por qué crecen en vertical. Un modelo matemático diseñado junto a unos físicos le permite verificar su parecer. Una planta virtual está programada para crecer en función de solo dos parámetros: la captación de la luz y la percepción de la gravedad. Oscila constantemente sin lograr mantenerse recta. [Música] Para que el árbol permanezca derecho, hace falta un elemento adicional, algo que era impensable hasta que Bruno y su equipo lo descubrieron. Para este nuevo experimento, fabricaron un dispositivo apodado Gravitron. Le engancharon unas plantas inclinadas a un lado en una habitación a oscuras. Al cabo de una hora, las plantas se enderezaron con respecto a la gravedad, como lo hizo la colocada en la esfera luminosa. A continuación, se las privó de la percepción de la gravedad, haciéndolas girar de forma continua sobre sí mismas, lo que impidió que los granos se fuesen al fondo de los estatutos. Las plantas no sabían dónde estaba el suelo. Cuando se las privó de la percepción de la gravedad y estando a oscuras, el único punto de referencia que les quedaba era su propia curvatura. Como dejamos que se dobla, se tendieron a rectificar dicha curvatura, es decir, a alinearse sobre sí mismas y de esta forma se pusieron rectas. Se movieron hacia el otro lado, se alinearon conforme a la percepción de la propia percepción. Nuestra percepción, lo que vemos de nosotros, es el sentido de la rectitud. No es lo mismo que estar inclinado. Puedo estar inclinado y derecho, recto. A dicho sentido se le llama propiocepción, y pensábamos que solo lo poseían los animales superiores. La propiocepción nos permite, por ejemplo, beber con los ojos cerrados porque sabemos dónde tenemos la mano y dónde está nuestra boca. Percibimos nuestro propio cuerpo y su posición en el espacio. Este gran descubrimiento realizado por los investigadores del INRA trastoca nuestras convicciones. Fue una suerte descubrir algo que no se sabía de las plantas y que evidentemente influyó en la comunidad científica. El hecho de saber que una planta es capaz de percibir su propio cuerpo, que cambia nuestra visión de las mismas. [Música] Surgen nuevas posibilidades aún más trepidantes en el campo de la investigación sobre los árboles. De la percepción de su propio cuerpo a la consciencia o incluso la inteligencia. Podría haber solo un vaso. [Música] En Italia trabaja otro pionero de la investigación sobre el comportamiento de las plantas: Stefano Mancuso. Un biólogo mundialmente conocido por sus trabajos en este campo. Stefano no tiene ninguna duda de que las plantas son inteligentes. Mediante las plantas son seres inteligentes. El tema de la inteligencia depende únicamente de cómo lo definamos. Mi definición personal es muy general: la inteligencia es la capacidad para resolver problemas. Todos los organismos, desde una bacteria hasta una persona, necesitan resolver problemas. Normalmente tienen los mismos problemas: dónde encontrar el alimento, cómo reproducirse, qué hacer para defenderse y cómo reaccionar frente a la hostilidad del entorno de la mejor manera posible. Y la inteligencia no procede de un órgano específico. El cerebro no produce la inteligencia como los riñones producen la orina. No funciona así. La inteligencia es una cosa mucho más sofisticada y sutil. Es una característica esencial de la vida, de la vida. Stefano Mancuso ha suscitado controversia al acuñar el concepto de neurobiología vegetal. Está convencido, tras años de experimentación, de que las plantas poseen capacidad de memoria, de aprendizaje y de comunicación, atributos de la inteligencia. Uno de sistema, uno de los sistemas que siempre se ha usado para pedir la inteligencia de los animales es la prueba del laberinto. En el caso clásico de la rata, esta se introduce en el laberinto y vemos cuánto tarda en encontrar la comida. [Música] En el caso de limpiar, en el caso de las plantas, evidentemente hace falta más tiempo que con los animales. Lo que nos interesa es ver el número de veces que se equivocan de direcciones. Si metemos la raíz de un laberinto, ocurre una cosa sorprendente. No, estas plantas me nunca se equivocan de dirección, siempre van directas. El objetivo en la recompensa para las ratas es el queso, para las plantas una fuente de nitrógeno que tanto adoran. La prueba del laberinto se le da mejor a la raíz que a la rata. Asignas o la raíz es capaz de percibir de forma continua y como mínimo 20 parámetros físicos y químicos diferentes. Eso es muchísimo. Las plantas son capaces de percibir cosas que los animales no notan, como componentes químicos, campos magnéticos o campos eléctricos. Los árboles no poseen cerebro, el órgano que filtra la información y ordena el movimiento. Entonces, ¿qué es lo que mueve a las raíces? Come foxe1 summer son como un enjambre de insectos en el que cada raíz sería un un sistema de raíces se compone de cientos de millones de raíces, cada una se coordina con las demás. Todas juntas forman una especie de súper organismo inteligente, muy inteligente. La inteligencia de enjambre es un comportamiento colectivo que se observa en la naturaleza. Cada individuo es autónomo, pero se coordinan en armonía sin ninguna supervisión centralizada. Lo que ocurre en los árboles es similar. La información es percibida y procesada por los millones de células repartidas por todo el cuerpo, como en las raíces. Dichas células actúan de forma grupal, otorgando una respuesta coordinada sin que ningún órgano específico las controle. El árbol es como una gigantesca red celular ultra conectada y su inteligencia está a la vez en todas partes y en ninguna. Todo él es su propio cerebro. [Música] Es imposible seguir considerando a los árboles como menos objetos decorativos. En realidad, son como un pueblo misterioso del que comenzamos a descubrir su complejidad. Lo que vemos no es más que la parte emergente de un continente invisible, ya que el árbol se sitúa entre dos mundos. El sistema de raíces es igual de extenso que la parte exterior, como si hubiera otro árbol boca abajo y escondido bajo tierra. Este es el ámbito preferido de Francis Martin, que dirige el laboratorio con certificación de excelencia Labex ARBRE del INRA y de Lorena. Este microbiólogo, conocido en todo el mundo, es uno de los precursores en el estudio de este campo desconocido que se extiende ante nuestros ojos. La mayoría de los que se pase por aquí verán estos árboles como una enorme biomasa vegetal en hojas, tronco y ramas, pero no se darán cuenta de que bajo tierra hay todo un universo aparte hecho de raíces. Estas raíces interactúan con el mundo de los microbios, en el que hay bacterias, virus, pequeños animales y, sobre todo, un dios. Los hongos que nos gusta recoger en otoño son algo más que coloridos y apetitosos sombreritos. [Música] Ya sean comestibles o tóxicos, son los principales protagonistas del bosque. Algunos, llamados descomponedores, desintegran la materia muerta y los desechos. Otros son unos valiosos ayudantes para los árboles y se conocen como hongos simbióticos. Solo se ve su fruto, la parte principal de estas criaturas está formada de filamentos subterráneos que cohabitan con las raíces de los árboles. Lo que más me interesa son los hongos simbióticos. Aquí podemos ver dos: la Amanita phalloides y un Lactarius, probablemente obligados a las raíces de esta allá. Aquí vemos el fruto, pero bajo tierra están los filamentos microscópicos que colonizan las raíces de este árbol. Y excavó y tiró un poco aquí y se aprecia cómo los filamentos del hongo simbióticos se entrelazan de forma muy estrecha con las raíces más pequeñas del árbol. La función de estos filamentos es absorber del suelo los minerales, como el nitrógeno y el fosfato, y transportarlos a la raíz disueltos en el agua que sube hasta las hojas. Estos minerales son unos nutrientes indispensables para el crecimiento de los árboles. Son una ayuda extra maravillosa para un árbol que se cree que por cada metro de raíz hay 1000 metros de filamentos que se extienden por el suelo y que se cuelan por los agujeritos y para extraer fosfato y nitrógeno. A cambio de esto trabajo, los árboles les proporcionarán azúcares a los hongos simbióticos. [Música] Los árboles suministran el 20% de sus azúcares mediante fotosíntesis a su socio subterráneo. A cambio, su superficie de absorción se multiplica por mil. A este trueque tan justo se le llama simbiosis micorrícica. [Música] o todos creemos que la simbiosis micorrícica surgió cuando las plantas poblaron los continentes. Positivos microbiólogos, pensamos que si en este proceso no existirían las plantas ni los árboles. [Música] La lente del microscopio confocal, con un aumento de hasta 200, muestra un fenómeno sorprendente. Los filamentos del hongo en verde penetran hasta el centro de la raíz en rojo, la envuelve poco a poco como a un regalo para formar con ella un nuevo órgano. Esta unión se llama micorriza. Para que pueda producirse esta simbiosis y que la cooperación funcione, el árbol y el hongo tienen que comunicarse. Un diálogo que básicamente pasa por los intercambios de moléculas químicas que se están empezando a comprender. Joyas las investigaciones que hemos hecho en el INRA de Nancy, en colaboración con equipos de todo el mundo, han demostrado que existen señales que las plantas y los hongos intercambian. Estas señales les permiten coordinar sus actividades y el desarrollo de la simbiosis y el metabolismo de las dos partes. [Música] Los científicos comienzan a entender mejor estas interacciones subterráneas que se van complicando a medida que avanza su investigación. Descubrieron que la propia micorriza está colonizada por bacterias que interactúan con ella. Son parecidas a las bacterias de la flora intestinal de los humanos. Un árbol no existe por sí solo, es en realidad un supraorganismo. Es como una Matrioska. El árbol interactúa con los hongos micorrícicos y estos interactúan con las bacterias. Todos estos organismos forman una red muy complicada que intercambia señales y moléculas y que se adapta perfectamente a su entorno. Cuando cambia el tiempo, la red funciona de forma distinta y se ajusta a las modificaciones impuestas por el entorno. Es una red fantástica que conecta todas las raíces de todos los árboles que nos rodean. [Música] Algunos investigadores comparan esta enorme red que circula bajo tierra con una especie de internet vegetal que conecta a los árboles y les sirve para comunicarse. Como científicos, tenemos una cosa clara: existe una red que conecta a todas las plantas. Ceremonia los distintos árboles intercambian nutrientes y probablemente señales a través de esta red material subterránea. Lo que desconocemos es la importancia ecológica y biológica de dicha red. Aún queda mucho por investigar. La genialidad de los árboles se basa en que desde el principio comprendieron que la unión hace la fuerza. Me sorprende que tras cientos de años de investigación científica no hayamos descubierto hasta hoy estas estrategias de cooperación. Y los nih presentes que son. Es hora de actualizar nuestra definición de lo que es natural. Los estudiantes de empresariales aprenden a abrirse paso en el mundo compitiendo. Se les enseña a ser buenos competidores, cuando en realidad la selección natural recompensa a los organismos que saben asociarse. De hecho, las estrategias de cooperación son las que permiten que los organismos se adapten a los cambios del entorno. No se imagina que el varón se organice según un nuevo principio de cooperación beneficiosa para ambas partes, en lugar de por la regla del más fuerte. Durante el curso de la evolución, esta cooperación ha servido para que los árboles batan todos los récords de longevidad en el mundo de los seres vivos. En todos los continentes hay árboles centenarios o milenarios. [Música] En las Montañas Blancas de California se encuentran los árboles más antiguos del planeta: los pinos Bristlecone. Viven en condiciones extremas a más de 3500 metros de altura. Matusalén, el más viejo de todos, empezó a brotar en la época en la que se construyeron las pirámides de Egipto. [Música] Un árbol puede vivir de forma indefinida si encuentra de cría alimentarse, cuenta con el abundante CO2 de la atmósfera y con la luz del sol para activar la fotosíntesis. Pero hay otro recurso que no le puede faltar: el agua. Para ello, cuenta con un sistema de riego de alto rendimiento que le sirve para saciar su sed en cualquier momento. Una joya tecnológica oculta en el corazón de la madera. El microscopio nos muestra un trabajo de fontanería increíble, formado por multitud de vasos cuyo número, disposición y tamaño varía según la especie de árbol. [Música] [Música] La secuoya gigante de California, una de las criaturas más grandes del planeta, transporta a diario entre 2000 y 3000 litros de agua por el tronco hasta una altura equivalente a la de un edificio de 30 pisos. Una tarea colosal. Es un buen ejemplo de una tecnología sencilla pero ingeniosa. Si le pides a un ingeniero que diseñe un sistema para transportar miles de litros de agua al día hacia arriba, a cientos de metros de altura, probablemente instalaría un motor enorme y una bomba. Los árboles hacen lo mismo, pero sin bomba. Aspiran el agua y el sistema se activa con la energía solar. Para entenderlo, volvamos a hablar de la fotosíntesis. Para absorber el CO2, las hojas han de abrir su estoma. Luego dejan salir la mayor parte del agua que contienen. Por cada molécula de CO2 que entra, salen 500 moléculas de agua por transpiración. Pero esa agua no se pierde inútilmente. Gracias a las leyes de la física, esta evaporación ejerce una atracción en la copa que activa la aspiración del agua por las raíces. Asimismo, las moléculas de agua se agolpan en los vasos microscópicos, modificando la consistencia de la misma. Se vuelve más compacta y asciende de una sola pieza por los vasos. [Música] Este sofisticado mecanismo resuelve el problema de la circulación del agua. Aunque a este raíz del reciclaje le queda otra cuestión por solventar: no quedarse nunca sin este recurso, ya que no puede ir a buscarlo a otra parte. Los árboles se las han ingeniado para que el agua vaya a ellos. [Música] En la Universidad de Leeds, en Inglaterra, la investigación del climatólogo Dominique Espa Clint ha desentrañado los secretos de la relación entre los árboles y la lluvia, un elemento climático vital para ellos. La relación entre la lluvia y los bosques es un tema que se lleva debatiendo desde hace siglos. La mayor dificultad reside en saber si son los bosques los que provocan la lluvia o si es la lluvia la que impulsa los bosques. Es como la pregunta de qué fue antes el huevo o la gallina. Para resolver este enigma, Dominique y su equipo han analizado miles de datos. Para nuestra investigación, mi equipo usa datos de los satélites de observación de la tierra que examinan el reparto de los bosques por el mundo y de otros satélites que analizan la temperatura de la superficie y las precipitaciones. Al cruzar todos estos datos, vimos que el aire que circula por grandes superficies forestales contiene más humedad que el que circula por pastos o tierras de cultivo. También descubrimos que el aire que atraviesa los bosques no solo mantiene la humedad, sino que en la estela que deja a su paso, llueve más. Gracias a los datos de estos satélites, hemos podido demostrar por primera vez que los bosques provocan la lluvia y no es solo la lluvia la que crea los bosques. Este truco de magia se debe a la evaporación que producen las hojas. La humedad se condensa en la atmósfera y forma nubes. Cuando las gotas de agua se hacen muy pesadas, acaban cayendo en forma de lluvia. El suelo absorbe esa agua que llega a las capas freáticas, donde los árboles las recogen de nuevo a través de las raíces. El abastecimiento está garantizado y el ciclo puede volver a empezar. Los bosques pueden provocar la lluvia, no solo in situ, gracias a la acción del viento que mueve la humedad de un bosque. Puede haber precipitaciones a cientos o miles de kilómetros de distancia. Influyen en las precipitaciones a gran escala y, por tanto, los árboles tienen el poder de influir en el clima más allá de su territorio. Han conseguido sacar partido de las desventajas de su condición, haciéndolas beneficiosas para el entorno. [Música] Los árboles siempre se han adaptado a los cambios en la tierra. En el transcurso de su historia, han sobrevivido a los cataclismos geológicos e incluso a las extinciones masivas que acabaron con los dinosaurios, los mamuts y muchas otras especies. Estos campeones de la evolución sobrevivirán a la siguiente extinción. [Música] Desde hace menos de dos siglos, una nimiedad para la vida de un árbol, vivimos en el periodo del Antropoceno, caracterizado por un impacto irreversible en el equilibrio de la tierra causado por la actividad humana. De alguna de las características del cambio climático actual no es tanto su magnitud, sino su velocidad, es decir, se está reduciendo de forma muy rápida. Sin embargo, los árboles funcionan según su propia temporalidad. No van a poder adaptarse. No es que no tengan la capacidad, es que no les va a dar tiempo. [Música] La humanidad sigue avanzando cada vez más rápido, sin lograr invertir esta tendencia. A pesar de todos los compromisos alcanzados durante varios años, nuestras emisiones de CO2 van en aumento. Los árboles no podrán compensar nuestros excesos de forma indefinida, sobre todo porque los ecosistemas forestales se han desestabilizado por un fenómeno de gran alcance. Cada año, 13 millones de hectáreas de bosque desaparecen en todo el mundo, el equivalente a 10 campos de fútbol cada 15 segundos, liberando así todo el CO2 que la madera había almacenado poco a poco. Tiene lugar principalmente en zonas tropicales y, en su mayoría, en beneficio de la agricultura y de la explotación forestal. [Música] Y esta deforestación masiva acarrea graves consecuencias a todos los niveles para el funcionamiento del planeta. Cuando se da la un bosque, las raíces se dejan y se cortan los trozos y de repente las raíces se ven privadas de la fotosíntesis y mueren. De los microorganismos del suelo, los descompondrán y entonces respirarán, producirán CO2. O la de esta forma se libera la acumulación de CO2 que hay en las raíces y es algo que no se puede frenar. Ha sido porque hemos perdido la superficie verde que había en ese lugar. Se nos olvida que un bosque es un mundo. Un árbol en sí mismo es un mundo. Hay muchos seres que habitan en el mundo. Es como un bloque de pisos, las llaves y hongos y líquenes, de insectos. Y perder los árboles es como perder grosor de la superficie de la tierra. Nos la estamos cargando de golpe. Los árboles no solo albergan una biodiversidad fabulosa, con su mera presencia refrescan considerablemente la atmósfera del planeta. Esto se nota en las grandes ciudades modernas de hormigón. La sombra queda en la transpiración de las hojas, disminuyen la temperatura del aire en varios grados. Pero su beneficiosa influencia va más allá de lo que creemos. Una joven climatóloga de la Universidad de Leeds ha descubierto una nueva característica de los árboles totalmente insospechadas. Los árboles aún cubren un tercio de la superficie del planeta. Ellos son una pieza clave para la transferencia de agua, de CO2 de la superficie de la tierra a la atmósfera. Son esenciales en casi todos los procesos terrestres. Lo que hemos descubierto es que su efecto refrescante es más fuerte de lo que creía. Me asustó. Katherine Scott localizó esta nueva facultad en las moléculas químicas emitidas por los árboles. A veces percibimos estas moléculas invisibles, pero no nos damos cuenta de su importancia. Son unos compuestos orgánicos volátiles que los árboles producen de forma continua y se almacenan en las hojas. El olor tan agradable que desprende un bosque de pinos lo producen esos gases. Y sacrificados cuando hace bastante calor y las hojas sueltan estos gases al aire. Una vez en el aire, reaccionan con otros componentes para formar moléculas más complejas y algo pegajosas. Pueden pegarse unas a otras, a otros elementos del aire y formar unas partículas diminutas. Estas partículas irán haciéndose más grandes conforme más cosas se les peguen y cuando alcancen un cierto tamaño, podrán actuar como un núcleo para la formación de gotas de las nubes. Cuantas más gotas haya en una nube, más clara será esta y reflejará mejor los rayos del sol. Güey. [Música] Los gases emitidos por los árboles tienen un efecto refrescante sobre el clima. [Música] Gracias a la emisión de estas partículas, los bosques actúan como un aire acondicionado gigante y reducen en varios grados el calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero. Al talar los bosques, no solo nos quedamos sin su capacidad de almacenar CO2 y liberar oxígeno, sino que también nos quedamos sin su capacidad de emitir estos gases al aire y, por tanto, sin el efecto refrescante que los árboles nos aportan. Es una pérdida doble. Aumenta el impacto negativo de la deforestación. Mientras la ciencia nos revela los increíbles poderes de los árboles, nos damos cuenta de cuánto debilita la acción de los hombres a estos genios de la supervivencia. Los árboles están atrapados en un círculo vicioso. Talarlos aumenta las temperaturas e intensifica los periodos de sequía, que dan lugar a otra plaga. [Música] Los incendios gigantes arrasan los bosques desde hace años y los sufren todos los continentes: Siberia, África, California, Indonesia, Australia y la Amazonia. Millones de hectáreas han ardido por todo el mundo. [Música] Lo que me parte el corazón ver los incendios en la Amazonia es pensar que estamos destruyendo a nuestros modelos a seguir, los árboles, justo cuando nos habíamos dirigido a ellos para preguntarles qué podemos hacer para ser como vosotros y vivir de una forma tan maravillosa en este planeta. La Amazonia regula el clima y participa en todos los ciclos de la tierra. Es un sistema extraordinario. Perderla significa perder una gran biodiversidad y todas sus características irremplazables. Estamos moviendo una mano que nos da de confort. Huesos no podemos permitir que siga desapareciendo. Y la magnitud sin igual de estas catástrofes ha conmocionado a la opinión mundial, impotente frente al espectáculo de este patrimonio común que se esfuma. Es demasiado tarde para detener lo que nosotros hemos desencadenado. [Música] En la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, en Suiza, una nueva generación cree que aún hay esperanza. Thomas Crowder, un joven inglés investigador en ecología, ha reunido en su laboratorio a un grupo de científicos de distintos ámbitos. Creen que los árboles se pueden salvar. Es urgente una replantación masiva. Durante mucho tiempo, la gente creía que la reforestación era una solución mágica contra el cambio climático, pero también es el arma menos conocida contra este problema porque desconocemos la extensión del sistema forestal mundial. No sabemos con cuántos árboles contamos, ni cuánto CO2 tiene almacenado, y cuánto espacio hay para plantar otros árboles, ni cuánto CO2 podrían almacenar. Al agrupar los millones de datos recopilados de todo el planeta, estos jóvenes y vanguardistas investigadores han podido generar unos modelos informáticos extremadamente precisos. Calculan que actualmente hay 3 billones de árboles en la Tierra, siete u ocho veces más de lo que se pensaba. Hemos descubierto que quitando las zonas urbanas y agrícolas, hay espacio para 1200 millones de árboles que absorberían 200 gigatoneladas de CO2 de la atmósfera, es decir, dos tercios de las emisiones mundiales de dióxido de carbono. Este momento, la mejor solución y la más efectiva contra el cambio climático son el laboratorio de Thomas Crowder ha diseñado unos mapas con las zonas disponibles para la plantación de nuevos árboles, una herramienta que está a disposición de los políticos y las ONGs. Dado el riesgo de restaurar un ecosistema sin entenderlo por completo, y mucha gente piensa que debemos esperar y primero estudiarlos mejor antes de actuar, pero quiero recalcar que debido a la grave presión que el cambio climático ejerce sobre la biodiversidad y los humanos de todo el mundo, es absolutamente necesario que hagamos algo ya. Lo bueno de la reforestación es que cualquiera puede hacerla. No hace falta que el gobierno apruebe esta decisión. Cualquiera se puede implicar, ya sea restaurando ecosistemas, donando dinero a la gente que se encarga de ello o invirtiendo en empresas respetuosas con el medio ambiente. Cualquier acción, ya sea grande o pequeña, tendrá un impacto positivo frente al cambio climático. [Música] [Música] Las soluciones ya están en marcha en todo el mundo. Miles de proyectos apoyados y financiados por las ONGs de distintos países han comenzado a plantar árboles de forma masiva para restaurar los ecosistemas de los territorios afectados. La campaña iniciada por la ONU en 2006 ya ha servido para replantar casi 14.000 millones de árboles en todo el planeta. [Música] En el futuro veremos si estos jóvenes árboles han sabido adaptarse, pero la ciencia ya ha confirmado que son nuestros mejores aliados para proteger la tierra. Solo nos queda seguir su ejemplo y aprender a vivir de forma inteligente en nuestro planeta sin destruirlo. Para mí, la esperanza reside en plantar árboles y en que aprendamos a comportarnos como ellos, en pensar como un árbol. Si queremos conservar este planeta, no nos queda otra. Solo hace falta un poquito de un lenguaje, utilizar la lógica y tratar a estos seres de forma diferente. Frost, hay que tratar a la naturaleza con respeto y así es como nos salvaremos. [Música] 2 [Música] y [Música]