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LA LENGUA UN PEQUEÑO FUEGO | PASTORERNESTOCUEVAS | @pastorernestocuevasoficial

Buenas Nuevas T.V1:00:53

Transcription

Dice que Jehová lo escuchó porque hay gente que cree que Jehová no oye la crítica. Me llama la atención que dice: "Y Jehová lo escuchó". Escuchó lo que María y Aarón estaban hablando en contra de Moisés. Cuando Jehová desciende en la nube, dice: "Quiero una reunión". Moisés ve al tabernáculo y dice: "Llévate a María y llévate a Aarón, que quiero hablar con los tres".

Jehová le dice a María: "Óyeme lo que te voy a decir. Cuando haya profeta en mi pueblo, yo hablaré con él en sueño o en visión, pero no así a Moisés. A Moisés le hablaré cara a cara. Lo que te estoy hablando, yo nunca te he hablado a ti cara a cara, María. Tú nunca has visto mi rostro. A ti yo te hablé, pero no como le hablé a él. Tú quisiste igualarte, pero la autoridad donde yo puse a Moisés, tú no la conoces. María, tú debes entender que el líder aquí no eres tú, es Moisés. Debes entender que la cabeza aquí no eres tú, es Moisés. Debes saber que a quien yo me le revelé en el monte no fue a ti, fue a Moisés. Debes saber, María, que aunque yo le dije: 'Saca a mi pueblo de Egipto y tráelo aquí', fue a Moisés. Así que te voy a decir algo: quedarás leprosa por cuanto enfrentaste la autoridad que yo establecí".

Y Dios se airó tanto que se fue y no dijo más palabra. Se fue. Y cuando esa nube se desapareció, instantáneamente María se llenó de lepra.

Puebla conmigo su Biblia en Santiago. Santiago apóstol. Santiago capítulo 3, versículo 10. Seis. Perdón. Santiago 3:6. Tres, verso seis. Cuando usted lo encuentre, diga: "Lo tengo, pastor". Aleluya. En el nombre de Jesús. Leemos. Amén. Dice así la palabra de Dios: "La lengua". Dígalo. Es qué. Es un fuego. Oiga bien. Oiga lo que tenemos en la lengua. Diga conmigo: "Un fuego". Fuego. Y dice Santiago: "Es un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros y contamina todo el cuerpo e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno".

Ayúdanos, Señor. Levante la mano a Dios y diga: "Háblanos, Padre". Dígale: "Usa tu siervo en el nombre de Jesús". Amén. Póngase cómodo y le da otro aplauso a Dios y entramos a esta palabra. Vamos. ¡Aplauda con fuerza! Si puede dar gloria a Dios.

[Música]

Dígalo a su nombre. Gloria. Mira el tema que el Señor me dio para hablar. Esta palabra: "La lengua, un pequeño fuego". Señor me dio este, este mensaje diciendo: "Quiero que me concientice a mi pueblo para que ellos entiendan que ese miembro que yo le di no fue para destruir, sino para edificar". La lengua en el creyente es un alma de doble filo. Está aquí porque con ella podemos bendecir y podemos maldecir a las personas. Con ella podemos curar y con ella podemos herir. Con ella podemos levantar y con ella podemos derribar. Con ella podemos alogar, honrar y con ella podemos criticar. Con ella podemos traer unidad y con ella podemos sembrar división. Con ella podemos traer amor y con ella podemos producir odio. Todo va a depender. Dios mío, dale un aplauso a Dios. Esto está [Aplausos] [Música] serio.

Lo que veremos de este miembro manifiesto va a depender de lo que esté lleno el [Aplausos] corazón. Tu corazón. Tú vas a utilizar la lengua porque de la abundancia del corazón hable, hable la boca. Así que va a depender de qué estás lleno. Dependiendo de lo que tú estés lleno, vas a hablar. Dependiendo de lo que domine tu vida, de lo que tú inviertas tu vida, tu tiempo, tus recursos, tu enfoque, eso es lo que tú vas a estar hablando. Y Jesús dijo en Lucas 6:45: "El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón, saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón, saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca".

Así que Jesús presenta dos personajes: un hombre bueno y un hombre malo. Yo estoy del lado del hombre bueno. Ahí me quiero poner y ahí quiero que Dios te coloque a ti. ¡Aplaude a Dios con fuerza! Aleluya. Te coloco del lado del hombre bueno. Y si te encuentras en el lado del hombre malo, hoy vine a sacarte de allí. Gracias por ese grupo. Dije que te quiero sacar de allí porque Dios espera en nosotros que seamos hombres buenos, mujeres buenas, que tengan un buen tesoro y de ese buen tesoro saquen cosas buenas. Que donde tú llegues, la gente quiera que tú te quedes. Que donde tú llegues, la gente desee que tú [Música] regreses.

¿Por qué usted cree que el que viene aquí no se quiere ir y se queda? Algo bueno haya. Si no le pregunto por qué usted se quedó. ¡Alaba la gloria! ¡Aplaude a Dios! ¡Aplaude! Y por qué usted ha traído a otro. Porque donde hay cosas buenas, todos quieren estar. Donde hay cosas buenas, todos quieren quedarse. Pero yo le pregunto: ¿Quién quiere estar en un lugar donde hay chisme, donde hay pleito, donde siempre hay una crítica, donde siempre hay un celo y un jala para aquí y un jala para allá? ¿Quién quiere estar en un lugar así? Nadie. ¡Alaba a Dios!

Ahora, así que Jesús dijo: "El hombre bueno, de su buen tesoro de su corazón, saca lo bueno". A eso Dios nos está llamando: a tener tesoros buenos en nuestro corazón. Que cuando tú empieces a hablarle a la gente, la gente decía: "Wow, wow, wow. Ese asombro. Sigue hablando. Me gusta lo que dices. Tú me traes paz. Tú me traes bonanza. Tú me traes confianza en lo que me hablas. Tú me traes fe. Tú me traes fuerza. Sigue hablando porque tu corazón es un tesoro de donde tú sacas cosas buenas". Y al afligido lo sana, lo cura, lo libera. ¡Alaba a Dios! Dale un aplauso [Música] aleluya.

Así que yo me rehúso a que nosotros formemos parte de ese hombre malo que Jesús dijo que el hombre malo del del tesoro de su corazón es que saca cosas malas. Así que va a depender de cómo nosotros usemos la lengua y va a depender de lo que tengamos en nuestro corazón. Si nuestro corazón está lleno de amor, de gozo, de paz, de paciencia, de bondad, de fe, de templanza, ¿qué usted cree que va a acontecer? Que usaremos nuestra boca para edificar a los que nos oyen. ¿Está conmigo? Pero cuando una persona está llena de odio, de celo, de rencor, de raíz de amargura, de resentimiento, de palabra compuesta, ¿qué usted cree que va a salir de su boca? Ese tipo de persona siempre está amargada, siempre está maldiciendo, todo le huele y nada le huele, todo le molesta. Le pasa el perro por el lado, hasta el perro. ¡Alaba la gloria de Dios! El problema no es el perro. Él, el problema no es el perro. Ella, porque de lo que está lleno, eso es lo que va a salir. El que está lleno de amor ve un perrito: "Ay, qué perrito más [Música] bello". ¡Alaba a Dios!

Ahora, ¡alaba a [Aplausos] Dios! Porque de eso es que está lleno, hermano. Y usted no puede dar lo que no tiene. Óigame, usted no puede dar lo que no tiene. Si una persona no tiene amor, no puede dar amor. Si una persona no tiene gozo, no puede transmitir el gozo. Si una persona no tiene paz, no puede dar paz a otro. Si una persona está ciega, no puede guiar a otro, porque Jesús dijo: "Un ciego no puede guiar a otro ciego, porque los dos caerían en el hoyo". ¡Alaba a Dios!

Entonces, lo que te vengo a decir es que un atado no puede liberar a nadie. Un perdido no puede salvar a otro. Un atado no puede liberar a [Música] nadie. Primero libérese. Sí, libérese. Gente atada queriendo dar consejo, gente con amargura, resentimiento, odio, celo, contienda, queriendo aconsejar a otros. ¿Qué es lo que vas a aconsejar? Por eso no todos los consejos se reciben. Cuando usted tenga problema en su matrimonio, escoja bien a quién le va a aconsejar, porque puede ir alguien a decirte: "Deja ese hombre, que es lo que tú tanto aguantas. Tú ya le hubiera dado una patada". Ah, por eso es que tú estás sola. Por eso es que nadie te busca, nadie te quiere. Nadie. ¿Dónde están los que me ayudan a predicar hoy? ¿Dónde están los que alaban a Dios? Entonces, no me venga a [Música] aconsejar con consejos que no edifican. Hay gente que en vez de aconsejarte, te mal aconseja. Y usted tiene que saber identificar quién le va a aconsejar, porque un consejo te puede sacar del hoyo, pero un consejo te puede hundir. Un consejo puede restaurar tu matrimonio, pero un consejo lo puede separar. Dale un aplauso a Dios.

Sigo. ¿Alguien alabe a Dios, por favor? Dice: "Gloria a Dios". El Señor me decía: "Ernesto, muchas mujeres han perdido sus esposos por no saber controlar la boca". Pero me decía también: "Muchos hombres han perdido sus esposas porque las maltrataron con la boca". No se vaya a ir ahora. No se vaya. Señor me revelaba: "Algunos perdieron trabajo bueno por no saber controlar la lengua. Otros perdieron buenas empresas, negocios, amigos. Perdieron pastores buenos, perdieron hermanos buenos, perdieron iglesia buena por no saber controlar la boca, por no controlarse la lengua". Porque ¿quién va a querer tener un chismoso al lado todo el tiempo? Dios mío. ¡Alaba a Dios! No, no se te vaya el gozo ahora. No se te vaya ahí el [Música] gozo.

Algunas personas están en la condición en la que están, no es por el ni los demonios. Ellos no fueron los culpables. Fue que no supiste controlar la lengua. Ay, Dios mío. Ay, Padre. ¡Alaba a Dios! Ahora, ¡alaba a Dios! Así que este mensaje para el Señor enseñarnos a controlar la boca. Si, si tenemos que aprender a controlar la lengua. Y algunos viven lengua suelta porque no saben [Música] controlarla. Pero el salmista David dijo: "Pon guarda a mi boca, atiéndeme". El salmista le oró a Dios, le dijo: "Pon guarda a mi boca para no pecar contra ti". Y le dijo a Dios: "Refrena mi lengua". Ayúdame a refrenar. Ponle un freno. ¡Alaba a Dios!

Ahora, ¿cuántos se atreven a hacer esa [Aplausos] [Música] oración? "Pon guarda a mi boca". Diga eso. "Pon guarda a mi boca". Dígale: "Para no pecar contra ti". Y dígale: "Ayúdame a refrenar mi lengua". ¡Aplaude a Dios porque Dios lo va a [Aplausos] hacer! Proverbio dice que hay palabras que son tan fuertes que son como golpes de espada. Hermano, hay personas que prefieren recibir una herida física y no una herida con palabra. Hay palabras que han marcado mujeres hasta que se murieron por eso. Los padres tenemos que tener cuenta con lo que le decimos a nuestros hijos. Hay hijos que están marcados de niñez y ya se casaron, tuvieron hijos y todavía están marcados porque un padre lo hirió, porque una madre le hirió: "Tú no sirves, tú no vas a llegar, aparte, tú eres igual que [Aplausos] tú". Óyeme, pero óyeme, Dios mío. Está bien que tal vez un impío se oiga eso, pero lo que yo no concibo es que un creyente lavado y limpiado con la sangre de Jesús todavía tenga un lenguaje así inapropiado, marcando a su propia simiente, marcando a sus propios hijos. "Tú no sirves, tú eres bruto". ¿Habrá usted escuchado esa palabra por ahí? "Tú eres igual que". ¡Alaba a Dios!

Ahora, porque no saben, como dice Proverbio 18:21: "La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y dependiendo de lo que tú hables, vas a dar con ella". Tú tienes en la lengua la vida y la muerte. Tú decides qué vas a sembrar en tus hijos. Gracias por ese grupo. Yo decido qué siembro en ellos. Amén. Así que a mis hijos yo los marqué con cosas buenas. Y a mi nieto, que es la segunda generación que me ha llegado, lo estoy marcando y le digo: "Tú eres una adoradora. Wow, qué bien cantas. Cántala". Y la pongo a cantar. "Qué hermoso canta. Apréndetela, que te voy a poner a adorar en la iglesia". Eso es palabra, eh. "Tú vas a ser un ministro de la palabra. Tú vas a ser un adorador". Marca tus hijos. Dile: "Tú no serás un instrumento del mundo, tú serás un instrumento del Reino de Dios. Tú no serás un usado del, tú serás un usado de Dios". Márcalos, porque la muerte y la vida están en el poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos. Proverbio 18:21 está aquí. Amén. Y Proverbio 12:18 dice: "Hay, hay hombres cuyas palabras son como golpe de espada, mas la lengua de los sabios es medicina". Oiga esto. Hay hombres que sus palabras son como golpe de espada, hieren, maltratan, discriminan, sepultan a las mujeres o a otra persona. Pero dice: "Más la boca del sabio, ¡wow!, es medicina". Ahí es que nosotros estamos en la boca del sabio. ¿Quién más se pone en ese grupo? Dios no te ha llamado a hablar como necio, Dios te ha llamado a hablar como sabio. Y cuando una persona es sabia, edifica, fortalece, restaura, levanta, direcciona. ¿Dónde están los que alaban a Dios? Por eso, ¡alaba a [Aplausos] Dios!

Así que este mensaje de suma importancia para nosotros, porque ¿cuántas iglesias están divididas porque alguien no supo controlar la lengua? Matrimonios separados porque alguien criticó y sembró cosas que no debió sembrar. Ministerios sepultados, destruidos, porque alguien dejó usar del enemigo. Pero él tendrá que buscarse a otro, pero a nosotros no nos va a usar. Vamos, vamos, vamos. Quiero que alguien enseñe eso. El enemigo, que vaya a buscar a otro, porque esta lengua, esta lengua no la va a usar un demonio. Esta lengua la va a usar el Espíritu Santo de Dios. Alguien profetice eso: "Esta lengua la va a usar el Espíritu Santo de Dios". Ese es el deseo del Espíritu Santo: controlar nuestra lengua. Y por eso, uno de los dones que Dios ha regalado a la iglesia es el don de lengua. Usted sabe lo hermoso que es que el Espíritu Santo toma tu lengua para hablar un lenguaje divino, un lenguaje celestial. Pero a través de ese lenguaje hay manifestación del Espíritu, hay sanidad, hay liberación. ¡Alaba! ¡Alaba! Hay unción. Cuando tú hables ese lenguaje, eso es lo que quiere el Espíritu Santo: tomar nuestra lengua y usarla para su gloria y su honra.

Así que el Señor le reveló a Santiago lo siguiente: que la palabra de Dios describe que la lengua es como un fuego que enciende grandes bosques. Debemos de entender que tenemos un fuego en la boca. Y cuando alguien tiene un fuego, tiene que tener cuenta de dónde lo pega. No se vaya ahí ahora. Si yo le paso una antorcha encendida, usted sabe qué fuego que tiene. Usted sabe que lo que usted toque va a prender. Y que si usted se acerca a una estufa con un tanque de gas con un fuego, la va a prender. Y que usted sabe que con ese fuego, mi alma, si se acercó a una almohada, a una cama, la va a prender. Entonces, todo el que tiene un fuego en la mano tiene cuidado y no se lo pasa a cualquiera. No se lo da a un niño. "Agárrame ese fuego". No. Usted sabe que se puede quemar. Entonces, la Biblia no está diciendo que la lengua es como un pequeño fuego que enciende grandes bosques. Un pequeño fuego enciende grandes bosques. La lengua es un mundo de maldad. Es un miembro que contamina todo el cuerpo. Ese pequeñito miembro contamina todo el cuerpo e inflama las ruedas de la creación, y es un mal que no puede ser refrenado. ¿Está entendiendo eso?

Lo que Dios nos está diciendo, ¿para qué nos dice eso la Biblia? Para concientizarnos del peligro que tenemos ahí. Porque a veces el Señor no dice: "Cállate, no sigas hablando". Se lo ha dicho a usted. A mí me lo ha dicho: "Ernesto, no hables, no hables". A veces he estado en conversaciones que se metió un chisme y ahí mismo el Espíritu Santo me dice: "No opines, no te unas a eso". Y me dice: "No opines, no hables". Y en ocasiones me ha dicho: "Vete" o me ha dicho: "Cámbiale la conversación". ¡Alaba! Ahora, ¡alaba! ¿A quién se lo ha dicho? Sea sincero. Porque si a usted el Espíritu no le habla, a mí me ha hablado. Como alguien un día que vino a hablarme de mi pastor y el Espíritu Santo me dijo: "No opines, no te unas a esa crítica, te va a contaminar. Cámbiale la conversación o corrígelo en amor". No te unas, porque hay gente que te sueltan el fuego para que [Música] tú.

Esta lengua hay que con, Señor, dije que hay que convertirla. Hay que convertirla en un instrumento de Dios. Usted sabe lo bueno que es que cada vez que usted hable, edifique, direccione, fortalezca, unifique la iglesia, levante. ¿Está aquí? Pero hay gente que no pueden llegar a los lugares de una vez. Dejan un chisme. Yo sé que usted conoce a alguien [Música] así. ¡Alaba a Dios! Sí, es que son tan peligrosos. Es una malicia del mismo lugar. Que estaban bien, estaban tranquilos, estaban en paz, estaban unidos. Pasó fulano por ahí. ¡Alabado sea [Música] Dios! Tenemos que convertir este, este miembro en un instrumento de Dios e impedir que sea un instrumento de los demonios para destruir o criticar a las personas.

¿Sabes qué aprendí? Que Jesús nunca habló algo que no fuera para edificación. Oiga, estudie las enseñanzas. Jesús nunca habló algo que no fuera para edificar, para construir, para para levantar, para sanar, para dar paz, para dar consuelo, para dar socorro, para impartir fe. Jesús nunca dijo algo que fuera a destruir a nadie. Su palabra traían salvación, redención, revelación, sanidad, liberación, consuelo, prosperidad, fortaleza, unidad, compañerismo, gozo, paz, salvación. ¡Aplaude a Dios! Ahora, ¡aplauda fuerte! Jesús es nuestro ejemplo de que se puede, se puede controlar la lengua, porque él fue tentado en todo conforme a nuestra semejanza, pero sin pecado. ¿Usted sabe lo que nos está diciendo? Nuestra naturaleza humana. Jesús tenía lo mismo deseos que usted y que yo. A Jesús le daba hambre, a Jesús le daba sed, Jesús tenía los mismos deseos que usted tiene, pero aprendió a controlarlos, aprendió a dominar esos deseos. Por eso fue tentado en todo conforme a nuestra semejanza. ¿Qué es lo que está hablando? Cuerpo era como el suyo. Jesús sabía lo que está alcanzado. Jesús sabía lo que era tenerse. Jesús sabía lo que era sentir hambre. Jesús sabía lo que era sentir dolor, sufrimiento. Jesús sabía. Por eso, cuando él te ve sufriendo, él te entiende. Cuando te ve llorar, él te entiende. Cuando te ve afligido, entiende. Cuando tú le dices: "Jesús, tengo hambre", él te entiende. Cuando tú le dices: "Jesús, no tengo fuerza", él te entiende. Cuando tú le dices: "Estoy turbado, no sé qué hacer", te entiende. Cuando te hayas desesperado, cuando no encuentras la respuesta, te entiende, porque él fue tentado en todo conforme a nuestra semejanza. Se limitó a este cuerpo, pero estando en este cuerpo sujetó la carne, controló la lengua. Jesús nunca usó su boca para dañar o criticar a nadie. Nunca atacó a una persona directamente. Jesús atacó un sistema corrupto y religioso corrompido, pero nunca tomó a alguien por nombre y apellido para destruirlo. ¡Alaba a Dios!

Ahora, ¡alaba a Dios! No, no sé si entendiste, pero te lo voy a explicar mejor. Jesús nunca atacó a nadie directamente. Atacó el sistema corrupto y corrompido de aquel entonces. ¿Como cuál? Como la religiosidad de los fariseos. Atacó su sistema, su manera de doctrina, su religiosidad. "Hay de vosotros, escribas y fariseos, hay de vosotros". Y ahí empezó, pero atacaba a quién, al sistema. Nunca agarró a alguien con nombre y apellido hasta acabarlo y hundirlo, como hay gente que llamándose creyente agarran un nombre y un apellido y lo hunden y se le suben arriba y lo pisotean y lo estrujan y lo lavan y lo y vuelven y lo [Música] trujan.

Tengo que enseñarte algo. Tengo que enseñarte algo. Cuidado con eso. Cuidado, porque se olvidan de la regla de oro que Jesús estableció. Pastor, ¿y cuál es esa regla de oro? "No juzgues, para que no seas juzgado. No condenes, y no serás condenado. Perdona, y serás perdonado". Porque de la misma manera con que tú mides, te volverán a medir. ¡Aplaude a Dios! Ahora, ¡aplaude [Aplausos] [Música] fuerte! Si algunos se aprendieran la regla de oro, entraran a Facebook y gritaran todo esa crítica que hicieron. [Música] Si algunos se aprendieran las reglas de oro, quitaran esa imagen que pusieron y la borraran, porque hay gente que no tiene misericordia para destruir al prójimo. Hay gente que no tiene compasión. Se creen más jueces que el mismo Dios. Y Romanos dice: "¿Quién te puso a ti como juez para que juzgues a tu hermano? ¿Quién te colocó como Ju [Música] [Música]?"

Cuando leí la regla de oro, aprendí lo siguiente. El Señor me dijo: "Ernesto, no quieres que te condenen. ¿No? Pues no condenes a nadie. Ernesto, no quieres que te juzguen. ¿No? Pues no juzgue a [Música] nadie. Que te perdone. Sí, pues perdona, porque con la misma regla que tú mides a tu hermano, no creas que van a buscar otra regla, esa misma te la van a y te la van a aplicar a ti". O sea, que si yo traté a mi hermano con la regla de la misericordia, Dios va a decir: "Tráigame esa regla de la misericordia y con esa me van a [Música] medir".

Aprenda esta regla. Jesús enseñó que los que juzgan serán juzgados, los que condenan a otros serán condenados, y los que no perdonan, ellos no recibirán perdón. Con la misma medida con que tú mides, te volverán a medir. Levanta. Un día Dios te levantará. Si tú perdonas, Dios te perdonará. ¡Aplaude a Dios! Mire, el Señor me revelaba que hay personas que están enfermas y es por causa de la lengua. ¿Silencio? ¿Cómo? Sí, porque te dije que la vida y la muerte están ahí, y el que la ama comerá de su fruto. Pero ¿de qué fruto? Dependiendo del fruto que tú estás dando. Si tú estás sembrando muerte, vas a disfrutar la muerte. Pero si tú siembras vida a través de tu boca, vas a cosechar vida. El que la ama, el que le gusta mucho hablar, comerá de su fruto. Dependiendo de lo que tú digas.

Entro a una historia que me llena de conocimiento de cómo controlar esto. En el libro de Números, capítulo 12, hay una historia de una mujer que cayó enferma por causa de la lengua, y es aquella mujer llamada María, que fue donde su hermano Aarón a criticar a Moisés. Y Números, capítulo 12, verso 1 dice: "Y María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado, porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés habla Jehová? ¿Alguien se lo preguntaron? ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?". Y lo oyó Jehová. "Y aquel varón Moisés era manso más que todos los hombres que había en la tierra".

Mire, debemos saber algo importante: que en la iglesia hay autoridad establecida por Dios. ¿Quién sabía eso? Levante la mano. Para el que no levantó la mano, déjame decirte que en la iglesia hay autoridad que no fue el hombre que la puso, la puso Dios. Segundo principio que quiero que entienda: cuando Dios unge a un hombre o a una mujer, debemos de aprender a respetar la unción que está sobre él. Te digo esto como un consejo para que te vaya bien en la vida. El apóstol Pablo en Romanos 12:2 enseñó: "De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios, a Dios resiste, y los que resisten acarrean condenación para sí mismo". El que se levanta contra una autoridad que Dios estableció está enfrentando a Dios. ¡Alaba a Dios!

¿Cuál fue el error de María y Aarón? Que desafiaron la autoridad de Moisés. Al hacerlo, desafiaron a Dios, que fue quien lo puso. Lo más lejos que ellos tenían era que estaban desafiando la autoridad de Dios porque desafiaron la autoridad de Moisés. Porque ellos se preguntaron: "¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también a través de nosotros?". Ellos cuestionaron la decisión de Moisés de tomar una mujer cusita que no era israelita. Y por esta decisión que Moisés hizo, quisieron juzgarlo y condenarlo. La mujer cusita era oriunda de Etiopía, no era una descendiente de Abraham, era una mujer gentil que no pertenecía al pueblo de Dios. Ellos vieron esta decisión de Moisés como inapropiada, que no iba a favor del pueblo y de sus doctrinas y pensamientos. Y por esa decisión de Moisés se levantó una crítica. La crítica fue tan fuerte que desafiaron su autoridad. Moisés no abrió la boca. Moisés no dijo nada. Dice que este hombre era manso más que todos los hombres de la tierra. Moisés no abrió la boca, pero la abrió Dios.

Dice que Jehová lo escuchó porque hay gente que cree que Jehová no oye la crítica. Se fueron. Se me fueron [Música] algunos. Me llama la atención que dice: "Y Jehová lo escuchó". Escuchó lo que María y Aarón estaban hablando en contra de Moisés. Cuando Jehová desciende en la nube, dice: "Quiero una reunión. Vayan al tabernáculo". Moisés ve al tabernáculo y dice: "Llévate a María y llévate a Aarón, que quiero hablar con los tres". ¡Alaba a Dios!

Esta crítica provocó la ira de Dios, porque hay crítica que hace que Dios se aire, que Dios se enoje. Dios se enojó cuando escuchó a María desafiar la autoridad de Moisés y criticarlo y cuestionarlo. Así que mire lo que hace Dios. Le pregunta a María: "¿Cómo no tuviste temor en hablar contra mi siervo que es fiel en toda mi casa? Dime, ¿cuál fue el motivo? ¿Por qué lo acabaste de esa manera? ¿Por qué no tuviste temor y reverencia para hablar en contra de mi siervo que es fiel en toda mi casa?". Lo que tú estás criticando es al hombre que yo amo, al que yo digo que es fiel, aunque tú digas que no es fiel, al que administra bien mi casa, es el que tú estás condenando y criticando. María, ¿cómo no tuviste temor? ¿Por qué ella perdió el temor? Porque ella dijo: "Pero Dios también ha hablado a través de mí". Sí, es verdad, pero eso no te da autoridad para levantarte en contra de la autoridad que Dios estableció. Porque es verdad que Dios hablaba a través de ella. ¿Quién era María? María, escuche esto, hermano. ¿Quién era María? Era primero hermana de de de Moisés, era una líder en el pueblo, era una profeta, era una adoradora. Ella fue que guió a la mujer en alabanza con pandero, con danza, cuando Jehová sepultó al Faraón en el Mar Rojo. Eso está en Éxodo, capítulo 15, verso 20. Ella fue que dirigió a las mujeres en alabanza y las mujeres la siguieron, y ella cantaba y las mujeres le respondían, y se le llama profetisa. Era una profeta, era una líder y era familia de Moisés. Tal vez ella sintió que eso le daba autoridad. "Sí, a mí también Dios me ha usado, Dios también a través de mí se ha movido, yo también soy ungida". Ah, hay problema. Hay problema.

María se unió a Aarón. ¿Quién es Aarón? El sumo sacerdote. Aarón era otro líder de influencia. Por eso dijeron: "¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No Jehová ha hablado a través de Aarón?". Es el sumo sacerdote, es el que intercede por el pueblo. Pero eso no le daba derecho legal de levantarse contra Moisés. ¿Está aquí? Entonces, cuando Jehová hace esa reunión, le hace ver a María que hay niveles [Música] espirituales. Apréndase eso para que no cruce la línea. Hay niveles. Hay niveles espirituales. Jehová le dice a María: "Óyeme lo que te voy a decir. Cuando haya profeta en mi pueblo, yo hablaré con él en sueño o en visión, pero no así a Moisés. A Moisés le hablaré cara a cara. Lo que te estoy hablando, yo nunca te he hablado a ti cara a cara, María. Tú nunca has visto mi rostro. A ti yo te hablé, pero no como le hablé a él. Tú quisiste igualarte, pero la autoridad donde yo puse a Moisés, tú no la conoces". ¿Alguien alaba a Dios?

María, tú debes entender que el líder aquí no eres tú, es Moisés. Debes entender que la cabeza aquí no eres tú, es Moisés. Debes saber que a quien yo me le revelé en el monte no fue a ti, fue a Moisés. Debes saber, María, que aunque yo le dije: "Saca a mi pueblo de Egipto y tráelo aquí", fue a Moisés. Así que te voy a decir algo: quedarás [Música] leprosa por cuanto enfrentaste la autoridad que yo establecí".

Y Dios se airó tanto que se fue y no dijo más palabra. Se [Música] fue. Y cuando esa nube se desapareció, instantáneamente María se llenó de lepra. Cuando Aarón la mira, [Música] dice: "Se está pudriendo". ¡Alaba a Dios! Y se le tira los pamos, dice: "Ay, no dejes que muera así. Leproso, hemos pecado contra Dios y contra ti. Clama". ¿Usted sabe por qué se salvó Aarón también y no quedó leproso? Por causa de la unción [Música] sacerdotal. Pero María, que fue la que empezó el chisme y la crítica, se llenó de lepra. Y Moisés va donde Jehová y le dice: "Te ruego, ¿qué corazón al que me estaba criticando ahora? Te ruego que le perdones al que desafió mi autoridad. Perdónale al que me acabó. Perdónale. No le quiero ver sufrir". Snal. Y Jehová le dice: "¿Qué le pasa a un hijo que escupe el rostro de su padre? Vi, te deshonró. ¿Acaso el padre no la sacaría del campamento?". Y dijo Moisés: "Sí". Dijo: "Pues sácala. Sácala del campamento". Y a María la aislaron, la sacaron sola con lepra del campamento. Siete días sufriendo. Yo me imagino que en esos siete días, más decía: "Ay, perdóname. Ay, esta lengua, esta lengua no vuelve a hablar". ¡Alaba a Dios! Yo estoy seguro que decía: "Esta la convierto yo, Jehová. Esta no me vuelve a dominar, Jehová". ¡Alaba a Dios!

¿Sabes lo que me llama la atención? Ya termino de esta historia. Que la Biblia dice que el pueblo de Israel, él no pudo seguir adelante durante siete días. María atrasó el avance de todo un pueblo. ¡Alaba a Dios! No pudieron seguir adelante porque tuvieron que esperarla. ¡Alaba a Dios! Entonces, hermano, descubrí: tener mucho cuidado con la lengua. María fue echada del campamento siete días, y el pueblo no pasó adelante hasta que María se reunió con ellos. Número 12:15. El pueblo no siguió adelante hasta que María se reunió con ellos. ¿Qué nos está diciendo? Que el pueblo se frenó siete días, que no pudieron avanzar, paró todo esperando a María. Dios la sanó a través de la oración de Moisés, pero María no fue igual. Yo estuve escudriñando y María jamás... ¿Dónde están los que alaban a Dios? Jamás volvió a hablar en contra. ¡Alaba a Dios! Ahora, no, no, yo estuve buscando y María no aparece otra vez criticando. Aprendió a controlarla. Y cuando Moisés tomaba una decisión, María: "¿Qué tú opinas?". "Yo no, yo no opino. Yo no opino nada". ¡Alaba! Dale otro aplauso al alabado sea el Señor. [Música]

Con esto ya entrego. ¿Sabes qué nos enseña eso? Entonces, que hay personas que están enfermas por causa de la lengua. ¿O usted cree que Dios no vuelve a repetir las cosas? Porque hay alguien que se levanta contra la autoridad de Dios, contra lo que Dios ha establecido. Dios sigue estableciendo hombres y mujeres, delegando autoridad. Entonces, si tal vez usted, sin saberlo, inconscientemente, hizo algo o tomó alguna crítica destructiva contra alguien, contra algún líder, arrepiéntase hoy. Se lo estoy diciendo de todo corazón. Arrepiéntase. Analice cómo ha estado hablando, declarando, porque la vida y la muerte están en el poder de la lengua, y el que la ama comerá de su fruto. Póngase de [Música] pies. Dale un aplauso al [Música] Señor.

Este mensaje, este mensaje es un mensaje que nos direcciona, nos guía, nos instruye, pero también nos sana. Mi intención con este mensaje no es herir a nadie, es que nosotros tengamos el conocimiento de cómo utilizar nuestra boca, de que Dios quiere que hablemos palabra de bendición y no de maldición. Amén. ¿Está conmigo? Que nosotros edifiquemos y no destruyamos a los demás. Aprenda que el miembro que está entre nuestros labios es peligroso y que habrá momento donde Dios te dirá: "No opines, cállate, no hables". Hay veces que te van a provocar para que hables, provocándote a ira. Hay gente que el mismo enemigo para provocarte para que tú te desenfrenes, para que tú saques ese viejo hombre. Y el Señor te dice: "Acuérdate que tú eres mi siervo, acuérdate que tú eres mi sierva". Y te dice: "No hables, no le respondas". Aún hasta con mi propia pareja, en algún momento las parejas discuten, ¿sí o no? Sea sincero. A veces la pareja está airada, ese día amaneció enojada y tal vez está diciendo palabras provocativas para que tú también reacciones. Pero el Espíritu Santo te dice: "No hables, déjala tranquila, deja que se desahogue". Porque las suaves palabras quitan la ira. ¿Cuántos sabían eso? Diga conmigo: "Las suaves palabras quitan la ira". La ira. ¿Cómo así, pastor? Bueno, que si mi mi esposa, por poner un ejemplo, para no ponerlo a usted, me está hablando con palabras ofensivas, en vez de yo reaccionar de la misma manera, le doy una palabra suave: "Cálmate, mi amor, eso lo vamos a resolver, tranquilízate, lo vamos a hacer así, tú verás que vamos a hallar la salida, tranquilízate". Y ¿qué hace ella? Se baja, porque las suaves palabras, dígalo, por favor, quitan la ira. Diga: "Las suaves palabras quitan la ira". La pareja de esposos, apréndase eso. Tu esposo se se levantó con el cable cruzado, en un dominicano, empezó a hablar cosas que no debía hablar o de una manera, en un tono de voz que no debe de estar hablando. Sea sabia mujer, no te alteres, dile: "Cámbiate, mi, cálmate, mi negro". Aleluya. Aleluya. Esa palabra baja a cualquiera. "Cálmate, mi negro". Y malas mujeres que tienen esa voz como tan dulce, pero "cálmate, mi negro". Ay, ya, ya, ya. Pero ¡alaba a Dios! A las mujeres, ¿dónde están las mujeres sabias de esta casa? "Cálmate, mi amor, tú lo que tienes hambre, te voy a preparar un sancocho. Tú lo que estás muy acalorado, siéntate ahí que te voy a hacer un juguito de limón". Ahora, use palabra suave, porque si él está dando palabra dura y usted responde de la misma manera, le va a hacer subir el furor. No sé si me estaré entendiendo, pero esto me ha dado resultado. Hay momentos que hay que dejar que la mujer se desahogue, déjala, escúchala, escúchala. Hay veces que ella lo que quiere es que le escuchen. ¿Dónde están los hombres sabios de aquí? Si a veces ella lo que quiere es que usted le escuche y que usted no esté utilizando el teléfono. Déjelo ahí tranquilo, porque si usted está utilizando el teléfono y ella hablando, "Ay, Jehová. Ay, padre del cielo, es de una bella". Dice: "Quiero que me prestes atención a lo que te estoy hablando". Entonces, ya yo soy sabio, yo lo pongo ahí. "Habla, mi amor, que te escucho". Entonces le digo: "Cariño, te voy a resolver eso, da eso por resuelto, eso ahorita lo arreglamos". ¡Alaba a Dios! "Despreocúpate, no te turbes, estate quieta, tú vas a ver que yo resuelvo eso". "No, pero qué". "Ahora dame tiempo, por favor. Tú sabes que yo resuelvo, dame tiempo". Es negociar a veces por pareja. No saber negociar ese tipo de conflicto terminan mal. ¿Me está entendiendo?

Dos oraciones termino. La primera es de humillación. Si yo, yo siento en mi espíritu que aquí tenemos que humillarnos todos. Amén. Mire, hasta yo me voy a humillar, porque el que se humilla será exaltado, y el que reconoce su pecado y se aparta, alcanzará misericordia. Entonces, yo siento por el espíritu que hay personas que deben de humillarse hoy y decirle: "Señor, perdóname si me desenfrené hablar de esa manera. No debí de hacer ese comentario. Me retracto, me retracto de eso. Te pido perdón". Y cuando Dios ve ese corazón contrito y humillado, ¿sabes lo que Dios va a hacer? Te va a perdonar, pero no solo eso, te va a sanar y te va a restaurar. Dale un aplauso a [Música] Dios.

Puede dar gloria a [Música] Dios. Cierra tus ojos conmigo y ahí, en voz baja, con tu voz, pídele perdón. "Señor, nos humillamos, Señor, nos arrepentimos en este día, Padre. Cuántas veces hemos hablado cosas que no debimos hablar. Oh, Señor, cuántas veces no supimos controlar la lengua y causamos situaciones que hoy, Señor, acarrearemos algunas consecuencias. Pero tú has dicho que si nos humillamos y nos arrepentimos, tú perdonarás nuestras faltas y perdonarás nuestros pecados. Señor, yo te pido perdón. Padre, perdónanos, así como el padre se compadece de sus hijos, compadécete, Dios, de nosotros. Oh, Señor, compadécete de nosotros, Señor. Sana aquellos que están enfermos, que si por alguna crítica, Señor, que si por algún comportamiento inadecuado hizo algo que no debió hacer, o habló algo que no debió hablar, yo te pido perdón, Señor. Así como Moisés intercedió por María y te dijo: 'Jehová, te ruego que la sanes ahora, Jehová, te ruego que la perdones ahora', asimismo, con ese clamor que levantó Moisés, yo te pido que perdones a tu pueblo. Yo te pido que perdones a tus hijos, aún aquellos que están a través de la transmisión, aún aquellos que están escuchando este mensaje desde distintos lugares, en su casa, su trabajo, donde quiera que se encuentren. Te pido, Señor, como Moisés que le dijo: 'Señor, perdónale', así te pido que lo perdones. Dígale: 'Perdóname, Señor'. Vamos, alguien diga: 'Perdóname, Señor'". Sí, sí. Dígale: "Límpiname con tu sangre, dile: 'Lávame más y más de mi maldad'. Dile: 'Límpiname y seré puro, purifícame y seré limpio'. Hazme oír gozo y alegría, renueva un espíritu recto dentro de mí. Dile: 'Devuélveme el gozo de tu Espíritu Santo y no me eches de delante de ti. Ten piedad de mí, oh Dios, y dile: y sáname'". Vamos, alguien dígalo: "Sáname". Dígalo: "Sáname, Padre". Dile: "Dame una oportunidad que voy a cambiar". Dile: "Dame una oportunidad más que voy a controlar mi boca". Dile: "Ayúdame, Dios". Dile: "Ayuda, Señor". "Pon freno a mi lengua". Alguien dígaselo. "Pon freno a mi lengua para no pecar contra ti". En el nombre de Jesús. Amén y amén.

Vamos a darle otro aplauso a Dios por eso. Última oración. Y entrego. Última oración. Si hay alguien que me dice: "Pastor, yo no soy creyente, pero hoy quiero entregar mi vida a Jesús". Yo no, todavía no he entregado mi corazón a Jesús. Dice la Biblia que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y que Dios padre lo levantó de entre los muertos, será salvo. Así que yo quisiera ver si hay alguien que levante su mano. Quiero orar por ti. ¿Quién levanta su mano? Y me dice: "Pastor, ore por mí". ¿Quién me dice? ¿Quién me dice? "Pastor, ore por mí". Venga, venga aquí adelante. Quiero orar por ti por salvación. La iglesia orando un minuto. Orando. Quiero a alguien que me diga: "Pastor, ore por mí". Oro por salvación. ¿Habrá alguien de los que nos visitan que me diga: "Pastor, ore por mí"? Pues, gloria a Dios. Pues, le damos un aplauso al Señor. Dejo el llamado abierto. Que Dios me les bendiga a todos. Que Dios me les cubra. Que Dios me les guarde.