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Evangelio día Martes 30/06/26 - Padre Carlos Rosell - Mateo 8,23-27 - La tempestad calmada.

Cooperadores de la Verdad (Católico)14:07

Transcription

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.

Lectura del santo evangelio según San Mateo. [música]

Señor, en aquel tiempo subió Jesús a la barca y sus discípulos lo siguieron. En esto se produjo una tempestad tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas. Él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole, "Señor, sálvanos, que perecemos." Él les dice, "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?" Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar, y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados, ¿quién es este que hasta el viento y el mar lo obedecen?

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. [música]

Cuando meditaba en este pasaje del evangelio, me venían a la memoria dos elogios que hizo Jesús a dos personas que no eran judías. Al centurión, Jesús lo elogia y dice que en Israel no he encontrado tanta fe. Y a la mujer cananea, ¿se acuerdan de la cananea? Cuando Jesús percibe la fe de la cananea, dice, "Grande es tu fe, que ocurra lo que tú deseas. Grande es tu fe."

Sin embargo, hoy en el evangelio, Jesús le llama la atención a sus discípulos, a nosotros, y les dice, "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?" Nos encontramos con los discípulos de Jesús que están en una barca. Jesús está durmiendo, está cansado, surge una tempestad y los discípulos se llenan de miedo. No se han dado cuenta que están con Jesús. Despiertan a Jesús. Jesús calma la tempestad. Pero Jesús también nos llama la atención. ¿Cómo está nuestra fe?

Hay tres carencias que expresan que tenemos poca fe. Vamos a hacer juntos un breve examen de conciencia. ¿Por qué tenemos poca fe? Porque falta confianza en el Señor, porque falta piedad [resoplido] y porque falta conversión. Son tres carencias que hacen que tengamos poca fe.

¿Cuál es la primera carencia? La falta de confianza. Cuando falta confianza en el Señor, buscamos compensaciones. El horóscopo, el brujo, el adivino, o te aferras a una ideología. Cuando falta confianza en el Señor, buscamos ídolos que nos den confianza, pero esos ídolos, hermanos, son dioses falsos. Por eso todos los días hay que pedirle a Jesús que nuestra confianza en él sea 100%. Pase lo que pase, aunque todo esté cuesta arriba, nunca dejes de confiar en Jesús. Aunque como en el evangelio de hoy, se levanten tempestades en tu vida, sigue confiando en Jesús. Nunca dejes de confiar en Jesús y no busques compensaciones.

La segunda carencia, ¿cuál es? La falta de piedad. Cuando no rezamos, cuando dejamos la misa, cuando dejamos la devoción a la Virgen, cuando dejamos de meditar la palabra de Dios, la fe se empobrece. Hermanos, cuidemos nuestra piedad. Quien deja de orar, quien deja de tratar a Jesucristo en la oración, en los sacramentos, en la escucha de la palabra, comienza a perder la fe. Y eso lo sabe el. Por eso el nos quita la piedad. ¿Cómo está nuestra piedad? ¿Cómo estamos viviendo la misa? ¿La estamos viviendo bien? Salimos de la Santa Misa fortalecidos.

Y la tercera carencia, ¿cuál es? La falta de conversión. Y eso me lleva a la primera lectura de hoy. Hoy hemos escuchado a un profeta que, como todos los profetas, no tenía pelos en la lengua. ¿De quién estoy hablando? De Amós. Y les recuerda a los israelitas lo que pasó con Sodoma y Gomorra. No se convirtieron. Y aquí no se trata de hablar de un Dios que castiga. Quítense esa idea. Uno mismo se castiga cuando uno no se convierte, cuando uno se goza en el pecado. Hermanos, cuando no luchamos por nuestra conversión acogiendo la gracia de Cristo, la fe también se empobrece. No se olviden de las primeras palabras que Jesús dijo cuando inició su ministerio público. ¿Se acuerdan? Conviértanse y crean en el evangelio. Conversión y fe, hermanos. Conversión y fe. La fe se expresa en una lucha constante por convertirnos. Y cuando dejamos de luchar por nuestra propia conversión, la fe se va debilitando.

Pidámosle hoy a la Virgen María que nos ayude a tener una confianza 100% en el Señor, a ser personas piadosas que todos los días tratan con cariño a Jesús y que la Virgen nos ayude a luchar todos los días por nuestra propia conversión, contando siempre con la gracia de Dios que nunca nos faltará para convertirnos de verdad. Que así sea.

Como hacemos todos los martes, acudimos a los santos arcángeles y a nuestros ángeles custodios.

Oración a los arcángeles y ángeles.

San Miguel Arcángel, tú que eres el príncipe de la milicia celestial, acudimos a ti para que nos protejas de los ataques del padre de la mentira. San Miguel Arcángel, de nosotros. San Miguel Arcángel. San Miguel Arcángel.

San Gabriel Arcángel, tú que anunciaste la buena noticia a la santísima Virgen María de que sería la madre de Jesús, nuestro Salvador, te pedimos que nos ayudes a comunicar siempre con gozo y valentía el evangelio. San Gabriel Arcángel. San Gabriel Arcángel. San Gabriel Arcángel, por nosotros para.

San Rafael Arcángel, tú que eres el protector de los caminantes, te pedimos que nos ayudes a no salirnos nunca del único camino que debemos recorrer en nuestra vida, que es Cristo Jesús. San Rafael Arcángel. San Rafael Arcángel. San Rafael Arcángel.

Santos ángeles custodios que contemplan a Dios uno y trino y que son nuestros buenos compañeros en esta vida terrena, les pedimos que nos protejan de todo mal, especialmente de caer en el pecado. Santos ángeles custodios. Santos ángeles custodios. Santos ángeles custodios, ruega por nosotros. Amén.

Vamos a escuchar ya la última meditación en este mes de junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús.

Día trigésimo. Corazón de Jesús, víctima por nuestros pecados.

En el Antiguo Testamento aprendemos que Israel ofrecía sacrificios a Dios. Para ellos se usaban víctimas como los corderos. Pero estos sacrificios eran incapaces de lograr la salvación. En cambio, cuando viene Jesús, él mismo se convierte en la verdadera víctima que se ofrece al Padre por nuestra salvación, cargando sobre sí nuestros pecados. Por eso podemos afirmar que el corazón de Jesús, el más santo de todos los corazones, siendo inocente, asumió nuestras maldades para purificarlas con su sangre preciosa. Y es bueno saber que nosotros podemos ser víctimas unidos a la única víctima que salva a Cristo. ¿Cómo? Cuando unimos nuestros sacrificios a la cruz de Cristo.

Propósito de hoy: ofrecer todo lo que hacemos a lo largo del día al Sagrado Corazón de Jesús.

Oración al Sagrado Corazón de Jesús.

Decimos, "Oh Jesús, a tu corazón confío esta intención. En silencio, con fe, pidamos a Jesús lo que necesitamos. Mírala, después haz lo que tu corazón te diga. Deja obrar a tu corazón. Oh Jesús, yo cuento contigo. Yo me fío de ti. Yo me entrego a ti. Yo estoy seguro de ti. Todo lo temo de mi fragilidad, más todo lo espero de tu bondad. Amén."

Hermanos, me he fijado en ese llamado de atención de Jesús a sus discípulos. ¿Qué somos nosotros? "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?" Y he señalado tres carencias que nos llevan a tener poca fe. Uno, la falta de confianza. Cuando falta confianza en Jesús, comenzamos a buscar compensaciones. El horóscopo, el brujo, el adivino, que me lean las cartas, que me hagan un baño de florecimiento, el guairuro, etcétera, etcétera, etcétera. Segunda carencia, la falta de piedad. Cuando no rezamos, cuando no venimos a misa, cuando no acudimos a la Virgen, cuando no leemos la Biblia, la fe se va empobreciendo, se va debilitando. Cuidemos nuestra piedad. Y la tercera carencia, la falta de conversión. Cuando nos vamos acostumbrando al pecado, la fe se va pagando. No te olvides lo que Jesús dijo cuando inició su ministerio público. Conviértanse y crean en el evangelio. Todos los días hay que luchar contra el pecado. Contamos siempre con la gracia de Dios.

Que la Virgen nos ayude a tener una fe viva, una fe sólida, una fe grande.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos. Dulce Corazón de María, sea salvación. San José, ruega por nosotros.

El Señor esté con ustedes. Con tu espíritu.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Pueden ir en paz. [música]