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La economía global ante un efecto dominó de consecuencias impredecibles

Marc Vidal33:10

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Hace 3.200 años, el mundo más avanzado de su época colapsó en pocas décadas. No hubo un enemigo único, no hubo una sola batalla decisiva; hubo un sistema hiperconectado de imperios que dependían unos de otros para el material estratégico que lo hacía todo funcionar y que empezó a perder nodos clave hasta que la red entera se desintegró. A ese momento le llamamos el colapso de la Edad de Bronce. Y cuando lo estudias de cerca en el contexto de lo que está pasando hoy, por ejemplo, en el Golfo Pérsico, da una sensación extraña, muy extraña, de familiaridad.

Pero no nos adelantemos; permitidme, luego volveremos a ese momento de la historia porque es muy interesante. Pero ahora toca preguntarse algo importante: si estamos ante un desplome puntual o en las puertas de una recesión de larga duración, incluso a un decrecentismo forzado. Y hay que tener cierto cuidado porque con esa pregunta, la respuesta normalmente correcta, no depende de cuánto sube el petróleo ni cuándo Trump tuitee o escriba en X o en su red social alguna cosa como que la guerra terminó. Depende de algo mucho más profundo: de qué tipo de sistema está fallando ahora mismo y de cuánto tardará ese tipo de sistema en recuperarse.

Y para responderla, primero hay que entender algo que casi nadie está nombrando en estos momentos con claridad. Lo que está ocurriendo ahora mismo en el Golfo Pérsico es, en la superficie, una guerra y un bloqueo marítimo. Hasta ahí estamos todos de acuerdo, ¿verdad? Pero debajo de esa superficie, y es lo que a mí realmente me interesa, es un fallo sistémico visible de la arquitectura que sostiene la economía global. Y para mí, ese es el tema principal y seguro que para vosotros también.

Estáís, supongo, incluso cansados de noticias sobre lo que está pasando allí. Y lo interesante sería tratar la segunda capa de lo que está pasando allí, porque independientemente de cómo veas este vídeo, ya sea desde una perspectiva crítica, apocalíptica, atenta o con cautela, quiero desmentir que lo que hoy te voy a contar, como tampoco lo ha sido en los últimos días, sea este un contenido catastrofista o que tome partido por unos o por otros. Ese no es mi cometido ni lo quiero. Aquí estamos exponiendo lo que está pasando, qué elementos deben ser tomados en cuenta más allá de lo que se explica, sobre todo interesadamente en la mayoría de medios. No estoy hablando del final de nada, sino de los indicios de un modelo que ahora mismo está claramente exhausto.

Repito, quien vea esto hasta el minuto 8, seguramente se llevará una impresión equivocada. Es algo, me vais a perdonar, que percibo en algunos contenidos anteriores. Eso es que, bueno, gente comenta antes de acabar el vídeo y se queda con la primera síntesis y no con la conclusión. Los que llegáis al final, que sois la mayoría, sabéis que tras una exposición cruda de lo que está pasando en lo que sea, siempre intento aportar un análisis de lo que se esconde tras la primera capa de la información general. Y si sois de los que llegáis al "seguimos", ese "seguimos" final, sabréis que intento aportar un punto de vista moderadamente optimista, incluso, o en otros casos, algunos consejos que, sumados a lo largo de todos los vídeos, sin duda, alguno habrá empezado a reconocer que se parece o empieza siendo una especie de hoja de ruta para afrontar de forma individual un momento como el actual, un momento tan complejo como el actual.

Por eso, quédate, porque vamos a examinar por qué el cierre del estrecho de Ormuz no es simplemente una crisis del petróleo, sino que es mucho más. Es una señal de degradación de la red económica del siglo XXI. Vamos a analizar cómo funciona esa red, qué nodos están fallando ya, por qué las herramientas de respuesta se están agotando y qué va a significar todo esto para responder si estamos hablando ahora mismo de un desplome puntual o se acerca algo mucho peor, o incluso una recesión de largo recorrido.

Y por cierto, os quiero, os quiero pedir un favor, que no os pido ninguno. Estamos a punto de alcanzar un hito que para mí es tremendo en este canal: el 1.100.000 suscriptores. Nunca hubiese pensado que íbamos a llegar a esa cantidad. Y aproximadamente el 61% de vosotros que lo veis regularmente, pues resulta que aún no os habéis suscrito, por la razón que sea. Pues si consideras que lo que hacemos aquí con mi equipo te ha aportado valor en algún momento, puedes recompensarnos con solo pulsar el botón de suscribirse. Es muy fácil, significa muchísimo para mí y, sobre todo, para mi equipo, que le mete una de horas tremenda a estos contenidos, porque cuando alcanzamos esos hitos, lo celebramos juntos. Un día lo celebraremos todos juntos. Así que ese es el favor que os pido. Lo hagáis o no, ya sabéis que yo no os voy a fallar. Seguiré analizando la cara B de las grandes preocupaciones económicas, tecnológicas, globales que afectan a nuestra vida. Y en todo caso, como siempre, muchísimas gracias por formar parte de esta enorme familia. Significa muchísimo. Y ahora sí, no te vayas, que lo de hoy también te interesa.

Empecemos por lo que está pasando de nuevo. Hay que resumir porque hay que verlo con claridad antes de poder interpretar todo lo que hoy quiero trasladaros. Llevamos más de un mes con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado a la navegación comercial normal. Hay amenazas de que quieren cerrar otras cosas, otras partes incluso del Mar Rojo. La campaña militar que la administración Trump estimó que duraría entre cuatro y seis semanas ya superado ese plazo, sin señales claras de que esto se vaya a resolver pronto, aunque es posible que el hombre coja y se vaya y se acabó, pero bueno, lo va a dejar todo hecho los zorros. Entonces, Trump ofreció una tregua de 5 días hace poco que ha ampliado hasta el 6 de abril, hace nada. Los mediadores de Pakistán y Turquía llevan sobre la mesa una propuesta de casi 15 puntos que Irán ha rechazado. Hoy hay otros cinco puntos más en otras de las negociaciones abiertas. Y es que las posiciones están, según reconoce el propio enviado estadounidense a la zona, Steve Whtfadas. Por mucho que aparezcan puntos, por mucho que el presidente de Estados Unidos diga unas cosas, los dirán digan otras, él dice que la cosa está todavía muy verde. Irán pide indemnización por daños de guerra, que se cierren las bases militares estadounidenses en la región y que las navieras internacionales paguen por el derecho a cruzar el estrecho. Claro, Estados Unidos exige el abandono del enriquecimiento de uranio, como sabíamos, el libre tránsito marítimo y restricciones a los programas de misiles y también a las milicias regionales.

Esto nos lleva al primer capítulo. Un mes de bloqueo y el mundo todavía no lo ha procesado. No hay un acuerdo a la vista. Hasta aquí, por mucho que escuchéis estos días de que parece que sí, que tal, el acuerdo, si se produce alguna algún final de este conflicto, no va a ser vía acuerdo, va a ser porque uno ha decidido que se va. Y lo que parecía un conflicto corto y decidido está ahora mostrando síntomas clásicos de estancamiento que ya conocemos de otras guerras, ¿no? Objetivos finales poco claros. En este caso, la cosa está realmente marañada. Previsiones demasiado optimistas sobre la resistencia del adversario. Aquí a los americanos les ha sorprendido la respuesta de Irán. Y mensajes contradictorios del propio presidente de los Estados Unidos. Fatih Birol, que es el director de la Agencia Internacional de la Energía, dijo así claramente que el mundo podría enfrentarse a su peor crisis energética en décadas. Bien, 40 infraestructuras energéticas ya están gravemente dañadas. 11 millones de barriles por día se pierden desde el inicio del conflicto, que no es poco. Quédate con ese número. 11 millones de barriles al día es algo interesante. Luego iremos a este dato más adelante porque seguramente nos va a afectar en otros ámbitos. Porque además, dicho así, 11 millones suena a mucho, pero no dice nada por sí solo y ese es el problema. Se nos dice eso, pero no se nos coloca el contexto y necesita contexto. Y ese contexto es exactamente el que falta en la mayoría de los análisis que están circulando.

Bloomberg habló esta misma semana con más de 30 operadores del sector, es decir, traders, ejecutivos, brokers, armadores, asesores. Y el mensaje que escuchó Bloomberg una y otra vez fue el mismo: el mundo todavía, ojo con esto, eh, enmarcarlo, no ha procesado la gravedad de lo que está mirando. Y la verdad es que eso no es alarmismo, es lo que dice la gente que mueve el mercado físico real, no unos analistas que hacen proyecciones desde una pantalla, no unos tertulianos que están por ahí, no un analista en un canal de YouTube, no, no es otra cosa. Y es que, sin embargo, lo curioso es que los precios del petróleo, aunque están altos, no han alcanzado niveles de pánico. El gas natural europeo ha subido un 70%, pero no ha llegado a los picos de 2022. ¿Qué está pasando aquí? Si es tan grave, ¿por qué no suben los precios? Los mercados siguen apostando que Trump cerrará el conflicto antes de que el daño sea irreversible y eso es mucho confiar. Pero bueno, esa apuesta podría ser podría tener razón o puede incluso, perdonad que os diga, el error más caro de lo que llevamos de siglo.

La economía global no es una fábrica, es una red. Y aquí viene el asunto, porque para entender por qué los números de este conflicto importan más de lo que parece, hay que entender primero cómo funciona el sistema en el que vivimos. Que la gente se olvida de esto, no explica exactamente el modelo de conexiones en el que vive nuestro mundo. Olvídate de cadenas de montaje, piensa en algo mucho más complejo. Esto no es una fábrica. Piensa en internet, en millones de servidores repartidos por todo el planeta, centros de datos, cables, cables submarinos, nodos de distribución, sistemas de enrutamiento. No hay un centro único. Irán no tiene un centro, no hay un control absoluto, pero todo funciona porque todo está coordinado. Cuando envías un mensaje, este cruza continentes, pasa por múltiples sistemas y depende de infraestructuras que ni siquiera sabes que existen. Estás al otro lado del Atlántico viéndome hoy a mí, eh, el sistema por el cual transcurre todo esto, a veces uno ni lo piensa, pero todo esto circula por algún lugar. Ahora imagina que empiezan a fallar nodos clave, no todos, eh, no hace falta, solo algunos puntos estratégicos, rutas saturadas, servidores caídos, cortes en cables críticos. El resultado no es un apagón inmediato, es algo peor. Es la degradación progresiva, lentitud, errores, servicios que dejan de funcionar, partes de la red que se vuelven inaccesibles, pero resulta que internet sigue ahí, pero ya no funciona como un sistema. Y eso es exactamente lo que hemos construido con la economía global, la que tenemos ahora: una red de energía, de materias primas, de química, de logística, de tecnología, de alimentación. Todo muy bien distribuido, todo interdependiente, todo optimizado al límite de la eficiencia y con nodos críticos, por cierto, como ya sabemos desde hace un mes, que sí fallan, no afectan a una sola industria, sino a cadenas enteras de dependencias que pensábamos que eran invisibles, ¿verdad?

Y ahora vamos a volver a esos 3.200 años. Hace 3.200 años, que te mencionaba al principio. Mira, el Mediterráneo Oriental alrededor del año 1200 antes de Cristo no era un mundo primitivo de tribus aisladas, ¿no? A mí que me gusta tanto la historia, que la estudio, pues esto, estas épocas me fascinan. Tan, tan lejos que nos da la impresión de que allí no había nada. Y no es así. Era, a la escala de su época, un sistema globalmente interconectado. Egipto, los hititas, Micenas, Babilonia, imperios separados por cientos de kilómetros que comerciaban entre sí. Se prestaban artesanos, intercambiaban grano, textiles, mantenían una diplomacia sofisticada. Por ejemplo, las cartas de Amarna, archivos de correspondencia encontrados en Egipto, muestran relaciones geopolíticas con una complejidad que, sinceramente, no envidiaría a ningún tablero moderno. Era un sistema interdependiente, no autosuficiente. Y el material estratégico en ese mundo, adivinad cuál era. Obviamente no era el petróleo, obviamente no era el gas, era el estaño, porque sin estaño no había bronce. Y sin bronce, no había herramientas, ni armas, ni infraestructuras. Y el estaño solo se encontraba en unas pocas zonas del planeta, por lo menos en aquel tiempo. Para que llegara a Egipto o a Micenas, necesitaba cruzar miles de kilómetros de rutas comerciales que dependían de la estabilidad de decenas de actores intermedios. ¿Verdad que es curioso? Un checkpoint material indispensable, geográficamente concentrado y además no tenía sustituto inmediato que pudieras llenar el sistema de estaño si fallaba esa ruta. Esto no suena, ¿verdad?

Cuando esas rutas empezaron a romperse, se rompieron por diferentes razones: por guerras, por sequías, sequías prolongadas, por la irrupción de los llamados Pueblos del Mar, toda la zona precisamente cercana a donde estamos en estos tiempos, más para el Mediterráneo, y por el colapso de las élites que sostenían el sistema. El efecto cascada ahí fue devastador. No hubo una sola causa, hubo un fallo sistémico, demasiadas dependencias críticas rotas al mismo tiempo y además produjo cosas tremendas. Los hititas desaparecieron como potencia. Micenas colapsó. Ciudades que llevaban siglos activas fueron abandonadas o destruidas. En algunas regiones la escritura se perdió durante generaciones. El comercio de larga distancia llegó a contraerse tanto, vamos, que duró esa contracción más de cuatro siglos. Obviamente no estamos en esos tiempos y la velocidad es muy distinta, pero era un sistema enormemente sofisticado que se desintegró en pocas décadas y dejó detrás de sí lo que se llama una edad oscura que nadie en ese mundo próspero habría considerado posible hace un tiempo.

La lección no es que la interconexión sea mala, no, no, yo no digo eso. Es algo más preciso: cuanto más optimizado es un sistema, menos redundancias tiene. Y cuando un sistema sin redundancia empieza a perder nodos, resulta que la cascada, los que os dedicáis a temas informáticos, esto lo sabéis, puede ser más rápida de lo que cualquier modelo ha sido capaz de predecir. Norman Angell escribió en 1910 un ensayo que os recomiendo, es maravilloso, se llama "La gran ilusión" y decía que la interdependencia comercial entre naciones hacía la guerra económicamente irracional, pero 4 años después comenzó la Primera Guerra Mundial. La ironía no está en que se equivocara sobre la racionalidad de la guerra, sino en que acertó, y eso es lo interesante, sobre la interdependencia, aunque subestimara hasta qué punto los actores humanos pueden actuar en contra de sus propios intereses sistémicos. Mucha gente se pregunta hoy: "¿Pero, por qué está pasando lo que está pasando si ven que van a crear un caos global brutal?". Pues porque a veces los humanos actúan en contra de sus propios intereses sistémicos o porque hay intereses de otro tipo, pero eso es otro tema y otro vídeo.

Hoy esa interdependencia es incomparable, vamos, incomparablemente más densa que en 1910 o en el año 1200 antes de Cristo. De hecho, tenemos tecnología de información, mayor capacidad de adaptación, diversificación imperfecta, pero real. Esas diferencias importan. Pero también tenemos cadenas más largas, más especializadas, con menos margen de tolerancia al error que en cualquier época anterior. Fijaos que en octubre de 1973 los países de la OPEP árabe deciden embargar el petróleo a Estados Unidos y sus aliados también, los de Estados Unidos, tuvieron que vivir las represalias por el apoyo a Israel en la Guerra del Yom Kipur. ¿Okay? El suministro mundial de crudo cae en torno a 5 millones de barriles diarios entonces y fue suficiente para provocar colas kilométricas en las gasolineras, racionamiento de combustible, una recesión global y el inicio de un proceso que ha durado 30 años de transformación del propio sistema energético mundial. Ese fue el mayor choque energético del siglo XX y, de momento, si lo que nos está pasando ahora no lo supera, hasta el momento.

Y aquí está la cifra que os dejé pendiente hace un ratillo. La Agencia Internacional de la Energía estima que desde el inicio de la guerra actual, la que vivimos, se han perdido 11 millones de barriles diarios y eso es más que las dos grandes crisis de los años 70 juntas y en un mundo con cadenas de dependencia ahora mismo mucho más complejas que las que teníamos en los años 70. De ahí viene que los nodos que están fallando ahora mismo sí importan. Porque cuando la AIE, esta agencia de la energía, habla de 40 infraestructuras energéticas gravemente dañadas, pues resulta que no está hablando de instalaciones que se reparan en semanas. Esto no va allí una brigada y lo arregla en 4 días. No, no. Esto es bastante más complejo. Qatar, que es el mayor exportador de gas natural licuado del mundo, como hemos comentado aquí alguna vez, como lo habrás escuchado en muchos sitios, pues resulta que sus instalaciones en Ras Laffan, que han recibido daños importantes, van a tardar más de 5 años en repararse por completo. Qatar Energy ya ha declarado fuerza mayor en sus contratos con clientes en China, Corea del Sur, Italia, Bélgica y algunos más. Eh, esto se va a extender. Las plantas de licuefacción, que es como se llama esta cosa, son megaproyectos de ingeniería altamente especializada. No se improvisan ni se sustituyen. No vienes allí con una pieza y la cambias por otra porque se ha quemado. No, no. A diferencia del petróleo, el gas natural licuado no tiene rutas alternativas que rodeen Ormuz. Si el estrecho de Ormuz está cerrado, el gas simplemente no llega. Fin. Fin de la película.

Pero el fallo de red no se limita al gas. Esto es mucho más complejo, es a lo que quiero ir hoy. Esta semana Irán atacó con misiles y drones a Emirates Global Aluminium y Aluminium Bahrain. Dos de los mayores productores, las dos mayores plantas de producción de aluminio del mundo. Alba, que es conocida en el sector como la capital mundial del aluminio, anunció esta misma semana la interrupción total de sus exportaciones tras las explosiones de gran magnitud, incendios, daños estructurales. Resulta que la pérdida combinada ronda las 560.000 toneladas de capacidad que equivale a casi el 9% de todo el suministro de Oriente Medio. Oriente Medio produce el 9% del aluminio mundial, pero si se excluye a China, que básicamente produce para consumo interno, resulta que esa cifra saltaría al 22% del mercado internacional. Y esto sí que ya empieza a ser una cosa bastante grave porque el precio del metal subió un 6% en pocas horas, alcanzó los 3.492 por tonelada, los máximos de 2021 más o menos. Y aquí nace la importancia del asunto porque el aluminio no es solo un metal, está en los aviones de combate, está en los coches, está en los cables eléctricos, está en la infraestructura energética y está en la tecnología. Si lo sumamos a lo del helio, que sirve para fabricar o por lo menos para refrigerar las obleas que fabrican los microchips, la cosa tecnológica, la inteligencia artificial, ¿os dais cuenta del problema? Porque reiniciar una fundición como estas que ha sido cerrada o dañada no es un proceso tampoco de días, es un proceso que dura meses o años y el daño no se revierte aunque Ormuz se reabra mañana, Trump diga que se ha acabado o los iraníes acepten algún pacto.

Hay algo más, además, que conviene entender y que casi nadie está explicando con claridad porque la parte invisible de todo esto es diferente. El petróleo y el gas no son solo combustibles, son materias primas de una cadena de dependencias que atraviesa la economía industrial completa. Esto es otra Edad de Bronce de otro modo. Sin el gas en la región se reduce la producción de azufre. ¿Nadie te ha hablado del azufre o qué? Sin azufre no hay ácido sulfúrico. Sin ácido sulfúrico no hay refino de metales como el cobre, el litio, el níquel. Sin esos metales no hay electrónica ni baterías. Vaya, ni baterías para los coches. Y sin Qatar como proveedor relevante de helio, la litografía, como te decía, para fabricar semiconductores, se queda sin presión y sigue la cadena hacia otros lados. Eh, sin gas natural no hay síntesis de amoníaco, sin amoníaco no hay fertilizantes. Sin fertilizantes en cantidad suficiente, la producción agrícola de primavera, la de ahora, cae y eso se retrasa en meses y se convierte en escasez. Ya empiezan a nombrar esa escasez. Ya empieza a decirlo la Unión Europea, que vienen tiempos de escasez, que hay que bajar el consumo, que te quedes en casa, que te quedes en casa, acordaos. Y además se traduce en precios más altos para que te quedes en casa. No es un sector, es el sistema entero. Los medios hablan de que todo va a subir, que si la cesta de la compra, que si la luz, que si la gasolina, pero no te hablan de lo relevante: un sistema que está fracturado, que va mucho más allá de los precios. Hablamos de otra cosa.

El director de la AIE lo resumió con gran precisión, eh, que, por cierto, los titulares no han recogido en el detalle con la suficiente atención. Él dijo: "No es solo petróleo, y se dedica a eso, ni gas, y se dedica a eso. Las arterias vitales de la economía: petroquímica, fertilizante, sulfuro, helio, todo está en jaque. Las repercusiones van a ser muy serias, muy serias". En menudo lío nos han metido algunos. Esto no funciona como una crisis normal. Esto no es un golpe, no es un ajuste, no es una recuperación, es una ruptura, es propagación, es bloqueo parcial del sistema. Porque cada pieza, y esa es la importancia de lo que está pasando y lo importante de estudiarlo con detalle, cada pieza depende de otra. Y cuando varias piezas se rompen al mismo tiempo, la recuperación no puede ser lineal ni en 4 días. Da igual ya lo que pase, las herramientas que quedan y las que ya no sirven. Porque hasta ahora hemos visto como un bloqueo en el estrecho de Ormuz no es simplemente una crisis de suministro energético, sino un fallo en varios nodos simultáneos de la red económica global. Es más geopolítica que otra cosa. Pero, ¿qué pasaría si las herramientas disponibles para amortiguar ese fallo estuvieran casi agotadas y el conflicto encima no tuviera visos de cerrarse en el corto plazo, aunque acabe la guerra? Esa es la pregunta. La pregunta que los mercados todavía no quieren ni hacerse porque cuando se la hagan, los contenidos de este y otros canales van a ser mucho más complejos y dramáticos, por desgracia, porque las respuestas que se han dado hasta ahora han funcionado solo para ganar tiempo.

Se coordinó con la AIE la liberación de reservas estratégicas, que son unos 400 millones de barriles en total, una cifra récord que se deben estar ya agotando. Se levantaron temporalmente las sanciones sobre el petróleo ruso e iraní almacenado en tanques flotantes. Curioso, se acabaron. O sea, le estás atacando a unos y liberas las reservas, prohíbes la exportación de unos y les dices que ahora sí, y así se abrieron esas reservas a compradores que antes no podían acceder. Arabia Saudí, los Emiratos, los Emiratos Árabes Unidos, han empezado a desviar parte de su producción por oleoductos terrestres que evitan el estrecho. China incluso puede tirar de sus propias reservas durante un tiempo. Son medidas, es cierto. Aquí cada uno hace lo que puede. Han tenido su efecto. De momento han conseguido contener algunas cosas, pero esas medidas son finitas. Son finitas. El CEO de American Petroleum Institute también lo dijo sin muchos, bueno, sin muchos eufemismos: "El libro de jugadas ya está vacío". El CEO de Total Energies añadió a eso: "Si esta crisis dura más de tres o cuatro meses y ya veremos, se convierte en el mayor problema sistémico que ha tenido el mundo. No podemos tener el 20% del crudo exportado globalmente bloqueado en el Golfo y el 20% de la capacidad mundial de gas licuado paralizada y que encima no tengamos consecuencias", dijo, "irreversibles".

Y entonces llegan los ilusos interesados, esos del optimismo Disney, que intentan que no te preocupes por nada, que ellos ya se encargarán de ti, que bueno, que esto tampoco es tan grave, que nuestro país está preparado para lo que venga, que estamos muy bien situados, que hemos hecho un gran cambio por las renovables. Encima a cambio te pedirán algunas cosas, ya lo veremos. Veremos qué te pedirán, por ejemplo, son los del argumento que circula mucho estos días y que vale la pena analizar con cuidado, porque dice que otros países sustituirán la producción, aunque sea, aunque suene razonable. El problema es que asume que los nodos de esta red son intercambiables y de forma rápida, y no lo son. Parece mentira que algún gran experto de estas cosas te diga que esto se arregla cambiando los nodos. Yo he preguntado a muchos expertos y no he encontrado a ninguno que me diga que eso es sencillo de hacer. Reemplazar la capacidad de gas licuado de Qatar requiere años de construcción de nuevas plantas de licuefacción. Reiniciar las fundiciones de aluminio lleva meses y necesita los propios insumos energéticos que también están ahora mismo bajo presión. El origen ya está parado, con lo cual la producción, las cadenas no se sustituyen tan rápidamente, se reconstruyen y reconstruirlas lleva mucho tiempo y el mercado no tiene ese tiempo. Es exactamente lo que les pasó a las civilizaciones del bronce cuando el estaño dejó de fluir. No había sustituto inmediato, no porque no existiera, sino porque el sistema entero estaba construido alrededor de un único flujo.

Bloomberg Economics estima que a 110 el barril el impacto es significativo, pero de momento lo estamos pudiendo manejar, pero si llega a 170 el impacto sobre la inflación y el crecimiento se duplicará. Incluso hay analistas de Bloomberg que ya contemplan los 200 y el estrecho permanece cerrado 3 meses. Sabemos que el Euríbor ya roza el 3% con una subida de casi 100 puntos básicos en un solo mes. Ojito, está anticipando una subida de precios brutal, una subida de tipos seguramente. El Banco Central Europeo habla de vulnerabilidades interconectadas. Ayer ya os traía las declaraciones de la AIE, que dice que estamos fatal. Además, dice que tensiones sistémicas en un momento en el que las valoraciones de los activos son elevadas es un gran problema. Lo han descubierto ahora, tal vez, no sé.

Y aquí es donde aquel número que te pedí que guardaras cobra todo su peso: 11 millones de barriles al día, más de las dos crisis de los 70 juntas. En aquellas crisis, el mundo tardó una década, una década en reconstruir y reestructurar su sistema energético. Y los efectos sobre el crecimiento y la inflación se prolongaron durante todos esos años. Y el sistema de entonces era significativamente menos interconectado que el actual. Pero no, tranquilos, que ahora no pasará nada. Ahora, con la inflación, tu riqueza se transferirá a la deuda de los países. Aquí te lo explico alguna vez. Y las dependencias aún en aquella época eran más simples, los nodos más robustos, los tiempos de recuperación de infraestructuras eran más cortos, pero hoy tenemos plantas de GNL, gas licuado, con 5 años de reparación por delante. Estamos todos eh, "No pasa nada", te dicen. Todo esto se arreglará. Condiciones de aluminio que tardan meses en reiniciarse y no pasa nada. 40 infraestructuras energéticas gravemente dañadas y no pasa nada. Y un mercado mundial de gas natural licuado que ha pasado en pocas semanas de la posibilidad de un excedente global a la probabilidad del mayor déficit de la historia antes de que termine este año. Como no pasa tiempo real, como las cosas no tienen consecuencias inmediatas, se mantienen algunos discursos de ilusos.

La gran pregunta: los sistemas no sienten, las personas sí. Todo lo que hemos visto hoy hasta aquí, los barriles, los nodos, los porcentajes, las proyecciones, es igual. Existe porque en algún momento todo eso se traduce en algo concreto: el precio del combustible cuando cargas el depósito, el coste de la cesta de la compra, la hipoteca que sube cuando el Euríbor sube, la decisión de una empresa que no quiere contratar o de una familia que decide aplazar una inversión o incluso un gasto. Así que toca hacer la pregunta inicial: ¿Estamos ante un desplome puntual, ante el inicio de una recesión de larga duración, o en algo peor, la aplicación de esas políticas ideológicas del decrecentismo apoyados en que tenemos que gastar menos, viajar menos, hacer menos, porque hay que salvarlo todo, porque va a haber desabastecimiento?

Si esto fuera solo energía, es decir, un shock de oferta con rutas alternativas disponibles o daños reversibles a corto plazo, pues la respuesta sería: esto va a ser puntual, caro y doloroso, pero puntual. Los mercados lo absorberían en meses y se acabó. Pero, ¿y si no lo es? Lo que tenemos es un fallo de red en varios nodos críticos al mismo tiempo con daños estructurales e infraestructuras que tardarán años en repararse en un sistema que no tiene las redundancias necesarias para absorberlo rápido y con un conflicto cuya duración ahora mismo, por mucho que digan que acabe mañana, nadie controla del todo. Y eso no es un shock que se pueda absorber, eso es una perturbación que se propagará. Y algunos lo van a aprovechar para inyectar esa vacuna que ellos llaman de decrecer.

Y los problemas de red no se resolverán rápido porque no tienen un punto único de solución. Resolver Ormuz no repara Qatar. Reparar Qatar no reinicia las fundiciones de aluminio y ninguna de esas cosas reconstruye las cadenas de fertilizantes, semiconductores o química industrial que llevan semanas ahora mismo bajo presión, cuando no paradas. Lo dijo The Economist. Señaló además que Ormuz no es el único punto frágil del sistema. Malaca, Gibraltar, el Canal de Panamá, Bab el Mandeb, el mapa está lleno de gargantas de lo que el relato de la globalización nos ha hecho creer. Y cada vez que una de ellas se tensiona, queda expuesta la misma realidad que se vio y vivieron aquellos hombres y mujeres en el 1200 antes de Cristo. El comercio mundial parece gigante, ¿verdad? Pero está sostenido por puntos muy estrechos. Y cuando uno de esos puntos falla, el impacto no es local, es sistémico.

Aquellos imperios del bronce, y algunos desaparecieron, tampoco pensaban que su estaño podía dejar de llegar. Está todo garantizado. Llega por esa ruta, no hay problema. Lo daban por garantizado, igual que nosotros damos por garantizado que el gas de Qatar, el aluminio del Golfo o el paso de buques por Ormuz no iba a fallar nunca. Y cuando dejó de llegar, no hubo sustitución rápida, hubo una cascada, hubo décadas de reconstrucción, habrá una edad oscura que nadie habrá puesto en sus modelos. El sistema no se ha roto, no, no. El sistema se está degradando como una red que pierde nodos clave, no se apaga de golpe, pero cada día funciona un poco peor que el anterior. No sé si os dais cuenta de cómo se está degradando. Y en ese tipo de degradación, la ventana para tomar decisiones personales, empresariales, incluso políticas, cada vez se va cerrando más despacio, pero con más firmeza que si esto fuera un colapso, por ejemplo.

Esto no pinta a un desplome puntual, eh, pinta a algo más lento, más profundo, más difícil de revertir, a algo que, como el estaño que dejó de fluir hace 32 siglos, puede parecer manejable hasta que deje de serlo. Es lo que dicen los datos, es lo que dice la historia y es, por supuesto, lo que no te dirán en el discurso oficial, porque hasta que por algún motivo interese a alguien, no lo sabrás, no te lo contarán. Bueno, y sí lo explicamos. Normalmente lo explican tarde y a un precio que esos que lo explican deciden ponerte. Por eso, toma acción, defiende tu patrimonio, protege tus activos, mejora tus habilidades, lee, comparte tu conocimiento, consulta todo, duda de todo, de todos, de todos. Y ahora más que nunca, no dejes de investigar, de aprender, de mantenerte en alerta, porque al mínimo cambio tú ya estarás disponible. Yo voy a intentar, mi equipo va a intentar estarlo siempre a tiempo real, por supuesto. Vienen tiempos para estar atento, muy atento. Seguimos.