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La moda, más allá de la próxima temporada

Cambio166:45

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La moda más allá de la próxima temporada. La industria textil es la segunda más contaminante del mundo después de la del petróleo. El ciclo de producción y consumo de la ropa tiene graves consecuencias para la preservación del medio ambiente y el sector sabe que los procesos de producción contaminan, pero es posible llevar a cabo una revolución sostenible en la forma en que vestimos.

Tan solo basta pasearse por la Gran Vía de Madrid para encontrarse condiciones de escaparates de grandes cadenas de ropa y cientos de personas con bolsas llenas de prendas de la última temporada. Sin embargo, esa ropa será solo de la última temporada durante dos semanas. En 15 días, las mismas tiendas tendrán una nueva colección y, de nuevo, vendrán compradores para hacerse con las más recientes tendencias. Este es el ciclo de la fast fashion y está destruyendo el planeta.

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Desde el año 2000, la industria de la moda rápida o fast fashion ha tenido un crecimiento exponencial gracias a la expansión de marcas como H&M e Zara, dos de los retales más grandes del mundo. En el año 2014, se produjeron más de 100 mil millones de prendas, según los datos de Greenpeace. Pero el hecho de producir más ropa a precios más económicos ha ocasionado que esta tenga cada vez menos vida útil y, por tanto, termine más rápido en la basura.

Según estudios de Naciones Unidas, el promedio del ciudadano consume un 60% más ropa que hace 15 años y una prenda se utiliza tan solo 10 veces antes de ser desechada. Y esto es la mitad con respecto a la década de los 2000. A pesar de que se proyecta que la demanda de ropa aumentará un 2% al año, tan solo en España terminan en vertederos el peso equivalente de 45 mil coches medianos en ropa.

Este sobreconsumo, sumado a las condiciones en las que se fabrica la ropa, ha puesto a la industria de la moda en el segundo puesto de los sectores más contaminantes, solo por detrás del petróleo. Según la ONU, la moda es el segundo consumidor de agua a nivel mundial, genera alrededor del 20% de las aguas residuales y libera medio millón de toneladas de microfibras sintéticas al océano cada año.

La moda también es responsable del 10% de las emisiones globales de carbono, más que todo el transporte marítimo y los vuelos internacionales combinados. Estas emisiones provienen del uso de pesticidas a base de aceite, el bombeo de agua para regar los cultivos como el algodón y el transporte. Para hacer un pantalón vaquero se necesitan 3.781 litros de agua. Entre la producción de algodón, fabricación, transporte y lavado, en este proceso se emiten 33,4 kilogramos de carbono, lo equivalente a conducir 111 kilómetros o ver 246 horas de televisión en una pantalla grande.

Pero no solo la situación está siendo insostenible para el planeta, sino también para las ganancias de la industria. Aunque la moda está valorada en 24 billones de dólares y emplea a más de 35 millones de personas en todo el mundo, cada año pierde un valor de 500 mil millones de dólares por la falta de reciclaje y la ropa que se tira a la basura sin ser vendida.

Un estudio de la consultora holandesa-estadounidense Eileen Fisher realizado en 2015 recogió que el 66% de la población millennial mundial, que ahora mismo es la principal fuerza de mercado, está dispuesta a comprar prendas con la etiqueta sostenible. Es por ello que el sector, aunque lento, lleva años buscando alternativas que sean beneficiosas para el planeta y para los negocios.

El pasado 14 de marzo, Naciones Unidas lanzó la Alianza para la Moda Sostenible junto a importantes marcas de la industria como H&M, Mango o Pull&Bear. La moda sostenible se caracteriza por emplear tintes naturales en vez de químicos, reducir el consumo de agua y utilizar fibras cultivadas sin pesticidas o herbicidas, según explica Gema Gómez, fundadora de Slow Fashion Next, una plataforma educativa sobre valores de sostenibilidad en la moda.

Mientras esta revolución sucede en la industria, el consumidor puede ir cambiando ciertos hábitos que sean más amigables con el planeta. Desde Greenpeace aseguran que con tan solo doblar el tiempo de uso de la ropa de 1 a 2 años, se reduce el 24% de las emisiones. Igualmente, trata de aprovechar las prendas, comprar ropa de segunda mano o acercarse a las tiendas ecológicas sería una buena forma de empezar a ser más conscientes.

Sin duda alguna, en este despertar sostenible de la moda, lo más importante es cambiar el concepto de la economía lineal al de la economía circular, en el que se establece que todos los productos pueden tener un ciclo de vida completo y eficiente sin que acaben en los vertederos. Este concepto se basa en la idea de que los recursos del planeta son finitos y, por tanto, se debe tratar de aprovechar los que tenemos al máximo y no desperdiciar los.

No obstante, la transición del modelo de negocio de la fast fashion a una sostenible está siendo progresiva. Sin embargo, el interés de más actores ha crecido. Por ejemplo, el Parlamento Europeo ha incluido la economía circular entre sus objetivos de sostenibilidad para 2030, mientras que el mercado de segunda mano ha crecido y las compañías están buscando alternativas para revenderlos.

Y aunque muchos de estos resultados parecen esperanzadores, lo cierto es que este es solo el comienzo. Eso sí, el sector de la moda quiere salirse del rostro podio de las industrias más contaminantes del planeta. Las alianzas globales, discusiones e innovaciones demuestran que los líderes están comprometidos con un cambio y es que, como se ha visto, el sistema debe cambiar si quiere subsistir.

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