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¡Culto Misionero de Damas ! - MMM Ciudad del Sol

Como dice la Escritura2:12:45

Transcription

Llamado, ayúdanos, Señor. Como esposa, Señor, también hay que ser de ayuda para nuestros esposos. Maravilloso Dios, a cada joven, Señor, despierta. Es decoración misionero. También, oh Dios, te lo robamos, te lo pedimos, Señor. Todo esto, guarda tu obra, Señor. Esta obra preciosa que hemos podido conocer, que nació en tu corazón y que es de gran bendición para tantas familias. Guarde esta obra, Padre Celestial, en santidad, como hasta ahora nos vienen viendo, Señor, como temerosos de la doctrina, Señor, para que no se pierda a lo largo de los años, con temor, honestidad en cada hombre, Señor, que usted levanta. Como maravilloso Dios, te lo pedimos, te lo rogamos. Todo esto, mi Dios, tome el control de este servicio de principio a fin. Dígale al Señor, tome el control, Padre Celestial. Ayuda a cada hermana que va a tomar parte en esta hora, Señor. Ayuda a cada grupo que tiene el especial, Señor. Sea usted, mi Dios, recibiendo cada alabanza, cada adoración. Oh Dios, apresura el paso de mis hermanos, de mis hermanas que faltan en llegar, Señor, para juntos alabar y adorar tu santo nombre. Te damos gracias, maravilloso Dios. Gracias, Padre. Gracias, Hijo. Gracias del Santo de Dios. Aleluya. Amén y amén. En el nombre de Jesús.

Y cuánto nos gozamos de estar en la casa del Señor. Amén. Dele palmas de alabanzas al Señor, porque un pozo poder estar en su pasta leño. Nos regocijamos dentro, el corazón se alegra de estar en su presencia. Maravilloso Dios, vamos a empezar con los coros de adoración. Esa petición a ti del grupo coral. Amén. Y cierre sus ojos para que usted pueda también sentir la presencia del Señor. Aleluya. En el nombre de Jesús. Sigamos en esa misma comunión, amada. Digámosle al Señor: Señor, aquí está mi vida en este culto misionero. Oh Dios, aquí está mi vida, aquí está mi corazón para servirte, Señor. Por eso que le vamos a decir: En mí, aquí yo iré, Señor, dondequiera y donde quieras, por cuáles sean los propósitos que tengas para conmigo. Aquí estoy, un Señor.

[Música]

Y hoy día, Señor, me di cuenta las naciones.

[Música]

[Aplausos]

[Música]

[Música]

Gloria a la estación.

[Música]

Y hoy día.

[Música]

Gloria a la estación.

[Música]

Pues llevaré gloria la nación.

[Música]

Una vida.

[Música]

Con tu corazón quiero sentir.

[Música]

Y para qué.

[Música]

Por eso pido la ayuda de mi condición.

[Música]

Quiero sentir con su corazón.

[Música]

Quiero vivir.

[Música]

Andares.

[Música]

Siempre vivo la paz.

[Música]

A ti.

[Música]

[Música]

Mira vélez.

[Música]

Aquí sí.

[Música]

Ayúdame.

[Música]

Quiero seguir con tu corazón.

[Música]

Yo quiero sí.

[Música]

Con miedo.

[Música]

Hola ciudad.

[Música]

[Aplausos]

Mire una más.

[Música]

[Música]

Aquí el ine.

[Música]

De vido lamas.

[Música]

Y por qué.

[Música]

Ya te dije sí.

[Música]

Y añade el Señor.

[Música]

Sí.

[Música]

No tenemos estudios sino a ti, Señor. Me llegue esta noche de culto misionero. Dios, Señor, llama a levantar misioneros. Oh Dios, con esta llamar, día nuestro corazón, Señor, para seguir avanzando.

[Música]

A la luna y más.

[Música]

Grandes el Señor.

[Música]

Vamos a decirle a nuestro Dios: Tú me llamas, Señor. Desde llamas, ¿a dónde iré? Yo, al escuchar me llamas, Señor, tú me llamas.

[Música]

Señor.

[Música]

Señor.

[Música]

Línea donde.

[Música]

Aunque vaya aportando respaldo, yo soy del Señor, yo iré. Aunque vayamos con el balón. Y hoy de que se llama, Señor. Señor, del csd se llama, Señor, se llama, Señor. Se movía. Aunque vayamos amigos. Y hoy de turno y de. Aunque vaya a gustar, yo iré. Aunque vayamos caminos resbalosos. Bien, que vaya a aportar enorme, yo tengo aire. Me llama, Señor, yo me daba por vida. Donde ese borde, tú me llamas, Señor. Asume cada, Señor, línea doble de morir. Aunque vaya por caminos resbalosos, soy del Señor, iré. Aunque no hayamos salido de manos o no, Señor, tú me llamas, Señor. Día.

[Música]

Sea la costa, no se habla, Señor, que vayamos camino reparación de hoy, de Señor, de hoy, de de valoración. El Señor, lo iré. Esta misma reconoció que hoy, de Señor, por tanto remarcó y hoy, de que no se vaya el pueblo que hay en mi corazón, que no se apaga el pueblo, compartiendo. Si se apaga el fuego, hay un corazón lleno, el Señor, de calor.

[Música]

Porque más allá de esto.

[Música]

Más allá del sol.

[Música]

En todos sus temas y amor.

[Música]

Porque no hay amor más allá de.

[Música]

Porque colaborar más allá del sol.

[Música]

Todo se apaga el fuego que al corazón.

[Música]

Pero se apague el fuego que hay en el corazón de la valla el pueblo rita un tono.

[Música]

Patria.

[Música]

Porque voy a morar más allá de eso.

[Música]

9 mal eso le da más, Señor.

[Música]

Tuviera más, Señor.

[Música]

Me hicieron de este por.

[Música]

De tema.

[Música]

A mí no me parece bien.

[Música]

No olvide.

[Música]

Los regalos.

[Música]

[Aplausos]

Hallamos términos de mano.

[Aplausos]

[Música]

Sra.

[Música]

Lo que quiero hacer.

[Música]

Y.

[Música]

Siempre todo se hará en términos de entregarle mi vida al pueblo a 10.

[Música]

Un importante partido a la vez.

[Música]

[Aplausos]

Pero que me va a llevar para nada.

[Música]

Y también desarrollo.

[Música]

No.

[Música]

Hola.

[Música]

Para entregarle mi vida.

[Música]

No lo haré.

[Música]

Todo el día estoy peleando la lava es malo y también es guardar.

[Música]

Pero me encanta mediando la base.

[Música]

Al final 4a.

[Música]

Pero que vengan a llevar lejos de las palabras.

[Música]

Porque me encantaría.

[Música]

En muchas por el nombre de Jesús.

Qué hermoso y poder alabar al Señor, a mi Dios. También empieza a repartir bendiciones en esta hora. La bendición de poder de la lectura, el Señor la tienda. Entregan a mercy ribera nuevos nombres en sus todos para poder dar lectura a su palabra.

[Música]

De las palmas de alabanza.

[Música]

Por esto el Señor me ha dado gloria la misión. Gloria a Dios. Aleluya. Sabemos que es un privilegio. Gloria al nombre del Señor. Maravilloso Dios, me fácil estar aquí delante del Señor. Gloria el nombre del Señor, porque la presencia del Señor se siente en este lugar. Gloria el nombre del Señor. Hermanos, vamos a lectura su palabra. Hermanos, los invito a abrir la palabra de Dios en Jeremías. Gloria al nombre del Señor. A su nombre el Señor. A su nombre. A partir de ilusión.

[Música]

Gloria a Dios. Aleluya. Vamos a lectura su palabra en el nombre del Padre, del Espíritu Santo. Amén. La lucha del 4 para adelante. Gloria al nombre. Vino pues palabra de Jehová a mí. Antes que te formales en él te conocí. Antes que naciera se santifique. Pedí por profeta a las naciones. Y yo dije: No sé hablar. Y me dijo Jehová: No digas soy un niño, porque a todo lo que te envié irás tú, y me dirás todo lo que te mandé. Gloria a Dios. Aleluya. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano con mi boca. Me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre nación, sobre reinos, para arruinar, para destruir, y para el perdón, arruinar y para derribar, y para edificar y para plantar. La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: Veo una vara de almendro. Bien has listo.

[Música]

[Música]

Cada uno de sus campos.

[Música]

No.

[Música]

Y yo que brand.

[Música]

[Música]

El Señor a la lucha. Maravilloso Cristo le lucha la fácil. Gloria el nombre del Señor. Es primero, Señor, que tú pondrás la palabra en nuestros labios, mi Dios, que tú, Señor, pondrás todo. Y nosotros iremos, Señor. Padre amado, te pedimos que nos siga ayudando cada día, que nos siga guardando, fortaleciendo, Señor. Ayúdanos, Señor, a seguir predicando estas palabras, salir, Dios mío, aún en los hospitales, medios, aún casa por casa, Señor, los semáforos, Padre, llevando las buenas nuevas de salvación, mi Dios amado. Ayuda a los, capacita nos cada día. Eso es un mandato que tuve hace medio sábado y de predicar el evangelio a toda criatura, Señor. Adiós, ayúdanos, Señor, a poner, Dios mío, colores, glorifica te de una manera especial en este culto, mi Dios. Usa, Señor, a cada uno de mis hermanas que van a tomar parte, Dios mío. Usa, Señor, en los signos, glorifica de los especiales, Señor, y av de tu palabra, Señor, por la boca de tu siervo. Hablan los vidrios y te damos gracias, Señor, en el nombre de Jesús.

A su nombre. Dele palmas y alabanzas al Señor. Hermano de la radio, porque el Señor está en este lugar. En el nombre del Señor, que el Señor es continúe bendiciendo. Gloria Dios. Maravilloso. En el nombre del Señor, los invitamos a tomar sus lugares. E invitamos a la extrema nador y sedano. Dios le da la bendición de poder entonar los signos de la congregación. Amén. Y comparto signar yo con una vida nueva para juntos alabar el nombre del Señor. Gloria el nombre del. Este el nombre del Señor. Yo le vendí a aquellos hermanos. Saludo de pastores y pastoras Rebeca, sus hijos, a todos los amigos y hermanos no sintonizan a través de las redes sociales. Amén. Muy contenta de poder estar en la casa del Señor. Aunque me regala de poder los signos congregación junto con su pueblo santo. Gloria el nombre del Señor. Vamos a hacer aleluya 81. Amén. 81. Siempre. Hoy a nombre del Señor.

[Música]

Sembrar teníamos.

[Música]

[Aplausos]

[Música]

Porque este Señor de perdón sembrar en él.

[Música]

[Aplausos]

[Música]

En el amor.

[Música]

En la casa de Dios siempre corazones demás la palabra de.

[Música]

[Aplausos]

Teníamos.

[Música]

Y para ir a la casa de Dios sembraré mientras y dime mi amor.

[Música]

Me parece la ley al llamarme la pasta de ellos.

[Música]

[Música]

[Música]

No tener temor a hablar por Cristo.

[Música]

A mi gloria al nombre del Señor. Maravilloso el nombre de él.

[Música]

E.

[Música]

Todo pero el tema.

[Música]

La nota.

[Música]

[Aplausos]

De moral.

[Música]

[Aplausos]

No.

[Música]

[Aplausos]

[Música]

Enorme el horno.

[Música]

Tengo un amor sí.

[Música]

Calva.

[Música]

Pero bueno yo a.

[Aplausos]

En este mundo esa vida que te da por qué.

[Aplausos]

[Música]

Conviene destacar.

[Música]

Realmente mal.

[Música]

Bueno vuelva.

[Música]

[Aplausos]

[Música]

A más de uno.

[Música]

Igual.

[Música]

Es una buena semana.

[Música]

Nunca puede Señor. El Señor nos siga bendiciendo y esta noche. Palmas y alabanzas a nuestro Dios. Amén. Gloria el nombre del Señor. En el nombre de Jesús, les quiero compartir un texto muy precioso. Amén. En el libro de Romanos, capítulo 10, versículo 14, dice: ¿Cómo puedes invocar a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquél de quien no han oído? ¿Y cómo irán sin haber quien les prediquen? ¿Y cómo predicarán si no fuesen enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian las buenas nuevas! Amén. En el nombre de Jesús. Cuánta responsabilidad ha puesto el Señor en nosotros también, el poder llevar su preciosa palabra. Habló en el nombre de Jesús. Los invitamos a ponerse de pie, mientras el grupo coral canta unos gritos y el grupo torcas y el grupo rup se preparan con su especial. Amén. Las hermanas en la parte de atrás para que se pueda ubicar para su especial. Gloria el nombre de Jesús. No era el nombre de Jesús. Aleluya. Vamos a cantar este coro que dice: Oh, envíame, Señor, a predicar. Aleluya. Gloria al nombre.

[Música]

Envíame, Señor, a predicar.

[Música]

Y.

[Música]

Y empeño médica una vez se va.

[Música]

Ahora la señora que vivas es capaz.

[Música]

Y es verdad.

[Música]

M el metal fuerte abajo.

[Música]

Ay al carrer para.

[Música]

Vino.

[Música]

De verdad.

[Música]

E.

[Música]

Pues bien ella por la ventana varela más.

[Música]

[Aplausos]

[Música]

[Música]

Gloria el nombre del Señor. Yo le vendí, hermanos, en esta noche. Amén. Yo le bendiga más. Gloria el nombre del Señor. Agradecidas a Dios por estar aquí en su casa un día más. Amén. Hoy martes, justo edad más culto misionero. Gloria nombre del Señor. El grupo de las damas, el grupo de orcas y el grupo route nos hemos preparado un especial para el Señor. También. Gloria el nombre de Cristo Jesús. El especial se titula: Señor, yo quiero hacer. Gloria el nombre del Señor. A su nombre. Damos gloria. Lo maravilloso es el nombre del Señor. Aleluya.

[Música]

Bien.

[Música]

Y.

[Música]

Quiero.

[Música]

[Música]

[Música]

[Música]

A.

[Música]

Y.

[Música]

De memorias.

[Música]

Y más.

[Música]

I.

[Música]

La historia.

[Música]

En el escrito para ello.

[Música]

Lleno.

[Música]

No más.

[Música]

Voy.

[Música]

[Música]

Sí.

[Música]

Lleva décadas.

[Música]

[Aplausos]

[Música]

Gloria el nombre del Señor. A su nombre. Gloria del Señor. 9 maravilloso es el nombre del Señor. Amén. Los invitamos a ponerse de pie, mientras el grupo coral un bonito y el grupo Abigail an por el nombre de Jesús. Amén.

[Música]

No.

[Música]

Amado hermano, ya la ves la presencia del Señor con mis hermanos. Levantarlos el bailarín armó sueño despertar luz me va a crear.

[Música]

Ah.

[Música]

Debe parar.

[Música]

Gracias.

[Música]

No sé para los perdedores a ella.

[Música]

Despertaremos.

[Música]

El padre de barbastro.

[Música]

Para mi vida.

[Música]

Los días.

[Música]

No.

[Música]

No.

[Música]

No.

[Música]

Beberé yo digo yo a veces.

[Música]

[Música]

Por qué.

[Música]

[Música]

Gloria el nombre del Señor. Yo le bendiga, amado pastor. Es la madre iglesia del Señor. Es nuestra bendición poder cantar un especial para el Señor en ese culto misionero. Una alabanza que se llama: Bajo la sombra del arbolito. Gloria el nombre del Señor.

[Música]

Más.

[Música]

[Música]

[Música]

[Música]

[Música]

Matando.

[Música]

Y voy a lavar.

[Música]

Voy a alabar al Señor cada poder.

[Música]

Tenemos.

[Música]

Animal de tela.

[Música]

Lo que hay.

[Música]

No.

[Música]

Bueno.

[Música]

[Música]

No siempre no.

[Música]

[Música]

Muerto a mí.

[Música]

La entidad.

[Música]

El Señor me dio. Los hermanos maravillosa el nombre del Señor. Los invitamos a ponerse de pie para juntos entonar los segundos coros y esta versión la tiene el grupo coral. Gloria el nombre de Jesús. Amén.

[Música]

Maravilloso.

[Música]

Para diluya. Podría Dios y.

[Música]

A mí me dice.

[Música]

Todos.

[Música]

E.

[Música]

A la batería.

[Música]

No se predijo a mí me dice que el galardón.

[Música]

Pero si tu trabajo de américa. 9. Donde trabaja predicaron. Recuerdo la luz. Por esto y el de la venta y en mi cama celebra pescar. Ayudaré la vida trabajando en la vida de un server varela no.

[Música]

El mensaje.

[Música]

Si el pecado esta bebida estar en la vida.

[Música]

Acerca de la vida.

[Música]

E.

[Música]

Y ya llegará la vida.

[Música]

Yo estaré de caridad.

[Música]

Pero trabajo.

[Música]

Nada a sabiendas y nada más.

[Música]

No te vengas el manto de la noche adelante, Señor, apelando al bien del pase bien de el paso walter ante el Señor por delante abriendo el paso a brinde el paso de que me llegue a la puerta quería resarcirme tú eres les adiestra a mis padres para la batalla para la batalla que me quedé muerto está bien eres nadie entrando para la batalla para la batalla tú vas delante de ella.

[Música]

Es una esperanza.

[Música]

De la conversación.

[Música]

Lo que me queda.

[Música]

[Música]

Mientras para la batalla para la batalla eres.

[Música]

Y ahora van a llamar.

[Música]

Al tema abrió de paso antes del paso adelante en adelante se ha despejado m.

[Música]

Para.

[Música]

De la muerte puesto que me hace tiempo.

[Música]

[Música]

[Música]

El Señor le bendiga esta noche, hermanos. Yo le bendiga a cada uno de ustedes. Una bendición poder estar aquí en la casa del sector. Cuatro hermanos, hacemos llegar nuestro saludo de condolencia a toda la familia Pacherres, familia Sandoval. Gloria al Señor, que en estos días ha ocurrido un accidente muy trágico. Creo que todos lo sabemos. Hacemos llegar nuestro saludo de condolencia. Gloria al Señor, en especial para las hermanas Jacqueline Pacherres, esposo y toda su familia en general. Oremos al Señor. Después vamos tan acción a duración para que si no también es fortalezca a ellos y también yo puedan sentir el respaldo de Dios en sus vidas. Gloria al Señor. Que el Señor les dé consuelo en medio de toda esta situación. Alabado sea el Señor.

Bien, mis amados. Gloria al Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. 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Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. 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Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. 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Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. 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Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. 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Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. 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Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. 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Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

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Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. 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Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor. Gloria el Señor. Hoy es mi gozo, mi bendición poder presentarla y dejar con cada uno de ustedes también a mi amada esposa, porque el Señor que va a estar trayendo el mensaje de la palabra directamente. Gloria al ser. Bueno, pero que se goce. Considera mucho a los hermanos también. Gloria al Señor. Bueno, hoy día le dije el Señor iba a traer el mensaje de la manada. Hasta ahora me decía que es verdad. Bueno, gloria el Señor. Ella está preparada también. Gloria. Se gozó todos nosotros. Mi amada esposa, hermana Rebeca Castro, porque el Señor con todo.

[Música]

Gloria el Señor. Yo le bendiga, hermanos, en esta noche. Bueno, agradecida a Dios, nerviosa, porque cuando muera el Señor y por eso me siento un poco nerviosa. Cuando mi esposo él me dijo lo que desde ayer me lo dijo, no, pues ya vas a predicar tú, ¿no? Y yo le dije: Bueno, en el pueblo por allí y tal vez dice a mí me dieron el Señor, usted está totalmente envanecido. Gloria el Señor, hermano, porque pararse en este lugar y traer una pala, porque yo sé que usted viene. Venimos a la libreta al templo, a la casa del Señor, con esperanza de recibir algo de Dios. Muchos de nosotros lo del Señor tenemos un sinnúmero de incógnitas en el día, en situaciones que se pasan y gloria el Señor. Y cuando uno viene a la casa del Señor, lo que esperamos es decir al Señor: Yo quisiera que tú me hables, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero que tú me des la respuesta al problema que tengo, Señor. No sé qué hacer, estoy en esta situación y no sé qué hacer. Y yo espero, gloria el Señor, que tu palabra me hable. Gloria el Señor. He aquí la responsabilidad de aquel que separa al frente. Gloria del Señor, hermano. Amén. Porque tiene que traer algo no dado de nuestra carne, de nuestro conocimiento humano, sino algo que venga del Espíritu Santo. Gloria del Señor, hermano. Amén. Y venga una palabra que traspase y que le dé la respuesta a lo que usted está esperando. Gloria el Señor. Pero yo sé que usted oro, al igual que yo. Yo estuve dos nervios a todo el día. Gloria el Señor, esperando el día, Señor, de siempre. Y por eso me siento más nervioso. Gloria el Señor. Pero yo sé que ustedes comprenderán. Gloria del Señor. Amén. Y lo bueno que aquí, pues, la presencia del Señor en la que se mueve el mal. Men. Y como hay un pueblo también que le agradezco que le agrade escuchar la palabra del Señor. Usted dejará de mirar el ser humano. Gloria el Señor y se enfocará a lo que Dios tiene para usted. Alabado sea el Señor, hermano. Me hoy es martes, culto misionero de damas. Gloria el Señor. Esperando también que en el corazón de las damas, gloria el Señor, nuestras hermanas damas, haya un deseo ardiente y fervoroso por servir a nuestro Dios. Gloria el Señor. Porque es a lo que Dios nos ha llamado. Es bien cierto que no todos seremos esposas de pastor. Gloria el Señor. Amén. Gloria el Señor. Pero si todos y todas estamos llamados a servir a nuestro Dios. Gloria del Señor. En un en un sinnúmero de áreas que hay. Gloria el Señor, hermano. Amén. Gloria a Dios. El ser y yo es el amor que le tenemos a Dios. Es el pago. Gloria el Señor. Es lo que nosotros le ponemos en agua a todo lo que Dios hace por nosotros. Y Dios hace, ha hecho y seguirá haciendo en nuestras vidas, familias, cosas grandes y maravillosas. Gloria el Señor. Amén. Vamos a abrir nuestra biblia en el libro de Hechos. Hoy el Señor, capítulo 3. Señor, planificamos mientras ustedes. Libro de Hechos, capítulo 13, verso 47. Amén. Comparta su biblia. Gloria el Señor. Y nuestro Dios. Vamos a hacerlo con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Todos estamos, hermanos. Hechos 15. Gloria el Señor. Perdón. Hechos 13, verso 47. Gloria el nombre del Señor. Estamos todos, hermanos. Vamos a leer con la bendición del Padre, del Hijo y su Santo Espíritu. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz para la luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último. Gloria el Señor. Una vez más, vamos a leerlo todos juntos: Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Gloria el Señor. Acompáñeme a hacer una oración a nuestro Dios y luego estaremos tomando asiento, hermano. Gloria el Señor, para poder meditar en la palabra de nuestro Dios. Soberano y gran Dios, te damos gracias, Señor. Muchas gracias por tu infinito amor, tu inmensa misericordia, Señor. Reconocemos, Señor, que nada somos sin ti, Señor. Reconocemos nuestra humanidad, Señor. Eterno, pero también sabemos que tenemos un Dios grande, poderoso, Señor, que es nuestra inspiración de nuestras vidas, Señor, nuestra fortaleza. Hasta el día de hoy, Señor, tú has sido nuestra fuerza, nuestro sostén, y creemos que nos seguirá siendo, Señor. En esta noche, junto con tu pueblo, te pedimos que nos bendiga, Señor. Bendice nuestras vidas, bendice nuestro corazón, Señor. Habla nuestra vida a través, Señor, en tu palabra, Señor. Danos entender, Señor, porque tú nos has salvado, porque estamos en este lugar, Señor, ahora, porque el Señor Dios nos encontramos noche tras noche aquí, Señor. Oh Dios eterno, oh Dios, el plan, Señor, que tiene para con nosotros, Señor. Te rogamos que tu palabra nos bendiga, tu palabra fluya en nuestro corazón, Señor. Oh Dios de la gloria, más autoridad para atar y reprender todo poder infernal de las tinieblas, Señor. Lo desbaratamos en el nombre es un Señor y lo echamos fuera, Padre de la gloria. Y tu palabra, Señor, nos bendiga, tu palabra, Señor, encienda, Señor, corazón, el Señor, con el deseo de servirte, Señor, que en estos tiempos tú sigas llamando obreros, tú sigas llamando, Señor, matrimonios, jóvenes, Señor, a tu servicio, Señor. Oh Dios de la gloria, te lo rogamos, mi Dios, te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gloria el Señor, hermano. Y sin dejar de alabar el nombre maravilloso del Señor, tome asiento, hermano. Gloria el Señor. Alabado sea el Señor

Vecino sabía hablar de otra cosa. Habla de todo menos de Dios. Habla con él, con el familiar que le llega a visitar. Habla y raja de todo el mundo, pero menos de la palabra de Dios. No es capaz de decir: "Ya te vas un ratito, te voy a leer un verso bíblico. Te basta una palabra. Déjame decirte algo: Cristo te ama, Cristo viene pronto, tienes que entregar tu vida a Cristo". Y el familiar se asombran: "Hoy, ¿qué, qué es eso? No, como, como que Cristo viene". No, porque hay mucha gente que no entiende eso. Pero no, usted llega alguien a su casa, habló de todo, de todo, de toda la vecindad, de todos los familiares, de todo, pero nunca le habló de Cristo. Gloria al Señor.

¿Cómo se sentiría usted? Cualquiera persona que le visitó, saliendo, muere. Y usted se pone a pensar: "Tuve la oportunidad de haberle predicado". Recuerdo que una vez nos pasó a la Sociedad de Damas. Llegó un hermano, gloria al Señor, y dijo: "Hermanos, mi mamá está enferma. Por favor, no sé si puede ir un grupo de damas a visitarle, por favor". Ya. Entonces yo dije: "Manolita, coordina". Ya hablábamos, una presidenta, todas hermanas, vayan a visitarle, alienten al familiar del hermanito, está agonizando. Ya. Gloria al Señor. Pasó. Yo pensé que habían ido. A la semana le digo: "Hermano, ¿qué fue? ¿Su mamita?". Su familiar se recuperó. "¿Qué pasó?". "No, pastor, a mi mamá, mi familiar murió". Y yo me quedé. Dije: "¿Y no fueron las hermanas?". "No fueron". "¿No fueron?". "No, pastor, a la otra semana vamos a ir". Y mi hermana, "pero si ya se murió". Yo me sentí mal, yo me sentí mal, mal. Y decía: "Dios mío, tuvimos la oportunidad de haberle predicado". Echaba la culpa a ellas porque dije: "Dios mío, yo me sentía tan mal". Y señor, ¿dónde se fue esa alma? Pudimos haberle predicado de Cristo, debe aceptar la oración de arrepentimiento. Pero no, las damas decían: "No, la otra semana vamos a ir". Del maná, pero ya no.

Imagínese, hermano, gloria al Señor. Cuando tenemos la oportunidad muchas veces de hablar del Señor, hagámoslo. Hagámoslo, gloria al Señor. Hágalo, hermano, gloria al Señor, porque eso es lo que desea Dios de nosotros, que nosotros hablemos del amor de Cristo a otros. Usted ve, pero mira en manos de personas que están tan necesitadas de Dios. Y no sé si a usted le habrá pasado. No tenía una persona y usted la ve tal vez tan reacia, tan, usted dice: "Esta persona no creo que me escuche". Y no más con su mirada y todo, como que la tierra y dicen: "No, ya no". Como que busca una carita más sensible, no, que le pueda aceptar. Pero muchas veces cuando nos hemos topado con esas personas y hemos hablado, esa gente está tan necesitada de Dios, está llena de tanto problema. Gloria al Señor, hermano, porque cada persona es un mundo diferente de tantas necesidades. Gloria al Señor, que hay personas que están escuchando hablar del amor de Cristo, que hay un Dios que les ama, que hay un Dios, gloria al Señor, que está esperando por su vida. Alabado sea el Señor.

Y hay unos que puede ayudarle. Yo recuerdo, por el Señor, y ustedes saben que yo he tenido una vida muy complicada desde niña. Mi familia, mi padre, político, muy difícil. Gloria al Señor. Mi tía Gladys, la que está asistiendo aquí, fue, fue de mucha, mucha ayuda. Ella siempre me hablaba y aunque a veces yo era reacia, pero recuerdo que una vez mi mamá nos envió a Chiclayo de vacaciones. Mi mamá era de las personas que siempre nos enviaba de vacaciones como para cambiar de ambiente difícil que estaba en el hogar y ponernos en un ambiente donde nosotros pudiéramos despejarnos. Y ese año nos tocó ir a Chiclayo, donde un tío. Y mientras íbamos en el camino, en el asiento a mi costado, había una joven, una joven cristiana por su vestimenta. Pero yo como la miré nomás y dije en mi mente: "Ha de ser hermana, seguro". Pero me eché a dormir.

Pero ella busca un momento de conversar y su momento fue la salida al baño. Me dice: "Señorita, ¿me quiero ir al baño?". Y cuando regresó, empezó a decir: "Hoy el baño está cochino, que por aquí". Y yo le hacía así, pero trataba de no asustarle. Y entonces ella, como también me vio con falda, entonces me dice: "¿Y tú vas a alguna iglesia?". Y empezó a entablarse la conversación. Pero en medio de esa conversación, hermano, gloria al Señor, ella empezó a hablarme de una manera que pude comprender el amor de Dios. Gloria al Señor. Y ya me decía: "Cómo es, cómo estás pasando tu adolescencia. Hay adolescentes que pasan momentos difíciles. Y adolescentes, su etapa es tan hermosa. La tuya, ¿cómo es?". Cuando ella me hizo esa pregunta, recuerdo, hermano, que yo empecé a llorar. Y yo le dije: "Es la razón por la que me voy a Chiclayo". Le dije: "Yo, porque mamá siempre los años, todo casi los a todos los años nos saca del ambiente difícil del hogar para que podamos disfrutar un ambiente diferente". Pero le dije, empecé a conversar, a conversar y abrirme lo del Señor, porque en el fondo estaba necesitada. Porque como seres humanos, hay un Dios que nos escucha. Gloria al Señor.

Pero qué bueno, hermano, cuando uno también se vuelve la ayuda del Señor, que en vez de criticar, en vez de cantar, de murmurar, usted, gloria al Señor, se devuelva, gloria al Señor, hermano, no, día el Señor, la ayuda de aquel que está a su lado. Gloria al Señor, hermano. Y recuerdo siempre, me acuerdo de su apellido, porque ella me dice: "Cuando tú mires la escoba, acuérdate de mi apellido". Escobar. Y yo dije: "Y hasta el día de hoy me acuerdo de ella". No sé qué fue más de ella, pero fue una bendición ese caminar a Chiclayo. Se sabe que la ruta Chiclayo es larga, gloria al Señor, pero se ha ido tan corta. Lo vi el Señor y me desahogué tanto en llanto, en lágrimas. Ella, antes de irse en el carro, me dice: "Déjame llorar por ti, Rebeca. Yo voy a llorar por ti. Y donde yo me vaya, siempre me voy a acordar de ti". Glory el Señor, hermano.

Qué hermoso, gloria al Señor, hermano, porque eso se suma a tantas oraciones, tal vez por mi vida, por su vida de usted. Gloria al Señor, hermano, de que oró por nosotros y hoy estamos en el camino del Señor, hermano. Hoy estamos aquí cimentados, gloria al Señor, hermano, fieles al Señor. ¿No cree usted que es bueno que también nosotros lo hagamos por otro, así como alguien lo hizo por nosotros? Pues su hermano, no se reduce, no se reduce a un aire libre, no se reduce a ir al hospital, no se reduce a una visitación. Lo que el Señor, hermanos, gloria al Señor, y sea la luz para los gentiles, como lo dice la palabra del Señor, hermano. A fin, gloria al Señor, hermano, de que seamos para salvación de esta humanidad. Gloria al Señor, que hablemos de nuestro Dios, que hable usted de ese Dios que le cambió, que le transformó, que si hoy, hoy está sentado aquí feliz, porque somos felices. Yo no sé, usted es feliz. Yo creo que sí. No hay caritas que miran así. Yo digo: "Qué tal felicidad, hermanos, que veo cantar, con qué, qué tal alegría por Dios". Hay hermanos como bonito, estamos allí, a veces con los ojos abiertos y observamos. Y hermanos así, yo digo: "Bendito Dios que está el gozo, Señor. Qué tal alegría. Dijo Dios, qué tal fervor. Gloria al Señor". Es como a veces uno no me encontré así en una iglesia que hemos estado.

Cuando el hermano cantaba ese himno que habla del servicio al Señor, hay un himno que habla, no: "Jesús, yo he prometido servirte con amor". Ese hermano lloraba, hermano, y lloraba a moco tendido, como se dice. Cuando cuando era momento que decía el presidente de caballeros: "Hermanos, todos al aire libre". Él arrancaba su moto y como que le dijeran a su marca, listo, fuera. Arrancaba. Nunca estaba en un aire libre. Pero cada vez y a mis hijos, mamá, que no tiene otro himno que cante, otro himno. Y cada vez que el mismo himno: "Jesús, yo prometí". Yo decía: "No sé, no sé". Hasta el día y me pregunté cuál era su manera de servir al Señor. Porque cuando le decían: "Visitación", o cuando le decían: "Hermanito, te toca la limpieza", que es una manera de servir al Señor. Amén. Y se hace con gozo y alegría y no renegando y no fastidiado ni fastidiada. Gloria al Señor. Y no chupando los dientes, porque a veces lo hace, sino que se hace con amor. Así me vuelvan a poner. Y así el que escribe el cuaderno se equivocó, en la vuelva a poner. Usted, usted no viene toda, gloria al Señor, como se dice, achorada, será reclamarle al diaconado porque me han vuelto otra vez. No, usted lo hace con alegría. Este lugar se conoce. Y sabes que debería entender usted que está en la memoria de Dios, que Dios se acuerda de usted. Entonces, Señor, gloria a Dios, te acuerdas siempre de mí. Que me pone de la limpieza otra vez. Voy a limpiar. Gloria a Dios. Pero no limpieza. Cuando escuchan su nombre, reniegan. Hermanos, a través de, están buscando aquí para pagarle para que le haga la limpieza. Yo me sonreído cuando hermanas que pagan, mi hermana que viene del pastor, ¿será malo recibir? Me han pagado para limpiar el templo. ¿Quién ha sido bendito de Dios? Gloria al Señor, porque es hermoso.

Hay quienes piensan que servir a Dios solamente es predicar, parar el aire libre. No, servir a Dios es cuando usted le mandan a atornillar allí afuera. Ese es servicio. Y a quienes dicen: "No, hermano, a mí solo póngame a dirigir el culto. Mi nombre del balde de ofrenda. No, yo dirijo. Póngame, póngame en el aire libre. Hermanito, yo no me escucho a predicar todavía. Cuando ustedes me escuchen predicar, va a ver qué valverde de borrachos postrados y entregándose a Cristo". Hermano, hay personas con el orgullo un poquito alzado. Ayer hay pastora, "si me pusieran de día con a mí, hay pastora, las damas las tengo así". Hay estas flores, brillaría, pastora, pruébame, pruébame. Usted dirá: "No exagera". Que las hay, las hay. Y también los hay con mucho respeto a usted, los hay hermanos. Gloria al Señor, que si no tiene cargo, no funciona. Quiere servir a Dios. "Cuando, no, yo estoy esperando, hermanita, cuando me nombren de diaconisa, va a ver, a ver cómo yo sirvo al Señor. Va a ver". Pero, ¿es que yo no demuestro? Lo demuestro ahora. Es ahora. Usted cree que yo no limpio. A mí me mandaban a limpiar baños. Usted cree que yo he hecho para valientes. No, a mi hermanita me tocaba un baño. Gloria a Dios. Y iba vestidito. Mamá siempre ha sido costurera y nos vestía muy bien. Iba bien vestida y me tiraba a limpiar. Manos. Y tal vez alguien lo haría. Siempre es lo que siempre me mandaban al baño. Hermana Rebeca, los baños. Ya sabes. De mi hermana, ya voy ahorita. Jamás me molesté, jamás, porque entendía que era mi privilegio, era mi bendición. Gloria al Señor. Mi hermano tampoco me corría. Hermana, la familia Domecq. Ella me voy, tu nombre del president, está que me llama que vaya a hacer limpieza y se van corriendo, como que si los ojos de Dios no la vieran. Y luego esta señor, llámame, yo quiero servir de Señor, heme aquí, Señor, aquí estoy, sierva tuya, voy a hacer, Señor, Señor, la ungida tuya de Jehová, Señor, aquí al lado de tu siervo, te voy a servir, Señor. Pero si ahora no lo demuestra. Gloria al Señor.

Había una jovencita que un día cantó un especial y era la que menos hacía en la iglesia. Y cantó en su especial: "Soy valiente y esforzado y no me canso para nada". Cuando nosotros le escuchamos, le escuchamos en especial. Aquí está cantando. Y cuando le decían: "Hermana, tiene que hacer". Hermana, nunca hacía nada. Hermana, lo de que jamás, siempre ponía su pretexto, siempre ponía su cara, tus palabras y todo. Gloria al Señor. Entonces un día, esto me acerqué y le dije: "Hermana, pues haga honor a su especial. Vaya de limpieza. Usted dice que es valiente y esforzado y no se cansa para nada. Coja el escobón y póngase a barrer". Pero como hay hermanas que son así, "no, no tengo mucho que hacer, tengo que estudiar, que lo de acá y de allá". Gloria al Señor. Por su hermano, gloria al Señor. Sirvamos a Dios. El pago no lo da el hombre, el pago lo da Dios. O sea, luz en esta tierra. Alumbre dentro de su hogar, en su cuadra, en su familia. Gloria al Señor. Qué pena que usted, como cristiana o como cristiano, su familia le tenga fastidio y diga: "Ay, en vez de decir: 'Hoy, ahí viene la hermana', a vienes de mi cuñada y viene gloria a Dios". Cuando ya viene a casa de bendición, pero no viene la evangélica. Esa es la mancha, pero terrible. Y sé que va al culto y es terrible. Qué triste, hermano, no, qué triste. Gloria al Señor.

Pero ahí no hay personas que están esperando que nosotros lleguemos. En estos días fui a comprar a una tienda y el señor, bueno, en su manera se persignó, dijo y dijo: "Usted me va a traer la bendición en este día". Dije yo: "No, Dios, le dije. Confía en Dios". Gloria a Dios. "Dijo: 'A ver, que la bendición de Dios de 100'". Así se dio. Dijo: "Dios". Y gloria al Señor. Y hay gente que nos ve así. Gloria al Señor, hermano. Amén. Los hermanos seamos de bendición. Luego del duro dentro de la obra del Señor, que usted aquí brille, que nadie, o para que su brillo, su brillo, gloria al Señor. Así vengan las pruebas. Pruebas vendrán. Momentos difíciles y que en momentos difíciles a veces hemos pasado, que nos han hecho llorar, que nos han arrancado lágrimas y hemos sollozando, hermano, y nos hemos tenido que poner un trapo en la boca y que miren el alma de dolor. Y tal vez alguien lo señale: "Hermana, pero nadie sabe el dolor que uno pasa a veces". Y lo único que tenemos que es que aquí o en casa, no, día el Señor, hermano. Bendito sea el Señor, porque los momentos difíciles van a venir. Eso lo sabemos muy bien. Aquí nadie puede decir: "No es que yo no quiero". No, no, no. Yo, Señor, no. Usted tiene que, tiene que estar preparado para ese momento. Pero en medio, en ese momento, serle fiel a Dios, seguir alumbrando. Gloria al Señor. Que no, no, no, no es porque porque ahora yo soy pastor, afirmo a Dios. No, porque yo ahora tengo un obra, como tengo un cargo, ahora sí tengo que servir a Dios. No, porque ahora ya yo soy, yo soy este el presidente del grupo. Ahora sí, gloria al Señor. Que alguien puede estar diciendo: "Ah, ya quisiera que ya me cansé de ser villa, que quiero ser presidente y haya otro, otro, otro. Ya quiero sentarme ya". No, hermano, no, no espere eso. Sirva a Dios. Amén. Le, gloria al Señor, devuelva el gran favor que Dios ha hecho por usted. Lo del Señor, salga del estado en que está. Gloria al Señor. A mi Dios con todo su corazón, cante le, sirva le, adore le. Gloria al Señor, hermano. Exprese de palabras que salgan de su propio corazón a Dios, que Dios puede escucharle a usted. Gloria al Señor, que Dios pueda mirar desde el cielo y diga, pueda observar y diga: "Mi hijo, en medio de todo, en medio de todo, trata de ser luz, trata de brillar, trata de amarme, de servirme, de serme fiel". Gloria al Señor, que Dios pueda decir eso de nosotros. No, día el Señor, hermano. Amén, amén, hermano. Amén, hermanas, damas. Gloria al Señor. Así que, gloria al Señor, no dejemos, gloria al Señor, que nadie se apague nuestra luz ni nuestro brillo. Gloria al Señor, hermano. Brillas y pasen 50 años y Cristo tarde en venir, tenemos que seguir brillando. Gloria al Señor y tenemos que ser luz en esta tierra. Gloria al Señor, hermano. No, había Dios el gran propósito de Dios en nuestras vidas, nos salvó fue para alumbrar. Gloria al Señor, hermano, y poder brillar en la vida de otros. Amén, hermano, que usted se convierta de bendición para otro. Yo vi a el Señor, hermano, que ese familiar, gloria al Señor, que tal vez está esperando que usted le hable. Usted a veces hay personas que muestran ser reacias, como que usted dice: "No, yo no le hablo en la fulana de tal porque no, no". Cuando le hablo se pone rechaza, no quiere. No, háganlo, háganlo, hermano, gloria al Señor, porque la palabra, la palabra de Dios tiene poder y quebranta la piedra. Globe, el Señor, quebranta ese corazón duro. Lavado sea Cristo, hermano. Hágalo así como lo hizo con nosotros. Gloria al Señor. También, hermanos, gloria al Señor, trabajemos con amor en la obra evangelizadora de Dios. Trabaje con amor. Hágalo con amor. Qué triste, créame, no, hermano, que a veces hay hermanas capitana de un grupo, presidenta de damas, que ha venido y me ha dicho: "Pastor, la hermana fulana de tal, cuando le decimos que tiene que hacer esto, o pastora, pone una mala cara. Pastora, cuando le decimos que tiene, pastor, hasta a veces re, pastor, cuando me tienen que dar su cuota para el regalito de las hermanas o para comprar esto, pastor, hasta un poco más y nos avientan el dinero en la cara". Pastora, qué pena, hermano. Yo, yo a veces digo: "Qué tristeza, hermano, no puedo entender la condición de la del hermano, de la hermana, para que se comporte así". Pues, hermanos, sirva a Dios con amor. Hágalo con amor. Muchos pelos dientes. Si algo hay que decir, sabe que me háganlo con amor. Mi hermanita, me toca la limpieza esta semana. Pero mire, yo esta vez no puedo, hermanita. No sé si la otra. Yo le prometo que lo voy a hacer. Pero en esta, por favor, escuchen. Eso es bonito. Eso se habla de una mujer temerosa de Dios, una mujer que tiene a Dios en el corazón. Pero cuando veo hermanas que la hermana me dice: "Hasta una impía viene una vez". "Hoy, la hermana fulana de tal me ha dicho esto". Y tuve que llamar a la hermana: "¿Tú le, tú has dicho eso?". "Sí". "Tú no has dicho una inconveniente". Pena, qué pena. Como con una mujer cristiana se puede expresar así, hermana. Qué mal testimonio. Cómo le das a la limpia del mal testimonio. Su hermano, gloria al Señor. A Dios se le sirve con amor. La obligación. Si usted lo hace por obligación, jamás va a recibir nada de Dios. No va a recibir nada. Por más que usted diga: "Hoy, yo todos los días vengo, ahí estoy". Pero viene obligada, viene como para que diga: "Ya tirando las tinas, tirando la silla, avienta los trapos, ya hermanos cochinos que dejan los papeles como co, no lo recoge, que por aquí las hermanas que se le está el pelotón y reniega y reniega". Toda la limpieza la hizo renegando. Todo el aire libre camino renegando. Gloria al Señor. Y todo lo hace renegando. La actividad va, sirve renegando. Fue, hay vida ya que en los mapas, todo lo hace renegando. Y nadie lo hace con amor. Gloria al Señor. Eso habla de un corazón totalmente que no está agradecido a Dios. No está agradecido a Dios, hermano. Gloria al Señor. Su hermano, gloria al Señor. Trabaje, gloria al Señor. Trabaje con amor dentro de la obra del Señor, hermano. Nunca te quejes, nunca te quejes de lo que haces para Dios. Todo yo. Hay quienes dicen: "Hermana, siempre nosotros en la visitación, mi hermana, las hermanas no saben, hermano, porque si usted lo hace para Dios, ¿qué hace expresando si así, hermano? Eso habla que usted está inconforme, hermana". "Siempre nosotros, no, hermanita, te das cuenta que la fulanita y que es presidente y no salen". "O, hermana, está buscando que chismosear, como criticar". "Hermana, y te das cuenta que el presidente nunca hace nada". "No, hermanita, solo nosotros los tablados". Pues algún caballero, no fui varoncito, siempre nosotros. No llegaste el presidente. No, no se queje. Hágalo con amor. Ya Dios se encargará de él. Dios debe encargarte el que no hizo nada. Y en el libro de las sombras, ahí va a estar. Fue presidente, pero nunca hizo nada. Gloria al Señor. Y usted, si lo hace con amor, va a tener, hermano, la recompensa de Dios. Gloria al Señor. Pero usted es del Señor. Yo, yo iba a limpiar quejándote. Yo, di pastor, yo iba, Señor, yo iba a ir quejándote y todo lo hacías quejándote, quejándote, quejándote. Nada. Los días con amor. Qué lindo es. No sé si algún varón escuchará de su esposa y le dice: "Mi amor, me toca la limpieza, me voy". Y el esposo le dice: "Anda, mi amor, toma, compra detergente, compra un poco y compra de amor de no sé cuántos caballeros harán eso". O también es que no te vas a limpieza, que otra vez, ya quiero, vienes y que detrás oculto otra vez y la cena aquí. ¿Dónde vas a cenar? No, no, no, no. Llama, llama a la presidenta, aquí en la presidenta, que haya llenado charlo con ella. No, yo no creo que hay un caballero así. No, que otra vez, que estás haciendo actividad para que, para que el amor me toca, para que otra vez el gas. No creo, hermano, no creo. Yo creo que usted es ser mi amor, actividad, yo te ayudo a picar rapidito antes para que antes de las diez nos vamos al culto. Hermano, me o puede ser viceversa. Alguna hermana dama, gloria al Señor, no, que el esposo le dice: "Usted, tal vez, ¿de dónde te vas?". "No, amor, me voy, me voy al aire libre con los caballeros". "Que yo aquí me dio con todos los churres". "Que no me vas a ayudar". Ya este presidente, ya está muy carbono, ese presidente, porque quienes aún así vienen rezar, quién es el presidente. Y también anoche habló con él. No, tú tienes que ayudarme aquí. Ya me voy al culto. Ok. Y que no. Entonces te va a salir el libre. No voy al culto. Ayer, maná, es así. Hay hermanas así. No son capaces de decir: "Muy bien, mi amor, te vas al aire libre, yo te espero cambiado con los bebés". Ya antes de la siguiente página del culto temprano, mi amor. Quién sabe si la hermana que no toca los signos no va. Y el Señor me da la bendición a mí de cantar. Antes era así. Se iba temprano. Aún cuando el culto y estaba y estaba este dado un día antes. Uno iba, Señor, sin la que no va a cantar himnos, no va a darme la bendición. Amigos, y vamos temprano a orar. Y como Dios me debe y el deseo, hermano, a veces Dios no respondía y nos daba. Gloria al Señor, que tal vez a la que le dieron a mí, me toca no signos, ya está mal. Y hasta ahora lo cantan. Está ahora voy. Gloria al Señor, hermano. Esperamos, hermanos, rogamos al Señor, hermano, que Dios nos ayude y gloria al Señor. Y le vuelvo a repetir, nunca se queje de lo que hace para Dios. Hágalo con mucho amor. Gloria al Señor, hermano. Hágalo con mucho amor, mucha devoción. Gloria al Señor. Y que la presencia de Dios le dé el brillo necesario a su vida, porque en la presencia de Dios, la que le hará brillar, no es el zapato que usted se pone, el zapato que complete de mi zapato de la central, dice: "No, yo compro en mi ropa". Bueno, yo, yo me cojo mi ropa. No, no sea. Pero hay creo de marcas muy caras. Y ustedes y yo me compro mi ropa en tal. No brille su vida, que sea su vida, su vida en la que brilla. No, Dios, el Señor. Salga, salga de ahí donde está apagado, apagada, en silencio, callado, callada. Y el Señor que simplemente, hermano, se mueve alabando a Dios cuando está adelante. Y aquí adelante, si, hermano, uriel, Señor, y me exige la iglesia alabar a Dios. Y exige el pueblo alabar a Dios. Pero cuando se va a sentar, está durmiendo, está bostezando, está aburrido, cansado. Quería enseñar. Cuando yo veo esos cristianos que hay aquí adelante, se tiemblan, que la abi, que y que exhorta al pueblo, a mí me incomoda mucho. Y yo digo: "Pero cuando se sientan a ver luego, cuando no veo abierta, se duerme". No, hermano, hagamos para Dios, hermanada. Madrid hemos en nuestro hogar, hay en medio de nuestros hijos. Vamos a estar de pie, vamos a estar de pie, llorar al Señor. Llevan de sus manos. Y yo espero que usted entienda lo que yo he podido decir. Lo único que deseamos en esta tierra es brillar. Ya hemos vivido años en tinieblas, hermano, cansada de sal, cansado de esa vida, gloria al Señor, lejos de Dios, una vida arruinada, una vida infeliz, una vida lejos de la presencia del Señor, una vida sin sentido. Hoy estamos en este lugar, totalmente agradecido. Yo espero que usted se sienta así. Dígale al Señor: "Gracias, gracias, porque un día me llamaste en mi libertad. Gracias, porque un día esa luz de esperanza llegó a mi vida. Y esa luz fuiste tú, Dios". Dígale: "Señor, gracias. Quiero brillar para ti. Quiero ser luz en medio de mi hogar. Quiero ser luz en medio de mis hijos. Quiero ser luz en medio de los gentiles, en medio de este mundo difícil". Es cierto, hermano, que vivimos en un mundo nada fácil, linda de fácil, pero tenemos que entender con el corazón que estamos llamados a ser luz y brillar. Que lo que un día recibimos de gracia, tenemos que darlo de gracia. Llevan de sus manos, donde está allí. Dígale: "Señor, hazme brillar como el principio de mis días. Han de brillar como en el inicio de mi caminar contigo". Dígale al Señor: "Ya me siento cansado, agotado, hasta me aburre cantar, me aburre levantar las manos, hasta me canso de pararme, me canso de levantar mis manos diciendo que no soy el mismo de la misma de antes". Siento, porque uno siente muchas veces, hermanos, la indiferencia en nuestro corazón. Y a veces nos preguntamos: "¿Qué pasa? ¿Por qué estoy así?". En el Señor, brille en mí. [Música] De la cuenta que hace falta la presencia de Dios en nuestros corazones. Cuando usted viene y se sienta sin ganas de cantar, cuando Dios esté esperando que usted cante, usted le cante a diario. Usted le está esperando. Y aquel que salvó, le alabe, que aquel que le extiende su mano todos los días, levante sin pan, sin gloria, hable con él. Muchas veces Dios dirá: "Pero si llega el día, hablas conmigo, te levantas, ni horas. Llega el punto y tampoco puedes cantar". Me dice el Señor: "Tampoco puedes darla". ¿Cuántas veces Dios entristecerá, hermano, de ver nuestra actitud, nuestra indiferencia hacia él? Porque muchas veces, gloria al Señor, por la misma condición, usted dice: "No, yo canto en el corazón, yo adoro en mi mente". Pero no es lo que quiere Dios. No es para lo que Dios salvó su alma, su vida. [Música] Escudriña su caminar con Dios. Escudriña, escudriña su andar con Dios. Y simiente, hermanas, hermanos, enfrente la palabra. No emprenda, Dios. Yo digo, ¿quién se enfrentó con los y me fue bien? Nadie. O sea, sencillas y humildes. Salga de la posición en que está y no vuelva a la senda, hermano. Señor, detrás, vuelva a entender el plano, el propósito de Dios para su vida. [Música] Vuelvas a servirle en el amor. Déjese de quejarse, de depurar, deje de disfrutar, déjese de hablar. [Música] De gente, de siempre estar en buenas piezas, o sea, dentro de la iglesia. [Música] Pero si no puede ser solo, enseñó al hermano, solo diversión. Te levantas manos. [Música] Mira el Señor con todo su corazón, que le ayude. Vuelvas. [Música] Y es cierto, no, señora. [Música] Hermano, para que Dios le llame, diga el idioma: "Señor, no quiero servirte". [Música] "Yo quiero buscar tu mente, yo quiero, Señor, y yo quiero estar cerca de ti, Señor". [Música] El Señor puedes grandeliga le pidió maravillosas. [Música] Dios digno de gloria en nuestro nivel. [Música] A la lucha. [Música] Santo eres. Levanta tu mano al cielo. Gloria al Señor. Dígale al Señor en esta noche: "Señor, ayúdame a volver para lo que el Señor era mi comunión, Señor, contigo". Diga en el Señor, está ahora mismo, renuévame, levanta mi, Señor, malísimo. [Música] El Señor, ayúdanos poner por obra tu palabra, Señor. Rivás por obra tu palabra, padre. Esta palabra que degrada al método de nuestros corazones en nuestra vida, Señor. Danos, Señor, amado corazón, Dios mío, presuroso para poder oír en tu palabra y obedecerle. Y en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias, padre. Gracias. Diga de gracias. Gracias, padre, gracias, hijo, y gracias, Espíritu Santo de Dios. Te lo pedimos, mi Señor, en el nombre de Jesús. Amén. Señor, gloria al Señor. Terminamos la transmisión de esta noche y en nombre de Jesús, el Señor le bendiga. La paz del Señor en sus corazones. [Música] Nuestra vida a través de con gracia lo que hemos recibido. Es tiempo de poder perder el tiempo de poder estar afanados, preocupados en otras cosas y descuidar el primer mandato que tenemos que tener en nuestro corazón, del poder predicar su palabra, el poder hablar a otros del amor de Dios, del cambio de que Dios ha hecho en nuestra vida, porque Dios ha hecho grandes cosas también. Así que agradecerle por habernos acompañado y le invitamos el día jueves estaremos transmitiendo nuestro culto de caballeros, esperando que usted también se pueda conectar con. Esperamos el día jueves y que Dios les bendiga. 2 [Música] [Música] [Música] [Aplausos]