📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

🙏 HOMILÍA DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO. Ciclo A. "Las bienaventuranzas". (3-I-2026

Pater Juanma12:56

Transcription

Hoy el evangelio nos presenta las bienaventuranzas, y las bienaventuranzas son el programa de vida de todo cristiano. Las bienaventuranzas son variaciones del amor, y el amor entraña felicidad. Dios es amor, por lo tanto, Dios es la felicidad infinita. Por tanto, para alcanzar esa felicidad, no hay otro camino que el amor.

Bienaventurados quiere decir dichosos, quiere decir felices. Y así es como comienzan todas las bienaventuranzas. Y este es el deseo de Dios, que seamos felices. Pero curiosamente, el evangelio de hoy acaba de la siguiente manera: "Alegráos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo." Y esto ha llevado a más de uno a equivocaciones. Y hay algo que tenemos que tener muy presente.

Si yo tengo una idea equivocada aquí en la cabeza, esa idea equivocada después, en la vida cotidiana, en la vida diaria, tiene unas repercusiones grandísimas. No es una simple idea que tengo aquí equivocada en la cabeza, un criterio que tengo mal, un criterio que no tengo claro, que lo tengo equivocado, y bueno, afecta un poquito a la vida diaria, ¿no? No es así. Cuando tenemos una idea equivocada aquí en la cabeza, podemos tener un planteamiento de toda nuestra vida equivocado. Y claro, cuando toda nuestra vida tenemos un planteamiento que está equivocado, las repercusiones en nuestra vida diaria pueden ser tremendas y nos pueden afectar de una forma grandísima. Por eso, qué importante es que tengamos las ideas claras, porque si no, de lo contrario, esto puede afectar mucho negativamente a nuestra vida.

Algunos piensan, y esto me lo han dicho en muchas ocasiones en la vida, que en esta vida se trata de sufrir y después ya alcanzaremos la felicidad en la otra vida. Y he visto personas que se hacen este planteamiento en la vida, que aceptan ese sufrimiento, que no luchan contra las dificultades de la vida y aceptan así plenamente que aquí hemos venido a sufrir, como si en esta vida solamente hubiésemos venido a sufrir. Esto no es así.

Es verdad, y esto tenemos que tenerlo también claro, que la felicidad plena en esta vida no se da. Estamos hablando de la felicidad plena, la felicidad que solamente se da en el cielo. La felicidad plena en esta vida no se da para nadie, pero también tenemos que tener muy presente la segunda parte. Si el Señor nos dice dichosos, felices, por algo será. Quiere decir que en el Señor, siendo fieles a su evangelio, siendo fieles a las bienaventuranzas, siendo fieles al amor, amando a los demás y amando a Dios, es el modo en el cual vamos a encontrar la mayor felicidad. O sea, siendo fieles a Dios, vamos a encontrar la mayor felicidad posible. Plena, no, pero la mayor felicidad posible, sí. Y esto tenemos que tenerlo muy claro. Y teniendo esto muy claro, es verdad que no hemos encontrado la felicidad plena, pero sí una gran felicidad. Y esto es importantísimo para nuestra vida. Y es así como tenemos que presentar el mensaje de Jesús. Y esto no lo digo porque presentando el mensaje de Jesús así lo hacemos más atractivo, que también es verdad, pero no lo presentamos así porque el mensaje de Jesús sea más atractivo. No, tenemos que presentar así el mensaje de Jesús porque esta es la realidad. No lo hacemos porque sea más atractivo, que también lo es al presentarlo así, pero tenemos que estar convencidos de que esta es la realidad. Felicidad plena en esta vida, ¿no? Pero la mayor felicidad posible siguiendo el mensaje de Jesús y siendo fieles al Señor. Sí. Y es así como tenemos que presentar el evangelio, y presentarlo de otra manera es falsear la realidad.

Y vamos con otro ejemplo. Este va de aperitivos, de pinchos. La vida es como los aperitivos, los pinchos que nos tomamos antes del banquete. Los pinchos nos gustan. Esos aperitivos están buenos y disfrutamos mucho. No es comparable al banquete. Con los pinchos no comemos, pero también disfrutamos mucho. Así es también la vida. En el cielo es como un aperitivo de la gloria del gran banquete que tendremos en el cielo.

El evangelio es el manual de la verdadera felicidad. Esto lo tenemos que tener muy claro. Es el proyecto de los proyectos de nuestra vida. Ser fieles al evangelio, vivir según el evangelio por una razón muy sencilla. Porque, ¿quién no busca la felicidad? Todo el mundo busca la felicidad. Esto es algo que tenemos en común todas las personas. No hay nadie que no desee la felicidad. Todo el mundo desea la felicidad. Ahora podemos aspirar a esa felicidad por caminos distintos. Lo bueno que tenemos los cristianos es que sabemos que para llegar a esa felicidad tenemos que ser fieles al evangelio. Este es el camino que tenemos que llevar para llegar a esa felicidad plena, ¿no? Pero sí la mayor felicidad. Y esto es importantísimo que lo tengamos muy claro y que presentemos así el evangelio. De lo contrario, siempre será falsear el evangelio.

Y uno de los grandes problemas que tenemos para llegar a esa mayor felicidad posible, no a la felicidad plena que ya hemos dicho que no se da aquí en esta vida, pero sí a esa mayor felicidad posible que no deja de ser una gran felicidad, es lo que decía al principio, cuando no tenemos las ideas claras en la cabeza. Lo primero para que yo en la vida practique algo, lo lleve a la vida, es estar convencido de algo. Si yo no estoy convencido de una idea, va a ser imposible que yo eso lo lleve a la vida. Para yo llevar algo a la vida, en primer lugar, tengo que estar convencido de eso.

Digo esto porque una de esas ideas equivocadas que mucha gente tiene es que separan el amor a Dios del amor a los demás. Y esta es una de esas grandes equivocaciones que tenemos en la vida que nos impiden llegar a esa mayor felicidad posible. Esto nos resta mucho de nuestra felicidad. Muchas veces a lo largo de mi vida me han dicho la siguiente frase o las siguientes frases: "Lo importante es ser bueno. Lo importante es querer a los demás. Lo importante es ayudar a los demás, ser buenos en la vida, pasar por la vida haciendo el bien." Estamos de acuerdo que eso es importante, pero la mayoría de las ocasiones cuando te dicen esto, de alguna manera están prescindiendo de Dios. Si en esa conversación profundizamos un poquito más, ya les anticipo que en la mayoría de las ocasiones están prescindiendo de Dios. Y esto es una gran equivocación.

Esto ya lo dijo ese gran pensador que fue San Agustín. Lo dijo con una frase lapidaria, como suele él siempre. Esto ya lo descubrió él. ¿Qué fue lo que dijo San Agustín? "Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti." Esto es así. No vamos a encontrar la felicidad fuera del Señor. No vamos a encontrar la felicidad prescindiendo de Dios. Que tenemos que amar a los demás, sí, que tenemos que servir a los demás, sí, pero no prescindiendo de Dios. Así nuestro corazón siempre va a tener un vacío, un vacío que solamente puede llenar Dios. Y si prescindimos de Dios, ese vacío siempre, siempre va a estar ahí.

No podemos separar lo que ha unido Jesús. ¿Qué nos dijo Jesús? El primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas. Ese es el primero. Jesús lo reconoce, cita el famoso semán, pero a la vez dice: "Pero el segundo es semejante al primero." O sea, casi equipara el segundo mandamiento al primer mandamiento, que nos dice que tenemos que amar a los demás. Pero si Jesús equipara prácticamente los dos mandamientos, quiere decir que los dos son muy importantes, que no podemos prescindir de ninguno de ellos, ni del amor a Dios, que es el primero, ni del amor a los demás, que es lo segundo. Si Jesús prácticamente, digo prácticamente, equipara los dos mandamientos, es que los dos mandamientos son importantísimos. Si prescindimos de uno de ellos, bien sea el amor a los demás o el amor a Dios, ya de antemano nos estamos equivocando en el camino de la felicidad.

Lo que nos pasa en muchas ocasiones es que queremos justificar nuestra vida, nuestra conducta con algunas obras buenas, y está bien que las hagamos, si no estamos en contra de eso, pero muchas veces las queremos utilizar para justificar nuestra conducta, para justificar nuestro estilo de vida, nuestro comportamiento en la vida. Y decimos eso: "Lo importante es ser bueno, lo importante es amar a los demás, lo importante es hacer buenas obras." Pero en algunas ocasiones detrás hay algo muy importante que queremos tener un poquito ahí apartado, sin darle excesiva importancia. Por ejemplo, yo puedo hacer grandes obras, buenas obras, pero a lo mejor esas buenas obras no afectan a lo más profundo de mi ser, a lo más profundo de mi vida, a esas cosas que podemos decir allí donde nos aprieta el zapato, esas cosas que nos cuestan vivir en nuestra vida, esas cosas que el Señor nos pide, pero que nos cuesta vivir. Por ejemplo, el perdón. Ahí hago buenas obras, pero no perdono al que me ha ofendido. Hago buenas obras, pero a lo mejor le soy un poquito infiel a mi mujer o un poquito infiel a mi esposo. A lo mejor hago buenas obras y no voy a misa, y con esas buenas obras estoy ya justificándome a mí mismo mi conducta. Sí, lo importante es lo otro, pero eso otro no es importante. Claro, pero es que eso nos afecta a lo profundo de nuestra persona. Eso nos llama, nos invita a una conversión profunda, que tenemos que cambiar cosas en nuestra vida, y eso ya nos cuesta más. Por eso, no nos engañemos. Muchas veces justificamos nuestra conducta diciendo o escudándonos en esas buenas obras que hacemos, ¿no? Por supuesto, sí, perdón, sí que hay que hacer buenas obras, pero también hay que amar a Dios. Y amar a Dios significa serle fieles, ser fieles al evangelio. Y es ahí donde vamos a encontrar la mayor felicidad, amando a Dios, siendo fieles a Dios y amando a los demás y sirviendo a los demás.

Que el Señor os bendiga y os proteja. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.