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📖🕯 Todo Por Gracia by Charles Spurgeon - Capítulo 7

Jesus Answers Prayer•7:10

Transcription

Por gracia, por medio de la fe, considero conveniente hacerme un poco a un lado para pedirle a mi oyente que observe en adoración el manantial de nuestra salvación, que es la gracia de Dios. Porque por gracia soy salvos por medio de la fe. Porque Dios es misericordioso, por eso los pecadores son perdonados, convertidos, purificados y salvados. No es por algo que haya en ellos o que pueda ver en ellos jamás que son salvados, pero es debido al amor ilimitado, la bondad, la piedad, la compasión, la misericordia y la gracia de Dios.

Quédate un momento entonces junto al manantial. Contempla el río limpio de agua de vida que sale del trono de Dios y del Cordero. ¡Qué abismo es la gracia de Dios! ¿Quién podría medir su anchura? ¿Quién podría sondear su profundidad? Como todo el resto de los atributos divinos, es infinita. Dios es plenitud de amor, pues Dios es amor. Dios es plenitud de bondad; el propio nombre "Dios" es una abreviatura de "bueno". La bondad ilimitada y el amor entran en la propia esencia de la deidad. Es debido a que para siempre es su misericordia que los hombres no son destruidos. Debido a que nunca decayeron sus misericordias, que los pecadores son conducidos hacia él y perdonados.

Recuerda esto muy bien, o podrías caer en el error de fijar demasiado tu mente en la fe, que es el canal de salvación, como para olvidar la gracia, que es la fuente y el origen de la propia fe. La fe es la obra de la gracia de Dios en nosotros. Nadie puede decir que Jesús es el Cristo si no fuera por el Espíritu Santo. "Nadie puede venir a mí", dice Jesús, "si el Padre que me envió no le trajere". De tal forma que la fe, que consiste en venir a Cristo, es el resultado de la atracción divina. La gracia es la primera y la última causa motriz de la salvación, y la fe, esencial como es, es únicamente una parte importante de la maquinaria que la gracia emplea. Somos salvos por medio de la fe, pero la salvación es por gracia. Hagan resonar esas palabras como con trompeta de arcángel: "Por gracia sois salvos". ¡Qué buenas nuevas para los que son indignos!

La fe ocupa la posición de un canal o una tubería; la gracia es la fuente y el torrente. La fe es el acueducto a lo largo del cual desciende la corriente de la misericordia para refrescar a los sedientos hijos de los hombres. Es una verdadera lástima cuando el acueducto se rompe. Es un triste espectáculo ver alrededor de Roma los diversos y nobles acueductos que ya no transportan agua a la ciudad, porque los arcos están quebrados y las maravillosas estructuras están en ruinas. El acueducto ha de ser conservado íntegro para que transporte la corriente, y aún así, la fe ha de ser verdadera y sana, conectando directamente con Dios y viniendo directo a nosotros, para que pueda ser un canal aprovechable de misericordia para nuestras almas.

Quisiera recordarte de nuevo que la fe es únicamente el canal o acueducto y no es el manantial, y no debemos mirarla tanto como para exaltarla por encima de la divina fuente de toda bendición que yace en la gracia de Dios. Nunca conviertas a tu fe en un Cristo, ni la consideres como si fuere la fuente independiente de tu salvación. Nuestra vida se encuentra al mirar a Jesús y no al poner nuestros ojos en nuestra propia fe. Por fe todas las cosas se vuelven posibles para nosotros; sin embargo, el poder no está en la fe, sino en el Dios en quien se apoya la fe. La gracia es la locomotora y la fe es la cadena por la cual el vagón del alma es enganchado al poder motriz. La justicia de la fe no es la excelencia moral de la fe, sino la justicia de Jesucristo que la fe sujeta y se apropia. La paz interior del alma no se deriva de la contemplación de nuestra propia fe, sino que nos llega proveniente de aquel que es nuestra paz, el borde de cuyo manto es tocado por la fe y emana de él un poder que penetra en el alma.

Comprueba entonces, querido amigo, que la debilidad de tu fe no te destruirá. Una mano trémula puede recibir una dádiva de oro. La salvación del Señor puede llegarnos aunque solo tengamos fe como un grano de mostaza. El poder radica en la gracia de Dios y no en nuestra fe. Grandes mensajes pueden ser enviados a lo largo de finos alambres, y el testimonio que produce la paz del Espíritu Santo puede alcanzar el corazón a través de una fe del grueso de un hilo que parecería casi incapaz de sostener su propio peso. Piensa más en aquel a quien miras que en la mirada misma. Has de apartar tu mirada incluso de tu propio mirar y no ver nada más que a Jesús y a la gracia de Dios revelada en él.