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Evangelio día Domingo 29/03/26 - Padre Carlos Rosell - Mateo 26, 14 – 27, 66 - La Pasión de Cristo.

Cooperadores de la Verdad (Católico)37:17

Transcription

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu. Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo. Gloria a ti, Señor.

[canto]

Queridos hermanos, antes de escuchar la pasión, van a sentarse porque es un relato largo.

En aquel tiempo, uno de los 12, llamado Judas Iscariote fue a los sumos sacerdotes y les propuso, "¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?" Ellos se ajustaron con él en 30 monedas de plata y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

El primer día de los áimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron, "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?" Él contestó, "Vayan a la ciudad, a casa de quien ustedes saben, y díganle, el maestro dice, 'Mi hora está cerca. Voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.'" Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

Al atardecer se puso a la mesa con los 12. Mientras comían dijo, "En verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar." Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro, "¿Soy yo acaso, Señor?" Él responde, "El que ha comido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del Hombre se va como está escrito de él, pero hay de aquel por quien el Hijo del Hombre es entregado. Más le valdría a ese hombre no haber nacido."

Entonces preguntó Judas el que lo había lo iba a entregar. "¿Soy yo acaso, maestro?" Él respondió, "Tú lo has dicho."

Mientras comían, Jesús tomó pan y después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo, "Tomen, coman, esto es mi cuerpo." Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo, "Beban todos, porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y les digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre."

Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo, "Esta noche se van a escandalizar todos por mi causa, porque está escrito, 'heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño', pero cuando resucite iré delante de ustedes a Galilea."

Pedro replicó, "Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré." Jesús le dijo, "En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces." Pedro le replicó, "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré." Y lo mismo decían los demás discípulos.

Entonces Jesús fue con ellos a un huerto llamado Getsemaní y dijo a los discípulos, "Siéntense aquí mientras voy allá a orar." Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Cebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo, "Mi alma está triste hasta la muerte. Quédense aquí y velen conmigo."

Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba, diciendo, "Padre mío, si es posible que pase de mí este cáliz, pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú." Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro, "¿No han podido velar una hora conmigo? Velen, lloren para que no caigan en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil."

De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo, "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad." Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras.

Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo, "Ya pueden dormir y descansar. Miren, está cerca la hora y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levántense. Vámonos. Ya está cerca el que me entrega."

Todavía estaba hablando cuando apareció Judas, uno de los 12, acompañado de un tropel de gente con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña. "Al que yo vese, ese es, préndanlo."

Después se acercó a Jesús y le dijo, "Salve, maestro." y lo besó. Pero Jesús le contestó, "Amigo, ¿a qué vienes?" Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron.

Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo, "Envaina la espada, que todos los que empuñan espada a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi padre? Él me mandaría enseguida más de 12 legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las escrituras que dicen que esto tiene que pasar?"

Entonces Jesús dijo a la gente, "Han salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido. A diario me sentaba en el templo a enseñar y sin embargo, no me prendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las escrituras de los profetas." En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Los que prendieron a Jesús lo condujeron a la casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y entrando dentro se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.

Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente comparecieron dos que declararon, "este ha dicho, '¿Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días?'"

El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo, "¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?" Pero Jesús callaba y el sumo sacerdote le dijo, "Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios." Jesús le respondió, "Tú lo has dicho, más aún, yo les digo, desde ahora verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del poder y que viene sobre las nubes del cielo."

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo, "Has blasfemado, ¿qué necesidad tenemos ya de testigos? Acaban de oír la blasfemia. ¿Qué deciden?" Y ellos contestaron, "Es reo de muerte."

Entonces le escupieron a la cara y lo bofetearon. Otros le gritaban diciendo, "Haz de profeta Mesías, dinos quién te ha pegado."

Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo, "También tú estabas con el galileo." Él lo negó delante de todos, diciendo, "No sé qué quieres decir." Y él y al salir al portal lo vio otra y le dijo a los que estaban allí, "este estaba con Jesús el Nazareno." Otra vez negó él con juramento, "no conozco a ese hombre."

Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro, "Seguro tú también eres de ellos. Tu acento te delata." Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo, "No conozco a ese hombre." Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús, "Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces." y saliendo afuera, lloró amargamente.

Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús, y atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

Entonces Jesús Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las 30 monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo, "He pecado entregando sangre inocente." Pero ellos dijeron, "¿A nosotros, ¿qué? Allá tú." Él arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó y fue y se arcó.

Los sacerdotes recogieron las monedas de plata, dijeron, "No es [resoplido] lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre." Y después de discutirlo, compraron con ellas el campo del alfarero, el cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama ahora campo de la sangre. Así se cumplió lo dicho por medio de los del profeta Jeremías y tomaron las 30 monedas de plata, el precio de uno que fue tentado según la tasa que fijaron de Ismael y pagaron con ellos a Cristo al campo del alfarero, cómo me lo había condenado. condenado al Señor.

Jesús fue llevado ante el gobernador y el gobernador le preguntó, "¿Eres tú el rey de los judíos?" Jesús respondió, "Tú lo dices." Y mientras se le acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada.

Entonces Pilato le preguntó, "¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?" Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado por la fiesta. El gobernador solía liberar un preso y que le la gente quisiera. Tenía entonces un preso llamado Barrabaz.

Cuando la gente acudió, dijo Pilato, "¿A quién quieren que le suelte? ¿a Barrabá o a Jesús, a quien llaman el Mesías, [resoplido] pues sabía que lo se lo habían entregado por envidia." Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir, "No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con él."

Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabaz. y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó, "¿A cuál de los dos quieren que le suelte?" Ellos dijeron, "Arabá." Pilato les preguntó, "¿Y qué hago con Jesús llamado el Mesías?" Contestaron todos, "Sea crucificado." Pilato insistió, "Pues, ¿qué mal ha hecho?" Pero ellos gritaban más fuerte, "¡Sea crucificado!"

Al ver Pilato que todo era inútil y que al contrario se estaban formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente diciendo, "Soy inocente de esta sangre allá ustedes." Todo el pueblo contestó, "Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos."

Entonces le soltó a Barrabá y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificara.

Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la corte, lo desnudaron y lo pusieron le pusieron un manto de color púrpura tratando trazando una corona de espinas, se lo cñieron a la cabeza. Y le pusieron una caña en la mano derecha y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo, "¡Salve, rey de los judíos!" Luego lo escupían, le quitaban la caña y lo golpeaban con ella la cabeza. Y terminando la burla, le quitaron el manto, lo pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Al salir encontraron a un hombre de Sirene llamado Simón y lo forzaron a llevar su cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que quiere decir lugar de la calavera, le dijeron a ver vino, le dieron a beber vino mezclado con hiel. Él lo probó, pero no quiso beberlo.

Después de crucificarlo, se repartieron su ropa a suertes, luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero que decía, "Este es Jesús, el rey de los judíos." crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Los que pasaban lo injuriaban y lo le mendaban la cabeza. "Tú que destruyes el templo y lo construyes en tres días, sálvate a ti mismo. Si eres el hijo de Dios, baja de la cruz." Igualmente, los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo, "A otros ha salvado y él no se puede salvar. Es el rey de Israel que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confío en Dios que lo libre, si es que lo ama, pues dijo, 'soy hijo de Dios.'" De la misma manera, los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

Desde la hora santa hasta la hora nona, vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó, "Elí, Elí, Elí, Elí, lemactaní, es decir, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Al oírlo, algunos de los que estaban allí gritaron, "está llamando a Elías." Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y sujetándolo con una caña le dio a beber. Los demás decían, "Déjalo a ver si viene Elías a salvarlo." Jesús gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

Vamos a ponernos de rodillas y guardar silencio contemplando la muerte de nuestro Señor Jesucristo en la cruz. Nos ponemos de pie y continuamos.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba a abajo. La tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Y saliendo de sus tumbas después de él que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. Verdaderamente este era hijo de Dios.

Había ahí muchas mujeres que buscaban, miraban de lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirles entre ellos María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José y la madre de los hijos de Cebedeo.

Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en una un sepulcro nuevo que se había excavado en la roca. Rodó una piedra grande y la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron ahí sentadas enfente del sepulcro.

A la mañana siguiente, pasado el día de la preparación, acudieron grupos de sumos sacerdotes y de fariseos a Pilato, y le dijeron, "Señor, ¿no hemos acordado de que aquel impostor estando en vida, anunció, 'a los tres días resucitaré?' Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo, 'Ha resucitado de entre los muertos.' La última impostura sería peor que la primera." Pilato contestó, "Ahí tienen la guardia. Vayan ustedes y aseguren la vigilancia como saben." Ellos aseguraron el sepulcro sellando la piedra y colocando la guardia.

Palabra del Señor. Gloria a ti, [canto] Señor Jesús.

Al final de la Santa Misa volveremos a bendecir los ramos. Así que no se preocupen aquellos que no han recibido el agua bendita. Afuera hay una cisterna y con manguera voy a bendecir los ramos. Hermanos, lo más importante no es que me caiga agua bendita, lo más importante es meternos en la celebración de hoy. Por eso, brevemente vamos a señalar cinco palabras. que nos ayudan a entender lo que estamos celebrando. Hoy empezamos la Semana Santa. Vamos a meditar juntos lo que significa esta celebración con cinco palabras para aplicarlas en esta Semana Santa.

La primera palabra es la palabra silencio. ¿Qué palabra es silencio? Hemos empezado la celebración en silencio. Hemos bendecido los ramos en silencio. Qué importante es el silencio, porque el silencio nos lleva al recogimiento y el recogimiento nos lleva a escuchar la voz de Dios. Queridos hermanos, la Semana Santa implica vivir el silencio para escuchar a Dios, para escuchar mejor la palabra de Dios, para escuchar también la voz de nuestra conciencia. Qué importante es el silencio. Por eso, hermanos, recuperemos esta costumbre. tan cristiana. Yo me acuerdo cuando era niño hace muchísimos años atrás, el viernes santo se nos decía a los niños, "Hoy no se juega, ha muerto Jesús, guarda silencio." Pero hoy, lamentablemente, eso ya se ha perdido y algunos aprovechan incluso estos días santos para ofender más a Dios. Hermanos, qué importante es el silencio. Estamos tontitos con los celulares y por eso no escuchamos la voz de Dios.

Vamos con la segunda palabra, gozo. ¿Qué palabra he dicho? Gozo. ¿Cuál es la primera? Silencio. Silencio. La segunda, gozo. Luego de que hemos empezado en silencio la celebración, el sacerdote ha hecho la procesión de entrada con gozo, con alegría, con júbilo. Ustedes han agitado sus ramos. Hoy es un día de gozo, de alegría, de júbilo. Hemos actualizado la entrada de Jesús a la ciudad santa, Jerusalén. Al inicio hemos escuchado ese pasaje del evangelio tan bonito. Jesús entra a Jerusalén y la gente lo recibe con gozo, con alegría. ¿Qué decían las personas cuando veían a Jesús montado en un burrito? "Hosana, el hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor." Queridos hermanos, vivamos con gozo estos días santos, contentos porque Jesús ha dado su vida por nosotros y Jesús quiere que lo alabemos no solamente con palabras, sino con nuestra propia vida. Nuestra vida tiene que ser una alabanza a Dios. Digámosle hoy a Jesús, "Hosana, el hijo de David. Hosana es una palabra hebrea que significa sálvanos, por favor. ¿Qué significa hosana? Sálvanos, por favor. Y Jesús ya nos ha salvado en la cruz y resucitando. Por eso, hermanos, vivamos con gozo estos días santos. Hoy domingo es un día de gozo, el otro domingo más todavía porque es el domingo de resurrección. Queridos hermanos, no nos cansemos de alabar a Dios, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Un discípulo de Jesús tiene que estar constantemente alabando a Dios. Repito, no solamente con palabras, sino con nuestra propia vida. Que nuestra vida sea un aleluya, una alabanza a Dios.

La tercera palabra es la palabra cruz. ¿Cuál es la tercera palabra? Cruz. Hermanos, hoy el sacerdote sale de rojo. ¿Sí se han dado cuenta? ¿No es cierto? El color de la cuaresma, ¿cuál es? morado. El morado. Pero hoy no, hoy es rojo. Porque hoy la iglesia nos dice, "Hemos entrado a la Semana Santa. Cristo ha muerto por nosotros. Hemos costado la sangre de Cristo. Contemplemos a Cristo en la cruz. Hoy hemos escuchado el relato largo de la pasión. La iglesia hoy al nosotros que somos discípulos de Cristo nos pide meditar en el relato largo de la pasión, porque en ese relato se nos indica con claridad todo lo que Jesús sufrió por nosotros. Fue coronado de espina, flagelado, insultado, crucificado. El Señor ha derramado su sangre. por cada uno de nosotros. Por eso, queridos hermanos, estos días santos son días para contemplar a Cristo en la cruz y aprender las lecciones de la cruz. En primer lugar, el amor de Dios. Jesús va a la cruz por amor y en segundo lugar la gravedad del pecado. Jesús derrama su sangre por nuestros pecados. Si hemos estado atentos a la primera lectura y a la segunda lectura, ahí se nos invita a meditar en lo que Jesús ha hecho por nosotros. En la primera lectura se nos habla del siervo de Yahé, aquel que asumirá los pecados de todos para espiarlos. Y San Pablo nos ha dicho en la segunda lectura que Jesús siendo Dios, se humilló por nosotros yendo a la cruz para salvarnos. Queridos hermanos, en estos días santos, contemplemos a Cristo en la cruz. Metámonos en las llagas de Cristo. Tomemos conciencia que el pecado es la causa y raíz de todos los males. El pecado es algo tan grave que ha costado la sangre de Cristo. Por eso el color con el que hoy sale el sacerdote, ¿cuál es? rojo. El rojo que te recuerda la sangre de Cristo, la preciosa sangre de Cristo. Y esta tercera palabra, ¿cuál es? Cruz me lleva a una cuarta palabra, contrición. ¿Qué he dicho? Contrición. ¿Alguien me puede decir qué significa contrición? Le he echo tres veces agua bendita. ¿Qué significa contrición? Dolor. ¿Qué significa dolor? Dolor del corazón. Hermanos, hace algunos días atrás, el Papa León XIV dijo, "Es una obligación de todo católico confesarse por lo menos una vez en el año, por lo menos. Y para confesarnos hay que estar arrepentidos. Tiene que haber contrición. ¿Qué significa contrición? Dolor del corazón. Cuando yo contemplo a Cristo en la cruz, me tiene que doler mis pecados. Todo pecado lleva a pisotear la sangre de Cristo. Hermanos, hagamos un buen examen de conciencia estos días. Por eso el silencio. Veamos nuestros corazones. Detectemos en nuestros corazones aquello que no le gusta a Jesús y vayamos al sacramento de la confesión, que es el sacramento de la misericordia, el sacramento de la alegría, porque ahí yo experimento la infinita misericordia que brota del corazón de Cristo. Acerquémonos, queridos hermanos, con el corazón contrito y humillado hacer una buena confesión, habiendo hecho antes un buen examen de conciencia. Y termino con la última palabra. ¿Cuál es la primera palabra? Silencio. Segunda palabra, gozo. Tercera palabra cruz. Cuarta palabra, contrición. Quinta palabra, gratitud. ¿Cuál es la quinta palabra? Gratitud. En estos días santos vamos a tener celebraciones que nos deben llevar a decir gracias, Jesús. El jueves santo, ¿qué vamos a recordar, hermanos? El jueves santo, la institución de la Eucaristía y también del sacramento del orden. Hay que darle gracias a Jesús por su presencia real en la Eucaristía. Hermanos, Jesús está en la Eucaristía. Hay que decirle, "Gracias, Jesús, porque te has quedado ahí por puro amor, pero también gracias por los sacerdotes, porque si no hay sacerdotes, no hay eucaristía." Demos gracias a Jesús en primer lugar por la Eucaristía y también por los sacerdotes, quienes son pecadores. Claro que sí. Pero cuando celebran los sacramentos actúan impersona, Cristi, recen por los sacerdotes, apóyenlos, no los critiquen, tengan también misericordia de los sacerdotes. Somos de barro. Recemos por la santidad de los sacerdotes. El viernes, ¿qué vamos a celebrar ese día? Pregunto, ¿hay misa el viernes santo? ¿Sí o no? No. ¿Por qué? Porque ese día vamos a celebrar el oficio de la pasión y muerte de Jesús. Recordamos que Jesús murió. Hay que decirle a Jesús, "Gracias, Señor, porque tú has muerto por mí. Has derramado tu sangre por mí. Gracias, Jesús." Y luego viene la vigilia pascual. ¿Qué celebramos? Jesús está muerto o está vivo? Está vivo. Está vivo, ha resucitado. Gracias, Jesús, porque has vencido a la muerte, al pecado y al con tu gloriosa resurrección y estás aquí conmigo y tú nunca me dejas. Por eso, hermanos, la última palabra es muy importante. ¿Cuál es? Ya se durmieron. ¿Cuál es la última palabra? Gratitud. Estos días son para dar gracias a Jesús por todo lo que ha hecho por nosotros. Se cuenta que un colegio, con esto ya termino, se estaba significando la pasión del Señor. Y cuando el actor que hacía de Judas dijo, "Me voy a ahorcaras." Una niña que estaba viendo la obra teatral gritó, "Judas, busca la Virgen María y no te ahorcarás." Qué bonito. ¿A quién tenemos que buscar siempre? A la Virgen María. Vamos a pedirle hoy a la Virgen María que nos ayude a vivir estos días santos viviendo el silencio. Que estos días santos sean días de gozo porque Jesús está con nosotros. Días para contemplar a Cristo en la cruz, para tener contrición, dolor de corazón y para estar muy agradecidos por todo lo que Jesús ha hecho por nosotros. Que así sea. Amén.

Hermanos, cinco palabras para vivir bien la Semana Santa. Hoy es domingo de Ramos. Número uno, el silencio. Hemos empezado en silencio. El silencio nos lleva a escuchar la voz de Dios. Deja de lado el ruido. Abre tu corazón a la palabra de Dios. Vive el recogimiento. Número dos, el gozo. Hemos entrado al altar cantando y agitando los ramos. "Hosana, el hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosana." ¿Qué significa? Sálvanos, por favor. Y Jesús ya nos ha salvado en la cruz y en la resurrección. Hay que estar siempre con esa actitud de gozo, de alabanza. No nos cansemos de alabar a Dios no solo con nuestra palabra, sino con nuestra propia vida. Número tres, la cruz. Hoy el sacerdote sale de rojo para recordar a todos que hemos costado la sangre de Cristo. Hermanos, nuestros pecados pisotean la sangre de Cristo. Hoy hemos escuchado el largo relato de la pasión para tomar conciencia que hemos costado la sangre de Cristo. Al contemplar la cruz viene la cuarta palabra. ¿Cuál es contrición? ¿Qué significa contrición? Dolor del corazón. Hermanos, nos tiene que doler haber ofendido a Dios y que se le ofenda. Vayamos al confesionario. Todo católico tiene que acercarse al sacramento de la confesión. Allí experimentamos la infinita misericordia de Dios. Y la última palabra, gratitud. Estos días son días santos. Demos gracias a Jesús por la Eucaristía. Demos gracias a Jesús por los sacerdotes. Demos gracias a Jesús porque ha dado su vida por nosotros en la cruz. Demos gracias a Jesús porque está vivo, ha resucitado. Que la Virgen nos ayude a vivir con fe, con piedad, con amor estos días santos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Sagrado Corazón de Jesús, conmigo. Dulce Corazón de María, salvación del alma mía. San José, ruega por nosotros.

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén. Con la alegría saber que Jesús está vivo y siempre nos acompaña. Pueden ir en paz. Gracias a Dios.

[música]