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¡El Señor Resucitó! ¡Aleluya! | Marcos 16:1-8 | Ps. Sugel Michelén

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo56:46

Transcription

Les pido, hermanos, que vayan conmigo a Marcos, capítulo 16. Evangelio de Marcos, capítulo 16. Y vamos a leer los versículos 1 al 8.

Pasado el día de reposo, María Magdalena, María, la madre de Jacobo y Salomé compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro cuando el sol ya había salido y se decían unas a otras, "¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?" Cuando levantaron los ojos, vieron que la piedra, aunque era sumamente grande, había sido removida. Y entrando en el sepulcro, viendo, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido con ropaje blanco, y ellas se asustaron. Pero él les dijo, "No os asustéis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado, ha resucitado, no está aquí. Mirad el lugar donde le pusieron." Pero oíd, descita a sus discípulos y a Pedro. Él va delante de vosotros a Galilea, allí le veréis, tal como os dijo. Y saliendo ellas, huyeron del sepulcro, porque un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo.

Hace muchos años alguien me preguntó cómo podía estar seguro de que el cristianismo era la religión verdadera. Porque los mahometanos y los seguidores de muchas otras religiones piensan exactamente lo mismo acerca de su religión. De hecho, si habríamos nacido en otro lugar que no fuera República Dominicana, en algún país donde hubiera otra religión dominante, ¿acaso no sería posible que nosotros estuviéramos tan seguros de que esa era la religión verdadera simplemente porque habíamos nacido en ese lugar? Yo le dije a esta persona, esa es una muy buena pregunta. Las preguntas inteligentes procuran respuestas inteligentes. Hay que hacer buenas preguntas, en otras palabras, para obtener buenas respuestas. Esa es una buena pregunta y te la voy a responder con una sola palabra, resurrección. Tal vez debí decirle con cuatro palabras, la resurrección de Cristo.

La resurrección de Cristo es la resurrección de Jesús lo que separa al cristianismo de todas las religiones del mundo. Mahom está muerto, por si no te habías enterado. Confusio está muerto. Sidartautama, el Buda, está muerto. La OSET y Saratustra están muertos. Pero los cristianos creemos que Jesús es el hijo de Dios encarnado que murió por los pecadores para darnos vida, porque él está vivo. Nosotros creemos en Jesús porque su tumba está vacía. De no haber sido por la resurrección, no habría cristianismo. La muerte de Cristo en la cruz habría sido como cualquier otra muerte, el final de una vida desperdiciada, como dijo alguien una vez, no habría ninguna esperanza, no habría ningún evangelio que predicar si no fuera por la resurrección.

Esa es la tesis del apóstol Pablo en el capítulo 15 de su primera carta a los Corintios, que es el gran capítulo del Nuevo Testamento sobre el tema de la resurrección. Algunos en la iglesia de Corinto, influenciados por la filosofía griega estaban negando la realidad de la resurrección corporal. Y Pablo tiene que decirles en el capítulo 15, a partir del versículo 13 que si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es vuestra fe. No habría perdón de pecados, dice Pablo, si Cristo no resucitó. Y todos aquellos que murieron confiando en Jesús, en realidad están ahora tan muertos como cualquier otro. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos de todos los hombres los más dignos de lástima, dice Pablo en Primera los Corintios 15:19. Oíste eso si hemos esperado en Cristo para esta vida, solamente somos de todos los hombres los más dignos de lástima si la relación que tenemos con Cristo no traspasa el lindero de la muerte, si todos los beneficios de seguirle a él se limitan al aquí y ahora no hay seres humanos en todo el planeta más dignos de conmiseración que nosotros los cristianos.

Pero Cristo resucitó, dice Pablo en el versículo 20, y él es las primicias de una gran cosecha de resurrección. Y ese gran evento que sustenta nuestra fe, el que estaremos estudiando en la mañana de hoy al llegar al último capítulo, y lo digo con una tristeza, al último capítulo del evangelio de Marcos. Eh eh eh me dio curiosidad esta semana y me puse a revisar cuando yo prediqué el primer sermón de esta serie y me sorprendí porque fue el 8 de marzo del año del año 2015, como hoy es 11 de marzo del 2018. Esta serie tiene casi 3 años predicada domingo tras domingo en las mañanas. En el día de hoy vamos a estar considerando únicamente los versículos 1 al 8. Y como decíamos hace unas semanas atrás, en nuestra asamblea anual anual, por ciertas razones estaremos concluyendo la serie a final de abril en el culto de la tarde con uno o dos mensajes sobre los versículos 9 al 20.

Pero antes de pasar a considerar nuestro pasaje, yo quiero que ustedes noten algo interesante en la narrativa de los evangelios con respecto a la resurrección de Cristo. Así como los cuatro evangelistas nos narran la muerte y sepultura del Señor el viernes en la tarde, obviamente todos ellos narran también el evento de la resurrección. Y cada uno de estos relatos contienen detalles particulares que no se encuentran en ningún otro de los evangelios. Eso quiere decir que si nosotros queremos tener un cuadro completo de lo que sucedió ese domingo en la mañana, tenemos necesariamente que leer los cuatro evangelios. Sin embargo, al leer en Mateo, Marcos, Lucas, Juan, el relato histórico de la resurrección de Cristo, nos damos cuenta que falta algo. Y para ser honestos, mis hermanos, yo nunca me había dado cuenta de eso en 40 años leyendo la Biblia. Nunca me había dado cuenta hasta semana o creo que fue hace dos semanas atrás que en los relatos de los evangelios hay un elemento que debería que nosotros esperaríamos que estuviera allí, pero no está allí. ¿Saben cuál es? El evento mismo de la resurrección. Qué sorprendente. Ninguno de los evangelistas nos dicen cómo fue que Jesús resucitó. Nos narran lujo de detalles lo que sucedió durante la crucifixión. Aún nos dicen algunas cosas de cómo fue sepultado, pero no encontramos un solo detalle en ninguno de los evangelios de qué fue lo que sucedió en el momento mismo en que el cuerpo muerto de Jesús dentro de la tumba volvió a la vida. Nos hubiera encantado, ¿verdad?, que una luz y entonces nada, nada.

Y mis hermanos, esta es una prueba de que los apóstoles no estaban tratando de escribir una una historia fantástica, un relato sensacionalista para ganar adeptos. Ellos estaban relatando por inspiración divina lo que nosotros necesitábamos saber acerca de ese evento en el de que descansa nuestra fe. El espíritu de Dios quiso poner un velo de misterio sobre cómo fue que Jesús resucitó. El espíritu de Dios aparentemente no quería que nosotros supiéramos o nos enfocáramos en el fenómeno en sí mismo, sino más bien en el hecho incontrovertible, en el hecho irrefutable de que Jesús resucitó. Es impresionante la sencillez con la que Marcos nos presenta el milagro más extraordinario de la vida de Cristo. Y lo hace enfocando lo que sucedió con este grupo de mujeres que fueron muy de mañana al sepulcro para ungir cuerpo muerto del Señor. Y eso nos lleva a nuestro primer encabezado que hemos titulado Una devoción incondicional.

Versículo un otra vez. Pasado el día de reposo, María Magdalena, María, la madre de Jacobo y Salomé compraron especias aromáticas para o ir a ungirle. Hemos visto ya en estas últimas semanas que el Señor Jesucristo fue crucificado el viernes alrededor de las 9 de la mañana. expira 6 horas después alrededor de las 3 de la tarde. Marcos nos dice explícitamente en el capítulo 15, versículo 42, que fue en la víspera del día de reposo que el Señor fue sepultado. Para, no olviden, mis hermanos, que los judíos no marcaban el inicio de un nuevo día a las 12 de la medianoche como hacemos nosotros, sino más bien a la puesta de sol, es decir, como a las 6 de la tarde. Por lo que la víspera del día de reposo no puede significar otra cosa que el viernes en en la tarde entre las 3 y las 6. El día que nosotros llamamos viernes, los judíos no le ponían nombres a los días, le llamaban primer día, segundo día, tercer día, todo en relación con el día de reposo. Pero al viernes, de manera particular le llamaban el día de la preparación. Y lo vemos en Marcos, capítulo 15, versículo 42. Porque ese era el día en que los judíos se preparaban para poder guardar apropiadamente el Sabat, porque la ley de Moisés prohibía trabajar en ese día.

Como vimos en el mensaje anterior, José de Arimatea se armó de valor ese viernes en la tarde y le pidió a Pilato el cadáver de Jesús para colocarlo apresuradamente en un sepulcro que había sido excavado en la roca. Dice Marcos 15:46. Y sobre la entrada José de Arimatea mandó poner una gran piedra. Un detalle importante que Marcos incluye en este capítulo es que había un grupo de mujeres discípulas fieles de Jesús que le habían servido durante su ministerio en Galilea y que se habían quedado hasta el final de la crucifixión. Y alguna de esas mujeres siguieron a José de Arimatea y a Nicodemo, que se añadió un poco más tarde para ver dónde estos dos hombres, ellas no sabían que José de Arimatea y Nicodemo eran discípulos de la secreta de Jesús. Así que ahora de repente ven estos dos individuos, miembros del sanedrín que toman el cuerpo de Jesús, así que ya las los siguen secretamente para ver dónde estos hombres llevaron el cuerpo. Debido a la llegada del Sabat, estas mujeres no pudieron preparar adecuadamente, como probablemente hubiesen querido, el cadáver de Jesús. Pero tan pronto concluyó el día de reposo, a la puesta del sol del sábado y las tiendas y los bazares volvieron a abrir por unas pocas horas, estas mujeres salieron apresuradamente a comprar especias aromáticas y en la madrugada del domingo fueron a ungir el cuerpo del Señor. Esto era algo que los judíos acostumbraban a hacer con el cadáver de sus seres queridos como una expresión de amor. Y el único propósito de este ungimiento era dilatar o tapar el mal olor que expelen los cuerpos cuando comienza el proceso de putrefacción. De manera, mis hermanos, que estas mujeres, estas queridas mujeres, querían tener la oportunidad de servir por última vez aquel maestro y señor al que amaban con todo su corazón.

Ahora piensen en esto, mis hermanos. Ya Cristo había muerto y es evidente que estas mujeres no estaban esperando que él resucitara. Ellas no se acercaron a la tumba con la expectativa de ver a Cristo levantarse de los muertos. Ellas fueron a ungir un cadáver. Pero a pesar de haberle visto morir en la cruz, estas mujeres todavía amaban a su señor al punto de no tener ningún reparo en identificarse con él en un momento tan inapropiado. humanamente hablando, todos lo habían abandonado, incluyendo sus discípulos más cercanos. El poder civil de Roma le había condenado a muerte como un criminal. Los líderes religiosos de la nación lo habían repudiado como un blasfemo. Pero este grupo de mujeres todavía seguían siendo fieles a Jesús. Y Dios recompensó esa fidelidad escogiéndolas para ser las primeras testigos oculares de su resurrección. Estas mujeres se levantaron muy temprano en la madrugada del domingo para ir a mostrarle a Cristo su amor y devoción ungiendo su cadáver. Y es cuando están en el camino que reparan en el problema que tenían por delante. ¿Y quién moverá la piedra? Hay una piedra tapando el sepulcro.

Vean el versículo 2. Muy de mañana, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro cuando el sol ya había salido y se decían unas a otras, ¿quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Marcos nos dice en el versículo 4, lo vamos a ver en un momento, que esa piedra era muy grande. Cuando estuvimos en en Jerusalén hace unas semanas atrás, pudimos ir por lo menos al lugar donde los protestantes dicen que está la tumba de Jesús. Y créanme, hermanos, la piedra que debía tapar esa boca, la entrada del sepulcro era una piedra grande, era una piedra pesada. Pero, ¿saben qué, mis hermanos? Estas mujeres no esperaron a que apareciera un grupo de hombres dispuestos a ayudarlas. Simplemente se movieron a hacer lo que ellas entendían que debían hacer porque el amor a Cristo las movía a hacerlo. Ellas no se fueron por el camino fácil. Oyeron esto, hermanas, y esto es un ejemplo para todos, pero escucharon esto, hermanas. Estas mujeres no tomaron el camino fácil. Tal tal vez no es la voluntad del Señor después de todo que nosotros vayamos tan temprano al sepulcro. Ningún hombre se ha ofrecido. Los apóstoles salieron huyendo y y después de todo ya Jesús está muerto. Podemos ir un poco más tarde, ¿no? Estas mujeres amaban a Jesús cuando no era emocionante hacerlo. Estas mujeres amaban a Jesús cuando no era popular hacerlo. Estas mujeres amaban a Jesús cuando incluso era peligroso hacerlo.

Miren, mis hermanos, déjenme decirles algo. Es muy fácil y y obviamente a mí me encanta cantar, me encanta venir a la iglesia los domingos. A veces pienso en ustedes que no tienen que predicar y los envidio porque yo tengo que estar cuidando la voz todo el tiempo, ¿no? A mí me gusta cantar, pero saben qué, es muy fácil venir a la iglesia los domingos en la mañana a este lugar con sillas cómodas, aire acondicionado y cerrar los ojos y cantar y decir, "Oh, Jesús, yo te amo." Pero el verdadero amor a Cristo es aquel que nos mueve a salir de nuestra zona de seguridad. Es aquel que nos mueve a salir de nuestra zona de confort para servirle a él, movidos únicamente por nuestro amor por él. Mientras estudiaba este pasaje esta semana, tuve que examinarme a mí mismo con honestidad y no me gustó algunas cosas que vi. Para ser honesto, tuve que preguntarme a mí mismo, ¿por qué yo hago lo que yo hago? Yo soy pastor, me preparo toda la semana para predicar. Me reúno con hermanos, enseño la palabra en otros contextos. La pregunta es, ¿por qué yo hago lo que yo hago? Es simplemente porque es mi deber hacerlo. Incluso a mí me pagan por hacer lo que me gusta hacer. Yo soy un empleado feliz. A mí me gusta predicar, pero pero yo sé en mi fuero interno que uno puede amar la predicación y no necesariamente amar a la gente a la que uno le predica. Como uno puede amar la predicación y no necesariamente amar a Jesús que uno predica. Mis hermanos, estoy tratando de ser bien honesto. Yo tuve que ser honesto esta semana. Es simplemente porque es mi deber hacerlo o yo lo hago movido por un genuino, sincero, aunque imperfecto amor por mi Señor y Salvador.

Ahora, yo quiero que tú te hagas esa misma pregunta. Yo quiero que tú te examines a ti mismo esta mañana. ¿Por qué tú haces lo que tú haces? ¿Por qué tú te reúnes con tu grupo pequeño cada semana? ¿Por qué lo haces? ¿Qué qué es lo que te mueve a a servir en la escuela bíblica? O ¿qué es lo que te mueve a servir en el ministerio de entenderán o o en Radio Eternidad o o en el ministerio de traducción o de proyección o sonido o cualquier otra cosa en nuestra iglesia? ¿Qué es lo que te mueve a reunirte con otro creyente para discipularlo? ¿Qué es lo que te mueve a salir de tu casa y visitar a un hermano enfermo en el hospital? ¿Qué te mueve? ¿Qué es lo que te impulsa hacer lo que tú haces cada día en medio de tu familia? ¿Qué tú qué es lo que te impulsa hacer lo que tú haces e en en medio de de tu trabajo? ¿Qué qué es lo que te impulsa hacer lo que tú haces cuando usas los medios de la gracia o cuando estás luchando contra las tentaciones que diariamente combaten contra el alma? ¿Cuáles son los argumentos que tú traes a tu mente y a tu corazón para no pecar? es la vergüenza pública, es que te vas a sentir mal después de hacerlo o es porque tú amas a Jesús y sí sabemos que este asunto es una lucha porque el pecado todavía mora en nosotros, pero estás luchando, estás luchando en oración, en dependencia del espíritu. esp de Dios para que el amor a Cristo predomine en tu corazón como el motor predominante que mueve tu existencia en cada cosa que tú haces. Pablo decía, "Es por amor a Cristo que yo tengo todas las cosas por basura. Es el amor a Cristo lo que me constrñe, lo que me mueve, lo que me motiva pensando esto, que si uno murió por todos, luego todos murieron y por todos murió para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Ese el amor a Cristo. Increíble.

Estas mujeres hicieron lo que hicieron pensando que Jesús estaba muerto. ¿Vieron eso? Eh, ellas se levantaron de madrugada en un tiempo difícil a ungir el cadáver de Jesús. Mis hermanos, ¿qué de nosotros que sabemos con toda certeza que él resucitó? Oh, mis hermanos, debemos pedir a Dios en oración, de verdad que nos conceda crecer cada día más en un amor sincero, ferviente, apasionado, activo por nuestro Señor y Salvador. Un amor que nos impulse a salir de nuestra zona de confort, a salir de nuestra zona de seguridad para gastar nuestras vidas para él. Debemos pedir eso en oración. De paso me decía Gloria esta semana que había leído en cierto lugar que nosotros debemos cuidar el cuerpo de Cristo, que es la iglesia, como estas mujeres salieron a cuidar el cuerpo de Jesús. Nosotros podemos hacer lo que estas mujeres hicieron. Ellas lo hicieron pensando que iban a ungir un cadáver. Nosotros lo hacemos por un cuerpo que está vivo, el cuerpo vivo de Jesús. Porque estamos vitalmente unidos a un salvador victorioso que está sentado en gloria a la diestra de Dios. Amén. Sí, yo sé que la iglesia a veces parece un cadáver maloliente, pero está viva, pero ya hablaremos de eso el domingo que viene cuando empecemos nuestra serie sobre la gloria de Cristo en la iglesia.

Pero volviendo a la historia de Marcos, estas mujeres salieron al sepulcro en la madrugada del del domingo y como los decía, en el camino se dan cuenta que tienen un problema. El sepulcro está cerrado con una gran piedra y eso nos lleva a nuestro segundo encabezado. Ya hemos visto una devoción incondicional. Veamos ahora en segundo lugar, una tumba abierta y vacía.

Versículo 4. Cuando levantaron los ojos, vieron que la piedra, aunque era sumamente grande, había sido removida. Y entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido con ropaje blanco, y ellas se asustaron. Mis hermanos, siempre debemos notar esos pequeños detalles que encontramos en el evangelio de Marcos y que muchas veces no se encuentran en ningún otro evangelio. Marcos nos dice que al llegar al sepulcro, estas mujeres levantaron los ojos. Y y y eso nos ayuda a meternos en la escena porque debemos suponer que por lo accidentado del terreno y porque todavía era oscuro cuando ellas salieron de casa, estas mujeres iban avanzando con sus ojos puestos en el camino, seguramente para no tropezar, hasta que de repente llegan a la tumba, levantan sus ojos y, oh, sorpresa, La piedra que tapaba el sepulcro ha sido removida. La gran piedra.

Ahora, recuerden, hay algo que estas mujeres no sabían, pero que tú y yo sí sabemos. Y es que durante el sabat, los miembros del sanedrín, que al principio no quisieron entrar en casa de Pilato para no contaminarse, fueron a ver a Pilato para pedirle que asegurara la entrada del sepulcro para que los discípulos no se robaran el cuerpo y luego salieran diciendo que el Señor resucitó. Así que ellos recordaban perfectamente que Jesús había anunciado su propia resurrección y no querían dejar cabos sueltos. Pilato les permite poner a un grupo de soldados a la entrada y encima de eso manda sellar la piedra, es decir, colocar el sello imperial de Roma sobre una soga a lo largo de la roca o sobre un pedazo de cera. romper ese sello imperial era alta traición contra el imperio. Así que Jesús está muerto, enterrado en una tumba con una gran piedra delante, sellada con el sello de Roma y una guardia romana custodiando la entrada. Pero cuando las mujeres llegaron a la tumba, no había ningún soldado. Sabemos que todos habían salido huyendo espantados y la piedra estaba removida. Así que ellas deciden entrar al sepulcro y en vez de encontrarse con el cadáver de Jesús se toman con un joven. Por los otros evangelios sabemos que se trata de un ángel sentado al lado derecho vestido con ropaje blanco. Una vez más, cuando estábamos en Jerusalén, en ese sepulcro de la tumba que los protestantes custodian, nos dimos cuenta de ese detalle. Cuando uno entra a la boca del sepulcro, es al lado derecho que estaba la losa, donde supuestamente el cuerpo de Jesús fue colocado. Hay otra tumba que es la del lado católico y tiene exactamente la misma disposición. El el cuerpo estaba al lado derecho.

Algo había sucedido en las primeras horas del domingo, que recuerden que inició a la caída de sol de nuestro sábado, que fue lo que llenó de espanto a los soldados que custodiaban la tumba. Dice en Mateo capítulo 28 versículo 2, que se produjo un gran terremoto porque un ángel del Señor descendiendo del cielo removió la piedra. Ahí está la respuesta. Un ángel del Señor descendió del cielo y removió la piedra. Y fue muy probablemente este ángel el que las mujeres se encontraron dentro de la tumba unas horas más tarde. Y como es natural siempre que una gente se encuentra con un ángel, por lo menos en el Antiguo Testamento, ahora no. Ahora hay personas que ven ángeles como si vieran al vecino. Cuando la gente en el Antiguo Testamento se encontraban con un ángel, se espantaban. Dice que ellas se asustaron, se alarmaron. Esta es la misma palabra que aparece en el relato de Marcos cuando dice que Jesús estaba en agonía en el huerto de Getsemaní.

Mis hermanos, estas mujeres todavía ven la tumba removida. todavía no ven el cadáver de Jesús y ellas no han llegado a la conclusión de que él resucitó. Ellas no tienen ni idea de qué es lo que está pasando allí. De hecho, Lucas nos dice en el pasaje paralelo, Lucas 24:4, que ellas estaban perplejas. Ellas fueron al sepulcro a ungir un cadáver, no esperar un cuerpo, no esperar ver a Jesús resucitado. De hecho, también sabemos por el evangelio de Juan que María Magdalena llegó a pensar por un momento que alguien había trasladado el cuerpo de Jesús a otro lugar. "Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto," dijo ella. Estas mujeres necesitaban que alguien le hiciera una exégesis a la tumba vacía, que le dieran una explicación. Y eso es precisamente lo que el ángel va a hacer en el próximo versículo.

Pero antes permítanme hacerles una pregunta que de primera impresión puede parecer muy obvia, mis hermanos. ¿Por qué fue necesario que esa piedra fuera removida? ¿Han pensado en eso? Dios envió un ángel del cielo para que removiera la piedra del sepulcro. Y la pregunta es, ¿por qué, oh pastor? ¿Y qué pregunta es esa? para que saliera Jesús. De verdad, o sea, tú crees, de verdad, ¿tú crees que Jesús necesitaba que alguien removiera esa piedra para salir del sepulcro? Mis hermanos, ustedes recuerdan lo que pasó ese mismo día de reposo, el domingo, perdón, día de reposo el domingo en la noche, cuando los discípulos estaban reunidos en el aposento alto con todas las puertas cerradas por temor a los judíos y de repente dice Juan, Juan capítulo 20, versículo 19, que el Señor Jesucristo vino y se colocó delante de ellos. ¿Por dónde entró? No sabemos porque Juan no lo dice, pero existe la posibilidad, oiga lo que estoy diciendo, yo no estoy siendo dogmático con esto, pero existe la posibilidad de que el cuerpo resucitado de Jesús poseyera propiedades nuevas que le permitieran traspasar puertas cerradas. A donde estoy tratando de llegar es al punto de entender que Jesús hubiera podido salir de esa tumba de otra forma. Pero como bien señala Steve Lawson, esa piedra no fue removida para que Jesús pudiera salir, sino para que el mundo pudiera entrar, para que el mundo pudiera asomarse como estas mujeres y comprobar que la tumba estaba vacía, porque esa tumba vacía por casi 2,000 años ha sido un testigo irrefutable de la veracidad del evangelio. Amén. Amén.

Los escépticos, los miembros, perdón, del sanedrín hicieron todo lo que estuvo a su alcance para evitar una resurrección fraudulenta, porque ellos sí entendieron lo que los apóstoles no entendieron. Lamentablemente ellos sí entendieron las implicaciones de la de las palabras de Jesús desde el principio de su ministerio. Destruid este templo que en tres días lo levantaré. Nadie me toma mi vida, yo la pongo de mi propia voluntad porque yo tengo autoridad para ponerla y tengo autoridad para volverla a tomar. Los los fariseos, perdón, entendieron eso. Una y otra vez Cristo dijo a sus discípulos, "Los líderes religiosos de Israel me condenarán a muerte. Me entregarán al poder judicial de los gentiles. Me van a ejecutar, pero al tercer día resucitaré. El problema que han enfrentado los escépticos a través de la historia es que nunca han podido dar una explicación satisfactoria de cómo fue removida esa piedra y cómo fue que desapareció el cuerpo de Jesús. Sabemos con toda certeza que en el primer siglo hubo un grupo de hombres que salieron predicando por todas partes que Jesús había resucitado de los muertos. Y el cristianismo tuvo el impacto que tuvo en todo el imperio romano y ha tenido un avance imparable hasta el día de hoy. ¿Saben por qué? Porque nadie ha podido mostrar su cadáver para desmentirlos. La explicación que dieron los líderes religiosos de Israel según Mateo capítulo 28 versículos 11 al 15 es que los discípulos se robaron el cuerpo. Increíble, mis hermanos. Esta explica y todavía hay gente que cree eso. Esta explicación es completamente absurda. No olviden que estos hombres abandonaron al Señor desde el momento del arresto. Ninguno de ellos había entendido este asunto de la resurrección. Para los apóstoles todo había terminado cuando vieron a Cristo clavado en la cruz. Si ustedes creen que tr días después iban a llegar Pedro, Juan y se iban a enfrentar con una guardia romana y se iban a atrever a romper el sello de Roma y luego salir por todas partes a proclamar que Jesús resucitó. Eso no tiene sentido. Aparte de que todos ellos, con la posible excepción del apóstol Juan, murieron martirizados por su fe. Nadie miente para ser ejecutado. Todo el mundo miente para evitar la ejecución. Por otra parte, de verdad es lógico pensar que el Nuevo Testamento fue escrito por un grupo de personas desquiciadas que se inventaron la mentira de la resurrección y después estuvieron dispuestos a dar su vida por la mentira que se habían inventado. De verdad, le lee el Nuevo Testamento. Lee el Nuevo Testamento y pregúntate si ese libro pudo haber sido escrito por un grupo de personas deiciadas o qué explicación podemos dar a la transformación de Saulo de Tarso? No olviden que este hombre se había dedicado en cuerpo y alma a perseguir a los cristianos y sin embargo fue el apóstol Pablo el gran instrumento que Dios usó, no solamente para llevar el evangelio en toda Asia y en toda Europa, sino también para escribir la mayoría de las cartas del Nuevo Testamento. ¿Cómo podemos explicar esa transformación tan radical que sufrió Saulo de Tarso? ¿Qué fue lo que sucedió en la vida de este hombre? Si le preguntas a Pablo, te va a decir, "Yo me encontré con el Cristo resucitado, camino a Damasco." Y eso cambió mi vida de perseguidor a evangelista. Yo vi a Jesús resucitado. ¿O cómo podemos explicar lo que el mismo Pablo nos dice en Primera los Corintios, capítulo 15, versículo 6? que Jesús se le apareció a más de 500 hermanos a la vez después de haber resucitado. Y y Pablo dice, "Muchos de los cuales viven aún, por si quieren ir a preguntarle, ¿tuvieron todos una alucinación colectiva? ¿Qué fue lo que sucedió ese domingo en la mañana?

Eso nos lleva a nuestro tercer encabezado, una explicación gloriosa. Una explicación gloriosa.

Versículo 6. Pero él les dijo el ángel, "No os asustéis. Aquí está la explicación. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado a resucitado, no está aquí. Mirad el lugar donde le han puesto." Mis hermanos, estas mujeres acababan de escuchar de la boca de este ángel el anuncio más glorioso, el anuncio más extraordinario, el anuncio más transformador que alguna vez haya sido proclamado en la historia humana. El Señor resucitó. Nadie se robó su cuerpo. Ellas no se habían equivocado de tumba. Increíble. Algunos dicen, "¿Fue que las mujeres se equivocaron de tumba porque estaba oscuro." No, no, no. Ellas no se equivocaron de tumba. Ellas fueron a la tumba que vieron dos días antes, pero esa tumba estaba vacía. Este Jesús Nazareno, cuyo cadáver ustedes vinieron a ungir, ya no está aquí. Porque se ha levantado de la muerte con el poder de Dios, tal como él lo había prometido. Así que, mujeres, no os asustéis. No hay razón para estar asustadas. Hay miles de razones para estar llenas de gozo y de esperanza, porque el Señor resucitó.

Y ahora estas mujeres tenían la hermosa encomienda que todos nosotros tenemos de hacérselo saber a sus discípulos. Versículo 7. Pero id y decide a sus discípulos y a Pedro, él va delante de vosotros a Galilea, allí le veréis tal como os dijo. Me encanta ese detalle. Los discípulos obviamente incluía a Pedro, pero el ángel había recibido probablemente una encomienda de Dios, una encomienda del Cristo resucitado. Cuando lleguen las mujeres al sepulcro para ungir mi cuerpo, diles que vayan a los discípulos y especialmente a Pedro y que le digan que yo resucité. ¿Y por qué a Pedro? por lo que había pasado unos días antes. Marcos capítulo 14 versículo 27. Jesús les dijo, "Cuando salieron del aposento alto después de celebrar la la última Pascua, la última cena, todos vosotros os apartaréis de mí, porque escrito está, heriré al pastor y las ovejas se dispersarán. Pero después de que yo haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Eso es lo que lo que el ángel les está diciendo. Recuerden las palabras. Díganle a los discípulos que se vayan a la Galilea, porque eso fue lo que él les dijo antes de morir. Y entonces Pedro le dijo, "Aunque todos se aparten, yo, sin embargo, no lo haré. Ay, Pedro, mi querido Pedro, en verdad te digo que tú hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Qué amor el de Cristo. Y ahora que Cristo está glorioso y resucitado, le dice, "Mira, dile a estas mujeres que vayan a anunciar a mis discípulos y a Pedro que yo resucité." El Señor quiere hacerle saber al impetuoso Pedro que sus días de utilidad en el reino no concluyeron cuando lo negó vergonzosamente durante la noche del arresto. ¿Saben por qué, mis hermanos? Porque nuestro Dios es el Dios de segundas oportunidades. Ve y dile a Pedro. Ve y dile a Pedro y a todos los discípulos que deben ir a Galilea como yo les dije antes de morir, porque allí me encontraré con ellos en el mismo lugar donde Cristo los llamó. ¿Recuerdan? al lado del mar de Galilea, en el mismo lugar donde Cristo los llamó y donde ahora los comisionaría a llevar la noticia de su muerte y su resurrección hasta lo último de la tierra en Galilea. Ah, pero quedaría registrado en la historia que las primeras en anunciar esta buena noticia no serían los apóstoles, sería este grupo de mujeres piadosas que habían estado dispuestas a servir a su Señor cuando no era popular hacerlo, movidas por un amor absolutamente incondicional.

Y eso nos lleva a nuestra última escena que veremos mucho más brevemente y que hemos titulado Una reacción compleja pero comprensible, una reacción compleja pero comprensible.

Versículo 8. Y saliendo ellas huyeron del sepulcro. Porque un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo. En el pasaje paralelo en el evangelio de Mateo, Mateo 28:8, dice que alejándose a toda prisa del sepulcro, con temor y gran gozo, corrieron a dar la noticia a sus discípulos. espanto, temblor, gozo, miedo, esperanza, asombro. Todo estaba sucediendo al mismo tiempo en el aparato emocional de estas mujeres. Nunca te ha pasado eso emociones mezcladas. Esto era demasiado grande. Esto es esto era demasiado glorioso como para ser asimilado todo de una sola vez. El viernes en la tarde estas mujeres pensaban que todo había terminado, que la maldad se había salido con la suya cuando su señor, cuando su maestro fue condenado a morir en una cruz romana. Pero ahora se están dando cuenta que aquello no fue el final, sino el principio, que lo que parecía una derrota en realidad había sido la más grande de las victorias sobre las huestes del mal. Cristo resucitó y eso lo cambia todo. Amén.

Estas mujeres salieron huyendo del sepulcro, pero con un mensaje extraordinario que comunicar a los discípulos. el mismo que tú y yo tenemos que comunicar. Cuando Marcos nos dice que ellas no dijeron nada a nadie y y recuerden que eran mujeres, cuando Marcos nos dice que estas mujeres no dijeron nada a nadie, se refiere al hecho de que ellas no fueron por ahí a contarle a todo el mundo que el Señor había resucitado. Pero sabemos, como dice Mateo y por lo que dice Lucas 24, que sí comunicaron la noticia a los apóstoles como el ángel les ordenó. Y de paso, esta es otra evidencia incidental de la veracidad histórica de los evangelios, porque en los días del Señor se le daba muy poca credibilidad a las palabras de una mujer. Tanto así que en una corte legal el testimonio de una mujer se comparaba al testimonio de un esclavo o al testimonio de un criminal. Si esta historia hubiera sido inventada por los apóstoles, jamás habrían incluido el detalle de que las primeras testigos oculares de la resurrección y la las primeras en anunciar este este mensaje fue un grupo de mujeres, jamás habrían puesto eso en la historia. Pero eso fue lo que sucedió ese domingo en la mañana. Mis hermanas, mis hermanas, escúchenme. Dios quiso, Dios quiso que los apóstoles que iban a colocar el fundamento doctrinal de la iglesia se enteraran de la resurrección por este grupo de mujeres piadosas. Y no por eso las hicieron apóstolas.

Queridos hermanos, la resurrección de nuestro Señor Jesucristo no es una leyenda mítica. Es el más grande acontecimiento que alguna vez haya ocurrido en la historia de la humanidad y en el cual debemos poner nuestra fe si queremos ser salvos. Nuestro Señor fue entregado por nuestras transgresiones, dice Pablo en Romanos capítulo 4, versículo 25, pero fue resucitado para nuestra justificación. Es por la resurrección de Cristo que nosotros sabemos con toda certeza que el Padre en los cielos aceptó su sacrificio sustitutivo en la cruz del Calvario para que ninguno de nosotros, sus hijos, tuviéramos cuentas pendientes con el tribunal de Dios. Amén. Podemos morirnos tranquilos porque nuestra deuda fue saldada, completamente saldada. Y lo sabemos porque Jesús resucitó. Podemos vivir con esperanza porque es por la resurrección de Jesús que nosotros sabemos con toda certeza que algún día este cuerpo en estado de humillación, como dice Pablo en Filipenses 3:21, será transformado en conformidad al cuerpo de la gloria suya. Y así estaremos siempre con nuestro Señor, adorando y contemplando su gloria.

¿Recuerdan el texto de Primera Corintios 15 que citamos al principio en la introducción donde Pablo decía que si hemos esperado en Cristo para esta vida, solamente somos de todos los hombres los más dignos de lástima? Entonces, mi amado hermano, si tú eres creyente, regocíjate porque Jesús resucitó. Tú no eres digno de conmiseración. La esperanza que tenemos en nuestro Señor traspasará el umbral de la muerte, porque la tumba que no pudo retenerlo a él tampoco podrá retener a todos aquellos que estamos unidos a él por la fe. Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? Oh sepulcro, ¿dónde está tu victoria? Sí, en el mundo tendremos aflicción, dice el Señor. No hemos llegado al cielo todavía. Pero también sabemos que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparable con la gloria que nos ha de ser revelada, como dice Pablo en Romanos capítulo 8, versículo 18, porque el Señor resucitó. Hay esperanza, mis hermanos. Hay esperanza. Hay una luz, una luz brillante, gloriosa al final del túnel, no la que ven aquellos que se mueren y vuelven. No, no, no, no, no. Hay una luz gloriosa al final del túnel, porque la muerte será el la carroza que llevará nuestras almas a la presencia de Cristo hasta que nuestros cuerpos escuchen su voz y vamos a resucitar como él resucitó.

Mientras tanto, mis hermanos, proclamemos sin cansancio este glorioso mensaje, este glorioso evangelio de salvación a tiempo y fuera de tiempo. No solo porque este es un mensaje digno de ser contado, sino porque es un mensaje urgente. Este es un mensaje urgente. En ningún otro hay salvación. Óyeme, mi hermano, en ningún otro hay salvación. No lo olvides. Maom está muerto, Confusio está muerto, Bud está muerto, Lautoset está muerto. Todos los líderes religiosos que fundaron religiones están muertos. En ningún otro hay salvación. No hay salvación fuera del Cristo resucitado, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos. Este es un mensaje urgente que debemos proclamar a tiempo y fuera de tiempo.

Y mi amigo, si tú estás aquí sin Cristo en esta mañana, por favor, por favor, no te vayas de este lugar sin rendirte por completo a él como Señor y dueño de tu vida. Deposita tu fe en él como aquel que murió y resucitó para reconciliarnos con Dios. Ven, mi amigo, a Cristo en arrepentimiento y fe. Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de los muertos, será salvo. Y Pablo no está hablando allí de venir ahora aquí al frente y levantar tu mano y decir, "Yo confieso." No es vivir una vida de confesión de que Jesús es tu Señor, tu dueño, tu amo, tu rey. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Oh, que el Señor bendiga hoy abundantemente su palabra en creyentes y en incrédulos, trayendo consuelo, ánimo, corrección, esperanza, arrepentimiento, fe, salvación.

[Música] He.